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Biografa BBS

Este documento describe la niñez de Bhakti-bhusana Swami en Alemania y Chile, incluyendo su nacimiento en una fecha espiritualmente significativa y su mudanza a Chile a los 7 años donde vivió en Osorno.

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Biografa BBS

Este documento describe la niñez de Bhakti-bhusana Swami en Alemania y Chile, incluyendo su nacimiento en una fecha espiritualmente significativa y su mudanza a Chile a los 7 años donde vivió en Osorno.

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INTRODUCCIÓN
Esta es la bella historia, relatada muy brevemente por cierto, de cómo se desarrolló en
Argentina uno de los movimientos religiosos más importantes de la historia reciente, el
movimiento para la conciencia de Krishna, a pesar de todas las vicisitudes, en un contexto
político, social y cultural sumamente desfavorable. Pero como ya lo había dicho Su Santidad
Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakura, la emancipación espiritual no puede quedar a la espera de
vientos favorables que la energía material nunca proveerá, sino que debe emprender su marcha
decididamente, en contra de todas las probabilidades, pero a favor de las ilimitadas bendiciones
de la cadena de sucesión discipular y de Sri Caitanya Mahaprabhu.
Este relato tiene como protagonista a Bhakti-bhusana Swami Maharaja, un santo de
nuestro tiempo que con su respetuoso liderazgo, su inacabable energía, su fe inquebrantable y
su firme convicción fertilizó estas tierras, en las antípodas de su lugar de origen, para que en él
pudiera crecer la enredadera del ​bhakti​, la fresca y fragante planta del amor por Sri Krishna.
Hace referencia también, necesariamente por ser irrenunciable justicia, a los devotos que
colaboraron con él con toda su pasión y cándida entrega; aunque solamente a algunos de ellos y
de manera muy concisa, pues nombrarlos a todos sería imposible sin el peligro de caer en el
ingrato e involuntario olvido de reconocer a alguno de ellos, no sólo porque fueron muchos,
sino también debido al carácter renunciado de los ​vaishnavas que los vuelve muy renuentes a
dar a conocer sus obras, de forma tal que solamente Krishna sabrá, en muchos de esos casos,
acerca de sus silenciosos esfuerzos por propagar el mensaje del Señor Caitanya y de los actos
heroicos de los que fueron capaces, dicho esto sin el menor atisbo de exageración.
Si bien la simiente de la conciencia de Krishna ya había sido plantada en el corazón de
varios devotos que se encontraban en el país, hacía falta la guía, la visión, el empuje de una
persona excepcional para que esa semilla se manifestara como un árbol, con todas sus ramas y
frutos. Alguien que en su carácter pudiera amalgamar en un equilibrio que por momentos
pudiera parecer desbordado, la firmeza, la exigencia y la rigurosidad de un líder vehemente,
junto al amor, la tolerancia y la percepción de la oportunidad propia de un estratega santo.
Aquellos devotos pioneros recibieron con el corazón abierto la indispensable ayuda de un
devoto mayor con experiencia en la distribución de libros, la formación de devotos y la
dirección de templos, y juntos emprendieron con total resolución y fe lo que les habría parecido
una aventura trascendental, pero en realidad era mucho más que eso, era el desarrollo de un
plan cuidadosamente trazado quinientos años atrás por Sri Caitanya Mahaprabhu.
El plan maestro, como lo expuso brillantemente Su Santidad Ravindra Swarupa Dasa, es
inundar el mundo entero con la misericordia redentora de Sri Caitanya Mahaprabhu
distribuyendo indiscriminadamente el amor puro por Krishna, haciéndolo accesible a todas las
personas del mundo sin ninguna excepción. En ese plan maestro ya habían hecho su
extraordinaria contribución personalidades como Srila Bhaktivinoda Thakura, Srila
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Bhaktisidhanta Sarasvati Thakura, Srila Prabhupada, y ahora los más esforzados discípulos de
este último, entre ellos Bhakti-bhusana Swami.
