También teme a un poderoso rival, ignorante y necio, pero que ganó en la guerra tesoros e ilustres premios, el que al padre de su amada,
codicioso como viejo, con sus riquezas y honores tiene cautivado el seso.
Ángel de Saavedra
Ved todos que se me va de las manos la que me había correspondido. Replicóle el divino Aquileo el de los pies ligeros: —¡Atrida gloriosísimo, el más
codicioso de todos!
Homero
Tú no ríes, tú no juegas, tú no hablas, porque nunca tu hociquillo
codicioso nutridora leche mama de la teta flaca y fría, álveo enjuto de la fuente ya agotada.
José María Gabriel y Galán
33 Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirío Jehová al pueblo con una muy grande plaga. 34 Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.
l año de gracia de 1855 escribí un artículo titulado La Nochebuena del poeta, donde dejé estampadas, para lección y escarmiento de otros hijos pródigos, las negras melancolías y hondas inquietudes que cierto presumido vate provinciano (más
codicioso de falsas glorias que agradecido y reverente con sus padres) llegó a sentir, en medio de los esplendores de la corte, la vez primera que, al caer sobre el mundo los sagrados velos de esta noche de bendición, viose solo y sin familia, huérfano y desheredado por su voluntad, vagando a la ventura por calles y plazas, como pájaro sin nido, o más bien como perro sin amo...
Pedro Antonio de Alarcón
Y a la hoguera Me hacen lado Los pastores Con amor, Y sin pena Y descuidado De su cena Ceno yo. O en la rica Chimenea, Que recrea Con su olor, Me regalo
Codicioso Del banquete Suntüoso Con las sobras De un señor.
José de Espronceda
Cuéntase, pues, que el tal Juan Gómez, hombre a la sazón de más de media centuria, rústico muy avisado aunque no entendía de letra, y
codicioso y trabajador con fruto, como lo acreditaba, no solamente su apodo, sino también su mucha hacienda, por él adquirida a fuerza de buenas o malas artes, y representada en las mejores suertes de tierra de aquella jurisdicción, tomó a censo enfitéutico del caudal de Propios, y casi de balde, mediante algunas gallinas no ponedoras que regaló al secretario del Ayuntamiento, unos secanos situados a las inmediaciones de la villa, en medio de los cuales veíanse los restos y escombros de un antiguo castillejo, morabito o atalaya árabe, cuyo nombre era todavía La Torre del Moro.
Pedro Antonio de Alarcón
Como era
codicioso sonreía al evocar al cliente, y la sórdida sonrisa que no acertaba a hincharle los carrillos arrugábale el labio sobre sus negruzcos dientes.
Roberto Arlt
26 Abominación son á Jehová los pensamientos del malo: Mas las expresiones de los limpios son limpias. 27 Alborota su casa el codicioso: Mas el que aborrece las dádivas vivirá.
Atrevióse, pues, el
codicioso Alcalde, aun a riesgo de comprometerse más de lo que ya estaba, a llamar a un lado a Juan Falgueira y a hablarle al oído, bien que anunciando antes al concurso que iba a ver si lograba que confesase a Dios y a los hombres sus delitos.
Pedro Antonio de Alarcón
Acercábase a los vendedores de cerdo a pedirles precio de embutidos, examinaba
codicioso las sonrosadas cabezas de cerdo, hacíalas girar despacio bajo la impasible mirada de los ventrudos comerciantes de delantal blanco, rascábase tras de la oreja, miraba con voluptuosidad los costillares enganchados a los hierros, las pilastras de tocino en lonjas, y como si resolviera un problema que le daba vueltas en el meollo, dirigíase a otro puesto, a pellizcar una luna de queso, o a contar cuántos espárragos tiene un mazo, a ensuciarse las manos entre alcachofas y nabos, y a comer pepitas de zapallo o a observar al trasluz los huevos y a deleitarse en los pilones de manteca húmeda, sólida, amarilla, y aún oliendo a suero.
Roberto Arlt
Poco á poco perdonaba Babuco la codicia del asentista, que en la realidad no es ni mas ni ménos
codicioso que los demas, y que es indispensable; disculpaba la locura de disipar su caudal por hacer la guerra, que era orígen de tantas bélicas proezas; y perdonaba los zelos de los literatos, entre quienes se hallaban sugetos que ilustraban el mundo: se reconciliaba con los magos ambiciosos y tramoyistas, que con pequeños vicios juntaban grandes virtudes; puesto que le quedaban no pocos escrúpulos, especialmente sobre los galanteos de las damas, y las horrendas conseqüencias que infaliblemente habian de producir, y que le llenaban de horror y sustos.
Voltaire