Guion Completo A Media Luz Lostres

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A MEDIA LUZ LOS TRES

DE: Miguel Mihura.

SALA DE APARTAMENTO DE SOLTERO , NO HAY NADA LUJOSO NI DE VALOR , PERO TODO


ES DE BUEN GUSTO, HAY ALGUNAS LAMPARAS BIEN REPARTIDAS CON GRACIOSAS
PANTALLAS, , REVISTAS, UNA MESITA Y SOBRE ELLA UN TELEFONO, VARIAS
FOTOGRAFIAS DE DIVERSOS TAMAÑOS, Y EN ELLAS LA FOTOS DE VARIAS MUJERES. UN
MUEBLE BAR.
EN EL LATERAL DERECHO LA PUERTA DE ENTRADA AL APARTAMENTO Y EN EL LATERAL
IZQUIERDO DOS PUERTAS UNA QUE DA A EL SER-VICIO Y LA OTRA AL LA ALCOBA.

ALFREDO. ¡Tarde ¡ (Se sienta en el sofá y sigue dedicándose a sacarle brillo a unos cubiertos)

SEBASTIAN. (Sin dejar de hojear la revista) Como me tenes dicho que no conteste yo el teléfono.

ALFREDO. No es conveniente, las mujeres se asustan cuando oyen por teléfono otra voz que no
esperan. Creen que se les ha metido un ladrón en el cuarto.

SEBASTIAN. (Deja el periódico y mira a Alfredo sin comprender) ¿Como que se les ha metido un
ladrón en el cuarto...?

ALFREDO. Quiero decir que se asustan como si un desconocido hubiera sorprendido su intimidad,
como si un ratón se les subiera por las piernas como si les introdujesen una mano fría por la espalda.

SEBASTIAN. (Sin comprender) ¿Ah siii?

ALFREDO. Si, Ellas cuando llaman a un hombre que vive solo, tienen preparada una frase estúpida
cualquiera, una broma entiendes? Para empezar la conversación, pero si les contesta otra
persona que no esperan, se les atraganta la frase y la broma y están a punto de morir ahogadas.
¿Comprendes ahora?

SEBASTIAN Que si comprendo ¿Qué?

ALFREDO. No seas bruto Sebastián, que se comprendes la explicación que te he dado.

SEBASTIAN. Claro que la comprendo, no me creas tan torpe.

ALFREDO. Bueno, pues eso era todo.

SEBASTIAN. Bueno, pues está bien. (Sigue leyendo la revista un breve silencio de pronto
reacciona y deja la revista) Y ahora caigo… ¿Cómo sabes que era una mujer la que llamaba por
teléfono?

ALFREDO. Solo una mujer es capaz de ser tan inoportuna, siempre se les ocurre llamar a un
hombre cuando está en la cocina haciendo limpieza general.

SEBASTIAN. ¡Ah ¡ ¿pero estabas limpiando la cocina.

ALFREDO. Comprenderás, Sebastián que no me he puesto este delantal para resultarte gracioso.
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SEBASTIAN. Pero no tenes una empleada que te arregle el apartamento, porque tenes que hacer
esas cosas.

ALFREDO. Porque si yo no limpiara de vez en cuando la cocina y quitara el polvo a los muebles y
sacase brillo a los cubiertos todo estaría hecho una cochinada.

SEBASTIAN. ¿Qué? Es una frase literaria?

ALFREDO. Sí. Literatura Neorrealista. Y contame que jabón usas para limpiar los cubiertos.

SEBASTIAN, (Digno) Yo ninguno Alfredo no olvides que soy un hombre casado.

ALFREDO. Pero tu mujer usara alguno. Te dirá la marca y el precio justamente cuando estás leyendo
el periódico.

SEBASTIAN., Yo no leo el periódico en casa.

ALFREDO. Entonces tu mujer no te hablara nunca.

SEBASTIAN, Me habla poco, la que siempre está leyendo el periódico es ella.

ALFREDO. No me sorprende eso.

SEBASTIAN. ¿Por qué no te sorprende?

ALFREDO. Porque contigo se debe aburrir como una momia. No sabes nunca que decir a las
mujeres.

SEBASTIAN por eso me he casado. Decime una cosa, porque hablas tan mal de las mujeres si
dedicas tu vida a ellas?

ALFREDO. Justamente por eso, las conozco, si dedicara mi vida como la tuya a la pesca
submarina, las mujeres comparadas con las mojarras, me parecerían inteligentísimas.

SEBASTIAN ¿Por qué?

ALFREDO. (Indignado) ¡No me estreses Sebastián! ¡Todo lo tenes que preguntar!

SEBASTIAN. Yo no he preguntado nada.

ALFREDO Bueno está bien.

SEBASTIAN. Pues bueno, está bien (vuelve a ponerse a leer, de pronto reacciona y dice) pero
debes saber que en la pesca de profundidad no se pescan mojarras, para que te enteres.

ALFREDO (irritado) Por mí, podes pescar lo que te dé la gana, y además ahogarte. (Sebastián
vuelve a su lectura y de pronto dice)

SEBASTIAN. La que ha llamado me parece que ya no vuelve a llamar más.


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ALFREDO. Te equivocas. No tardara dos minutos. Si ha llamado una vez volverá de nuevo a
llamar. Además si tarda la llamada me iré a bañar. (Suena el teléfono) ¿Ves que sensible?, solo oír la
palabra baño y se ha excitado como un león. (Sigue limpiando los cubiertos)

SEBASTIAN, pero sino respondes pronto, volverá a colgar.

ALFREDO. Quiero medir por sus llamadas el interés que siente por mi (Después de esperar cinco o
seis timbrazos) Si. Le intereso bastante (se sienta en el sofá cerca del teléfono y lo descuelga)
Vamos a ver quién es esta pesada. ¡Hola! (muy sorprendido) ¿Cómo? ¡Marivi! ¡Pero Marivi! ¡Qué
alegría me das. Marivi no es posible que hayas llamado antes…Te habrás equivocado de numero
seguramente…!pero si estoy aquí leyendo toda la tarde! Sí. Junto al teléfono…claro que estoy solo.
Y además acordándome mucho de ti…Si…de verdad te lo aseguro…. (SE RIE ABRIENDO MUCHO
LA BOCA CON UNA SONRISA MUY FORZADA) Jajaja…No, no tengo porque engañarte. ¿Y que es
de tu vida? ¿Qué haces? ¡Cuéntame! ¡Ah!...Si… Claro (tapa con una mano el auricular y se dirige a
Sebastián) Ahora mientras me explica lo que hace, que será largo y estúpido, te diré que es una
mujer que esta sensacional y que se llama Marivi, fuma y bebe como una descocida, lee versos, se
emociona ante una noche de luna y llora con Beethoven…

SEBASTIAN. ¿Con el músico?

ALFREDO. No. Con tu padre. (Al aparato otra vez) Claro…Si…No me digas…jajaja

SEBASTIAN. Queres explicarme porque te reis de esa manera tan tonta cuando hablas con ella?

ALFREDO. (Volviendo a tapar el auricular) El dia que me la presentaron me reí sin ganas, y me dijo
que lo que más le gustaba de mi era esta risa tan espontánea y tan natural.

SEBASTIAN. Bueno, pero escucha lo que dice…

ALFREDO. Voy a ver (vuelve a escuchar por el auricular) ¡ah! Y que tal estaba aquello. ¿Sí?
¿Animado? ¡Ah! Si cuéntame, pues no sabes lo que me alegra que la pases tan bien. Anda ven a
tomar una copa. Sí. Claro…si esta mu-y- cerca. Dentro de diez minutos? Sí. Te espero…hasta
luego Marivi. (Cuelga el auricular y dice a Sebastián triunfador) ¡Pico!

SEBASTIAN. (Admirado) Ese es mi gallo! ¿Y es bonita?

ALFREDO. Un encanto, fina, elegante, bien vestida. Ahora tenes que ayudarme a ir preparando
las cosas para cuando venga.

SEBASTIAN. ¿Qué cosas? Si todo está bien…

ALFREDO. Justo por eso, hay que ponerlas mal, a mí personalmente me encanta el orden, pero a
las mujeres les gusta el desorden.

SEBASTIAN. ¿Qué tengo que hacer entonces? (Alfredo habla mientras entra a la alcoba, de donde
sale enseguida con una camisa que se empieza a poner)

ALFREDO. Esa revista que tienes en las mano, tírala sobre la alfombra…toma cinco o seis libros de
la estantería y tíralos en el suelo o en algún rincón. (Sebastián extrañado, hace lo que le mandan)
Ahora toma una botella del bar y ponla sobre la mesa…
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SEBASTIAN. ¿Para qué quieres la botella, si no bebes nunca?