Muchos discípulos y bienquerientes de Bhakti-bhusana Swami han escrito muchísimos
pasatiempos suyos que suelen llamar “Néctares” y es que, en realidad, cada minuto de su
apasionante vida constituye algún tipo de hazaña o aventura en el apasionante campo de la
propagación de la conciencia de Krishna, lo que ha dado lugar a esa enorme cantidad de relatos
llenos de admiración por su carácter. Esta obra se ha propuesto apenas presentar en un orden
más o menos cronológico y sistematizado tales eventos, basándonos mayormente en aquellos
relatos, resumiéndolos y organizándolos para poder conformar un volumen práctico de
información biográfica de hechos espirituales, más que biográficos o históricos. Tratándose de
una biografía autorizada tuvimos la fortuna además de contar con detalles brindados por el
propio protagonista, lo que nos ha dotado aun de mayor certeza en la presentación de esta
humilde obra.

SU NIÑEZ
Bhakti-bhusana Swami nació el 19 de junio del año 1947, con el nombre civil de Stefan Kess
en el hogar de una familia conservadora de clase media en Hamburgo, Alemania Occidental,
una populosa ciudad con uno de los puertos más importantes del mundo. Su padre, un hombre
de carácter firme pero reflexivo, trabajaba como profesor en la escuela secundaria, y su madre,
quien habría de asumir resignadamente el carácter independiente de su hijo, era ama de casa.
Aquella fecha del calendario solar correspondió en el calendario lunar ​vaishnava ​con la
festividad de ​Gundica Marjana, u​ n suceso muy especial en la tradición que marca el día en el
que el Señor Caitanya Mahaprabhu junto a Sus seguidores limpió escrupulosamente el templo
para recibir al Señor Jagannatha el día siguiente de la procesión del Ratha-yatra. El haber
tomado nacimiento en ese fecha es muy significativo pues, aunque ese día nacieron además en
este mundo otras miles de personas, solamente una entre todas ellas tendría un destino ligado a
la propagación de uno de los movimientos espirituales más influyentes de nuestra época,
encontrándose actualmente en pleno e ininterrumpido desarrollo. Sería el niño Stefan quien
influenciado por las bendiciones de esa fecha contribuyera decididamente a hacer realidad el
sueño de Srila Prabhupada de que sus libros fueran distribuidos también en Sud América.
Ciertamente que las personas nos vemos positiva o negativamente influenciados por diversos
factores en nuestra formación, sean estos astrológicos, kármicos, genéticos, sociales, etc., pero
el que más influencia tuvo en Stefan fue el factor espiritual que marcaría enfáticamente su
carácter, pues la determinación de Sri Caitanya de limpiar, y volver a limpiar, y volver a
limpiar una vez más el templo, se vería reflejada en la personalidad de quien luego sería
conocido como un virtuoso y muy estricto ​sannyasi, ​una persona completamente dedicada al
movimiento de conciencia de Krishna de manera metódica, ordenada, minuciosa, esmerada,
concienzuda, recta, meticulosa, en la observancia de sus deberes espirituales.
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En esa época, a solo dos años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, uno de los conflictos
bélicos más terribles de nuestra historia que afligió a buena parte de la humanidad, Alemania
comenzaba la ardua tarea de su reconstrucción luego de ser demolidas sus principales ciudades
hasta sus cimientos por los bombardeos aliados. La moral de sus ciudadanos estaba igualmente
destrozada, humillados después de la derrota por las condenas del Juicio de Núremberg y
muchos civiles horrorizados ante el descubrimiento insospechado de las atrocidades cometidas
por el régimen Nazi. Sin embargo, Stefan pasó parte de su niñez lejos de aquel dramático
paisaje, en Sudamérica, en la República de Chile, ya que sus padres decidieron ir a vivir allí
cuando tenía ​siete años de edad. Su papá, don xxxxxxx, los llevó a él, a su madre y a sus
hermanos desde Alemania hasta Chile en un largo viaje en barco, de ida y de vuelta, porque en
su juventud había sido oficial de la marina y amaba el mar. Aparentemente fue el único que
disfrutó de aquel viaje porque el resto de la familia sufrió debido a los mareos típicos de un
viaje transoceánico. El pequeño Stefan miraba el mar pensativo, como tratando de abarcar con
su imaginación su inexplicable extensión y buscaba la mano de su madre sintiéndose
intimidado ante esas enormes olas, grandes como médanos de agua que amenazaban con
tragarse el barco entero. También miraba con curiosidad a unos niños extraños que viajaban
con un contingente húngaro, pero no se atrevió a jugar con ellos. Finalmente, después de casi
dos semanas de travesía llegaron a Chile una mañana de cielo nublado y brumoso al pujante
puerto marítimo de Valparaíso, donde sus padres le aseguraban esperanzados que tendrían una
vida mejor. Desde Santiago, donde estuvieron apenas el tiempo suficiente para retirar sus
pertenencias del barco, fueron a vivir a Osorno, donde a su padre le esperaba un cargo como
profesor de xxxxxxxx gracias a un contrato que tenía con el ​Deutsche Institute​.

