Vista de Recomendaciones Del Panel de Expertos Sobre La Fisiopatología Diagnóstico
Vista de Recomendaciones Del Panel de Expertos Sobre La Fisiopatología Diagnóstico
Vista de Recomendaciones Del Panel de Expertos Sobre La Fisiopatología Diagnóstico
Resumen
Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de morbilidad y mortalidad en el
mundo, tanto en los paı́ses desarrollados como en los que está n en vı́as de desarrollo. La dislipidemia –
asociada a la disfunció n endotelial- y a los fenó menos in lamatorios vasculares, son los procesos iniciales
en la patogé nesis de la enfermedad arterial arterioescleró tica. Es evidente la asociació n directa y lineal
entre los niveles de colesterol de baja densidad y el riesgo de enfermedad arterial arterioescleró tica, al
igual que el efecto bené ico de la intervenció n con fá rmacos que actú an en diferentes niveles (estatinas,
ezetimibe, ibratos, anticuerpos monoclonales contra la PCSK9, entre otros).
Por su parte, la hipertrigliceridemia, y los niveles bajos de colesterol de alta densidad, al igual que otros
pará metros como el colesterol no-HDL y otras lipoproteı́nas, tambié n juegan un papel importante en la
etiopatogenia de la enfermedad arterioescleró tica, y existe evidencia en favor de la modi icació n de
dichos pará metros. Los nuevos fá rmacos han cambiado de forma sustancial los desenlaces
cardiovasculares en individuos con alto riesgo cardiovascular, y en individuos con intolerancia a las
estatinas. Las diferentes guı́as internacionales para el manejo de la dislipidemia comparten muchos
aspectos respecto al manejo farmacoló gico y no farmacoló gico.
Sin embargo, existen algunas diferencias importantes entre ellas, incluso en la forma de abordar
individuos con situaciones especiales de dislipidemia (embarazo, enfermedad renal cró nica, entre otras).
Palabras clave: Cardiovascular, cLDL, estatinas, ibratos, riesgo, dieta, ezetimibe, PCSK9.
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19/9/2020 Recomendaciones del panel de expertos sobre la fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de las dislipidemias en la población adulta.
Background
Cardiovascular diseases are the leading cause of morbidity and mortality in the world, both in developed
and developing countries. Dyslipidemia –associated with endothelial dysfunction- and vascular
in lammatory phenomena are the initial processes in the pathogenesis of arteriosclerotic arterial
disease. The direct and linear association between LDLc levels and the risk of arteriosclerotic arterial
disease is evident, as is the bene icial effect of the intervention with drugs that act at different levels
(statins, ezetimibe, ibrates, iPCSK9, etc.). Moreover, hypertriglyceridemia, and low levels of HDL-C, as
well as other parameters such as non-HDLc and other lipoproteins, also play an important role in the
etiopathogenesis of arteriosclerotic disease, and there is evidence in favor of the modi ication of said
parameters. The new drugs have substantially modi ied the cardiovascular results in individuals with
high cardiovascular risk, and in individuals with intolerance to statins. The different international
guidelines for the management of dyslipidemia share many aspects regarding pharmacological and non-
pharmacological management, however, there are some important differences between them; even in the
way of dealing with individuals with special dyslipidemia situations (pregnancy, chronic kidney disease,
inter alia).
Introducción
1. El cLDL es el pará metro lipı́dico que má s se asocia con la presencia de ECDV.
2. La reducció n de los niveles de cLDL se asocia con reducció n del riesgo de ECDV, y a mayor
reducció n de los niveles de cLDL, mayor reducció n del riesgo de ECDV.
3. La intensidad de la terapia hipolipemiante debe ser ajustada segú n el riesgo absoluto de ECDVA
para cada individuo.
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4. El manejo hipolipemiante con estatinas es la estrategia má s efectiva, con base en la evidencia, para
reducir el riesgo de ECDV.
Objetivos
El objetivo de estas recomendaciones es proveer un mé todo de consulta fá cil y prá ctico de los aspectos
má s relevantes en el abordaje de las dislipidemias má s frecuentes en població n adulta, abarcando
aspectos sobre la isiopatologı́a, diagnó stico, clasi icació n y estrati icació n del riesgo, riesgo residual,
cambios terapé uticos en estilo de vida, terapia farmacoló gica con estatinas y otros hipolipemiantes
(incluidas las terapias novedosas), y se hace el enfoque del manejo de las dislipidemias en algunas
situaciones especiales.
En Latinoamé rica, el estudio Carmela evaluó los factores de riesgo cardiovascular (FRCDV) en siete
ciudades, incluida Bogotá . Se encontró una prevalencia de hipertensió n arterial (HA) del 18 %, de
diabetes mellitus (DM) del 7 %, de sı́ndrome metabó lico del 20 %, de obesidad del 23 % y de tabaquismo
del 30 %. En este estudio se encontró una prevalencia de hipercolesterolemia del 14 %, de inida como
un valor de CT ≥240mg/dL y una prevalencia de placa ateroscleró tica carotı́dea del 8 %. En un aná lisis
posterior de este estudio, se encontró en Bogotá un promedio de CT de 193,7 mg/dL, de cLDL de 120,4
mg/dL, de colesterol de alta densidad [o tambié n, HDL (cHDL)] de 42,2 mg/dL y de triglicé ridos (Tg) de
164,7 mg/ dL. Ademá s, se encontró que la prevalencia de hipercolesterolemia era de 11,7 % y la de
cLDL elevado de 19,1 % (11, 12).
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Las principales lipoproteı́nas plasmá ticas son los quilomicrones, los remanentes de quilomicrones, el
colesterol de muy baja densidad [o tambié n, VLDL (cVLDL)], el cLDL, el cHDL, y la lipoproteı́na (a)
[Lp(a)]. Las lipoproteı́nas se componen en té rminos generales de una o varias apoproteı́nas
(dependiendo del tipo de lipoproteı́nas), de una monocapa de fosfolı́pidos con colesterol libre y un
centro que contiene Tg y é steres de colesterol. Las lipoproteı́nas se clasi ican por su densidad y
diá metro, como su nombre lo indica (Tabla 1) (13, 14).
El colesterol tiene dos vı́as metabó licas principales, la vía endógena y la vía exógena. En la vı́a exó gena, el
colesterol y los Tg provenientes de la dieta ingresan al enterocito, y el transporte activo del colesterol al
interior del enterocito es mediado por la proteı́na NPCL1L (molé cula que es inhibida por el ezetimibe).
Los lı́pidos dietarios son ingresados al cuerpo y forman quilomicrones, que son transportados por los
conductos linfá ticos a la circulació n sisté mica. En los capilares, mediante la lipoproteı́na lipasa endotelial,
los quilomicrones entregan los á cidos grasos a los tejidos como el mú sculo y la grasa. Los quilomicrones
luego de hacer esta distribució n de á cidos grados libres forman los remanentes de quilomicrones e
ingresan al hı́gado mediante el receptor de cLDL (15, 16).
En la vía endógena, el hı́gado produce cVLDL para la entrega de á cidos grasos al cuerpo y
posteriormente se convierte a colesterol de densidad intermedia [o tambié n IDL (cIDL)], y luego a cLDL,
para ser reciclado nuevamente en el hı́gado. El cLDL ingresa al hı́gado mediante endocitosis mediada
por el receptor de cLDL (LDL-R). La unió n al LDL-R depende de que la apoproteı́na apoB-100 sea
funcional en la molé cula del cLDL. Si hay alteraciones en el LDL-R o en la apoB-100 se produce
hipercolesterolemia familiar (HF). Adicionalmente, existe una proteı́na llamada proteı́na adaptadora del
LDL-R (LDL-RAP1); esta proteı́na permite que se induzca la endocitosis mediada por clatrina del
complejo LDL-R/cLDL. Aunque es infrecuente, las mutaciones en LDL-RAP1 tambié n pueden producir
HF. Una vez ingresado al hepatocito, el LDL-R se recicla y emerge nuevamente. Este proceso se presenta
aproximadamente 150 veces por dı́a, y es regulado por la proconvertasa de subtilixina kexina tipo 9
(PCSK9). Esta proteı́na es secretada por el hı́gado, se une al LDL-R y una vez se endocita el LDL-R/cLDL,
impide el reciclamiento del LDL-R a la super icie (Figura 1) (17, 18). Las mutaciones con ganancia de la
funció n de la PCSK9 producen HF, y las mutaciones con pé rdida de su funció n producen niveles de cLDL
bajos, y se asocian con bajo riesgo cardiovascular (RCDV) (Tabla 2). Existen 4 tipos de dislipidemias
desde el punto de vista clı́nico: hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, dislipidemia mixta y cHDL bajo.
Las causas de estos 4 tipos de dislipidemias pueden ser primarias o por causas gené ticas o secundarias
a enfermedades sisté micas (Tabla 3).
El diagnó stico de dislipidemias se realiza mediante la interpretació n del per il lipı́dico. Segú n el ATP III
(Adult Treatment Panel, por sus siglas en inglé s) el cLDL se de ine como ó ptimo cuando es <100 mg/dL,
cercano a lo ó ptimo entre 100-129, limı́trofe alto entre 130-159, alto entre 160-180 y muy alto cuando
es ≥190. Un nivel bajo de cHDL se presenta si es <40 mg/dL y los Tg se consideran en nivel alto cuando
está n >200 mg/dL. La dislipidemia mixta se diagnostica cuando hay hipercolesterolemia con
hipertrigliceridemia. El per il lipı́dico no requiere, en la mayorı́a de los casos, realizarse en ayunas (esta
condició n es necesaria si hay hipertrigliceridemia). Actualmente se propone que, si el per il lipı́dico no se
realizó en ayunas, y los Tg reportan un valor ≥400 mg/dL, se debe repetir dicho per il. Es má s, se
considera que la utilidad del per il lipı́dico en perı́o do de no-ayuno puede predecir mucho mejor el
RCDV de un individuo. Otra prueba que se recomienda es el cá lculo del colesterol no-HDL (el cual se
calcula a partir de la diferencia entre el CT y el cHDL). Este cá lculo incluye el cLDL, cIDL, cVLDL y los
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En aquellos pacientes con EAC, sin alteraciones evidentes en el per il lipı́dico, o en pacientes con HF e
IAM, o en aquellos con historia familiar fuerte de ECDV sin dislipidemia identi icable o con
hipercolesterolemia refractaria a estatinas, debe medirse la Lp(a). Adicionalmente, la medició n de Lp(a)
debe considerarse al menos una vez en la vida en todo individuo adulto, para identi icar a aquellos con
niveles de Lp(a) heredados muy altos (>180 mg/dL), que pueden tener un riesgo a lo largo de la vida de
ECDVA equivalente al riesgo asociado de la hipercolesterolemia familiar heterocigó tica (HFHe) (21, 22).
El cLDL se puede medir de forma directa o a partir de la fó rmula de Friedewald (la cual puede realizarse
si los Tg son <400 mg/ dL). La fó rmula se realiza de la siguiente forma: cLDL= CTcHDL-Tg/5.
Finalmente, las diferentes guı́as internacionales recomiendan realizar el tamizaje del per il lipı́dico en
cierto tipo de individuos de la població n, entre los que se destacan, personas con HA o con DM2 (Tabla
4).
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Realmente en Colombia (hasta la fecha), solo se han validado las escalas de Framingham y PROCAM. De
acuerdo con la informació n consignada, esta se validó en pacientes catalogados como de riesgo bajo e
intermedio; y el nú mero de eventos cardiovasculares predichos por la funció n de riesgo de Framingham
sobrestimó los observados (relació n entre eventos esperados y observados de 1,31), y se encontró una
baja capacidad para diferenciar a los pacientes de bajo riesgo de los de alto riesgo. Si bien la funció n de
riesgo de PROCAM, ajustada por sexo tuvo una mejor capacidad de discriminació n (con buena
calibració n), el grupo evaluador de las guı́as decidió recomendar la escala de Framingham, pero
hacié ndole una calibració n que consiste en multiplicar el riesgo calculado del Framingham original por
0,75 (25, 26). Otros modelos de predicció n, como el SCORE y el propuesto en las guı́as del Colegio
Americano de Cardiologı́a y de la Asociació n Americana del Corazó n (ACC/AHA 2013), no han sido
validados en Colombia, y es esperable que sobrestimen el riesgo. Nosotros nos acogemos a las
recomendaciones en este sentido de las guı́as colombianas (Figura 2).