ALFREDO. Si yo bebiera una sola copa, perdería la cabeza y esto no es nada conveniente. Es ella
la que tiene que beber.

SEBASTIAN. ¡Te admiro, Alfredo! ¡Como conoces a las mujeres! (En ese momento suena el
timbre de la puerta, los dos quedan sorprendidos, sobre todo Alfredo) ¿Y qué hacemos ahora?

ALFREDO (Va hacia la alcoba) Abre, mientras me pongo el pantalón. (Entra en la alcoba y cierra la
puerta)

SEBASTIAN. (Asustado) ¡Pero oye¡…(va hacia la puerta de la alcoba) ¡Escucha , Alfredo! ¿Y qué le
digo yo?

ALFREDO. Decile que sos un amigo mío que vino a visitarme.

SEBASTIAN (RESISITIENDOSE) Pero es que… (Vuelven a llamar, entonces Sebastián se decide y


va a la puerta de entrada y abre. Aparece Paca, una chica limpia y simpática, sonriente y
confianzuda, con un vestido sencillo pero colorido y un delantal, lleva en la mano un paquete, y va
con unos audífonos, bailando la canción que escucha)

PACA (Tararea la canción y baila ridículamente)

SEBASTIAN. (SE LE QUEDA VIENDO Y LE GRITA) ¿Qué le pasa señora a quien busca…? (ella lo
ignora y sigue buscando) ¡Señora, que es lo que desea, porque no deja de bailar (le grita más
fuerte)

PACA. Ay aquí sí que le quitan la inspiración a una (se quita los audífonos dejando de bailar) que
gente tan sin gracia, que amargados. Buenas.

SEBASTIAN. (Sorprendido) Buenas…

PACA ¿Se puede pasar?

SEBASTIAN. Pero si ya paso.

PACA. Ah bueno gracias.

SEBASTIAN. De nada…

PACA. Estará el don Alfredo. ¿Verdad?

SEBASTIAN. Sí. Está en su cuarto poniéndose los pantalones.

PACA (Sonriendo) ¡Ahhh! Hace muy bien.

SEBASTIAN. (Sin saber que decir) Los solteros, ya se sabe.

PACA. ¿Verdad que si? Como no tienen nada que hacer así se distraen (Se dirige a la alcoba) ¡soy
Paca, don Alfredo!
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ALFREDO (Desde adentro) ¡Ahora salgo!

PACA. No tengo prisa…Termine de ponerse sus cosas. (Y mira a Sebastián, y el a ella y ambos
sonríen, Sale Alfredo ya arreglado)

ALFREDO. ¿Qué quiere a estas horas paca?

PACA. Pues como me dijo que le comprara el veneno para las cucarachas, pues aproveche que
para traérselos.

ALFREDO (Interrumpe muy enfadado) ¡Claro! ¡Muy bien! Y entonces viene usted y delante de todo
el mundo me da ese veneno para las cucas, como si yo tuviera la casa llena de ellas.

PACA. Yo no sabía que había visita don Alfredo.

ALFREDO. (Por Sebastián) ¿Qué es esto entonces?

PACA. Asi de pronto, por la corbata pensé que era un su amigo.

ALFREDO. Pues cabal, porque es un amigo ira diciendo después a su mujer que mi casa está llena
de cucas. Y su mujer dirá: “Claro como es soltero” y se burlara.

PACA. Ay no doy Alfredo no creo que este hombre sea tan chismoso. Además yo lo hice con buena
intención, comprenderá usted que a mí su cucaracha…

ALFREDO. Bueno ya está bien! No se hable más del asunto, ni de la cucaracha…

PACA. Entonces con su permiso voy a recoger la ropa que hay tendida en la terraza, así no tengo
que regresar después.

ALFREDO. Bueno, pues vaya por la ropa y váyase.

PACA. Sí, señor.

SEBASTIAN (A Alfredo en voz baja) ¿Quién es?

ALFREDO. ¿Quién queres que sea? ¿La emperatriz Eugenia? Es la empleada Mula.

SEBASTIAN. ¡Ah, Claro! Ya decía yo.

ALFREDO. ¿Qué es lo que decías?

SEBASTIAN. Eso…que no era la emperatriz Eugenia. (Sale la Paca de la entrada de la terraza, lleva
en el brazo toallas y camisas, al cruzar la escena va a recoger lo que esta tirado en el suelo, para
ponerlo encima de la mesa)

ALFREDO (molesto) ¿Por qué toca usted esas revistas?

PACA. No las toco…las iba a poner en su sitio.


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ALFREDO. ¡Su sitio es ese donde están!

PACA. ¡Huy que original! ¿Y ese cenicero?

ALFREDO. ¡Déjelo donde esta!

PACA. Como otras veces me dice usted…

ALFREDO. Pues hoy le digo lo contrario. Caramba.

PACA Que genio, como se nota que no se ha puesto los pantalones.

ALFREDO. Que dice está usted rezando?

PACA. No estaba rezando cantaba

ALFREDO. Pues ya váyase con su canción a otra parte.

PACA. Sí, señor (A Sebastián) Y usted joven tenga cuidado, no vaya a ser contagioso. (Hace
mutis)

ALFREDO. ¡Imbécil! (Habla y revisa varios de los adornos, luego enciende una lámpara con una
bombilla roja)

SEBASTIAN. ¿Para qué es?

ALFREDO. Para que va a ser? Para cuando ella venga, en el momento oportuno apago la luz
general y solo dejo esta…

SEBASTIAN. A mí me parece un poco tenebroso.

ALFREDO. Para ellas es absolutamente necesario. Esta luz metida a tiempo, le ahorra a uno
muchas palabras inútiles.

SEBASTIAN., ¡ah! (toma un retrato que esta sobre la mesa y lo ve) ¿Y qué fue de Emilia?

ALFREDO. Termino todo entre los tres

SEBASTIAN, ¿Cómo entre los tres?

ALFREDO. Ella, yo y un señor de luto.

SEBASTIAN. Se enteró el señor?

ALFREDO, Apareció un cuarto, eso era ya excesivo.

SEBASTIAN Para ti o para el señor?

ALFREDO., Para el que acababa de llegar. Era un sentimental y quería la exclusiva.


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SEBASTIAN. ¿Y cómo conservas todavía las fotografías?

ALFREDO. Fue mi última aventura de importancia, y hasta que no pueda aprovechar los marcos
para otra mujer, estarán ahí.

SEBASTIAN. Me estoy fijando en una cosa.

ALFREDO ¿En qué?

SEBASTIAN. En que Emilia se parece mucho a Paca.

ALFREDO. No digas tonterías.

SEBASTIAN. Es verdad…Todas las mujeres que te he conocido se parecen mucho entre sí.

ALFREDO. La empleada no es una mujer en mi vida, que te pasa.

SEBASTIAN. Me refiero a las otras…Consuelo, Rosario, Margot.

ALFREDO. Es posible todos tenemos un modelo único de mujer. La que viene ahora también se
parece un poco a Emilia. El mismo tipo, igual estatura.

SEBASTIAN. Ahora que caigo. Lo curioso es que mi mujer también e parece mucho a Emilia y hasta
tiene un lunar y todo…

ALFREDO. Mira este aparato (le enseña un pequeño aparato con una palanca que hay en suelo
junto al lado izquierdo del sofá) Dentro de unos días cuando venga el fontanero, este aparato
producirá lluvia artificial.

SEBASTIAN. Lluvia Artificial? ¿Para qué?

ALFREDO, Cuando una mujer que este aquí y por cualquier motivo quiera marcharse. Yo moveré
esta palanca y empezara a llover torrencialmente. Entonces ella esperara aquí hasta que a mí me de
la gana que cese el aguacero. (Luego señala un gran burro de trapo que tiene en algún sitio de la
habitación) ¿Y sabes la frase que he inventado para cuando se fijen en el burro?

SEBASTIAN... Cuál?

ALFREDO. Esta. Un burro es un caballo que no ha podido ir a la escuela. Te gusta? (suena el


timbre de la puerta , como sucedió antes, los dos se quedan sorprendidos)

SEBATIAN. ¿Sera la asistenta otra vez?

ALFREDO. No. Me temo que no sea la asistenta… (Abre la puerta y aparece Marivi, viste ropa
sport, lleva una bolsa colgada en el hombro tiene una rubia y larga cabellera. Su aire es un poco
intelectual tirando a decadente, y juega a estar de vuelta en las cosas)

ALFREDO. (Cariñoso) ¡Marivi!

MARIVI. Hola Alfredo.


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ALFREDO. No creí que llegarías tan pronto.

MARIVI. Te dije que tardaría diez minutos exactamente. No serás de esos hombres antiguos que
aún creen que las mujeres hacen esperar.

