Entrenamiento Breve TCA Ejercicio
Entrenamiento Breve TCA Ejercicio
Entrenamiento Breve TCA Ejercicio
ISSN: 1514-0105
ISSN: 2314-2561
[email protected]
Universidad Nacional de La Plata
Argentina
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Artículos
Daniel Mayorga-Vega
Universidad de Jaén, España
[email protected]
Jesús Viciana
Universidad de Granada, España
[email protected]
Recepción: 19 Junio 2018
Aprobación: 20 Septiembre 2018
Resumen:
El objetivo principal del presente estudio fue examinar el efecto de un programa de entrenamiento mental breve sobre el
estado afectivo, las actitudes hacia la alimentación y los niveles de actividad física en adolescentes diagnosticadas con Trastorno
Alimentario No Especificado que practicaban una rutina exigente de actividad física. Una muestra de ocho mujeres adolescentes
chilenas de 15-17 años de edad realizó un programa de entrenamiento mental breve durante ocho semanas una sesión por
semana: 1) Conocimiento y establecimiento de objetivos; 2) Focalización y toma de conciencia mental y corporal; 3) Autocontrol
psicobiológico; 4) Reposicionamiento del locus de control; 5) Autogestión y control de los pensamientos; 6-7) Re-focalización
y reencuadre motivacional, y 8) Generalización y enfoque responsable de la voluntad. El Inventario de Depresión de Beck, el
Cuestionario de Actitudes ante la Alimentación EAT–26 y una entrevista breve sobre los niveles de práctica y motivos de actividad
física, se aplicaron antes y después del programa. Los resultados reflejan una influencia favorable del programa en la mejora del
estado afectivo, de las actitudes hacia la alimentación y hacia la actividad física en las adolescentes intervenidas. Un programa de
entrenamiento mental breve sería recomendable como complemento terapéutico en adolescentes con tales características.
Palabras clave: Salud mental, Trastornos de la conducta alimentaria, Adolescencia, Jóvenes, Ejercicio físico.
Abstract:
e main purpose of the present study was to examine the effect of a brief mental training program on the emotional condition,
attitudes toward alimentation and physical activity levels in adolescents suffering from a Non Specific Eating Disorder who have
demanding habits of physical activity. A sample of eight Chilean female adolescents aged 15-17 years performed a brief mental
training program for eight weeks one session per week: 1) Knowledge and establishment of objectives; 2) Focus and awareness
of mind and body; 3) Psychobiological self-control; 4) Repositioning of the control locus; 5) Self-management and control of
thoughts; 6-7) Refocusing and reframing of motivation, and 8) Generalization and responsible approach to the will. e Beck
Depression Inventory, the Eating Attitudes Test EAT–26 and a brief interview about the practise levels and reasons of physical
activity were applied before and aer the program. e results confirmed the effectiveness of the mental training program on the
emotional condition and attitudes toward alimentation and physical activity in the female adolescents intervened. A brief mental
training program could be recommended as a therapeutic compliment in adolescents with these characteristics.
Keywords: Mental health, Eating disorders, Adolescence, Young people, Exercise.
Introducción
La explosión de los medios de comunicación masivos, la emergencia de las redes sociales y la comunicación
virtual han posibilitado que una gran cantidad de estímulos, modelos y tendencias hayan penetrado en las
necesidades de la población con edades cada vez más precoces. Los hábitos de alimentación son un claro
ejemplo de esta influencia. La gran variedad de productos alimenticios, la instalación excesiva de servicios
de alimentación en centros comerciales, y el posicionamiento de las cadenas de comida rápida propician un
desorden nutricional caracterizado por una saturación de grasas y altos niveles de azúcares. Por otro lado,
una alimentación adecuada es aquella que consigue un equilibrio entre lo que el organismo necesita y lo
que ingiere, dotándolo de los nutrientes necesarios para desempeñarse bien (Delgado, Gutiérrez, & Castillo,
2004).
