¿Qué íbamos a hacer solos nosotros, para resistirlo, si la guerra civil se desata en las provincias contra Buenos Aires, una vez caído del mando Dorrego?
Cuando fallecido el monarca estalló la guerra civil, don Leandro renunció el cargo que servía y fué á incorporarse en el ejército carlista.
Fue traído por Catón desde Cilicia a la guerra civil, en que siguió a Pompeyo, y luego que con él fue vencido, tuvo el perdón de César; y procónsul, gobernó la Galia: al fin, con otros conjurados, dio en el Senado muerte a César.
En la guerra civil, general de la armada, siguió a Pompeyo: fue perdonado por César; empero contra el mismo César fue autor de los conjurados con Bruto; y dudando uno aquel día en herir a César, le dijo: "Hiérele, y sea por mis entrañas." Y habiendo juntado grande ejército en Macedonia, junto con Bruto en los campos filípicos, fue vencido por Marco Antonio.
Basilio. Hace diez y siete años que ardía en España la
guerra civil. Carlos e Isabel se disputaban la corona, y los españoles, divididos en dos bandos, derramaban su sangre en lucha fratricida.
Pedro Antonio de Alarcón
Sus hostilidades de hecho son actos de guerra civil, calificados de sedición o asonada, que el Gobierno Federal debe sofocar y reprimir conforme a la ley.
Estado de sitio, en caso de invasión, guerra exterior, guerra civil, o peligro inminente de que se produzcan, con mención de los derechos fundamentales cuyo ejercicio no se restringe o suspende.
Alassane Dramane Ouattara como Presidente de la República de Côte d’Ivoire, Acogiendo con beneplácito las iniciativas políticas y haciendo notar el comunicado y la resolución sobre Côte d’Ivoire aprobados por la Autoridad de Jefes de Estado y de Gobierno de la CEDEAO el 24 de marzo de 2011, Expresando grave preocupación por el reciente recrudecimiento de la violencia en Côte d’Ivoire y el riesgo de que se reinicie la guerra civil e instando a todas las partes a que demuestren la máxima moderación para impedir ese desenlace y resolver sus diferencias pacíficamente...
Todos estos Jefes comunicaban directamente con la Junta acusándose los unos a los otros con un encono que hacía presagiar una guerra civil inminente”.
El uno aprobaba la tiranía y no las guerras civiles, por no padecerlas, como si la tiranía no fuera la peor guerra civil y ya vitoriosa.
Pero la guerra civil qfue en 1829 y 1830 devastó la campa- ña del norte, puso á nuestro compatriota casi en condición mendicante.
Negábale todos los días don Jorge que tuviese hechura la concesión de la viudedad, lo cual sacaba de sus casillas a la guipuzcoana; pero a renglón seguido la invitaba a sentarse en la alcoba, y le decía que, ya que no con los títulos de General ni de Conde, había oído citar varias veces en la
guerra civil al cabecilla Barbastro como uno de los jefes carlistas más valientes y distinguidos y de sentimientos más humanos y caballerescos...
Pedro Antonio de Alarcón