Trabajo Social
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2. Hay una realidad política que merece ser pensada y una manera de pensar que
merece ser problematizada.
Con esto pretendo contribuir a las interpelaciones que la actual coyuntura nacional y
regional, genera en diversos sujetos sociales, colectivos y políticos, entre los que se cuenta
el colectivo de trabajadores sociales. Esta coyuntura, restauración neoliberal, género una
serie de transformaciones que impactaron directamente en el ejercicio profesional, en
términos ocupacionales, salariales, así como en las orientaciones éticas, políticas y
procedimentales de las instituciones y las políticas públicas en las que ejercemos. Impacto
en la calidad de vida de los sectores subalternos con los que trabajamos, y en las
posibilidades de acceso a un conjunto de derechos elementales.
Tiernos como el de 2015 y el de los años 90 nos empujaron en algún punto a renunciar a
nuestro deber de analizar los condicionamientos estructurales y la dinámica política,
económica y social. Analizar otros dispositivos desde los cuales pensar cómo nos permitirá
descubrir y desafiar la realidad política actual.
Hola bien, antes de pensar una realidad, es importante problematizar como, con qué y desde
donde pensamos;
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instancia como condición para el acceso a recursos y derechos. Pareciera que, en las
estrategias promocionales, la asistencia no es un derecho. Entiendo que la asistencia no
puede ser confundida con asistencialismo, sino que debe pensarse en el marco del acceso a
un derecho, más aún en sociedades neoliberales que han profundizado en la desigualdad.
La asistencia puede ser respuesta a una demanda que performativamente permita el
surgimiento de un sujeto colectivo con capacidad de agencia, de construcción de
hegemonía. La tarea de facilitar el acceso a un recurso/derecho, es en sí misma una
incumbencia de la profesion que no debe ser entendida peyorativamente.
En este marco aparece otro concepto que circula en medios de comunicación y en las
agendas de las ciencias sociales en general y de trabajo social en particular, y qué es el
clientelismo.
El trabajo social debe escuchar en la propuesta de Guha la posibilidad de ejercer la crítica
como no solo hacia el orden social qué estructura la vida política pasada y presente, sino
también a los efectos de ese orden social produce en las propias prácticas disciplinarias
punto y apostando a un pensar situado, no caer en análisis eurocentristas dónde lo popular
es visto como demagogia, cómo atentando al republicanismo, Como participación dirigida
por clientelismo, etcétera.
Debemos legitimar a las políticas sociales de asistencia por su carácter restitutivo y de
justicia social.
Vemos que la idea de clientelismo llevan si un presupuesto que rara vez se explícita: que el
sujeto cooptado por el beneficio institucional determinada política social, o por el beneficio
militante del Pancho, es un sujeto incapacitado para reflexionar, te responderá de forma
mecánica y acrítica, acompañando con un su cuerpo en una manifestación o con su voto en
una elección a su supuesto benefactor.
Estás ideas que se esconden detrás del concepto del clientelismo, son heredadas de otras
teorías modernas que mucho daño nos han hecho, cómo son algunas de las propuestas
teóricas de la psicología y la psiquiatría decimonónicas.
Ahora bien, ¿En qué evidencia se sustenta esta afirmación del que percibe un beneficio de
algún tipo, luego obra de forma mecánica arrojándose a los pies de quién se le otorgó? En
ninguna evidencia. Entonces, ¿Porque creemos que los pobres son víctimas del
clientelismo? ¿No hay ahí una suposición de que algunas personas pueden acceder a
transferencias de recursos de distinto tipo sin que ello implique un lavado de cerebro y otras
personas no pueden recibir una reparación de una injusticia sin por eso perder su estatuto de
autonomía para convertirse en clientes captados? Pareciera que para el sentido común
hegemónico la clase media puede hacer mediación es que los pobres no.
Responsabilizo en gran medida a estas concepciones sobre los pobres y sus relaciones con
los recursos, al discurso eurocéntrico sobre el populismo.
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De esta forma, el sentido mayormente atribuido a la noción de populismo, es el que lo
identifica con el liderazgo carismático y la masa uniforme y acrítica punto de ser que esté
relato encastra perfectamente con nuestra contradicción principal que no es, como diría
Carballeda (2013), primaria ni únicamente la de capital trabajo, sino la de civilización o
barbarie, que le la conquista hasta la fecha recorre nuestra historia, y que fue tomando
distintas formas, coagulando con fuerza en las posturas antiperonistas a mediados del siglo
20 y en el odio visceral al negro.
Intervención en el Trabajo Social:
Qué nuestras prácticas no caigan en la individualización
Pensar en la autonomía social en las instituciones
¿Qué es transformar? ¿Qué queremos transformar? ¿Cuál es el sentido de
transformar?
Pensar los nuevos entramados sociales, las nuevas formas de vivir
Lo que nosotros te avisamos lejos está de la realidad
El trabajo social es cómplice de lo que sucede, hay que hablar y tener voz
Debemos evitar el reduccionismo.
Sistematizar:
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también, relaciona los procesos inmediatos con el contexto, confronta el quehacer
práctico con los supuestos teóricos que la inspiran (dialogo-dialéctica).
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d) Las instituciones; el habitar una institución u organización determinada, así
como el marco que ésta nos provee, es una condición más de la práctica,
(quizá una de las determinantes) que los estudiantes deben visibilizar para
manejar, y no un punto de vista o partida para adaptarse.
Para conceptualizar a la sistematización la autora retoma a Oscar Jara Holliday, en
donde plantea que; “Sistematizar es detenerse, mirar hacia atrás, ver de dónde venimos,
ver qué es lo que hemos hecho, qué errores hemos cometido, cómo los corregimos para
orientar el rumbo, y luego generar nuevos conocimientos, producto de la crítica y la
autocrítica, que es la dialéctica, para transformar la realidad.
Por otra parte, la autora menciona cuáles son los objetivos de las prácticas pre –
profesionales: formación e institución. Y así también cuáles son las herramientas
epistemológicas, teóricas y metodológicas aprendidas; que según ella es la capacidad de
problematizar la autonomía tanto de la profesión como de los profesionales, en donde
para ello es necesaria la participación de los estudiantes, tanto para la construcción de
autonomía como para la definición de las problemáticas en los centros de prácticas.
Siguiendo esta línea, el centro de práctica no es un espacio en donde solamente se
interviene, sino también se construyen miradas sobre las políticas públicas, los sujetos
sociales y las propias intervenciones.
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como una síntesis entre los elementos teóricos que sostienen nuestras prácticas y
el movimiento de la realidad social.
Y en tercer lugar; nos hemos problematizado la idea de territorio, en donde se
observó cómo desde la práctica se logró desnaturalizar una visión sustancializada
y apriorística de los barrial.
CARBALLEDA ALFREDO:
Desde el presente trabajo se desarrollan diferentes aspectos de la complejidad actual de la
intervención social, cambios en los escenarios de ésta y las transformaciones institucionales
desde una perspectiva centrada en la singularidad americana atravesada por una serie de
elementos contextuales. De este modo, la intervención en lo social requiere elementos de
análisis profundos que den cuenta de sus nuevas posibilidades. Se aborda a partir de la
utilización de la noción de dispositivo desarrollada por Michel Foucault como forma de
aproximación a esa complejidad, y desde una perspectiva que permite pensar la
intervención en lo social no sólo como la continuidad de una práctica punitiva, sino
también como una posibilidad de resistencia o construcción de libertad. Al mismo tiempo
se trabajan aspectos relacionados con la tensión entre emancipación y libertad que atraviesa
las prácticas que se fundan en la Modernidad. Por otra parte, el trabajo hace referencia a las
posibilidades de elaboración de una epistemología de la intervención social.
ALGUNAS CUESTIONES GENERALES
La complejidad de las problemáticas sociales actuales da cuenta de la necesidad de
profundizar el conocimiento y la discusión acerca de las prácticas que intervienen en este
campo. Es decir, sobresale la importancia de reflexionar y analizar críticamente lo que se
hace en tanto intervención con la finalidad de revisar y observar desde dónde y para qué se
interviene en lo social. Existen diferentes posibilidades de análisis de este tema. Una
potencial vía de entrada se puede construir a partir de la exploración de las diferentes
trayectorias en la cimentación del pensamiento social en América y Europa. Desde allí, una
serie de conceptos, categorías de análisis y aproximaciones teóricas generan lógicas y
afirmaciones que plantean la existencia de determinados problemas sociales sobre los
cuales se debe intervenir o se interviene. El hacer, la práctica cotidiana, aún aparece como
un elemento secundario, estandarizado -plebeyo si se quiere- de la teoría que intenta dar
explicaciones generales a problemas, circunstancias y situaciones fuertemente singulares y
muchas veces alejadas de la vida cotidiana de aquellos sobre quienes se interviene. Por
ejemplo, la dificultad de mirar la singularidad se expresa en el no reconocimiento de la
subjetividad del otro en las propuestas de intervención más clásicas. Esta falta implica una
dificultad de diálogo entre lo social, las nuevas formas de padecimiento, el deseo, la
memoria colectiva en su expresión singular y el acceso a los escenarios de intervención
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social con mayor certeza y conocimiento profundo de ese otro sobre el que se interviene,
tanto desde lo individual como desde lo colectivo.
De allí que se haga relevante construir espacios de reflexión, estudio y análisis respecto de
estas prácticas desde una perspectiva amplia, acompañada por el desarrollo de una intensa
interacción y discusión con las diferentes explicaciones teórica. De ese modo sería posible
analizar su construcción social, implicancias, significaciones, inscripciones, como también
el sentido y la validez de su aplicación desde las diferentes circunstancias sociológicas,
históricas, filosóficas y psicológicas que sostienen o invalidan determinadas formas de
desarrollar la intervención en lo social. En una perspectiva epistemológica también es
posible ubicar diversas cuestiones y problemas que hoy presentan tanto la explicación de
los fenómenos sociales, como las diferentes formas de intervención sobre éstos. Así, la
intervención social también puede comprenderse, por un lado, desde la tensión entre
determinadas ideas predominantes en el pensamiento social y, por otro, desde las formas en
que los problemas sociales y los sujetos de intervención son construidos.