Durante la segunda infancia y principalmente con la llegada de la pubertad, el organismo consume gran
cantidad de energía, que preparará al individuo para posteriormente ejercer su función reproductiva y otras
propias de la adultez. Es normal que en este período aumente el apetito y la necesidad de ingerir los nutrientes
necesarios para la maduración y crecimiento. Según la Organización Mundial de la Salud (Vásquez, de Cos,
& López-Nomdedeu, 2005) más de mil millones de personas en el mundo tienen sobrepeso, de las cuales
300 millones son obesas. En Chile las estadísticas muestran un crecimiento sostenido a través de los años: el
índice de sobrepeso y obesidad entre los siete y nueve años es de un 35%, y de un 20% entre los 10 y 19 años
(Ministerio de Salud, 2005). Por otro lado, la búsqueda de identidad y el proceso de individualización propios
de la pubertad aumentan las inseguridades en el joven, donde el factor imagen corporal es muy relevante
en su autoaceptación y autoestima. Harter (2003) describió un perfil de autopercepción en la adolescencia,
donde para el desarrollo de la autoestima destaca la apariencia física por encima de la aceptación social o la
competencia académica.
En la sociedad occidental se ha asociado el éxito personal, entre otras cosas, con la consecución de una
imagen corporal que resalta la delgadez (Behar, 1996). Los medios de comunicación y la publicidad, la destaca
imponiendo cánones consensuados de éxito (más concretamente de belleza) que distan bastante de la media
ponderal esperable para ciertos rangos de edad, los cuales muchas veces se obtienen producto de estrictas
exigencias y restricciones o por métodos artificiales. Es así como los jóvenes que más se alejan de estos cánones
suelen ser sujetos de discriminación u hostilización por parte de sus pares, provocando insatisfacción y
frustración. Dentro de la gama de alternativas de respuesta del joven, aparece una que cada vez va adquiriendo
más importancia: el Trastorno Alimentario.
Estos trastornos implican una significativa alteración de la conducta, que afecta directamente la ingesta
e implica acciones compensatorias para disminuir el peso corporal, todo motivado por el irrefrenable deseo
de alcanzar la delgadez a toda costa (Franco, Díaz, López-Espinosa, Escoto, & Camacho, 2013). A su
vez, se presenta una evidente alteración de la imagen corporal (Moreno González & Ortiz Viveros, 2009)
acompañada de cambios en el carácter, retraimiento social y rasgos depresivos. Entre los trastornos más
comunes se encuentran: la Anorexia, la Bulimia y el Trastorno Alimentario No Especificado (TANE), en
todos ellos, más del 90% de los casos ocurren en mujeres (American Psychiatric Association, 1994) y la
mayoría padecen otros trastornos psiquiátricos comórbidos que no reciben el tratamiento indicado (Benjet,
Méndez, Borges, & Medina-Mora, 2012).
Para el diagnóstico de la anorexia, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (American
Psychiatric Association, 1994) define los siguientes síntomas: peso corporal por debajo del nivel normal
mínimo esperado para su edad y talla, miedo intenso a ganar peso o a desarrollar obesidad, alteración de
la percepción de la silueta corporal, presencia de irregularidades en el ciclo menstrual y eventualmente
amenorrea en adolescentes post puberales. En el diagnóstico de la bulimia, se identifican atracones recurrentes
y conductas compensatorias inapropiadas de manera repetida, con el fin de no ganar peso y mantener
cierta silueta corporal (American Psychiatric Association, 1994). El TANE se refiere a un trastorno de la
conducta alimentaria que no cumple todos los criterios para la Anorexia ni para la Bulimia (por ejemplo,
disminución de peso, pero estando dentro de los límites de normalidad). Se estima que el TANE puede
representar más de la mitad del total de los trastornos alimentarios (Leija, Sauceda, & Ulloa, 2011). Las
estrategias utilizadas para perder peso corporal consisten en una disminución de la ingesta total, utilización
de purgas y práctica excesiva de ejercicio, los cuales constituyen elementos adversos para el tratamiento y la
rehabilitación. Quienes presentan algún trastorno alimentario y utilizan la actividad física como estrategia
compensatoria, es muy probable que hayan desarrollado una obsesión y cierto grado de adicción. Incluso la
práctica deportiva de alto rendimiento conlleva una preocupación por la estética y la imagen corporal que
puede derivar en síntomas de Trastornos alimenticios (Dosil, 2008). Si el Trastorno Alimenticio aún no
requiere hospitalización, la actividad física prescrita conjuntamente (médico, psicológico, nutricional) podría
obtener resultados positivos y saludables a nivel físico y mental (De la Cruz, Moreno, Pino, & Martínez,
2011; Dunn, Trivedi, Kampert, Clark, & Chambliss, 2005; Palushka & Schwenk, 2000; Tolmunen et al.,
2006), reduciendo la ansiedad y la depresión, y aumentando la socialización (Weinberg & Gould, 1996).
