Los Comuneros - de Los Tumultos A La Organización de Masas PDF

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LOS COMUNEROS:

DE LOS TUMULTOS A LA ORGANIZACION DE LAS MASAS*


(PRIMERA F ASE)

Mario Aguilera Pefia


Investigador del Centro
Jorge Eliecer Gaitan .

El movimiento comunero que sacudio el Nuevo Reino, fue precipi-


tado por las innovaciones que introdujo la Corona espanola en su 0-
rientacion politica y economica, cambios tendientes a robustecer su
poder politico y a extraer mayores rentas fiscales de sus Colonias. La
acentuacion de las exaciones fiscales (alzas, reorganizacion de estancos
o monopolios) tuvo el poder de encender la chispa insurreccional y de
generalizar la protesta, pero porque las medidas fiscales venian a recru-
decer las dificiles condiciones de vida de las masas oprimidas del Vi-
rreinato, que soportaban el peso de las desigualdades econornicas y so-
ciales. El movimiento comunero estalla en la region santandereana de-
bido a su problematica y a sus condiciones peculiares dentro del contex-
to economico - social del Nuevo Reino: En primer lugar, existia en di-
cha region una masa excedente de poblacion que no encontraba aco-
modo dentro de los sistemas de trabajo existentes. En segundo lugar,
el incremento demografico producia carestia y escasez de alimentos.
En tercer lugar, hubo en el afio de 1776, una fuerte depresion econo-
mica que afecto a todos los sectores sociales en diverso grado: a los te-
rratenientes y pequefios propietarios porque les redujo su prosperidad,
y a los desheredados por cuanto debieron soportar una hambruna y
una epidemia de viruela. En cuarto lugar, la zona fue sometida desde
finales de 1776, a la ilegalizacion paulatina de los cultivos de tabaco. Y
* Este trabajo es un capitulo de la obra Los Comuneros: Guerra Social y Lucha
Anticolonial,ganadora del segundo y unico premio otorgado en el Concurso
celebrado por el Departamento de Historia de la Universidad Nacional con
motivo del bicentenario de los Comuneros.· -

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en quinto lugar, el aumento de los impuestos viene a frenar el comer-
cio inter - regional y la produccion artesanal, actividades estas que ha-
bian adquirido un relativo desarrollo y que distinguian a la comarca
antandereana de otras del Virreinato.
La insurrecion comunera tuvo su propia dinamica: en la primera
fase, que va de marzo 16 a abril18 de 1781, (objeto del presente capi-
tulo), se produce ellevantamiento de la mayoria de pueblos de la region
santandereana, la convergencia de diversas fuerzas sociales en el pro-
yecto insurreccional y la organizacion de una milicia con una jefatura
centralizada.
A. LAS CAUSAS DE LA REBELION.

Juan Francisco Gutierrez de Pifieres, quien en el afio de 1777 es


nombrado como Regente Visitador de la Real Hacienda en el Nue-
vo Reino de Granada, fue el agente del gobierno colonial que puso
en march a las reformas fiscales que incidieron directamente en la .
explosion de la protesta popular. Los cargos de Regentes se crea-
ron en 1776 en todas las audiencias de Indias como parte del im-
plemento administrativo para ejecutar las reformas politicas yeco-
nornicas del programa de Carlos III. Con la reorganizacion de su a-
parato administrativo, buscaba la Corona fundar un cuerpo de fun-
cionarlos peninsulares que estuviera bajo su control directo para
defender sus intereses frente a los de los poderosos circulos locales
de sus colonias de ultramar. La autoridad delegada en los Regentes
estaba por encima de la de los Virreyes. Al respecto, un funciona-
rio colonial sefialaba: "Con las Regencias y su Instruccion quedo
reducida a solo el nombre, 0 a una fantasma, la autoridad del Vi-
rrey, que siernpre conviene para seguridad de las Americas, que en
la sustancia yen el hecho representa la del Soberano ... "(1)

La preeminencia del Regente se tradujo en un natural malestar en-


tre los funcionarlos reales en franca alianza con la elite santafere-
fia. En .las fricciones entre el Virrey Manuel Antonio Florez y el
Regente Visitador Juan Francisco Gutierrez de Pifieres, se refleja el
enfrentamiento entre dos tipos de politica colonial, la de los mo-
narcas de la casa de Austria y la de los de la casa Borbonica. La pri-
mera que era heredada y representada por el Virrey, se hacia soli-
darla de las elites criollas; y la segunda, la delegada en el Regente,
se dirigia a desmantelar el poder politico de la burocracia local y a
alcanzar los objetivos financieros de la Metropoli, aun a costa de
lesionar los intereses economicos de la elite criolla (2). Por tales ra-
(1) Silvestre, Francisco. "Descripci6n del Reyno de Santa Fe de Bogota." U. Na-
. cional. Ed. Carbel. Bogota 1968, p. 86.

(2) Phelan, John. "EI auge y la cafda de los criollos en la audiencia de Nueva Gra-
nada, 1700-1781" en boletfn de historia y antiguedades de la Academia Co-
lombiana de Historia, Vol. LIX, No. 697 - 698, Bogota 1972, p. 611.

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zones se explica la participacion de una faccion de la elite terrate-
niente - burocrata de Santafe ~en la rebelion comunera e igualmen-
te la censura de este mismo grupo social a los procedimientos de
Gutierrez de Pifieres. En este personaje y en la Real Audiencia, el
Virrey Florez delego el desempeiio de los asuntos de su competen-
cia des de el 11 de agosto de 1779, tan pronto tuvo conocimiento
de la declaracion de guerra a Inglaterra; seguidamente, el 26 del
mismo mes paso a Cartagena a hacerse cargo de la jefatura militar
de esta plaza.

Una de las primeras medidas fiscales del Regen te Visitador fue la del
29 de mayo de 1780: por ella se aumento en todo el Nuevo Reino
dos reales en cada libra de tabaco y en cada botija de aguardiente.
Esta disposicion es importante tenerla en cuenta, no tanto por ha-
ber afectado a los consumidores, sino porque parece ser que gene-
ro el alza en los precios constantes de los remates de arrendamien-
to de ambos productos, ocasionando asi, un serio menoscabo econo-
mico a los sectores acaudalados cuyos miembros eran generalmente
los que estaban en condiciones de tomar en arriendo las administra-
ciones de las rentas estancadas. En cuanto a la zona santandereana es
dificil saber en cuanto crecieron en terminos reales los remates, de-
bido a que no se cuenta con una suficiente estadfstica economica
que permita construir un in dice de inflacion para dilucidar en que
medida y que parte del reajuste corresponde al alza natural provo-
cada por la inflacion, y ademas, que otra parte al arbitrio del Esta-
do con su politica fiscal. De todas maneras los incrementos en los
remates de las rentas de tabaco, aguardiente (ver grafico 1) y tam-
bien alcabala, se constituyeron en un poderoso motivo para que la
elite de la region participara en el alzamiento; tal como 10 veiamos
en capitulo anterior, este grupo social ejercia una verdadera mono-
polizacion de los empleos de las rentas estancadas.

Otra causa proxima de la insurreccion comunera es la "Instruccion


General para el mas exacto y arreglado manejo de las Rentas Rea-
les de Alcabala y Armada de Barlovento", expedida el12 de octu-
bre de 1780. Al igual que el derecho de Alcabala, el impuesto de
Armada de Barlovento recaia sobre las transacciones comerciales;
este fue creado en 1635 con la finalidad de sostener una flota na-
val para defender el comercio y las colonias de los ataques de los
enemigos de la Metropoli, Tal gravamen, despues de desaparecer la
Armada de Barlovento, siguio cobrandose pero confundido con el
de Alcabala, que hasta 1781 reportaba a las areas reales e120/0 del
valor de toda operacion de compra - venta y true que de mercan-
cfas, El 6 de diciembre de 1780 el Regente Visitador dicto el Auto
Resolutivo que ordenaba la separacion de ambos derechos; como
tambien se cobraba el 20/0 por concepto de Armada de Barloven-
to, los contribuyentes resultaron con la obligacion de pagar un 40/0

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en sus transacciones comerciales. Sin embargo, la Corona sostenfa
que no existfa aumento sino simple mente la escisi6n de dos grava-
menes que se cobraban bajo una misma denominaci6n (3).

REMATES DEL ESTANCO DE AGUARDIENTE


(A PRECIOS CORRIENTESJ
~N PESOS PLATA SOCORRO
SAN GIL
CHARALA
7701

6376

4546
r-----------
,
,,
,
3501
:,
3D.3 ,,,
2700
I ,,:
,,
,,
IBOO ~ ...J

1580
:
1070 ;----------------------~
775 ----------------~

Fuentes I AHN. Aguordiente de Santander, T.t. H.lr. - 160V.; T.7. ff.456 r- 6 6 v.,
Aguordiente de aovcc c. T.6. ff. 538r.- 634;
Notorio 2" de a090to. T.150. f. 329r.

El incremento de las cargas tributarias afectaba especialmente ala


franja de mayor actividad econ6mica del Nuevo Reine, como era
la oriental (Santanderes, Cundinamarca, Boyaca, Llanos Orienta-
les, Huila y Tolima), donde se concentraba el mayor numero de
poblaci6n, por 10 menos un 600/0, y en donde se ubican a las ciu-
dades de Santafe, Honda, Mariquita, Tunja y Socorro, 0 sea la ma-
yor parte de los principales centros politicos, sociales, y economi-
cos del Nuevo Reino (4).

En la franja oriental predominaba la producci6n agricola y ganade-


ra que se orientaba basicamente al consumo interno. Las exporta-
(3) Pinto Escobar, Ines, "La Rebeli6n del Comun ". Imp. de la Universidad Peda-
.g6gica y Tecnol6gica de Colombia, Tunja 1976, p, 116.

(4) Ospina Vasquez, Luis. "Industria y protecci6n en Colombia 1810 . 1930".


Biblioteca Colernbiana de Ciencias Sociales FAES, Ed. Lealon, Medellin 1979
pp. 48 y 49.

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ciones se realizaban en minima escala y comprendian productos co-
mo tabaco, algodon, quina y cacao. Fuera de estas actividades se
contaba con un relativo desarrollo de la produccion artesanal tex-
til.

Los tributos frenaban y truncaban el desarrollo de todos los orde-


nes de la actividad productiva. Veamos:

a) La agricultura y la ganaderia: Los hacendados, los terratenientes


y pequeiios propietarios debfan pagar por las ventas 0 trueques
de sus productos; en caso de venta de las propiedades inmuebles
estaban obligados a cancelar el impuesto de alcabala.

b) El comercio: Eran objeto de gravamenes las mercancias imp or-


tadas y las de la "tierra". Todos los productos que dab an grava-
dos tantas veces se vendieran 0 cambiaran, "se adeuda (impues-
to itantas veces, cuantas son las ventas, cambios y reventas que
se hacen de los generos y frutos ... "

Los comerciantes al trasladar sus mercancias debian llevar un


documento oficialllamado "Guia" donde se especificaba la can-
tidad y calidad de los productos que transportaban. Pagaban los
impuestos donde se realizaban las transacciones y alli mismo se
les expedia la "Toma - Guia", que era el comprobante que acre-
ditaba tal hecho; este documento tenia que presentarse en la ad-
ministracion de rentas donde se habia despachado la "Guia".

Tambien estaban sometidos al pago de derechos las tiendas de


mercancias, las boticas, las carnicerias, las pulperias y plazas de
mercado.

c) La artesania: A los plateros, silleros, zapateros, sastres, tejedo-


res y en general a los trabajadores de oficios menestrales se les
reclamaba cuenta juramentada de 10 que vendian y cambiaban
(5 ).

En relacion con el aumento en los impuestos que pesaban sobre la


produccion artesanal, es pertinente hacer notar que una de las re-
giones mas perjudicadas era la santandereana en razon de haberse
desarrollado alli la actividad textilera. El trabajo era a domicilio
y "se basaba en el uso parcial de la mana de obra de una poblacion
de agricultores campesinos y sus familias, con alguna complicacion
en la organizacion, correspondiente a la division personal de las
(5) BNC, Comuneros. T. 1. Bis. rr, 317r. 506r. Ver tam bien Briceno. Manuel,
"Los Comuneros" Imp. de Silvestre y compafifa, Bogota 1880, PP. 5 y 6.

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funciones productivas, y con equipos y tecnicas mas avanzadas que
los de la produccion propiamente indi'gena" (6).

