Los primeros indicios de habitantes en la región que hoy constituye la nación mexicana
datan de aproximadamente diez mil a treinta y cinco mil años. Eran poblaciones nómadas
de cazadores y recolectores hasta que, en torno al 5000 a. C., comenzó el
establecimiento de una cultura agrícola sedentaria en Mesoamérica (el área que
comprende el centro y sur de México y gran parte de Centroamérica).
Las civilizaciones mesoamericanas abarcaron diversas áreas culturales y produjeron
importantes obras artísticas y arquitectónicas que dieron muestras de una gran
capacidad organizativa. Algunas de estas culturas fueron las de los olmecas, zapotecas,
mayas, toltecasy mixtecas.
Muchas de estas culturas dejaron importantes restos arqueológicos que permitieron a los
investigadores reconocer la transmisión de ideas de unas a las otras. Esto dio lugar a un
imaginario más o menos común, como queda en evidencia por el predominio de algunos
dioses, como la serpiente emplumada (Quetzalcóatl), y por los diseños arquitectónicos
piramidales.
La última civilización mesoamericana que llegó a extenderse sobre un amplio territorio
fue la mexica o azteca, que fundó un imperio centrado en la ciudad de Tenochtitlán
(actual Ciudad de México) a comienzos del siglo XV.
Ver también: Civilizaciones mesoamericanas
Conquista de México
Hernán Cortés dirigió la conquista del Imperio azteca entre 1519 y 1521.
La conquista del Imperio azteca (o mexica) por parte de los conquistadores españoles,
encabezados por Hernán Cortés, se produjo entre 1519 y 1521. Se consiguió tras una
guerra en la que los españoles se aliaron con otras sociedades indígenas que habían sido
históricamente oprimidas por los aztecas (como los totonacas) o que eran enemigas de
dicho imperio (como los tlaxcaltecas).
Tras la muerte del emperador mexica Moctezuma en 1520 y la toma española de
Tenochtitlán en 1521, el Imperio azteca dejó de existir. Su población resultó diezmada por
efecto de la guerra y de las enfermedades introducidas en el Nuevo Mundo por los
españoles (como el sarampión).
Los españoles llamaron Nueva España al territorio conquistado y continuaron
extendiendo sus conquistas durante los años siguientes. En 1535 se fundó el Virreinato
de Nueva España.
Fundación de la Ciudad de México
La Ciudad de México, capital del Virreinato de Nueva España, fue fundada sobre las
ruinas de la ciudad mexica de Tenochtitlán. Desde ella se organizó la ocupación española
del territorio mexicano, cuya explotación agrícola y minera se inició rápidamente.
La Ciudad de México creció durante la época colonial y jugó un rol central en el
establecimiento de la república independiente en el siglo XIX, hasta llegar a convertirse
en una de las grandes metrópolis del continente hasta el día de hoy.
En la actualidad, la ciudad de México conserva muestras de su pasado indígena y
colonial, lo que explica su riqueza cultural y arquitectónica. Es una ciudad moderna de
unos 22 millones de habitantes (si se incluye el área metropolitana).La Ciudad de México
también es conocida por sus tradiciones, por sus niveles de violencia urbana y por haber
sido el escenario de tragedias como la Matanza de Tlatelolco de 1968 y el terremoto de
1985.
Época colonial
La época colonial de México, como la del resto de Hispanoamérica, se caracterizó por la
organización de la sociedad en estamentos basados en diferencias de origen
interpretadas en su momento como raciales: los “blancos” peninsulares y criollos, los
“indios”, reducidos al trabajo duro (a excepción de los nobles), y los “negros” de origen
africano, que eran comerciados y explotados como esclavos.
La población indígena que sobrevivió a las enfermedades y a las duras condiciones de
trabajo de los primeros años de la colonización fue sometida a un proceso de
evangelización. Para finales del siglo XVI, la mayoría de los indígenas habían sido
convertidos al catolicismo.
Esto a la vez generó un fenómeno de sincretismo que fusionó algunas tradiciones y
simbologías religiosas locales con las españolas, a la par que se producía un mestizaje
que llevó al uso de categorías como “mestizo”, “zambo”, “mulato” o “castas” para
referirse a los descendientes de padres de distintos grupos étnicos.