De entre los conocimientos teóricos y empíricos traspasados de la psicología al ámbito del deporte
está el entrenamiento mental, que consiste en dotar al deportista de estrategias mentales que mejoren su
rendimiento y se desarrollen como personas (por ejemplo, establecimiento de objetivos, la visualización, la
relajación progresiva y el control de pensamientos). Una interesante propuesta de intervención psicológica
relacionada con trastornos alimentarios es la de Olmedilla y Andreu (2002) que proponen el auto-registro
en el trabajo directo con el deportista y la participación de todo su entorno social inmediato. No se
ha encontrado intervenciones concretas que usaran el entrenamiento mental para ayudar a desórdenes
alimenticios y hábitos de excesiva práctica física. Los antecedentes más similares se reducen a dos estudios
(Korrelboom, de Jong, Huijbrechts, & Daansen, 2009; Kusel, 1999). El primero consiguió disminuir
las conductas no saludables respecto a la alimentación de chicas de primaria usando un tratamiento de
entrenamiento multimedia de vídeos y discusión de dos días de duración, incluyendo la interiorización del
estereotipo corporal, aumento de la autoestima y percepción de realismo de las circunstancias que provocan
los desórdenes. El segundo estudio también aplicó en pacientes holandesas con desórdenes alimenticios
un programa que incluía trabajar la imagen corporal, entre otras estrategias, con técnicas de imaginación
de escenas personales positivas. De esta manera lograron incrementar su autoestima y disminuir el estado
depresivo. Diversos estudios, reforzando el tratamiento que hemos usado en nuestra investigación, han
concluido que se precisan intervenciones de entrenamiento mental para solucionar trastornos alimenticios
(Carr, 2006; Lloyd & Foster, 2006).
Consecuentemente, el objetivo del presente estudio fue examinar el efecto de un programa de
entrenamiento mental breve sobre el estado afectivo, las actitudes hacia la alimentación y los niveles de
actividad física en adolescentes diagnosticadas con TANE que presentaban hábitos exigentes de actividad
física.
Metodología
Participantes
El protocolo del presente estudio fue primero aprobado por el Comité de Evaluación Ético científico del
Servicio de Salud [eliminado por anonimato]. Además, se ha respetado los acuerdos de la Declaración
de Helsinki en su revisión de octubre del año 2013, elaborada por la Asociación Médica Mundial. A
continuación, se invitó a participar a las adolescentes que fueron diagnosticadas con TANE en un grupo
de Centros de Atención en Salud de la Ciudad de Valparaíso (Chile) en los últimos seis meses. Se informo
ampliamente a todas las adolescentes y a sus tutores legales sobre las características del estudio. Antes de
participar en el presente estudio se obtuvo por escrito el asentimiento informado de las adolescentes y el
consentimiento informado de sus madres, padres o tutores legales. De todas ellas (37 adolescentes), 17
adolescentes con edades entre los 15 y 17 años (media = 16,13 ± 0,64) aceptaron participar en el presente
estudio. Luego de las 17, solo ocho cumplieron con los criterios de inclusión y, por tanto, recibió el programa.
