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Marasso

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ARTURO MARASSO:

LECTOR, POETA, EVOCADOR, CRÍTICO

María Guadalupe Barandica


Universidad Nacional de Cuyo

Arturo Marasso (1890-1970) nació en La Rioja y se formó


1
como maestro en Catamarca . Sin embargo, su labor como
docente, crítico y poeta se desarrolló casi íntegramente en La
Plata, en cuya Universidad sembró saberes y vocaciones, como
lo atestiguan los discípulos que lo recuerdan con fervoroso
2
respeto .
Ha llamado la atención de quienes han leído a Marasso la
notable erudición de este autor, en especial su conocimiento de
los clásicos griegos y romanos. La cita oportuna, la precisa
indicación de una fuente antigua, la simple referencia a los
autores de Grecia y Roma se reconocen fácilmente y resisten la
más minuciosa comprobación de un especialista en esas
literaturas. Sin embargo, la imagen del erudito parece empañar
un retrato más rico y complejo al que quizás podríamos acceder
a partir de la propuesta de este Simposio.
En efecto, todos cuantos lo conocieron y frecuentaron
recuerdan al ‘maestro’ Arturo Marasso, al educador que “se
afanó en mostrar cómo los grandes paradigmas que formaron el
acervo filosófico y literario persistían a través de los siglos”.
(Ciocchini, 1994: 13) Parece más fácil, en palabras de José
Isaacson, “advertir la erudición que la sabiduría”, razón por la
cual Marasso “fue reconocido por sus muchos conocimientos,
pero no tanto por su profunda comprensión de esos
conocimientos”. (Isaacson, 1994: 6)

1
En 1931 fue miembro fundador de la Academia Argentina de Letras, de la cual fue
su primer secretario y director del Boletín. En 1955 ingresó a la Real Academia
Española como miembro correspondiente.
2
Me he entrevistado con las profesoras Raquel Sajón de Cuello y Luz Pepe de
Suárez, de la Universidad Nacional de La Plata. La primera fue discípula de Marasso
en la cátedra universitaria e inició la edición y publicación de las Obras Completas del
maestro, de las que ha aparecido hasta ahora el primer tomo. La profesora Luz Pepe
de Suárez colaboró con Marasso en la Revista de Educación en su segunda época.
No he tenido ocasión de comunicarme con Héctor Ciocchini, otro destacado discípulo
ni con Ernesto Krebs, a quien Ciocchini recomienda entrevistar para enriquecer la
imagen del maestro fallecido.
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Volviendo sobre el propósito de este Simposio de


establecer “posibles correspondencias entre la trayectoria
pública de investigador y su biografía”, así como de señalar
“experiencias del crítico y del teórico desde una posición
autobiográfica”, creo oportuno el abordaje de la obra de Arturo
Marasso asociando los textos de crítica con su obra poética y los
dos textos autobiográficos que publicó.

Profesor y crítico
En 1958 la editorial Hachette publicó una Antología
didáctica de la prosa española preparada por Arturo Marasso. En
su prólogo, el estudioso incluye algunas afirmaciones que
constituyen la base de su crítica:

La lectura constante de los autores españoles del siglo


de oro debe ser una norma en la enseñanza. Es
imposible hablar cabalmente de un texto sin haberlo
trasladado a su época, estudiado y entendido; ninguna
obra, si se la compara, está aislada en su tiempo ni deja
de tener correspondencia en la tradición literaria y en la
actualidad en que fue escrita; no hay forma de
pensamiento y estilo que no encuentre su expresión en
una literatura esclarecida. Todo texto encierra
conexiones con otros textos [...]. Una antología nos
ofrece la singularidad propia de diversos siglos que se
continúan; reúne, aunque sea fragmentariamente, los
sucesivos estados del idioma; nos lleva a tentar el
estudio comparativo de los temas y de los asuntos, a ver
el alma humana en relación con una época y en su
verdad permanente. (Marasso, 1958: XI)

Nos detendremos en esas afirmaciones que manifiestan la


perspectiva desde la cual Marasso abordó su crítica:

a. La convenciencia de considerar las interrelaciones entre


el texto considerado y otros textos en forma sincrónica y
diacrónica (“correspondencias en la tradición literaria y
en la actualidad en que fue escrita”
b. La intertextualidad como fenómeno constante (“todo
texto encierra conexiones con otros textos”)
BOLETÍN GEC Nº 16 (segunda época) - 2012 91

c. La posibilidad de enfocar estudios tematológicos o al


menos, temáticos (“tentar el estudio comparativo de los
temas y los asuntos”).