CON SU FAMILIA A CHILE


La ciudad de Osorno, a poco más de 900 kilómetros de Santiago, en la confluencia de los ríos
Rahue y de Damas, tiene una antigua estación de trenes que la une por vía férrea con la
romántica ciudad de Puerto Montt. Por aquel entonces Osorno era apenas un pequeño pueblo
ganadero típico del sur de Chile con habitantes gauchos, aunque con una marcada influencia de
la arquitectura nórdica, ya que desde el siglo anterior había experimentado una fuerte
colonización de inmigrantes alemanes. Las casas de madera con techos a dos aguas de chapas
acanaladas, ventanas de vidrios repartidos y chimeneas por las que escapaba el humo de la
calefacción a leña, solían tener una galería al frente con una baranda.
Por sus calles bordeadas de altos eucaliptus, cuyas hojas arrancadas por el viento siempre
presente caían sobre la tierra húmeda, alternando con erguidos cipreses que se alzaban al cielo,
azul y frío, Stefan recorría el camino de unas pocas cuadras desde su casa hasta la escuela
donde aprendió el idioma español, con el himno nacional incluido. Después de unas pocas
cuadras terminaba el pueblo y comenzaba la extensión del campo donde pastoreaban las vacas
y las ovejas, y aunque la zona urbana no abarcara más que unas pocas hectáreas, desde su
perspectiva los niños la percibían como una vasta ciudad, pero Stefan siempre recordaba que
del otro lado del mar, a muchos días de viaje, había un mundo mucho mayor y eso le daba
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incluso desde su infancia una noción diferente de las cosas.


Frente a la plaza estaba también la iglesia cristiana a la que concurría regularmente y donde se
intensificó su devoción por el Señor Jesucristo. Lo reconfortaba saber que había un lugar en el
pueblo, aunque estuviera en su mismo centro, completamente aislado de la mundanalidad de
los temas cotidianos donde podía respirarse un ambiente de misterio y divinidad al que acudían
las personas más respetables, fueran ricos o pobres. Las imágenes de santos y mártires con sus
miradas piadosas dirigidas hacia lo alto que colgaban de sus paredes, el sacerdote con su
austera sotana negra, su carácter grave y benevolente, sus modales suaves de espaldas a los
feligreses pronunciando la Santa Misa en latín, su prédica hablando del sacrificio del Salvador,
todo aquello dejó una profunda impresión en su corazón pueril.
Siendo de aspecto típicamente teutón –tez muy blanca, ojos azules y cabello rubio- sus
pequeños amigos solían apodarlo graciosamente “cabeza de manteca”, cuando jugaban durante
los recreos en la escuela.
Podríamos decir que esa circunstancia de desarrollar parte de su temprana vida en un país de
habla hispana resultó ser un arreglo maravilloso de Krishna, pues fue gracias a ello que
Bhakti-bhusana Swami aprendió el idioma español, algo que con el tiempo se volvería
completamente relevante en la vida de miles de personas de Sud y Centro América.
Esa vida pueblerina y simple en contacto con la naturaleza, las vacas y el campo no duró
mucho, pues un poco más tarde cuando contaba ya con doce años de edad regresaron todos a
Alemania, a su ciudad natal, Hamburgo, donde continuó su vida como un muchacho de ciudad.
