Los Costos La Falta de Pago y El Financiamiento de Terceros en El Arbitraje Comercial

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Los costos, la falta de pago y el financiamiento de

terceros en el arbitraje comercial

Autor: Fred Aarons P.

Fred Aarons P. ha completado todos los estudios requeridos para optar al Doctorado en Ciencias, Mención Derecho
(Universidad Central de Venezuela, Venezuela); Master en Banca de Desarrollo con Especialidad en Finanzas (American
University, Washington, D.C., EE.UU.); Master en Derecho, Estudios Legales Internacionales, con Especialidad en Comercio y
Banca Internacional (Washington College of Law, American University, Washington, D.C., EE.UU.); Abogado (Universidad
Católica Andrés Bello, Venezuela). Ha sido Profesor de Contratos y Garantías y de Contratos Bancarios a nivel de Pre-Grado y
Post-Grado, respectivamente, (Universidad Central de Venezuela, Venezuela), así como Profesor de Regulación Financiera
(Instituto de Estudios Superiores de Administración-IESA, Venezuela). En la actualidad es Profesor de Legislación Financiera a
nivel de Post Grado (Universidad Central de Venezuela, Venezuela). Miembro Fundador de la Asociación Venezolana de
Arbitraje.

1
Índice

I. Los Costos en el arbitraje comercial. 3


II. La falta de pago de los costos en el arbitraje. 4
III. La falta de pago de los costos por una de las partes. 7
IV. La falta de pago de los costos por ambas partes. 8
V. Los costos en caso de reconvención. 9
VI. Los costos en caso de cuantías indeterminadas u objeto de incremento en 9
el tiempo, o por actividades extraordinarias.
VII. El estado de pobreza y el arbitraje 10
VIII. El financiamiento de terceros en el arbitraje comercial 13
IX. Conclusiones 19
X. Referencias bibliográficas 21

2
I. Los Costos en el arbitraje comercial
Una de las ventajas del arbitraje es la posibilidad de prever sus costos, los cuales incluyen la
tarifa de registro, la tarifa administrativa, los honorarios de los árbitros y los gastos asociados al
expediente (Droulers y Vaamonde, 2013).

La adecuada relación entre la obtención de un laudo arbitral en el menor tiempo posible y


con costos razonables maximiza la relación costo-beneficio resultante del proceso arbitral.

Asumiendo que los costos del arbitraje comercial sean razonables, tal como lo promueve
la mayoría de las legislaciones y reglamentos de centros arbitrales en América Latina, existen
circunstancias que determinan que los costos en el arbitraje sean un aspecto de relativa
preocupación de las partes interesadas en acudir al arbitraje como alternativa válida y eficiente
para solucionar las controversias que puedan surgir en relación con sus relaciones contractuales.

Ante la decisión de las partes de acudir a un proceso arbitral para dirimir sus controversias
comerciales, surge una variedad de aspectos relevantes en materia de costos que ameritan la
atención de las partes, los árbitros, los centros arbitrales y eventualmente de terceros vinculados
directa o indirectamente con tal proceso, tales como peritos, expertos, financistas, entre otros.

En el arbitraje la justicia es sufragada por las partes ya sea en seguimiento del acuerdo
alcanzado al momento de contratar, o por los requisitos establecidos en la legislación pertinente,
sea ésta la ley de arbitraje o el código normativo que corresponda de acuerdo con el marco
regulatorio aplicable, o por el reglamento al cual las partes se hayan adherido para tramitar el
procedimiento arbitral y alcanzar la solución de las controversias suscitadas, como consecuencia
de las transacciones pactadas.

El arbitraje comercial ha venido ganando adeptos progresivamente en el tiempo como


alternativa para la solución de controversias comerciales. Tal circunstancia ha suscitado que las
partes que requieran acudir a esta elección dispongan y aporten de buena fe los recursos
suficientes para costear su tramitación. Cada vez es más frecuente que alguna de las partes no
disponga de los recursos necesarios para sufragar los costos y gastos inherentes al arbitraje
comercial, o que haga uso de algún ardid jurídico para evitar el pago de los costos del arbitraje.
El pago de los costos en el arbitraje es una obligación propia del acuerdo arbitral en
sentido lato, cuando las partes estipulan el sometimiento de cualquier controversia que se suscite

3
al arbitraje, sea éste de derecho o equidad. Sin embargo, aun cuando las obligaciones y derechos
de las partes contratantes de la cláusula compromisoria surgen esencialmente de ésta, las partes
usualmente no hacen referencia expresa al esquema aplicable para atender al pago de los costos
relacionados con el arbitraje. De allí que haya que acudir de manera subsidiaria a la ley aplicable
o al reglamento según el cual las partes hayan acordado tramitar la controversia, con el fin de
determinar de forma específica el tratamiento aplicable en relación con el pago de los costos, o
ante la falta de pago, en un procedimiento regido por normas de arbitraje comercial.

La ley de arbitraje comercial vigente en Venezuela1 establece en su artículo 20 lo


siguiente:

“Decidida la fijación de gastos y honorarios, cada parte consignará, dentro de los diez (10) días
siguientes lo que le corresponda por tal concepto. …Si una de las partes consigna lo que le corresponde y
la otra no, aquella que hubiere consignado podrá hacerlo por la otra dentro de los quince (15) días
hábiles siguientes…”(subrayado nuestro).

La falta de pago de los costos en el arbitraje ha generado situaciones de inequidad entre


las partes, las cuales han llegado a enervar la relación de equilibrio económico que debería
mantenerse en cualquier proceso arbitral que pretende ofrecer una solución razonable a la
controversia suscitada. La situación que surge cuando una de las partes debe asumir la totalidad
de los costos del arbitraje por la falta de pago de la otra, representa una realidad peligrosa que
coloca al financista del arbitraje en desbalance o desventaja económica en relación a su
contraparte, que se comprometió al igual que él, mediante el acuerdo arbitral, a cumplir con todas
las obligaciones inherentes al arbitraje (Ojeda Freites, Valente Girado, 2013, pp. 239, 240).