ALGUNAS DISCUSIONES POSIBLES
Si la configuración y constitución de la intervención social es ligada sólo a lo
metodológico, termina elaborándose con criterios de otras prácticas interventoras que
poseen un diferente tipo de desarrollo e inscripción histórica. Éstas se encuentran ligadas a
paradigmas heredados de la relación entre el Positivismo y las Ciencias Naturales, por
ejemplo, la noción de diagnóstico, que atraviesa actualmente con mucha intensidad a la
intervención social, se muestra aún impregnada de la influencia de la medicina, donde
desde lo social se constituye en una lógica que intenta buscar una serie de regularidades y
estabilidades que permitan codificaciones repetibles, asociando los problemas que surgen
de fenómenos sociales con lo sintomático. Este entrecruzamiento entre las ciencias
naturales y las ciencias sociales marca un terreno de contradicciones que genera
dificultades de orden metodológico, haciendo compleja o acotada la posibilidad del hacer,
ya que la misma queda restringida dentro de un campo que le es ajeno.
De esta manera, pensar la intervención en lo social como dispositivo, supone un diálogo
que abarque diferentes perspectivas de visibilidad, de enunciación, de surcos de poder y,
especialmente, de las formas de construcción de subjetividad que se ligan a la intervención,
por lo que una manera de aproximación a este tema puede construirse desde la perspectiva
lingüística y la construcción de subjetividad. Si el sujeto de intervención es construido por
el lenguaje, no se correspondería exactamente con la noción de individuo que plantea la
modernidad, y mucho menos con la idea de poblaciones estables que surge en general de
los manuales y de muchas orientaciones metodológicas de la intervención. En otras
palabras, un sujeto que es construido por el lenguaje no es un sujeto estadístico, es decir
estandarizado, enunciado desde una sumatoria articulada de variables. El sujeto es singular
y se constituye en forma permanente, nunca es el mismo.
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LA POSIBILIDAD DE PENSAR LA INTERVENCIÓN DESDE AMÉRICA
En América, lo diferente, lo extraño, lo otro, es fundacional en la intervención social y se le
visualiza siendo atravesado por diversas expresiones de lo cotidiano. La visión de lo otro
que se construye en nuestro continente a partir de la conquista, delinea, circunscribe y
ratifica nuevas formas de hacer, signadas desde la perplejidad del encuentro entre nuestro
continente y Europa. En nuestro continente, la serie de circunstancias que construyen los
escenarios de intervención, otorgan una dimensión singular y propia a la intervención
social. Donde este hacer implica la necesidad de estar situado en una serie de coordenadas
históricas y culturales para poder comprender y explicar la esencia de los problemas
sociales, la construcción de la demanda, el sentido de ésta, lo que se oculta detrás y lo que
se naturaliza. Así, la intervención social se constituye desde una forma mucho más
compleja. En América, la identidad cultural se presenta como una línea que construye la
estructura social y le otorga sentido. La identidad, de este modo, implica idioma, códigos de
comunicación, pautas sociales, formas de comprender y de explicar.
Desde esta forma de representación es posible pensar la singularidad de la cuestión social
americana, ligada en sus aspectos fundacionales: la conquista, la ruptura del contrato social
de los pueblos originarios, el estallido de sus formas de solidaridad, el amparo y ayuda
mutua, todos como generadores clave de los problemas sociales, en nuestro continente la
intervención dialoga con la búsqueda de una integración perdida; así, ese transitar puede
entenderse casi como sinónimo de resistencia y desde allí le confiere a la acción social un
sentido diferente. La resistencia en América pareciera que de forma paradójica se presenta
como la promesa de emancipación no cumplida por la modernidad. Tal vez sea nuestro
continente el lugar donde el mestizaje constituya respuestas concretas a esas promesas no
cumplidas.
La intervención social en América implica una forma de reconstitución del pasaje de la
monosomía a la polisemia; es decir, de la reconstrucción del sujeto desde su condición
histórica y social, en una forma de ida y vuelta con él mismo y con los otros. En América,
los problemas sociales construyen, separan o unen de manera diferente y singular al sujeto
de los otros y del todo y, en definitiva, de la cultura de los orígenes.
El “problema social”, en su significación actual, deja a esos otros en la soledad del
padecimiento, de la falta, de la injusticia; en las inscripciones de una desigualdad que se
presenta cada vez con más rasgos de ser necesaria para el sostenimiento de un mundo
indigno. De este modo, el vacío se presenta como una metáfora cada vez más evidente de
los problemas sociales: el vacío como falta no es sólo un dato estadístico, implica una serie
de tramas complejas que es preciso conocer, analizar y recrear desde la singularidad de la
intervención en diálogo con la propia trayectoria de ésta y de las distintas teorías
explicativas de lo social. Así, la desigualdad en tanto “promesa” de vacío, de caída sin fin,
opera con forma de terror, aleccionando sociedades, organizando la vida cotidiana,
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generando una objetivación del otro, quien se presenta como un extraño, como alguien
ajeno y a veces como un enemigo.
LA INTERVENCIÓN SOCIAL: ENTRE LA EMANCIPACIÓN Y EL SOMETIMIENTO
En el campo de la intervención social entre otros opuestos y tensiones, dialogan de manera
intensa el disciplinamiento y la noción de necesidad, donde la necesidad suele ser entendida
como una dificultad de adaptación, ya sea individual, comunitaria o grupal ligada al
desconocimiento de la racionalidad moderna. De este modo, la incorporación de la
racionalidad en la vida cotidiana es propuesta como “necesidad” previa a resolver antes que
el problema social en sí mismo. Esta noción de necesidad le confiere una forma de
dirección a diferentes expresiones de las prácticas de intervención social. De esta forma, la
idea de necesidad, desde la fundación de las prácticas de intervención social, tal como las
conocemos hoy, es impuesta por el orden de la modernidad y puede tener diferentes caras y
expresiones en su propio devenir histórico. Así, el disciplinamiento se manifiesta tanto en
forma explícita desde el discurso colonial, como también en forma subrepticia en el
discurso libertario.
El hacer, en tanto práctica transformadora, desde los postulados de la modernidad dentro de
un espacio recientemente construido –lo social- significó el surgimiento de una serie de
dispositivos de control y disciplinamiento que fueron cambiando de forma en diferentes
contextos y climas de época. Los inicios de la intervención social pueden ligarse a tres
elementos claramente definidos; la noción de sociedad; el concepto de cuestión social y la
construcción de prácticas y objetos de conocimiento. Esos tres ejes, que pueden
considerarse constitutivos de la intervención social fueron construyendo diferentes espacios
de diálogo, encuentro y confrontación y se consolidaron especialmente a través de la propia
práctica y de los interrogantes que fueron surgiendo en su desarrollo.
En definitiva, dentro del disciplinamiento también coexisten dos elementos contradictorios:
emancipación y dominación. Para el disciplinamiento, especialmente desde el Estado
Moderno, se utilizaron diferentes prácticas sociales como acción social o intervención, que
se orientaron básicamente a mutar el ethos popular –generalmente considerado irracional-
por la noción moderna de cotidianeidad que implica lo racional como espejo de la cultura
occidental. Otra perspectiva surge de comprender la noción de necesidad como un derecho
social no cumplido. Esta visión, centrada desde una perspectiva de reciprocidad hacia el
fortalecimiento de la organización comunitaria y social para la construcción de nuevas
formas de inclusión social, muestra otra orientación de la intervención social, donde lo
cultural, lejos de ser un problema se convierte en un componente clave para lograr la
integración.
Concluyentemente, dentro de una perspectiva centrada en la intervención social, la temática
de la identidad implica que no se trata de cambiar un sujeto histórico (europeo) por otro
(americano), sino de construir desde la diversidad y el encuentro. Porque también se
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necesita recuperar la tradición europea en nuestro continente, dado que ella también se
inserta en el núcleo último de la cultura popular.
LA INTERVENCIÓN EN LO SOCIAL COMO DISPOSITIVO
Puede entenderse a la intervención social, según la perspectiva de Michel Foucault,
explicada por Albano (2004) como: “La sumatoria de una amalgama de categorías y
saberes que conforman la apertura y cierre de conocimientos, vinculados a través de
relaciones de vecindad, aparición y permanencia de analogías y diferencias” (p.136) Esa
sumatoria de elementos, se hace presente en los distintos espacios, territorios y sujetos en
que la intervención actúa, atravesándolos, cargándolos de sentido y generando desde allí
nuevas representaciones y construcciones. Si bien Foucault refiere que la noción de
episteme se vincula con diferentes corrientes de pensamiento, es posible repensar desde
esta perspectiva una nueva forma de aproximación a la noción de intervención social en
diálogo con la práctica cotidiana, especialmente si se pone el acento en los procesos
discursivos que se dan en su interior y en las diferentes construcciones que genera, teniendo
en cuenta, también, que a partir de estos procesos discursivos se presentan, emergen,
desaparecen o quedan latentes determinados enunciados, categorías, marcos teóricos y
corrientes de pensamiento. De este modo es posible asimismo pensar a la intervención
social como “dispositivo”, es decir, desde su constitución y movilidad como una red o
trama, conformada por discursos, disposiciones, reglamentos, leyes, enunciados y
proposiciones filosóficas y morales (Foucault, 1991).
Desde esta perspectiva quizás exista la posibilidad de conceptualizar a la intervención
social desde las relaciones que pueden existir entre los diferentes elementos que conforman
esa red, sus interacciones y especialmente la singularidad de éstas en cada circunstancia. Es
justamente en el escenario de la intervención social donde confluyen esos componentes y
allí se hace presente la intervención como dispositivo, reconstruyéndose de ese modo en un
juego de diferentes interacciones que se constituyen de manera heterogénea y particular.
Los diferentes escenarios donde se desarrolla la práctica concreta y cotidiana se presentan
como uno de los primeros espacios a observar y trabajar en la intervención social como
proceso de análisis desde una perspectiva centrada en la idea de dispositivo; allí donde lo
macro social se entrecruza inexorablemente con lo micro, construyendo series singulares de
inscripción tanto subjetivas como contextuales El espacio institucional también implica una
superposición de mundos y de lógicas que dan cuenta de una enorme diversidad de marcos
comprensivos y explicativos. Todo esto se inscribe de alguna manera tanto en los sujetos
sobre los que se interviene socialmente como en la historia colectiva. Surge, de esta
manera, la importancia de una mirada retrospectiva que debe hacer dialogar
contextualizadamente, no sólo los aspectos actuales de lo que se escucha y observa, sino
también sus atravesamientos histórico-sociales De este, modo la intervención social,
entendida como dispositivo, permite tener en cuenta la conformación de diferentes
relaciones, estables e inestables, entre sus componentes; pero también, al ser una
construcción moderna, puede verse desde allí su perspectiva emancipadora, no solo
punitiva. Esta perspectiva implica el reconocimiento de una singularidad de lo micro
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conectada con lo macro. A su vez, esta singularidad posee una construcción histórica, un
posicionamiento en el presente y, si se quiere, una perspectiva con respecto al futuro, que le
otorgará significados particulares.