El México colonial era gobernado por un virrey que respondía a las instrucciones de
España. El sistema virreinal apuntaba a obtener recursos del virreinato para enviarlos a
Europa y garantizar los intereses de la monarquía española. Esto imponía límites a las
posibilidades políticas y económicas de las élites criollas, generalmente dedicadas al
comercio.
Guerra de independencia
Las crecientes tensiones económicas entre las colonias y la España peninsular
alcanzaron su punto máximo a comienzos del siglo XIX. Las ideas de la Ilustración y el
ejemplo de la independencia estadounidense influyeron en el pensamiento de las élites
coloniales, disconformes con el monopolio comercial y con las reformas borbónicas que
habían aumentado los impuestos y restringido el acceso de los criollos a los cargos
públicos.
El momento clave fue el apresamiento del rey Fernando VII de España, que fue obligado
por Napoleón Bonaparte a abdicar durante la invasión francesa de la península en 1808.
Este hecho provocó una serie de movimientos revolucionarios en las colonias
americanas. En el caso de México, la guerra de independencia se inició en 1810 con el
Grito de Dolores, un llamado a las armas hecho por el cura criollo Manuel Hidalgo desde
la parroquia de Dolores en Guanajuato.
La guerra se prolongó hasta 1821, cuando el general realista Agustín de Iturbide decidió
unirse a los insurgentes liderados por Vicente Guerrero y proclamó el Plan de Iguala. De
acuerdo con este plan, las fuerzas de Iturbide se reunieron con las facciones insurgentes
y formaron el Ejército Trigarante con el apoyo del clero y la aristocracia. La entrada del
Ejército Trigarante en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 marcó el inicio de
la etapa independiente, que se oficializó al día siguiente con la firma del Acta de
Independencia.
Más en: Independencia de México
Primer Imperio mexicano
Agustín de Iturbide fue emperador de México durante menos de un año.
El primer gobierno independiente de México fue una breve monarquía encabezada por
Agustín de Iturbide (coronado como Agustín I) que tomó el nombre de Imperio mexicano.
Su territorio coincidía con el del Virreinato de Nueva España (excepto por las capitanías
generales de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Filipinas), por lo que incluía las
provincias de la Capitanía General de Guatemala (casi la totalidad de Centroamérica) y
los territorios de California, Nuevo México y Texas.
La coronación de Iturbide como emperador tuvo lugar en 1822, tras ser elegido por un
Congreso que aspiraba a una monarquía constitucional moderada. Iturbide estableció la
bandera tricolor como pabellón nacional, con franjas verticales en verde, blanco y rojo y
el águila real coronada sobre un nopal, tomada de una leyenda náhuatl.
Pronto hubo planes para derrocar la monarquía e instaurar una república por parte de
dirigentes como Vicente Guerrero y Antonio López de Santa Anna. Luego de una serie de
revueltas y conspiraciones, Iturbide abdicó en marzo de 1823 y escapó a Europa. En ese
momento también comenzó la disolución del imperio a partir de la emancipación de las
provincias centroamericanas. En 1824 se proclamó la Constitución Federal de los
Estados Unidos Mexicanos con la que nació la República mexicana.
Ver además: Imperio de Iturbide
Intervenciones extranjeras
El México independiente hizo frente a varios intentos españoles por reconquistar su
territorio (1821-1829), hasta que el gobierno español reconoció la independencia de
México en 1836. También debió enfrentar dos intervenciones francesas y una
estadounidense:
La primera intervención francesa. Tuvo lugar entre 1838 y 1839 y fue llamada la
“Guerra de los pasteles”. Enfrentó al gobierno de México con el ejército de Francia
a raíz de una serie de reclamaciones económicas hechas por ciudadanos
franceses, afectados por la destrucción de propiedades debido a los conflictos
civiles en México. Con la mediación británica, se acordó la firma de un tratado de
paz luego de meses de lucha armada y el pago de 600.000 pesos por parte de
México.