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Figura 2. Cálculo del riesgo a 10 años de infarto del miocardio o muerte coronaria, según el modelo de Framingham
En el siguiente link se encuentra la calculadora de riesgo de Framingham (recuerde que una vez obtenga
el resultado, este se debe multiplicar por 0,75 para corregir el resultado para la població n colombiana).
https://www.mdcalc.com/framingham-coronary-heart-disease-risk-score
Desde un punto de vista prá ctico, este panel de expertos decidió acogerse a las recomendaciones
actuales internacionales para la estrati icació n de riesgo (Figuras 3-5); y las metas a lograr de acuerdo
con las siguientes categorı́as de RCDV:
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a. ECDVA progresiva, incluida la angina inestable a pesar de alcanzar un nivel de cLDL <70 mg/dL
b. ECDVA establecida en pacientes con DM, enfermedad renal cró nica (ERC) estadio (3/4) o HFHe
c. Historia de ECDVA prematura (hombres <55 añ os y mujeres <65 añ os).
a. Hospitalizació n reciente o establecida, por sı́ndrome coronario agudo (SCA), enfermedad vascular
carotidea, o EAP, o riesgo por Framingham modi icado para Colombia >20 % a 10 añ os
b. DM o ERC (3/4) con ≥1 FRCDV
c. HFHe.
a. >2 FRCDV, y riesgo calculado por Framingham modi icado para Colombia entre 10 % y 20 % a 10
añ os
b. DM o ERC (3/4) sin otro FRCDV.
a. 0 FRCDV.
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En la Figura 6 se clasi ican dos condiciones consideradas de alto riesgo y que, adicionalmente, requieren
intervenciones má s intensivas (individuos con DM o con ERC).
La importancia de la clasi icació n y su simpli icació n es que permite una evaluació n rá pida y sencilla del
nivel de RCDV de cada uno de los grupos, para poder indicar posteriormente las metas recomendadas
para cLDL y colesterol no-HDL, de acuerdo con el riesgo establecido. Las recomendaciones
internacionales establecen las metas de los lı́pidos para los grupos con la clasi icació n aportada; en este
panel de expertos solo se cambian las metas de los grupos de riesgo moderado, en las que la meta de
cLDL debe ser <130 mg/dL, y las de colesterol no-HDL <160 mg/dL, má s laxas que las propuestas en las
guı́as de lı́pidos del añ o 2017. Igualmente, en el grupo de pacientes de bajo riesgo, en los que la meta de
cLDL es <160 mg/ dL, y las de colesterol no-HDL menor de 190, el panel propone seguir con las metas
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Adicionalmente, el score de calcio arterial coronario (CAC score) –valorado por medio de tomografı́a
axial computarizada- puede ayudar en la toma de decisiones respecto al tratamiento en individuos con
riesgo moderado de ECDVA, ya que proporciona estrategias de manejo en pacientes en los que la meta
de cLDL no se logra con intervenciones de estilo de vida (y en donde existe la pregunta si se debe
instaurar un tratamiento reductor del cLDL). Por su parte, el uso de la ApoB en la estrati icació n del
riesgo, puede ser una mejor medida para individuos expuestos a lipoproteı́nas aterogé nicas, por lo
tanto, puede ser particularmente ú til para la valoració n del riesgo en personas en las que la medició n del
cLDL subestima dicha carga (por ejemplo, en aquellos con niveles elevados de Tg, o en personas con DM,
obesidad, o niveles muy bajos de cLDL) (23,27, 28).
(RCDVR) La ECDV es aú n la principal causa de mortalidad en el mundo, origina má s muertes que todas
las formas combinadas de cá ncer y que todas las enfermedades del tracto respiratorio bajo. En general,
se considera que la EAC es la primera causa subyacente de muerte atribuible a ECDV. El panorama ha
sido tan desalentador, que se han llevado a cabo mú ltiples estrategias e iniciativas con el objetivo de
reducir la carga global de la ECDV (29-31). Las intervenciones universales en su prevenció n se han
resumido en tres grandes grupos:
a. El primero de ellos son las intervenciones enfocadas en reducir la frecuencia de factores de riesgo
para ECDV en la població n general (teniendo en cuenta tambié n que, un nú mero importante de
eventos cardiovasculares ocurren en poblaciones denominadas de “bajo riesgo”) estas
intervenciones poblacionales se han dirigido al cese del consumo de tabaco, la modi icació n en los
niveles de presió n arterial y de colesterol, por medio de programas nacionales enfocados en la
reducció n del consumo de sal y grasas saturadas, sumado al incremento en la actividad fı́sica
(intervenciones no farmacoló gicas) haciendo é nfasis en estilos de vida saludables. En este sentido,
la prevenció n de ECDV se puede clasi icar en 4 grandes categorı́as: primordial, primaria,
secundaria, y terciaria. La prevenció n primordial se re iere al hecho de lograr un estado de salud
que evite el desarrollo de factores de riesgo para ECDV (teniendo en cuenta que la oportunidad
para el impacto y el bene icio social es mayor si se preserva este “tiempo cero” antes de que se
desarrolle la enfermedad), lo anterior requiere, evidentemente, estrategias basadas en la
població n y la colaboració n de todo el sistema de salud. La prevenció n primaria se re iere a la
modi icació n de factores de riesgo asociados con el desarrollo de ECDV; la prevenció n secundaria
se re iere al control de la progresió n de la ECDV (una vez está presente); y la prevenció n terciaria
“mitiga” las consecuencias de la ECDV avanzada sobre el estado funcional y la calidad de vida
(Figura 7).
b. El segundo grupo, son las intervenciones en individuos catalogados como de “alto riesgo para
ECDV”; en los cuales un rubro importante de los presupuestos nacionales en salud se dirigen para
la prevenció n y atenció n primaria, en especial en la identi icació n y evaluació n temprana de dichos
individuos.
c. El tercer grupo son las intervenciones para la prevenció n secundaria en personas con ECDV ya
establecida, en estas se incluyen la modi icació n del nivel de lı́pidos y de otros factores de RCDV
potencialmente modi icables.
Figura 6. Clasi
Clasi icación de riesgo por condiciones especí
icación icas (DM y ERC)
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La ECDV tiene una etiologı́a multifactorial; los FRCDV clá sicos como edad, sexo, tabaquismo, HA, niveles
elevados de CT, y niveles bajos de cHDL, han demostrado ser consistentes en las poblaciones estudiadas
(Tabla 5).
La de inició n de “riesgo” es clave en el enfoque del individuo con ECDV, de hecho, el cá lculo del “RCDV
absoluto” debe ser el punto de partida para desarrollar estrategias de prevenció n (32). El “riesgo
absoluto (o atribuible)” se conoce tambié n como “riesgo total” o “riesgo global”, por lo tanto, el riesgo
atribuible (RA) es una medida de asociació n basada en la diferencia absoluta entre dos estimaciones de
riesgo; por lo que el RA estima el exceso de riesgo absoluto debido a una exposició n dada. De esta
forma, como el RA se utiliza frecuentemente con el objetivo de detectar una relació n causa-efecto, debe
entonces interpretarse como una verdadera “fracción etiológica” ú nicamente cuando se tenga la certeza
razonable de que existe una conexió n causal entre una exposició n particular y uno o varios desenlaces.
De acuerdo con lo anterior, el exceso de riesgo es una medida de riesgo, y representa la cantidad de
incidencia que puede ser atribuida al factor de riesgo; a diferencia del riesgo relativo (RR), el cual mide
qué tanto se incrementa el riesgo de padecer una enfermedad o un desenlace cuando se está expuesto a
un factor (en comparació n con los que no está n expuestos al mismo). No obstante, la fuerza de
asociació n entre un factor de riesgo y el desenlace, expresada por el RR, no da una idea precisa del
impacto que la eliminació n de ese factor tendrı́a en la salud de la població n (33, 34). Adicionalmente, al
obtener la reducció n absoluta de riesgo (RAR) mediante la diferencia de los riesgos en el grupo
expuesto y en el grupo no expuesto, se puede calcular el nú mero necesario para tratar (NNT), el cual se
de ine como el nú mero de individuos que hay que tratar con la intervenció n evaluada para evitar un
evento adicional; el NNT se calcula como el inverso de la RAR. El NNT puede utilizarse para expresar
otros aspectos, tales como la capacidad potencial de producir dañ o (y se pre iere en ese caso llamarlo
nú mero necesario para hacer dañ o [NND]); ası́, un NNT negativo indica que el tratamiento (o la
intervenció n) tiene un efecto perjudicial (o que el tratamiento experimental consigue menos bene icio
que el control), o que los efectos adversos inherentes a toda intervenció n son mayores en el grupo
experimental. El NND entonces es el nú mero de individuos que se deberı́an tratar con una intervenció n
especı́ ica para producir (o no evitar) un evento adverso adicional (35-37).
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Ası́, cuando se estima el “riesgo” cardiovascular, el punto inal clave que debe evaluarse es la mortalidad
por eventos cardiovasculares, má s que otros puntos inales desencadenados por ECDV. Los sistemas y
escalas de predicció n del riesgo no predicen con exactitud los diferentes per iles de riesgo que existen
en las diferentes etnias o culturas; lo anterior se demuestra en el hecho de que al aplicar escalas de
riesgo derivadas de cohortes caucá sicas se sobrestima el riesgo en relació n con otras poblaciones no
caucá sicas; por lo tanto, la predicció n del riesgo basada en un concepto de RA es la mejor manera de
enfocar la toma de decisiones en ECDV. De igual manera, si bien las escalas de riesgo pueden no predecir
el RA, pueden ser muy ú tiles en la evaluació n y estimació n global del riesgo, y en estrati icar las
prioridades del tratamiento. Desde el punto de vista epidemioló gico, los estudios de intervenció n han
demostrado que a pesar de encontrarse una reducció n signi icativa y constante del RR de ECDV, la
reducció n del RA varı́a considerablemente, puesto que este es una funció n del nivel del riesgo basal
inicial (38-40). Dicho de otra manera, si se clasi ica a un individuo determinado con un riesgo basal de
presentar un evento cardiovascular del 10 % (a diez añ os, por ejemplo) y al cual se le inician medidas
preventivas de tratamiento y de estilo de vida, su RR cae una tercera parte, mientras que su RA se reduce
a 6,7 % (una RAR del riesgo de 3,3 %). Pero si otro individuo diferente, al cual se ha clasi icado con un
riesgo basal elevado (del 30 %, por ejemplo) recibe las mismas medidas preventivas, su RR tambié n cae
en cerca de una tercera parte, pero la RAR es del 10 %; demostrando entonces que, la mejor forma de
clasi icar a los individuos (desde el punto de vista ECDV) es por medio del cá lculo del RA (Tabla 6).