ALFREDO. No que va…De ninguna manera. (Se vuelve Marivi y ve a Sebastián, que estaba en un
extremo)

MARIVI. ¡Ah ¡ No estabas solo.

ALFREDO. Sí, claro que estoy solo. Este es un amigo.

MARIVI. Aunque sea un amigo, no importa. Preséntamelo.

ALFREDO., Pues, la señorita Marivi y Sebastián Ríos, que acaba de llegar hace un instante y que
se iba en este momento. Es arquitecto y amigo mío desde que éramos niños.

MARIVI. Su cara me parece conocida. ¿No nos hemos visto en algún otro lado?

SEBASTIAN. No recuerdo.

MARIVI. Yo juraría, sin embargo.

ALFREDO, Es difícil que lo hayas visto Marivi. Sebatian no va al cine, no va al teatro, no va a cafés
no va a bailar…

MARIVI. Y si no va a ninguna parte. ¿Qué hace entonces?

SEBASTIAN. ¡Uff!

ALFREDO. Se me olvida decirte que es casado.

SEBASTIAN, (molesto) Bueno yo tengo un poco de prisa y…

MARIVI. No se vaya tan pronto. ¡Es tan simpático!

ALFREDO. Como dice que tiene prisa….Pero en fin, puede hacer lo que se le antoje… (Cambia de
conversación) Bueno, ¿Y qué te parece mi departamento Marivi?

MARIVI. No está mal…demasiado ordenadita para un hombre que vive solo… (A Sebastián) ¿No le
parece?...Pero muy coquetona, desde luego… (Se fija en el burro de trapo) ¡Que burro tan original!

ALFREDO. (Aprovechando la ocasión) Todos los burros son originales…Al fin y al cabo. Un burro es
un caballo que no ha podido ir a la escuela… (Mientras Alfredo habla Marivi se dirige de nuevo a
Sebastián)

MARIVI. Pues desde luego yo le conozco de algo. Este verano no ha estado en…?

SEBASTIAN. No.
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MARIVI. Claro, que hay persona que le son a una familiares sin saber porque… (Se vuelve a Alfredo
que no puede ocultar su mal humor) Perdona, Alfredo…? Que decías del burro? ¿Algo trascendental?

ALFREDO. No nada…no tiene importancia…una tontería…

MARIVI. ¿Y qué haces, que no nos das algo de beber?

ALFREDO. ¿Qué quieres?

MARIVI. Tendrás vodka

ALFREDO. Naturalmente…

MARIVI. Me lo figuraba…Pues todo menos eso. Sabe a Dentista. Prefiero coñac, si no te importa.

ALFREDO. Voy por vasos…perdona un momento. (Hace mutis por la puerta de la cocina, haciendo
señas a Sebastián para que se marche de una vez. Pero Sebastián esta azoradisimo con las miradas
de Marivi, si saber cómo despedirse)

MARIVI. Entonces, ¿pesca usted mucho?

SEBASTIAN. ¡Uf!...

MARIVI Descontando el “Uff” es usted un hombre de pocas palabras.

SEBASTIAN. ¿Sí?

MARIVI Me gustan así los hombres…bravos.

SEBASTIAN. Ya… (Sale redo dos vasos y la botella de coñac)

ALFREDO. ¿Por fin has descubierto donde le viste antes?

MARIVI. Por fin, Alfredo…En ningún sitio.

ALFREDO. Si, él va mucho por allí… Si, amigo, si… no andes con cumplidos. Te está esperando
tu mujer…

SEBASTIAN. Señorita. (Dando la mano a Marivi)

MARIVI. Adiós Sebastián…

ALFREDO. (Acompañándolo hasta la puerta) Adiós. Y te agradezco mucho la visita.

SEBASTIAN (APARTE A Alfredo) Esta buena, pero se ve que es difícil…

ALFREDO ¡! Uff!!

SEBASTIAN. Bueno…pues adiós y suerte… (Hace mutis por la puerta de salida)


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MARIVI. ¿Por qué te dijo suerte? ¿Vas a matar a algún becerro.

ALFREDO. (Disimulando) No. Es una tía mía que se opera mañana…

MARIVI ¡ah ¡…pobre (Alfredo le sirve una copa de coñac) Para mí, doble…(Alfredo llena la copa y
deja la botella donde estaba). ¿Y tú no bebes?

ALFREDO. Pues yo…

MARIVI. Bebe…Asi te animaras. (Alfredo no tiene más remedio que beber, después se sienta junto
a Marivi)

ALFREDO. Bueno, Marivi…pues no sabes la alegría que tengo…! Pero qué alegría!

MARIVI. ¿Por qué he venido?

ALFREDO. . (Acercándose más) Claro que si…

MARIVI. No tiene importancia…Te lo había prometido… (Al ver que Alfredo se acerca demasiado
se levanta y va al teléfono) Perdona un instante…Tengo que llamar por teléfono… (Y marca un
número mientras dice) Es bonito tu apartamento…claro que esta tan ordenadito…las cosas en su
sitio… ¿Cuántas habitaciones?

ALFREDO. Esta- La recamara y los servicios…La recamara está ahí…

MARIVI. Que a mano, ¿verdad? (Habla por el auricular) ¿Eres tú, Luis?...Si Marivi…oye una cosa,
mañana no podre cenar contigo como habíamos quedado…sí, claro…Yo también lo siento…?te da
igual pasado mañana? Bueno, pues de acuerdo, nos vemos a las diez…Si...perdóname, pero tengo
prisa, te estoy telefoneando desde un restaurante. Adiós Luis.

ALFREDO (molesto) ¿Tu novio?

MARIVI. Por quien me tomas? No estaría aquí si tuviera novio… (Marca otro número) ¿Vas a
telefonear otra vez?

MARIVI. Sí. Un momento… (Al aparato) por favor…? El señor Kruger?...Si espero…

ALFREDO. ¿Alemán?

MARIVI. Holandés… (Al aparato) Oye, Maurice…soy Marivi…He podido arreglar el compromiso que
tenía con la amiga que te había comentado…cenaremos juntos mañana…Si A las diez me recoges…
adiós. (Se sienta en el sofá) Doble… (Alfredo le sirve otro coñac, y él también se sirve)

ALFREDO. Yo también doble. (Ambos beben)

MARIVI. Es simpático Sebastián.

ALFREDO. Si habla poco y es reservado algo tonto, pero simpático.

MARIVI. ¿Guapa su mujer?


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ALFREDO. Mucho. Y se parece a ti bastante. No sabes lo que me alegro que estés aquí. (Se
acerca a ella más, pero ante la mirada fría de Marivi se levanta y va hacia la llave de la luz.) Perdona
un momento.

MARIVI. ¿Qué vas a hacer?

ALFREDO. Hay demasiada luz. ¿No te parece? Estaremos mejor así. (Apaga todas las luces,
dejando su efecto de luz roja)

MARIVI. Vas a cantar Opera.

ALFREDO. No, pero…

MARIVI. En ese caso, prefiero que dejes todo como estaba…

ALFREDO. (Volviendo a encender la luz normal) Bueno, como quieras…Pero sería bonito, está a
media luz los dos…

MARIVI. Dirás los tres.

ALFREDO. ¿Los tres?

MARIVI. Sí, claro. Tú, yo y el burro…

ALFREDO. Jajaja…! Eres deliciosa! ¿Otro coñac?

MARIVI. Si…Doble.

ALFREDO. (Después de servirle a ella y servirse el, se acerca más a ella. Ya está un poco mareada
con una tercera copa) Bueno, bueno, bueno…

MARIVI. Los hombres solos se vuelven pretenciosos. Creen que una mujer viene aquí y que ya está
todo hecho…

ALFREDO. ¿Por qué dices eso?

MARIVI... Por nada, y dime ¿es bien arquitecto tu amigo?

ALFREDO (enfadado) Dime una cosa, Marivi…¿tu solo has venido para hablar de mi amigo y para
telefonear a los tuyos?

MARIVI. (Un poco mareada) Si mi manera de ser te molesta, puedo marcharme.

ALFREDO, (Cambia de táctica, y se echa a reír) Vamos, no seas tonta, era una broma… (Se ríe
con su risa forzada) jajaja,…

MARIVI. ¡Que risa tan antipática!

ALFREDO. El primer dia no te lo pareció.


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MARIVI. Siempre hay que decir algo galante el primer dia… (Después de una pausa) ¿Y cuál es tu
profesión? Nunca me lo has dicho.

ALFREDO. Te parecerá extraño, no soy pintor, ni escultor, ni músico…Licenciado. Trabajo en el


congreso.

MARIVI. ¿Y por las tarde?

ALFREDO. Aquí de cinco a diez.

MARIVI. ¿Con tus conquistas?