En síntesis, desde la práctica de la intervención en lo social es posible visualizar la
racionalidad punitiva de ésta como dispositivo, pero al mismo tiempo su capacidad
liberadora. Entonces, si para Foucault (1985) un dispositivo es "un conjunto decididamente
heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas,
decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos,
proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en resumen: los elementos del dispositivo
pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho. El dispositivo es la red que puede
establecerse entre estos elementos”, (p. 138) también se presenta como un conjunto capaz
de ser transformado y reordenado. Entonces es posible pensar que la intervención social
puede ser una forma de construcción de órdenes diferentes. Desde esta perspectiva se hace
posible pensar la intervención social como una forma de “hacer ver”, de vincular a ese otro
con lo propio, con la cultura y con aquello que lo construye. La perspectiva de esta noción
de visibilidad da cuenta de la posibilidad de intentar mostrar aquello que la intervención
hace ver, muestra, pone en escena, tanto desde la esfera de la propia práctica, como desde la
institución o del propio sujeto. Así, desde la intervención en lo social, la integración de la
sociedad se presenta como un horizonte remoto, pero no imposible, dado que el contexto es
un producto de relaciones sociales y devenir histórico, donde “intervención” también
implica la posibilidad de transformación, de despejar las ataduras de la injusticia en la que
se ven sumergidos nuestros países.
MARGARITA ROZAS PAGAZA: El proceso metodológico en la intervención
profesional:
La inserción en conocimiento en acción:
Denominamos proceso metodológico a la secuencia de 3 momentos: inserción, diagnóstico
y planificación que generalmente se dan en la intervención profesional, estos momentos se
pueden recrear en el nivel individual, grupal y comunitario y para entender la secuencia
lógica de lo que hemos denominado proceso metodológico de intervención es necesario
partir de la complejidad existente en la construcción del campo problemático en la
intervención, esta complejidad es expresión de un conjunto de dimensiones de la cuestión
social, que para el trabajo social se expresa en la difícil y contradictoria relación entre
sujeto y necesidad, Esa relación es el eje corriente ala direccionalidad de la intervención
profesional y sin duda ella es posible en la medida en que se enriquezca el conocimiento
sobre la relación sujeto-necesidad en el contexto más inmediato de la intervención.
Para el trabajo social hay dos premisas básicas, que están referidas a la reproducción social
de los actores en su vida cotidiana, que ceda como reproducción de un orden social y como
realidad precaria, la realidad precaria se refiere a la posibilidad que tiene de ser cambiada,
por lo tanto no está dada de manera lineal y estática. Por otro lado, los actores sociales
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significan de manera heterogénea su relación con sus necesidades y de acuerdo con sus
pautas culturales y situación particular en la sociedad, todo ello implica un nivel de
complejidad en el cual la metodología como un conjunto de procedimientos posibilita junto
con la teoría develar la complejidad de la cuestión social traducida en el campo
problemático para intervenir. Entonces sostenemos que, el inicio metodológico de la
intervención empieza por un recorte geográfico y social del contexto en el cual el
profesional inicia su práctica, esto significa por otro lado iniciar un conocimiento de dicho
proceso en el cual se interrelacionan los actores en función de su relación con sus
necesidades y para iniciar ese acercamiento se establece un proceso de inserción.
La inserción:
La inserción, es un primer acercamiento a la trama social que los sujetos establecen en su
vida cotidiana con relación a la satisfacción de sus necesidades, el significado
metodológico de este momento consiste en iniciar el conocimiento de dicho contexto
particular a fin de establecer una ubicación profesional y una mirada estratégica de dicha
ubicación, el proceso de ubicación significa situarse frente y en interrelación e interacción
con los actores de la intervención profesional que son: los sujetos con sus demandas y la
racionalidad que le dan a dichas demandas, la institución con sus propias demanda y su
racionalidad respecto a la relación de los sujetos con sus necesidades y finalmente el
trabajador social con su saber específico para analizar esa relación sujeto-necesidad como
expresión complejizada de la cuestión social, y este saber específico se completa con un
conjunto de procedimientos metodológicos que orientan la direccionalidad del ejercicio
profesional, el mismo implica también conocer e interpretar que los actores en el contexto
de la intervención generan un proceso particular de interrelación e interacción alrededor de
sus necesidades, este es el aspecto central sobre el cual se constituye el campo problemático
de la intervención y este proceso de interacción e intercomunicación entre actores permite
también un primer conocimiento de la institución, el barrio y los sujetos sociales como
instancias de relaciones sociales que expresan diversas racionalidades e intereses, es
acercarse a la práctica de los distintos actores con sus conflictos intereses motivos y
razones.
Para el trabajo social es el momento de los interrogantes, de las indecisiones producto del
impacto de una realidad que se desestructura y que muchas veces inmoviliza, sin embargo
es el momento importante de reflexión para establecer una estrategia de intervención
porque es la instancia de búsqueda del sobre que de la intervención, significa preguntarse
por las necesidades de esos sujetos como elemento fundamental en la construcción del
campo problemático.
¿Qué abarca la inserción?
cabe destacar que la inserción siempre abarca el acercamiento a la institución y los actores,
siendo posible ese acercamiento cuando está orientado por una actitud investigativa que
posibilite interrogarse sobre el sujeto y sus necesidades, en un primer momento de la
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inserción se desarrollan acciones aisladas, encuentros informales, diálogos fragmentados
con los actores de la intervención, del mismo modo la información es todavía incipiente
respecto a cómo esos actores expresan y piensan desde su mundo cotidiano sus carencias y
sus demandas, estos datos sueltos en esta etapa van configurando de manera aproximada el
contexto de la acción profesional y el diseño de una estrategia que irá marcando la
microdinámica que se genera en el despliegue de la relación e interacción con los actores.
¿Cómo nos insertamos?
es necesario tener en cuenta que cuando 1 inicia el proceso de inserción no debe
mimetizarse con la realidad, generalmente eso sucede cuando hay posiciones básicas que
mezcladas con la caridad cristiana confunden la actividad profesional, esta se encuentra
guiada por una postura ética-política, una reflexión teórica y una capacidad metodológica-
instrumental, las posturas que han deformado la visión profesional del trabajador social, lo
han llevado a no tener una mirada estratégica que lo ubique por encima de la inmediatez,
sin perder de vista la trama social de los sujetos en una situación micro social, si bien es
cierto que no existe un único camino para iniciar un proceso de inserción para todas las
situaciones particulares, se pueden señalar algunos criterios orientadores de la acción en
dicho proceso:
Las formas de inserción son múltiples, y no hay recetas específicas para cada inserción
ellas dependen sobre todo de la particularidad que adquiere cada práctica profesional,
cualquier actividad demandada por la institución o los sujetos sociales deben ser tomadas
como formas de inserción que permiten iniciar un conocimiento sobre esa realidad, sin
embargo cuando uno va por primera vez a un centro de práctica a cualquier institución, por
más experiencia que tenga lo primero que debe hacer es informarse, saber escuchar y
observar, antes de confrontar, emitir juicios y operar de manera poco pertinente, el
apresuramiento puede provocar consecuencias futuras negativas para la intervención, una
manera de informarse y conocer es a través del diálogo informal, la lectura de archivos, la
observación participante y no participante, las entrevistas, las visitas domiciliarias y la
información de fuentes primarias y secundarias sobre la institución y los actores, de este
modo es posible ubicar la problemática central que se plantea a manera de hipótesis, la
misma posibilitará avanzar en la indagación a fin de profundizar en el conocimiento que
deberá a definir el campo problemático para esa realidad específica, es necesario
profundizar el contacto con los informantes claves, individuos grupos organizados o no
para alcanzar un proceso de inserción más direccionado porque esos informantes ya tienen
una experiencia y una historia vivida que puede ayudar a comprender la trama social de los
actores de la intervención y también es fundamental el análisis de proyectos y programas,
fichas sociales a fin de poder contar con información importante sobre la direccionalidad
que tienen las instituciones con respecto a la problemática de los sujetos.
¿Qué técnicas se utilizan en la inserción?
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el uso de las técnicas está orientado por el objetivo de conocer el ámbito espacial y social
en el que se desarrolla la intervención profesional, en la inserción se combinan técnicas de
intervención y técnicas de conocimiento, el uso de técnicas desarticuladas de la perspectiva
teórica y la formulación de objetivos profesionales se convierte en un instrumento de poca
utilidad, por ejemplo si estamos en un barrio será poco conveniente empezar a instrumentar
una encuesta sin antes haber ganado un nivel de legitimación con los actores de la
comunidad, porque puede generar rechazo y desconfianza. Las técnicas de uso más
frecuente en la inserción son: observaciones, entrevistas, testimonios, investigación
bibliográfica, visitas domiciliarias, etc. Y este conocimiento debe ser registrado en el
cuaderno de campo porque sirven para determinar aspectos de esa micro dinámica referente
a las interrelaciones, necesidades, saberes correspondientes a la problemática objeto de la
intervención. Por otro lado nosotros nos acercamos a esta realidad cotidiana de los sujetos
también con nuestros saberes que entran en relación con los otros saberes y hechos
empíricos, es el inicio del juego de interrelaciones entre los conceptos y la realidad
empírica.
El diagnóstico y la inserción profesional:
El diagnóstico y su relación con la investigación en el proceso metodológico:
El proceso de conocimiento adquirido durante la inserción, nos posibilita tener elementos
empíricos que necesitan ser analizados en la perspectiva de visualizar mejor el campo
problemático, sobre el cual se precisarán los objetivos de la intervención profesional, este
es el sentido que se le da al diagnóstico en el proceso de intervención, sin embargo no
siempre esta fue la orientación del diagnóstico, en términos generales el diagnóstico se
refiere a saber las causas de un problema para luego solucionarlo.
Cuando Mary Richmond introduce el diagnóstico como un momento fundamental de la
comprensión del problema, está pensando en términos de caso social, a partir de
interrelacionar datos observados alrededor de una problemática que pretende establecer
determinadas orientaciones en su tratamiento, en esta perspectiva el diagnóstico se
convierte en el espacio de constitución del conocimiento de la problemática individual, las
características de este conocimiento se reducen a la esterilidad de los hechos y a una
captación voluntarista de estos hechos, solo desde la mirada del profesional.