Lo comun era que un comerciante sirviera de intermediario entre


los hilanderos y los tejedores. Este compraba el hilo y 10 entregaba
para su elaboracion determinando con antelacion el mimero de
mantas 0 'lienzos que el tejedor debia fabricar. Se acostumbraba
que el tejedor tuviera un fiador que 10 respaldara ante el comer-
ciante, quien luego de recibir los tejidos pagaba el trabajo (7). Es
de suponer que el comerciante, por cuanto tenia el monopolio de
compra y venta, se beneficiara de la acumulacion,
Como es logico los artesanos eran de escasos recursos. El Cabildo del
Socorro en 1781 sefialaba, que son los pobres "los que laboran al-
godones, hilos, tejidos, jabon, velas, cordobanes, mieles ... " Igual
cosa sucedia en San Gil: "Las cosechas de algodon, sus hilanzas y
comercio eran el auxilio que ternan los pobres para su sustento".
Los pobres de la region usaban desde finales del siglo anterior, el
hilo y el algodon como dinero. En 1781 de los de San Gil se co-
mentaba que estos productos Ie sirven "como monedas para el
canje de sus alimentos" (8). Colocando en consideracion esta
cuestion, no puede menos que decirse que aquella moneda perdio
capacidad de compra porque en 1780 se grave cada arroba de algo-
don sin hilar con tres cuartillos de real, la arroba de hilo gordo con
dos reales y la de hilo delgado con tres reales (9).

La publicacion en el mes de marzo de 1781 del Edicto para la


exaccion del derecho de Armada de Barlovento, es apenas el deto-
nante de la insurreccion comunera. La region santandereana vivia
un profundo malestar social derivado de su estructura economica;
problemas como el proceso de concentracion de tierras en pocas ma-
nos, el vagabundaje, la carestfa, la escasez de alimentos e incluso la
carencia de elementales servicios de bienestar publico, constituye-
ron el marco general donde recaen las medidas fiscales opresivas y
explotadoras. De otro lado, en 1776, dos espectros apocalipticos
mostraron su faz de horror en el Socorro: El primero fue una bru-
tal hambruna que coloco a los pobres entre la altemativa de dejar-
se morir 0 de robar las sementeras y ganados de los ricos. (10) El
segundo fue una epidemia de viruela. Existe la seguridad que estos

(6) Ospina Vasquez, L. Op, cit. p. 95.

(7) AHN, Juicios civiles de Santander, T. 6. ff. Lr, - 38v.

(8) .BNC. Manuscritos, T. 192, if. 107r., 113v., 114v.

(9) Ibid, Comuneros, T. 1. Bis if. 492r. - 493r.

(10)AHN, Juicios criminales, T. 34. if. 495r. y 498r.

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dos azotes afectaron los sectores sociales mas pobres del Socorro,
habida cuenta que el parroco oficio de limosna el 950/0 de apro-
ximadamente 1.100 entierros (11). Dato que no se puede tomar
como el total de la mortandad debido a que solamente hace rela-
cion de los muertos del perirnetro urbano; portal motivo, no nos
parece exagerada la cifra de 6.000 muertos que sefiala el cronista
Joaquin de Finestrand apoyandose en estimacion hecha par el
Procurador general de la Villa del Socorro (12). En el mismo afio,
coadyuvo a hacer mas dramatica la situacion la escasez de numera-
rio y de carne. Asimismo, la perdida por el verano de las cosechas
de tabaco en el Socorro y en las jurisdicciones vecinas (13).

La depresion econornica y la epidemia transtomaron profunda-


mente los cimientos de la sociedad santandereana. En mayo de
1781 el Cabildo del Socorro enumeraba estas calamidades dentro
de las razones que confluyeron para el estallido de la sublevacion ;
decf.a la corporacion que a la elevacion de los impuestos, a la res-
triccion del cultivo del tabaco y a los desafueros de los guardas de
las rentas, habfa que juntar "10 debiles que se hallaban estas juris-
dicciones, a causa de la calamitosa necesidad que se padecio par el
ana de 76, de que hasta la presente se halla do convaleciente, de
modo que no tiene comparacion con 10 que antes era: .. "(14).

Desde 1776 el sistema fiscal del Estado Imperial venia golpeando


despiadadamente a la region santandereana. POl' el decreto del 24
de octubre de ese afio , se dispuso que solo se podia tolerar cultivos
de tabaco en las jurisdicciones de Giron, San Gil, Zapatoca, Chara-
la y Simacota; se excluia a las del Socorro y Velez. No bien se em-
pezo a practical' la medida, cuando en octubre de 1777 se ilegaliza-
ron los sembrados de Charala, San Gil y parcialmente Simacota.
En 1778 con el plan de Gutierrez de Pifieres se daba el golpe final
al cultivo de la hoja al quedar solamente habilitadas las jurisdiccio-
nes de Giron y Zapatoca (15). El establecimiento del estanco del
tabaco fue una medida fiscal de la Corona introducida en la segun-
da mitad del siglo XVIII. En su primera fase, de 1764 a 1778, la
renta del tabaco estaba indirectamente en manos del gobiemo real,
al conceder en arrendamiento a particulares el monopolio comer-

(ll)Archivo parroquial del Socorro, Defunciones, T.2. ff.26v. - 30v.

(12)Finestrand, Joaqufn de, HEl vasallo instrufdo" Biblioteca de Historia Nacional


Vol. IV. Imp. Nal. Bogota, 1905, p.105.

(13)AHN Tabacos, T.35 ff. 101r. y 130r. Empleados publicos, Miscelanea, T. 15.
f. 3.r.

(14)BNC, Manuscritos, T. 192, f. 107v.

(15)AHN, Tabacos, T. 35. ff 105v.; 149r. - 259r.

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cial de la hoja; yen la segunda fase, que qued6 definitivamente or-
ganizada en 1778, el gobierno colonial se hizo directamente cargo
de la administraci6n de la renta al pasar a controlar la producci6n
y el comercio (16).

La comarca santandereana fue la mas perjudicada en el Nuevo Rei-


no con la creacion del estanco del tabaco; alli el cultivo era anti-
guo y habfa adquirido gran desarrollo en manos de un campesina-
do libre. La restricci6n de los cultivos afect6 de diversa manera a
vastos sectores de la poblaci6n. De un lado, en las zonas en que se
prohibi6 definitivamente el cultivo, hubo un recorte de las posibili-
dades de prosperidad de los campesinos; y de otro, en las regiones
en donde el cultivo de la hoja se consideraba legal, los cosecheros
quedaron sometidos a laborar can el condicionamiento a sembrar
el numero de matas que determinaba la administraci6n del estan-
co, que perseguia de esta manera evitar la superproducci6n. Pues
bien: mientras los propietarios de tierra pod ian de mala gana dedi-
carse a incrementar la producci6n de algod6n a calla de azucar, a
los desposeidos del campo se les lesionaba doblemente porque
aparte de no poder derivar su sustento can la producci6n de la ho-
ja, quedaron expuestos a ser expulsados de las tierras donde labo-
raban debido al temor de los propietarios de verse de pronto cobi-
jados par las severas penas que se contrafan al sembrar tabaco en
forma clandestina a en exceso. Tambien hay que tener en cuenta
que en los sitios donde se permitfa bajo regulaci6n el cultivo, el
arrendatario se constituia en un competidor que no podia tolerar
el duefio de la tierra; par ella, en abril de 1777, el administrador
de rentas de tabaco del Socorro recibia quejas de arrendatarios de
varios lugares que acusaban a los hacendados de no permitirles
sembrar la hoja (17). Otra mana de obra que se desplazaba de la
producci6n era la de las mujeres, quienes estuvieron incorporadas al
trabajo de alifiar el tabaco (18). Este factor, unido a la permanente
persecusi6n a que eran sometidas par los guardas del estanco de
aguardiente, quienes consideraban que comunmente se ocupaban
de realizar el contrabando del licor (19), ligado tambien a que las
cargas tributarias recaian sabre otra de sus fuentes de subsistencia
como eran las pulperias, explicansobradamente la destacada parti-
cipaci6n de la mujer trabajadora en la sublevaci6n de 1781.

(16 )Gonzalez, Margarita. "El estanco colonial del tabaco" en Cuadernos Co-
lombianos No.8, Ed. Leal6n, Medellin 1975, pp. 637 - 682.

(17)AHN, Tabacos, T. 35 f. 158r.v.

(18)Serrano Sanchez, Francisco, "Giron en el siglo XVIII" en Revista Estudio, No


44 - 45 - 46, Bucaramanga 1935., pp. 228 - 240.

(19)AHN, Miscelanea, T. 2. f. 1022 r - v .

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En forma violenta se reprimio el cultivo del tabaco en la region
santandereana. El 13 de febrero de 1779, el juez sub - delegado de
rentas del Socorro, Salvador Plata, promulgo un decreto dando a
conocer las penas con que se castigarfa a los defraudadores; algu-
nas de estas sanciones fueron:

a) A los sembradores 0 a quienes se le encontrara en sus fincas


plantas cimarronas (silvestres), se les condenaba a pagar el duplo
del valor del tabaco decomisado. Si eran propietarios, las tierras
pod ian ser confiscadas.

b) A los que comerciaran con la hoja (defraudadores, conductores,


auxiliares, encubridores, expendedores y compradores) se les
imponia la primera vez el pago doble del valor de la hoja apre-
hendida. Si reincidian se les castigaba con penas corporales y
privativas de la libertad.

c) A los que hicieran resistencia mediante el empleo de las arm as


a los funcionarios encargados de vigilar la renta, si eran plebeyos
se les sancionaba con pena de 200 azotes y 4 alios de presidio y
si eran nobles a 6 alios de presidio. Pero si la resistencia era gra-
ve se condenaba a la pena de muerte (20).

Al lado de tales medidas se aparejaba la tiranica actitud de los guar-


das de la renta del tabaco. Estos empleados, que estaban bajo la
jurisdiccion del Juez Sub - delegado de las reales rentas, cometian
toda clase de abusos en las requisas que pod ian realizar en cual-
quier finca 0 casa y a cualquier hora. La zozobra que ocasionaban
cobijaba a las autoridades regionales que sentian menoscabada su
jerarquia y que no tenian competencia para ejercer ningun tipo de
control sobre el aparato coercitivo del fisco. Por tales cosas se que-
jaba el 23 de enero de 1781 al Teniente Corregidor del Socorro
Clemente Estevez (hermano del futuro secretario del Supremo
Consejo de Guerra), quien era conciente de que los desafueros de
los guardas estaban incrementando la inconformidad; incluso, Ie
advertia al Regente Visitador que temia un levantamiento en el ba-
rrio plebeyo de Chiquinquira (21).

Las protestas que antecedieron al gran tumulto del 16 de marzo de


1781, surgieron desde el mismo momento en que empezaron a ser
aplicadas en la zona santandereana las medidas restrictivas del cul-
tivo del tabaco. Aunque no se pudo pre cisar la fecha exacta del
primer levantamiento, 10 cierto es que el administrador de rentas
del tabaco del Socorro hacia saber el 6 de febrero de 1778 al Vi-
(20)BNC. Comuneros, T. 6. ff, 167r. - 174r.

(21 )AHN, Tabacos, T. 36. ff. 458r. - 462r.

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rrey Florez que con la anuencia del Alcalde de Mogotes Miguel
Sandoval, los vecinos habian puesto en fuga a los guard as del taba-
co. Agregaba tam bien que allf no se respetaban las recientes dispo-
siciones sobre el cultivo y el comercio de la hoja, y que "no cono-
cen Rey ni respetan justicia ... solo veneran y reconocen dos Al-
caldes pedaneos de entre ellos mismos. Tienen Teniente Corregi-
dol' que solo una vez los ha visto, y en ella concibio tal miedo
que no se ha atrevido a volver ... " (22).

EI 22 de octubre de_1780 hay una trifulca en Simacota entre 5


defraudadores de la renta y el guard a Joaquin Sepulveda y su
acompafiante Ignacio Uribe, quien resulto herido gravemente.

Siete dias mas tarde en Mogotes se vuelve a prender la chispa;


mas de 300 vecinos con diversidad de armas se sub levan contra
los guardas Manuel Almeyda y Manuel Pavia porque en la prac-
tica de una ronda injuriaron de palabra y de hecho ados parro-
quianos (23).

Los motines de Charala de (?) 1779 y del 17 de diciembre de 1780


tuvieron otro caracter; son resultado del forcejeo entre los vecinos
que se oponian a Pedro Nieto y los que 10 apoyaban. Como ya se de-
mostro, por estos afios el mencionado gamonal ocupaba cargos pu-
blicos y hacia uso indebido de los bienes que estaban bajo su cus-
todia.