ALFREDO. Con las que se dejan conquistar. A las otras les doy carpetazo…

MARIVI. (Acercándose a una de las fotos) ¿Quién es?

ALFREDO. Mi último expediente…

MARIVI. Bonita.

ALFREDO. Eso opinaba el señor Carrasco….

MARIVI. ¿El señor Carrasco?

ALFREDO. El que se la llevo… ¿otra copa?...

MARIVI. Si claro… (Marivi, se sienta Alfredo se acerca le da la copa y le pasa el brazo por el
hombro)¿Quieres apartarte un poco? Me has invitado a tomar una copa y a platicar. ¿Es que no
puede haber amistad entre un hombre y una mujer?

ALFREDO. Depende de las piernas de la mujer…

MARIVI. (Se levanta) Pues lo siento mucho…

ALFREDO. ¿Qué vas a hacer?

MARIVI. Llevarme mis piernas…

ALFREDO. ¡Eso es estúpido!...

MARIVI. Parece mentira que un hombre que dizque ha conocido a tantas mujeres, no las conozca
todavía…

ALFREDO. ¿Cómo quieres que te conozca a ti? ¿Qué clase de mujer eres? Desde que nos
presentaron sabes que me gustaste. Te he invitado a venir y has coqueteado de un modo vergonzoso
con el amigo que estaba aquí y has arreglado citas por teléfono, y todo esto delante de mis narices…
¿cómo quieres te trate entonces? Te aseguro que no te entiendo… (Marivi se le queda mirando.
Después sonríe se sienta, aunque tratan de disimularlo el alcohol ha hecho su efecto)

MARIVI. Dame otra copa….y dime una cosa, con sinceridad… ¿eres feliz?
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ALFREDO. (Sorprendido) ¿Yo? ¿Feliz? Pues no…

MARIVI. Lo sabía…tampoco yo lo soy… ¿Y sabes por qué? Porque juegas con las mujeres y yo con
los hombres…!y a la larga este es un juego monótono que acaba por cansar!

ALFREDO. Quizá tengas razón…

MARIVI. Sabes, nos estamos engañando los dos...el juego sucio no nos va…Y ahora dime… ¿Y
ahora dime….¿porque no te casas, Alfredo?

ALFREDO. (Desconcertado) ¿Yo?

MARIVI. Si, tu…. ¿nunca has pensado en eso?

ALFREDO. Pues si…A veces pienso en ello…Y comprendo que mi vida es totalmente idiota.

MARIVI. Lo es, Alfredo…Y cómo eres inteligente te das cuenta…

ALFREDO. Pero no es mía la culpa.

MARIVI. Pero no es mía la culpa.

MARIVI. ¿De quién entonces?

ALFREDO. Nunca encontré, no un verdadero amor, que eso ya es pedir demasiado, sino
simplemente una mujer comprensiva, capaz de estar de vuelta en todo, como lo estoy yo.

MARIVI. (Se echa en sus brazos) Yo soy esa mujer Alfredo…

ALFREDO. (Se levanta y pasea con la copa en la mano) Me extraña oírte hablar Asi…No pensé que
tu…

MARIVI. ¿No pensaste que yo, antes de recibir un beso, necesitaba, al menos oír una palabra de
amor?

ALFREDO. Creí que, de decírtela, te reirías de mí…

MARIVI. Veo que eres un poco estúpido, Alfredo. ¿Me crees tan cínica como finjo serlo? ¿Por qué
he venido hoy a tu casa?

ALFREDO. No se…

MARIVI. He venido porque te quería ver…porque tenía tantos deseos de verte…

ALFREDO. También yo, Marivi…

MARIVI. No mientas…
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ALFREDO. Estamos hablando sinceramente. He pensado tanto en ti, y ahora si puedo confesarte
que te quiero…Perdóname… (Se abrazan con ternura. Se dan un beso) Marivi. Desde este momento
solo habrá una mujer para mi…! Tu ¡

MARIVI. Y solo un hombre para mi…El primero Alfredo….Es ridículo que te diga esto pero este beso
que me has dado es el primero que me dan…

ALFREDO. Y este beso que te he dado, es en el único que puesto verdadero amor (Se vuelven a
besar emocionados) Sabes cuál sería mi gran ilusión?

MARIVI. Dímelo…

ALFREDO. Casarnos…y alejarnos un poco de este estúpido ambiente.

MARIVI ¿y a dónde iríamos?

ALFREDO. ¿Qué te parece….Chinautla? tengo un terrenito ahí.

MARIVI. Si unas veces a pie y otras en burro…

ALFREDO. Sí, porque el burro es un caballo que no ha podido ir a la escuela… (Marivi ríe a
carcajadas) ¿Por fi, te ríes?

MARIVI. ¿Cómo no voy a reírme si estoy pensando en la cara que va a poner el de mi próxima cita,
cuando le diga que me voy a casar? (Alfredo queda defraudado, mientras Marivi sigue riendo y cae
el…

TELON.
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A MEDIA LUZ LOS TRES.

SEGUNDO ACTO

La misma decoración. Las fotografías que Eran de Emilia son ahora de Marivi. Al iniciarse la acción
vemos a Alfredo sentado en el sofá, en mangas de camisa, y limpiando frijol con un pequeño trasto
que tiene sobre sus rodillas. Suena el timbre del teléfono y toma el auricular.

ALFREDO.- Diga… (Escucha y cambia de expresión su rostro se pone muy contento) ¿Si? ¿Si? No
nada…Aquí estaba solo, leyendo…Claro….De verdad? ¿Ah, sí?, claro que si hasta luego…(Cuelga
el teléfono y rápidamente entra a la alcoba, de donde vuelve a salir terminándose de poner una
camisa y la corbata, se acerca al equipo de sonido y coloca un Cd, esconde el trasto que tenía en la
mano, en ese momento suena el timbre de la puerta. Alfredo corre a abrir y es Elena, mujer elegante
de unos treinta y tantos años, lleva un sombrerito, abraza a Alfredo muy nerviosa)

ALFREDO. ¡Elena¡

ELENA. ¡Alfredo¡

ALFREDO. ¡Mi vida¡

ELENA. ¡Cariño? (Ve la puerta abierta que Alfredo no ha tenido tiempo de cerrar) ¡Pero cierra por
favor¡ ¡Cierra rapido esa puerta¡

ALFREDO. ¿Por qué, Elena? ¿Qué te pasa?

ELENA. Bajaba un hombre de la escalera, cuando yo subía el elevador…Quien era, Alfredo? Dime
lo que sepas…No debes ocultármelo.

ALFREDO. Pero yo no lo sé Elena…a lo mejor algún vecino.

ELENA. Ni que yo fuera tonta…No tenía cara de vecino, estoy harta de conocer caras de vecinos…
Era un hombre bajo, siniestro, con bigote, con una chaqueta extraña de color azul, con botones
dorados…

ALFREDO. ¡Ah sí¡ ¡El conserje¡

ELENA. ¿El conserje?

ALFREDO. Si, el conserje.

ELENA. Sí, claro ya lo decía yo….¡Oh que peso se me ha quitado de encima¡…Pero sabiendo que
yo iba a venir has debido impedir que subiera y bajara nadie de la escalera…Por lo menos durante
veinticinco minutos….¡No sabes que mal rato? Pero que mal rato…

ALFREDO. No debes temer nada, Elena ¡Tranquilízate.

ELENA. Me tranquilizare cuando quites esa odiosa música, Alfredo….? No sabes que la música
romántica me pone enferma? Quítala cariño, se bueno conmigo…trátame con cariño.
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ALFREDO. (Quita la música) Perdóname.

ELENA. Estas perdonado.

ALFREDO. Pero dime Elena…Como se te ha ocurrido venir, no salgo de mi asombro?...

ELENA. He pensado mucho en lo nuestro Alfredo…Esta mañana, esta tarde…sobre todo esta
mañana…Y después de pensarlo tanto, estoy segura de que te quiero y he venido decidida todo…

ALFREDO. (Alegre) ¿A todo?

ELENA. A todo….

ALFREDO. (La abraza) ¡Elena¡ ¡por fin¡

ELENA. Ten cuidado con mi sobrero por favor no me lo vayas a estropear.

ALFREDO. Perdona. ¿Quieres tomar algo?

ELENA. Por favor….has olvidado que no puedo tomar? Estoy mala del hígado. Pero mala, lo que
se dice mala. He llegado aquí casi arrastrándome no sabes que molestias…insomnio, neuralgia,
vértigos…Estoy hecha una calamidad, una verdadera calamidad.

ALFREDO. No creo que sea para tanto Elena… (Va a besarla)

ELENA. (Se retira) ¡Por favor, cuidado con el sombrero!