Desde nuestra perspectiva teórica-metodológica el diagnóstico es un momento de síntesis
del conocimiento que se inicia en la inserción y fundamenta la problemática central que
estructura el campo problemático de la intervención, el diagnóstico en esta perspectiva es
una instancia en la que se explicitan los nexos de la cuestión social relacionada a la
satisfacción de las necesidades de los sujetos y que a su vez permite obtener explicaciones
teóricas sobre la realidad particular posibilitando reorientar los objetivos y una estrategia de
intervención profesional, cabe aclarar que esta perspectiva del diagnóstico no es una
estructuración a partir de un recorte matemático de la realidad sino que es el resultado de
procesos cognitivos que se han ido acumulando desde el momento de la inserción.
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El diagnóstico como síntesis, es la re-elaboración de ese conocimiento acumulado con la
ayuda de las categorías de análisis sobre la problemática generada en la relación sujeto-
necesidad, en esta síntesis se intenta develar la complejidad de las problemáticas que se han
ido analizando en el transcurso de la inserción profesional, este proceso de develamiento no
puede ser prolongación del sentido común, porque dicho develamiento implica trabajar con
categorías de análisis por lo tanto desde una perspectiva teórica permite la conexión entre
los procesos cognitivos que surgen de contextos vitales y formas de vida reproducida
socialmente, el análisis de las problemáticas como expresión de esos procesos vividos en la
realidad adquieren un significado particular al ser problematizados desde la perspectiva de
los actores sociales donde dicha perspectiva se debe ubicar como experiencia vivida por los
actores en circunstancias históricas particulares, referidas fundamentalmente a la
satisfacción de sus necesidades. En este contexto, determinar cuál es la dimensión más
profunda del seguimiento de la pista de las demandas, que en definitiva el seguimiento de
las necesidades es el aspecto fundamental de la especificidad en la intervención profesional
y lo que la distingue de otras profesiones, el seguimiento de estas demandas como
expresión de necesidad nos permitirá redefinir mejor el sobre que, el para qué y el cómo y
con quienes se debe esa rotarla intervención profesional, pero además influyen en la
redefinición de estrategias que garanticen el ejercicio profesional.
¿Qué permite el Diagnostico?
Permite precisar el conocimiento de las problemáticas que desde el proceso de inserción se
vienen realizando para determinar cuál es la problemática central con relación a la
satisfacción de necesidades de los sujetos con los cuales se trabaja, diferenciar el
conocimiento general del barrio, de la institución, de la problemática más específica sobre
la que se determina el problema objeto de intervención aún cuando esté de alguna manera
se fije desde el conocimiento generado en la inserción, facilitar a los profesionales acciones
de planificación pertinentes y posibles con relación a dicho campo problemático, el
diagnóstico combinados actividades que consisten en ordenar la información obtenida
relacionándola con otras informaciones y reflexionar desde las categorías de análisis
referidas a la problemática central, en este proceso de reflexión deben estar presentes
aspectos del contexto tanto coyunturales como estructurales, en definitiva es la
autoconciencia que se hace posible al comprender el proceso social de la vida de los
actores.
¿Qué aspectos se debe tener en cuenta para el Diagnostico?
La información recogida hasta el momento sobre aspectos generales y particulares de las
carencias y demandas como expresión de otras necesidades y que aparecen como
indicadores sobre el campo problemático de la intervención, los referentes a aspectos
económicos, políticos, sociales y culturales relacionados con las problemáticas a tratar,
también el análisis de las necesidades retomándolo comunidad cognitiva que orienta a la
acción profesional, el reordenamiento de los datos bajo esta unidad cognitiva la
determinación de la fundamentación del problema objeto de intervención.
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El significado de la planificación en el proceso metodológico:
Teniendo en cuenta la complejidad de la construcción del objeto de intervención es
impensable separar las acciones relacionadas a la inserción y el diagnóstico con los
procesos de planificación porque unos implican a los otros como aspectos de un solo
proceso relativamente diferenciables cuando se estructuran de manera técnica, al
constituirse en aspectos de implicación mutua partimos del supuesto de que existe una
direccionalidad en la acción dada por una comprensión teórica del objeto de intervención
además de la determinación de estrategias que van redimensionando permanentemente la
intervención, en esta línea de análisis la planificación no es un momento desarticulado de
este proceso por lo tanto el significado que adquiere está sustentado en una concepción de
planificación estratégica, la misma está orientada a generar un proceso de elaboración y
toma de decisiones a partir de la interacción de los actores y el conocimiento fundamentado
de la realidad, esta realidad es considerada compleja en la medida en que los actores
interactúan a través de distintas racionalidades y auto referencias explicativas.
La planificación en trabajo social tiene un significado articulador de las acciones del
profesional a nivel general y en el ámbito particular es la explicitación técnica de objetivos
y actividades que viabilizan la intervención profesional, Cabe señalar que la planificación
se va modificando permanentemente en la medida que es un proceso que sigue los
condicionamientos de una realidad en la que los actores complejizan la operatividad técnica
de un proyecto por lo tanto es necesario evaluar frecuentemente las condiciones de esa
operatividad.
Programas y proyectos sociales en trabajo social:
Los instrumentos de toda planificación son el plan, el programa y el proyecto.
un programa es un conjunto de proyectos que responden a objetivos y líneas de trabajo
articulados por su viabilidad, recursos y una concepción teórica sobre las temáticas o
problemáticas que se quieren abordar, para un trabajador social y desde la perspectiva de la
planificación estratégica el programa debe ser considerado como una propuesta general que
va enriqueciendo su contenido a través de la experiencia de trabajo y la participación de los
destinatarios de esas acciones.
en el contexto del proceso metodológico el proyecto adquiere un significado particular en
tanto es una unidad de planificación posible de ser manejable, si consideramos que el
proyecto lejos de ordenar racionalmente los procesos de la realidad permite un apoyo
técnico al proceso de direccionalidad que tiene la acción profesional, la orientación de estas
acciones se redefinen constantemente porque es producto de la interacción de distintos
actores como organizaciones populares, funcionarios del Gobierno, instituciones, partidos
políticos, etcétera.
esde el punto de vista del trabajo social la coherencia interna y externa del proyecto es
producto del conocimiento y precisión del problema objeto de intervención esto quiere
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decir saber cuál es el verdadero problema sobre el que se orienta la acción profesional
traducido en un proyecto de carácter social, este tipo de proyectos articula grupos,
instituciones, intereses, objetivo, alianzas, resistencias, negociación e incertidumbre y es la
posibilidad que tienen los sujetos sociales de concretar acciones de participación específica.
Consideramos que un proyecto social como espacio de articulación de acciones es un
instrumento importante que posibilita que distintos actores puedan resolver las
problemáticas que afectan a dicho sujeto con relación a la satisfacción de sus necesidades.
La importancia del conocimiento de la elaboración de un proyecto de Desarrollo Social:
1. el conocimiento de las necesidades de los actores en su vida cotidiana, las de la
institución y la de los profesionales permiten un nivel de precisión con respecto a
las acciones a realizar en el proyecto, y este conocimiento empieza con la inserción
y se profundiza con la determinación del objeto de intervención es la base
fundamental para la elaboración de un proyecto de trabajo social.
2. el conocimiento que antecede a la elaboración de un proyecto se ordena como un
momento de síntesis que establece la base para sustentar la problemática a abordar
en el desarrollo de cualquier proyecto, cuando se precisa el sobre que trabajar, es
necesario analizar correctamente las alternativas de acción y la estrategia que
vinculará a la ejecución del proyecto y de la intervención profesional en general.
Aspectos que se deben tener en cuenta para la elaboración de proyectos en trabajo
social:
El título del proyecto debe dar cuenta de la problemática a tratar, la fundamentación
debe explicar los motivos por los cuales se ha tomado esa y no otra problemática en el
proyecto, la determinación de objetivos y actividades que deben involucrar a los otros
actores, sobre todo verificar que está orientado a dar respuestas aunque sea
parcialmente a las necesidades de los sectores sociales con los cuales se trabaja,
establecer adecuadamente los recursos con los cuales se va a contar tanto humano como
económico, las relaciones y coordinaciones Inter e intra-institucionales, el cronograma
de acción que ordene las actividades en tiempos y la organización de comisiones de
trabajo, la evaluación permanente que permite redimensionar las acciones de manera
permanente porque este tipo de proyectos por la complejidad de las problemáticas y las
relaciones entre los actores no siempre desarrollan su implementación de manera lineal,
el trabajador social no debe pensar que una vez establecido el proyecto se tiene que
implementar tal como se había programado, al contrario dicho proyecto se puede ir
reformulando en dándose involucra a los otros actores en una instancia evaluativa
permanente que posibilite cambios pertinentes si son necesarios.
Selección de alternativas:
La selección de alternativas es producto un proceso que el trabajador social junto con
los otros actores va construyendo el momento de su inserción, estas alternativas no son
operaciones puramente intelectuales, las alternativas de selección responden a la
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pregunta ¿ que debemos hacer para llegar a los objetivos planteados a partir del
problema objeto de intervención? en términos generales se puede decir que
permanentemente en el proceso de intervención de alguna forma hay un conjunto de
propuestas que siempre guían la acción profesional, de esta forma las alternativas de
acción se constituyen en medios posibles de participación de los distintos actores
porque a partir de ellas se encaminará la solución de sus demandas en la cual es
importante que se involucren como sujetos protagónicos capaces de construir un
espacio de participación y respuesta a esas demandas generalmente la solución se
espera desde la gente externó (profesionales, políticos y otros) como producto de
acciones paternalistas y puramente asistenciales, a través de tareas asistenciales
debemos propiciar acciones educativas y una de ellas es incentivar la participación y la
toma de decisiones en las acciones planificadas.
Criterios que deben tener en cuenta para la selección de alternativas:
Antes de su formulación se debe hacer una evaluación para analizar cuáles son las
precisiones que se han realizado respecto al sobre que y para qué de la intervención
hasta ese momento, el diagnóstico para fundamentar dichas alternativas, establecer sus
posibilidades y límites y a partir de ello redefinir la estrategia a seguir para cada una de
ellas y organizar junto con los sujetos sociales las formas de participación y ejecución
de esas alternativas
¿Cuando una alternativa a acciones factible?
Cuando se ha determinado de manera argumentada de la necesidad sobre la cual se debe
formular el problema objeto de intervención, cuando se ha realizado una evaluación de
los límites y posibilidades de solución desde lo que dará la institución, los sujetos
sociales y el profesional, cuando en la selección de alternativas necesariamente se
incorpora a la decisión de los actores esto le da una posibilidad de ejecución y cuando
se planifican los tiempos de realización.