II. La falta de pago de los costos en el arbitraje


El pago de los costos en el arbitraje parte del principio equitativo de que los mismos sean
repartidos a prorrata entre las partes contratantes. No obstante, cuando alguna de las partes no
pague la porción correspondiente, entonces surgen circunstancias que ameritan un análisis
particular con el objeto de promover mecanismos que re-establezcan el equilibrio económico
entre las partes con motivo de la falta de pago de una de ellas. La Ley de Arbitraje Comercial no
establece de manera específica el tratamiento que deba aplicarse ante la falta de pago de los

1
Gaceta Oficial Ordinaria No. 36.430 de fecha 7 de abril de 1998.
4
costos, salvo lo referente a la facultad que tiene una de las partes de aportar la porción faltante
ante la falta de disposición o medios de la otra.

La Ley General de Arbitraje de la República del Perú (Ley N° 26572) es más precisa en
el alcance otorgado al tratamiento de los costos y el régimen aplicable en caso de que éstos no se
honren. En tal sentido, dicha ley contiene disposiciones que establecen las facultades de los
árbitros de imponer sanciones a las partes en caso de verificarse algún incumplimiento de sus
obligaciones derivadas del convenio arbitral, por una parte, y por la otra, la relevancia que tiene
el convenio arbitral para precaver de formar puntual las circunstancias que puedan producirse en
caso de incumplimiento de las obligaciones de pago de gasto objeto de análisis.2

Lo usual en nuestro fuero, sin embargo, ha sido que las partes someten la controversia
comercial suscitada a arbitraje mediante la referencia genérica al procedimiento institucional
establecido por algún centro constituido para tramitar dichas controversias mediante el laudo
dictado por los árbitros designados. Por ello no suelen anticipar, al momento de redactar la

2
EL CONVENIO ARBITRAL
Artículo 9o.- Definición de convenio arbitral.- El convenio arbitral es el acuerdo por el que
las partes deciden someter a arbitraje las controversias que hayan surgido o puedan surgir
entre ellas respecto de una determinada relación jurídica contractual o no contractual, sean
o no materia de un proceso judicial. El convenio arbitral obliga a las partes y a sus
sucesores a la realización de cuantos actos sean necesarios para que el arbitraje se
desarrolle, pueda tener plenitud de efectos y sea cumplido el laudo arbitral. El convenio
arbitral puede estipular sanciones para la parte que incumpla cualquier acto indispensable
para la eficacia del mismo, establecer garantías para asegurar el cumplimiento del laudo
arbitral, así como otorgar facultades especiales a los árbitros para la ejecución del laudo en
rebeldía de la parte obligada. Independientemente de lo dispuesto en el párrafo anterior, los
árbitros se encuentran facultados para imponer multas hasta por un máximo de dos (2)
Unidades Impositivas Tributarias a la parte que no cumpla sus mandatos. Estas multas que
serán en favor de la otra parte, constarán en el laudo arbitral y se ejecutarán
conjuntamente con éste último.
Artículo 52o.- Costos del Arbitraje.- Los árbitros se pronunciarán en el laudo sobre los
gastos del arbitraje, teniendo presente, de ser el caso, lo pactado en el convenio. Los gastos
incluyen, pero ni se limitan, a las retribuciones de los árbitros y de los abogados de las
partes; las retribuciones del secretario que se hubiera nombrado, si éste no fuese árbitro;
los gastos de protocolización del laudo, cuando se hubiera pactado; y, en su caso, la
retribución a la institución arbitral. Adicionalmente, los árbitros deberán determinar el
monto de la multa a que se refiere el último párrafo del Artículo 9o, cuando ello
corresponda. Si el convenio no contiene pacto alguno sobre gastos, los árbitros se
pronunciarán en el laudo sobre su condena o exoneración, teniendo en consideración el
resultado o sentido del mismo.
5
cláusula compromisoria, cuál es el procedimiento aplicable de manera específica en caso de que
alguna de las partes incumpla con sus obligaciones de pago de los costos relacionados con el
eventual arbitraje comercial de que se trate. En tal sentido, las partes podrían, en la cláusula
compromisoria otorgar amplias facultades a los árbitros para que adopten medidas conducentes a
evitar situaciones que susciten el desequilibrio de la relación económica entre las partes en
relación con el pago de costos del arbitraje. Tales medidas podrían incluir la adopción de
medidas preventivas por parte de los árbitros para no hacer ilusoria la pretensión de recuperar los
costos pagados por cuenta de la contraparte, como la aplicación de sanciones dirigidas a mitigar
tal situación mientras previene la suspensión del proceso arbitral ante la eventualidad de que
dicha parte no disponga de los recursos para suplir el incumplimiento de pago de la otra.

En Venezuela, estimamos que los árbitros no tendrían la facultad de imponer sanciones


ante la ausencia de un acuerdo contractual, el cual puede ser específico según los términos de la
redacción de la cláusula compromisoria, o genérico, por remisión a un procedimiento arbitral que
atienda debidamente las diversas alternativas que pudieran presentarse ante la falta de pago por
alguna de las partes.

Ante la conducta abusiva de las partes, o alguna de ellas, en un procedimiento arbitral, los
árbitros podrán imponer sanciones a la parte responsable por semejante conducta sólo si el
acuerdo entre éstas incluya, explícita o implícitamente la facultad otorgada a los árbitros para
imponer sanciones. “Es generalmente entendido que un árbitro no tiene dicho poder ante la
ausencia de una provisión contractual” (Vairo, 2006, p. 322). Entonces, la cláusula
compromisoria debe constituirse en la primera instancia para atender semejante eventualidad, por
lo que sugerimos considerar los términos siguientes en una cláusula compromisoria modelo:

“Cualquier controversia contractual que se suscite en relación con este contrato, o que guarde relación
con éste, será resuelta mediante arbitraje de [derecho] [equidad], de conformidad con las leyes de
_______, en la ciudad de [ciudad/país], de conformidad con el reglamento de________, por [un][tres]
árbitro(s) nombrados conforme a este Reglamento. Los árbitros podrán dictar medidas cautelares,
inclusive antes de que quede constituido el Tribunal Arbitral que conocerá el fondo de la controversia,
las cuales podrán ser dictadas para asegurar el cumplimiento de las obligaciones de las partes en el
arbitraje, inclusive las causadas con ocasión del pago de los costos y gastos del arbitraje,
independientemente de cualquier sanción que pueda[n] imponer [el][los] árbitro[s] ante cualquier
eventual incumplimiento de cualquiera de las partes, las cuales serán determinadas de la manera
siguiente:________. El laudo arbitral [no] será motivado y [no] será objeto de presentación previa. La

6
citación para la contestación de la demanda de arbitraje se realizará en la dirección de la parte
demandada indicada en este contrato”.