A la par con estas demostraciones de protesta en que participaron


pequefios comerciantes y campesinos, existe un dato sorprendente
que hace presumir que los sectores sociales acaudalados del Soco-
rro habian concebido des de 1778 el proyecto de emprender una
sublevacion de vastas proporciones. Se trata de la misiva dirigida
al Ministro de Indias Jose de Galvez, por el Intendente de Caracas
Jose de Abalos, el 21 de septiembre de 1781; en ella anotaba que
desde 1778 se estaban adquiriendo armas en la Gobernacion de
Guayana y se trataba de establecer contacto con ingleses y portu-
gueses, por Ia espalda de la misma Gobernacion. Basaba su aprecia-
cion en que durante la insurreccion los sublevados estuvieron ave-
riguando en el puerto de Macuco (rio Meta) por el paradero de Vi-
cente Jose de Uribe, un comerciante de tejidos del Socorro y de
Morcote, quien junto con el espafiol Antonio de Alcover realizaba
viajes a la Guayana para expender tejidos y comprar armas y herra-
mientas. POl' estos motivos el Intendente sospechaba que los men-
cionados comerciantes eran "comisionados por los vecinos del So-
corro, principales auto res de la sublevacion para comprar armas en

(22)Ibid, T. 32. f. Sv,


~
(23)BNC, Comuneros. T. 6. rr. 154r. 155v.

98
Guayana, con el fin de tener fuerzas suficientes para llevar a efecto
los designios que premeditaban, los cuales no son de ahora, como
se piensa, y 10 acredita suficientemente la copia que acompafio ba-
jo el numero 2, por 10 cual se advierte, que Alcover fue de Santafe
a la Guayana desde el afio de 1778, en cuyo tiempo ya buscaban
auxilios los socorranos para poner en ejecucion sus criminales in-
tentos de sublevarse" (24).

B. ANALISIS DE LOS TUMULTOS

Se ha denominado como la primera etapa de la insurreccion comu-


nera el interregno que va del 16 de marzo de 1781 hasta el18 de
abril, en que se constituye un mando central unificado, es decir,
que este periodo encierra la generalizacion de la protesta tumul-
tuaria en la region santandereana y el paso a la formacion de un
ejercito armado dispuesto a desmantelar el aparato de dominacion
colonial.
El viernes 16 de marzo, dia de mercado, un tumulto de alrededor
de 2.000 personas provistas con piedras y palos, y comandadas por
los tejedores Jose Delgadillo e Isidro Molina y por los carniceros
Roque Cristancho, Pablo Ardila, Ignacio Ardila y Miguel de Uribe,
se arremolinaron frente a la casa del Alcalde a los gritos de Viva el
Rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento. Con el ani-
mo de sosegar, el Alcalde promete ala muchedumbre que informa-
ra al Cabildo para que solicite al Visitador General se suspenda tal
gravamen; sin embargo los rebeldes en su mayoria vecinos del ba-
rrio plebeyo de Chinquinquira, hacen caso omiso a las palabras del
Alcalde, responden con amenazas y contimian en la agitacion. Una
plazuelera de 57 afios llamada Manuela Beltran rompe el Edicto
con el Arancel fijado en la puerta de la Recaudacion de Alcabalas;
la plebe celebra el suceso y pasa a hacerse duefia de las calles de la
Villa lanzando mueras al Regente y al Fiscal Moreno.
EI ejemplo del Socorro (25) es seguido por manifestaciones de pro-
testa en casi todos los pueblos santandereanos: Simacota (marzo
17 y 31, abril 6); San Gil (marzo 24); Pinchote (marzo 25); Confi-
nes, Barichara y Chima (abril1); Oiba (abril 2); San Jose de la Ro-
bada (abril 3); Guadalupe (abril 8); Charala (abril10) etc.

En el Socorro, foco de la insurreccion, es posible detectar que exis-


tio un acuerdo entre la elite dominante y el sector plebeyo para

(24)Vittorino, Antonio. "Documentos sobre la historia de Colombia existentes en


el museo britanico de Londres" en Anuario Colombiano de Historia Social y
de la Cultura, Universidad Nacional, No.8. Bogota, 1976. p. 132.

(25)En el Socorro hubo tam bien motines el 30 de marzoy el16 y 18 de abril,

99
promover los tumultos. Tal cuestion, que provenia del malestar
que todos los sectores sociales experimentaban con la imposicion
de las medidas gubemamentales, resalta no solo en las declaracio-
nes de algunos protagonistas del levantamiento, sino que tambien
se percibe en el desarrollo de la primera fase de la insurreccion.
Fue Salvador Plata quien mas insistio en que para iniciar el alza-
mien to se habia realizado un pacta previo entre los voceros de di-
versos grupos sociales. Una de las varias referencias es la siguiente:
"Sabemos muy bien las conferencias que tuvo sobre esto (Berbeo),
mucho antes de la primera conspiracion (la del 16 de marzo de
1781); y su mismo tfo carnal de Berbeo, Cristobal Martin, se ha
jactado publicamente, despues del perdon , que a el (Berbeo) se Ie
debe la quita de Barlovento, pues con los Ardila convoco a la gente
con ese fin" (26).

La alianza entre acaudalados y plebeyos se deja sentir en el desa-


rrollo de los tumultos. Desde los motines iniciales un grupo de ple-
bey os tenia la tarea de estimular la agitaci6n popular; por eso se
encuentra que a varios de estos cabecillas se les designa como ca-
pitanes volantes desde mucho antes de que el movimiento de pro-
testa desembocara en una organizacion beligerante. Asi tenemos
que el 24 de marzo, 0 sea 8 dfas despues de haber estallado el pri-
mer tumulto de los comunes del Socorro, aparecen en San Gil en
dfa de mercado Ignacio Tavera e Isidro Molina, encabezando los
disturbios en esa poblacion, motfn que es el tercero que se presen-
to en la region en el afio de 1781. En los primeros dfas de abrilla
misma labor desempefian en Charala Roque Cristancho e Ignacio de
Ardila. De otra parte, una vez conformado el comando central de
la 'insurreccion , los capitanes plebeyos dependientes de la elite so-
corrana continuaron desarrollando su labor agitacional. El 21 de
abril encontramos a Ignacio Tavera organizando un levantamien-
to en Velez; el 12 de mayo Isidro Molina prende la chispa en Valle
de Leiva; el 17 de mayo Ignacio Tavera, Isidro Molina y Juan Dio-
nisio Plata promueven un tumulto en Tunja; y el 31 de mayo Igna-
cio Tavera y Marcelo de Ardilareciben orden de Berbeo para que
convoquen el cornun de Zipaquira a fin de aclamar capitanes (27).

De estas incidencias se desprende claramente la importante labor


de los capitanes volantes; se concluye tambien que primero fueron
secretamente estimulados por una facci6n adinerada del Socorro
(Berbeo, Monsalve) y que luego actuaron en cumplimiento de or-
denes de estos mismos personajes, a quienes el 18 de abril se les
(26 )Citado en Cardenas Acosta, Pablo. "EI movimiento comunal de 1781 en el
!Juevo Reino de Granada". T. 1. Ediciones Kelly, Bogota 1960, p, 141.

(27)BNC, Comuneros, T.2 f.23r.; T.6.f. 122r.; AHN Aguardientes de Boyaca ,


T. 2. f.365r.v ../Ver tam bien Cardenas Acosta, P, Op.cit., T.1. pp. 105, 167,
229, 299.

100
consagra con el rango de capitanes generales de la empresa insu-
rreccional.

Los capitanes volantes provenian de dos sectores plebeyos de la re-


gion: Tanto los Magnates de la Plazuela como la familia Ardila
(algunos de sus miembros tambien plazueleros) e Ignacio Tavera,
pertenecian al sector social de pequefios comerciantes y campesi-
nos, ubicado entre la elite terrateniente y los plebeyos deshereda-
dos. De este ultimo grupo formaban parte el tejedor Isidro Molina
y el arrendatario del resguardo de Oiba, Juan Dionisio Plata. Todos
estos plebeyos gozaban de influencia entre sus iguales, poder que
nacia 0 por obra del dominio en una actividad importante para
vastos sectores sociales, como era el caso de los Magnates de la
Plazuela, que ejercfan el monopolio del suministro de carne en el
Socorro y pueblos aledafios; 0 por liderazgo y extensos vinculos
familiares, como 10 ejemplariza el capitan Juan Basilio de Ardila,
de quien Salvador Plata comentaba que fue uno de "los mas terri-
bles rebeldes por su animosidad, genio dfscolo y conexiones con
los de la parroquia de Mogotes donde esta casao" (28).

De todo 10 expuesto es importante tener en cuenta que los capita-


nes volantes no actuaron en forma autonoma dentro del proceso
tumultuario; desarrollaron una fructifera tarea, pero siempre con-
trolada y supeditada a los mandatos de la elite terrateniente repre-
sentada en Berbeo y Monsalve, con quienes tenfa nexos de antigua
data: Berbeo era el protector de la familia Ardila; Tavera y Molina
"asistfan" en la casa de Berbeo. Monsalve y Juan Dionisio Plata
eran cufiados; el primero era protector del segundo, quien junto
con sus hijos comian y dormian en su casa. Adernas Monsalve te-
nia vmculos de parentesco con el clan Ardila (29).
Si bien es cierto que la subordinacion de los agitadores pIebey os a
los mas lucidos exponentes de la nobleza socorrana sirvio de enla-
ce y cohesion entre ambos grupos sociales, termino a la postre con-
virtiendose en un elemento desfavorable para las masas oprimidas,
porque cuando entraron en conflicto los intereses de cada sector
social la mayorfa de los capitanes volantes deciden seguir plegados
polfticamente al sector de terratenientes, sumandose de esta mane-
ra a la tarea de desmovilizar el movimiento. Unicamente Isidro
Molina y Juan Dionisio Plata rompen con la maquinaria politica de
la nobleza para pasar a comandar una nueva movilizacion popular.
Retomando de nuevo el analisis de la protesta tumultuaria se ob-
serva que tambien intervino para su propagacion las relaciones de

(28)BNC, Comuneros, T. 18. f. 366r.

(29)Ibid, T. 18. ff', 362v., 386r., 399r.v.; T.6. ff,239r.,.241v.; AHN,.Juicio§ Cri-
minales, T.34. f. 454v.

101
diversa indole entre las gentes de los poblados de la region que
"concurren a los mercados seman ales de la Villa del Socorro y tie-
nen mucha conexion de parentesco en ella" (30). De ahi que una
vez que se lograba el levantamiento de un poblado, parte de sus
habitantes se daban cita en las parroquias vecinas para colaborar en
la agitacion , Al respecto se conoce que gentes del Socorro, Simaco-
ta, San Gil y Chima, participaron en los tumultos de varios pobla-
dos, y asimismo, delegaciones de los municipios vecinos al Socorro
se hicieron presentes en los principales motines que acaecieron en
la Villa.

Las manifestaciones de protesta se efectuaban en los dias de mer-


cado: Se convocaban mediante el redoble de un tambor 0 estallido
de voladores, y los rebeldes se concentraban en el centro 0 en las
cuatro esquinas de las plazas publicas, armados especialmente con
herramientas de trabajo, piedras, palos, lanzas y sables.

Aunque la ira popular la despertaba la exaccion del impuesto de


Armada de Barlovento (que se creia como un nuevo derecho), el
principal objeto del ataque de la turba en varios de los primeros tu-
multos fue el asalto a las administraciones de tabaco; luego el blan-
co de las agresiones se extendio a todas las rentas reales por cuanto
a la par que se quemaba el tabaco de las administraciones locales,
eran asaltados los estancos de aguardiente para derramar ellicor y
las oficinas de recaudacion , de donde se extraian los libros de
cuentas de alcabal s, guias y tomaguias, para posteriormente pro-
ceder a incinerarlos. Tambien se embestfan las carceles y se pon ia
en libertad a los presos.

"Viva el Rey y muera el mal Gobiemo" es el grito que se escucha


en la etapa de los tumultos. Evidentemente los amotinados mani-
festaron en los momentos embrionarios de la insurreccion su acata-
miento ala autoridad del Soberano, pero desconociendo ala vez la
potestad del gobiemo colonial al abstenerse a cumplir con las me-
didas fiscales que se promulgaron entre 1777 y 1780. Esta subordi-
nacion al Monarca se diluye en la region santandereana en la medi-
da en que la revuelta cobra fuerza y se da un pleno consenso so-
cial. A traves de la forma primigenia de organizacion social, es de-
cir, el "comlm", que es la asociacion de los vecinos del contexto de
la Villa 0 el Municipio, se afirmo en la practica el poder soberano
del pueblo sobre la soberanfa del Monarca. Aunque el pronuncia-
miento subversivo de las Villas 0 pueblos se manifesto por separa-
do, esto no determine que el ejercicio de la soberan ia popular se
. fraccionara en manos de los representantes locales (capitanes del
cornun), sino que pasa a centralizarse con la creacion del Supremo
~nsejo de Guerra que asumio "legalmente" la autoridad polftico-
(30)BNC, Comuneros, T. 18. f. 359v.