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De inición de RCDVR
A lo largo de las ú ltimas cinco dé cadas se ha podido establecer por medio de estudios gené ticos, de
cohortes prospectivas, de aleatorizació n mendeliana y experimentos clı́nicos aleatorizados (enfocados
en terapias que reducen el nivel de cLDL) que existe una relació n directa entre los niveles de cLDL y
ECDV (la elevació n de cLDL se asocia con mayor riesgo de ECDV, y la reducció n de los niveles de cLDL se
asocia con un menor riesgo); demostrando la plausibilidad y el gradiente bioló gico, la secuencia
temporal, la especi icidad, la fuerza de asociació n, la consistencia y la coherencia denotando, por ende, la
causalidad existente entre cLDL y ECDV (41-43). A travé s del tiempo, el tratamiento de las dislipidemias
y en particular de la hipercolesterolemia, se ha convertido en una estrategia esencial en la prevenció n de
la ECDV. Las diferentes guı́as de manejo recomiendan la reducció n del nivel de cLDL como objetivo
primario, y la estrategia se basa en el manejo con estatinas. No obstante, a pesar del tratamiento con este
tipo de medicamentos, el RCDV permanece elevado, y a tal riesgo se le ha denominado RCDVR (Figura
8).
Sin embargo, el RCDVR es un concepto diná mico, el cual evoluciona de acuerdo con la evidencia
proveniente de los estudios observacionales y de intervenció n, de hecho, la mayor evidencia proviene de
estudios de intervenció n con estatinas, que tienen como objetivo la reducció n del cLDL (y en menor
medida de estudios que se han enfocado en otros componentes del per il lipı́dico, como el cHDL, el
colesterol no-HDL, los Tg, entre otros). Lo impreciso e incompleto de la de inició n de RCDVR originó que
se propusiera una de inició n má s holı́stica, la cual establece el RCDVR como “el riesgo residual de eventos
vasculares incidentes; o la progresión de un daño vascular establecido persistentemente, en pacientes
tratados bajo una recomendación actual basada en la evidencia, incluyendo factores de riesgo establecidos
como dislipidemia, HA, hiperglucemia, in lamación, estilos de vida no saludables, y nuevos factores de riesgo
o emergentes” (44). El RCDVR desde una perspectiva epidemioló gica y de salud pú blica, permite el
desarrollo de nuevas guı́as de manejo o de modelos de predicció n, tambié n posibilita el desarrollo de
diversos estudios de intervenció n y la generació n de nuevos medicamentos (45). De una u otra forma, el
RCDVR está siempre asociado con la presencia de dislipidemia, por ejemplo, la dislipidemia aterogé nica
(DA). Si se tiene en cuenta que la reducció n del RR para ECDV es del 25 %-35 % (dependiendo del riesgo
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basal, y bajo terapia con estatinas), existe una reducció n adicional de dicho riesgo al disminuir má s aú n
los niveles de cLDL (por ejemplo, con altas dosis de estatinas o al utilizar concomitantemente
medicamentos como ezetimibe o iPCSK9 (inhibidores de la proproteı́na convertasa de subtilisina kexina
9) (46, 47). Adicionalmente, junto con los niveles de cLDL, otras lipoproteı́nas aterogé nicas y remanentes
de partı́culas juegan un papel preponderante en el RCDVR, en especial las lipoproteı́nas que contienen
apolipoproteı́na B (como las lipoproteı́nas que contienen alta concentració n de Tg y sus remanentes), las
cuales contribuyen al depó sito de colesterol en la ı́ntima y al desarrollo de arterioesclerosis, formació n y
progresió n de la placa arterioscleró tica. Si a lo anterior se suma la disminució n en el nú mero o en la
funcionalidad de las molé culas de cHDL (lo cual tambié n contribuye a la generació n de la placa
arterioescleró tica), queda entonces un campo amplio y controversial acerca de có mo má s podrı́a
reducirse en mayor proporció n el RCDVR (teniendo en cuenta que estas lipoproteı́nas “no-cLDL” son
efectores importantes en el transporte de Tg desde el hı́gado o el intestino hacia los ó rganos que lo
“consumen”, e intervienen en el transporte reverso de colesterol).
A esta forma de dislipidemia no-cLDL se le conoce como DA (48, 49). Las caracterı́sticas que de inen la
DA son los disbalances entre las lipoproteı́nas proaterogé nicas ricas en Tg que contienen apoB, y las
lipoproteı́nas antiaterogé nicas que contienen APO AI (por ejemplo, HDL), por lo tanto, la DA puede
de inirse como un nivel de Tg en ayunas ≥ 200 mg/dL, junto con un valor bajo de cHDL (≤40 mg/dL en
hombres y ≤50 mg/ dL en mujeres), en presencia de un nivel apropiado de cLDL; esta dislipidemia es
observada comú nmente en personas tratadas con estatinas (por cLDL elevado) y es otro efector
importante de RA y de RR para ECDV (incluso, entre aquellos que han alcanzado metas de cLDL). Otro
pará metro para tener en cuenta en la evaluació n del RCDVR es el colesterol no-HDL; teniendo en cuenta
que el 90 % de la apoB100 deriva de las LDL [aunque otras partı́culas tambié n contienen apoB-100,
como las IDL, la Lp(a) y las VLDL]. El colesterol no-HDL es la suma de colesteroles transportados en
lipoproteı́nas que tengan apoB100 y permite, de forma simple, estimar el riesgo que proviene de las
VLDL, de las IDL y de la Lp(a) (50-52). El colesterol total es la suma, entonces, del colesterol en las LDL,
en las HDL y en las VLDL. Normalmente las otras fracciones que pueden transportar colesterol está n en
cantidades muy pequeñ as y por esto no se las considera en situaciones normales. La fó rmula
CT=cHDL+cLDL+cVLDL representa bien este concepto. Una VLDL está conformada por una capa
externa de fosfolı́pidos, que son el 28 % de la partı́cula, y por lı́pidos en su interior: Tg (60 % de la
partı́cula) y colesterol (12 %). Si se tiene en cuenta que las VLDL son las principales transportadoras de
Tg y que la relació n entre Tg y colesterol transportados por las VLDL es de cinco a uno (60 a 12), puede
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reemplazarse en la fó rmula el cVLDL por Tg/5. La fó rmula entonces será : CT=cLDL + cHDL + Tg/5. Y la
fó rmula del colesterol noHDL=CT–cHDL. Como se ve en esta fó rmula, quedan por fuera el cLDL y los
Tg/5. Si tenemos en cuenta que hay una meta para cLDL segú n el riesgo del paciente, y que se acepta
como nivel apropiado de Tg un valor de 150 mg/dL, la fó rmula del CT podrı́a escribirse tambié n ası́:
CT=cLDL meta + cHDL + 30. De allı́ puede deducirse que el valor deseable de colesterol no-HDL debe
ser el valor de meta para el cLDL + 30. Si este valor es mayor, querrá decir que las fracciones que
habitualmente no aparecen, como remanentes de quilomicrones, cIDL, o Lp(a), está n elevadas.
Es claro que la meta inicial de control del per il lipı́dico debe basarse en el riesgo basal del paciente,
aplicando las diferentes escalas de riesgo (idealmente ajustadas para la població n especı́ ica). Una vez
que el riesgo ha sido establecido, debe enfocarse el cLDL como el objetivo primordial de manejo (<55,
<70, <100, <130 mg/dL) o una reducció n entre 30 %-50 % o >50 % del valor basal del cLDL (con
terapia con estatinas de moderada o alta intensidad, respectivamente). El tratamiento hipolipemiante de
elecció n para reducir el cLDL son las estatinas, y entre ellas, la mayor evidencia en e icacia, potencia y
desenlaces inales se dispone con: rosuvastatina, atorvastatina, simvastatina, pravastatina y lovastatina
(53-55). Si el individuo no alcanza la meta de cLDL con dosis convencionales de estatinas, pueden
adicionarse (aunque los niveles de evidencia son variables) ezetimibe, secuestrantes de á cidos biliares
(SAB), o fá rmacos nuevos, como los iPCSK9.
En los sujetos que han alcanzado la meta deseada de cLDL con estatinas, pero que persisten con niveles
elevados de Tg (>200 mg/dL) debe calcularse el colesterol no-HDL; si este ú ltimo sobrepasa en 30
mg/dL el valor de la meta establecida de cLDL, se recomienda (condicionado a que haya otros factores
de riesgo, o en presencia de al menos un RCDV intermedio) adicionar un ibrato a la estatina. Ante la
necesidad de combinar estatinas con ibratos, se deberı́a considerar como primera elecció n el á cido
fenofı́brico (o el feno ibrato), el beza ibrato, o el cipro ibrato (por el menor riesgo de interacciones
medicamentosas con las estatinas), dejando el gem ibrozil como segunda opció n (por el mayor riesgo
potencial de efectos adversos relacionados al asociarse con estatinas) (56-58). En aquellos pacientes con
niveles de Tg >500 mg/dL no es posible realizar el cá lculo del cLDL (por medio de la fó rmula de
Friedewald), por lo que en esos pacientes la estrategia inicial es la reducció n de los Tg, por medio de
intervenció n farmacoló gica y no farmacoló gica (por el alto riesgo de pancreatitis que tienen estos
individuos); una vez el nivel de Tg sea menor de 400 mg/dL, debe volverse a calcular el cLDL y llevar el
paciente a la meta que se haya considerado dependiendo de su riesgo basal (59-62).
La incorporació n de há bitos saludables (dieta y ejercicio) disminuye el RCDV, no solo por su efecto en la
dislipidemia, sino tambié n al modi icar otros FRCDV, y por reducir el estré s oxidativo y otros procesos
in lamatorios. La actividad fı́sica junto a la dieta, es el principal componente en los programas de pé rdida
de peso y mantenimiento del mismo; tanto el entrenamiento de fuerza como el aeró bico mejora el
control glucé mico, el nivel de lı́pidos, y la presió n arterial. Se recomienda una actividad fı́sica moderada
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(y vigorosa), entre 3,5-7 horas/ semana o 30-60 minutos la mayor parte de los dı́as de la semana (por
ejemplo, caminar a paso ligero, bicicleta está tica, entre otras actividades aeró bicas); adicionalmente, se
recomienda realizar actividades de fortalecimiento muscular al menos dos dı́as a la semana (63). Desde
1957, con la publicació n del estudio de los siete paı́ses, se soportó la hipó tesis del colesterol y el
desarrollo de la enfermedad arterioescleró tica (EA), pero solamente en 1972 el “National Academy of
Sciences-National Research Council” declaró que el riesgo de EA estaba ligado a los niveles de colesterol
sé rico, y por lo tanto se consideró que la medida má s e iciente para prevenirla era reemplazar las grasas
saturadas por á cidos grasos polinsaturados (PUFA) (64). En el “Lyon Diet Heart Study” se demostraron
los bene icios de la intervenció n basada en el consumo de dieta tipo mediterrá neo (baja en productos
animales, grasas saturadas, y con é nfasis en el consumo de aceite de oliva, leguminosas, frutas y
vegetales). De igual forma, en el estudio “PREvenció n con DIeta MEDiterrá nea (PREDIMED)” en
pacientes con alto RCDV, pero sin ECDV, se demostró una reducció n importante en eventos
cardiovasculares (al suplementar a los individuos con aceite de oliva extra virgen y frutos secos). Lo
anterior permite concluir que, despué s de cinco dé cadas de estudios llevados a cabo con dietas bajas en
grasas saturadas, bajas en colesterol, con incremento en el consumo de PUFA, se reducen los niveles de
colesterol sé rico, pero no se disminuye la incidencia de IAM o de muerte por ECDV. Por su parte, las
dietas con un patró n mediterrá neo son particularmente cardioprotectoras, aun cuando no hayan
demostrado disminuir el CT o el cLDL (65, 66). Los alimentos que hacen parte de un estilo mediterrá neo
en la dieta son: nueces, frutas (sobre todo no tropicales), vegetales de hoja verde, legumbres, granos enteros,
pescado, consumo moderado de alcohol, ibra, aves de corral y aceite de oliva. En cuanto a los aceites
vegetales, se recomiendan aceites como el de oliva, el de cá rtamo (o de alazor) y el de canola. No se
recomienda ningú n aceite vegetal cocinado, ya que este proceso modi ica la estructura de los aceites,
convirtié ndolo en grasas trans.