El texto enfatizado antes transcrito pretende que las partes acuerden de manera anticipada
la posibilidad de que sus obligaciones en el arbitraje, inclusive las relativas al pago de los costos
y gastos del arbitraje puedan ser cumplidas mediante la adopción de medidas cautelares, además
de la eventual imposición de las sanciones que las partes acuerden anticipadamente. La redacción
propuesta incide de manera determinante en que el pago de los costos del arbitraje o su
inexistencia forme parte integrante desde el inicio de los términos de referencia relativos a los
asuntos controvertidos objeto de decisión arbitral, así como que los árbitros atiendan durante el
desarrollo del procedimiento lo conducente para restablecer el equilibrio económico entre las
partes en el arbitraje.

III. La falta de pago de los costos por una de las partes


De manera alternativa y subsidiaria, es cada vez más frecuente que los reglamentos de las
instituciones responsables de administrar los procedimientos arbitrales incluyan disposiciones
dirigidas a establecer medidas específicas para atenuar los efectos perniciosos provocados por la
falta de pago de los costos en el arbitraje por una de las partes. En tal sentido, el reglamento del
Centro Empresarial de Conciliación y Arbitraje Cedca dispone en su artículo 55.10 un
mecanismo indemnizatorio establecido por los árbitros para restablecer el equilibrio económico
entre las partes con motivo de la reticencia de una de ellas de efectuar el pago de los costos del
arbitraje.3 La disposición anterior representa una novedad introducida con ocasión de la reforma
del citado reglamento vigente a partir del 15 de febrero de 2013, dirigida a precaver situaciones
abusivas de alguna de las partes en el arbitraje comercial que atenten contra el equilibrio
económico en este proceso.

3
Artículo 55.10. En caso que una de las parte no haya pagado la cuota que le corresponda
del anticipo de gastos y honorarios fijados por el Director Ejecutivo, conforme a lo previsto
en el artículo 55.2 de este Reglamento, el Tribunal Arbitral tendrá plena facultad para
condenar a pagar a la parte reticente una suma por concepto de indemnización a favor de
la parte que hubiere sufragado íntegramente los gastos y honorarios del arbitraje. A tal fin
el Tribunal Arbitral gozará de las más amplias potestades para realizar la determinación
de la suma a pagar, a través de la cual se procurará proporcionar a quien haya pagado,
una situación económica equivalente a la que tendría, si la otra parte hubieses efectuado el
pago que le correspondía conforme a lo previsto en este Reglamento.

7
A modo comparativo, otros reglamentos tienden a mantener una posición más contemplativa
ante la falta de pago de los costos por una de las partes, como es el caso del reglamento del
Centro de Arbitraje y Mediación de Santiago (CAM Santiago), según el cual, ante la
circunstancia descrita, el tribunal arbitral podría ordenar el pago de los costos exigibles a cada
una de las partes, y puede así suspender el procedimiento cuando una de las partes no pague la
cantidad exigida por concepto de costos4. Semejante posición contrasta ostensiblemente con la
normativa equivalente del reglamento del Cedca. De manera alternativa, el reglamento de
arbitraje del Centro de Mediación y Arbitraje Comercial de la Cámara Argentina de Comercio
(Cemarc) permite la constitución de una garantía o caución de fácil liquidación ante la falta de
pago de los costos en el arbitraje comercial.5

IV. La falta de pago de los costos por ambas partes


La falta de pago de los costos por ambas partes en el arbitraje comercial, o la falta de pago, de
manera directa o subsidiaria, por la parte reticente, provoca la inmediata suspensión del proceso
arbitral; ésta por lo general es de carácter indefinido. En relación con este aspecto, el
Reglamento CAM Santiago establece un lapso prudencial de suspensión antes de que se produzca
la caducidad de la acción arbitral. En el caso del reglamento del Cemarc, la falta de pago por

4
Artículo 43 º.-Falta de pago de honorarios arbitrales. Si todas o alguna de las partes no
hubieren pagado los honorarios arbitrales que correspondan a la tramitación de la
demanda principal o a la tramitación de la demanda reconvencional, en la forma y
oportunidad previstas para ello, el Tribunal Arbitral de oficio dictará una resolución
ordenando el cumplimiento de esta obligación dentro de un plazo no superior a diez días
contado desde su notificación. Vencido este plazo sin que el pago se hubiere realizado por la
parte a la que corresponde hacerlo o, en subsidio, por cualquiera de las demás partes del
proceso, el Tribunal Arbitral podrá decretar la suspensión del procedimiento respecto de la
demanda principal o reconvencional, según correspondiere, hasta que se efectúe el pago del
honorario pendiente, por cualquiera de las partes. En todo caso, al cabo de dos años
contados desde la aceptación del cargo por parte del Árbitro, expirará el plazo del arbitraje
respecto de la acción que se encontrare suspendida por este motivo. Los montos
correspondientes a honorarios que ya hubieren sido percibidos por el Tribunal Arbitral no
serán restituidos.
5
Artículo 29.6 - A petición de parte, el Director de Procedimiento podrá disponer,
únicamente respecto del monto estimado para cubrir los honorarios de los árbitros, que las
partes en vez de depositarlos otorguen garantía suficiente de su pago que sea susceptible de
liquidación inmediata. En cualquier momento con posterioridad a la producción de las
pruebas, el Tribunal Arbitral podrá disponer que se reemplace dicha garantía por dinero
efectivo.
8
ambas partes resulta en la renuncia del procedimiento arbitral y el consecuente encausamiento del
proceso ante la justicia ordinaria. Como observamos, cada reglamento tiende a diferir en el
tratamiento otorgado ante la eventual falta de pago de los costos en el arbitraje comercial, razón
por la cual sugerimos a las partes contratantes atender de forma inequívoca semejante situación
mediante la incorporación del lenguaje necesario en la cláusula compromisoria que las partes
estipulen al momento de celebrar el contrato objeto de eventual controversia.