102
militar delegada por los comunes (mayores detalles en el punto
D. 1. de este capitulo). Este rasgo distingue al movimiento insu-
rreccional de las Villas santandereanas puesto que los tumultos de-
sembocan en la constitucion de un mando unico y un ejercito de
masas que tuvo como objetivo la toma de Santafe y la suplanta-
cion de las autoridades reales. En otras regiones del Nuevo Reino
no se corrio igual camino porque falto la articulacion tactica de
los levantamientos, perc esto no quiere decir que en ultima instan-
cia no se orientaran hacia los mismos objetivos politicos.

La soberama absoluta del Monarca espafiol tambien se niega con el


insulto a los simbolos reales: el 30 de marzo en el Socorro una ple-
beya de color mula to Hamada la vieja Magdalena, incite a los amo-
tinados a atacar el escudo de armas de la monarqufa, provo cando
que fuera pisoteado y despezado (31). De otro lado, el rumor que
anunciaba el levantamiento y la proclamacion del Inca Tupac A-
maro, desperto la simpatfa entre todo el comun de los "colores"
oprimidos y no exclusivamente entre el elemento indigena. Es co-
nocido que varios de los protagonistas dellevantamiento le asigna-
ron un importante papel como nutriente del malestar en una re-
gion, que se caracterizaba precisamente por la extincion de la raza
aborfgen. Comentando los efectos de la Cedula del Pueblo, Salva-
dor Plata expresa que "el pasquin sublevaba a las gentes contra el
Monarca, y aunque la mayor parte se hallaba en el justo reconoci-
miento de su soberan fa, es cierto que comenzaron a extenderse
papeles disponiendo a todas las poblaciones a la proclamacion del
seudo - rey Cuzco, y aun mucho mas cierto es que capitularon ar-
ticulos directamente opuestos a los derechos de la soberania"(32).

Antes de pasar a examinar los sucesos de mediados de abril que


encauzaron y clarificaron los objetivos del alzamiento, es pertinen-
te tratar algunos aspectos relacionados con la actitud que asume el
gobierno colonial frente a los disturbios que tenfan lugar en el o-
riente del Nuevo Reino. En Santafe y hasta los primeros d ias de
abril de 1781, no se le dio mayor trascendencia a las protestas, ha-
bida cuenta que el Regente Visitador torno dos medidas aparente-
mente contradictorias: Una fue la de tratar de apagar el desconten-
to con una concesion dirigida a los sectores sociales menesterqsos.
Es asf como el 2 de abril dispuso que "por ahora no debe exigirse
el derecho de Armada de Barlovento del algodon que se compre,
venda 0 cambie en rama para hilarlo, ni del hilo gordo 0 delgado
procedente del mismo algodon en los terminos que comprenden
las ciudades de Muzo, Velez y Tunja; las Villas de Leiva, San Gil y
el Socorro y Provincia de los Llanos de Casanare", en considera-

(31 )Ibid, T.6. f. 99r.

(32)Citado en Briceno, M. Op.cit., p.24.

103
cion a que los pobres se dedicaban a la industria de tejidos y por-
que estos usaban el hilo y el algodon como moneda (33). Como
complemento a esta decision se dispuso que el Corregidor y Justicia
Mayor de la provincia de Tunja, Jose Maria Campuzano, debfa
trasladarse al Socorro y San Gil para hacer conocer esta dispensa
y para fijar de nuevo el Edicto y el Arancel de la exaccion del de-
recho de Armada de Barlovento, asf como para investigar en secre-
ta el origen de los disturbios y sus autores. EI Regente Visitador
estaba convencido que can la concesion otorgada al sector artesanal
y can las diligencias de Campuzano, era suficiente para aplacar las
protestas; par ella, 4 dfas mas tarde dicta una nueva medida fiscal:
se trataba de la Instruccion para el cobro del Gracioso Donativo es-
tablecido par real Cedula del 17 de agosto de 1780, para costear
la guerra de Espana contra Inglaterra; a los ricos se les obliga a pa-
gar dos pesos y a los pobres uno.

EI 9 de abril se expresan los primeros signos de verdadera preocu-


pacion en el cfrculo gubemamental de Santafe: Se conocio que el
30 de marzo en el Socorro se habfa causado una grave ofensa a los
sfmbolos de la Monarqufa y a los representantes de la Iglesia; ade.
mas, en la propia capital aparecio fijado en el puente de San Fran-
cisco, un pasqufn en verso -la Cedula del Pueblo -, que brindaba
.su apoyo al movimiento, atacaba a las autoridades, a la polftica y
a la economfa colonial. Ante tales eventos el Real Acuerdo de Jus-
ticia acordo enviar polvora y municiones al Corregidor de Tunja,
para contener a toda costa a los rebeldes; tarnbien convino autori-
zar al Regente Visitador para que designara uno de los ministros de
la Real Audiencia, can la comision de dirigirse a pacificar la region
levantada. EI Regente nombro al Oidor Jose Osorio e insinuo al ca-
pitan de alabarderos de la guardia del Virrey, Joaquin de la Barre-
ra, para que acornpafiara can 50 hombres al Oidor y tamara el
man do militar de la expedicion , En ese momenta la compafifa de
alabarderos era la (mica tropa diestra can que se contaba; la otra
campania que complernentaba el pie de fuerza de la capital era la
de caballerfa, tambien compuesta par 50 hombres, pero esta la ha-
bfa llevado consigo el Virrey Florez para afianzar la defensa de
Cartagena.

EI dfa 16 de abril, Socorro fue escenario de un nuevo tumulto: es-


ta vez atizo los animos de las 2.000 personas amotinadas la lectura
de un pasqufn procedente de la capital. El papelon subversivo ha-
bfa sido trasladado par un sujeto de apellido Giron a Simacota,
par recornendacion de Jose de Alba. En la mencionada poblacion se
,sacaron varias copias y algunas se distribuyeron en el Socorro. En
aquel tumulto el "Embajador" del cornun, Juan Agustin Serrano,
ley6 los vers9s al cornpas del tambor de Isidro Molina.
---
(33)BNC, Comuneros, T. 1. Bis.ff'. 492r. - 493r.

104
Aunque no se puede probar por exacta precision quien fue el autor
de la Cedula del Pueblo, hay datos que hacen suponer que en su
olaboracion intervinieron el Marques de San Jorge y Fray Ciriaco
de Archila. De todas maneras los versos contribuyeron a fortalecer
la rebelion, por cuanto le dieron un sustento ideologico al movi-
miento y clarificaron los objetivos de lucha. El pasqum que recibio
tambien el nombre de Nuestra Cedula, la Santfsima Gaceta y el Su-
perior Despacho, interpretaba los motivos de la protesta de los co-
munes: La desigualdad entre espafioles y criollos, la misera situa-
cion del indigena y la opresion fiscal. Nuestra Cedula manifiesta
una afirrnacion de la nacionalidad porque deja traslucir un lengua-
je anticolonial y un deseo de autonomfa:
" A mas de que si estos dominios tienen
Sus propios duefios, senores naturales.
Por que razon a gobemarnos viene
De otras regiones malditos nacionales?
De esto nuestras desdichas nos provienen,
Y asf, para excusar fines fatales,
Unamonos, por Dios, si les parece,
Y veamos el Reino a quien le pertenece".

La Cedula del Pueblo presentaba la rebelion contra la Metropoli


como un suceso de magnitud continental:

" Solo nosotros estamos de pendejos,


En las indias las vainas aguantando,
Pues a Mejico y Lima por espejos
Tenemos de que ya van levantando
La voz de su dolor y sus aquejos,
Con que ya de sus llagas van sanando
Y asf, por Dios, librernonos de ultrajes
Y dejemos el don de ser salvajes".

El pasquin apoyaba el movimiento y le planteaba a las masas in-


surrectas un objetivo concreto como era la ocupacion militar de
Santafe:

" Por Dios, Socorro, no dejes nuestra empresa


Ya que muestras el rostro destocado
Pues a tu sombra ira nuestra cabeza
Hasta el fin del intento principiado.
No temas de ninguno la fiereza,
Pues todos, aunque hasta ahora de tapado,
Estamos renegando con la carga
Que tenemos a cuestas, tan amarga.

105
Si te resuelves por pura caridad
A usar de los consejos referidos
Y marchas como digo a esta ciudad,
Yo te juro que nos veras rendidos,
Pues aunque por la fuerza de la lealtad
A tu frente nos halles prevenidos;
Las arm as blancas en tf no cortaran
Y los fusiles mojados estaran" (34).

El 17 de abril se esparcio en el Socorro la noticia que el corregidor


Campuzano se aprestaba a ocupar la Villa. El rumor resulto falso
pero sirvio para poner a prueba la resolucion de los amotinados.
Ese dia se desplego una gran actividad tendiente a hacerle frente a
la supuesta invasion de tropas gubemamentales. Gentes del Soco-
rro y de parroquias vecinas se citaron en el paraje denominado La
Polonia, con palos, piedras, armas cortopunzantes y algunas de
fuego; dispuestos a darle combate al Corregidor, inutilizaron puen-
tes, obstruyeron vias y construyeron parapetos. Hasta aquel dia la
elite terrateniente abandono su conducta de trabajar secretamente
por la insurreccion para colocarse al frente de la organizacion de la
resistencia; dirigieron la escaramuza Juan Francisco Berbeo, Juan
Miguel Gonzalez, Antonio Jose Araque, Pedro Fabio de Archila,
Melchor Rueda, Gregorio Rubio, Ignacio Calvifio y Miguel Monsal-
ve.

Por la noche las noticias falsas volvieron a hacer generar conmo-


cion; el alcalde de la Villa del Socorro, Jose Angulo y Olarte, tuvo
que huir precipitadamente al tener conocimiento que se preparaba
acabar con su vida.

Detengamonos un momento para subrayar que el rumor fue una


arma eficaz para prom over y mantener la movilizacion de las ma-
sas. Veamos algunos de los rum ores mas significativos por su co-
bertura territorial:

a) Los que hac ian relacion al levantamiento de Tupac Amaro se-


fialaban que su levantamiento era victorioso 0 que ya habia si-
do proclamado como Rey. Tal noticia se esparcio en distintos lu-
gares del Nuevo Reino (Santander, Boyaca, Tolima, etc.) y no
falto quienes obraran en su nombre como son los casos del jefe
comunero de los Llanos, Javier de Mendoza y del capitan Juan
de Olaya en el Tolima. Este rumor desperto simpatias en tomo
al Rey Inca entre mestizos, mulatos e inc1uso esc1avos; adernas
dio origen a que fuera proc1amado en varios pueblos indigenas.

(34)Citado en Cardenas Acosta, p. Op.cit., T.!. p. 121.

106
b) Otras de las "voces falsas" de amplia circulacion eran las que colo-
caban en duda la legitimidad del gobiemo colonial; estas tuvie-
ron una amplia gama de contenidos.

A los esclavos se les decia que habfa una Cedula Real que los
declaraba libres pero que era ocultada por los espafioles.

Frente a los impuestos se decia "que se mandaban pagar pechos


de todos los comestibles hasta del agua y del sol", "que los dos
pesos del Donativo eran perpetuos anualmente y que asf queda-
ban tributarios como indios"; que los gravamenes no "eran para
el Rey sino para los chapetones que venfan en cueros a vestirse
a los ocho dfas que Iiegaban y a echar galones a costa de los po-
bres" y "que las Cedulas que publicaba el senor Regente eran
fingidas y no del Rey".

c) A las autoridades y a quienes eran contrarios al movimiento se


les amenazaba con prision , perdida de sus bienes y muerte (35).