El panel de expertos se pronuncia en favor del consumo moderado de huevo entero, ya que a pesar de
su contenido elevado en colesterol (proveniente de la yema), varias revisiones sistemá ticas han
encontrado que no hay relació n entre su consumo y el aumento del RCDV, por el contrario, es una
fuente excepcional de proteı́na. Una revisió n sistemá tica y metaaná lisis reciente no encontró asociació n
entre el consumo de colesterol de la dieta (de cualquier fuente, no solamente aportado por alimentos
como el huevo) y ECDV, pero dada la gran heterogeneidad y falta de rigurosidad metodoló gica de los
estudios incluidos, los autores no consideran sus resultados como concluyentes, ya que el RCDV global
es modulado en forma importante por la calidad del patró n dietario general y no solo por el aporte del
colesterol dietario (67, 68). Hasta la fecha, no existen experimentos clı́nicos que evalú en primariamente
el impacto del consumo de huevo sobre la incidencia de eventos cardiovasculares. Recientemente se
publicó un estudio que evaluó las asociaciones entre el consumo de colesterol proveniente de la dieta (o
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de huevos), sobre la incidencia de ECDV y la mortalidad por toda causa, a partir de datos recolectados
entre los añ os 1985 y 2016 (provenientes de 6 estudios de cohortes prospectivas y de 29615
participantes en Estados Unidos de Norteamé rica). La interpretació n de los resultados se basó en el
consumo adicional de 300 mg de colesterol dietario (por dı́a), o de medio huevo adicional (por dı́a), lo
cual equivalı́a a un consumo de 1 huevo 3-4 veces/semana (o un consumo total de 3-4 huevos/semana).
Se encontró que por cada 300 mg adicionales de colesterol dietario, existe un aumento signi icativo del
riesgo de ECDV (HR: 1,17; CI: 1,09-1,26), y de la mortalidad de toda causa (HR: 1,18; CI: 2,51-6,36);
dichas asociaciones fueron independientes de otros FRCDV (IMC, DM, presió n arterial, niveles de
lı́pidos), grasa dietaria, consumo de proteı́na animal, ibra, o patrones dietarios, con 2 excepciones (las
asociaciones entre el consumo de colesterol dietario e incidencia de ECDV y mortalidad de toda causa no
fueron signi icativas despué s de ajustar por el consumo de huevos, carnes rojas no procesadas, y carnes
procesadas; y la asociació n entre consumo de colesterol dietario y mortalidad de toda causa tampoco
fue signi icativa despué s de ajustar por el consumo de huevos). Por su parte, el consumo de medio
huevo adicional/dı́a se asoció con un aumento signi icativo en la incidencia de ECDV (HR: 1,06; CI 95 %:
1,03-1,10) y con mortalidad de toda causa (HR: 1,08; CI 95 %: 1,04-1,11); dichas asociaciones
permanecieron despué s de ajustar por otros FRCDV, consumo de grasa animal, proteı́na animal, ibra,
sodio o patrones dietarios. No obstante, las asociaciones entre el consumo de huevo e incidencia de
ECDV o de mortalidad de toda causa no fueron signi icativas despué s de ajustar por el consumo de
colesterol dietario (69). Por lo anterior, se concluyó que el alto consumo de colesterol dietario o de
huevo se asocia signi icativamente con un aumento en la incidencia de ECDV y en la mortalidad de toda
causa (en una manera dosis-respuesta), independientemente de la cantidad y de la calidad de grasa
proveniente de la dieta. Con base en los resultados anteriores, se debe tener en cuenta que los estudios
observacionales (de cohortes de poblaciones tan grandes como el mencionado), pueden cambiar puntos
de vista de manera radical, y los mismos deben ser tomados con mucha precaució n y cautela, ya que
generalmente proporcionan una evidencia indirecta de asociació n, y no necesariamente demuestran
causalidad (en especial cuando la medida de asociació n –HR- demuestra una asociació n “dé bil” entre el
probable factor de exposició n y el desenlace). Adicionalmente, el estudio se basó en una ú nica
autoevaluació n inicial para determinar la dieta de los individuos (y no en el potencial cambio de la dieta
que una persona puede presentar a lo largo del tiempo). Por lo tanto, plantear si el consumo de huevo
es “malo” o “bueno” en especial si se hacen recomendaciones sobre cuá ntos huevos se pueden ingerir al
dı́a (o a la semana) en el momento es difı́cil de establecer. El lı́mite recomendado puede depender de
muchos factores y puede variar de individuo a individuo. En general, la moderació n en el consumo es
clave en una dieta saludable. Quizá s la decisió n sobre el nú mero de huevos a ingerir depende de factores
como: otras fuentes disponibles de proteı́nas, ası́ como la forma en que se preparan los huevos
(hervidos, fritos, tipo de aceite, los acompañ amientos de la dieta, entre otros), de esta forma, se debe
individualizar en cada paciente la cantidad de huevo que ingiere por dı́a o por semana, teniendo en
cuenta que es una fuente con iable, econó mica y accesible de proteı́nas, macro y micronutrientes.
En resumen, los efectos del estilo de vida sobre los niveles del cLDL son:
Tanto el consumo de grasas trans como las grasas saturadas pueden incrementar los niveles de
cLDL; por ejemplo, por cada 1 % de aumento en su consumo de ellas hay un aumento en el nivel
de cLDL de 0,8-1,6 mg/dL. Sin embargo, las grasas saturadas incrementan el nivel de cHDL (en
tanto que las trans lo disminuyen).
Los á cidos grasos saturados, como el esteá rico (c18), no incrementan los niveles de cLDL, en
contraste con el lá urico (c12), el mirı́stico (c14), y el palmı́tico (c16) que sı́ lo hacen.
Si el 1 % de la energı́a derivada de la grasa saturada se reemplaza por n6-PUFA (á cidos grasos
omega-6) se produce una disminució n de 2 mg/dL en el nivel de cLDL, en tanto que los n3-PUFA
no tienen efectos sobre los niveles de cLDL.
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Por otro lado, las dietas ricas en á cidos grasos monoinsaturados (MUFA) mejoran la sensibilidad a la
insulina en comparació n con dietas con alto contenido de grasas saturadas, por lo tanto, el reemplazo de
grasas saturadas por MUFA tiene un efecto marcado en la reducció n de los niveles de Tg. En individuos
con hipertrigliceridemia grave, en quienes el nivel de quilomicrones está elevado, se recomienda reducir
la grasa saturada de la dieta (a menos de 30 gm/dı́a), e incrementar el consumo de grasas de cadena
media (C6-C12) (70, 71). El consumo habitual de fructosa (10 % de las calorı́as diarias) contribuye al
aumento de los Tg, y su consumo (entre el 15 %-20 % de las calorı́as), incrementa el nivel de Tg entre 30
%-40 %. Como se comentó previamente, el consumo de grasa saturada incrementa el nivel de cHDL,
pero tambié n el de cLDL. El reemplazo de grasas saturadas por MUFA no tiene efecto sobre el cHDL; en
cambio, los n-6 PUFA disminuyen el cHDL, y los n-3 PUFA lo disminuyen en cerca de 5 % (72). El
consumo de carbohidratos tiene un efecto negativo sobre los niveles de cHDL; una dieta en la cual se
adicionan calorı́as provenientes de carbohidratos (a cambio del mismo nú mero de calorı́as proveniente
de grasas) se re leja en una disminució n del cHDL de 0,4 mg/dL (por cada 1 % de la energı́a sustituida)
(73). El consumo moderado de alcohol se asocia con un aumento en los niveles de cHDL (en
comparació n con los abstemios). La reducció n de peso tiene una in luencia bené ica en los niveles de
cHDL. Por ejemplo, se observa un aumento de 0,4 mg/dL por cada Kg de disminució n en el peso
corporal (una vez la reducció n del peso se haya estabilizado). La actividad fı́sica aeró bica
correspondiente a un gasto energé tico total de 1500-2200 kcal/semana (como 25-30 km de caminata
rá pida por semana, o cualquier actividad equivalente) puede incrementar los niveles de cHDL en 3,1-6
mg/dL. La suspensió n del tabaquismo tambié n contribuye al aumento del cHDL (siempre que se evite el
aumento en el peso corporal; esto se observa a menudo poco despué s de dejar de fumar) (74, 75).
Teniendo en cuenta el impacto que las estatinas tienen sobre el cLDL, para el panel de expertos es claro
que, salvo en pacientes con há bitos excepcionalmente inadecuados, como la ingesta de cantidades
alarmantes de grasas trans, no se debe dar espera al inicio de estatinas en aquellos individuos que por
su RCDV ameriten su uso, esperando bene icios con el cambio de há bitos nutricionales. Se debe recalcar
que el impacto favorable de la dieta y del ejercicio sobre el RCDV es mediado por otros factores, y el
hecho de no tener mayor repercusió n (al menos en el cLDL) no debe desestimular su recomendació n
(76).
Se aceptan como hipolipemiantes no-estatinas a los SAB, el á cido nicotı́nico-niacina (AN), los ibratos, los
á cidos grasos omega-3 (AGO-3), el ezetimibe, los iPCSK9, el lomitapide y el mipomersé n. Una revisió n
má s amplia sobre los iPCSK9 se realizará má s adelante, y no se analizará n los dos ú ltimos por su uso
especı́ ico en HF.
a. Cuando es preciso llevar a cabo reducciones adicionales en el nivel de cLDL: si con dosis altas de
estatinas de alta efectividad y CTEV no se llega a metas en el nivel de cLDL, se requiere entonces
asociar a la estatina un hipolipemiante no-estatina. El AN unido a estatinas reduce el cLDL en 19 %
y los SAB lo hacen en 18 %-25 %. Los ibratos y los AGO-3 asociados a estatinas tienen nula
repercusió n sobre el cLDL, aunque los ibratos en monoterapia lo pueden reducir hasta en 10
%-20 %. El ezetimibe como monoterapia o unidos a estatinas reduce el cLDL en 19 %-23 % y los
iPCSK9 lo reducen aproximadamente en un 60 %. El comportamiento de este grupo de fá rmacos,
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hay seis opciones para reducir los ECDV con hipolipemiantes no-estatina, utilizados como
monoterapia. En esta situació n, se debe buscar el hipolipemiante en monoterapia que má s reduzca
el cLDL (como se comentó previamente), el que reduzca de manera signi icativa ECDV, y el que
tenga la mejor tolerancia y adherencia. Los iPCSK9 han demostrado una reducció n signi icativa de
ECDV, excelente tolerancia y adherencia. Los otros cinco hipolipemiantes, utilizados como
monoterapia, tienen algunas limitaciones sobre la reducció n de ECDV, sobre el nivel de cLDL y
sobre la tolerancia (Tabla 8). El ezetimibe en monoterapia no ha demostrado reducció n
signi icativa de ECDV; sin embargo, es una alternativa en individuos con SMAE y es bien tolerado.