V. Los costos en caso de reconvención


La reconvención en un proceso de arbitraje comercial, al igual que en el procedimiento ordinario,
se produce cuando el demandado presenta una demanda contra el demandante dentro del marco
de un procedimiento que ya existe.6 Sobre este particular, lo pertinente en relación con los costos
y su pago es determinar en forma separada la cuantía del asunto principal y la cuantía del asunto
de que trata la demanda en reconvención, estableciéndose en consecuencia, igualmente de forma
separada, el monto de los honorarios que correspondan por la tramitación de cada demanda.
Semejante aproximación es adoptada de manera uniforme en los reglamentos de arbitraje tanto
del Cedca como del Centro de Arbitraje de la Cámara de Caracas y en el de sus pares en
América Latina. Sobre el particular, es necesario resaltar que la falta de pago de los costos del
arbitraje en una demanda no debería afectar la tramitación de la otra, puesto que es independiente
su tramitación.

VI. Los costos en caso de cuantías indeterminadas u objeto de


incremento en el tiempo, o por actividades extraordinarias
Según el reglamento del Centro de Arbitraje de la Cámara de Caracas los costos de las demandas
y de las reconvenciones quedarán determinados según los criterios de valor de la solicitud de
arbitraje y de la reconvención, según fuere el caso.7 Si la cuantía fuere indeterminada lo
conveniente es que se establezcan los costos prudencialmente fijados por el Tribunal Arbitral en

6
Artículos 365 y 369 del Código de Procedimiento Civil venezolano.
Valor de la Solicitud de Arbitraje es aquel que se determina sumando a las cantidades que
el demandante solicite por concepto de capital, los intereses, daños y perjuicios, gastos y
costas y todo aquello que solicite sea agregado al capital.
Valor de la Reconvención es aquel que se determina sumando a las cantidades que el
Reconviniente solicite por concepto de capital, los intereses, daños y perjuicios, gastos y
costas y todo aquello que solicite sea agregado al capital.

9
forma separada respecto de la demanda principal y la demanda reconvencional. Sobre este
particular, es relevante destacar la necesidad de que los árbitros estén atentos de manera especial
en caso de que la cuantía de la demanda pueda requerir ajustes previos a la emisión del laudo
arbitral, como suele suceder en las demandas por cantidades resultantes de obligaciones
contractuales de tracto sucesivo o por indemnizaciones acordadas por las partes contratantes que
sean indexadas en función del transcurso del tiempo.

La determinación del ajuste en la cuantía es relevante, independientemente del monto


menor originalmente demandado. Opinamos que tal ajuste en la cuantía final del monto de la
demanda, siempre que se trate como resultado de una cuantía principal por encima del monto
inicial y que sólo pueda ser determinada con anticipación a la oportunidad en que se dicte el
laudo arbitral, debe ser la base de referencia para determinar los costos del arbitraje. De otro
modo, a nuestro parecer, el demandante tendría un tratamiento preferente en cuanto a la
determinación de la cuantía de la demanda y el consecuente cálculo de los costos
correspondientes del arbitraje comercial. De verificarse tal circunstancia, los árbitros, o en su
defecto el centro responsable de administrar el arbitraje, deberían hacer la verificación
correspondiente y promover los trámites necesarios para que se produzca el ajuste y el
consecuente pago de costos correspondientes. Hemos de resaltar que en algunas circunstancias
los árbitros podrían obviar tal trámite con el fin de evitar cualquier apariencia de conflicto de
interés puesto que, de aumentarse la cuantía del monto principal demandado, los costos
aumentarían, esto podría incidir en un aumento de la remuneración de los árbitros. Por ello es
determinante que las partes hayan acordado un régimen particular para atender los costos
mediante la cláusula compromisoria, según los términos antes expuestos o cualesquiera otros que
tengan efecto similar y que el reglamento procedimental aplicable para el caso de arbitraje
comercial de que se trate provea de suficientes herramientas para persuadir de manera efectiva a
las partes a pagar los costos adicionales oportunamente. Igual planteamiento aplicaría en caso de
que se hayan verificado costos adicionales a lo largo del proceso arbitral que amerite el pago de
cantidades adicionales por conceptos relacionados con experticias complementarias al fallo, o
cualquier peritaje o actividad extraordinaria sobrevenida en el curso del proceso arbitral.

VII. El estado de pobreza y el arbitraje


Otro aspecto que amerita nuestro análisis, en relación con el pago de costos en el arbitraje

10
comercial, es la posibilidad de alegar el estado de pobreza de cualquiera de las partes en el
proceso arbitral. El arbitraje ha sido considerado tradicionalmente un procedimiento de relativo
alto costo en comparación con otras alternativas de solución de controversias. De allí que haya
surgido la percepción de que tales altos costos pudieran constituirse en una barrera para acceder
al arbitraje comercial. En los procesos de jurisdicción ordinaria en Venezuela, tanto de naturaleza
contenciosa como voluntaria, está a disposición de las partes la posibilidad de eximirles del pago
de costos y costas en caso de otorgarse el beneficio de “justicia gratuita” a favor de la parte
afectada por semejante situación económica. En tal sentido, en las disposiciones contenidas en
los artículos 175 y siguientes del Código de Procedimiento Civil se regula el beneficio de justicia
gratuita, el cual es otorgado a quienes el tribunal o la ley consideran elegibles por solicitud que
podrá ser presentada en cualquier estado y grado de la causa. De conformidad con los términos
del artículo 178 del Código de Procedimiento Civil de Venezuela:

“Los Tribunales concederán el beneficio de la justicia gratuita a quienes no tuvieren los medios
suficientes, ya para litigar, ya para hacer valer de manera no contenciosa algún derecho. Este
beneficio es personal, sólo se concederá para gestionar derechos propios, y gozarán de él, sin
necesidad de previa declaratoria, las personas que perciban un ingreso que no exceda del triple del
salario mínimo obligatorio fijado por el Ejecutivo Nacional, los institutos de beneficencia pública y
cualesquiera otros a los que la ley lo conceda en los asuntos que les conciernan. La circunstancia de
ser el solicitante propietario de la vivienda en que resida, no constituirá por sí mismo un impedimento
para la concesión del beneficio. Dicho beneficio podrá ser cesado por el tribunal correspondiente en
cualquier estado y grado de la causa si se llegare a demostrar que el beneficiario de la justicia
gratuita dispone de medios económicos suficientes”.