La intervención estadounidense. Conocida en Estados Unidos como guerra
mexicano-estadounidense, sucedió entre 1846 y 1848. Fue consecuencia de las
pretensiones expansionistas de Estados Unidos que declaró la anexión de Texas
(1845) y atravesó militarmente territorio que pertenecía a México (1846). El
resultado fue la cesión mexicana de una enorme porción de su territorio del norte,
correspondiente a los actuales estados de Texas, California, Nevada, Utah y
partes de Nuevo México, Arizona, Colorado, Wyoming, Oklahoma y Kansas.
La segunda intervención francesa. Ocurrió entre 1862 y 1867, luego de que el
gobierno de Benito Juárez decidiera suspender los pagos de la deuda externa por
falta de recursos. Una nueva invasión francesa llevó a la caída del gobierno liberal
de Juárez y a la instauración del Segundo Imperio mexicano (1864-1867),
encabezado por Maximiliano de Habsburgo. Este imperio contó con el apoyo de
los sectores conservadores mexicanos que estaban descontentos con las
medidas liberales consagradas en la Constitución Política de la República
Mexicana de 1857. Ya sin el apoyo de Francia, en 1867 el imperio fue derrocado, la
república fue restaurada y Benito Juárez fue electo presidente.
Revolución mexicana
La lucha entre facciones costó la vida de algunos líderes revolucionarios.
Entre 1876 y 1911 México atravesó una etapa conocida como Porfiriato, que consistió en
una dictadura encabezada por el general Porfirio Díaz. En 1910, el descontento
generalizado por la crisis económica y por el carácter antidemocrático del gobierno llevó
al estallido de un movimiento revolucionario que forzó a Díaz a renunciar en mayo de
1911.
Así comenzó lo que se conoce como la Revolución mexicana, que continuó a lo largo de
diez años y enfrentó a algunos de los líderes revolucionarios que aspiraban al poder o a la
aplicación de distintos modelos económicos y políticos.
Este período de inestabilidad política y lucha armada costó la vida de algunos de los
principales líderes revolucionarios, como Francisco I. Madero (1913), Emiliano Zapata
(1919), Venustiano Carranza (1920) y, poco después, Francisco “Pancho” Villa (1923).
Una de las principales consecuencias de la Revolución mexicana fue la promulgación de
la Constitución de 1917, que está vigente en la actualidad.
Ver también: Revolución mexicana
México moderno
Tras la etapa revolucionaria, en la década de 1920 se sucedieron los gobiernos de Álvaro
Obregón y Plutarco Elías Calles. Calles promovió una serie de medidas anticlericales,
inspiradas en algunos de los principios de la Revolución mexicana, que llevaron a la
guerra cristera entre el gobierno y un grupo de milicias católicas (1926-1929).
El período entre 1928 y 1934 es conocido como Maximato y se caracterizó por la
influencia que ejerció Calles en el gobierno. En 1929, Calles fundó el Partido Nacional de
la Revolución (actual Partido Revolucionario Institucional o PRI), que gobernó México
durante setenta años consecutivos entre 1930 y 2000.
Entre 1934 y 1940, la República mexicana estuvo presidida por el general Lázaro
Cárdenas, quien implementó una serie de reformas como la nacionalización de la
industria petrolera, la distribución de tierras entre algunos campesinos y la intervención
del Estado en la economía. En 1943, bajo la presidencia de Manuel Ángel Camacho, se
hizo oficial el Himno Nacional Mexicano, compuesto por Francisco González Bocanegra y
Jaime Nunó, usado desde 1854.
En 1992 se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Estados Unidos y
Canadá, que entró en vigor el 1 de enero de 1994. Ese mismo día, se produjo un
levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas.
El monopolio del PRI concluyó cuando el candidato Vicente Fox, del Partido Acción
Nacional, ganó las elecciones presidenciales de 2000. Desde entonces, comenzó una
etapa de alternancia política. En 2018, llegó a la presidencia Andrés Manuel López
Obrador, del Movimiento Regeneración Nacional.