En sus numerosos trabajos de investigación constatamos


que Marasso ha seguido las líneas de estudio que propone en
este prólogo. La aproximación a los autores clásicos españoles
fue punto de partida de sus investigaciones. Desde allí se
aventuró en la consideración de la obra de autores de otras
literaturas (Rubén Darío, Rodó, Mallarmé).
Podemos afirmar que Marasso está asociado por el tiempo
en que vive y escribe, así como por el enfoque de sus estudios,
con lo que Claudio Guillén denominó “la hora francesa” del
comparatismo, que se extiende desde fines del siglo XIX hasta
poco después de la Segunda Guerra Mundial (Guillén, 1985: 66).
Su relación con esa línea del comparatismo se confirma también
si se consultan los programas de las asignaturas que dictó en la
Universidad Nacional de La Plata, Composición y Gramática y
Literatura Castellana3. También lo confirma el catálogo de la
Biblioteca de Marasso, publicado en 1961 y que incluye los más
de 3000 volúmenes que fueron adquiridos en 1956 por la
Universidad Nacional del Sur4.
Por esa adscripción a la escuela francesa del
comparatismo es posible organizar la obra crítica de Marasso
según los lineamientos que propone Paul van Tieghem en su
manual (van Tieghem, 1951: 68-69): a) desde el punto de vista
del emisor: se podrá estudiar el éxito de una obra, un escritor, un
género, una literatura dentro de un país extranjero, la influencia
ejercida y las imitaciones; b) desde el punto de vista del
receptor: se investigarán las fuentes de un escritor o una obra; c)
desde el punto de vista de los intermediarios: se considerarán
los factores que han facilitado la transmisión de las influencias.

3
En la Unidad II de Composición y Gramática los contenidos son: Cultura literaria.
Fuentes y reminiscencias. Influencias. Imitación. Traducciones. El estilo. Estilo
indirecto. En la Unidad II de Literatura Castellana: Influencia de Erasmo en España.
La profesora Sajón de Cuello me facilitó copias de estos programas y la profesora
Pepe de Suárez me obsequió una copia del texto de la última clase que dictó
Marasso en la UNLP, en el aula magna de esa Universidad, en 1944, titulada “San
Juan de la Cruz”.
4
Entre otros títulos se incluyen números de la Révue de Littératures Comparées, así
como obras de Baldensperger, Brunètiere y Dupouy sobre literatura comparada.
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Teniendo en cuenta la clasificación anterior podemos


considerar las obras de Marasso como sigue:

a) Obras críticas centradas en el emisor: se refieren a


obras y autores clásicos griegos. Tres de ellos son
artículos publicados en el BAAL y posteriormente
incluidos en el volumen de Estudios de literatura
5
castellana , última obra crítica aparecida en vida del
autor.
• “Hesíodo en la literatura castellana”. En general,
Marasso intenta establecer la difusión de
Hesíodo y descubre que incluso quienes
deberían haberlo conocido mejor apenas ofrecen
referencias sobre él, aunque reconocen su
condición de sabio y de anciano venerable
atribuida a este autor desde la antigüedad.
Observa que las traducciones de su obra no son
numerosas y tampoco directas, sino a partir de
ediciones francesas. Concluye que no
esverificable una influencia directa de Hesíodo
pero sí una perduración de ciertos valores
arquetípicos, tales como el del trabajo
perseverante.
• “Píndaro en la literatura castellana”. En este
estudio reconocemos un ingrediente
autobiográfico, pues si Hesíodo había
despertado su interés por ser sabio consejero,
Píndaro cautivará su atención de poeta deseoso
de penetrar los misterios de su creación.
Advierte que en España, petrarquista y
horaciana, la influencia de Píndaro es limitada.
Sin embargo considera el posible conocimiento
directo de los textos pindáricos por parte de
Garcilaso, Boscán, Mariner, Cervantes de
Salazar, Juan de Malara, Barahona de Soto,
Pedro Mexía, Hurtado de Mendoza, Fray Luis de
León y Fernando de Herrera entre los más