ALFREDO. Perdona. Pero la verdad te veo y no lo puedo creer…

ELENA. Quería verte…Tenia necesidad de verte y besarte, de estar contigo…he desechado


escrúpulos y he venido…

ALFREDO. ¿Decidida a todo?

ELENA. A todo, Alfredo.

ALFREDO. (Tomándola del brazo) ¡Mi vida!

ELENA. ¡Nooo! No me toques ese brazo te lo ruego!...ayer me pusieron una inyección, y no sabes
el dolor que tengo, un dolor terrible, cada vez que me tocan el brazo es como si me tocaran con un
tizón encendido.

ALFREDO. Perdona.

ELENA. Estas perdonado. Estoy aquí porque estoy decidida a todo…

ALFREDO. ¿A todo?

ELENA. A todo.

ALFREDO. ¡Cielo mío! (Se inclina a besarla)


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ELENA. (Rechazándolo) ¡Me vas a estropear el sombrero, Alfredo!

ALFREDO. ¿Por qué no te quitas el sombrero?

ELENA. ¿Y para que me lo voy a quitar? ¿Es que no te gusta cómo me queda, eso me quieres
decir?

ALFREDO, Yo lo digo para no estropeártelo.

ELENA. No tienes necesidad de estropearlo solo ten cuidado y ya está. Te preguntaras porque he
venido así de repente, pues te diré que es porque me encontraba sola en casa… como resulta que
hoy ha llegado mi marido.

ALFREDO. ¿Cómo? ¿Qué ha llegado hoy? Pero no iba a tardarse en el viaje 15 días?

ELENA. Pues ya ves...ha venido sin avisar, inesperadamente y además me ha preguntado por ti…
Que risa, ¿verdad?

ALFREDO ¿Qué te ha preguntado por mí?

ELENA. Si, sí. Me pregunto que como estabas.

ALFREDO. ¿Y tú…?

ELENA. No podía negarle que nos vimos hace tres días en un lugar público…Le he contestado que
estabas muy bien. Pero yo he pensado que sospecha algo.

ALFREDO. No.

ELENA sí.

ALFREDO. No.

ELENA. Sí, estoy segura…Conozco a mi marido como si fuera de la familia.

ALFREDO. Entonces no me explico que habiendo vuelto el, tu hayas venido precisamente hoy.

ELENA. Quieres que me vaya, ¿verdad? ¡Confiésalo!

ALFREDO. No, Elena….!como puedes pensar eso!

ELENA, Pues me iré a hora mismo…No quiero que por mi tengas la molestia más insignificante. (Y
va hacia la puerta)

ALFREDO. ¡Quédate, te lo ruego!...

ELENA. Ni hablar del asunto. ..Me voy Alfredo….Y entre nosotros todo ha terminado, no lo olvides.
(Alfredo disimuladamente, toca la palanca que tiene instalada junto al sofá, y en la ventana se ve que
comienza a llover a cantaros)
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ALFREDO. Pero no puedes irte ahora, Elena…Mira la Tormenta que está cayendo….truenos,
relámpagos.

ELENA. Es verdad….llueve demasiado, que contrariedad, por eso me dolía la espalda…siempre


que va a llover me duele la espalda…eso no me falla…soy tan sensible para los cambios
atmosféricos.

ALFREDO. Eres muy sensible para todo, Elena….

ELENA. Esperare un segundo a que calme la tormenta y después me iré…Y yo que venía decidida a
todo, a todo…. ¡Qué mala suerte! Pero tampoco puedo, soy una mujer decente.

ALFREDO. (Moviendo disimuladamente la palanca y cesa de llover, después se acerca a abrazar a


Elena) ¡Cariño mío!

ELENA. ¡Ah eso sí que no! La cintura no, por lo que más quieras…tengo cosquillas y me pongo
nerviosísima…todo menos la cintura, por favor…!ay que nerviosa me he puesto!

ALFREDO. Perdona.

ELENA. Estas perdonado.

ALFREDO. Dime que te parece mi apartamento.

ELENA. Deberás quieres que te lo diga? Me parece ¡espantoso! Lo tienes tan desordenado.

ALFREDO. ¿Que lo tengo desordenado?

ELENA. Esa pantalla esta torcida (Mueve la pantalla de la lámpara que esta derecha y la deja
torcida) Lo ves, así es como tiene que estar, y ese cuadro lo mismo (Hace lo mismo que hizo con la
lámpara) Y ese caballo lo deberías de poner en otro sitio. (Se fija en el burro)

ALFREDO No es un caballo, es un burro.

ELENA. Pues parece un caballo.

ALFREDO. Es que un burro, al fin y al cabo, es un caballo que no ha podido ir a la escuela.

ELENA. (Mientras toma una de las fotografías de Marivi) ¿Cómo dices?

ALFREDO. Que un burro, al fin y al cabo, es un caballo que….

ELENA, ¡Pero esta es Marivi!

ALFREDO. ….que no ha podido ir a la escuela….

ELENA. Deja de decir tonteras sin gracia. Es Marivi. ¿Verdad?

ALFREDO. La conoces?
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ELENA, Como no voy a conocerla? ¿Por qué tienes tantos retratos suyos? Que hubo entre
ustedes.

ALFREDO. Nada. Lee la dedicatoria.

ELENA. “para Alfredo, mi primero y único amor, con la promesa de amarle siempre” ¿Qué quiere
decir esto?

ALFREDO. Que me dejo de amar antes de la que tinta se secara.

ELENA. ¿Y comenzó a amar a otro?

ALFREDO. Es posible, no la he vuelto a ver.

ELENA. Conozco mucho a la madre de Marivi….Y podría decirte el nombre de todos los amigos de
la niña…

ALFREDO. ¿Tanto como amigos?...

ELENA. ¡Mi cínico querido! Haces de las mujeres lo que quieres…Ven siéntate conmigo en el sofá…
te quiero mucho y vengo decidida a todo… (Se sienta y Alfredo va a abrazarla)

ALFREDO. ¡Amor Mío!

ELENA. (Lo rechaza) No me toques…

ALFREDO. ¿Te duele algo?

ELENA. No es eso…es que dudo…Estoy pensando que te quiero mucho, pero también quiero a mi
marido.

ALFREDO., Siempre me dices que te aburres con el como una momia.

ELENA. Como no voy a aburrirme? Apenas habla. No se le ocurre nada que decir. Cuando no
está trabajando se va de pesca. Es bruto y torpe como no tienes idea… es un hipócrita.

ALFREDO. Estas nerviosa, Elena….? qué te pasa?

ELENA... No lo sé, de repente tuve un mal presentimiento, y a mí eso de los presentimientos no me


falla. (SUENA EL TIMBRE.) Ves que nunca me falla.

ALFREDO., Quien podrá ser, no espero a nadie, tranquilízate, iré a ver por el hoyo de la cerradura
(Alfredo ve y grita) ¡Es Sebastián!

ELENA. ¡Sebastián ¡ y ahora qué hago?

ALFREDO. ¡Vete para mi cuarto! (Elena se va rapido para el cuarto de Alfredo mientras el timbre
sigue sonando y el corre a abrir nerviosamente)
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SEBASTIAN. (Entra) ¿Alfredo que pasa? Porque tardaste tanto en abrir esa puerta, además estoy
olfateando algo, un olor que creo conocer, un perfume que me parece haber olido en otro sitio…

ALFREDO. Es raro. Hace tiempo que no ha estado aquí ninguna mujer…

SEBASTIAN. Pues huele a señora…

ALFREDO. Pues olfatea lo que te dé la gana….

SEBASTIAN. Estas de mal humor?

ALFREDO. No, pero tengo que salir, Sebastián.

SEBASTIAN. ¿A dónde?

ALFREDO. Tengo que hacer…

SEBASTIAN. Yo también…

ALFREDO. Pues entonces, si no te importa….

SEBASTIAN. Si me importa, porque donde tengo que hacer es aquí…

ALFREDO. ¿Cómo aquí?

SEBASTIAN. Si, aquí.

ALFREDO. No comprendo.

SEBASTIAN. Es bastante desagradable para los dos, pero vengo a llevarme algo que hay aquí.

ALFREDO. ¿Aquí? Aquí no hay nada.

SEBASTIAN. Me da un poco de vergüenza decírtelo, a lo mejor te parece ridículo que yo venga


aquí. Claro que harías lo mismo, además yo no tengo la culpa.

ALFREDO. ¿La culpa de qué?

SEBASTIAN. De lo que ha pasado…Pero como sucede siempre, la culpable es ella…

ALFREDO. ¿Cómo ella? ¿A quién te refieres? ¿Qué queres decir?

SEBASTIAN. Vengo a llevarme algo que tengo aquí y que me pertenece…

ALFREDO (ASUSTADO) ¡no me digas entonces que tu….!

SEBASTIAN. Asi es, vengo a llevarme los retratos de Marivi.