Estos cambios frecuentes de residencia le estaban enseñando algo acerca de la temporalidad de
las cosas; con solo ​cinco años se fue a un país diferente, con una idiosincrasia totalmente
distinta y un idioma desconocido. Cuando estuvo afianzado en esta realidad debió romper otra
vez los vínculos con sus amigos y comenzar su adolescencia en otro lugar, que aunque era
aquel donde había nacido, desconocía por completo. Más tarde, siendo ya mayor, diría que
entre los sudamericanos era un extranjero alemán, y entre los alemanes era un extranjero
sudamericano, dando a entender que al convivir con dos culturas, pues el destino lo regresaría
pronto otra vez a Sud América, no encajaba convencionalmente a los ojos de los demás en
ninguna de ellas.
Al terminar la escuela secundaria, sintiendo que había terminado una etapa y se encontraba
listo para buscar sus propios horizontes, se fue de su casa a pesar de las protestas de sus padres
y comenzó a viajar en busca de un estilo de vida alternativa, algo que además del carácter
independiente de Stefan era bastante común para los jóvenes de esa época. No es que en su casa
tuviera alguna carencia, o sufriera algo más allá de la diferencia generacional que lo separaba
de sus padres apegados a las tradiciones, era un llamado a hacer algo trascendente, algo que
muchos solemos sentir en la temprana juventud, pero que pocos pueden concretar antes de caer
en el desánimo y ser tragados por la irresistible corriente de las masas. Mientras incursionaba
por diferentes comunidades hippies en Alemania su curiosidad por los temas esotéricos lo llevó
a interesarse en el budismo. Una noche después de leer ávidamente un libro acerca del budismo
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zen salió a caminar por la noche con su amigo Olivier buscando inspiración en el silencio de las
calles vacías, había que hacer algo, pero no tenía idea qué. Cuando fue convocado por el
ejército para cumplir con el servicio militar obligatorio, se negó a ser reclutado con el
argumento de que era un budista y practicaba el ​ahimsa, e​ l principio de no violencia; su
conciencia pacifista y su espíritu idealista ciertamente eran muy opuestos a la idea de empuñar
un arma y marchar uniformado marcando el paso marcial.
Buscando su independencia económica en Hamburgo comenzó a trabajar en una imprenta
donde tomó contacto por primera vez con las tareas inherentes a la impresión de libros, pero
aunque estaba muy bien remunerado no logró entusiasmarse, el oficio era repetitivo y dejaba
poco espacio, sino ninguno, para la creatividad. El aburrimiento de encontrarse entre esas
paredes blancas sin ventanas pudo más que su necesidad de solventar sus necesidades
financieras que a esa altura de su vida, ciertamente eran bastante básicas. No obstante, sin que
tuviera la más remota idea de lo que estaba ocurriendo, Sri Krishna lo estaba poniendo
brevemente en contacto con las artes gráficas en preparación para la misión a la que habría de
entregarle su vida en un futuro muy cercano. No obstante las facilidades económicas que le
daba su empleo, Stefan sentía la insatisfacción y el vacío espiritual que la perspectiva de un
estilo de vida burgués le ofrecía y en cuanto terminaba con su horario laboral se dedicaba a la
lectura. Leía mucho, con avidez de conocimiento y elevación, sobre todo libros acerca de temas
místicos y espirituales. Estudiando la vida de Jesucristo y Ramakrishna sentía, más que un
profundo respeto y admiración, una suerte de incomodidad por ser meramente un espectador,
un llamado a fomar parte, a realizar un aporte significativo que salvara a los hombres de su
destino de sufrimiento. Si él podía ver el ciclo repetitivo de la historia de violencia, no
solamente la de las armas si no también la existencial de un futuro ahogado en el materialismo,
¿por qué los demás no podían, o se mostratan tan apáticos, tan dóciles? Como llegaría a
escuchar más adelante de su maestro espiritual Srila Prabhupada en una frase casi axiomática,
“masticar lo masticado”.
El centro de la contracultura por aquel tiempo era la iudad de Londres; precisamente allí, en el
seno de una cultura tradicional arraigada en una de las monarquías más antiguas de Europa.