Los ibratos en monoterapia, (al compararse con placebo) muestran una reducció n signi icativa del
riesgo de IAM no fatal y de revascularizació n, pero no sobre el riesgo de AVC, ni sobre mortalidad
cardiovascular o total. Los SAB han demostrado reducir ECDV como monoterapia, pero su
tolerancia y adherencia son bajas, lo que limita su uso en la prá ctica clı́nica. El AN como
monoterapia es otra alternativa en intolerantes a estatinas, al demostrar reducció n de ECDV; su
mayor limitació n son los frecuentes eventos adversos que conllevan una pobre adherencia. Los
AGO-3 tienen repercusió n sobre el nivel de Tg (pero no sobre el nivel de cLDL). Una
recomendació n precisa para prescribirlos, son las personas con evento coronario previo y que
tengan intolerancia o contraindicació n a los otros hipolipemiantes (83-85). Una descripció n má s
detallada de los SMAE se describirá en la secció n de “Manejo farmacoló gico de las dislipidemias
(hipolipemiantes tipo estatinas)”.
c. Uso en hipertrigliceridemia grave aislada que no responde adecuadamente a cambios en estilo de
vida: en el tratamiento de las dislipidemias, un aspecto en el que existe actualmente menos
evidencia es en demostrar si la reducció n de los niveles de Tg disminuye ECDV; es por ello, que las
recomendaciones generalmente son del tipo “opinió n de expertos”. En los casos en los que los
niveles de Tg son muy altos (en especial cuando son >800 mg/dL), el riesgo principal para estos
individuos es el de pancreatitis. Por ello, se recomienda iniciar inmediatamente ibratos asociados
con CTEV (y evaluar e intervenir causas secundarias). En presencia de hipertrigliceridemia aislada,
con niveles entre 500 y 800 mg/dL, se debe recomendar CTEV, y de igual forma evaluar e
intervenir causas secundarias. Si persisten estos valores en el tiempo, se recomienda iniciar
manejo farmacoló gico con ibratos, teniendo en cuenta que estos fá rmacos reducen los Tg hasta en
un 50 % (86, 87). En la eventualidad de persistir el nivel de Tg >500 mg/dL a pesar de CTEV y del
manejo con ibratos, se recomienda asociar AGO-3 en su forma farmacoló gica (no suplementos) y
en dosis de 4 gm/dı́a (siguiendo los lineamientos, tal y como se describió previamente en el
estudio REDUCE-IT, en donde la dosis de etilo de icosapento fue de 2 gm cada 12 horas). En
personas con alto RCDV con Tg >500 mg/dL, la primera opció n son dosis altas de las estatinas má s
efectivas (por reducir estas el cLDL y los Tg en má s del 50% y 35 %, respectivamente). Si despué s
de esta estrategia persisten los Tg elevados, se debe considerar terapia dual (estatinas- ibratos, ver
sección sobre RCDVR). En estas circunstancias, en las que es necesaria la terapia dual, la estatina
preferida es la rosuvastatina y el ibrato recomendado es el á cido fenofı́brico (por ser esta
asociació n la má s segura en relació n con la aparició n de rabdomió lisis) (88, 89). Si se utilizan otras
estatinas y otros ibratos, es prudente un estricto seguimiento a los pacientes (tanto clı́nicamente
como por laboratorio). En individuos con alto riesgo de ECDV, con Tg entre 200-500 mg/dL, se
recomiendan las estatinas de alta efectividad (y a dosis altas) como primera opció n (90). En
personas con alto RCDV, con colesterol no-HDL fuera de metas (y con intolerancia a ibratos), es
factible considerar a los AGO-3 asociados a estatinas, especialmente en pacientes con antecedente
de EAC (Tabla 9).
Tabla 7. Terapia hipolipemiante (no-estatina, diferentes a iPCSK9) y su efecto sobre los niveles de cLDL y Tg
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Las estatinas son consideradas los medicamentos de elecció n para la reducció n del cLDL; actualmente se
dispone de molé culas como luvastatina, lovastatina, pitavastatina, pravastatina, simvastatina,
rosuvastatina y atorvastatina. Las estatinas son inhibidoras competitivas y selectivas de la 3-hidroxi-3-
metilglutaril-CoA (Hmg-CoA) reductasa, la enzima responsable de la conversió n de Hmg-CoA a
mevalonato (en la vı́a de la sı́ntesis del colesterol). Al reducirse la sı́ntesis de colesterol ocurre una
suprarregulació n de los receptores de cLDL, con un incremento concomitante en la depuració n del
mismo; la reducció n en los niveles hepá ticos de cLDL mediada por estatinas incrementa la expresió n del
gen que codi ica para el LDL-R, realzando de esta forma la tasa metabó lica del cLDL y la extracció n de
remanentes de cVLDL, lo que conlleva a la disminució n en los niveles de cLDL (91, 92). Adicionalmente,
las estatinas tambié n incrementan la “salida” del colesterol desde los macró fagos. La evidencia actual
demuestra que las estatinas reducen el nivel plasmá tico de cLDL en un 2 0%-55 %, en una caracterı́stica
“dosis-dependiente” con un efecto modesto sobre la reducció n de los niveles de cVLDL, cIDL, y Tg (10
%- 30%), y un incremento en el nivel de cHDL de 2 %-10 % (Tabla 10). Las estatinas está n indicadas
para el tratamiento de la hipercolesterolemia o hipertrigliceridemia (junto a CTEV). El uso universal de
estas molé culas es para la prevenció n primaria y secundaria de la ECDV, en especial la EAC. Los
experimentos clı́nicos controlados y metaaná lisis han demostrado en un seguimiento promedio a cinco
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añ os, una reducció n del nivel de cLDL de 38 mg/dL (1 mmol/L), lo cual se traduce en una reducció n del
21 % en eventos vasculares mayores (IAM no fatal o muerte por ECDVA), un 19 % de reducció n del
riesgo en revascularizació n coronaria, y un 16 % de reducció n del riesgo en AVC. Adicionalmente, se ha
demostrado que reducciones mayores en los niveles de cLDL se asocian con una menor incidencia de
eventos cardiovasculares, revascularizaciones y AVC isqué mico, lo cual indica que una reducció n en el
valor de cLDL de 2-3 mmol/L (76-114 mg/dL) origina una reducció n de dichos eventos de 45 %-50 %; y
que al compararse con un ré gimen de tratamiento está ndar, una intervenció n má s intensiva puede
reducir un 15 % adicional en eventos vasculares mayores (por lo que la magnitud de la reducció n es
directamente proporcional a la reducció n absoluta del nivel de cLDL) (93-95). El tratamiento intensivo
con estatinas tambié n ha demostrado una reducció n global del 10 % en la mortalidad por toda causa, al
compararse con grupos controles, y se ha demostrado que por cada reducció n de 1 mmol/L en el nivel
de cLDL, se reduce el riesgo de eventos vasculares oclusivos en un 20 % (independientemente de la
concentració n basal de colesterol). Los efectos bené icos de las estatinas se han documentado en todas
las poblaciones estudiadas, independientemente del sexo, raza, edad y de la presencia o no de
enfermedades o condiciones concomitantes, y se ha extendido a subgrupos poblacionales con
de iniciones de riesgo especı́ icas.
Por otra parte, se ha demostrado que en adultos >40 añ os, sin historia previa de ECDVA, el bene icio
absoluto del tratamiento con estatinas es mayor para aquellos individuos con alto RCDV basal; y la
reducció n en el riesgo de eventos cardiovasculares es similar a lo largo de diferentes estratos
clı́nicamente relevantes (de inidos segú n el score de RCDV, nivel basal de lı́pidos, y presencia de
enfermedades o condiciones como DM, HA, sı́ndrome metabó lico o disfunció n renal; teniendo en cuenta
que la mayorı́a de los estudios en prevenció n primaria no incluyen individuos de diferentes razas ni
participantes ≥75 añ os) (96). Por otro lado, las estrategias en prevenció n secundaria (de inida como el
efecto de reducir eventos cardiovasculares recurrentes) se han enfocado en recomendar el tratamiento
de alta intensidad con estatinas (o hacer el cambio a alta intensidad en aquellos que reciben manejo con
estatinas en baja o moderada intensidad); es má s, se establece que el tratamiento con estatinas de alta
intensidad suministrado inmediatamente despué s de un evento cardiovascular, es la forma má s efectiva
de terapia. El impacto de dicha intervenció n está positivamente relacionado no só lo con la morbilidad
sino tambié n con la mortalidad a corto y a largo plazo (97). En prevenció n primaria, las diferentes guı́as
de manejo recomiendan el manejo con estatinas para los siguientes grupos poblacionales de riesgo:
a. Pacientes con un riesgo de eventos cardiovasculares a 10 añ os ≥7,5 %, con consideració n especial
para aquellos con un riesgo del 5 % hasta <7,5 %; individuos con niveles de cLDL ≥ 190 mg/dL;
personas de 40-75 añ os con DM1 y DM2, y cLDL ≥70 mg/dL.
b. En otras guı́as (NICE), se recomienda el tratamiento con estatinas si el riesgo a 10 añ os de ECDV es
≥10 %.
c. Para otras guı́as, el tratamiento con estatinas se recomienda si el riesgo del primer evento
arterioescleró tico fatal a 10 añ os es ≥10 %. Para dichas guı́as de manejo, las dosis de estatinas son
variables (96-98).
En prevenció n secundaria, el uso de estatinas se recomienda virtualmente para todos los pacientes con
ECDV conocida, puesto que reducen la mortalidad, el riesgo de IAM y de AVC en adultos con enfermedad
cardı́aca coronaria (aunque la evidencia respecto a la reducció n de la mortalidad y de AVC en mujeres es
limitada). Adicionalmente, el uso de estatinas en dosis altas reduce el riesgo de AVC y de IAM no fatal
(respecto al uso de estatinas en dosis de moderada intensidad en individuos con ECDV). Las estatinas
tienen diferencias en el metabolismo hepá tico, lo cual tiene gran importancia por el riesgo potencial de
interacciones con otros fá rmacos, por ejemplo, la atorvastatina, lovastatina y simvastatina se metabolizan
por la isoforma 3A4 del citocromo P450 (CYP3A4), existiendo fá rmacos que pueden producir un efecto
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inhibidor signi icativo con dosis terapé uticas en esta vı́a metabó lica, y pueden eventualmente elevar los
niveles en plasma de dichas estatinas, aumentando el riesgo de miopatı́a (99-102). Por su parte, la
rosuvastatina se metaboliza por la isoenzima 2C9 del citocromo P450 (75 %), por lo que al utilizar
principalmente esta vı́a de metabolismo se podrı́an evitar algunas de las interacciones que se
producirı́an en caso de utilizar otro tipo de medicamentos. La pravastatina no es metabolizada por la
isoforma 3A4 del citocromo P450 en una cantidad clı́nicamente signi icativa, por lo que se considera
como la estatina que menos interacció n presenta desde el punto de vista clı́nico.
Los eventos adversos má s comunes relacionados con el uso de estatinas son las complicaciones
hepá ticas (elevació n de los niveles de transaminasas), renales, musculoesquelé ticas (mialgias,
rabdomió lisis). La presencia de mialgias se ha encontrado en el 10 %-15 % de los pacientes tratados con
estatinas (aunque el riesgo puede ser mayor en aquellos pacientes polimedicados o con historia de
insu iciencia renal). La frecuencia de rabdomió lisis es baja, y en general es mayor en personas que
reciben terapia dual (estatinas/ ibratos) (103-105). Por otra parte, se ha asociado el uso de estatinas
con un mayor riesgo de diabetes mellitus; el riesgo se establece para el uso de cualquier tipo de
estatinas [frente a grupos de individuos que no utilizan estatinas, (RR: 1.44; 95 % CI: 1,31-1,58)]. Dicho
riesgo es mayor para estatinas como atorvastatina o simvastatina, al compararse con luvastatina,
lovastatina, y pravastatina. Aunque las tasas de sı́ntomas musculares relacionadas al uso de estatinas son
relativamente bajas y similares al placebo en los experimentos clı́nicos aleatorizados, la prevalencia en la
prá ctica clı́nica es má s alta, y es una de las razones principales de no adherencia; la presentació n clı́nica
de los sı́ntomas mú sculoesquelé ticos es altamente subjetiva, con un amplio espectro de sı́ntomas (dolor,
debilidad muscular) los cuales no se asocian usualmente con elevació n concomitante de los niveles de la
creatinina quinasa (CK), lo cual di iculta el abordaje de dicha condició n (106) (Tablas 11 y 12). En la
evaluació n de pacientes con SMAE deben siempre excluirse otras causas y condiciones desencadenantes,
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por ejemplo, hipotiroidismo, dé icit de vitamina D, incremento en la intensidad de la actividad fı́sica,
trastornos reumatoló gicos, uso de glucocorticoides, risperidona, inmunosupresores, uso de opioides,
alcohol, antirretrovirales, entre otros. En los pacientes con sı́ntomas musculares y CK<4 veces LSN con
bajo RCDV debe establecerse el riesgo/bene icio de iniciar manejo no farmacoló gico enfocado en
reducir el nivel de colesterol (frente a la suspensió n del tratamiento con estatinas); mientras que, en
aquellos individuos con alto RCDV debe individualizarse la continuidad del tratamiento en relació n con
los sı́ntomas musculares; en estos casos puede plantearse el uso de estatinas en dosis bajas, o el cambio
de una estatina por otra, o utilizar el medicamento en dosis intermitentes, o plantear la necesidad de
otros medicamentos hipolipemiantes. En individuos de bajo riesgo, con sı́ntomas musculares y niveles de
CK>10 veces LSN, se recomienda suspender la estatina, y luego de revalorar el uso del medicamento,
puede reiniciarse una estatina diferente, en dosis bajas o en dosis intermitentes (monitoreando siempre
el nivel de CK). Para individuos con alto RCDV, con sı́ntomas musculares y CK >4 y <10 veces LSN, puede
mantenerse el tratamiento, haciendo seguimiento a los niveles de CK (si llegado el caso, su nivel se eleva
a >10 veces LSN, entonces se recomienda suspender –al menos temporalmente- la estatina, y evitar
nuevamente la estatina que originó el problema).