¿Qué otro aspecto es necesario tener en cuenta?
Desde el punto de vista de la metodología deben estar presentes los criterios
anteriormente analizados, es fundamental tener en cuenta la política y estrategia y la
programación institucional considerando a partir del análisis de planes y programas un
nivel de importancia su carácter de complementariedad todo eso para poder evaluar
adecuadamente sus posibilidades de implementación.
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fenómenos en situación es tanto mayor en cuanto Trabajo Social no sólo quiere comprender, sino
intervenir fundadamente. El problema sustantivo de la racionalidad para Trabajo Social consiste en
hacer emerger el cuerpo heterogéneo, múltiple y distintivo de racionalidades existentes, a la hora
de interpretar e intervenir fenómenos sociales complejos.
Detrás de cada estrategia, de cada Procedimiento, de cada técnica, está la mediación como
intento de recuperar la unidad de la razón en la multiplicidad de sus voces. Algunos autores hablan
indistintamente de intervención, de procedimientos, de modelos de intervención, de metodología,
de modelos-guía, sin mayores precisiones. Sin embargo, nos parece encontrar un rasgo común:
una cierta visión instrumentalista de la intervención, enfocada como desligada de los supuestos
teóricos que la sustentan. Ahora bien, en nuestro recorrido por los distintos autores -que,
evidentemente, no los ha agotado- hemos encontrado que tanto Margarita Rozas como Susana
García Salord ofrecen una perspectiva más compleja e inclusiva.
Dice al respecto Margarita Rozas: "La comprensión del sobre qué, el para qué y el cómo de la
intervención profesional sólo pueden ser significados en la medida que estén sustentados teórica y
prácticamente...Partimos del supuesto que ella se conforma en el desarrollo de los procesos
sociales reproducidos cotidianamente. Por ello, la intervención no es considerada como una
actividad o varias actividades, o la ejecución de un proyecto planificado y, por último, no son
respuestas múltiples y anárquicas al conjunto de necesidades que los actores sociales demandan.
Ella es un proceso de construcción histórico-social que articula en el desarrollo de esa dinámica
interna y externa, la constitución del objeto de intervención como expresión real de los actores
sociales mediados por una metodología y categorías de análisis que posibilitan su elaboración
intelectual como objeto de intervención pensado". ..."Estas prácticas reproducidas por los actores,
además de ser apropiadas por las teorías sustantivas, constituyen el marco en el cual se
estructurar no sólo el objeto de intervención profesional sino también su significado social..."
Por su lado, Susana García Salord advierte que el modelo de intervención en la realidad no puede
contemplarse meramente como un procedimiento o, una secuencia de etapas y sus respectivas
técnicas, sino que deberá analizarse dentro de una estrategia global, es decir, como una estructura
donde el procedimiento (lo operativo) responde a una previa definición de la especificidad de la
práctica profesional y de los elementos constitutivos de su saber.
Sólo analizando los criterios de construcción de las propuestas, se podrá detectar el significado de
la función que se le otorga a la intervención profesional, al objeto de su intervención y a los
objetivos que la orientan. Por ende, sólo así se podrá optar con criterio por una u otra estrategia,
ya que así se definirá qué se quiere hacer, para qué y con quiénes. A partir de lo cual se podrá
articular recién el cómo hacerlo en la forma más adecuada para los fines propuestos y en las
circunstancian sociales; concretas donde se pretende intervenir.
Detrás de cada estrategia de intervención existe una concepción acerca de lo que se quiere
intervenir, de sus causas y consecuencias sociales. Pensar en estrategias de intervención remite a
reconsiderar el espacio de intervención del Trabajo Social Comunitario. Al respecto nos ha
parecido apropiado retomar aspectos de la conceptualización de campo ofrecida por Pierre
Bourdieu, como espacios estructurados de posiciones que tienen propiedades específicas que le
otorgan una relativa autonomía. Un campo se define definiendo lo que está en juego y los
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intereses específicos. En él interactúan agentes sociales diferenciados -que ocupan posiciones
objetivas diferentes- que persiguen satisfacer sus intereses particularizados, procurando mantener
o adquirir el máximo grado de control posible sobre los procesos que lo posibilitan y sobre el
capital específico en juego.
La capacidad del Trabajador Social de analizar a los agentes sociales efectiva y potencialmente
actuantes en el campo, su identificación, la caracterización de sus interesas, actitudes y
comportamientos esperados respecto de determinados procesos, incorpora contenidos de
información particularmente útiles para elaborar estrategias de respuesta y preventivas que
intenten mejorar las condiciones de operación del proyecto. Tengamos en cuenta que la
intervención afecta sólo algunas de las dimensiones del campo. La comunidad no se detiene para
ejecutar los proyectos. Su vida sigue, y los proyectos pueden tener un impacto significativo sobre
esa vida, pero su sentido y su valor depende de cómo se insertan en ella. Las estrategias de
intervención -que para nosotros son una constante- son un accidente en la vida de las
comunidades y la transformación de éstas sólo en parte es consecuencia de las intervenciones.
• La referencia-teórica.
1.- Proyecto político vigente: En tanto consideramos que el contexto es constitutivo del Trabajo
Social, creemos que cualquier estrategia de intervención, en el nivel de que se trate, debe tener
una lectura y análisis del mismo.
2.- Marco institucional: Las instituciones vehiculizan estrategias más amplias de intervención, con
ciertos atributos ideológicos y metodológicos, con ciertas visiones y representaciones, que operan
como marco del Trabajo Social, pero no determinan absolutamente nuestras propias estrategias.
Además, las instituciones se plasman en organizaciones que tienen normativas, recursos, políticas
que posibilitan o limitan determinado tipo de estrategia; que potencian o impugnan, en síntesis,
que dan el marco particular desde el cual el trabajador social debe pensar e implementar su
intervención. El análisis del marco institucional remodela aquello que considerarnos necesario,
desde el punto de vista de lo que es posible.
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Elementos internos al campo:
2.- Objeto de intervención. - Desde nuestra cátedra, venimos trabajando la hipótesis que ubica al
objeto de Intervención de la profesión en el nivel "necesario" de la estructura de necesidades
(Heller, Agnes) , en su dimensión material y no material. Desde el nivel comunitario, abordamos
las necesidades que no puedan ser satisfechas individualmente, y que requieren, en general, de un
mínimo de organización y participación para su resolución: así por ejemplo vivienda, luz,
recreación, etc. Respecto de la dimensión no material -relaciones y saberes cotidianos- nos
interesa particularmente aquellas relacionadas con el espacio público societal: cómo circula el
poder en la organización, de qué modo la información potencia o inhibe la participación, etc. A
nivel comunitario nos interesa fundamentalmente trabajar la REPRESENTACION, en su doble
dimensión: a) como saberes o visiones acerca de las problemáticas a enfrentar, y b) como
delegación organizadora de la acción colectiva. Así es que cuando planteamos definir el objeto de
intervención, nos estamos refiriendo a su definición conceptual, para desde allí caracterizarlo
particularmente, planteando qué aspecto aparece como presidiendo la problemática concreta a
resolver. Responder esta pregunta no implica desconocer la articulación e interdependencia de las
distintas dimensiones, sino intentar delimitar en función de cuál predomina; el carácter
predominante de la estrategia que se construye.
3.-Objetivos: Indican qué se pretende lograr a través de nuestra intervención, qué aspectos se
intenta modificar o redefinir en cuanto al objeto. En función de la definición de los elementos
anteriores (proyecto vigente, marco institucional, sujeto y objeto), nos encontramos entonces en
condiciones de plantear objetivos específicos y particulares.
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e) El proceso tiene siempre tres protagonistas (que son los protagonistas de la vida
organizada de un sistema democrático) que tienen que ver directamente con los
temas de la intervención comunitaria: las administraciones y, en primer lugar la
administración local; los recursos técnicos y profesionales que operan en/con esa
comunidad (públicos, privados no lucrativos y voluntarios) y la población. Los tres
protagonistas deben implicarse correctamente en el proceso, jugando cada uno
su papel y respetando y asumiendo el papel de los demás. Naturalmente esto es
difícil porque en general no se suele tener experiencia en este sentido y
normalmente asistimos a una implicación muy a menudo incorrecta. Sólo a título de
ejemplo ya que el tema es muy complejo, se puede decir que: los administradores
saben gobernar para la comunidad pero no con ella. Los técnicos están muy metidos
en sus despachos y atienden a muchos casos individuales y/o familiares, pero no
saben trabajar colectivamente y enfrentarse a demandas y situaciones comunitarias,
sino en momentos puntuales, casi siempre negativos. Y la población ha sido
acostumbrada a delegar en los anteriores, pero no a participar colectivamente.
Cuando lo hace esta participación tiene la mayoría de las veces un carácter negativo
y reaccionario (la caza al “moro” o al “gitano”, la exclusión de alguien “apestado”,
etc.).
f) Todo ello significa que la correcta implicación de los tres protagonistas es un
punto de llegada del proceso (que cuesta su trabajo) y no un punto de partida.
También en este sentido se puede decir que el proceso comunitario es en el fondo
un proceso educativo de todos sus protagonistas. No hay un maestro que enseña,
sino todos vamos aprendiendo del proceso, siempre que haya una metodología
correcta del mismo.
g) La participación es por lo tanto “la estrella” del proceso. Es evidente que si no
hay participación (de los tres, cada uno en su papel), no hay proceso. Hay cosas, hay
actividades, hay proyectos, pero todo será provisional, puntual, inmediato; sin un
proceso de construcción de la comunidad, de su futuro y de su capacidad de
enfrentarse a las situaciones que van surgiendo y que le afectan directa o
indirectamente. Serán comunidades dependientes: del alcalde, de las
administraciones, de los técnicos o de alguien de fuera y serán incapaces de
enfrentarse a los cambios endógenos, ni sabrán desarrollar sus propios recursos
potenciales, así como no sabrán hacer frente a los procesos externos que la
condicionarán. En este sentido la intervención comunitaria tienen mucho que
ver con el Desarrollo Local, sobre todo en la parte de promoción económica, de
sostenibilidad (que pensamos que no debe limitarse a los aspectos ecológicos sino
extenderse a lo social, cultural, etc.), de pensar globalmente y actuar localmente.
h) La Intervención Comunitaria no tiene nada que ver con el “localismo”, es decir
una tendencia a identificar mi comunidad de vida con el centro exclusivo del
mundo. No existen islas, al contrario, vivimos y viviremos cada vez más en la
“aldea global” y la cuestión es ver como mi comunidad es capaz de relacionarse con
ella, para no ser totalmente dependiente de ella.