Los criterios de inclusión fueron: (1) Tener una pérdida de peso evidente, aunque dentro de los límites
normales en relación a la edad y talla; (2) Presentar menstruaciones regulares; (3) Asistir a algunos de los
gimnasios de la comuna; (4) Practicar una rutina de actividad física de al menos 90 minutos continuos cuatro
veces por semana (que sin ser inapropiado para jóvenes sanas, sí lo sería considerando el diagnóstico de las
participantes); (5) Estar recibiendo tratamiento farmacológico o psicológico; (6) Señalar en la entrevista
inicial como motivos para la práctica de actividad física aspectos relacionados con el entorno social como
factor determinante e influyente en sus hábitos; (7) Presentar el consentimiento informado firmado por
sus padres, madres o tutores legales, y (8) presentar el asentimiento informado por parte de los escolares.
En cuanto a los criterios de exclusión fueron: (1) No participar en todas las sesiones del programa de
intervención, y (2) No cumplimentar correctamente todas las variables dependientes. Las ocho adolescentes
cumplieron satisfactoriamente con los criterios de exclusión.
Medidas
Estado afectivo. Se aplicó la versión española del Inventario de Depresión de Beck (IDB) (Beck y Ward,
1961), que consta de 21 ítems orientados a medir la sintomatología característica del cuadro. Las afirmaciones
de cada ítem son categorizadas para reflejar el grado de severidad del síntoma, desde su ausencia a su
máxima expresión, para lo cual fueron graduadas de 0 a 3 puntos. La puntuación total fluctúa entre 0 y 63,
correspondiendo a mayor puntuación una mayor sintomatología depresiva. La versión española del IDB
mostró adecuadas propiedades psicométricas entre los adolescentes (Alfa de Cronbach = 0,92; p < 0,001)
(Beltrán, Freyre, & Hernández-Guzmán, 2012).
Actitudes ante la alimentación. Se utilizó la versión española del cuestionario de actitudes ante la
alimentación (EAT–26) (Garner, Olmsted, Bohr, & Garfinkel, 1982), el que consta de 26 ítems cuyo
objetivo es identificar la predisposición psicológica de presentar un trastorno alimentario, reflejando la
relación que el sujeto tiene con la comida. Las afirmaciones poseen seis opciones de respuesta: siempre, casi
siempre, frecuentemente, a veces, rara vez y nunca. Las preguntas desde la 1 a la 24 y la 26 se puntúan de la
siguiente manera: nunca, rara vez y a veces 0 puntos, frecuentemente 1 punto, casi siempre 2 puntos y siempre
3 puntos. Para el caso del ítem 25, la puntuación es inversa. La versión española del EAT-26 mostró adecuadas
propiedades psicométricas (Alfa de Cronbach = 0,90; p < 0,001) (Rivas, Bersabé, Jiménez, & Berrocal, 2010).
Actividad física. Se elaboró un protocolo de entrevista semi-estructurada con tres temas o ítems que
resultaron después de un proceso de validación por 12 jueces expertos, entre los que se encontraban
psicólogos, médicos, docentes de educación física, entrenadores físicos y nutricionistas. Los ítems resultantes
fueron: (1) ¿Cuántas sesiones por semana realiza actividad física?, (2) Cuando realiza actividad física, ¿cuánto
tiempo dedica a cada práctica? y (3) Señale los motivos que tiene para practicar actividad física.
Lo anterior se obtuvo luego de presentar el estudio y sus objetivos a cada uno de los expertos, solicitando
que identificaran los datos fundamentales respecto de los hábitos de práctica de actividad física que deben
obtenerse en una entrevista inicial con las participantes. En un primer momento, cada experto entregó
una propuesta libre de ítems que apuntaban a cuestiones centrales y específicas según su especialidad.
Posteriormente se efectuó una reunión conjunta con todos los expertos, se discutió al respecto y se
formularon los tres ítems finales.