Si los niveles de CK retornan a su valor normal, puede iniciarse otra estatina diferente, en dosis bajas
(monitoreando el nivel de CK); si los niveles de CK persisten elevados a pesar de la suspensió n de la
estatina, deben considerarse causas subyacentes de miopatı́a (miositis in lamatorias, hipotiroidismo,
entre otras). En individuos con niveles de CK >10 veces LSN en los cuales no se han documentado
causas secundarias de la elevació n de la CK, debe suspenderse la estatina por el alto riesgo de
rabdomió lisis, si el nivel de CK vuelve al valor normal al suspender la estatina, se recomienda reiniciar
otra estatina diferente en dosis bajas o intermitentes, haciendo seguimiento estricto a la sintomatologı́a
del paciente y a los niveles de CK; si existe alta sospecha de rabdomió lisis, la estatina debe ser
suspendida. En personas con nivel de CK >40 veces LSN, se recomienda hospitalizació n inmediata,
evaluando el probable dañ o renal, y deben iniciarse medidas de soporte como hidratació n vigorosa, y
alcalinizació n de la orina (Figura 9). En estos individuos, debe considerarse a largo plazo el uso de
hipolipemiantes no-estatinas (por ejemplo, iPCSK9, ezetimibe, SAB, ibratos, AGO-3) (107, 108). El
seguimiento de los pacientes en manejo con estatinas debe realizarse a las seis semanas posteriores al
inicio de la terapia, y cada seis semanas hasta que la meta preestablecida sea alcanzada; a partir de allı́
se recomienda realizar el seguimiento a intervalos de 6-12 meses (dependiendo de la adherencia del
paciente y de lo exigente de las metas del per il lipı́dico); tambié n se recomienda medir los niveles de
transaminasas antes del inicio de la terapia, y a los tres meses despué s de su inicio, y luego solicitarlo de
manera perió dica (por ejemplo, cada 6 meses). Si los niveles iniciales de ALT son ≥3 veces LSN se
recomienda iniciar la estatina en bajas dosis (108).
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Tabla 12. Índice clínico propuesto para la presencia de mialgias inducida por estatinas
La reducció n del cLDL está claramente asociada con la reducció n del riesgo de eventos vasculares
cerebrales y cardı́acos, y con la reducció n en el proceso arterioescleró tico (109, 110). Las estatinas son
herramientas de gran potencia, que han demostrado su utilidad en la prevenció n de eventos y en la
reducció n del crecimiento de las lesiones arterioscleró ticas, en la estabilizació n de placas y hasta en la
regresió n de la placa (111, 112). A pesar de la efectividad demostrada de las estatinas en desenlaces
duros, ası́ como de su combinació n con ezetimibe, hay casos en los que estas terapias no son efectivas,
bien porque no se toleran, porque los niveles de colesterol son muy elevados para la capacidad de
modi icació n de las terapias, o porque hay un defecto gené tico que impide la funció n de los
medicamentos convencionales (113, 114). En la HF se combinan dos caracterı́sticas principales: la
elevación marcada de los niveles de cLDL, que pueden llegar a valores de 1000 mg/dL y, la presencia de
enfermedad coronaria temprana, aú n en la niñ ez en casos extremos. Los defectos gené ticos existentes
(casi siempre autosó micos dominantes, que involucran la disminució n o ausencia de receptores para
LDL, la reducció n del ligando ApoB o el aumento de actividad de la PCSK9) y la condició n de homocigoto
(Ho) o heterocigoto (He), son los determinantes de la respuesta a medicamentos (115, 116).
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Medicamentos novedosos
Los niveles de cLDL se controlan mediante la expresió n y actividad de una enzima, la convertasa de
Hmg-CoA y mediante la expresió n y funció n de receptores para las LDL. Las estatinas actú an mediante la
inhibició n de la reductasa de Hmg-CoA y el aumento secundario de la expresió n de receptores para LDL.
Pero se hacı́a necesario tener medicamentos con mecanismos de acció n diferentes para los casos
mencionados, intolerancia a estatinas, niveles muy elevados no controlables en pacientes con RCDV
elevado, o en casos de HF con valores no controlables con estatinas (HFHo, y muchos casos de HFHe)
(117).
Se han desarrollado medicamentos con dos mecanismos principales de acció n: la inhibició n de la PCSK9
con anticuerpos monoclonales, que protege los receptores para cLDL y aumenta su funció n; y la
inhibició n de la sı́ntesis de cVLDL, que lleva a la reducció n de los niveles de cLDL, sin que sea necesaria
la mediació n de los receptores para LDL.
Inhibición de la PCSK9
Figura 9. Algoritmo para el enfoque del manejo del paciente con intolerancia a las estatinas
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Anticuerpos monoclonales
Los anticuerpos monoclonales (-mab- por monoclonal antibodies, en inglé s) son agentes efectivos por su
especi icidad para los blancos terapé uticos para los que se diseñ aron. Sin embargo, pueden generar
respuesta inmunogé nica, que altera potencialmente su seguridad y sus propiedades farmacociné ticas. La
respuesta depende, en gran parte, de la composició n de los anticuerpos (Figura 10).
En algunos casos provienen de anticuerpos puri icados de origen murino (que tienen siempre el in ijo
-0- antes del inal, como ibritum-o-mab, utilizado para linfoma no-Hodgkin de cé lulas B). Por su origen
(netamente murino) tienen alta probabilidad de producir reacciones inmunoló gicas y alé rgicas. Mediante
ingenierı́a gené tica se fueron reemplazando secuencias de origen murino por secuencias de origen
humano, lo que ha modi icado sustancialmente la inmunogenicidad. En algunos anticuerpos, el origen es
parcialmente murino (hasta un 33 %) y reciben el nombre de quimé ricos (su in ijo es -xi-, como el ritu-
xi-mab, utilizado en una amplia variedad de trastornos autoinmunes, como artritis reumatoide). Si el
porcentaje de origen murino está entre 5 % y 10 %, se les llama humanizados (que se pueden identi icar
por el in ijo -zu-, como el bococi-zu-mab, anticuerpo contra PCSK-9) (121-123). Finalmente, algunos son
de origen humano por completo, y se les llama completamente humanos. Su in ijo es -u- como aliroc-u-
mab o evoloc-u-mab. Su origen humano los hace los menos inmunogé nicos (menor producció n de
anticuerpos y menos anticuerpos neutralizantes) y los que menos probabilidad tienen de producir
reacciones alé rgicas.
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La utilizació n de anticuerpos monoclonales contra PCSK9 ha demostrado ser la estrategia má s efectiva
para reducir los niveles de cLDL. Se han estudiado varias molé culas, de las cuales una, bococizumab, fue
retirada en fases avanzadas de investigació n por atenuació n no anticipada del efecto de reducció n de
LDL, un alto nivel de inmunogenicidad y altas tasas de reacciones en el sitio de inyecció n, probablemente
en relació n con su caracterı́stica de no ser un anticuerpo completamente humano (es humanizado, de
origen murino) (124). Otras dos molé culas han sido estudiadas, alirocumab y evolocumab, que son
completamente humanas (producidas en humanos). Las dos molé culas son para uso subcutá neo, bien
en dosis cada dos semanas o una mensual. Los estudios han mostrado su capacidad para la reducció n
del cLDL, ası́ como de colesterol no-HDL, ApoB y aú n Lp(a), con seguridad y buena tolerabilidad. Las
guı́as tanto europeas, como norteamericanas, las recomiendan con indicaciones especiales y precisas
(125, 126).
Evolocumab
Son anticuerpos monoclonales completamente humanos que inhiben la PCSK9 y logran reducciones en
el cLDL hasta del 60 %. Se presenta en solució n para inyecció n en jeringas prellenadas, con dos dosis
disponibles [en jeringas prellenadas o en inyectores prellenados de estilo pluma (140 mg) y en
cartuchos (420 mg)], que se utilizan con un dosi icador automatizado. La inyecció n se hace subcutá nea
en el abdomen, muslo o brazos. La dosis recomendada es de 140 mg cada dos semanas o de 420 mg una
vez al mes. Esta ú ltima es la dosis inicial recomendada en casos de HFHo, y puede ser aumentada a 420
mg cada dos semanas (127, 128). La biodisponibilidad absoluta es de aproximadamente 82 %, se
metaboliza como las proteı́nas, con ruptura en pequeñ os pé ptidos y en aminoá cidos. No se espera una
excreció n renal signi icativa; no necesita ajustes ni en insu iciencia hepá tica ni renal leve a moderada. No
hay aú n estudios disponibles con insu iciencia renal o hepá tica grave, por lo que no se recomienda su
uso en dichos casos. Tampoco se recomienda su uso en mujeres embarazadas o lactantes, se sabe que
atraviesa la barrera placentaria, pero no hay datos su icientes de su concentració n en leche materna.
El evolocumab ha sido estudiado con un programa de estudios que incluye al menos 20 experimentos
clı́nicos con 30 000 pacientes, y que ha demostrado tener efectividad en la reducció n signi icativa de
cLDL, reducció n de placa, y en eventos cardiovasculares. El programa se llama PROFICIO (Program to
Reduce LDLC and Cardiovascular Outcomes Following Inhibition of PCSK9 In Different Populations), e
incluye:
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FOURIER (Further Cardiovascular OUtcomes Research with PCSK9 Inhibition in Subjects with Elevated
Risk), en pacientes con ECDV (129)
Población de estudio
Ambos sexos, entre 40 y 85 añ os de edad, que tuvieran ECDVA evidente, de inida como historia de
infarto de miocardio, AVC no hemorrá gico o EAP sintomá tica, con valores de cLDL ≥70 mg/dL, que
estuvieran en un ré gimen ó ptimo de terapia hipolipemiante.
TESLA y TAUSSIG. En pacientes con HFHo (134, 135). Este fue un estudio con 50 pacientes con
HFHo (edad ≥12 añ os) en tratamiento estable con hipolipemiantes al menos por cuatro semanas;
fueron aleatorizados a 420 mg o placebo cada cuatro semanas por 12 semanas.
En el grupo de tratamiento activo se logró una reducció n del cLDL (medido por
ultracentrifugació n) de -30,9 % [vs. placebo (CI 95 %: -43,9 a -18,0 %)].
No hubo eventos adversos signi icativos ni clı́nicos ni de laboratorio y no se detectaron
anticuerpos contra evolocumab.
LAPLACE-2 y YUKAWA-2, la combinació n con estatinas en pacientes con dislipidemia (136, 137).
GAUSS-1, GAUSS-2 y GAUSS-3, en pacientes con hiperlipidemia que no toleran estatinas (138-140).