Desde Picadilly Circus ahora explotaba la moda de las atrevidas minifaldas y la irreverente
música de los Rolling Stones. En el verano de 1968, Stefan visitó la capital británica deseoso de
encontrarse en el centro de la tormenta cultural y verlo todo con sus propios ojos, pues
habiendo oído y leído suficiente en las revistas, ahora debía experimentarlo por si mismo. Los
jovenes recorrían las calles céntricas muy coloridas bajo el influjo del arte pop para reunírse
por las noches en los pubs, un lugar ideal para ver y ser visto, para fumar con la vista perdida,
como siguiendo el curso impredecible del humo del cigarrillo que se elevaba hasta desaparecer
en el aire; aún otros bailaban con los brazos abiertos bajo el influjo del LSD siguiendo el ritmo
de una música que solo sonaba en su cabeza. Sin embargo, al cabo de un corto tiempo regresó
decepcionado a su ciudad natal; aquel ambiente egocéntrico saturado de hedonismo no era
ningún cambio, ninguna salida, apenas una distracción más, temporal y paliativa, pero de
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ninguna manera la solución que estaba buscando a su insatisfacción.


Poco después de su regreso de Londres tuvo la primera oportunidad de conocer a Sri Krishna
en Su forma trascendental de sonido, cuando el joven buscador de la verdad escuchó una
grabación del mantra Hare Krishna que estaba difundiendo la televisión alemana, realizada en
Londres por el poeta beatnik estadounidense Allen Ginsberg.
En la otra orilla del Océano Atlántico, en los Estados Unidos, Srila Prabhupada estaba
fundando el 5 de agosto de 1966 una institución benéfica trascendental destinada a promover el
desarrollo espiritual de las personas mediante un plan inspirado por Krishna, a través de un
proceso aprobado por los santos que lo precedieron en una cadena de sucesión discipular
ininterrumpida desde Sri Krishna mismo y cuya eficacia ya había sido probada por miles de
practicantes en la India. El desafío ahora era extrapolar esos principios espirituales eternos a
Occidente acomodándolos a su idiosincrasia sin diluir ni comprometer su pureza, una tarea en
la que resultaban de suma relevancia sus nuevos discípulos occidentales como apóstoles de la
Cultura Vaishnava. Muy osadamente, confiando en la protección de su maestro espiritual, Srila
Prabhupada llamó a esta asociación Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna,
cumpliendo la profecía de Sri Caitanya Mahaprabhu de que en cada pueblo y aldea del mundo,
en cada ciudad, en cada barrio, se cantaría el maha-mantra Hare Krishna. Las bases estaban
fundándose en América y siguiendo con el plan, Srila Prabhupada envió a Alemania en el año
1968 a un discípulo suyo estadounidense de origen alemán con la misión de instalar un templo
para expandir su movimiento. La ciudad elegida fue Hamburgo, el segundo puerto más
importante de toda Europa y una de las principales capitales culturales del mundo.

CONOCE A LOS DEVOTOS


Stefan, ahora de 21 años, caminaba una tarde cerca de caer la noche por la zona roja de
Hamburgo, próximo al puerto, con su cabello largo tocando sus hombros, pantalones de
botamanga ancha y un abrigo azul marino de grandes solapas, cruzado, con botones. La brisa
suave pero fría traía el aire húmedo y ligeramente salado del mar. Las calles de veredas
angostas estaban atestadas de clubes nocturnos ofreciendo espectáculos eróticos con grotescos
corazones rojos en sus marquesinas de luces de neón. También estaban los bares y tabernas
donde jóvenes bandas buscaban su oportunidad con el rock and roll. El barrio Sankt Pauli
además de distinguirse por ser el barrio rojo, tenía una fama bien ganada por su identidad de
barrio rebelde, tolerante y libre donde se daban cita no solamente los bohemios y los
buscadores de ocios y placeres, sino también los intelectuales y vanguardistas del arte, siendo
visitado frecuentemente por Los Beatles que solían hacer sus presentaciones en el Star Club.