El 18 de abril se dio un paso trascendental en la Villa del Socorro


al hacerse publica la unidad de los diversos sectores sociales levan-
tados para designar a los jefes generales de la insurreccion. Varios
elementos permiten asegurar que no solamente en este acto se se-
llo la alianza entre los ricos y los pobres de la region, sino que fue
preparado con antelacion: En primer lugar, los 4.000 rebeldes
que se dieron cita en la plaza principal del Socorro provenfan de
diversos sectores sociales, y adernas, en un buen numero eran veci-
nos de otros poblados que hab ian venido al evento con sus respec-
tivos capitanes. En segundo lugar, quienes ambientaron la procla-
macion del comando unico del levantamiento, fueron los jefes na-
turales de la plebe que ten fan el calificativo de capitanes volantes
y que como ya se ha establecido, desarrollaron una descollante ta-
rea agitacional en oculta alianza con la elite socorrana. Y en tercer
lugar, la deliberacion para aclamar a los jefes generales de la suble-
vacion fue muy limitada. Afirma Salvador Plata: "Como fue, que
unos hombres tan desalmados que ni aDios ni al Rey, ni ha sus
Ministros respetaban, obedecieron tan repentinamente a Berbeo,
promulgando el auto de nombramiento de capitanes, una hora
despues que se salieron de la casa de Vega? (36). A este respecto
no es sorprendente la celeridad de la eleccion , dada la posicion asu-
mida POl' algunos de los elegidos en la etapa de la protesta calleje-
ra y dado tambien el interes por resultar nominados; tal es el caso

(35)BNC, Comuneros, T. 4 f. 89r.; T. 6,. f. 245r.; T. 3. f. 227v.

(36)Citado en Cardenas Acosta, P. Op.cit. T.1 p, 142.

107
de Berbeo, quien el d ia anterior comando la organizacion para re-
sistir la supuesta invasion del Corregidor, y quien manifesto a Isi-
dro Molina el deseo de ser proclamado por el cornun (37).

El Cornun suscribio un documento designando como capitanes ge-


nerales a prestantes miembros de la elite terrateniente como Juan
Francisco Berbeo, Salvador Plata, Antonio Monsalve y Diego de
Ardila, quien porestar ausente de la Villa fue sustituido por Fran-
cisco Rosillo. De este acto se desprende un interrogante: Por que
el Cornun eligio a individuos del sector social mas acaudalado de
la Villa? Antes de responder a este cuestionamiento es necesario
insistir que el Cornun (reunion de los vecinos de las parroquias 0
de los pueblos) se componia de vecinos ricos y de vecinos pobres.
Ahora bien, no ofrece ninguna dificultad en tender que como exis-
tia una buena fraccion de acaudalados del Socorro y de pueblos
vecinos que apoyaban el movimiento, debian considerar como pru-
dente y necesaria la intervencion de representantes de su sector so-
cial en la jefatura del alzamiento, para controlar a los otros secto-
res sociales y para lograr sus objetivos politicos y econornicos.

En 10 que respecta al Cornun pobre y oprimido, este no era madu-


ro politicamente para aclamar como capitanes generales a indivi-
duos de sus propias entrafias; carecfa de fe politica en sus propios
valores y por eso es que acepta tener como voceros a quienes de-
tentaban el poder politico y econornico en los marcos de la region.
Pero en ningun momento este fue el factor determinante, como se
ha pretendido demostrar en otras obras sobre la insurreccion co-
munera. En el otro lado de la balanza se encuentra que el canal de
expresion de los plebeyos pobres, 0 sea el cfrculo de capitanes vo-
lantes (Magnates de la Plazuela, Ardilas, Juan Dionisio Plata, Isi-
dro Molina, e Ignacio Tavera), se mantenia hasta el momento en
alianza incondicional con el sector terrateniente.

El 18 de abril el Cornun expresa su soberania y promete sujecion


y lealtad para con sus representantes: "A los cuales dichos capita-
nes nos sometemos a rendir la obediencia, como a nuestros supe-
ri ores , bajo las penas que ellos hallaren y tuvieren a bien el impo-
nemos; y nos obligamos a la defensa de que no se consentira que
ultrajen la persona de ninguno de elIos, ni se les falte al respeto".
Asimismo, al delegar el poder de decision, el Cornun previene que
los jefes deben responder por sus actos: "Bien entendido que todo
esto sea anexo al uso de la defensa de nuestra empresa, y que de 10
contrario usaremos de nuestro derecho con todo rigor contra el ca-
. pitan que se nos rebelare en contra nuestra ... " (38).
(37)Ibid, p. 141. ~

(38)BNC, Comuneros, T. 2. ff. 187v. - 188r.

108
De los elegidos, solamente Salvador Plata acepto posesionarse por
obra de la presion de las masas. Su designacion no respondio a una
ingenua equivocacion de los comunes, sino a una medida tactica
que pretendia comprometer, 0 al menos inutilizar, al personaje
mas adinerado y de mayor poder politico de toda la comarca. Un
pasquin que se conocio el dfa 26 de mayo ratifica esta afirmacion.
Textualmente decfa:

No te de cuidado Plata,
que bien amarrado estas,
como no te desates
no haya miedo que te vas
ya te conocemos Plata
la traicion que habeis de hacer
el oficio que te dimos siempre 10 tuviste en poco
que vos Plata hagais cosa buena,
ninguna esperanza queda (39).

C. LA IGLESIA FRENTE A LA PROTEST A

A manera general se puede sefialar que el clero adopto una posi-


cion reaccionaria frente a las justas banderas que enarbolaba el mo-
vimiento insurreccional. La iglesia catolica aparecfa como un efi-
caz instrumento de sometimiento ideologico que legitimaba me-
diante la fe , el orden social desigual y la dorninacion espanola. A
este respecto nada mejor que sea el Arzobispo Virrey Caballero y
Gongora el que exprese los postulados de la iglesia con relacion al
orden politico y social establecido; en su exhortacion de septiem-
bre de 1782 a los neogranadinos advertfa: "Dios coloco los Reyes
sobre la tierra fiandoles el gobiemo de sus Reinos; que los autoriza
como a nuestros padres y legitimos senores, llarnandolos tambien
nuestros Dioses; que la Ley Santa condena y maldice a los que se
atreven a murmurar de sus providencias y a levan tar con mano te-
meraria el velo de sus secretos; que los Reyes tienen el lugar de
Dios en la tierra, y finalmente que quien resiste a los mandatos de
los Reyes resiste a los del mismo Dios. De tan incontestables prin-
cipios tornados de 10 mas sagrado de nuestra Santa Ley se refiere
la estrecha y legftima obligacion que tienen los vasallos de pagar
los tributos y dar no con tristeza, sino de buena gana las asistencias,
que pueden imponer legftimamente los soberanos sobre los bienes
que poseemos por herencia de nuestros padres 0 por fruto de nues-
---.!:..a industria" (40).
(39)Ibid, T. 6. f. I06v.

(40)Ibid, T.12. f. 9Ir.· v:

109
La politica antipopular de la iglesia se hizo sentir en los primeros
tumultos cuando los clerigos trataron de disolverlos en procesio-
nes, misas, amonestaciones, amenazas de excomunion y suplicas.
En Simacota el17 de marzo el mot in conto con la interferencia de
una procesion ; el 30 de marzo en el Socorro, el sacerdote Joaquin
de Arrojo, al tiempo que se agigantaba el tumulto, salio con el San-
t isimo Sacramento e intimido a los feligreses con amenazas de exco-
munion ; en Confines, el 10. de abril, el parroco amonesto infruc-
tuosamente a los amotinados para que no atacaran los estancos; el
cura de Oiba, Filiberto Estevez, al pasar el ejercito del comun
rumbo a Puente Real, los insto a devolverse por "amor de Dios";
los sacerdotes de Puente Real cuando vieron sitiada la poblacion
fueron a los campamentos de los rebeldes a disuadirlos de su empe-
no; en Zipaquira el 15 de mayo, a la par que estalla el tumulto, sa-
le a la plaza el Arzobispo acompafiado de varios clerigos rezando el
rosario (41).

Tales posturas hostiles de los miembros de la iglesia no respond ian


unicamente a su formacion y estructura ideologica, sino tambien a
la circular del Arzobispo Caballero y Gongora, quien tan pronto
tuvo conocimiento de las primeras protestas, envio una pastoral a
los parrocos de su diocesis, ordenandoles utilizar los recursos posi-
bles a fin de aplacar a los feligreses 0 las "ovejas descarriadas" (42).
De otro lado, las autoridades eran conscientes de que a falta de e-
jercito y de armas monarquistas, era menester echar mana de la in-
fluencia de los pastores. El 13 de mayo el gobiemo de Santafe dis-
puso cursar oficio a los superiores de las comunidades religiosas, no
solo con el objeto de "tranquilizar los animos de estos rebeldes y
restablecer la paz, sino tam bien para que llegado el caso de la en-
trada, salgan al menos todos los sacerdotes a persuadirles y estimu-
larles con el respeto de su habito y caracter y con las mas vivas ex-
presiones que les dicte su buen celo por la publica quietud y sosiego
de la patria, que dejaria de serlo si no se impidiese la confusion
que en semejante lance debe fundadamente recelarse ... "( 43).

La masa insurrecta supo contrarrestar ingeniosamente la polftica


reaccionaria del clero. En el tumulto del 17 de marzo en Simacota,
la orden que salio del mitin fue la de dividirse en dos bandos: Uno
para ohedecerle al cura y entrar a la iglesia a rezarle a la Virgen, y
el otro para seguirle montando guardia a la casa donde se hallaba
refugiado el Administrador de la renta de tabaco, Diego de Beren-
guer. EI 30 de marzo, parte de la plebe socorrana siguio al templo

(41")Cardenas Acosta, P. Op.cit, T.1 pp.104, 108, 113, 164,176, y 215.

(42)AHN, Miscelarjea, T. 25. f. 752v.

(43)Citado en Cardenas Acosta, P, Op.cit., T.l. pp.208 - 209.

110
atendiendo las exhortaciones del sacerdote Arrojo, pero salio luego
de terminada la platica a unirse a los que habian continuado con
la protesta callejera. El mismo dia, como Arrojo y otro compaiiero
persistieron en interferir el mot in, el pueblo furioso los apedreo
mientras gritaba: [Mueran que Dios perdona!

Con tales actuaciones los rebeldes se adelantaban a las adverten-


cias y consignas contenidas en la Cedula del Pueblo:

" All~ los capuchinos tambien van


A sosegaros a fuerza de misiones,
Que es la orden infalible que les dan
Aquestos Tribunales Superiores,
Si prontos a las ordenes estan
Sin duda que el asunto en sus sermones
Sera la persuasion con voz sumisa
De que es muy justo que os roben la camisa.
Por bien de vuestras almas no ha de ser
Que les manden que vayan a mision,
Sino porque dejeis establecer
Alcabalas, estancos y pension.
Y asi bueno sera el atender
A 10 demas que explique su sermon;
Pero en tocando a pechos y derechos
Tapar los oidos y presentar los pechos".

El pueblo supo eludir magistralmente la influencia de los clerigos


e incorporar en el estandarte insurgente la fe religiosa, es decir, si
los representantes de Dios en la tierra no estaban con los oprimi-
dos, estos parecian seguros de sentir que Dios estaba a favor de su
lucha. El nombre del mismo Dios con que los clerigos llamaron a la
resignacion , el cornun se alzo en contra de las cargas fisc ales y la
desigualdad social. Esta sustentacion religiosa de la rebelion tuvo
una connotacion diferente segun el grupo social de donde prove-
nian, 0 sea que el grupo elitista esgrimio el ingrediente mistico pa-
ra lIamar a la unidad en la lucha por el desmantelamiento de los
sistemas de explotacion estatal; idea que se aprecia en la Cedula
del Pueblo y en la utilizacion por el Supremo Consejo de Guerra
de consignas politico-religiosas. En cambio, en las masas deshere-
dadas, tal expresion religiosa tuvo un caracter mas atrevido en su
manifestacion; para ellas la sublevacion era guiada por una mana
divina y su desenlace auguraba un cambio radical en sus vidas; por
eso decian que los socorranos "no eran gente del Socorro sino an-
geles que habian bajado del cielo a favorecer tantos pobres. "
(44).

(44)AHN, Aguardientes de Boyaca, T. 2. f. 367v.

111
La legitimizacion religiosa de la insurreccion tambien se exteriori-
za en que los jefes del ejercito del comun recibieron como trata-
miento adicional el calificativo de capitanes "cristianisimos y ca-
ritativos". Se revela del mismo modo en los tumultos, donde se es-
cucharon gritos tan polarizados como "muera el mal gobiemo y
viva la fe de Jesucristo"( 45). De otro lado es de tener en cuenta
que las masas oprimidas conservaron los ejemplares de la Cedula
del Pueblo - que tam bien fue Hamada Sant isima Gaceta - como
un simbolo politico-religioso, "apenas hab ia hombre que no lleva-
se su Cedula en las faltriqueras, algunos se vier on en el mismo Zi-
paquira que la conducfan pendiente del rosario en lugar de los san-
tos evangelios ... "( 46).