El beneficio de justicia gratuita, según lo dispuesto en el Código de Procedimiento Civil


de Venezuela, consiste en otorgar como principales derechos (i) la designación de un defensor
que sostenga los derechos del beneficiario gratuitamente, (ii) la exención de pago de aranceles;
(iii) la exención del pago de tasas u honorarios a los auxiliares de la justicia, tales como
intérpretes, peritos, depositarios, asociados, prácticos y otros, los cuales estarán obligados a
prestar gratuitamente sus servicios en el asunto cuando actúen a solicitud del beneficiario de la
justicia gratuita.

Es de hacer notar que quien haya litigado gratuitamente quedará obligado a pagar el papel
sellado, las estampillas, los honorarios de su defensor y las demás costas que hubiere causado o

11
en que se le hubiere condenado, si dentro de los tres años siguientes a la terminación del proceso
llegare a mejor fortuna (Artículo 180 del Código de Procedimiento Civil).

En el contexto del arbitraje comercial cabe preguntar si sería conveniente y posible aplicar
–mutatis mutandi– el beneficio de justicia gratuita.

Estimamos que el otorgamiento de un beneficio de similares efectos podría facilitar no


sólo la inclusión de cláusulas compromisorias mediante las cuales se sometan las controversias a
arbitraje, sino que podría mitigar las situaciones manifiestas en las que algunas partes no acuden
a resolver sus controversias contractuales ante la inminente precariedad económica que les afecta.
Estimamos que la Ley de Arbitraje Comercial o en su defecto los reglamentos de centros de
administración de procesos arbitrales, deberían incluir disposiciones que reconozcan la gratuidad
de los costos del arbitraje en caso de que alguna parte satisfaga los requisitos que se establezcan
para el otorgamiento del beneficio de “justicia gratuita arbitral”.

Al respecto, la legislación arbitral colombiana ha dado un paso muy relevante al


establecer la figura del amparo de pobreza en materia arbitral. De manera específica, el artículo
13 del Estatuto del Arbitraje en Colombia (Ley 1563 de 2012) contempla lo siguiente:

“ARTÍCULO 13. AMPARO DE POBREZA. El amparo de pobreza se concederá, total o parcialmente,


en los términos del Código de Procedimiento Civil. Si hubiere lugar a la designación del apoderado, esta
se hará a la suerte entre los abogados incluidos en la lista de árbitros del respectivo centro de arbitraje,
salvo que el interesado lo designe. Sin perjuicio de lo que resuelva el laudo sobre costas, el amparado
quedará exonerado del pago de los honorarios y gastos del tribunal arbitral, sin que le corresponda a su
contraparte sufragar lo que al amparado le hubiese correspondido pagar”. (Diario Oficial No. 48.489 de
12 de julio de 2012).

Algunos tratadistas consideran que dado que los centros de arbitraje no administran
justicia, se entiende que quien les solicite sus servicios estará suscribiendo un contrato de carácter
privado en donde no cabe la institución pública del amparo de pobreza o el equivalente beneficio
de justicia gratuita (Rodríguez Mejía, 2012). El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ha
mantenido como criterio jurisprudencial que la prohibición contenida en el artículo 254 de la
Constitución de “establecer tasas, aranceles, ni exigir pago alguno por sus servicios”, no está
dirigida al arbitraje (Tribunal Supremo de Justicia, Sala Constitucional. Distribuidora Punto
Fuerte D,P.F. C.A 20 de junio de 2007).

12
Aun cuando coincidimos con la apreciación de la Dra. Rodríguez Mejía, somos de la
opinión que la figura del beneficio de justicia gratuita podría ser incluida en los reglamentos de
los diferentes centros arbitrales de manera que su aplicación sea el resultado del acuerdo de la
voluntad de las partes al éstas someterse por voluntad propia, por intermedio de la cláusula
compromisoria, al reglamento arbitral citado en dicha cláusula. Así mismo, estimamos que si
bien la disposición relativa al amparo de pobreza, contenida en la referida Ley 1563 de 2012, no
precisa a cargo de quién queda el pago de los costos de arbitraje correspondientes a la parte
beneficiaria de dicho beneficio, se podría establecer mecanismos que permitan financiar dicho
importe. Tales mecanismos incluirían el establecimiento de un fondo contingente con el aporte
que se obtenga de otros casos, equivalente a una pequeña porción de lo que las partes en dichos
casos arbitrales paguen por concepto de costos de arbitraje. Dicha porción podría entonces ser
destinada en el centro de arbitraje correspondiente de manera que la suma agregada pueda ser
utilizada total o parcialmente ante la eventualidad que alguna parte de un caso de arbitraje
comercial solicite acogerse al beneficio de “justicia gratuita arbitral”.

De manera similar a lo dispuesto en el Código de Procedimiento Civil venezolano


estimamos prudente que las normativas que se llegaren a introducir en el reglamento de los
centros de arbitraje sobre este asunto, dispongan que si la persona beneficiaria de la “justicia
gratuita arbitral” llegare a mejor fortuna en un plazo prudencial, contado a partir de la
terminación del proceso arbitral en cuestión, entonces el beneficiario debería pagar los costos y
costas (en caso de haber resultado la parte perdidosa) que le hubiere correspondido pagar de no
haber obtenido el beneficio antes mencionado.

Entendemos que los planteamientos aquí propuestos en relación con lo que aquí nos
permitimos denominar la “doctrina de la justicia gratuita arbitral” requieren de un mayor
decantamiento por los centros de arbitraje con el fin esencial de establecer los detalles pertinentes
a la fuente de fondeo y costos asociados en los casos ante la eventualidad de que alguna parte
merezca ser beneficiaria de la figura propuesta por carecer de los recursos económicos que le
permitan acceder a la justicia mediante el arbitraje comercial.

VIII. El financiamiento de terceros en el arbitraje comercial


Para finalizar nuestro breve análisis relativo a los costos en el arbitraje comercial, hemos
estimado propicio incluir consideraciones sobre la figura del financiamiento de terceros. Dicha

13
figura, de relativa reciente aplicación sistemática en el contexto del arbitraje internacional, podría
resultar altamente beneficiosa para facilitar la participación de algunos particulares interesados en
dirimir sus controversias contractuales mediante el arbitraje comercial en el ámbito doméstico,
aun cuando no dispongan de los recursos suficientes para ello y no puedan calificar para un
supuesto beneficio de “justicia gratuita arbitral”, en caso de ser éste implementado en algún
reglamento de un centro de arbitraje comercial.