ALFREDO. Los retratos de Marivi?


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SEBASTIAN. Pues te diré que Marivi y yo…nos entendemos.

ALFREDO. Entonces, ¿fue por eso por lo que dejo de venir?...

SEBASTIAN. Claro….se lo prohibí terminantemente.,

ALFREDO, Y no te importo traicionar a un amigo íntimo como yo.

SEBASTIAN. Ella me dijo que no había nada entre ustedes…además yo la trato como hay que
tratarla.

ALFREDO. ¡No iras a presumir ahora de conquistador! Pero está bien acabemos ya con esto…
Entonces venís por los retratos?...

SEBASTIAN. Supongo que no te molestara….

ALFREDO. Lo que me molesta es que teniendo una mujer tan buena como la que tienes, te metas
en esos líos.

SEBASTIAN, Eso de buena vamos a dejarlo…es una pesada tremenda y cada vez está más
neurótica e histérica (Se oye un ruido en el cuarto) ¿Qué fue eso?

ALFREDO. No escuche nada.

SEBASTIAN. ¿Hay alguien en tu cuarto?

ALFREDO. Que tontera, toma tus retratos y ya llévatelos.

SEBASTIAN, Gracias. (Suena la cerradura de la puerta del cuarto) Y ahora que, es que esa puerta
se mueve sola, porque no me decís quien está ahí.

ALFREDO. No puedo decirlo, ya vete

SEBASTIAN. Nunca me has ocultado nada…es acaso Marivi?

ALFREDO. No digas idioteces (Se abre la puerta y Sale Elena)}

ELENA. No es Marivi…Soy yo.

SEBASTIAN, (Asombrado) ¡Elena!

ALFREDO. Por qué saliste?

ELENA. Ya vez quería hablar con Sebastián…

SEBASTIAN. ¿Pero tú que haces acá, en la casa de Alfredo?

ELENA. Puedes imaginártelo y que, ya le llevas los retratos a Marivi? No se te olvida ninguno?
eres un sinvergüenza Sebastián!
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SEBASTIAN. ¡Ah! Ahora va a resultar que el sinvergüenza soy yo.

ELENA. Siii, y un Canalla!

ALFREDO. ¡Pero Elena!

ELENA. ¡Tú cállate! Eres un hipócrita, un adultero, un degenerado, pervertido.

SEBASTIAN. Bueno, Elena, escenitas no, me marcho ahora mismo….

ELENA. Tú no te marchas, Tu eres un bruto, sin corazón, sin sentimientos, me has hecho mucho
daño, y eso lo vas a pagar algún dia. ¡Tú no sabes de qué manera me enamore de ti!

SEBASTIAN. Yo no tuve la culpa.

ELENA. Pero tú te dejabas querer…

SEBASTIAN. No iba a agarrarte a bofetadas.

ELENA. Lo oyes Alfredo? Te das cuenta lo Burro que es, porque no dices nada?

ALFREDO. Como dijiste que me quedara callado!...

ELENA, Pues para que lo sepas: Sebastián ha sido mi primer amante.

ALFREDO. Tú antes me habías dicho, si mal no recuerdo…

ELENA. No pretenderás que le cuente mis aventuras a todo el mundo…Este sinvergüenza llamado
Sebastián, el amigo íntimo de mi marido, su compañero inseparable de pesca, aprovecho la
confianza para seducirme y después me dejo tirada, y no me volvió a mirar, ni a mí ni a mi marido.

ALFREDO. Eso no está bien Sebastián…por lo menos hubieras visto al marido…

ELENA. Lo que más me fastidia es lo hipócrita que es…porque a ti no te dijo una sola palabra de
esto?

ALFREDO. No.

SEBASTIAN. ¡Cómo iba decirte algo así, también Alfredo es íntimo amigo de tu marido!

ELENA. Todos son mis amigos, y por eso no veo la necesidad de ocultar nuestros amores, como si
yo fuera un monstruo.

SEBASTIAN... No eres un monstruo, pero eres una mujer casada.

ELENA. Y que tiene que ver mi marido con mis asuntos particulares…y nunca has valorado que por
tu culpa di mi primer paso.

SEBASTIAN. Eso de que fue conmigo con quien diste el primer pasó…
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ELENA. ¿Qué insinúas? Defiéndeme Alfredo….este hombre me está insultando…!defiéndeme!

ALFREDO. No que tan inofensivo, tan inocente…

SEBASTIAN. ¿Y es que no lo soy? ¿Qué culpa tengo yo de que las mujeres sean tan pesadas.

ELENA. Mira Sebas…

SEBASTIAN., Ni Sebas, ni nada….Si sigues dándome lata, se lo contare todo a tu marido, que es
un mamarracho, para que te enteres…! ¡Un mamarracho que no sabe ni pescar…y que se deja
poner los cuernos por su mujer…y nada más…Ya hable bastante…Adiós Elena…Adiós…Alfredo…
Buenas tardes…(Hace mutis, somatando la puerta de la calle. Elena y Alfredo se ven n en silencio.)

ELENA. Que hombre más tonto. ¿Verdad?

ALFREDO. Tontísimo.

ELENA. Como si de la de las mujeres se pudiera uno deshacer cuando se le dé la gana.

ALFREDO. Imagínate…

ELENA. Supongo, además que no habrás creído una palabra de todo lo que ha dicho de mí.

ALFREDO. En absoluto.

ELENA. Entre Sebas y yo nunca hubo nada, talvez un pequeño acoston, pero asiii pequeñísimo.
(Se acomoda el sombrero) Lo malo es que con todas estas cosas se me ha hecho un poco tarde.

ALFREDO. Siéntate un poco conmigo…

ELENA. Prefiero volver otro dia, Alfredo.

ALFREDO. Me dijiste que venias decidida a todo.

ELENA., ¿Ah, sí? ¿Eso te dije antes?

ALFREDO. (Mueve la palanca) Y, además empieza otra vez la tormenta y parece que va para
largo.

ELENA. (Saca una sombrilla de su bolso) Menos mal que esta mañana, metí la sombrilla en mi
bolso… gusta me lo trajo mi marido de Londres.

ALFREDO. ¿¨Cómo no lo sacaste antes?

ELENA. Porque antes no quería irme.

ALFREDO, Y ahora sí?

ELENA. Sí.
24

ALFREDO. ¿Por qué?

ELENA. ¿No te reirás si te lo digo?

ALFREDO. No, porque voy a hacerlo?

ELENA. Porque me has hablado tan bien de mi marido, que tengo muchas ganas de volver a casa
con él.

ALFREDO. Te he hablado bien, pero no tanto.

ELENA. Ven a casa mañana, te invitaremos a cenar…Y seremos más amigos que nunca. ¿Te
parece b bien? ¿Me perdonas?

ALFREDO. No me das un beso antes de irte?

ELENA. Si me lo hubieras dicho antes de acomodarme el sombrero…Pero ahora ya no puedo.

ALFREDO, (Le besa la mano) Adiós Elena.

ELENA. Adiós Alfredo, eres un caballero, me parece que ahora es cuando te comienzo a querer.
(Abre la puerta de la calle sale y rápidamente regresa y dice) ¡Ah ¡ oye, Y quita la palanca no vaya a
ser que se te funda el aparato y haga corto circuito.(Hace mutis ante la sorpresa de Alfredo)

BLACK OUT

Se ilumina de nuevo la escena, son las cinco de la tarde de un dia de invierno, se ve nevar en la
terraza, los marcos de las fotografías de Marivi y Emilia, están ahora ocupados por fotos de William
Levi.

Sebastián en la misma postura en que estaba al inicio del primer acto, lee una revista en el sofá,
viste ropa deportiva, suena el timbre del teléfono, Sebastián sigue leyendo, a la cuarta llamada
aparece Alfredo por la puerta del dormitorio, lleva bata, zapatillas, una bufanda, tiene catarro, lleva
un vaso con agua y va haciendo buches, sobre la cabeza lleva una toalla, toma al teléfono.

ALFREDO. ¡Diga!...Ah…hola…mucho frio, claro…desde luego…En invierno….si aquí esta…Bueno


pues adiós. (Le da el teléfono a Sebastián) Para vos…

SEBASTIAN. (Sin darle importancia)

ALFREDO. Es Marivi…

SEBASTIAN. (Indiferente) Gracias. (Alfredo hace mutis por la alcoba, mientras Sebastián sin prisa
y luego de terminar de ver una página se lleva el auricular al oído) ¿Qué paso? Si…sí..no…sii..
Sí..nono..hoy me es imposible…no…si yo te llamo…adiós preciosa. (Cuelga y sigue leyendo, vuelve a
sonar el teléfono. Sebastián no responde y sale Alfredo siempre con el vaso y toma el teléfono)

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ALFREDO. ¡Diga!...ah, hola…si claro. Si mucho frio…si ya se sabe… (Gritando) ¡Digo que es
invierno y ya se sabe! No, no estoy molesto….Si aquí esta. Bueno adiós. (Le da el teléfono a
Sebastián)
Para vos…
SEBASTIAN. (Siempre indiferente) ¿Quién?