Sigue con:
Cultura latinoamericana
América Latina en el siglo XX
Cardenismo
Pueblos indígenas de México
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indicios de habitantes en la región que hoy constituye la nación mexicana datan de
aproximadamente diez mil a treinta y cinco mil años. Eran poblaciones nómadas de
cazadores y recolectores hasta que, en torno al 5000 a. C., comenzó el establecimiento
de una cultura agrícola sedentaria en Mesoamérica (el área que comprende el centro y
sur de México y gran parte de Centroamérica).
Las civilizaciones mesoamericanas abarcaron diversas áreas culturales y produjeron
importantes obras artísticas y arquitectónicas que dieron muestras de una gran
capacidad organizativa. Algunas de estas culturas fueron las de los olmecas, zapotecas,
mayas, toltecasy mixtecas.
Muchas de estas culturas dejaron importantes restos arqueológicos que permitieron a los
investigadores reconocer la transmisión de ideas de unas a las otras. Esto dio lugar a un
imaginario más o menos común, como queda en evidencia por el predominio de algunos
dioses, como la serpiente emplumada (Quetzalcóatl), y por los diseños arquitectónicos
piramidales.
La última civilización mesoamericana que llegó a extenderse sobre un amplio territorio
fue la mexica o azteca, que fundó un imperio centrado en la ciudad de Tenochtitlán
(actual Ciudad de México) a comienzos del siglo XV.
Ver también: Civilizaciones mesoamericanas
Conquista de México
Hernán Cortés dirigió la conquista del Imperio azteca entre 1519 y 1521.
La conquista del Imperio azteca (o mexica) por parte de los conquistadores españoles,
encabezados por Hernán Cortés, se produjo entre 1519 y 1521. Se consiguió tras una
guerra en la que los españoles se aliaron con otras sociedades indígenas que habían sido
históricamente oprimidas por los aztecas (como los totonacas) o que eran enemigas de
dicho imperio (como los tlaxcaltecas).
Tras la muerte del emperador mexica Moctezuma en 1520 y la toma española de
Tenochtitlán en 1521, el Imperio azteca dejó de existir. Su población resultó diezmada por
efecto de la guerra y de las enfermedades introducidas en el Nuevo Mundo por los
españoles (como el sarampión).
Los españoles llamaron Nueva España al territorio conquistado y continuaron
extendiendo sus conquistas durante los años siguientes. En 1535 se fundó el Virreinato
de Nueva España.
Fundación de la Ciudad de México
La Ciudad de México, capital del Virreinato de Nueva España, fue fundada sobre las
ruinas de la ciudad mexica de Tenochtitlán. Desde ella se organizó la ocupación española
del territorio mexicano, cuya explotación agrícola y minera se inició rápidamente.
La Ciudad de México creció durante la época colonial y jugó un rol central en el
establecimiento de la república independiente en el siglo XIX, hasta llegar a convertirse
en una de las grandes metrópolis del continente hasta el día de hoy.
En la actualidad, la ciudad de México conserva muestras de su pasado indígena y
colonial, lo que explica su riqueza cultural y arquitectónica. Es una ciudad moderna de
unos 22 millones de habitantes (si se incluye el área metropolitana).La Ciudad de México
también es conocida por sus tradiciones, por sus niveles de violencia urbana y por haber
sido el escenario de tragedias como la Matanza de Tlatelolco de 1968 y el terremoto de
1985.
Época colonial
La época colonial de México, como la del resto de Hispanoamérica, se caracterizó por la
organización de la sociedad en estamentos basados en diferencias de origen
interpretadas en su momento como raciales: los “blancos” peninsulares y criollos, los
“indios”, reducidos al trabajo duro (a excepción de los nobles), y los “negros” de origen
africano, que eran comerciados y explotados como esclavos.
La población indígena que sobrevivió a las enfermedades y a las duras condiciones de
trabajo de los primeros años de la colonización fue sometida a un proceso de
evangelización. Para finales del siglo XVI, la mayoría de los indígenas habían sido
convertidos al catolicismo.