No podria terminar este breve estudio sin antes hacer referencia de


los religiosos rebeldes que participaron en el movimiento de los co-
muneros. Se trata del dominico Fray Ciriaco de Archila, quien in-
tervino en la elaboracion del pasquin subversivo; del franciscano
(?) Villamizar de la parroquia santandereana de Guadalupe, quien
espontaneamente realize tare as de espionaje (47); Y de dos miste-
riosos curas agustinos de la ciudad de Tunja, quienes le aportaron al
tejedor analfabeta, Isidro Molina, las mas significativas voces de a-
liento que haya podido recibir en toda su campafia al servicio de la
rebelion. En efecto, cuando Molina paso por Tunja y quiso ofrecer
una misa por el exito de la sublevacion , los dos religiosos no le
aceptaron dinero. Le expresaron la misma idea que tenia el pueblo
oprimido sobre los insurrectos, "eran angeles del cielo y no soco-
rranos"; le dijeron que iban a encomendarlo en sus promesas y que
estuviera tranquilo, que "no pecaba en tomar las rentas reales" (48).

D. La Organizacion del Cornun.

La organizacion que ingeniaron los rebeldes es quiza uno de los as-


pectos mas desconocidos del levantamiento comunero. Esta defi-
ciencia se debe primor ialmente a que algunos autores no rebasa-
ron los marcos de la descripci6n anecdotica y otros con mayor es-
tructuracion ideologica, menospreciaron el estudio de este aspecto
para conduir sefialando que la falta de organizacion fue una de las
causas que coadyuvo a la derrota del movimiento. Asi tenemos
que Alvaro Tirado afirma: "El pueblo no tenia la organizacion ne-
(45)Citado en Cardenas Acosta, P. Op.cit., T. 1. pp, 161 y 171.

(46)BNC, Comuneros, T. 6. f. 103r.

(47)Ibid, f. 43r.v. /

(48)AHN, Justicia anexo, T. 3. f. 605v.

112
cesaria y por esta razon con las primeras victorias desperdicio sus
energias en celebraciones jubilosas ... "(49).

D.1. El Supremo Consejo de Guerra

La region Santandereana es la {mica del Nuevo Reino que en la


insurreccion de los comuneros se dio su pro pia organizacion po-
lftica y militar; no exagera el capuchino Joaquin de Finestrand,
uno de los pacificadores del levantamiento, al decir que el co-
mun "declaro su independencia, quiso gobernarse como Repu-
blica Soberana ... "( 50).

El Supremo Consejo de Guerra fue la mas alta entidad de go-


bierno en la insurreccion. Es constituido en los primeros dias de
mayo con base en la nomina de los comandantes generales elegi-
dos el 18 de abril; a ellos se sumo el doctor Ramon Ramirez y
Joaquin Fernandez Alvarez quien ocupo el cargo de secretario.
Jose Antonio Estevez entre en reemplazo de Salvador Plata.

El mencionado organismo fue el verdadero artifice de la organi-


zacion y de la gigantesca movilizacion de las masas comuneras.
Es verdad que Juan Francisco Berbeo era la cabeza mas visible
de esta institucion, pero no corresponde con la realidad la ten-
dencia de varios autores de presentar al pueblo como el realiza-
dar de los geniales planes del generalisimo. Ha tenido que ver
mucho en la reproduccion de tal interpretacion que buen nume-
ro de historiadores utilicen como principal fuente de consulta la
obra de Pablo Cardenas, a quien se Ie debe reconocer su labor
investigativa, pero a quien se le critica el criterio de haber publi-
cado solo los documentos que favorecieran a su ascendiente el
general Berbeo, y la explicaci6n global del movimiento comune-
ro, que gira en torno al generalisimo.

Tres aspectos son de destacar en el periodo de gobierno del Su-


premo Consejo de Guerra del Socorro: El primero es el de en-
cauzar la energia del cornun en funcion de su movilizacion; es
por ello que el supremo organismo del levantamiento despacho
perentorias disposiciones a los capitanes de las poblaciones su-
blevadas para que se tratara de mantener el orden y la unidad,
con el objeto de no entorpecer los preparativos para el avance
hacia Santafe. Se dispuso tratar de tolerar al maximo ala pobre-
__ ria e impedir que surgieran nuevos tumultos (51). Un segundo
(49 )Tirado Mejia, Alvaro. "Introducci6n a la historia econ6mica de Colombia"
Ed. Leal6n, Medellin 1974, p.86

(50)Finestrand, J. Op.cit, p.

(51 )BNC, Comuneros, T. 6. ff, Bv., 25v., 28v., 29r.

113
aspecto es que el Consejo de Guerra se arrogo poderes judicia-
les: "era el tribunal de las causas, en donde se trataban las que-
jas, y se conocia de apelacion sin atender a la Real Audiencia
para estos actos de jurisdicciont'(Bz]. Dado su escaso perfodo
de vida, parece que en este tribunal solo se ventilaron asuntos
pen ales y de manera incompleta, porque una vez se firmaron
las capitulaciones, la justicia real se hizo cargo de los litigios en
curso. De todas maneras, por los procesos que se conocen se ob-
serva que cada capitan de los pueblos insurrectos tenfa tambien
calidad de juez; por razon de esta investidura avocaba la investi-
gacion de los delitos que se comet fan en su respeetiva parroquia.
Conclufda 10 que ahora se denomina como la etapa instruetiva,
el proceso era remitido al Supremo Consejo de Guerra (53).

La justicia administrada por el comun trataba de ejercerse sin


tener en cuenta las diferencias derivadas de la posicion econ6-
mica y social. Es atinente citar que el 30 de mayo de 1781, el
procurador General del comun , Antonio de Molina, pedfa al
supremo organismo de justicia que ordenara el embargo de los
bienes del rico terrateniente y capitan, Pedro Nieto, porque se
le comprob6 apropiacion de los caudales del movimiento. Y que
en el mismo mes, Joaquin Uribe, capitan de Pinchote, solicitara
que fuera sancionado el esclavo liberto, Eugenio Plata, por el
incumplimiento de un compromiso relacionado con el aprovi-
sionamiento del ejercito (54).

Las masas populares parecieron tener el convencimiento que los


nuevos administradores de la justicia pod ian ser mas equitativos
y eficaces; de ahf que se presentara la tendencia a reactivar con-
flietos pasados; uno muy importante es la peticion que Ie for-
mularon varios sujetos pobres al capitan de San Jose del Valle,
Francisco de los Rfos, para que tramitara la devolucion de una
suma de dinero que les habfa sustraido el capitan de San Gil,
Ignacio Sanchez de Tejada (55).

El tercer aspecto trata de la actividad mas relevante del Supre-


mo Consejo de Guerra, que fue la encaminada a la organizacion
y direccion del ejercito del comun:

a) En cuanto al ordenamiento jerarquico , se ocupo de designar


y en la mayorfa de los casos de ratificar a los capitanes elegi-
(52)Finestrand. J. Op.cit., p.

(53)BNC, Comuneros, T.6. if. Br-v., lOr., l4v.; T.3.ff. 242r., 244r.

(54)Ibid, if. Br., l8gv.

(55)Ibid, f. 34r.-v.

114
dos en los poblados. De esta manera ejercio una vigilancia se-
lectiva para garantizar el predominio a los sectores acaudala-
dos del comun en la direccion politica militar del movimien-
to.

b) En 10 que hace referencia a las finanzas del ejercito, el Supre-


mo Consejo de Guerra tomo las siguientes medidas (56).

1. Confisco en el Socorro y pueblos aledafios los recaudos de


la real hacienda.

2. Dispuso que el producto de las ventas de tabaco y aguardien-


te fueran para sostener el ejercito , Respecto a esta medida
es de recordar que en la etapa de tumultos se derramaba el
aguardiente y se quemaba el tabaco.

3.0rdeno que la administracion del estanco de aguardiente


quedara a cargo de administradores del cornun y "su pro-
ducto se convierta en gastos de nuestra empresa". Igual-
mente advirtio "que en ninguna parte se destile este licor
por ningun sujeto fuera de los que diputaren con pena de
la vida, 0 la de doscientos azotes no siendo de calidad, y
siendolo la de 200 pesos aplicados a los gastos de nuestra
empresa" (57).

4. Multo a los ricos opuestos al movimiento.

5. Repartio boletas exigiendo dineros 0 aportes en especie.

6. Presiono a Ignacio Sanchez de Tejada, juez de diezmos de


Socorro y San Gil, para que entregase 1000 pesos.

7. Oblige a Florencio Moreno, Mayordomo de Propios de la


Villa del Socorro, para que aportara los dineros recauda-
dos.

8. Notifico a Francisco Delgadillo, Regidor del Cabildo de la


Villa, para que prestara 1.000 pesos.

c) Finalmente, en relacion con las operaciones militares, el S: C.


G. planifico la march a a Puente Real a detener al Oidor Oso-
rio y el posterior avance hacia Santafe. Tambien para fortale-
cer la subsistencia de la insurreccion ordeno el espionaje de
los caminos y puertos de la region. Asimismo dispuso una se-

(56)Ibid, T. 18. rr. 366v. - 368r.; T. 6. ff. 29r., 298r.

(57)Ibid, T. 6. f. 26r. -v ,

115
vera vigilancia de los elementos anti - insurreccionales y la 0-
cupacion militar de la Villa de Giron que era opuesta a la su-
blevacion ,
Cuando las tropas se desplazaron a Santafe, el S. C. G. envio
sustitutos para que acompafiaran a Berbeo (58).
Por el total de los aspectos sefialados se puede concluir que
en el movimiento de los comuneros el S. C. G. surgio como
un organismo de gobiemo paralelo al de la autoridad colonial.
Tal entidad insurreccional fue la maxima expresion de la So-
berania del comun en oposicion a la soberan ia del Monarca.
Es desde este angulo que el poder del Cornun es revoluciona-
rio, por cuanto que los protagonistas del alzamiento, sin cono-
cer las teorias anti-absolutistas, afirmaron especialmente en la
practica la Soberan ia del Pueblo. De otro lado, la nocion de
Soberania del Comun tambien se manifiesta en las ideas: A-
firma Salvador Plata que hubo una peticion del Comun al Ca-
bildo del Socorro, encaminada a que esta corporacion decla-
rara bajo juramento, si estaba a favor del Rey 0 del Comun(59).
En este mismo sentido, es significativa la respuesta aprobato-
ria del S.C.G., a la peticion formulada por Antonio de Molina,
Procurador del comun socorrano, en ella reclamaba el nom-
bramiento de un administrador de la renta de aguardiente,
con la advertencia que la persona elegida no quedaba obligada
para con el Rey, "pues este en las circunstancias presentes es-
ta suspenso y aim muerto por el comun "> (60). Y tambien es
trascendente que existan evidencias concretas que confirmen
la negacion de la Soberania del Rey por parte del sector so-
cial pauperrimo , es ilustrativo el altercado del 13 de mayo en-
tre el alcalde de Oiba y el alfarero Antonio Pabon: el primero
recrimino al segundo en nombre del Rey, y este 10 desafio en
nombre del Cornun , de encime Ie grito que era un Alcalde de
mierda (61).

D.2 Las elecciones comuneras.

EI comun de la region era una masa heterogenea compuesta por


sectores sociales diversos (a. terratenientes, b. pequefios carnpe-
sinos y comerciantes, c. jomaleros y artesanos), que se unieron
mornentaneamente contra el regimen colonial sin deponer sus
---
(58)Ibid, T. 18. f. 368v., T.6. if. 28r.-v.; 298r.-299r., 26v., 292r.

(59)Ibid, T. 18. f. 38v.


* El destacado es nuestro.
(60)Ibid, T. 6. f. 26r.

(61)Ibid, f. i i-.

116
propias aspiraciones e intereses. Es decir, que hubo un incues-
tionable acuerdo de combatir a la autoridad espanola, pero en la
convulsion del levantamiento, cada sector social vefa delante de
sf otro horizonte: De un lado las masas oprimidas guiadas por
su instinto buscaban y esperaban su redencion social, y de otro
los sectores acaudalados temian por la perdida de su hegemonfa
polftica y economica.

La alianza y su contradiccion se refleja en la distribucion social


de las jerarqufas y mandos militares de la insurreccion, La inves-
tigacion que se realize para ubicar el grupo social al que pertene-
clan 44 de los capitanes del comun de mayor figuracion en la
sublevacion, arrojo 10 siguiente: 33 eran miembros de la elite te-
rrateniente, 5 proven fan del sector social de pequefios campesi-
nos y comerciantes, y 6 formaban parte del grupo social confor-
mado por artesanos y jomaleros. De donde resulta que la elite
terrateniente se atrinchero en la direccion politico - militar de la
rebelion, como un solido bloque ligado por vfnculos politico -
economicos y hasta de parentesco:

TABLA 6.