Procedimiento
Debido a la limitación ética de no realizar el tratamiento con todos las participantes, el presente estudio
siguió un diseño preexperimental pretest-postest (Ato, López, & Benavente, 2013). El protocolo que se siguió
consistió en contactar a las autoridades de los centros de salud de la red asistencial de Valparaíso, explicar los
alcances del estudio, y ofrecernos para trabajar con las pacientes que se ajustaran a los objetivos de éste. En
los centros que aceptaron la propuesta, se procedió a revisar los ingresos y diagnósticos diarios de los últimos
seis meses, encontrando un total de 37 casos potenciales. Se citó a cada una de las participantes potenciales
a una entrevista de evaluación, constatando que 17 cumplían con los criterios de inclusión fijados para este
estudio. A estas últimas se les habló acerca del programa y se les citó a una segunda entrevista acompañada de
alguno de sus padres, donde a cada una de ellas se les aplicaron las pruebas de medición. Finalmente, se contó
con el consentimiento para trabajar con ocho adolescentes a las que una semana después se les comenzó a
aplicar de programa.
El entrenamiento mental breve consistió en un programa de intervención psicológica de ocho sesiones,
orientado a reencuadrar las actitudes que presentaban los sujetos tanto hacia sí mismo como hacia la comida
y la actividad física. El programa tiene un enfoque cognitivo de corte integrativo, enfatizando los aspectos
actitudinales, los valores, y los aspectos emocionales y conductuales. Su construcción tomó como base,
entre otros, un modelo de intervención cognitivo conductual para la depresión enmascarada (de la Cerda
& de la Maza, 1997) y un programa de intervención escolar para la prevención primaria de trastornos
alimentarios (Ruiz-Lázaro, 2000). Las sesiones, todas ellas grupales y desarrolladas bajo la modalidad taller,
se distribuyeron en ocho semanas (una sesión de 2 horas de duración por semana) de la siguiente forma:
Sesión nº 1. Conocimiento y establecimiento de objetivos. Orientada a enfocar las metas y alcances del
programa, delinear expectativas, facilitar el conocimiento grupal y establecer la confianza básica necesaria
para impulsar el aprendizaje individual y colectivo. Las técnicas utilizadas fueron: dinámica de presentación
individual y presentación de los objetivos del taller y cronograma de trabajo (30 minutos), exposición
individual de experiencias relacionadas con la imagen corporal y la conducta alimentaria (40 minutos), charla
sobre nutrición y hábitos de vida saludable (20 minutos), reflexión grupal acerca de la imagen corporal y su
importancia en el autoconcepto y bienestar psicológico (30 minutos).
Sesión nº 2. Focalización y toma de conciencia mental y corporal. Orientada a propiciar el autoconocimiento,
la autoaceptación y reconocimiento de las propias señales mentales y corporales a la base de los hábitos
y comportamientos. Las técnicas utilizadas fueron: presentación individual del yo real y el yo ideal (30
minutos), el árbol de mi autoestima (30 minutos), ejercicios individuales y grupales de imaginería y captación
de ritmos biológicos y sensaciones corporales sentidas (40 minutos), reflexión grupal acerca del papel de la
mente, el pensamiento y la inteligencia en el bienestar psicológico (20 minutos).
Sesión nº 3. Autocontrol psicobiológico. Orientada a propiciar el control emocional y automanejo
sintomático mediante el aprendizaje y práctica de estrategias de relajación corporal y visualización
cognitiva. Reinterpretación de imágenes pasadas, presentes y futuras, orientándolas al logro de bienestar
físico y emocional. Las técnicas utilizadas fueron: entrenamiento en relajación progresiva (20 minutos),
entrenamiento autógeno (20 minutos), reflexión grupal y conclusiones (20 minutos), visualización (15
minutos), modelado encubierto (15 minutos), reflexión final y conclusiones (30 minutos).
