La Saturacion Del Yo
La Saturacion Del Yo
La Saturacion Del Yo
Yo.
En el mundo contemporáneo se vive hoy de un auge jamás antes visto en la historia, el
desarrollo, expansión y avance de diversas modalidades de tecnologías se va estableciendo
en nuestra vida cotidiana y con esta, las personas vamos en una espiral creciente directo a
una inserción única al mundo social que a su vez nos pone cara a cara con las opiniones,
valoraciones y estilos de vida de otras personas. Esta creciente inmersión social nos va
empujando hacia una nueva conciencia de nosotros mismos: la posmoderna.
Estas tecnologías tienen como distintivo el haber tenido una veloz proliferación simultánea
en el curso del siglo pasado, el que nos hayan llevado como un sino ineludible a la inserción
a un mundo social saturado. Estas tecnologías de bajo nivel son:
1.- El ferrocarril.
3.- El automóvil.
4.- El teléfono.
5.- La radiodifusión.
6.- El cinematógrafo.
Así pues, la expansión y proliferación que en el siglo XX tuvieron estas tecnologías (y que
aún tienen algunas de estas en menor o mayor grado por el incremento de otras
modalidades similares o novedosas) vincularon más estrechamente a las personas
acortando tiempos y distancias, fomentando el acercamiento a una nueva y creciente
gama de relaciones que no hubiera sido capaz de producirse en siglos pasados.
Los viajes a través del país así como los viajes internacionales se volvieron cada vez más
comunes, la demanda de viajes aumento y el tráfico aéreo con el. “los viajes se
democratizaron, y cada vez, se podía recorrer más, y más lejos con menos dinero”.
Bajo esta premisa en la que la imitación de los personajes de la pantalla chica y grande se
podría argüir que lo que se ve en la pantalla no es real y que la gente no encuentra en ella
un medio de influencia directo, en el que exista cierta reciprocidad que pueda
retroalimentar al espectador, que lo que vea pueda ser significativo para establecer una
relación pero la prueba de que lo que se ve logra influir en las percepciones y
representaciones sociales de los individuos que visionan este tipo de contenidos son las
diversas creencias de la realidad que tenemos.
La computadora. Con los equipos de impresión electrónicos de bajo costo, cada propietario
de una computadora es un editor de libros en potencia.
El internet. Aparte del correo electrónico está la formación de páginas de internet ara
grupos reservados de personas con intereses en común donde siempre puede estar “allí”
alguien con quien conversar. Esto da la capacidad de poder establecer relaciones
internacionales con gente que ni siquiera le hemos visto el rostro. Incluso en la creación de
compañías internacionales que se jactan de tener miles de trabajadores en otros países. El
efecto de la globalización sería imposible de descifrarlo sin este punto.
A todo esto debe mencionarse la digitalización ahora patente de todos los medios de
comunicación importantes (teléfonos, fotografía, impresos, reproductores de música, radio
y televisión), que al ser compatible con la computadora que logra almacenar cantidades
vastas de información, los pone al alcance de la producción, reproducción casera y difusión
universal. La multiplicación del Yo se encuentra en estos momentos más que en su pleno
auge, en su saturación total.
Alguna vez, las relaciones sociales eran determinadas por el entorno geográfico en el que
uno se desenvolvía, las personas con las que nos relacionábamos eran casi siempre las
mismas y sus gestos, opiniones y actitudes no nos sorprendían con cambios repentinos. Eran
congruentes a través de su vida, poseían una personalidad única e identificable.
El apogeo de la radio, la televisión y los medios impresos nos bombardean con infinidad de
palabras, de ideas y opiniones por demás estereotipados. Por medio de las tecnologías que
se han venido desenvolviendo dentro el mundo social, ahora somos empujados a tener en
consideración un sinfín número de relaciones, en ocasiones inconexas, heterogéneas y
dispares.
¿Cómo puedo entablar relación con tantas personas? Se preguntaría la persona que trae
consigo el modelo romántico. La idea de que se pueda realizar una conversación íntima con
algún desconocido cada vez que nos encontramos a alguien en la calle, nos genera un
sentimiento de angustia y tensión. Para otro tipo de personas, el que pueda haber siempre
un desfile de nuevas personas a las que conocer, crea una especie de alivio y consuelo.
Dentro de las empresas la utilización de tecnologías como el internet para realizar ciertas
operaciones que antes se realizaban cara a cara, ha transformado a su vez la forma de
relación dentro del área laboral. La posibilidad de utilizar medios digitales como
intermediario entre sus órganos, les brinda a empleados como patrones más libertad para
expresar sus opiniones, pues se realiza de manera indirecta. En cierta medida se podría
decir que existe una burocratización de la información que se maneja dentro de la empresa,
y esto tanto podría ayudar a algún cierto tipo de personas e expresar sus pensamientos
como también podría llegar a ser un modelo de enajenación y desvinculación dentro de la
misma empresa.
