Mas cuando supo lo que pedía el pavo, la manezuela regordeta que ya
iba a bajarse concediendo, se alzó otra vez, y en el lenguaje del misterio, el Niño dijo al pavo: -Pero ¿tú has pensado bien lo que solicitas?
Emilia Pardo Bazán
Mientras el cobrador
iba cantando las estaciones del trayecto y el coche despoblándose, Revenga daba vueltas a la historia de su yerro.
Emilia Pardo Bazán
Al nombre odiado de Landolfo, Orso se estremeció de furor, y desnudando el puñal,
iba a atravesar la garganta del pequeño...; pero éste, apacible, le sonreía, y su sonrisa era la sonrisa encantadora, inolvidable, de Lucía cuando su padre la acariciaba, en los días de la niñez.
Emilia Pardo Bazán
Así, cuando vieron al señorito Roberto Santomé en aquel condenado coche que sin caballos
iba como alma que el diablo lleva, acosaron al viejo en la feria de la Lameiroa.
Emilia Pardo Bazán
¿Esconderse? ¿Y adónde
iba? Por todas partes le acompañaría como una sentencia de muerte su gordura, su fatal grasa fina, de ave de lujo.
Emilia Pardo Bazán
La táctica de Pepona era como sigue: Montada en su cuartago,
iba a la feria, provista de banasta para las adquisiciones, como una honrada casera del conde de Borrajeiros o del marqués de Ulloa.
Emilia Pardo Bazán
¡Ah! ¡Pues si creían que
iba a quedarse así, con los brazos cruzados y mucha flema británica! ¡Desde el día siguiente -desde temprano-, que Anita Dolores se preparase!
Emilia Pardo Bazán
Solían divertirse en sacar de su mazmorra a uno de éstos, a quienes desde días antes privaban de alimento; sentarle a la mesa, ofrecerle algún exquisito manjar, y cuando
iba a engullirlo, sollozando y aullando de contento, se lo quitaban de la boca y le vertían en ella la ardiente cera de los hachones que alumbraban la orgía.
Emilia Pardo Bazán
Por un instante, sintió la madre que sus esperanzas se fundían, a semejanza de la nieve ligera que acababa de caer y que, suspensa del alero,
iba a convertirse en agua y en lodo.
Emilia Pardo Bazán
Al manejar los papeles, al calcular probabilidades de liquidación, establecíase entre los dos una intimidad chancera, que se convertía de repente, por parte de Anita, en afición inequívoca. Al sospechar Revenga lo que
iba a sobrevenir, ya estaba interesado su amor propio, encendida su imaginación.
Emilia Pardo Bazán
Comprendía la tragedia interior de la desventurada ave, que, a diferencia de las demás de su especie, sabía, sabía de la ceba, del agudo cuchillo, e
iba a saber del impío rellenamiento, del horno ardiente, del nuevo despedazamiento en una mesa donde se ríe y se bebe champán, masticando la pechuga blanca del ave mísera.
Emilia Pardo Bazán
Toda clase de operarios entraban y salían sin cesar, y mujeres jóvenes, envueltas en pieles baratas, arrebujadas en largos abrigos de paño, se reunían allí al anochecer; de las tiendas venían géneros: una instalación complicadísima se realizaba, en una sala que solía estar cerrada siempre, y a las altas horas, el vecindario creía escuchar cantos, músicas, que contrastaban con el silencio habitual de una morada que las tristezas de la enfermedad de Fernandito habían asombrado y entenebrecido siempre. Ocurría esto en los últimos meses del año, cuando
iba aproximándose la Navidad.
Emilia Pardo Bazán