El financiamiento de terceros en el arbitraje comercial no se distingue esencialmente de


cualquier otro tipo de financiamiento. La diferencia fundamental es el activo subyacente al
objeto de financiamiento. Tratándose en este caso de los derechos correspondientes al reclamo
arbitral sobre el cual pudiere tener alguna parte contratante. El tercero financista de un proceso
arbitral es una persona natural o jurídica no vinculada con la controversia o sus partes
intervinientes que asume los costos del demandante, teniendo como contraprestación una porción
del monto recuperado o cualquier otro monto acordado, en el entendido de que los costos van por
cuenta del financista exclusivamente (Seidel and Sherman, 2013).

Existen múltiples estructuras para atender las necesidades de financiamiento de los costos
en que pueda incurrir alguna parte en los procesos arbitrales. Tales opciones van desde (i) el
financiamiento personal o corporativo, según se trate la parte deudora de una persona natural o
una persona jurídica, otorgado por instituciones bancarias o proveedores especializados, (ii) el
financiamiento sin recurso a los estados financieros de la parte deudora, es decir repagado
exclusivamente con las cantidades recuperadas del reclamo arbitral, (iii) el financiamiento
estructurado con derivativos, (iv) el financiamiento otorgado de manera subordinada 8, o con
repago mediante el capital accionario de la parte que posee un derecho litigioso, o mediante
cualquier otra modalidad financiera equivalente (Bogart 2013, p. 50).

El financiamiento de terceros en el arbitraje comercial consistiría en proporcionar los


recursos necesarios, a través de diversas modalidades financieras, para facilitar la tramitación a
favor de alguna parte interesada en un procedimiento arbitral, cuyos derechos litigiosos se
constituyen en activos subyacentes del financiamiento. Actualmente, los financistas de procesos
arbitrales se han configurado en un grupo profesional altamente sofisticado que han establecido el

8
El financiamiento subordinado se caracteriza por tratarse de un préstamo otorgado con una prioridad más baja que los
préstamos que sean quirografarios.

14
financiamiento de arbitrajes en una modalidad específica de financiamiento.

Uno de los principales beneficios del financiamiento de terceros en los procesos arbitrales
radica en que representa una alternativa legítima para permitir el acceso a la justicia, mientras la
parte beneficiaria del financiamiento mantiene control de sus derechos litigiosos. Tal beneficio
permite evitar desbalances económicos entre las partes intervinientes en un proceso arbitral que
en ciertas circunstancias provocan transacciones incitadas de cierta forma por la limitaciones
económicas de una de las partes intervinientes.

Desde la perspectiva de los abogados que participan en procesos arbitrales, el


financiamiento de terceros se configura en un mecanismo que facilita la participación de
abogados que opten por no participar en procesos arbitrales en los cuales la remuneración que
obtendrían por sus servicios profesionales estaría basada en el éxito obtenido en el caso, así como
permite desvirtuar de plano la figura del pacto de cuota litis, el cual está prohibido expresamente
en nuestra legislación. Este pacto consiste en que los abogados intervinientes en procesos
litigiosos acepten recibir en pago una porción o la totalidad de los activos objeto de controversia.
En tal sentido, el último aparte del artículo 1482 del Código Civil dispone lo siguiente:

“... Los abogados y los procuradores no pueden, ni por sí mismos, ni por medio de personas interpuestas,
celebrar con sus clientes ningún pacto ni contrato de venta, donación, permuta u otros semejantes sobre
las cosas comprendidas en las causas a que prestan su ministerio”.
La Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia, en relación con la
estipulación de la remuneración establecida en los contratos de honorarios profesionales, ha
establecido lo siguiente:

“... En el presente caso, la demandada sostiene que el objeto de la cesión comporta igualmente un
negocio jurídico prohibido por la ley, pues de acuerdo con el último aparte del artículo 1.482 del Código
Civil, ‘Los abogados y los procuradores no pueden, ni por sí mismos, ni por medio de personas
interpuestas, celebrar con sus clientes ningún pacto ni contrato de venta, donación, permuta u otros
semejantes sobre las cosas comprendidas en las causas a que prestan su ministerio.’; y que el precio del
avalúo constituye una de esas cosas esenciales a la causa. El artículo antes transcrito no prohíbe (sic) el
pacto entre cliente y abogado acerca de los honorarios profesionales que se causen con ocasión de una
gestión de representación en JUDICIAL o EXRAJUDICIAL, sino cuando el mismo se celebre sobre las
cosas comprendidas en las causas a que prestan su ministerio... Sin embargo, el precio fijado por el
tribunal a título de indemnización por la pérdida sufrida, aún siendo esencial a la causa, no puede
asimilarse a las ‘cosas’ genéricamente descritas en dicha norma como el objeto de la prohibición, pues se

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trata de una suma de dinero, que por su naturaleza es fungible, esto es, intercambiable por otra suma de
dinero que representa idéntico valor, lo cual determina y hace posible su circulación en la sociedad, pues
una suma de dinero es la misma con independencia de su origen o de quien la detente. En tal virtud,
cuando mediante un convenio de honorarios profesionales se pacta sobre el porcentaje de una suma de
dinero a que se tiene derecho en virtud de una decisión judicial, no se está pactando sobre el objeto de la
causa en que un abogado presta su ministerio, sino respecto de una referencia numérica y de cálculo
para tasar los servicios profesionales prestados, pues lo mismo da que dicho dinero, en cuanto bien
fungible, provenga del pago hecho al deudor de dichos honorarios con ocasión de una sentencia
condenatoria que le favorezca, como de cualquier otra fuente lícita en que haya obtenido el dinero para
honrar la deuda asumida con el abogado. De tal manera que la prohibición contenida en el Código Civil
debe entenderse respecto de aquellas cosas esenciales de la causa no susceptibles de ser reemplazadas o
intercambiadas por ninguna otra. En efecto, existiría ‘pacto de cuota litis’, si mediante convenio de
honorarios profesionales se estableciera en un juicio de reivindicación de un inmueble, que los
honorarios causados por la asistencia jurídica se cancelen con el mismo inmueble o parte de él; pero, no
existiría dicha prohibición si el acuerdo se formalizara sobre un porcentaje del valor del inmueble
reivindicado, tasado en dinero”. (Tribunal Supremo de Justicia, Sala de Casación Penal, 2005).