Sesión nº 4. Reposicionamiento del locus de control. Orientada a re-significar el valor de la propia voluntad y
del sentido del yo como principal agente de cambio para el logro del bienestar personal. Las técnicas utilizadas
fueron: análisis individual de experiencias recientes relacionadas con los hábitos alimenticios y la actividad
física (30 minutos), explicación de los conceptos de atribución y locus de control y ejercitación en base a
experiencias personales (30 minutos), reorientación de las experiencias analizadas considerando un locus de
control interno y expectativas de autoeficacia adecuadas (30 minutos), reflexión autoevaluativa individual
y grupal en relación a lo trabajado y logros obtenidos hasta el momento, primera mitad del programa (30
minutos).
Sesión nº 5. Autogestión y control de los pensamientos. Orientada a la identificación de pensamientos
facilitadores y perturbadores relacionados con los hábitos alimenticios y otros, alineación de dimensiones
cognitivas, emocionales y conductuales. Las técnicas utilizadas fueron: exposición de modelo psicológico
cognitivo conductual, enfatizando la importancia de los pensamientos en las respuestas emocionales
y conductuales (20 minutos), aplicación de ejercicios experienciales orientados a la identificación y
reestructuración de pensamientos automáticos e ideas irracionales (40 minutos), aprendizaje de estrategias
pragmáticas y aplicadas de reencuadre cognitivo y solución de problemas (40 minutos), reflexión final y
conclusiones (20 minutos).
Sesión nº 6. Re-focalización y reencuadre motivacional (parte 1). Dirigida a la reorientación de prioridades
y prácticas, análisis experiencial de la situación presente y sus perspectivas a futuro (corto, mediano y
largo plazo) relacionado con los hábitos alimenticios y práctica de actividad física. Las técnicas utilizadas
fueron: exposición de película “Malos hábitos” [1ª parte], México, 2007 (60 minutos), reflexión y análisis
(20 minutos), elaboración individual y asistida de línea de la vida futura, definiendo metas y estrategias de
consecución a corto, mediano y largo plazo relacionada con los hábitos alimenticios y práctica de actividad
física (20 minutos), exposición del plan personal ante el grupo y conclusiones (20 minutos).
Sesión nº 7. Re-focalización y reencuadre motivacional (parte 2). Dirigida al análisis de situaciones vitales
posibles de enfrentar en distintos escenarios vitales: personales, escolares, afectivos y sociales. Orientación
al logro de objetivos de autocuidado y crecimiento personal, potenciando la práctica de hábitos de vida
saludables. Las técnicas utilizadas fueron: exposición de película “Malos hábitos” [2ª parte], México, 2007
(60 minutos), reflexión y análisis (20 minutos), elaboración individual y asistida de la línea de la vida futura,
definiendo metas y estrategias de consecución a corto, mediano y largo plazo relacionada con otros escenarios
vitales (20 minutos), exposición del plan personal ante el grupo y conclusiones (20 minutos).
Sesión nº 8. Generalización y enfoque responsable de la voluntad. Orientada al reforzamiento de los
principios y métodos aprendidos, a la retroalimentación respecto de lo vivido en las ocho sesiones y al
establecimiento de compromiso personal de autocuidado. Las técnicas utilizadas fueron: debate reflexivo,
análisis y valoración personal y grupal respecto de la participación en el programa (60 minutos), visualización
y ensayo cognitivo respecto de “mi vida futura” (20 minutos), elaboración de una carta personal a familiares
y seres queridos “Yo me comprometo con mi salud, me conozco, me quiero y me cuido” y posterior lectura
de carta al resto del grupo (30 minutos), cierre y palabras motivacionales finales por parte del facilitador (10
minutos).
Después de una semana de haber finalizado el programa, se aplicaron nuevamente los instrumentos de
medición, citando individualmente a cada participante. Con el fin de obtener datos comparativos, también
se citó a las nueve adolescentes que no dieron su consentimiento para participar en el programa, sin embargo,
ninguna de ellas finalmente asistió.
