Ensayo 2
Ensayo 2
Ensayo 2
Elaboración de
un ensayo crítico
Faldas para hombres: una mirada a la Antigüedad
Introducción
Debido al incremento de reformulaciones en la manera en que nos
proyectamos ante el mundo a través de la indumentaria, y como estudiante de
Diseño de moda, quise mirar hacia las civilizaciones milenarias de la Antigüedad
para ver qué patrones podía encontrar entre las mismas. Ver que la falda masculina
era una constante en todas me llevó a preguntarme, ¿qué cambió? ¿Qué puede
ocurrir para que una constante se convierta en una variante?
La respuesta corta a esta pregunta tiene que ver con avances en moldería y
técnicas de producción de indumentaria, combinado con cambios en los roles de
género y su distinción en las sociedades modernas. Sin embargo, desde hace dos
décadas aproximadamente, se han llevado a cabo varios intentos para recuperar
esta prenda como tipología unisex, intentos que siguen insistiendo incansablemente.
En el presente ensayo se analizará la estatua de Sobekhotep V desde un
punto teórico, basado en el libro “La pintura” del filósofo francés Gilles Deleuze, para
luego vincularlo con la colección masculina de Primavera/Verano 2018 del
diseñador de moda estadounidense Thom Browne.
Estatua de Sobekhotep V. Thom Browne Spring 2018 Menswear
Desarrollo
En el Antiguo Egipto, las faldas estaban hechas de lino (textil fresco y
resistente al calor) y presentaban leves plisados, similares a los que llevan los kilts
escoceses (aunque estos son ciertamente posteriores).
Según Deleuze, citando a Riegl, “(...) el pliegue egipcio, el pliegue de la vestimenta
egipcia, cae completamente petrificado. Y su ley es no hacer espesor” (1981, p.
177). Este mismo principio es empleado por Browne en esta colección: teniendo
total libertad creativa de vestir a sus modelos en las faldas más despampanantes,
de telas extensivas como el tul (algo que haría en colecciones posteriores), eligió
crear una versión práctica y sobria, emparejada con sacos y camisas dignas de
cualquier oficina, que no llamaría la atención en absoluto, de ser vestida por una
mujer; es más, me atrevo a decir que serían consideradas desfavorables sobre la
anatomía femenina. Esto está perfecto, ya que no fue su intención favorecer el
cuerpo femenino, sino el masculino. Esta cuestión de la intención también nos
remite a Egipto, en palabras de Deleuze: “No es cuestión de decir o de llegar a decir
que el artista no sabía hacer, que no tenía un saber-hacer, sino que este saber-
hacer está esencialmente subordinado a lo que Riegl llama un querer-hacer” (1981,
p. 175). Al igual que los artistas egipcios, Browne sabe perfectamente cómo hacer
una falda de cualquier tipo, pero es su intención, su visión creativa, la que determina
qué dirección toma la colección. Analizando la colección nos damos cuenta
inmediatamente del contexto en el que se usarían estos diseños: sacos, corbatas,
maletines… todos sirven una función en un ámbito tradicionalmente profesional.
La silueta, también, ayuda a amplificar este mensaje visual. Una silueta recta,
que enmarca al cuerpo de manera rígida y limitada.
Esto nos recuerda de manera notable a la fórmula de pintura egipcia, en la que el
contorno “aísla la forma sobre un plano” (1981, p. 176). Esta silueta no busca
corregir al cuerpo, sino simplemente cubrirlo y conservar sus atributos físicos.
Tanto esta falda moderna como la shendyt que usa el faraón en la escultura
seleccionada cumplen con los atributos mencionados por Deleuze: “(...) todo está
fundamentalmente aplastado sobre el mismo plano. El pliegue cae solidificado, pero
no hay acanaladura lo bastante profunda para que haya sombra. Es un pliegue
aplastado, como un pliegue sobre el cual hubiera pasado una plancha. (...) es una
vestimenta cristalina” (1981, p.177).
Todos los Egipcios usaban la shendyt, faraones, plebeyos, hasta las
deidades del Panteón egipcio eran representadas luciendo esta simple falda plisada.
Con el tiempo, esto obviamente cambió, designando una tipología a un género y
otra, al otro. En la actualidad, son los hombres los que reciben mayor presión para
asimilarse a su género: desde la disrupción que creó el famoso couturier Yves Saint
Laurent cuando presentó ante el mundo el primer smoking para mujeres en 1966,
hemos celebrado cualquier adaptación de la moda masculina a la femenina; sin
embargo, no puede decirse lo mismo acerca del caso inverso, siendo las únicas
excepciones el caso de la cultura Drag o de los atuendos tradicionales (como es el
caso del ya mencionado kilt).
Luego de presentar esta colección, Browne insistió en que cada falda fuera
puesta a la venta. El énfasis en la elección de colores y textiles tradicionalmente
relacionados con la indumentaria masculina tenía el fin de incrementar el impacto de
la transgresión de las prendas, dándoles una sensación menos “drag” y más
universal y cotidiana (de igual manera, también se encontraron disponibles en
colores más vivos y textiles como el tweed y tejido Madras).
Bibliografía