alucinación


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alucinación

1. s. f. Cosa que se percibe como real siendo imaginaria. ilusión, visión
2. Acción de alucinar o alucinarse. asombro, pasmo
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

alucinación

 
f. Acción de alucinar o alucinarse.
Sensación subjetiva que no va precedida de impresión en los sentidos.
fig.Desvío de la imaginación.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

alucinación

(aluθina'θjon)
sustantivo femenino
percepción de una imagen o estímulo exterior que no es real Las voces que oyes son alucinaciones.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Traducciones

alucinación

Halluzination

alucinación

hallucination

alucinación

затмение

alucinación

delusion, hallucination

alucinación

allucinazione

alucinación

hallucinatie

alucinación

alucinação

alucinación

هلوسة

alucinación

幻觉

alucinación

幻覺

alucinación

halucinace

alucinación

hallucination

alucinación

הזיה

alucinación

幻覚

alucinación

Hallucination

alucinación

SFhallucination
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005

alucinación

f hallucination
English-Spanish/Spanish-English Medical Dictionary Copyright © 2006 by The McGraw-Hill Companies, Inc. All rights reserved.
Ejemplos ?
Mas ¡menuda mancha de barro sobre su nombre —me atrevería a decir sobre su reino— que es este abominable caso Dreyfus! Un consejo de guerra acaba, por orden, de absolver a un tal Esterhazy, alucinación suprema de toda verdad, de toda justicia.
Con claridad tuve la alucinación de ser embaucado por ellos; escuchaba sus murmullos, como invitándome a ir, a pesar de la lejana distancia: Ven, ven, ven...
GARIBAY K., Ángel Ma., Historia de la Literatura Náhuatl, Editorial Porrúa, México, 1971. GARZA Mercedes de la, Sueño y Alucinación en el Mundo Náhuatl y Maya, UNAM, México, 1990.
Hay leyes naturales, principios físicos que nos enseñan cuán fría magia es esa de los espectros fotográficos danzando en la pantalla, remedando hasta en los más íntimos detalles una vida que se perdió. Esa alucinación en blanco y negro es sólo la persistencia helada de un instante, el relieve inmutable de un segundo vital.
Ya antes, en plena dicha y paz, ese padre ha sufrido la alucinación de su hijo rodando con la frente abierta por una bala al cromo níquel.
Por supuesto, nada había en esto que justificara un rumor de sollozos; repito, pues, que debía tratarse de una alucinación de mi mente, excitada por el té verde del excelente capitán Hardy.
El buen lego se había familiarizado tanto con san Benito que, cuando empleaba el plumero para sacudir el polvo del altar, lo hacía platicando con la efigie; y tan grande era su alucinación que afirmaba, formalmente, que el santo le res- pondía y que, en conversación íntima, lo había puesto al co- rriente en cosas de la otra vida.
En esta comparación, que hice para mí, me preguntaba si la superior belleza, que no había más remedio que conceder a la estatua, no se debía en gran parte a su expresión de tigresa; pues la energía, incluso en las malas pasiones, excita siempre en nosotros un asombro y una especie de alucinación involuntaria.
Me levanté entonces, atravesé las butacas como un sonámbulo, y avancé por el pasillo aproximándome ella sin verla, sin que me viera, como si durante die años no hubiera yo sido, un miserable... Y como diez años atrás, sufrí la alucinación de que llevaba mi sombrero en la mano e iba a pasar delante de ella.
Entonces, ya excitado por lo ocurrido anteriormente, Gustavo creyó que el retrato continuaba vivo y se atrevió a hacerle diversas preguntas, a las que naturalmente no tuvo respuesta ninguna, llegando a sospechar que aquello no había sido más que una alucinación.
Como no podía aguantar más, volvió en secreto a Pompeya y paseó, como la primera vez, por entre las ruinas, al claro de luna, con el corazón palpitante de insensata esperanza, pero la alucinación no se repitió; no vio sino lagartos que huían entre las piedras, no oyó sino chillidos de aves nocturnas asustadas; no encontró a su amigo Rufus Holconius; Tiché no le puso su mano delicada en el brazo; Arria Marcella permaneció obstinadamente en el polvo.
En una alucinación que la otra noche me dominó por unos minutos las joyas que brillaban sobre el terciopelo negro del enorme estuche...