Por otra parte, en relación con el financiamiento de terceros en procesos arbitrales y la


participación de los abogados en dichos procesos, éstos no podrían hacer las veces de financistas
de las partes en los asuntos que intervengan como los abogados de éstas, puesto que tendrían
prohibición expresa en Venezuela para ello con base en lo dispuesto en el artículo 44 del Código
de ética del abogado venezolano.

“Artículo 44. El abogado no deberá, a excepción de sus honorarios, adquirir interés pecuniario en el
asunto que se ventila y qué él esté dirigiendo o que hubiere sido dirigido por él. Tampoco podrá adquirir
directa o indirectamente, bienes venidos de remates judiciales de asuntos en que hubiere participado”.

A partir de estas limitaciones, entre otras, surgen consideraciones en relación con la


obligatoriedad de transparencia en el proceso arbitral. De allí surge como interrogante si sería
necesario divulgar los arreglos financieros de las partes que intervienen en procesos arbitrales.
Sobre este particular, estimamos que no debería existir fundamentación alguna para requerir
información de las fuentes de fondeo sin requerir también semejante información a otras partes
que pudieran tener intereses económicos en las resultas del caso en cuestión. Sin embargo, en
algunas circunstancias sería conveniente identificar a aquellos que tengan intereses económicos
con las partes intervinientes en los procesos arbitrales, de manera que se puedan dilucidar

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adecuadamente los potenciales conflictos de intereses que pudieran surgir, especialmente cuando
de designación de los árbitros se trate según el caso. Colateralmente, surge la duda de si existiría
algún conflicto de interés en caso de que el financista de una parte interviniente en un proceso
arbitral sea a la vez financista en otro proceso arbitral en el cual algunos miembros de la firma de
abogados a la que pertenece el citado árbitro sean apoderados. Quizás sería conveniente aplicar
criterios similares a los establecidos al respecto por la International Bar Association (IBA), cuyas
recomendaciones consideran que existe un eventual conflicto de intereses en los procedimientos
judiciales o arbitrales cuando las partes y sus empresas filiales se encuentren en los supuestos
antes descritos. De seguir estos lineamientos, terceros financistas en procesos arbitrales no
tendrían conflictos de intereses con otras partes involucradas en los mismos, en tanto y cuanto no
sean considerados empresas afiliadas a las partes intervinientes o de cualesquiera otros
participantes en el proceso arbitral (IBA Guidelines on Conflicts of Interest in International
Arbitration 2004).

En cuanto a los asuntos que nos ocupan en materia de arbitraje comercial, consideramos
necesario que los centros que administran procesos de arbitraje institucional establezcan criterios
de manera inequívoca y pública que sean consistentes en el tiempo para el tratamiento de una
amplia diversidad de supuestos en los cuales podrían presentarse conflictos de interés tangibles.
Compartimos la opinión formulada por el reconocido árbitro internacional Bernardo Cremades,
en el sentido de que en algunas ocasiones, la participación de terceros financistas en procesos
arbitrales, sin la debida transparencia a favor de la contraparte y del tribunal arbitral, pudiera
implicar una infracción al principio de buena fe con el que las partes intervinientes en un proceso
arbitral se comprometen al iniciar el procedimiento9 (Levy and Bonnan, 2013). En todo caso,
sugerimos establecer un test mínimo de transparencia según el cual la parte interviniente
beneficiaria del financiamiento para el trámite del proceso arbitral tendría la obligación de
informar sobre tal hecho en la medida que razonablemente sus circunstancias y los supuestos del
caso en cuestión ameriten de buena fe proporcionar información en tanto ésta sea relevante para
el caso que les ocupa. De otro modo, se colocaría al recipiente del financiamiento del tercero en

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El requerimiento de transparencia podría tener una relevancia extrema en casos donde el
rol del tercero financista del proceso arbitral pudiera representar un supuesto de
manipulación del valor accionario de una empresa, dependiendo de la relevancia del caso
arbitral para la viabilidad económica de la empresa.
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una situación más desventajosa que la que tuviera en caso de haber optado por no acudir a dicha
alternativa para obtener fondeo en su ánimo de dirimir una controversia arbitral.

Si bien ha habido una tendencia reciente a la especialización de las entidades dedicadas al


otorgamiento de financiamientos en materia arbitral exclusivamente, como en el caso de Burford
–la principal fuente especializada en el financiamiento para resolución de conflictos a nivel
mundial– el financiamiento de terceros para procesos arbitrales no está exento de acceder a
fuentes ordinarias de crédito como podrían ser las instituciones bancarias. No obstante,
estimamos que las instituciones bancarias, aun cuando estarían en disposición de otorgar
financiamiento a una parte interviniente en un proceso arbitral para facilitar su tramitación, harían
lo propio mediante el otorgamiento de crédito corporativo o patrimonial, es decir, respaldado con
una garantía específica del deudor o en todo caso de manera genérica con base en su patrimonio.

La novísima industria establecida para el financiamiento de terceros en procesos arbitrales


internacionales ha optado por diversas modalidades de financiamiento, las cuales incluyen: (i)
financiamiento caso por caso a cambio de los resultados que se obtengan en el proceso arbitral de
que se trata; (ii) financiamiento para atender la cartera de casos de una parte interviniente en
diversos procesos arbitrales, con el fin de reducir los costos del financiamiento obtenido; (iii)
financiamiento para atender actividades puntuales distintas a la resolución de una disputa; (iv)
financiamiento para anticipar mediante esquemas de descuento la cuantía en disputa; (v)
financiamiento para pagar primas de seguro destinadas a indemnizar en la eventualidad de falta
de ejecución de un laudo arbitral; y (vi) financiamiento para atender contingencias relacionadas
con las resultas de procesos arbitrales (Bogart, 2013. p. 56).