5
Marasso, Arturo (1955). Estudios de literatura castellana. Buenos Aires, Kapelusz.
BOLETÍN GEC Nº 16 (segunda época) - 2012 93

destacados. Los tres últimos parecen en efecto


tener ese conocimiento. En un segundo apartado
considera la recepción de los textos de Píndaro a
partir del siglo XVIII, en especial dos poetas
“pindáricos”, Olmedo y Quintana, al menos en su
intención de celebrar a un vencedor. Destaca
finalmente la gravitación del poeta tebano en
Rubén Darío quien lo leía en traducciones en
prosa. Al comentar el problema de la traducción
afirma que los buenos helenistas no son
necesariamente buenos traductores. Por otra
parte, un buen imitador, es decir un poeta que
intente reproducir en su propio idioma un texto
de otra lengua, logrará mejores resultados.
6
• La Antología griega en España : es posible que
el interés por esta antigua colección de poesías
haya comenzado cuando el crítico argentino se
ocupó de la obra de Carlos Guido y Spano en un
interesante artículo publicado en 1918 por la
revista Nosotros. Observa que en general los
poetas castellanos de los siglos XVI y XVII
tomaron de los epigramas lo moral y lo satírico,
como el del ciego y el cojo recreado por Gracián,
Quevedo y Lope de Vega, tema llegado a través
de los Emblemas de Alciato. En autores
posteriores, como Iriarte, destaca las versiones
que ofrece en versión griega, latina y castellana.
En general lamenta que España sea menos
helénica que latina.
• “Platón en la literatura española”: analiza su
recepción en la obra de San Juan de la Cruz,
fray Luis de Granada, fray Luis de León y
Fernando de Herrera. Como este artículo se
publicó en La Nación, es limitado en cuanto a su
extensión. Por ello esboza las vías de acceso del
platonismo, el tratamiento de los temas con
mayor acogida, la vigencia del platonismo, su
6
Algunos de los más exquisitos poemas de la Antigüedad se encuentran en la
llamada Antología palatina, la cual abarca unos mil quinientos años de producción y
contiene unas nueve mil composiciones.
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relación con el misticismo. Sus lectores pudieron


acceder a un conocimiento general del tema,
aunque en apretada síntesis, y lo habrán recibido
también como una invitación a la lectura de los
textos comentados por Marasso.
• “El estoicismo en la poesía española”:
complementario del anterior, fue incluido en el
volumen póstumo Fervor Silencio Tiempo,
editado por H. Ciocchini en 1994, según una
última selección de trabajos realizada por el
mismo Marasso. Señala que en la poesía
española del siglo XV, aunque también incluya
comentarios sobre autores que no pertenecen a
ese siglo, conviven el estoicismo, el
epicureísmo, el platonismo, el misticismo y los
modos propios de lo que el crítico califica como
modalidades de la sabiduría, esto es, la
horaciana, la petrarquista, la satírica.

b) Obras críticas centradas en el receptor:


• Dedica la mayoría de sus estudios a la
investigación de las fuentes, especialmente
clásicas griegas y latinas en autores españoles e
iberoamericanos. Hay en él un notorio interés
por comprender cómo han sido gestadas las
obras que tanto ama, quizás por ser él mismo
poeta. Se ocupa de San Juan de la Cruz, Rubén
Darío, Fray Luis de León, Góngora, Lope de
Vega, Cervantes. Una nota a la edición de
Cervantes y Virgilio, aparecida en 1937, echa luz
al proceso seguido por Marasso para encarar su
investigación:

Este trabajo, que descubre el parentesco


espiritual de la Eneida y El Ingenioso Hidalgo,
está formado con notas que escribí en
octubre y noviembre de 1936. Fue
impensadamente hecho. Al abrir el Quijote,
en el capítulo de la aventura de los batanes
recordé, de pronto, a Virgilio. Ese fue el punto
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de partida. Un día tras otro, en momentos


libres, fui desentrañando la intención de
Cervantes de relacionar con episodios
parecidos los dos grandes poemas. Intención
manifiesta, premeditada, gozosa y creadora.
Las notas mías sirven para ilustrar este
ignorado aspecto de la cultura literaria de
Cervantes; nos lleva a la intimidad de la
elaboración del Quijote, sobre todo de la
Segunda parte. No fue, como dije, un
meditado propósito escribir estas páginas
nacidas de una casual circunstancia. Dejo sin
tratar algunos aspectos virgilianos que
requieren más detenido examen. Me es
gratísimo que mi ligero trabajo reintegre a
Cervantes a la familia de Homero, de los
genios mediterráneos universales, familia que
tuvo en Roma por supremo artífice a Virgilio,
uno de los maestros esenciales y eternos de
nuestra cultura grecolatina. (Marasso, 1937:
161-162)7.

En este primer estudio sobre Cervantes y


Virgilio, intenta un estudio genético, que se
caracteriza por asociarse a lo biográfico. Al
mencionar la cultura literaria de Cervantes,
Marasso retoma un tema tratado por Menéndez
y Pelayo en una de sus conferencias de 1905, a
la que explícitamente alude y objeta en parte8.

c) Obras críticas centradas en el intermediario: se


ocupa del problema de la traducción en numerosos
artículos, pero no como tema central, por ejemplo en
el artículo que dedicó a Guido y Spano, cuyas
traducciones considera “de segunda mano” y
lánguidas (en particular la de la despedida de Héctor

7
La reflexión sobre Cervantes y Virgilio se cierra con Cervantes. La invención del
Quijote, publicado 1954, que amplía la serie de autores considerados como fuentes
cervantinas.
8
Menéndez y Pelayo (1947).
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y Andrómaca, en que Homero parece haberse


esfumado del texto).

Lector, poeta, evocador


Para considerar el otro aspecto de esta aproximación, la
autobiográfica, nos referiremos a la obra poética de Marasso y a
los textos en que recupera partes de sus memorias.
En sendos estudios acerca de la generación de poetas del
9
’40 , los profesores Zonana y Dubatti asocian a Marasso con la
10
poesía órfica. Especialmente el primero reconoce la
compenetración entre los comentarios críticos y la poesía: “En la
cosmovisión poética de Marasso, el descubrimiento del ritmo de
la naturaleza y el ajuste estético del ritmo personal al natural
configuran una clave interpretativa fundamental” (Ciocchini,
1967: 18). Zonana menciona dos facetas en la recuperación de
la figura de Orfeo por parte de Marasso: la de iniciador en los
misterios pitagóricos y en la religión de la belleza (siguiendo a
Schuré en Los grandes iniciados, una copia del cual estaba en la
biblioteca de Marasso), y el del poder del canto, representado
por la imagen ovidiana de la cabeza de Orfeo que llega a las
costas de Lesbos y sigue cantando y engendrando canto.
Numerosos textos nos darían sustento para acompañar las
referencias a lo órfico en Marasso. Elegiremos como base las
“Notas y comentarios bibliográficos” que acompañan su
Antología poética, pues contienen una visión de la propia obra
redactada como una especie de autobiografía poética. Comienza
con su llegada a Buenos Aires en mayo de 1911. “El cambio
tenía, en mi timidez, mucho de desgarrador y de angustiosa
incertidumbre. En las noches de la ciudad, todavía extraña,
llenaba, página tras página, los cuadernos con poemas [...]. Eran
poemas de transición y desconcierto”. (Marasso, 1951: 325)
Se suceden desde entonces los poemarios: Bajo los astros
(1911), Presentimientos (1918), Paisajes y elegías (1921),
Retorno (1927), Lejanías (1929-1943), Poemas (1944), La rama
intacta (1949), Otras poesías (1950-1951).