Esto a la vez generó un fenómeno de sincretismo que fusionó algunas tradiciones y
simbologías religiosas locales con las españolas, a la par que se producía un mestizaje
que llevó al uso de categorías como “mestizo”, “zambo”, “mulato” o “castas” para
referirse a los descendientes de padres de distintos grupos étnicos.
El México colonial era gobernado por un virrey que respondía a las instrucciones de
España. El sistema virreinal apuntaba a obtener recursos del virreinato para enviarlos a
Europa y garantizar los intereses de la monarquía española. Esto imponía límites a las
posibilidades políticas y económicas de las élites criollas, generalmente dedicadas al
comercio.
Guerra de independencia
Las crecientes tensiones económicas entre las colonias y la España peninsular
alcanzaron su punto máximo a comienzos del siglo XIX. Las ideas de la Ilustración y el
ejemplo de la independencia estadounidense influyeron en el pensamiento de las élites
coloniales, disconformes con el monopolio comercial y con las reformas borbónicas que
habían aumentado los impuestos y restringido el acceso de los criollos a los cargos
públicos.
El momento clave fue el apresamiento del rey Fernando VII de España, que fue obligado
por Napoleón Bonaparte a abdicar durante la invasión francesa de la península en 1808.
Este hecho provocó una serie de movimientos revolucionarios en las colonias
americanas. En el caso de México, la guerra de independencia se inició en 1810 con el
Grito de Dolores, un llamado a las armas hecho por el cura criollo Manuel Hidalgo desde
la parroquia de Dolores en Guanajuato.
La guerra se prolongó hasta 1821, cuando el general realista Agustín de Iturbide decidió
unirse a los insurgentes liderados por Vicente Guerrero y proclamó el Plan de Iguala. De
acuerdo con este plan, las fuerzas de Iturbide se reunieron con las facciones insurgentes
y formaron el Ejército Trigarante con el apoyo del clero y la aristocracia. La entrada del
Ejército Trigarante en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 marcó el inicio de
la etapa independiente, que se oficializó al día siguiente con la firma del Acta de
Independencia.
Más en: Independencia de México
Primer Imperio mexicano
Agustín de Iturbide fue emperador de México durante menos de un año.
El primer gobierno independiente de México fue una breve monarquía encabezada por
Agustín de Iturbide (coronado como Agustín I) que tomó el nombre de Imperio mexicano.
Su territorio coincidía con el del Virreinato de Nueva España (excepto por las capitanías
generales de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Filipinas), por lo que incluía las
provincias de la Capitanía General de Guatemala (casi la totalidad de Centroamérica) y
los territorios de California, Nuevo México y Texas.
La coronación de Iturbide como emperador tuvo lugar en 1822, tras ser elegido por un
Congreso que aspiraba a una monarquía constitucional moderada. Iturbide estableció la
bandera tricolor como pabellón nacional, con franjas verticales en verde, blanco y rojo y
el águila real coronada sobre un nopal, tomada de una leyenda náhuatl.
Pronto hubo planes para derrocar la monarquía e instaurar una república por parte de
dirigentes como Vicente Guerrero y Antonio López de Santa Anna. Luego de una serie de
revueltas y conspiraciones, Iturbide abdicó en marzo de 1823 y escapó a Europa. En ese
momento también comenzó la disolución del imperio a partir de la emancipación de las
provincias centroamericanas. En 1824 se proclamó la Constitución Federal de los
Estados Unidos Mexicanos con la que nació la República mexicana.
Ver además: Imperio de Iturbide
Intervenciones extranjeras
El México independiente hizo frente a varios intentos españoles por reconquistar su
territorio (1821-1829), hasta que el gobierno español reconoció la independencia de
México en 1836. También debió enfrentar dos intervenciones francesas y una
estadounidense:
La primera intervención francesa. Tuvo lugar entre 1838 y 1839 y fue llamada la
“Guerra de los pasteles”. Enfrentó al gobierno de México con el ejército de Francia
a raíz de una serie de reclamaciones económicas hechas por ciudadanos
franceses, afectados por la destrucción de propiedades debido a los conflictos
civiles en México. Con la mediación británica, se acordó la firma de un tratado de
paz luego de meses de lucha armada y el pago de 600.000 pesos por parte de
México.