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i) La Intervención Comunitaria no tiene que identificarse con población
marginal y con comunidades territoriales particulares. Intervención
Comunitaria puede haber en cualquier lugar. Cada comunidad verá cuál es su
camino para “mejorar las condiciones de vida”, ya que todo es mejorable. Habrá
comunidades que partirán desde más abajo y con cargas mayores y más pesados
hándicaps; habrá otras que partirán de una situación más avanzada. Cada una hará
su propio camino. Por ello es tan importante intentar comprender desde dónde
arranca el proceso, lo que yo llamo punto de partida que va a ser muy diferente en
cada caso. Pero esto ya forma parte de la metodología y lo trataremos más adelante
a la hora de hablar del Diagnóstico Comunitario.
¿QUÉ ES LA COMUNIDAD?
Por comunidad hay que entender como se dijo con anterioridad al conjunto de cuatro
elementos o factores que lo son a su vez de la Intervención Comunitaria: territorio,
población, demandas y recursos. Y también que la comunidad siempre tiene una referencia
directa con el municipio y, por ende, con el ayuntamiento. De todas formas, antes de entrar
en la parte más operativa y metodológica, conviene analizar sintéticamente estos cuatro
elementos para la comprensión de su importancia a la hora de actuar:
En cuanto al territorio, el mismo condiciona, en positivo o en negativo, la vida de la
población y un trabajador comunitario tiene que conocerlo, estudiando la conformación
urbanística de la comunidad, su emplazamiento, las comunicaciones, etc. No es lo mismo
una comunidad urbana de la antigua, que una del extrarradio. El tipo de viviendas (bloques,
chalets, etc.) También tiene importancia a la hora de relacionarnos. En el territorio existen
barreras físicas y obstáculos que luego determinan también barreras sociales, culturales, etc.
por último, las diferencias sociales de la población (económicas, culturales, etc.) también se
ven reflejadas en el territorio, ya que en el sistema capitalista en el que vivimos, el suelo
tiene un determinado valor y no todo el mundo tiene el mismo poder adquisitivo. El
trabajo comunitario empieza así, con el conocimiento más exhaustivo posible del
territorio comunitario. Un primer instrumento es el plano o mapa de la comunidad.
Siguiendo con la población, es evidente que el trabajo comunitario es un trabajo social ya
que se basa en las relaciones entre las personas. Es importante conocer sociológica y
estadísticamente la población con la que se va a trabajar. Pero mucho más importante es
conocer las organizaciones sociales de esta población, los grupos y asociaciones
existentes, las personas que desempeñan un papel de administrador o responsable, así
como aquellas que trabajan en los diferentes recursos. Otro instrumento comunitario es
por lo tanto el fichero comunitario de los tres protagonistas porque con todos ellos
intentaremos establecer relaciones e implicarlos en el proceso comunitario.
Los recursos, el autor expresa que queremos contar con todos los recursos existentes aun
teniendo en cuenta que el recurso principal es la misma comunidad, destaca tres tipos de
recursos: públicos (municipales y no), privados no especulativos y voluntarios (Ong’s y
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otros). Los diferentes recursos actúan en ámbitos determinados que conviene identificar: ya
que así está organizada la sociedad, en los siguientes: educativos (incluyendo la educación
no formal); sanitarios (incluyendo las farmacias, veterinarios, etc. y los que trabajan en
salud pública); económico, de trabajo y empleo (para todo el tema ocupacional y
económico); de cultura, deporte, ocio y tiempo libre (de creciente interés comunitario y
de creciente inversión por parte de las administraciones); sociales (que atienden a
demandas y/o colectivos de la comunidad con particulares necesidades). Todos ellos deben
aparecer dentro del fichero comunitario en el apartado de recursos.
Con relación a las demandas, el autor expone que un proceso comunitario siempre arranca
y tiene que ver con necesidades, aspiraciones, problemas, temas de interés de la comunidad,
etc. Es decir, que se basa siempre en temas concretos, en demandas y el proceso tiende a
satisfacer estas demandas aunque no se agote en ellas. De todas formas conviene aclarar
que: al hablar de demandas no confundamos las causas con las consecuencias, hay
demandas que se producen ahora, otras que ya se han producido, otras que se van a
producir en el futuro próximo: a ellas corresponden intervenciones asistenciales (cara a las
del pasado sobre las que ya no podemos actuar), intervenciones actuales (ahora mismo) e
intervenciones preventivas (cara al futuro); - hay demandas que no se conocen porque no se
manifiestan abiertamente y no llegan a los servicios: son demandas potenciales que un
trabajo comunitario llega paulatinamente a conocer y hacer aflorar para que puedan ser
tenidas en cuenta. Un ejemplo son las demandas de sectores juveniles, las pandillas, que
“pasan” de servicios y, sin embargo, necesitan mucha atención y trabajo aunque de
forma no tradicional (trabajo de calle, educación social y animación sociocultural).
De la interrelación de estos cuatro factores y de lo que cada uno de ellos significa, nace la
Intervención Comunitaria y se alimenta el proceso de modificación de la realidad. En este
sentido y a modo de síntesis, conviene recordar aquí que:
1) Un proceso comunitario requiere un trabajo profesional, constante y garantizado en el
tiempo. Éste puede ser realizado por diferentes profesionales con diferente formación en el
ámbito de las ciencias sociales (asistentes sociales, pedagogos, educadores sociales,
animadores socioculturales, psicólogos –no clínicos-, sociólogos, etc.)
2) Cualquiera que sea la formación básica hay que hacer una actividad de formación
permanente de estos profesionales para el trabajo comunitario.
3) El trabajo voluntario va a ser un elemento importante de la intervención y del proceso
comunitario pero siempre en estrecha relación con el trabajo profesional retribuido. El
trabajo voluntario no puede sustituir el trabajo profesional, sí integrarlo. 4) Hay recursos
que no están físicamente ubicados en el territorio comunitario, pero que atienden a
demandas o sectores de población de la comunidad. Es como si estuvieran y hay que
implicarlos en el proceso.
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EL EQUIPO COMUNITARIO:
El proceso comunitario va a requerir de un equipo comunitario inespecífico y justamente
específico del proceso, es decir, fundamentalmente de la participación de los tres
protagonistas en el mismo:
Definimos el equipo comunitario como integrado porque, en base a las observaciones
incluidas en la primera parte de este trabajo, tiene que poder abordar el proceso desde una
perspectiva global e integradora de los aspectos sociales y de los aspectos económicos. Por
ello pensamos que el equipo comunitario “ideal” tendría que ser constituido por
profesionales del área socio-educativa-cultural y del área de promoción económica y/o
desarrollo local. Un elemento muy importante del equipo, aunque fuera a tiempo parcial, es
lo que definimos como trabajador de calle (educador de calle, educador social, animador
socio-cultural, etc.) por su capacidad de llegar al territorio y a sectores de la población a los
que no llega el proceso comunitario. Por último, el equipo comunitario está liberado de la
concepción administrativa y burocrática del horario y dispondrá de un horario flexible, es
decir, acomodable a las necesidades del proceso y de sus protagonistas.
Funciones del equipo comunitario: En un proceso comunitario las funciones del equipo
base que constituye el principal recurso técnico del plan, tienen que basarse en dos grandes
factores de referencia: por una parte, las finalidades y la filosofía del proceso y, por la otra,
la metodología. En términos generales hay que decir que la metodología del proceso es
fundamentalmente participativa y este concepto de participación tiene que inspirar y
enmarcar todas las funciones del equipo. En concreto, la metodología del proceso indica las
tres grandes áreas de funciones que en su conjunto el equipo base tiene que asegurar y son:
a. Área de la organización comunitaria: es el trabajo dedicado a la organización de los
recursos (públicos, privados y voluntarios) de tipo institucional y/o formal para que estos
orienten una parte de su trabajo y de sus prestaciones al Plan y a través de esto al mejor
servicio de la comunidad y a la solución de los problemas colectivos y comunitarios. Este
trabajo se concreta fundamentalmente en una acción de: coordinación, programación y
planificación.
b. Área del desarrollo comunitario: es el trabajo dirigido a la potenciación y desarrollo
del “tejido social de la comunidad” y consiste en el apoyo y sostén a los grupos y
asociaciones existentes para el fomento de sus mismas finalidades, fomentar el nacimiento
de nuevos grupos y asociaciones de todo tipo y de favorecer procesos de participación bien
en el Plan bien en todas las actividades comunitarias que se desarrollan en la comunidad.
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c. Área del conocimiento y del estudio: un proceso comunitario no puede desarrollarse sin
el conocimiento (lo más científico posible) de la comunidad, de sus problemas y de las
posibles soluciones. Para ello es necesario realizar estudios, facilitar el conocimiento de los
problemas, etc., a todos los protagonistas del proceso y de la comunidad.
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grafitis, las diferentes circulaciones y las historias de quienes lo habitan. Desde esta
perspectiva, el barrio se presenta como un mundo de significados donde cada habitante se
reconoce y reconoce a los otros, diferenciando referentes espaciales, relacionales e
históricos que pueden ser compartidos.
En términos de intervención social, de esa construcción territorial que se oriente hacia la
de búsqueda de marcas históricas y sociales, pasadas y presentes. Desde allí, montar un
pentagrama, con notas, melodías y silencios. El Territorio es construido y nos construye,
siendo un escenario por donde circulan los discursos que cumplen esa función.
Transformando los espacios en lugares y viceversa, allí en ese encuentro, en esa
intersección es posible que lo histórico social que atraviesa el territorio sea Re-construido.
El Territorio también puede ser entendido como una especie de relato cartográfico, donde
la acción se despliega a través de los lazos sociales que lo articulan y cargan de sentido.
Así, la mirada hacia lo territorial se ratifica desde un pensar situado, donde las
coordenadas que marcan su cartografía son socioculturales y espaciales, pero también nos
hablan de ritualidad, significaciones y vida cotidiana.
La intervención en lo social desde una perspectiva territorial implica salir a buscar y
despertar las historias que recorren las calles, a veces desde un sucinto nombre. Las
historias del territorio también son las puertas de acceso a los barrios, las calles, las plazas y
la ciudad en general. El arraigo y la vinculación con los espacios territoriales se basan en
que vivimos de historias, narraciones, reverberaciones y recuerdos del lugar (propio o
ajeno). Desde la intervención en lo social, el territorio es el nexo entre lo macro y lo micro.