9
Dubatti (1986). Zonana ( 2001).
10
El que se ocupa más detenidamente de Marasso es V. G. Zonana, quien remite
también al “Estudio preliminar” de Raquel Sajón de Cuello en las Obras completas
del autor riojano.
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Al mirar en su conjunto esta Antología poética creo


advertir en la continuidad de los versos una visión
autobiográfica; fui, sin pensarlo, escribiendo de mi
vida, de la vida universal y del ser, en su misterio, en
su ilusión, en su amor, en su dolor y su ternura, en la
ansiedad de descubrirse en una claridad más unitiva,
de conocer en su origen su fin supremo. (1951: 330)

Dos obras autobiográficas complementan ese comentario


del poeta sobre su poesía.
La mirada en el tiempo, donde evoca su niñez y el
descubrimiento de su vocación como lector y poeta: “Un alumno
de sexto grado aspiraba a ser una enciclopedia. Cargábamos, a
pesar de las prohibiciones del maestro, casi media docena de
libros bajo el brazo. Mi delicia eran las composiciones literarias”.
/.../ “Empecé a indagar la eternidad. Me creía ajeno a lo
transitorio, a lo que se mueve en la tela del tiempo. /.../ Ponía mi
oído en la piedra para escuchar la voz escondida”. (Marasso,
1946:257-266)
En 1949, tras la muerte de su esposa, a quien el autor
identifica con Eurídice, publica en edición fuera de comercio
Libro de Berta. Su evocación de la esposa se extiende desde los
días en Catamarca cuando se conocieron y enamoraron
mientras él cursaba sus estudios de magisterio, hasta los últimos
momentos de ella, en que insistía en cuidarlo con amorosa
dedicación a pesar de su extrema debilidad: “con las manos
temblorosas levantó una pañoleta para abrigarme”. (Marasso,
1949: 156). Sobre este episodio escribió un poema llamado “El
mensajero”, el último de la antología que cierra el Libro de Berta,
en el que recrea la escena del mito de Orfeo y Eurídice en que
Hermes, el mensajero psicopompo, lleva a la esposa de vuelta
al territorio de las sombras. Todo el libro actúa como una
evocación, a la manera en que Odiseo convoca a las almas de
los muertos en su visita al reino de Hades.

Cuando ella te cubría los pies, con mano débil


de enferma, su cuidado fue dejarte tranquilo;
de una sacra ribera la llamaban; temía
que el frío de la noche te haga daño; en silencio
se alejó; daba pena mirar su faz; las alas
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seráficas volvía para oírte en el llanto;


tú implorabas, llamándola /.../ (Marasso:1949, 79)

Para cerrar esta exposición volveré sobre los cuatro


epítetos que se enuncian en el título de la ponencia. Arturo
Marasso fue un poeta, que leía como poeta, buscando encontrar
el modo en que otros poetas compusieron sus obras. Como
profesor, abordó los temas de estudio que amaba pero también
los que le imponía el canon presente en los programas de
estudio de las cátedras a su cargo. En esa función leyó, es decir
ejerció la crítica, desde una perspectiva comparatista y
contribuyó a que sus alumnos se familiarizaran con ese canon,
pero también que llegaran a amar esas obras señeras. Fue un
evocador a lo largo de su vida, pues en su poesía y en su prosa
autobiográfica evocó a la manera de Orfeo, como un acto ritual
y mágico, confiado en el poder creador de la palabra.
La memoria se construye con palabras. A ello consagró
don Arturo Marasso su maestría.

Bibliografía
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Tiempo. Última selección de estudios reunidos por el autor, Buenos
Aires, Fata Morgana: 9-40.
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(Estudios sobre la lírica neorromántica argentina)”, Letras. XV-XVI,
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Guillén, Claudio (1985). Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la
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Isaacson, José (1994). “Erudición y sabiduría”, La Nación, Buenos
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Marasso, Arturo (1918). “Carlos Guido y Spano”, Nosotros, vol. XXX,
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Marasso, Arturo (1937). Cervantes y Virgilio, Buenos Aires, Instituto
Cultural “Joaquín V. González”.
Marasso, Arturo (1954). Cervantes. La invención del Quijote, Buenos
Aires, Hachette.
BOLETÍN GEC Nº 16 (segunda época) - 2012 99

Marasso, Arturo (1946). La mirada en el tiempo, Buenos Aires,


Kapelusz.
Marasso, Arturo (1949). Libro de Berta, Buenos Aires, Coni.
Marasso, Arturo (1951). “Notas y comentarios bibliográficos”, Antología
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Marasso, Arturo (1955) Estudios de literatura castellana, Buenos Aires,
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Tieghem, Paul van (1951) La littérature comparée, Paris, Armand
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Zonana, Víctor (2001). Orfeos argentinos. Lírica del ’40, Mendoza,
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