MENDEL-2, como medicació n ú nica en pacientes con hiperlipidemia (141, 142).
RUTHERFORD-2 y TAUSSIG, en pacientes con HFHe (143).
THOMAS-1 and THOMAS-2, evaluació n del uso de la pluma autoinyectora y el inyector personal
(144).
Ademá s de la dieta y de la terapia con estatina má xima tolerada, se usará n, cuando se requieran
reducciones adicionales de cLDL en las siguientes condiciones (145):
Alirocumab
Son anticuerpos monoclonales completamente humanos que inhiben la PCSK9 y logran reducciones del
cLDL entre 36 % y 59%. Se presenta en solució n para inyecció n en jeringas prellenadas o en inyectores
prellenados de estilo pluma con dosis de 75 o de 150 mg. La inyecció n se hace subcutá nea en el
abdomen, muslo o brazos. La dosis recomendada es de 75 mg cada dos semanas, y si se necesitan
mayores reducciones de colesterol se puede aumentar a 150 mg cada dos semanas, o a 300 mg cada
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cuatro semanas (esta dosis no tiene aprobació n en Colombia). Los ajustes deben hacerse a las ocho
semanas de tratamiento, con base en el per il lipı́dico de control. El medicamento puede ser
autoadministrado y necesita refrigeració n, pero debe ser expuesto a temperatura ambiente al menos
media hora antes de la aplicació n (146). La má xima inhibició n de la PCSK9 se obtiene a las 4-8 horas de
aplicació n. La vida media en estado estable es de 17-20 dı́as. La biodisponibilidad absoluta es
aproximadamente del 85 %, en un volumen de distribució n aproximado de 0,04 a 0,05 L/Kg (147). El
medicamento se degrada a pé ptidos pequeñ os y a aminoá cidos individuales. No tiene ningú n efecto
sobre enzimas del citocromo P450 ni sobre otras proteı́nas transportadoras.
ODYSSEY Outcomes (148). Experimento clı́nico aleatorizado, que comparó placebo con alirocumab en
pacientes despué s de un sı́ndrome coronario agudo en un estudio de seguimiento a 48 meses.
Población de estudio
18 964 pacientes que hubiesen tenido entre 1 a 12 meses antes un evento por sı́ndrome coronario
agudo (IAM o angina inestable), mayores de 40 añ os (edad promedio 58), de ambos sexos, que
estuvieran recibiendo terapia de alta intensidad con estatinas (o intolerancia a estatinas documentada)
al menos por dos semanas (atorvastatina 40-80 mg/dı́a o rosuvastatina 20-40 mg/dı́a) y que tuvieran un
inadecuado control de lı́pidos, de inido como cLDL >70 mg/dL, o colesterol no-HDL >100 mg/ dL, o
apoB >80 mg/dL.
75 mg subcutá neos cada 2 semanas (ajustable a 150 mg) o placebo, en pacientes con terapia
hipolipemiante ó ptima. El medicamento se ajustaba de 75 a 150 mg para lograr un cLDL entre 25 y 50
mg/dL, pero por encima de 15 mg/dL.
Resultados
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Se encontró una reducció n en eventos cardı́acos mayores de 11,1 % (placebo) a 9,5 % (alirocumab),
para un HR de 0,85 (CI 95 %: 0,78-0,93); los desenlaces de los componentes individuales fueron: muerte
por enfermedad coronaria 2,2 % vs. 2,3 % (p=0,38), IAM 6,6 % vs. 7,6 % (p=0,006), AVC isqué mico 1,2 %
vs. 1,6 % (p=0,01) y angina inestable 0,4 % vs. 0,6 % (p=0,02). En desenlaces secundarios se encontró
reducció n en muerte/IAM/AVC isqué mico de 11,9 % a 10,3 % (p=0,0003); mortalidad por todas las
causas 4,1 % a 3,5 % (p=0,026); revascularizació n coronaria por isquemia 8,8 % a 7,7 % (p=0,009). La
reducció n de cLDL fue de 54,7 % a los 48 meses.
Los pacientes con cLDL inicial >100 mg/dL presentaron mayor bene icio: en eventos mayores 11,5 % vs.
14,9 %, HR=0,76; muerte coronaria 2,5 % vs. 3,4 %, muerte cardiovascular 2,9 % vs. 4,2 %, mortalidad
por todas las causas 4,1 % vs. 5,7 %, aunque el valor de p para interacciones no fue signi icativo (149).
Las principales conclusiones fueron:
Alirocumab, utilizado cada dos semanas, reduce eventos isqué micos, que incluyen mortalidad por
todas las causas e infarto de miocardio en pacientes con sı́ndrome coronario agudo en los ú ltimos
12 meses.
Este fue un estudio con una meta concreta de cLDL, el primer estudio en plantearla (se buscaba
llevar a los pacientes a un cLDL <50 mg/dL).
El estudio claramente evaluó una població n má s inestable que la del estudio FOURIER, por lo que
no son comparables los resultados.
Odyssey LONG TERM. Pacientes con cLDL ≥ 70 mg/dL, seguidos por 18 meses (150, 151). Este fue
un estudio con 2341 pacientes adultos con alto riesgo cardiovascular o con HFHe, que recibı́an
estatina en dosis má xima, con o sin otras terapias hipolipemiantes que tuvieran cLDL ≥70 mg/ dL,
aleatorizados a alirocumab 150 mg cada dos semanas o placebo, por 78 semanas. El desenlace
primario fue el porcentaje de cambio en cLDL a partir de la base, por intenció n de tratar. Los
puntos secundarios fueron los porcentajes de cambio de las otras fracciones lipı́dicas en los
pacientes que tomaban el medicamento. Adicionalmente se evaluó la seguridad a largo plazo,
incluyendo eventos cardiovasculares mayores como criterios de seguridad. El promedio de edad
de los participantes fue de 60 añ os (37,8 % mujeres). La tasa de adherencia al medicamento fue 98
% para alirocumab y 97,6 % para placebo, y la tasa de descontinuació n fue de 28,2 % para
alirocumab y de 24,5 % para placebo. El porcentaje medio de cambio en el cLDL a partir de la lı́nea
de base fue de -61 % para alirocumab (contra 0,8 % en el grupo placebo). El promedio absoluto de
cLDL al inal del estudio fue de 48 mg/dL en el grupo de alirocumab. Se obtuvo la meta de cLDL
<70 mg/dL en 79,3 % de los pacientes que recibieron alirocumab (versus 8 % en el grupo
placebo). El porcentaje de pacientes con cualquier evento adverso fue similar para los dos grupos,
ası́ como fueron similares entre alirocumab y placebo los eventos que llevaron a suspensió n del
medicamento. Fueron má s frecuentes las reacciones locales en el sitio de inyecció n en el grupo de
alirocumab.
Odyssey FH I y Odyssey FH II. En pacientes con cLDL ≥70 mg/dL, con HF, seguidos por 18 meses
(152).
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Odyssey HIGH FH. Pacientes con cLDL ≥160 mg/dL, seguidos por 18 meses (153).
Odyssey OLE. Estudio en má s de mil pacientes de los estudios anteriores, seguidos por 30 meses
en una fase abierta. Pacientes con Alto RCV y cLDL elevado
Odyssey COMBO I y Odyssey COMBO II (comparado con estatina + ezetimibe). Pacientes con cLDL
≥70 mg/dL en dosis má ximas de estatina, seguidos por 12 meses (COMBO I) o por 24 meses
(COMBO II) (154).
Odyssey CHOICE I. Pacientes con riesgo alto o moderado, con cLDL ≥70 mg/dL, seguidos por 12
meses. Estudios con poblaciones adicionales
Odyssey MONO. Pacientes que no tienen medicamentos hipolipemiantes, seguidos por seis meses.
Odyssey ALTERNATIVE. Pacientes con intolerancia a las estatinas, con cLDL ≥70 mg/dL, seguidos
por seis meses.
Odyssey CHOICE II. Pacientes no tratados con estatina, con cLDL ≥70 mg/dL, seguidos por seis
meses.
Odyssey OPTIONS I. Pacientes que no está n en meta en dosis moderadas de atorvastatina, seguidos
por seis meses.
Odyssey OPTIONS II. Pacientes tratados con alirocumab junto a rosuvastatina vs. otros tratamientos
modi icadores de lı́pidos.
Odyssey DM-DYSLIPIDEMIA. Este estudio evalú a la e icacia y seguridad de alirocumab vs. cuidado
usual reductor de lı́pidos en individuos con DM2 y dislipidemia mixta con alto RCV, con colesterol
no-HDL inadecuadamente controlado, a pesar de terapia con estatina a dosis má ximas toleradas.
Ademá s de dieta y la terapia con estatinas má xima tolerada, se usará , cuando se requieran reducciones
adicionales de cLDL en (155):
Varios estudios con aná lisis y metaaná lisis de estudios con alirocumab, evolocumab y bococizumab
han sido realizados para determinar resultados globales tanto de efectividad como de seguridad,
los cuales han demostrado consistentemente buena seguridad y tolerabilidad, similares al placebo,
y efectos de reducció n de colesterol cLDL, colesterol total, colesterol no-HDL y ApoB, ası́ como
reducciones en Lp(a) y aú n en triglicé ridos (156-161).
añ os de edad. Los valores de cLDL variaron entre 480 y 789 mg/dL, en los que no recibı́an ningú n
tratamiento hipolipemiante desde cuatro semanas antes del estudio (estaban principalmente en
afé resis). Los pacientes fueron evaluados en los dı́as 7, 14 y 28 para efectividad, y 28 dı́as despué s de la
ú ltima dosis para seguridad. Los pacientes mostraron tener ausencia de receptores (cuatro), fenotipo
negativo para receptores, pero actividad en los ibroblastos cutá neos (uno) y receptor defectuoso por
una mutació n (uno).
Figura 11. E icacia y seguridad de los iPCSK9 vs. placebo o vs. otros hipolipemiantes
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El mipomersé n está en la actualidad muy restringido, y solamente puede ser utilizado mediante un
programa REMS (evaluació n y mitigació n de riesgo). El mipomersé n inter iere la acció n del RNA
mensajero que llevarı́a a la sı́ntesis de apoB100 por el hı́gado, ya que hibridiza la regió n codi icadora del
mRNA y activa una enzima (RNase H) que degrada la cadena de mRNA (167, 168). De esta manera,
reduce de manera signi icativa la producció n de apoB-100, que a su vez va a disminuir la excreció n
hepá tica de cVLDL, que deberı́a convertirse a cLDL. En pacientes con hipercolesterolemia severa debida
a HFHo es difı́cil alcanzar reducciones signi icativas de cLDL, debido a defectos o carencia de los
receptores para cLDL. En estos pacientes se utiliza afé resis, que puede reducir entre 60 %-80 % el cLDL,
aunque se observa un rebote signi icativo en los dı́as siguientes a la afé resis. La reducció n signi icativa
del cLDL mediante la interferencia con la sı́ntesis de apoB se ofrece como una opció n terapé utica de
potencial utilidad. En un experimento clı́nico con 15 pacientes se evaluó el efecto de mipomersé n
(autoinyecció n de 200 mg s.c/semana, 11 pacientes) en comparació n con placebo (4 pacientes), en
pacientes con la má xima terapia hipolipemiante posible (169). Hubo tres suspensiones tempranas del
medicamento por efectos adversos (reacciones moderadas a severas en el sitio de inyecció n n=3 y
elevació n de enzimas hepá ticas n=1). Se evaluó el cambio en cLDL pre-afé resis, que pasó de 185,3 a
142,8 mg/dL en el grupo de mipomersé n, sin cambios en el grupo placebo (p=0,02). Tambié n se
encontró una reducció n no estadı́sticamente signi icativa de lipoproteı́na Lp(a) de 40,2 mg/dL (16 %,
p=0,21). En un aná lisis post hoc de tres experimentos clı́nicos y de un estudio abierto se incluyeron 674
pacientes con HFHo expuestos al menos a 12 meses a mipomersé n (170). Se encontraron eventos
mayores en el 61,5 % de los pacientes durante 24 meses de tratamiento. La reducció n en la tasa de
eventos fue de 25,7 por 1000 meses/paciente a 3,9 (OR: 0,053; CI 95 %: 0,016-0,268), coincidente con
una reducció n absoluta en cLDL de 70 mg/dL (-28 %) y en el colesterol no-HDL de 74 mg/dL (-26 %).