Si bien la intervención se singulariza en espacios micro sociales, instituciones, familias,
barrios, ese lugar de lo micro está atravesado por lo macro y mediatizado por lo territorial,
que en caso de estas prácticas podría ser mencionado como lo <<meso social>>.
También dentro del relato territorial, se construyen las pujas y relaciones de poder,
constituyendo nominaciones, el Territorio se delimita en tanto es nombrado. Pero, esas
formas de nominar, implican un atravesamiento de lo macro social que llega hasta la
singularidad de lo micro, transformándose también en un lugar de encuentro y mediaciones
permanentes, en constante movimiento.
El territorio en América:
Lo territorial en América da cuenta de una singularidad que parte de una construcción
cartográfica impuesta por diferentes formas de dominación colonial que subsisten hasta
hoy. Los mapas de América son relatados, nominados y escritos a través de diferentes
formas de conquista. En nuestro continente, Espacio y Lugar, también implican formas
diferentes de circulación, encuentro y formas discursivas, relacionadas con las guerras para
controlar nuestras geografías y las resistencias a esas imposiciones.
El territorio de ese modo se transforma en el lugar del acontecimiento; lo construye como
tal, le confiere características singulares, requiriendo de miradas agudas que aporten
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elementos para comprender y explicar lo que se surge de manera constante e imprime en la
identidad de quienes lo habitan. De ese modo, las narrativas del territorio cuentan desde lo
pequeño, en términos de lo indiciario, hasta el relato histórico global de éste.
Esas narrativas son descripciones cargadas de sentido que dan apoyo espacial a prácticas y
discursos colectivos. Los territorios, se fundan desde narrativas. La singularidad
americana, da cuenta de estrechas relaciones entre población y espacio de asentamiento,
como procesos de constitución de espacios sociales. Según Gerardo Damonte: las narrativas
territoriales poseen características definidas; son de base histórica y se actualizan en forma
permanente; se contextualizan, o sea, se relacionan con las circunstancias del momento; se
presentan como fuertemente colectivas, el relato remite siempre a un todo histórico social;
en general se encuentran interrelacionadas; de definen por adscripción y no por dominio
territorial.
De este modo, lo territorial, en clave de pesar situado, implica que éste es un espacio
donde confluyen una serie de coordenadas que se ordenan a través del relato, pero que de
base son socioculturales, temporales y espaciales.
El territorio en América es un relato que tramita, media, genera interacción y diálogo entre
pasado, presente, identidad y cultura en un espacio determinado en el devenir de los sujetos
histórico sociales que lo habitan. Así, las fronteras que se construyen con la lógica
occidental europea están atravesadas por una serie de características artificiales que
colisionan con la cultura.
El terrorismo de estado y mercado transformó e impuso por la fuerza en muchos casos en
guetos arrasados y erosionados a través de lógicas ajenas a las culturas signadas por la
violencia, construyendo nuevas formas de circulación, privatización de los espacios, y,
construyendo a su vez mas y complejas relaciones con lo institucional.
La conquista generó integraciones y disputas inesperadas. Desde esa complejidad histórica
y cultural se construye la noción de lo territorial en América. La puja por el uso del suelo a
partir de diferentes actividades sobre este, que van desde habitarlo hasta diferentes formas
de producción, la mayoría de las veces sin planificación, constituyendo más y nuevas
formas de conflictividad.
La relación entre violencia y territorio en América, no es nueva, proviene básicamente de
la sistematicidad de la conquista y el saqueo. Se orienta a la apropiación de personas,
culturas y recursos, construyendo una forma de dominación que se apoya en la negación de
la otredad.
Desde la opresión más compulsiva, hasta la que se enmascaró en la construcción de “brazos
de civilización” que desde las metrópolis “blanqueadas” desde la raza y la cultura penetran
en la barbarie para generar nuevas formas de lo territorial asentadas en la construcción de
“barreras de contención” de lo bárbaro, lugar de captación y captura para la observación y
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domesticación de esa otredad nunca comprendida, quizás por la falta de conocimiento o
reflexividad europea.
Tal vez, reconociendo algunos de esos trazos, y especialmente a partir de los avances en
inclusión social en los últimos años, sea posible elaborar, pensar y profundizar
modalidades de intervención social que pongan a la cohesión como valor superior, por
encima de los recursos y la accesibilidad.
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2. La complejidad de factores relacionados que conforman estas condiciones. A
efectos de comprender estos factores se los puede ordenar sintéticamente en las
siguientes dimensiones
Tener en cuenta lo cultural a la hora de relocalizar a las familias, tener en cuenta a que se
dedican para subsistir. Pensar también en la recreación de las familias
Las combinaciones de estos factores, que se pueden dar en cada uno de los hogares, se
encuentran siempre relacionados entre sí y conforman un circulo de reproducción de las
condiciones de vida.
Las soluciones en una intervención de estas características, obviamente, deberán ser
(interdisciplinarias. Todas las profesiones tienen que estar vinculadas), inter-sectoriales (no
es solamente la vivienda sino también el trabajo, la salud, la educación) e inter-
jursdiccionales (como los otros construyen ese lugar)
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Habitad digno: el mismo incluye condiciones habitacionales, pero incluye también
condiciones el ámbito barrial, su relación con la ciudad y los diversos factores que lo hacen
a la integración de estos hogares a la sociedad, por ejemplo, la tenencia de una vivienda, el
acceso a un trabajo decente, recursos económicos necesarios para la reproducción adecuada
de la vida, protecciones sociales para acceder a la salud, educación, participación en la vida
social y política.
Política integral: brindar calidad de vida (no solamente la vivienda) sino también los
barrios, que tenga calles y veredas, iluminación, circulación de transporte público, disponer
de plazas, que en el barrio o se entorno haya guarderías, jardines y escuelas.
Barreto sostiene que la ocupación informal puede ser una villa y un asentamiento, pero el
Estado no puede hacer relocalizaciones en lo informal.
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En sentido contrario a tales potencialidades, los modelos de desarrollo implementados en la
mayoría de los países empobrecidos se caracterizan por establecer niveles de concentración
de renta y de poder que generan pobreza y exclusión, contribuyen a la depredación del
ambiente y aceleran los procesos migratorios y de urbanización, la segregación social y
espacial y la privatización de los bienes comunes y del espacio público. Estos procesos
favorecen la proliferación de grandes áreas urbanas en condiciones de pobreza, precariedad
y vulnerabilidad ante los riesgos naturales.
Las ciudades están lejos de ofrecer condiciones y oportunidades equitativas a sus habi-
tantes. La población urbana, en su mayoría, está privada o limitada -en virtud de sus
características económicas, sociales, culturales, étnicas, de género y edad- para satisfacer
sus más elementales necesidades y derechos. Contribuyen a ello las políticas públicas, que
al desconocer los aportes de los procesos de poblamiento popular a la construcción de
ciudad y de ciudadanía, violentan la vida urbana. Graves consecuencias de esto son los
desalojos masivos, la segregación y el consecuente deterioro de la convivencia social. Este
contexto favorece el surgimiento de luchas urbanas que, pese a su significado social y
político, son aún fragmentadas e incapaces de producir cambios trascendentes en el modelo
de desarrollo vigente.
Frente a esta realidad, y la necesidad de contrarrestar sus tendencias organizaciones y
movimientos urbanos articulados desde el I Foro Social Mundial (2001), han discutido y
asumido el desafío de construir un modelo sustentable de sociedad y vida urbana,
basado en los principios de solidaridad, libertad, equidad, dignidad y justicia social y
fundamentado en el respeto a las diferentes culturas urbanas y el equilibrio entre lo
urbano y lo rural. Desde entonces, un conjunto de movimientos populares, organi-
zaciones no gubernamentales, asociaciones profesionales, foros y redes nacionales e
internacionales de la sociedad civil, comprometidas con las luchas sociales por
ciudades justas, democráticas, humanas y sustentables, están construyendo una Carta
Mundial por el Derecho a la Ciudad que busca recoger los compromisos y medidas que
deben ser asumidos por la sociedad civil, los gobiernos locales y nacionales, parlamentarios
y organismos internacionales para que todas las personas vivan con dignidad en nuestras
ciudades.
El Derecho a la Ciudad amplía el tradicional enfoque sobre la mejora de la calidad de vida
de las personas centrado en la vivienda y el barrio hasta abarcar la calidad de vida a escala
de ciudad y su entorno rural, como un mecanismo de protección de la población que vive
en ciudades o regiones en acelerado proceso de urbanización. Esto implica enfatizar una
nueva manera de promoción, respeto, defensa y realización de los derechos civiles,
políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales garantizados en los instrumentos
regionales e internacionales de derechos humanos.
Por su origen y significado social, la Carta Mundial del Derecho a la Ciudad es: un
instrumento dirigido a fortalecer los procesos, reivindicaciones y luchas urbanas. Está
llamada a constituirse en plataforma capaz de articular los esfuerzos de todos aquellos
actores – públicos, sociales y privados – interesados en darle plena vigencia y efectividad a
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este nuevo derecho humano mediante su promoción, reconocimiento legal,
implementación, regulación y puesta en práctica.
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4.1 Los grupos y personas en situación vulnerable tienen derecho a medidas especiales de
protección e integración, de distribución de los recursos, de acceso a los servicios
esenciales y de no-discriminación. A los efectos de esta Carta se consideran vulnerables a:
personas y grupos en situación de pobreza, en riesgo ambiental (amenazados por desastres
naturales), víctimas de violencia, con discapacidad, migrantes forzados, refugiados y todo
grupo que, según la realidad de cada ciudad, esté en situación de desventaja respecto al
resto de los habitantes. En estos grupos, a su vez, serán objeto prioritario de atención las
personas mayores, las mujeres, en especial las jefas de hogar, y los(as) niños(as).
4.2 Las ciudades, mediante políticas de afirmación positiva de los grupos vulnerables,
deben suprimir los obstáculos de orden político, económico, social y cultural que limiten
la libertad, equidad e igualdad de los(as) ciudadanos(as) e impidan el pleno desarrollo de la
persona humana y su efectiva participación política, económica, social y cultural en la
ciudad.
6. Impulso de la economía solidaria y políticas impositivas progresivas:
Las ciudades deben promover y valorar las condiciones políticas y económicas necesarias
para garantizar programas de economía solidaria y sistemas impositivos progresivos que
aseguren una justa distribución de los recursos y los fondos necesarios para la imple -
mentación de las políticas sociales.