ALFREDO. Elena.

SEBASTIAN. ¡Qué chingaaa! Gracias. (Sebastián toma el teléfono, Alfredo se sienta y sigue
haciendo buches) Hola…no...No…sí. Si…no…ni hablar. Si a lo mejor mañana…Adiós preciosa
(Cuelga el teléfono y dice al Alfredo) Querían verme.

ALFREDO. ¿De qué? Ahhh, ¡que curiosas!

SEBASTIAN. Cosas de mujeres. Y como va tu catarro.

ALFREDO. No puede ir mejor…En tercera semana

SEBASTIAN. Si no salieras a la terraza a tender la ropa, no estarías así.

ALFREDO. Y que queres que haga, si la Paca esta mala de las amígdalas.

SEBASTIAN. Pues busca otra.

ALFREDO. ¡Busca otra! ¡Busca otra! Como si encontrar una empleada fuera tan fácil.

SEBASTIAN. Si vas a empezar a hablarme de sirvientas, me marcho.

ALFREDO. No te vayas aun…está lloviendo mucho.

SEBASTIAN. ¡Pero está lloviendo de verdad o es que has presionado la palanca? A una pregunta,
no ha venido alguna carta para mí.

ALFREDO. Ahí encima de la librera hay dos, se me olvido decírtelo.

SEBASTIAN. Gracias. (Las toma) otra carta de Clarita, cuantas veces le voy a decir que no me
escriba más, es insoportable (rompe la carta sin abrirla)

ALFREDO. No te importa recoger esos papeles del suelo y ponerlos encima de un cenicero.
Estarán más cómodos, digo yo…

SEBASTIAN., (haciéndolo) Perdona.

ALFREDO. Gracias.

SEBASTIAN. (Ve la otra carta) Esta es de Angelita, es sensacional (ríe) ¡Pero que graciosa es,
dice que me quiere mucho….que no puede dejar de pensar en mi…que desea volver a verme, que
piensa en mí todas las noches.

ALFREDO. Mira, Sebastián, la verdad me estas comenzando a resultar odioso…


26
SEBASTIAN. ¿Por qué?

ALFREDO. Pues que estas presumiendo como un prostituto y ya no te lo aguanto.

SEBASTIAN. Yo lo único que hago es motivarte para que tengas compañía, que penses en casarte,
formalizar con alguien, que ya no estés solo.

ALFREDO. Tengo mujeres de sobra, y si he estado solo sin ninguna relación, es porque no me da la
gana tenerla y porque no quiero ver a nadie.

SEBASTIAN. ¿Me marcho, entonces?

ALFREDO. Si…lárgate a donde te dé la gana…

SEBASTIAN. Adiós y que sigas mejor… (Hace mutis)

ALFREDO. ¡ Que se habrá creído! ¡Decirme a mí que estoy solo, si quisiera compañía la puedo
tener en el momento que me dé la gana (Deja el vaso sobre la mesa, se quita la bata y la bufanda)
¡Al demonio el catarro, y la bata y la bufanda! (Toma una agenda de un lugar cercano) Por docenas
las tendría si quisiera, suelo trueno los dedos y ya vendría como mosca (Después de consultar la
agenda) La primera que sea… ahora verán quien es su mero. Mero... (Marca un número) Con la
señorita Ana por favor…si…y tardara mucho en regresar…Ahhh anda cenando con un amigo…
bueno...bueno...gracias no le diga nada. (Cuelga y consulta de nuevo la agenda) Pues sino será Ana,
será otra...como si no las tuviera por montones. (Marca, en ese momento suena el timbre de la
puerta) ¿Y ahora quién? ¡Con que no sea otra vez Sebastián…! (Abre y aparece una muchacha,
sin pintar, con una bata de casa, se nota que está muy mala del catarro, con frecuencia se lleva un
pañuelo a la nariz. Es sencilla y un poco tímida, se llama Lulú)

LULU. Buenas tardes.

ALFREDO. Buenas…

LULU. Perdone usted. Yo vivo en el apartamento de al lado…

ALFREDO. ¡Ah, mucho gusto!

LULU. Solo venía a pedirle un pequeño favor…

ALFREDO. Con gusto. ¿Quiere usted pasar?

LULU. Con su permiso. (Entra y Alfredo cierra la puerta) ¡ayy pero que bonito lo tiene…

ALFREDO. ¿Ehh, el que tengo bonito?

LULU. El apartamento.

ALFREDO. ¡Ah buenooo! ¿Le gusta?

LULU. Muchísimo.

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ALFREDO. Pero siéntese por favor…

LULU. Solo vengo un momento, disculpe que venga en estas fachas, pero estoy tan acatarrada…

ALFREDO, Yo también lo estoy…es por estos cambios de clima…pero siéntese.

LULU. (Reparando en el burro) Y eso ¿Qué es? ¿Un burro?

ALFREDO. Si, un burro de peluche.

LULU. ¡ohh,! ¡Me encantan los burros!...

ALFREDO. Y a mí…porque no hay que olvidar señorita, que un burro es un caballo que no ha
podido ir a la escuela.

LULU. ¿Por qué?

ALFREDO. ¿Cómo que por qué?

LULU. ¿Qué por qué el burro no ha podido ir a la escuela?

ALFREDO. Pues…en fin…sería un poco largo de explicar.

LULU. ¿Por qué?

ALFREDO... Pues la verdad que es complicado.

LULU. Es verdad…a lo mejor usted debe estar ocupado y lo estoy molestando.

ALFREDO. No, para nada, y a que debo el gusto.,..

LULU. Pues he venido porque Paca, la sobrina de la portera, también me limpia a mí el


apartamento.

ALFREDO. ¡Ah! No me había dicho nada.

LULU. Es que yo tengo de vivir acá solo cinco días…y como ella esta mala de las amígdalas.

ALFREDO. Si es verdad, está enferma la pobre…

LULU. Pues ella me dijo que usted vivía solo, y que era una buena persona, y se me ocurrió que a
lo mejor usted me podría regalar unos fósforos.

ALFREDO. ¿Unos fósforos?

LULU. Es que no tengo como encender la chimenea y con el frio que está haciendo y yo sola, y con
este catarro que no me deja salir a ninguna parte.

ALFREDO. Claro que le daré los fósforos… pero ¿Vive u sola, no tiene familia?

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LULU. Acá no, este apartamento me lo alquilo un señor, que ayer se enfadó conmigo y me dejo
plantada…usted perdonara que le cuente estas cosas, pero como también vive solo…

ALFREDO. Naturalmente, puede contarme lo que quiera…pero siéntese, póngase cómoda. Le


sirvo una copa, un coñac estará bien.

LULU. No por favor, no me gusta el coñac, ¿No tendrá Pipermint?

ALFREDO. Sí, claro que tengo…

LULU. ¡Me encanta el Pipermint! Y si me da también un cigarrillo…me gusta mucho fumar.


(Al ofrecerle Alfredo un cigarrillo) ¡Huyó, son los cigarros que a mí me encantan. (Alfredo se sienta
junto a ella luego de sacar la botella y servirle en un vasito)

ALFREDO. Entonces, vino usted por acá con su amigo…

LULU. No me nombre usted a ese señor…usted no se inmagina los escándalos que me arma.

ALFREDO, ¡ah! ¿Esos gritos que oía a la hora del almuerzo eran de su amigo?

LULU. Me arma cada lio, no sé cómo he podido aguantarlo tanto tiempo, pero lo prefiero, con tal
de dejar de bailar en el tubo por las noches.

ALFREDO. ¿Baila usted el tubo?

LULU. Si, lo he bailado desde muy joven y otra hermana que tengo también lo hace, en mi casa a
todas nos encanta el tubo…

ALFREDO. Y a todo esto como se llama?

LULU. Me llaman Lulú,..Pero mi nombre verdadero es María…pero para bailar es mejor Lulú…ayy lo
peor de todo es que ese hombre me ha dejado sin un centavo…así que mañana tendré que dejar al
apartamento, y volver de nuevo al hotel…yo no puedo pagarlo

ALFREDO. Pero el alquiler ya lo habrá dejado pagado.

LULU. ¡Qué va! Eso creía yo pero ni siquiera, como lo dieron amueblado, dio un deposito no sé
qué cuento y hoy me dijeron que tengo que abandonarlo.

ALFREDO. ¿Más licor Lulú?