Un amplio abanico de opciones financieras estarían disponibles para procurar recursos


financieros a las partes intervinientes en procesos arbitrales comerciales en el ámbito doméstico,
al igual que ya está ocurriendo desde hace por lo menos cinco años en el contexto del arbitraje
internacional. Indudablemente, el financiamiento de terceros en procesos arbitrales comerciales
representa una alternativa sistemática beneficiosa tanto para las partes intervinientes en los
procesos arbitrales como para los abogados y demás participantes en dichos procesos, con el fin
último de facilitar acceso a la justicia y promover la solución de controversias de una manera
eficiente y eficaz dentro de un contexto equilibrado, objetivo y transparente.

Un aspecto que amerita especial atención consiste en el nivel de control que debe tener el

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tercer financista en relación con el proceso arbitral. Recordemos que la cesión de derechos
litigiosos, según lo dispuesto en el artículo 1.557 del Código Civil venezolano, surte efecto
después del acto de contestación de la demanda, entre el cedente y el cesionario, hasta que la
parte contraria acepta la cesión.

“Artículo 1.557.- La cesión que hiciere alguno de los litigantes de los derechos que ventila a quien no es
parte en la causa, después del acto de contestación al fondo de la demanda y mientras no sea dictada
sentencia definitivamente firme, no surte efectos sino entre el cedente y el cesionario. Sin embargo,
cuando se haga constar en los autos que la parte contraria acepta la cesión, surtirá ésta inmediatos
efectos contra aquella, y en sustitución del cedente, se hará el cesionario parte en la causa”.

El financiamiento de terceros en los procesos arbitrales no debe implicar en modo alguno


la cesión de facto de los derechos litigiosos de la parte interviniente beneficiaria del
financiamiento, independientemente de que el tercero financista, por tener el riesgo financiero de
la controversial arbitral bajo su exclusiva responsabilidad, tenga el “derecho inherente” de
controlar los aspectos relevantes del proceso, incluyendo la selección y contratación de los
abogados participantes, la estrategia aplicable para el caso en cuestión, entre otros aspectos
relevantes.

IX. Conclusiones
La adecuada relación entre la obtención de un laudo arbitral en el menor tiempo posible y con
costos razonables maximiza la relación costo-beneficio resultante del proceso arbitral. Es cada
día más frecuente que alguna de las partes no disponga de los recursos necesarios para sufragar
los costos y gastos inherentes al arbitraje comercial, o que haga uso de algún ardid jurídico para
evitar el pago de los costos del arbitraje.
El pago de los costos en el arbitraje parte del principio equitativo de que los mismos sean
repartidos a prorrata entre las partes contratantes.

Los costos y su manejo por las partes intervinientes en los procesos arbitrales deben ser el
resultado de una actitud transparente y de buena fe para procurar soluciones que evidencien la
legítima disposición de las partes para resolver las controversias que surjan, reiterando a lo largo
del proceso arbitral la genuina intención de las partes desde que pactaron la cláusula
compromisoria o arbitral. Por ello es recomendable que los términos de la cláusula
compromisoria o arbitral incluyan referencias expresas al tratamiento de los costos con el fin de

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precaver circunstancias que impidan restablecer el equilibrio económico entre las partes
intervinientes en el proceso arbitral, ante la falta de pago de los costos por una de éstas.

Considerar alternativas en el contexto del arbitraje comercial, ante la eventualidad de


situaciones relacionadas con el estado de pobreza y las modalidades más eficientes y
transparentes para el financiamiento de terceros, representa avances inexorables para facilitar el
acceso a la justicia en términos amplios, independientemente de la capacidad económica de las
partes intervinientes en los procesos arbitrales.

En el contexto del arbitraje comercial sería conveniente y posible aplicar –mutatis


mutandi– el beneficio de justicia gratuita. El otorgamiento de un beneficio de similares efectos
para procesos arbitrales podría facilitar no sólo la inclusión de cláusulas compromisorias
mediante las cuales se sometan las controversias a arbitraje, sino que podría mitigar las
situaciones manifiestas en las que algunas partes no acuden a resolver sus controversias
contractuales ante la inminente precariedad económica que les afecta. Somos de la opinión,
según los términos expuestos, que habría que considerar alternativas que reconozcan la gratuidad
de los costos del arbitraje en caso de que alguna parte satisfaga los requisitos que se establezcan
para el otorgamiento del beneficio de “justicia gratuita arbitral”, así como la modalidad idónea de
fondeo de los costos en que se incurran.

En cuanto al financiamiento de terceros en el arbitraje comercial, éste no se distingue


esencialmente de cualquier otro tipo de financiamiento. La diferencia fundamental estaría en el
activo subyacente objeto de financiamiento, tratándose en este caso de los derechos
correspondientes al reclamo arbitral sobre el cual pudiere tener alguna parte contratante.

El financiamiento de terceros en procesos arbitrales comerciales representa una


alternativa beneficiosa tanto para las partes intervinientes en los procesos arbitrales, con el fin
último de facilitar acceso a la justicia y promover la solución de controversias.

En todo caso, resaltamos la conveniencia de establecer un test mínimo de transparencia


según el cual la parte interviniente beneficiaria del financiamiento para el trámite del proceso
arbitral tendría la obligación de informar sobre tal hecho, en el entendido que sea necesario
proporcionar tal información por ser ésta relevante para el caso que les ocupa. De otro modo, se
podría colocar al recipiente del financiamiento del tercero en una situación perjudicial y más
desventajosa que la que tuviera en caso de haber optado por no acudir a dicha alternativa para
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obtener fondeo en su ánimo de dirimir una controversia arbitral.

Las partes en el proceso arbitral disponen de diferentes alternativas para atender los
asuntos relativos a los costos del proceso arbitral. El reto que nos ocupa, a todo evento, es
ampliarlas con el fin de facilitar a las partes contratantes el acceso al arbitraje como medio
alternativo de solución de controversias eficaz, eficiente y transparente disponible para todos,
independientemente de la condición económica de sus usuarios. En la medida que se logre
promover el uso del arbitraje comercial como un mecanismo de solución de controversias en el
que se respeta debidamente el equilibrio económico entre las partes, se podrá erradicar los
prejuicios existentes en cuanto a su limitada accesibilidad para la totalidad de la comunidad
interesada en hacer buen uso de sus bondades.

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