A poco de salir del U-Bahn, el subterráneo de Hamburgo, después de escalar con rápidos pasos
la escalera, se encontró en la calle sin ninguna expectativa en particular, simplemente abierto a
las experiencias que se pudieran presentar. Los adoquines lustrosos del pavimento hacían parte
del rompecabezas paisajístico nocturno. Sus ojos inquietos recorrían la escena cuando una
persona sentada en el suelo cantando llamó su atención. Estaba vestido con un traje negro
sobre una camisa blanca, con la cabeza rapada, algo muy raro en una época en que la moda era
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llevar el cabello largo debido a la fuerte influencia del surgimiento del rock and roll. En medio
de ese ambiente en apariencia tan poco propicio, allí sentado sobre una pequeña esterilla de
paja, cantaba un mantra acompañándose con ​kartalas​, completamente ensimismado, con los
ojos cerrados en actitud meditativa. Junto a él tenía además un pequeño canasto con un cartelito
invitando a la gente a cantar Hare Krishna. Allí completamente solo, casi con el único recurso
de su bolsa de yapa y su fe en su maestro espiritual, este devoto llamado Sivananda Dasa daba
lo mejor de si en completa soledad. Sin embargo el sonido vibrante de los platillos de bronce y
el tono resuelto de su voz lograban, aunque fuera por un momento, el efecto deseado, pues la
gente, los que pasaban apurados y los que estaban de paseo, se volteaban curiosos a mirar a ese
atrevido personaje
Ese fue su primer contacto con los devotos de Krishna, una sorpresa profunda que cautivó su
atención y lo transportó a evocar sensaciones que era incapaz de recordar. Por alguna extraña
razón que en ese momento no pudo explicarse, ese sonido, aunque exótico y foráneo, le sonó
intrigantemente familiar, como si ya lo hubiera escuchado alguna vez. No obstante, no le dio
demasiada importancia y siguió su camino; pero la semilla del bhakti ya había sido plantada
cuando aquella vibración sonora dejó su imborrable impronta en su conciencia, a tal punto que
no pasaría mucho tiempo hasta que se uniera a Sivananda y a otro devoto recién llegado
llamado Krishnadasa, para distribuir folletos acerca de la conciencia de Krishna a la multitud
que había llegado a escuchar un concierto de rock.
Viéndolos tan sinceros, tan osados, estos devotos desarrollaron su admiración y le hicieron
pensar que se encontraba ante algo auténtico, muy diferente de la gente hipócrita que solía
encontrar. Y no era solamente simpatía lo que sentía por ellos, tal vez a su pesar, iba sintiendo
además una cierta identificación con ellos, con sus ideales, su compromiso y hasta su
austeridad, a contramano de toda la cultura de cómoda burguesía que se encontraba detrás del
discurso vacío de la mayoría de la gente. Aunque la idea de volverse completamente un devoto
Hare Krishna también lo asustaba, precisamente se había marchado de su casa para evadir las
normas y las imposiciones de su padre preservando lo que por entonces era su bien más
preciado: su independencia.
Stefan, era un muchacho independiente, ávido de conocimientos e idealista que se sentía
incómodo con los valores que la sociedad occidental promovía bajo el slogan del “sueño
americano”, así que no es raro que estuviera viviendo junto a otros muchachos y chicas en una
comunidad en las afueras de Hamburgo, ubicada en el primer piso de un edificio viejo en la
parte decadente de la ciudad, en Riperbane. En los demás pisos del edificio vivían prostitutas
de todas las edades, desde las jovencitas hasta otras ya entradas en años que por las noches se
alineaban a lo largo de la calle a la espera de los clientes, o mostraban parcialmente su cuerpo
por la puerta entreabierta invitando a pasar.
En esta suerte de aldea convivían hippies, místicos y toda suerte de otros soñadores en un
ambiente bastante loco de anarquía donde cada cual trataba de vivir su propio estilo, sin los
condicionamientos impuestos por cualquier tipo de autoridad. Aquellos que buscaban
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desarrollarse al margen de las convenciones burguesas no siempre eran simplemente vagos


tratando de evadir responsabilidades, sino que muchas veces se trataba de buscadores sinceros
de una verdad superadora que diera un sentido trascendente a sus vidas. En el medio de esa
cofradía había una suerte de altar inmenso donde cada uno colocaba aquello que fuera el objeto
de su adoración y se dedicaban a una meditación multicredo que los hermanaba.