V inculos familiares entre los capitanes acaudalados.

Poblaciones Capitanes Parentesco

Juan Francisco Berbeo


Antonio Monsalve Por alianzas matrimo-
1. Socorro Francisco Rosillo niales
(SCG) Salvador Plata

2. Socorro Salvador Plata


Confines Juan Francisco Cabrera Primos
3. Zapatoca Juan de la Cruz Rueda Tio - Sobrino
La Robada Felipe Mauricio Aranda
4. San Gil Ignacio Sanchez de Tejada Parientes por su es-
Socorro Capitanes del SCG. posa

5. Velez Jose Jacinto Florez Cufiados


Miguel Vanegas

Fuente: 1. Ver capitulo III:


2. BNC, Comuneros, T. 6. ff. 38v.; 300r.
3. Ibid, f. 295r.-v.
4. Ibid, T5. f. 68v.
5. AHN, Tierras de Santander, T. 24. f. 670r.

117
Los terratenientes se comprometieron con la insurreccion desde
un primer momento, otra cosa es que hayan deslindado sus ac-
tos y los de la plebe, y que igualmente hayan actuado a la sorn-
bra de varios jefes naturales de baja extraccion, con quienes
manten ian un estrecho nexo derivado de relaciones economicas,
de amistad y de parentesco. Los terratenientes no solamente se
aprovecharon de tales vinculos para lograr su aceptacion entre
los sectores oprimidos, sino que a la vez maquinaron para lograr
su predorninio en los puestos de mando del alzamiento. Es
cierto que los capitanes terratenientes 0 las capas medias santan-
dereanas, otorgaron en secreto los llamados instrumentos de Ex-
culpacion, en los que declararon fidelidad al Rey y en los que
advirtieron que aceptaban los cargos militares unicamente por
salvaguardar sus bienes y sus vidas. Pero hay suficientes elemen-
tos para aseverar que estos documentos no constituyeron otra
cosa que un pretexto de los terratenientes para esconder su posi-
cion polftica ante la Corona: No se debe olvidar que la clase do-
minante santandereana era duramente golpeada por las medidas
fiscales y que no podia permanecer impasible ante el empuje
subversivo de amplios sectores sociales. Es mas,-la pasividad
tampoco .les conven ia, puesto que participando "en la subleva-
cion estaban en mejores condiciones de controlar el movimien-
to; control que debe entenderse como encaminado a defender
sus intereses ante el gobiemo colonial y ante la propia plebe 0
"canalla," y no a resguardar los de la Corona como trataron de
hacerlo creer en los documentos de Exculpacion. Desvirtua tam-
bien la supuesta participacion forzosa de los elementos acauda-
lados, la actitud que adoptan luego de hacerse al comando de la
rebelion, puesto que en lugar de ser consecuentes con 10 que ha-
b ian consignado en los documentos de Exculpacion, demues-
tran el mas denodado empefio por hacer derrumbar la autoridad
espafiola. Empuje inicial de la capa dominante que termino ex-
tinguiendose por el caracter de revolucion social que las masas
oprirnidas imprimian a la lucha. Y el movimiento comunero se
escinde: A un lado quedo el pueblo desheredado, quiza con mas
descontento que el que traia al empezar la lucha, al otro lado
quedaron los nobles y adinerados de Santander, Tunja y Santa-
fe , con el embeleco de las capitulaciones y al acuerdo de unirse
de inmediato a la autoridad colonial en la tarea de desmovilizar
y pacificar a sus ex-aliados.

De los 33 capitanes acaudalados, es posible que el unico que fue


compelido a plegarse a la rebelion haya sido Salvador Plata. En
los demas, hubo una metamorfosis politica que se ajusta a la di-
namica del movimiento insurreccional; a manera de ejemplo vea-
mos el itinerario de Ignacio Apolinar Buenahora, capitan de San
Gil:

118
Mes de mayo: En misiva dirigida a Berbeo decia: "Cuando reci-
bf su carta, no estaba en esta su casa por ciertas urgencias que
tam bien me obligaron a suplicarle me relevara, y ciertamente 10
sent! por lograr de su compafiia; pero siendo el asunto propia-
mente de todos, por ningun termino puedo desentenderme, por
cuya razon he deliberado hacerle este propio con quien le remi-
to veinte pesos por ahora, para 10 que se ofreciera en el viaje de
Santafe , sin olvidarme en 10 adelante de otra semejante, 0 ma-
yor concurrencia, para 10 que me tendra presente, deseandole
un feliz exito. .. Tambien le prevengo que si los capitanes de
esta Villa me quisieran ocupar en algun empleo no les admito,
solo que sea por V.M. "(62).
Mes de junio: Es elegido capitan y ratificado por el comun (63).
Mes de septiembre: En carta al alcalde del Socorro afirmaba:
"A la presente nos hallamos notificados y con la obligacion de
comandar la gente que esta sobre las armas para resistir la inva-
sion de los mogotes que con su caudillo Galan nos tiene amena-
zados ... (64).
Mes de octubre: Cuando entregaba el titulo de capitan a las au-
toridades sefialaba: "Admit! unicamente par libertar mi vida y
mi hacienda ... (65).

La preeminencia de la fraccion acaudalada del comun en la direc-


cion politico - militar de la rebelion , se explica par la ideologia
de los electores y por los mecanismos de la eleccion de los capi-
tanes. El primer aspecto se refiere a la inseguridad de las masas
explotadas del comun, esta desconfianza proveniente de las desi-
gualdades sociales y economicas, les hacia creer que los objeti-
vos propuestos pod ian ser mas alcanzables si estaban representa-
dos por personas notables, letradas y ricas. En no menor escala
de importancia se situan los sistemas de eleccion:

a. La adhesion de los Magnates de la Plazuela, los Ardila, Igna-


cio Jose Tavera, Isidro Molina y Juan Dionisio Plata, a un sec-
tor de la elite dominante (Berbeo, Monsalve, Rosillo), fue de-
finitiva para que los acaudalados lograran ocupar los puestos
de comando de la rebelion. Entre los jefes de la plebe y algu-
nos terratenietes. Se dio una alianza desde los primeros pasos
del conflicto, para desarrollar y encausar el descontento. Co-
mo tactica, los terratenientes prefirieron respaldar primero en
(62)Ibid, f. 44r.

(63)Ibid, T. 3. f. 18r.v.

(64)Ibid, TA. f. 318r.

(65)Ibid, f. 344r.

119
secreto y luego abiertamente a los jefes de la plebe, est os en
ejercicio de su calidad de capitanes volantes y de.su influencia,
lograban el respaldo de sus iguales para la aceptacion y aclama-
cion como capitanes de los vecinos "principales" de cada pue-
blo (u cornun). Es decir, que antes de cada eleccion , los nom-
bres de quienes deb ian ocupar los cargos ya se conocian, a los
agitadores Q capitanes volantes, solo les correspond ia efectuar
la postulacion e incitar a la aclamacion por parte del comun de
la respectiva parroquia. A esta misma conclusion llego P. Car-
denas Acosta - quien tambien hizo un exhaustivo estudio de
las fuentes primarias -, la expresa cuando comenta la elec-
cion de los capitanes de Zipaquira: "En observancia de la
practica establecida por los jefes de los comuneros, desde los
principios del movimiento, de indicar ellos mismos los nom-
bres de los capitanes de cada ciudad, pueblo 0 lugar, para que
el publico los aclamase, y aprobar luego por el comandante
General 0 por el Supremo Consejo de Guerra los nombra-
mientos aparentemente hechos por los comunes, designo Ber-
beo a los senores don Cosme Damian de Espinosa, don Ber-
nardo Romero, don Ubaldo Macias y don Francisco Riafio,
y ordeno a los capitanes Ignacio Tavera y Marcelo de Ardila
para que convocasen al punto el comun de la parroquia, a
efecto de que los aclamase solemnemente para capitanes de
Zipaquira ... "(66).
b.Otra forma de elegir capitanes era la realizada directamente
por el SCG (0 sus miembros) en virtud de la autoridad que Ie
concedio el cornun ellS de abril. Los 6 capitanes que compo-
man el supremo organismo eran de extraccion elitista, de ahf
que su politica en el sentido de la eleccion 0 ~atificacion de
capitanes, haya estado dirigida a robustecer la ingerencia de
su grupo en la direccion del movimiento.
El comun siempre aparecio en los t itulos conferidos como el
responsable de his designaciones; tal hecho se percibe en la
declaracion del terrateniente y capitan de Velez, Jose Jacinto
Florez, quien en el momento de entregar el documento co-
mentaba 10 siguiente: "Hago solemne presentacion del titulo,
a mi conferido; y a los demas que en el se registran; y aunque
de dicho titulo, aparece, habersenos comunicado a pedimen-
to del cornun dicha capitarna, no es asi, porque la dicha no-
mina fue hecha par los capitanes de las referidas Villas; y no
a pedimento del cornun , de esta ciudad, como se supone, y
aunque admiti dicha capitan ia, fue a fuerza de violencia y te-
mor con que me impidieron, como se deja ver por las boletas
de precepto ... " (67).
(66)Cardenas Acosta, P. Op.cit.,T.l. p. 299
(67)BNC, Comuneros, T. 5. 336r.

120
TABLA 7

Algunos capitanes elegidos par el Supremo Consejo de Gue-


rra (0 sus miembros).

Elector (s) Pueblos Elegidos

1. SCG Velez Nomina completa

2. Juan Fran-
cisco Berbeo Chitaraque Vicente Francisco Calvo
Carare Jose Ramon Escobar
Santafe Nomina completa
Zipaquira Nomina completa

3. Francisco Socorro Simon Villarreal


Rosillo
Guadalupe Ignacio de la Pefiuela y Ja-
vier de Zarate.

4. Antonio Socorro Francisco Javier Tello


Monsalve.

Fuente: 1. BNC, Comuneros, T. 5. f. 336r.


2. AHN, Empleados Publicos de Boyaca, T. 14.
f. 1010r.; BNe, Comuneros, T. 18. f.4041'
3 y 4. BNC, Comuneros, T. 18. f. 368 v , 386r.

En 10 que respecta a la eleccion de los 5 capitanes volantes


que pertenecian a la capa de pequefios campesinos y comer-
ciantes (Magnates de la Plazuela, los Ardila, e Ignacio Jose
Tavera), esta tuvo lugar en el origen de la sublevacion, provie-
ne de su ascendencia sobre los pIebey os y de su extraordina-
rio papel como agitadores y organizadores de la movilizacion.
Para los jefes terratenientes, estes capitanes eran imprescindi-
bles porque se constituyeron en el puente de comunicacion
entre el comun rico y el comun pobre. Los capitanes volantes
del grupo de pequefios campesinos y comerciantes, siguieron
el derrotero polftico de la elite santandereana en todas las fa-
ses de la insurreccion.

En cuanto a los capitanes del sector social de jomaleros y ar-


tesanos, se encuentra que Isidro Molina, Juan Dionisio Plata
y BIas
Antonio de Torres, fueron tambien del circulo de agi-
tadores estrechamente ligados a los jefes de la elite, su tem-

121
prana designacion tambien provino del favor popular y del
respaldo de sus protectores, con quienes rompen luego de la
firma de las capitulaciones. Del mismo grupo social era Jose
Antonio Galan y Juan Agustin Serrano, designados capitanes
en el transcurso del levantamiento por su arrojo y capacidad
militar. EI otro capitan de esta ala revolucionaria del comun
era Miguel Sandoval, electo por el pueblo de Mogotes en los
momentos en que se preparaba una segunda marcha hacia
Santafe ,

Por facultad otorgada por el Supremo Consejo de Guerra del


Socorro, los capitanes de cada pueblo eligieron la oficialidad
y la suboficialidad del ejercito del comun. Respecto a la of i-
cialidad el nombramiento recafa sobre los vecinos ricos 0
principales de cada pueblo, que generalmente eran amigos 0
adeptos del capitan elector. (68). Otro criterio que guio la
eleccion de la oficialidad comunera, fue el nexo familiar:

TABLA 8

V inculos familiares entre la oficialidad del ejercito del comun:

Pueblos Oficiales Grados

Ignacio de la Pefiuela Capitan


1. Guadalupe Benedicto de la Pefiuela Teniente
Juan Antonio de la Pefiue- Ayudante de
la ordenes

Juan Francisco Becerra Capitan


2. Cincelada Ambrosio Becerra Segundo Ca-
pitan
Do ingo Antonio Becerra Cabo

3. Socorro Jose Antonio Estevez Miembro del


SCG
Oiba Pedro Ignacio Estevez Teniente

Fuente: 1. B C, Comuneros, T. 6. L 34r.


