Aun se alza entre el murmullo interrumpido el brindis tumultuoso del Barón, con el cantar de Rosa entretenido y el arpa del errante trovador.
¡Oh mar que banas la sedienta Iquique, que fuiste por tal sangre enrojecido, tu tumultuoso estruendo y tu bramido tan grande hazaña sin cesar publique!
Aquí no había luna, una tenue claridad permitía ver a cierta distancia lo que pasaba en la movible superficie de las aguas cuyo aspecto tumultuoso era bien poco tranquilizador.
En aquel período tumultuoso de la provincia de Colchagua, el señor Riesco se conquistó el prestijio de que disfrutó toda su vida.
Pensé: "Ahora que todo ha cambiado, ¿quién soy yo dentro del amplio uniforme?" Sentado junto a la cuadra, observaba la lluvia cayente a intervalos, y con el plato encima de las rodillas no podía apartar los ojos del arco del horizonte,
tumultuoso a pedazos, liso como una franja de metal en otros y aleonado tan despiadadamente, que el frío de su altura en la caída penetraba hasta los huesos.
Roberto Arlt
Casas nuevas y chatas, calle de empedrado
tumultuoso por la tortura diaria de enormes carros, veredas angostas plagadas de traspiés, nada me distraía, cuando el rumor de una voz quejumbrosa llegó a mí, al través de la noche, pálidamente aclarada por un pedazo de luna muriente.
Ricardo Güiraldes
Nada tenía ya que ver ni averiguar allí; la lamparilla se había apagado, yo no veía a esa mujer, y permanecía aún pegado a aquel postigo que me separaba de ella; el silencio reinaba en torno; no obstante en mi cerebro zumbaba un ruido tumultuoso como el de las olas del mar en una borrasca.
Con monótonos murmullos arrullaban esta escena, el son de la escasa lluvia de un aguacero que empieza, el no interrumpido son con que hierve la caldera, y el tumultuoso chasquido con que la luz chisporrea.
Volvieron a los aplausos, y a tan tumultuoso son asomaron por la sala las gentes del corredor, que aumentaron el desorden preguntando en pelotón: —¿Qué es aquesto?
Al principio la crispó un arranque tumultuoso de cólera, y estuvo a punto de arrojar sobre aquellas gentes un chorro de injurias que se le venían a los labios; pero tanto era su desconsuelo, que su congoja no le permitió hablar.
Y, viendo aproximarse a María y a José, les dijeron: ¿Dónde está el rey y señor, cuyo tren brillante y tumultuoso oyeron acercarse los bandidos, y a consecuencia de lo cual nos abandonaron, y nos dejaron libres?
Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes apreté la garganta en mis caricias nocturnas; de los que quieren al mar, al mar inmenso, tumultuoso y verde; al agua informe y multiforme, al sitio en que no están, a la mujer que no conocen, a las flores siniestras que parecen incensarios de una religión desconocida, a los perfumes que turban la voluntad y a los animales salvajes y voluptuosos que son emblema de su locura.» Y por esto, niña mimada, maldita y querida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.