Parte II. – Derechos relativos al ejercicio de la Ciudadanía y a la participación en la
Planificación, Producción y Gestión de la Ciudad
Artículo III. Planificación y gestión de la ciudad
1. Las ciudades deben abrir cauces y espacios institucionalizados para la participación
amplia, directa, equitativa y democrática de los(as) ciudadanos(as) en el proceso de
planificación, elaboración, aprobación, gestión y evaluación de políticas y presupuestos
públicos. Se debe garantizar el funcionamiento de órganos colegiados, audiencias,
conferencias, consultas y debates públicos, así como permitir y reconocer los procesos
iniciativa popular en la proposición de proyectos de ley y de planes de desarrollo urbano.
2. Las ciudades, de conformidad con los principios fundamentales de su ordenamiento
jurídico, deben formular y aplicar políticas coordinadas y eficaces contra la corrupción, que
promuevan la participación de la sociedad y reflejen los principios del imperio de la ley, la
debida gestión de los asuntos públicos y los bienes públicos, la integridad, la transparencia
y la obligación de rendir cuentas.
Artículo IV. Producción social del habitat
Las ciudades deben establecer mecanismos institucionales y desarrollar los instrumentos
jurídicos, financieros, administrativos, programáticos, fiscales, tecnológicos y de capaci-
tación necesarios para apoyar las diversas modalidades de producción social del hábitat y la
vivienda, con especial atención a los procesos autogestionarios, tanto individuales y
familiares como colectivos organizados.
Artículo VI. Derecho a la información pública
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1. Toda persona tiene derecho a solicitar y recibir información completa, veraz, adecuada y
oportuna respecto a la actividad administrativa y financiera de cualquier órgano
perteneciente a la administración de la ciudad, del poder legislativo y del judicial, y de las
empresas y sociedades privadas o mixtas que presten servicios públicos.
3. Las ciudades deben garantizar mecanismos para que todas las personas accedan a una
información pública eficaz y transparente. Para ello deberán promover el acceso de todos
sectores de la población a las nuevas tecnologías de la información, su aprendizaje y
actualización periódica.
4. Toda persona o grupo organizado, y muy especialmente quienes auto producen su
vivienda y otros componentes del hábitat, tiene derecho a obtener información sobre la
disponibilidad y ubicación de suelo adecuado, los programas habitacionales que se
desarrollan en la ciudad y los instrumentos de apoyo disponibles.
Artículo VII. Libertad e integridad
Todas las personas tienen derecho a la libertad y a la integridad, tanto física como
espiritual. Las ciudades deben comprometerse a establecer garantías de protección que
aseguren que esos derechos no sean violados por individuos o instituciones de cualquier
naturaleza.
Artículo VIII. Participación política
1. Todos(as) los(as) ciudadanos(as), tienen derecho a la participación en la vida política
local mediante la elección libre y democrática de los representantes locales, así como en
todas las decisiones que afecten las políticas locales de planificación, producción,
renovación, mejoramiento y gestión de la ciudad.
2. Las ciudades deben garantizar el derecho a elecciones libres y democráticas de los
representantes locales, la realización de plebiscitos e iniciativas legislativas populares y el
acceso equitativo a los debates y audiencias públicas sobre los temas relativos a la ciudad.
3. Las ciudades deben implementar políticas afirmativas de cuotas para la representación y
participación política de las mujeres y minorías en todas las instancias locales electivas y de
definición de sus políticas públicas, presupuestos y programas.
Articulo X. Derecho a la justicia
1. Las ciudades deben adoptar medidas destinadas a mejorar el acceso de todas las personas
al derecho y la justicia.
2. Las ciudades deben fomentar la resolución de los conflictos civiles, penales, admi-
nistrativos y laborales mediante la implementación de mecanismos públicos de conci-
liación, transacción, mediación y arbitraje.
3. Las ciudades deben garantizar el acceso al servicio de justicia estableciendo políticas
especiales en favor de los grupos vulnerables de la población y fortaleciendo los sistemas
de defensa pública gratuita.
Parte III. Derechos al Desarrollo Económico, Social, Cultural y Ambiental de la
Ciudad
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Articulo XII. Derecho al agua, al acceso y suministro de servicios públicos
domiciliarios y urbanos
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1. Las ciudades deben garantizar a todos(as) los(as) ciudadanos(as) el acceso permanente a
los servicios públicos de agua potable, saneamiento, remoción de basura, fuentes de
energía y telecomunicaciones, así como a los equipamientos de salud, educación, abasto y
recreación, en corresponsabilidad con otros organismos públicos o privados, de acuerdo al
marco jurídico del derecho internacional y de cada país.
4. Las ciudades establecerán sistemas de control social de la calidad de los servicios de las
empresas prestatarias de servicios, públicas o privadas, en especial en lo relativo al control
de su calidad, la determinación de las tarifas y la atención al público.
Artículo XIII. Derecho al transporte público y la movilidad urbana
1. Las ciudades deben garantizar a todas las personas el derecho de movilidad y circulación
en la ciudad, de acuerdo a un plan de desplazamiento urbano e interurbano y a través de un
sistema de transportes públicos accesibles, a precio razonable y adecuado a las diferentes
necesidades ambientales y sociales (de género, edad y discapacidad)
3. Las ciudades deben promover la remoción de barreras arquitectónicas, la implantación de
los equipamientos necesarios en el sistema de movilidad y circulación y la adaptación de
todas las edificaciones públicas o de uso público y los locales de trabajo y esparcimiento
para garantizar la accesibilidad de las personas con discapacidad.
Artículo XIV. Derecho a la vivienda
1. Las ciudades, en el marco de sus competencias, deben adoptar medidas para garantizar a
todos(as) los(as) ciudadanos(as) que los gastos de vivienda sean soportables de acuerdo a
sus ingresos; que las viviendas reúnan condiciones de habitabilidad, que estén ubicadas en
un lugar adecuado y se adapten a las características culturales y étnicas de quienes las
habitan.
2. Las ciudades deben facilitar una oferta adecuada de vivienda y equipamientos urbanos
para todos(as) los(as) ciudadanos(as) y establecer programas de subsidio y financiamiento
para la adquisición de tierras e inmuebles, de regularización de la tenencia del suelo y de
mejoramiento de barrios precarios y ocupaciones informales.
3. Las ciudades deben garantizar a los grupos vulnerables prioridad en las leyes, las
políticas y los programas habitacionales y asegurar financiamiento y servicios destinados a
la infancia y la vejez.
4. Las ciudades deben incluir a las mujeres en los documentos de posesión y propiedad
expedidos y registrados, independientemente de su estado civil, en todas las políticas
públicas de distribución y titulación de tierras y viviendas que se desarrollen.
5. Las ciudades deben promover la instalación de albergues y viviendas sociales de alquiler
para mujeres víctimas de violencia familiar.
6. Todos(as) los(as) ciudadanos(as), en forma individual, en pareja o en grupo familiar sin
hogar tienen derecho a exigir de las autoridades la efectiva implementación del derecho a la
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vivienda adecuada de forma progresiva y mediante aplicación de todos los recursos
disponibles. Los albergues, los refugios y el alojamiento de cama y desayuno podrán ser
adoptados como medidas provisorias de emergencia, sin perjuicio de la obligación de
proveer una solución de vivienda definitiva.
7. Toda persona tiene derecho a la seguridad de tenencia de su vivienda por medio de
instrumentos jurídicos que la garanticen y derecho a protección frente a desalojos,
expropiaciones o desplazamientos forzados o arbitrarios. Las ciudades deben proteger a los
inquilinos de la usura y los desalojos arbitrarios.
Artículo XV. Derecho al trabajo
1. Las ciudades, en corresponsabilidad con las autoridades nacionales, deben contribuir, en
la medida de sus posibilidades, a la consecución del pleno empleo en la ciudad. Asimismo,
deben promover la actualización y la recalificación de los trabajadores, empleados o no, a
través de la formación permanente.
2. Las ciudades deben promover la creación de condiciones para combatir el trabajo infantil
para que los niños y las niñas puedan disfrutar de la infancia y acceder a la educación.
3. Las ciudades, en colaboración con las demás administraciones públicas y las empresas,
deben desarrollar mecanismos para asegurar la igualdad de todos ante el trabajo,
impidiendo cualquier discriminación.
4. Las ciudades deben promover el igual acceso de las mujeres al trabajo mediante la
creación de guarderías y otras medidas, así como de las personas discapacitadas mediante la
implementación de equipamientos apropiados.
5. Las ciudades deben promover la integración progresiva del comercio informal que
realizan las personas de bajos ingresos o desempleadas, evitando su eliminación y la
represión hacia los comerciantes informales.
Parte IV. Disposiciones Finales
Articulo XVII. Obligaciones y responsabilidades del estado en la promoción,
protección e implementación del derecho a la ciudad
1. Los organismos internacionales, gobiernos nacionales, provinciales, regionales, metro-
politanos, municipales y locales son actores responsables de la efectiva aplicación y
defensa de los derechos previstos en esta Carta, así como de los derechos humanos civiles,
políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales para todos(as) los(as)
ciudadanos(as) en las ciudades, con base en el sistema internacional de derechos humanos y
el sistema de competencias vigente en el respectivo país.
2. La no implementación de los derechos previstos en esta Carta, o su aplicación en
desacuerdo con sus principios y directrices rectoras o con las normas internacionales y
nacionales de derechos humanos vigentes en el país, por los gobiernos responsables,
concurrirá en violación al Derecho a la Ciudad que solamente podrá corregirse mediante la
implementación de las medidas necesarias para la reparación/reversión del acto o de la
omisión que le dieron causa.
Articulo XVIII. Medidas de implementación y supervisión del derecho a la ciudad
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1. Las ciudades deben adoptar todas las medidas normativas necesarias, de forma adecuada
e inmediata, para asegurar el Derecho a la Ciudad de todas las personas, conforme a lo
dispuesto por esta Carta. Las Ciudades deben garantizar la participación de los(as)
ciudadanos(as) y las organizaciones de la sociedad civil en el proceso de revisión norma-
tiva. Las ciudades están obligadas a utilizar hasta el máximo de sus recursos disponibles
para cumplir las obligaciones jurídicas establecidas en esta Carta.
2. Las ciudades deben proporcionar capacitación y educación en derechos humanos a todos
los agentes públicos relacionados con la implementación del Derecho a la Ciudad y con las
obligaciones correspondientes, en especial a los funcionarios empleados por los órganos
públicos cuyas políticas influyan de alguna manera en la plena realización del Derecho a la
Ciudad.
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