LULU. Sí. Gracias…Me gusta mucho ese licor… (Al ofrecerle la copa llena, esta se cae de manos
de Alfredo en el piso)

ALFREDO. ¡Huyy!

LULU. ¡Oh que pena se ha manchado el piso, que pena todo ha ocurrido por mi culpa, con lo
arreglado y limpio que tiene usted su apartamento, creo que será mejor que me vaya, me podría dar
los fósforos.

29
ALFREDO. No se vaya usted tan pronto…

LULU. ¿Por qué?

ALFREDO. Su casa estará fría…acá usted estará al menos mas abrigadita…

LULU. Acá estoy estupendamente…pero si espera a alguien…

ALFREDO. No. A nadie. Siéntese.

LULU. ¡Ah se me olvidaba! Yo conozco a un amigo suyo…

ALFREDO. ¿A un amigo mío?

LULU. A Sebastián. Un dia me lo encontré en las gradas y me dijo que venía de este apartamento.
¿No le comento?

ALFREDO. Ah bueno. Y como conoce usted a Sebastián?

LULU. Me lo presentaron en un balneario. Y además quiso hacerme el amor y me dijo que yo me


parecía mucho a su mujer y no sé cuántas cosas más.

ALFREDO. ¡Ah! ¿Y no le correspondió usted?

LULU. Para nada, no me agrado en lo más mínimo.

ALFREDO. (Satisfecho) ¿De verdad?

LULU. No. En absoluto.

ALFREDO. Sin embargo hay muchas mujeres que están enamoradas de él.

LULU. Estarán urgidas. Yo no le encuentro nada de particular. Es que abundan mujeres tontas
que les gustan ese tipo de hombres tontos… a mí me gustan los hombres inteligentes. Y usted,
además de ser inteligente, es muy simpático.

ALFREDO. ¿Sí?

LULU. Mucho.

ALFREDO. Tú también lo eres Quédate a vivir conmigo (Saca su cartera y le da unos billetes)
Mañana pagas el apartamento lo dejas y…

LULU. No. De ninguna manera… no deseo que piense que he entrado a su casa solo por esto.

ALFREDO. No puedo pensar eso…conozco muy bien a las mujeres, y sobre todo creo conocerte a
ti. Toma…

LULU. (Aceptando con trabajo el dinero) Gracias, entonces…Como te llamas?

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ALFREDO. (Mientras se levanta y va hacia el interruptor) Alfredo.

LULU. ¿Qué vas a hacer, Alfredo?

ALFREDO. Ahora veras… (Pone el efecto de luz roja)

LULU. ¡Pero qué bonito se ve así!

ALFREDO Y ahora a poner un poco de música.

LULU. ¡Me siento tan feliz, Alfredo! No puede ser, esa canción que has puesto me encanta, ven
siéntate a mi lado… (Alfredo se sienta junto a ella y escuchan la melodía, de repente ella estornuda)
Ayy perdón, justo en la parte sentimental.

ALFREDO. No te preocupes… (Estornuda) Mira yo también…empatados los tres! Dame un beso.

LULU. No….

ALFREDO. ¿No? ¿Por qué?

LULU. Pero no sería correcto. Me has dado dinero y entonces pareceré que el beso…No…De
verdad quieres me que venga a vivir contigo?

ALFREDO. Desde esta noche.

LULU. No, Alfredo. Me daría vergüenza. Quiero que reflexiones. Piénsalo esta noche con calma.
Mi amigo…bueno el que era mi amigo…no reflexiono y las cosas salieron mal. No quiero que suceda
lo mismo.

ALFREDO. Vete, entonces…

LULU. ¿Pero no te quedaras molesto?

ALFREDO., No. Creo que tienes razón. Vete cuando quieras…

LULU. Espera que termine esa canción…me gusta tanto…

ALFREDO. ¿No deseas conocer el apartamento? El baño, la cocina, el dormitorio…

LULU. Déjame con esa ilusión hasta mañana…Si me haces verlo, me quedare y no quiero…

ALFREDO. Algún motivo tendrás para no hacerlo…

LULU. Me has dicho que me quede sin gustarte yo demasiado…Quizá porque hoy estabas más solo
que nunca…Y quiero gustarte…mañana me veras guapa…Espera a mañana...Adios Alfredo…

ALFREDO. Adiós, María...

LULU. Si no te has arrepentido, nada más al irme, da dos golpecitos en esta pared, eso quieres
decir que sigues en tu idea.
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ALFREDO. ¿Y tú?

LULU. Te contestare igual…Y significara lo mismo. Adiós. Un solo beso…

ALFREDO. (Besándolo) Gracias. Adiós María…

LULU. Adiós, cariño… (Lulú hace mutis, Alfredo cierra la puerta. Va al centro de la habitación,
reflexiona, está inquieto y duda. De repente estornuda. Siente frio y se pone la bata. Vuelve a
estornudar y entonces decidido va a la pared y da dos golpes. Nadie contesta. Espera inquieto.
Vuelve a dar dos golpes más fuertes, y ahora son contestados en la pared, sonríe tranquilo y se
sienta feliz en el sofá.)

BLACK OUT.

La misma decoración, la habitación esta desordenada, los muebles no ocupan los mismos lugares,
hay prendas de vestir tiradas sobre los muebles, una escoba y una cubeta en algún rincón.
Sentado esta Sebastián. Mira impaciente el reloj, su aspecto es serio. Por la puerta de servicio
entra Alfredo, con pijama, pantuflas, viene muy contento con algo de comida en la mano y le ofrece a
Sebastián, mientras él come.

ALFREDO. Queres?

SEBASTIAN. Gracias?

ALFREDO. Ricas vaaa.

SEBASTIAN. Uff.

ALFREDO. Tenes hambre.

SEBASTIAN. Si un poco.

ALFREDO. Veniste muy temprano.

SEBASTIAN. Me dijiste que viniera a las dos. Yo soy puntual.

ALFREDO. Que feliz soy Sebastián, que feliz soy desde que me he casado, y la suerte que he
tenido, además he encontrado una mujer buena, cariñosa, tan sencilla, tan ordenada... (Después
de ver la escoba) Bueno, con un orden diferente al de los hombres, pero también bonito... ¡soy muy
feliz Sebastián! ¡Muy Feliz!

SEBASTIAN. (Bostezando) ¿Y no podrías ir por algo más de comer?

ALFREDO. No, espérate para comer, ya va a estar la comida (Asoma la cabeza por la puerta de la
cocina) ¿Quiero la comidita? ¡Alfredin y Sebastián quieren la comidita!... (De la cocina sale la Paca,
vestida como en el primer acto.)

PACA. Ya está la comida, vengan a comer, señoritos…

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ALFREDO. ¡Bravo! ¡Bravo! Y que hay además de mi plato favorito.

PACA. De entrada, está tu plato favorito, después el postre que tanto le gusta a mi mariditooo….

ALFREDO. ¡Esa es mi Paca! ¡Esa es mi Paca! (Se escucha música fuerte en el apto. De al lado.)

SEBASTIAN ¿Que música es esa?

PACA. La Vecina de al lado, que está probando su nuevo equipo de sonido.

SEBASTIAN. La vecina que baila en el tubo.

PACA. La misma. ¿Pero usted no sabe lo que paso? Tenía un señor que era su dizque novio, a
los cinco días la dejo plantada, pero lo que paso es que al hombre le dio el soponcio…contale vos
Alfredo como fue el soponcio que le dio…

ALFREDO. Un soponcio terrible…

PACA. Pues lo trajeron para el apartamento y ella lo cuido, y le atendió bien, y el tipo ahora está
loco por ella y no hace más que regalarle cosas, y ella está entusiasmada… porque la tipa es de
hum…que le diga Alfredo como es…de Hum

ALFREDO. Hummm, buenísima…María es buenísima…

PACA. ¿Cómo María? …Pero si se llama Lulú…

ALFREDO. Ah, es verdad. Yo no me acordaba….

SEBASTIAN. Entonces eso fue cuando te dio pulmonía.

ALFREDO. Y cuando mi Paca vino a cuidarme y a hacerme calditos…!pero que calditos, Sebastián!
Porque ya ves como guisa.

PACA. Bueno, bueno a comer que la comida se enfría (Tropieza con el burro que se encuentra en
el piso) ¡condenado burro! ¡Siempre tengo que tropezar con el…Claro…que gracias al burro,
comenzó nuestra relación…porque usted no sabe, Sebastián, la gracia que me hizo a mí eso de que
un burro es un caballo que no ha podido ir a la escuela…(LA PACA Y ALFREDO RIEN A
CARCAJADAS, ANTE LA CARA DE MOLESTIA DE SEBASTIAN, MIENTRAS SE VA
OSCURECIENDO LA ESCENA Y CAE EL…

TELON.
.

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