Un metaaná lisis evaluó la efectividad y seguridad de mipomersé n en ocho experimentos clı́nicos (n=462)
y encontró una reducció n signi icativa en el nivel de cLDL de 32,37 % (CI 95 %: 25,5-39,1), aunque
aumentó el riesgo de reacció n en el sitio de inyecció n (RR: 2,05; CI 95 %: 1,39-3,04), elevació n de
aminotransferasas (RR: 4,44; CI 95 %: 1,67-11,86) y de esteatosis hepá tica (RR: 3,85; CI 95 %: 1,39-
10,67) (171). La reducció n en el cLDL lo hace una intervenció n efectiva, que debe, sin embargo, ser
utilizada con precaució n por los riesgos de eventos adversos hepá ticos.
Durante el embarazo normal ocurre un incremento continuo de todas las lipoproteı́nas, con un pico de
aparició n cerca al té rmino. Las concentraciones generalmente no sobrepasan los 250 mg/dL de Tg o de
CT, sin embargo, los incrementos mayores a estas cifras se asocian con complicaciones del embarazo
como hipertensió n inducida por el embarazo, preeclampsia, diabetes gestacional y macrosomı́a fetal. Por
esta razó n las guı́as de consulta preconcepcional recomiendan la realizació n de un per il lipı́dico antes
del embarazo. La revisió n sistemá tica de la literatura ha mostrado que las estatinas probablemente no
son teratogé nicas, sin embargo, las diferentes organizaciones regulatorias internacionales de
medicamentos, y las mú ltiples guı́as de prá ctica clı́nica sugieren no utilizarlas durante el embarazo y la
lactancia (172, 173). Los ibratos pueden utilizarse para hipertrigliceridemia grave despué s de inalizado
el primer trimestre del embarazo. Los SAB y los AGO-3 son seguros en la gestante. Otros medicamentos,
entre los que está n los iPCSK9 no tienen estudios en embarazadas. El manejo de las dislipidemias en el
embarazo debe basarse en las medidas no farmacoló gicas, y las pacientes deben ser seguidas
frecuentemente por especialistas en terapia mé dica nutricional y el mé dico obstetra para detectar
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19/9/2020 Recomendaciones del panel de expertos sobre la fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de las dislipidemias en la población adulta.
ERC
Los pacientes con disfunció n renal cró nica tienen un incremento de la mortalidad ajustada por edad
incluso antes de requerir diá lisis. El riesgo de eventos cardiovasculares aumenta a medida que progresa
la ERC, siendo mucho má s alto antes de requerir diá lisis (donde puede ser 10 veces mayor, respecto a un
adulto de la misma edad) (181, 182). Luego del estadio 3, el riesgo es similar a quienes han tenido un
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19/9/2020 Recomendaciones del panel de expertos sobre la fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de las dislipidemias en la población adulta.
infarto del miocardio. Los pacientes con ERC desarrollan progresivamente una dislipidemia mixta
aterogé nica, con alteració n en la maduració n, funció n y nú mero de las molé culas de cHDL, aumento de
los Tg, incremento leve del cLDL y de la Lp(a). Ademá s, existe una respuesta in lamatoria constante
debido al aumento de las LDL oxidadas, disminució n de los antioxidantes, disminució n en la excreció n de
citoquinas in lamatorias y aumento del estré s oxidativo por exceso de radicales libres. Adicionalmente, la
prevalencia de los factores de riesgo tradicionales es mayor en quienes tienen ERC. Esto puede llevar
inalmente a una ibrosis con calci icació n vascular conocida como esclerosis de Monckeberg. El riesgo
de eventos cardiovasculares se correlaciona mejor con el grado de la ERC que con los niveles de cLDL
(183, 184). Por esta razó n, se recomienda el uso de estatinas (no basados en el cLDL sino el grado de
ERC segú n la clasi icació n KDIGO) (Tabla 13). Existen tres escenarios en el manejo del RCDV en el
paciente con ERC: el paciente con ERC antes de requerir diá lisis, aquel en terapia dialı́tica y el paciente
trasplantado renal. El uso de estatinas en pacientes con ERC en estadio ≥A3 (antes de diá lisis) ha
demostrado reducir el riesgo de muerte y de eventos coronarios (185). Este efecto es mayor en el
estadio 3, y se atenú a en los estadios 4 y 5; de igual forma, este efecto es má s marcado para individuos
>50 añ os. Se recomienda iniciar estatinas en dosis de alta intensidad, y cumplir las metas propuestas
segú n sea su riesgo (alto, muy alto o extremo). En pacientes en terapia dialı́tica, el tratamiento con
estatinas no es e icaz, y su uso debe individualizarse segú n el riesgo previo, o si el paciente ya venı́a
recibiendo y tolerando un tratamiento especı́ ico. La recomendació n para el uso de estatinas en los
trasplantados renales es hasta ahora dé bil e imprecisa. Las estatinas pudieran tener algú n papel en
detener la progresió n de la ERC, revisiones sistemá ticas recientes de la literatura, que incluyen etiologı́a
diabé tica y no diabé tica de la ERC, encontraron que no impactan los desenlaces renales duros, pero sı́ se
disminuye la proteinuria y el deterioro de TFG. En la ERC estadio 3 no es necesario hacer ajustes a la
dosis de las estatinas, y en estadios 4 y 5 se recomienda dar el 50 % de la dosis. El ezetimibe es ú til y
puede utilizarse sin realizar ajustes de dosis. Los pacientes con ERC, particularmente cuando hay
proteinuria, tienen elevació n de la PCSK9, y los iPCSK9 son una terapia promisoria. Los aná lisis post hoc
de los experimentos clı́nicos con alirocumab y evolocumab han mostrado una e icacia y seguridad
similar a los pacientes sin ERC (186-188).
Conclusiones
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1. Las principales lipoproteı́nas plasmá ticas son los quilomicrones, remanentes de los quilomicrones,
cVLDL, cLDL, cHDL y la Lp(a). Estas se componen en té rminos generales de una o varias
apoproteı́nas, de una monocapa de fosfolı́pidos con colesterol libre y un centro que contiene
triglicé ridos y é steres de colesterol. Las lipoproteı́nas se clasi ican por su densidad y diá metro
como su nombre lo indica.
2. La ECDV es la principal causa de muerte en el mundo. La hipercolesterolemia y la
hipertrigliceridemia son factores de riesgo modi icables para la ECDV. Las dislipidemias deben
considerarse una consecuencia de un estilo de vida y dieta inapropiadas, ademá s de la presencia
de algunas susceptibilidades gené ticas.
3. En la estimació n del RCDV, la mayorı́a de las guı́as internacionales recomiendan una herramienta
de indicació n probabilı́stica, que incluye los FRCDV tradicionales, para poder estimar el riesgo de
un evento cardiovascular arterioescleró tico.
4. Es claro que el RCDV disminuye con la reducció n del cLDL.
5. La incorporació n de há bitos saludables (dieta y ejercicio), disminuye el RCDV, no solo por su efecto
sobre los niveles de lı́pidos en plasma, sino tambié n porque modi ica otros FRCDV, y por tener un
impacto en el estré s oxidativo y en los procesos in lamatorios.
6. El RCDV residual se de ine como el riesgo residual de eventos vasculares incidentes; o la
progresió n de un dañ o vascular establecido persistentemente, en pacientes tratados bajo una
recomendació n actual basada en la evidencia, que incluyen factores de riesgo establecidos como
dislipidemia, HA, hiperglucemia, in lamació n, estilos de vida no saludables, y nuevos factores de
riesgo o emergentes.
7. Se aceptan como hipolipemiantes no-estatinas a los SAB, el AN, los ibratos, los AGO-3, el ezetimibe,
los iPCSK9, el lomitapide y el mipomersé n.
8. Las estatinas siguen siendo el medicamento base para el control del colesterol, y se le puede
adicionar ezetimibe cuando haya necesidad.
9. La HF implica un alto RCDV, la cual es má s grave en los casos de HFHo homocigota.
10. Entre los nuevos medicamentos para el control de la hipercolesterolemia, se ha encontrado una
reducció n de alrededor de 60% del cLDL con iPCSK9, tambié n se ha encontrado reducció n de la
placa arterioescleró tica con evolocumab y reducció n de eventos duros (desenlace cardiovascular
combinado).
11. Los estudios FOURIER y ODYSSEY-Outcomes, con evolocumab y con alirocumab demostraron,
reducció n en eventos duros.
12. En los pacientes con alto RCDV, que no logran metas de cLDL a pesar de dosis má ximas toleradas
de estatinas, se hace necesario intervenir con iPCSK9.
13. En los pacientes con HF, que no logran metas de cLDL a pesar de dosis má ximas toleradas de
estatinas se hace necesario intervenir con iPCSK9.
14. Cuando se habla de dosis má xima de estatinas como requisito para la aplicació n de iPCSK9 puede
ser “ninguna” si hay intolerancia real.
15. En los pacientes con HFHo puede ser ú til el uso de evolocumab.
16. La ausencia de receptores en la HFHo debe ser intervenida con medicamentos que no actú en a
travé s de los receptores para cLDL.
17. La inhibició n de la MTTP permite a lomitapide lograr reducciones de cLDL sin que intervengan los
receptores, lo que la hace muy ú til en HFHo.
18. La inhibició n de la producció n de cVLDL mediante terapia antisentido permite al mipomersé n la
reducció n signi icativa de cLDL en pacientes sin receptores, lo que la hace muy ú til para indicarlo
en HFHo.
19. Se sugiere la realizació n de un per il lipı́dico dentro del panel de estudios de la consulta
preconcepcional. El tratamiento de las dislipidemias durante el embarazo debe basarse en la
terapia mé dica nutricional. No deben utilizarse estatinas durante el embarazo, y si la mujer recibe
tratamiento activo con estatinas antes del mismo, estas deben suspenderse antes de la concepció n.
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20. Los pacientes con infecció n por VIH deben ser considerados de categorı́a de alto riesgo. Antes de
iniciar una estatina deben veri icarse las posibles interacciones farmacoló gicas con los
medicamentos de la TARV. En caso de dislipidemia secundaria a la TARV se recomienda continuar
la TARV igual y adicionar medicamentos hipolipemiantes.
21. Se recomienda el uso de estatinas independientemente del nivel de cLDL en pacientes con ERC
estadio ≥3, que no esté n en terapia dialı́tica. En pacientes en estadio de ERC 4 o 5 para el inicio de
la estatina se debe utilizar la mitad de la dosis y monitorizar tolerancia y cumplimiento de metas.
22. En todos los pacientes con SMAE, debe hacerse una valoració n integral del caso, en donde se
analice la relació n causal y se evalú en las comorbilidades, los factores de riesgo y las interacciones
medicamentosas. Ante la presencia de posibles SMAE los sı́ntomas deben desaparecer al
suspender la estatina. En todos los pacientes debe intentarse una segunda e incluso una tercera
estatina diferente a la inicial y a una dosis menor e intervalo mayor a la primera. En elevaciones
asintomá ticas de la CPK solo es necesario suspender la terapia si los valores superan 10 veces el
LSN, si se hace seguimiento del paciente. En casos de verdadera intolerancia en pacientes de muy
alto riesgo puede utilizarse la monoterapia con ezetimibe, o los iPCSK9.
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