2. Ibid, rr. 31r. ·32r.
3. Ibid, f. 9r.

(68)Ibid, T.6. rr. 298r., 384r.

122
Dichos mecanismos apuntaron a redoblar el control de la cla-
se dominante en el mando politico - militar de la insurrec-
cion, y adernas a frenar el acceso a los puestos de direccion
del ejercito de individuos pertenecientes a los sectores socia-
les pobres 0 plebeyos.

En cuanto a la suboficialidad es importante tener en cuenta


que en estos cargos se preferfa a sujetos de baja extraccion,
pero que ten fan influencia sobre el pueblo raso. Con ello se
garantizo la aceptacion de los jefes maximos de cada batallon
o compafiia y el cumplimiento de sus ordenes militares. En
general, esto permitio cohesion en el ejercito del comun hasta
los momentos preliminares a la firma de las capitulaciones.
Una vez promulgadas, la soldadesca y los vecinos pobres de
los pueblos tendieron a obedecer mas a los suboficiales en de-
sacuerdo con la conciliacion, que a los capitanes que habian
llevado a la sublevacion a capitular. Este hecho se produjo, no
obstante que uno de los puntos acordados era la ratificacion
de todos los cuadros militares de la insurreccion y del propio
ejercito comunero. Sobre el papel jugado por los suboficiales
no solo es ilustrativa la trayectoria de Jose Antonio Galan
(primero cabo y luego capitan), sino tambien los motines que
explotaron en seguida de que las capas medias 0 los terrate-
nientes conciliaron en Zipaquira. El 26 de junio, el capitan
Jose de Ardila comentaba que en la parroquia de las Vueltas
hab ia tumultos y que "los mas picaros son Pedro Mora, Ja-
vier Fajardo, y Bautista Cardenas cabeza de motfn de todos
estos; con el motivo de haberle dado el capitan Vesga titulo
de cabo a este y a Fajardo, se han subordinado todas las gen-
tes a estes, mas bien que a sus capitanes ... " (69).

D.3. El ejercito del comun,

La enorme capacidad organizativa de las masas insurrectas se


puede apreciar muy bien en la estructura militar del ejercito co-
munero, milicia que tuvo todas las caracteristicas de un ejercito
regular.

La tropa del comun conto con bandera y cuartel: La bandera


era de color carmesi y simbolizaba la rebeldia, dice Salvador
Plata: "La bandera carrnes i no significaba que iban a pedir gra-
cias al Senor Oidor" (70). La sede del movimiento que se deno-
mine "Casa de Armas", estuvo ubicada en el marco principal de
la plaza del Socorro y sirvio como lugar de reunion del S.C.G., y
(69)Ibid, T. 6. f. 65r.-v.

(70)Citado en Cardenas Acosta, P. Op.cit., T.1, p. 157.

123
como deposito de las armas de los comunes. No fue adquirida
par los sublevados sino que se entre en posesion de ella, debido
a que estaba en pleito por nulidad en el remate hecho al capitan
de Charala Pedro Nieto (71).

Se financio el ejercito del comun con los dineros expropiados a


la real hacienda, con las multas y prestamos hechos a particula-
res, y con la administracion del estanco de aguardiente (en el fo-
co de la rebelion) y de las salinas de Zipaquira. Una parte de es-
tos recaudos fueron invertidos en materiales para Iabricar lan-
zas. El· armamento fue una de las principales deficiencias del
ejercito del cornun, este se presento a luchar con sus herramien-
tas de trabajo, con armas cortopunzantes y algunas de fuego;
en el transcurso de la sublevacion incremento sus pertrechos
despojando al enemigo (operativos de Puente Real y Giron).

Otros aspectos secundarios de la organizacion del aparato mili-


tar son: El uso de uniformes por parte de los oficiales, la publi-
cacion de un boletin informativo y el afianzamiento de una red
de espionaje (72).

Hay que distinguir entre las fuerzas militares del cornun que se
presentaron en Zipaquira y las que se mantuvieron en los pue-
blos sublevados. Esta racionalizacion de los combatientes era
iniciativa de Berbeo, Monsalve y Rosillo, los mas destacados
miembros del SCG, a estes jefes les parecio conveniente que en
la region liberada quedaran varios miles de soldados organizados
con una estructura militar igual a las tropas que se dirigieron a
ocupar a Santafe, para garantizar la normalidad economica de la
region, obviar gastos y prevenir alguna reaccion de los elementos
opuestos al movimiento 0 un avance militar realista por sus es-
paldas (73). Buena dernostracion de la capacidad of ens iva de las
tropas que se quedaron en el area epicentro de la protesta, es el
asalto victorioso a Giron el 29 de mayo de 1781, en esta opera-
cion participaron 4.000 soldados.

El ejercito comunero que acampo en Zipaquira estaba conforma-


do por: A. 10.000 soldados provenientesde lugaresy pueblos de
10 que hoy son los santanderes, bajo el comando de Berbeo; B.
6.000 soldados dirigidos por losterratenientes de Tunja y Soga-
moso; C. 4.000 soldados de los pueblos indigenas de Cundina-
(71)BNC, Comuneros, T. 18. f. 392r.v.

(72)Cardenas Acosta, P. Op.cit., T.2. p. 273

(73)BNC, Comuneros, T. 6. f. 298r ..

124
marca y Boyaca, bajo el mando de Ambrosio Pisco (74). Estas
fuerzas, a su vez, estaban compuestas por tropas de infanteria y
caballeria. El porcentaje de estas ultimas era de un tercio del to-
tal (75). Todo el ejercito se agrupaba en "Compan ias" que osci-
laban entre 25 y 100 soldados (76).

Las compafiias se originaron en los tumultos. Parece que en la


conformacion de est os cuerpos militares, no intervino el segrega-
cionismo racial que se reflejaba en todos los ordenes de la vida
colonial del siglo XVIII, en oposicion, tal factor era un criterio
basico en la separacion intema de las fuerzas realistas y actuo ra-
dicalmente en la organizacion de las tropas anticomuneras de la
Villa de Giron. Alli los miembros de la Junta de Defensa que se
nornbro para dirigir la resistencia, al observar "el disgusto con
que algunos (vecinos) se hallan reparando el no deberseles in-
cluir en la Compafiia que Haman de mestizos, pOl'gozar de me-
jar lustre", mandaron 'por providencia del 27 de abril que "se
forme una Compafiia que se llame de blancos, para que alli en-
tren los que son de mayor lustre que los mestizos y no alcanzan
al de caballeros distinguidos ... " (77).

Desde el comienzo de la organizacion del ejercito comunero, el


S.C. G., impuso a los combatientes una rigida disciplina militar.
El 24 de mayo tal organismo dicto un decreto fijando las pautas
de comportamiento para oficiales y soldados: "Se ordena y
manda que ningun capitan, ni otro de los oficiales militares pue-
da apartarse del ejercicio de su empleo, pena de ser degradado
publicamente y castigado conforme al estilo militar. Y asimismo
se ordena y manda a todos los soldados en general, no sean osa-
dos a contradecir, disputar ni armar voceria en publico sobre las
providencias que se diesen pOl' nuestro Consejo de Guerra, pues
el que hubiese de suplicar alguna cosa sobre ella, los hara ocu-
rriendo ante Nos, para que asi se resuelva 10 justo sin estrepito al
publico, ni irrespeto a sus capitanes, pena que si asi no 10 ejecu-
taren, seran castigados como inobedientes y faltos de respeto. Y
para que se verfique, se les ordena a todos nuestros oficiales, ca-
bos y de mas leales vasallos para que en el mismo acto en que se
levante grito de voceria en publico por alguno 10 arresten en la

(74) Cardenas Acosta, P. Op.cit., r.i. p. 288r.

(75)Ibid, p. 292

(76)BNC, Comuneros, T. ff, v., 298r.

(77 )Citado en Posada, Eduardo. "La revolucion de 1781 en Giron" en Boletfn


de Historia y Antiguedades de la Academia Colombiana de Historia, Vol. V,
No. 51, Bogota 1907, pp. 133 - 134. -

125
carcel publica, por todo rigor, y de ello nos den pronta cuenta
para su castigo ... (78).

El ejercito del cornun tenia una perfecta jerarquia de mandos:

a. Un Estado Mayor General, al frente del cual estaba el genera-


lisimo Juan Francisco Berbeo, investido de maximos poderes
en 10 politico y militar. Y 2 capitanes generales ayudantes; 3
tenientes generales que reemplazaban a Rosillo, Monsalve y
Plata ( los 2 primeros en el Socorro al frente del SCG); 1 ca-
pitan ayudante; 1 capitan volante ayudante; 1 teniente ayu-
dante; 1 alferez ayudante y un secretario (79).

b. Capitanes de compafiia en un total de 226 (80). Cada capitan


tuvo en su respectiva localidad atribuciones politica y milita-
res. Hubo varios capitanes pOl' pueblo 0 lugar, pero cada uno
era el vocero de los combatientes de un espacio geografico di-
ferente; desde el comienzo el S. C. G., dividio la competencia
territorial de los capitanes, asf tenemos que los capitanes de
Zapatoca, Andres Navarro y Juan de la Cruz Rueda, ejercian
jurisdicciones sobre distintos territorios: El primero tenia
autoridad "desde la boca de quebrada que llaman del Rucio;
pOl' debajo de la Lorna Redonda a dar pasos de alii la boca de
la quebrada de Pao y de la Chirivi arriba hasta sus cabeceras
... ". Y el segundo tenia "bajo su dominio a todas las perso-
nas que hallaren desde la quebrada del Resumidero al alto de
los Yariguies, cogiendo el recinto de la parroquia hasta el alto
del comedero ... (81).

c. Tenientes en un numero aproximado de 226. Uno por cada


compafiia.

d. Alfereces en un numero aproximado de 226.

e. Sargentos en un total de 800. Tomando como base que a ca-


da grupo de 25 soldados se le asigno un sargento.

f. Cabos en un total de 800. Uno por cada 25 combatientes


(82).

(78)BNC, Comuneros, T. 6. f. 25v.

(79)Cardenas Acosta, P, Op.cit., T.2. p. 68

(80.)Ibid, T. 1. p. 289
(81)BNC, Comuneros, T. 2. ff. 213r. - 214r.

(82)Ibid, T. 6. f. 28r.

126
Segun estas cifras el ejercito comunero acampado en Zipaquira,
estaba gobernado por 689 oficiales y 1.600 suboficiales.

Las cualidades militares que despliegan algunos capitanes de las


capas medias durante el alzamiento, estaban muy lejos de ser
producto de la improvisacion. Se sabe que hacendados y comer-
ciantes, con perrniso de la Corona, emprendieron en el Siglo
XVIII expediciones de aniquilamiento sobre los grupos indige-
nas denominados Carares y Yariguies, que se ubicaban al occi-
dente de 10 que hoy es el departamento de Santander. Tales tri-
bus, acorraladas por el significativo proceso de expansion de la
frontera agricola protagonizado por espafioles, criollos y mesti-
zos, se veian obligados a asaltar comerciantes y a realizar expe-
diciones de pillaje sobre las empresas agricolas que se fundaban
en sus territorios.

En la etapa precomunera, Berbeo, fue uno de los que se destaco


en estas expediciones represivas (83). Otro capitan, Juan de la
Cruz Rueda (de Zapatoca), tambien comando incursiones por la
zona de resistencia ind igena con el visto bueno de las autorida-
des espafiolas, que se identificaban con los acaudalados de la re-
gion no solo en la necesidad de colonizar nuevos espacios, sino
en la de destruir 0 asimilar a las comunidades indigenas que uni-
das con los esclavos negros fugados de las haciendas, se consti-
tuian en el principal obstaculo para abrir nuevos caminos que
facilitaran un mejor acceso al rio Magdalena (84).

Es de deducir que algunos soldados comuneros eran antiguos pa-


cificadores, porque en las expediciones se enganchaban gentes
de la baja extraccion social y economica. Es el caso de la expe-
dicion que en 1787 comando Salvador Plata, en ella se hizo la
gestion de buscar y reunir a 200 personas, todas descendientes
de Gaspar y Francisco Olave, quienes a condicion de verse exo-
nerados del requinto real a que estaban obligados como miem-
bros de la "casta parda", habfan comprometido a sus descendien-
tes con el deber de participar cada vez que se verificaran "entra-
das" contra los indios Yariguies (85).

(83)Citado en Cardenas Acosta, P. Op.cit.. T.2. p. 270

(84)AHN, Tabacos, T. 35. f. 183r.· 184v.

(85)Ibid, Miscelanea de empleados publicos, T. 14. f. 984r.

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