La intervención estadounidense. Conocida en Estados Unidos como guerra
mexicano-estadounidense, sucedió entre 1846 y 1848. Fue consecuencia de las
pretensiones expansionistas de Estados Unidos que declaró la anexión de Texas
(1845) y atravesó militarmente territorio que pertenecía a México (1846). El
resultado fue la cesión mexicana de una enorme porción de su territorio del norte,
correspondiente a los actuales estados de Texas, California, Nevada, Utah y
partes de Nuevo México, Arizona, Colorado, Wyoming, Oklahoma y Kansas.
La segunda intervención francesa. Ocurrió entre 1862 y 1867, luego de que el
gobierno de Benito Juárez decidiera suspender los pagos de la deuda externa por
falta de recursos. Una nueva invasión francesa llevó a la caída del gobierno liberal
de Juárez y a la instauración del Segundo Imperio mexicano (1864-1867),
encabezado por Maximiliano de Habsburgo. Este imperio contó con el apoyo de
los sectores conservadores mexicanos que estaban descontentos con las
medidas liberales consagradas en la Constitución Política de la República
Mexicana de 1857. Ya sin el apoyo de Francia, en 1867 el imperio fue derrocado, la
república fue restaurada y Benito Juárez fue electo presidente.
Revolución mexicana
La lucha entre facciones costó la vida de algunos líderes revolucionarios.
Entre 1876 y 1911 México atravesó una etapa conocida como Porfiriato, que consistió en
una dictadura encabezada por el general Porfirio Díaz. En 1910, el descontento
generalizado por la crisis económica y por el carácter antidemocrático del gobierno llevó
al estallido de un movimiento revolucionario que forzó a Díaz a renunciar en mayo de
1911.
Así comenzó lo que se conoce como la Revolución mexicana, que continuó a lo largo de
diez años y enfrentó a algunos de los líderes revolucionarios que aspiraban al poder o a la
aplicación de distintos modelos económicos y políticos.
Este período de inestabilidad política y lucha armada costó la vida de algunos de los
principales líderes revolucionarios, como Francisco I. Madero (1913), Emiliano Zapata
(1919), Venustiano Carranza (1920) y, poco después, Francisco “Pancho” Villa (1923).
Una de las principales consecuencias de la Revolución mexicana fue la promulgación de
la Constitución de 1917, que está vigente en la actualidad.
Ver también: Revolución mexicana
México moderno
Tras la etapa revolucionaria, en la década de 1920 se sucedieron los gobiernos de Álvaro
Obregón y Plutarco Elías Calles. Calles promovió una serie de medidas anticlericales,
inspiradas en algunos de los principios de la Revolución mexicana, que llevaron a la
guerra cristera entre el gobierno y un grupo de milicias católicas (1926-1929).
El período entre 1928 y 1934 es conocido como Maximato y se caracterizó por la
influencia que ejerció Calles en el gobierno. En 1929, Calles fundó el Partido Nacional de
la Revolución (actual Partido Revolucionario Institucional o PRI), que gobernó México
durante setenta años consecutivos entre 1930 y 2000.
Entre 1934 y 1940, la República mexicana estuvo presidida por el general Lázaro
Cárdenas, quien implementó una serie de reformas como la nacionalización de la
industria petrolera, la distribución de tierras entre algunos campesinos y la intervención
del Estado en la economía. En 1943, bajo la presidencia de Manuel Ángel Camacho, se
hizo oficial el Himno Nacional Mexicano, compuesto por Francisco González Bocanegra y
Jaime Nunó, usado desde 1854.
En 1992 se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Estados Unidos y
Canadá, que entró en vigor el 1 de enero de 1994. Ese mismo día, se produjo un
levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas.
El monopolio del PRI concluyó cuando el candidato Vicente Fox, del Partido Acción
Nacional, ganó las elecciones presidenciales de 2000. Desde entonces, comenzó una
etapa de alternancia política. En 2018, llegó a la presidencia Andrés Manuel López
Obrador, del Movimiento Regeneración Nacional.
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