Análisis estadístico
Se realizó una estadística descriptiva (media ± desviación estándar/ frecuencia y porcentaje) de todas las
variables dependientes. Posteriormente, se aplicó la prueba de Wilcoxon para comparar los valores de las
dos mediciones efectuadas con el IDB y el EAT-26 y para el nivel de actividad física (días a la semana y
minutos de práctica de actividad física por sesión). Luego se analizó el contenido de la tercera pregunta de la
entrevista correspondiente a motivos de práctica. Además de categorizar la aparición o no de cada motivo en
cada participante, se tabuló tantas veces como se hubieran dicho, ya que consideramos que era un indicador
de la importancia otorgada por las participantes a estos motivos de práctica que aportaba en sus respuestas. El
tamaño de efecto se estimó mediante el valor r (Field, 2017). De acuerdo con las directrices de Cohen (1992),
se estableció valores de r igual a 0,10-0,29 como bajos, 0,30-0,49 como moderados y 0,50-1,00 como altos. Los
análisis estadísticos se realizaron mediante el programa estadístico SPSS versión 21.0 para Windows (SPSS®
Inc., Chicago, IL). El nivel de significación estadística se estableció en p < 0,05.
Resultados y discusión
La Tabla 1 muestra el efecto del programa de entrenamiento mental breve sobre el estado afectivo, actitudes
ante la alimentación y niveles de actividad física. Los resultados de la prueba de Wilcoxon mostraron que
el programa de intervención disminuyó estadísticamente los niveles de estado afectivo, actitudes ante la
alimentación y niveles de actividad física (p < 0,05). Además, el tamaño del efecto fue alto (#r# = 0,63-0,65).
TABLA 1
Efecto del programa de entrenamiento mental breve sobre el estado
afectivo, actitudes ante la alimentación y niveles de actividad física (n = 8)
En relación a los motivos de la práctica de actividad física, los resultados se muestran en la Tabla 2. Antes de
aplicado el programa las respuestas más frecuentes apuntaban a motivos que podemos considerar negativos
(control del peso, 43%; imagen corporal, 30%). Sin embargo, después del programa la distribución de las
respuestas fue más dispersa y hubo un notorio cambio en la tendencia hacia respuestas consideradas como
positivas (salud, 23%; estado de ánimo, 19%; y relajación, 17%).
Algunos ejemplos de respuesta de las categorías señaladas fueron las siguientes: Salud: “sentirme mejor
físicamente”, “cuidar mi cuerpo”; Estado de ánimo: “sentirme con más energía”, “estar menos triste”;
Relajación: “controlar la ansiedad”, “tranquilizarme, relajarme”; Autoestima: “aceptarme más”, “sentirme
mejor conmigo misma”; Imagen corporal: “verme más atractiva”, “poder mirarme al espejo”; Control del
peso: “bajar de peso”, “estar más flaca”.
TABLA 2
Número de participantes que aportaban cada motivo de práctica de actividad
física y cantidad total en que los mencionaban (entre paréntesis) (n = 8)
criterios de inclusión aplicados en este estudio son escasos, aunque debemos tener en cuenta que el estudio
contó primeramente con 37 participantes y se intentó intervenir con 17. Al mismo tiempo, resaltamos que
no hay estudios previos que relacionen directamente todas las variables consideradas en esta investigación.
Finalmente, considerando todo lo anterior, estamos en condiciones de sugerir la aplicación del presente
entrenamiento mental breve para mejorar el estado afectivo, las actitudes hacia la alimentación y la
percepción de la actividad física en adolescentes diagnosticadas con TANE que practiquen una rutina
exigente de actividad física.
Conclusiones
Un programa de entrenamiento mental breve, de ocho sesiones de duración distribuidas en ocho semanas, es
efectivo disminuyendo la sintomatología depresiva, mejorando la actitud hacia la alimentación y mejorando
los motivos y la práctica de actividad física en adolescentes diagnosticadas con TANE y aficionadas a rutinas
exigentes de actividad física. Por tanto, un programa de entrenamiento mental breve sería recomendable
como complemento terapéutico en adolescentes con tales características.
Agradecimientos
Los autores agradecemos al [eliminado por anonimato] y a los directores de los Centros de Salud participantes
por permitir la puesta en práctica de este estudio otorgando todas las facilidades logísticas y estructurales
para ello.
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