Tanto en los romances amistosos como en las nuevas formas de relación familiar se
encuentra un cierto desarraigo de la cultura tradicional que se llevaban a cabo. Cuando en
un pasado la hora de la cena representaba un momento de interacción familiar, hoy se ha
reemplazado por el visionado de programas televisivos que invitan al silencio o a
comentarios ajenos a ellos, y eso en el mejor de los casos, cuando no, cada quien agarra su
comida (recién salido del microondas) para llevarse su plato a la habitación en la que cada
quien tiene su propia televisión y cada quien disfruta de la programación que más le parezca
atractiva o en la que se puedan identificar.
Al tiempo que es posible que esta nueva serie de entramados tecnológicos favorezca de
algún modo la cercanía entre parejas, los escritores románticos, que ya sabían que la
ausencia del ser amado es lo que más inspira podrán hallarse en un dilema irónico. Como las
distancias físicas pueden ser acortadas por los medios de transporte y se tiene fácil acceso a
otras formas de acercamiento como el teléfono, el correo electrónico y las redes sociales, el
alejamiento ya no es un pretexto. Y por el contrario, en estos tiempos de saturación
tecnológica, en que se puede localizar a una persona casi en cualquier lugar del mundo y
llevar a los usuarios de este juego a un ejercicio que rayaría en una paranoia colectiva, así,
uno puede encontrar nuevas maneras de pretextar sus ausencias achacándole a los medios
una (aún) frecuente disfunción como podría ser el que se le vaya la señal debajo de un
puente, en el subterráneo, o fingir que se acabó la batería del aparato, etc.
Así pues, si con todo el mundo de roles y actividades por desempeñar el tiempo de
convivencia en pareja se reduce a algunos momentos y la ausencia del ser amado invita a
que los encuentros suelan ser esporádicos y fugaces, el momento del encuentro se llena de
una parafernalia cargada de romance, un exuberante frenesí que embriaga de pasión el
instante y lo impregna de un hálito de emoción exacerbada.
Ya no somos un individuo, somos una multitud dentro de uno. Mary Gergen habla sobre
los espectros sociales que no son otra cosa sino las representaciones mentales que a raíz de
la interacción con diversos discursos vamos forjando en nuestra persona como sentido
identitario al grado tal de volverse parte íntegra de nuestra cosmovisión, modo de ser y
modo de actuar.
Multifrenia
A medida que las tecnologías de la saturación social van empujando al individuo a usarlas en
favor de la ampliación de sus relaciones sociales, vamos aumentando así el repertorio de
posibilidades de contacto, lo que puede llegar a ser muy agotador, a este efecto se le
conoce como multifrenia. Se refiere a una escisión del individuo en una multiplicidad de
investiduras de su yo.
1.-El vértigo de la valoración
A través de los otros, conocemos nuevas formas de ser y de actuar, nuevos saberes que van
forjando a su vez nuestra propia identidad y nuestros propios valores. Vamos amoldando
más esas valoraciones a nuestros deseos con la contrapartida de que entre más deseamos,
más podemos caer en la frustración.
Bajo esta visión, la forma en que nos desenvolvemos con las personas que nos rodean, se
basa en la concordancia que “sus” valoraciones se relacionan con las “nuestras”. Las
exigencias de la vida cotidiana han sido convertidas en un cúmulo de deberes que nos
invaden hasta hacernos bajar la guardia ante la vastedad. También los periódicos, la
televisión y las revistas nos inculcan, promocionan y exhortan a determinadas formas en la
que tenemos que ser, y en la medida en que incorporamos estos patrones de conducta nos
van dictando las diferentes formas en las que podemos comenzar y mantener en variadas
situaciones un contacto interpersonal. Y esto nos lleva a la siguiente cuestión: quien no
logra asimilar estos códigos de interacción se pierde y es excluido por la misma sociedad, así
termina el individuo frustrado por insuficiencia.
En este proceso, la razón atraviesa dificultades, y es que no se puede decir que se tiene “la”
razón sino que dependiendo del sistema social, el estrato y la posición en la que nos
desenvolvemos cotidianamente podemos juzgar, valorar y creer razonables ciertas premisas
en detrimento de otras. A medida que se amplían nuestras relaciones, empero, la
racionalidad propia corre peligro de verse enfrentada a nuevas razones que la contradicen.
Es en estos puntos donde se valora un espíritu férreo que no se doblegue ante todas estas
contradicciones y que busque su camino dejando de lado todas estas cuestiones. Una
manera eficaz de ponerse a prueba es intentando insertarse en diferentes medios sociales y
lograr salir avante en todos ellos por medio del camuflaje o, en el mejor de los casos un
laissez faire que denote la condición predominante de nuestro ser y nos permita fluir libres
dentro de este mundo social que a la vez que amplía sus discursos amplia el caos y la
confusión.
Referencias
Gergen, K. La saturación social y la colonización del Yo en El Yo saturado,
Barcelona, Paidós Contextos, 1992, 75-114.Gergen La saturación socal y la
colonización del yo