Poco tiempo después se presentó en esa caótica comunidad donde vivía Stefan un muchacho
que había estado viviendo en el templo con los Hare Krishna llamado Uttamasloka, pero
actualmente se había desencantado de alguna manera y estaba afuera, aunque seguía
sintiéndose un devoto. Este muchacho ciertamente era muy diferente de otros hippies, era un
vegetariano estricto, se levantaba temprano y se comportaba de manera muy discreta con el
sexo opuesto. Apareció allí para sorpresa de todos con una apariencia muy particular pues lucía
un chaleco tejido de varios colores, unas sandalias, una flauta en su cinturón y llevaba el
cabello largo; no lucía como un monje oriental, o como cualquier idea que uno pudiera tener
al respecto, sino completamente como un hippie más. Pero para sorpresa de todos, agregó al
altar un retrato de SrilaPrabhupada, comenzó a hablar de Krishna de un modo atractivo y
consiguió que varios le prestaran atención. Solía aparecer por las tardes de cuando en cuando
por allí, les predicaba acerca de Krishna y les cocinaba algo de ​prasadam,​ particularmente
halava.​
La semilla trascendental que había sido plantada en el corazón de Stefan al abrigo de sus nobles
sentimientos recibió un fuerte impulso, sentía una suerte de corazonada de que algo bueno y
excitante estaba por suceder, así es que decidió dar el próximo paso cuando este devoto lo
invitó a conocer el templo.
Al llegar allí encontró a ese mismo devoto que había visto con traje negro cantando en la calle
y pudo darse cuenta con gran expectativa de que algo se estaba preparando en su vida. Este
devoto, llamado Sivananda de inmediato vio algo especial en el joven Stefan, tal vez la
sinceridad de su búsqueda que se dejaba ver en la transparencia de sus ojos, y comenzó a
predicarle la conciencia de Krishna dedicándose a él con mucho cuidado. Inmediatamente lo
puso en la mira como el hábil coleccionista que ha detectado una pieza muy preciada, ¡ya no lo
dejaría más! Entonces comenzó a visitarlo asiduamente en la comunidad; lo más sorprendente
para Stefan fue que era tan desapegado que iba de una parte de la ciudad a la otra, todo el viaje
en bicicleta vestido con su ​dhoti c​ olor azafrán y con la ​sikha ​oscilando de un lado a otro al
ritmo del pedaleo, tan solo para visitarlo, para hablarle, para predicarle. Simplemente entraba y
ellos no mostraban ningún respeto en particular, otros inclusive lo ignoraban, o se marchaban
porque era un grupo bastante loco y no todos estaban interesados o preparados para escuchar el
mensaje de la conciencia de Krishna.
No obstante, Prabhu Sivananda iba hasta ellos y se sentaba frente a aquel altar y comenzaba a
cantar y a hablar lo mejor que podía acerca del ​Bhagavad-gita, a​ unque Stefan y los demás
presentes apenas podían entender algo de lo que decía porque su alemán era bastante
rudimentario. De cualquier modo eso no significaba un gran problema para los oyentes, pues
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durante la conferencia se sentaban ritualmente en la posición del loto con los ojos cerrados,
concentrados y serenos, mientras permanecían inmersos en el sonido de las "palabras de
sabiduría"​. Después de un rato de aquella charla comenzaba un ​kirtan.​ La gente que estaba allí
hacía cualquier locura alrededor, sacudiendo sus cabezas y sus brazos en lo alto, dando vueltas
caóticamente, pero sin importar toda esa informalidad él seguía cantando Hare Krishna.
Cuando terminaba, con el mismo entusiasmo iba a la cocina y realizaba alguna preparación,
como el popular y básico ​halava que les gustaba a todos, o cualquier otra cosa, y les daba de
comer aquellos alimentos impregnados de devoción ofrecidos a Sri Krishna. De ese modo
Stefan se fue convenciendo de unirse al movimiento, por la fe, la dedicación y el ejemplo que
ese devoto sincero le ofrecía, fuera de la hipocresía que había visto en otras partes y que tanto
le disgustaba.
A principios de 1969 la discoteca Grynszpan que solía frecuentar, en una esquina sobre la calle
Grosse Freiheit en lo que en años anteriores había sido un cine teatro, estaba a la vanguardia
ofreciendo conciertos de rock progresivo. Una noche advirtió en la entrada un cartel
anunciando la Conciencia de Krishna citando como adeptos importantes a personalidades como
el poeta Allen Ginsberg y Timothy Leary, famoso por sus terapias siquiátricas y exploraciones
espirituales mediante la utilización del LSD y a Srila Prabhupada cantando el mantra Hare
Krishna. El cartel invitaba gratuitamente a todos a una cena vegetariana el domingo, por lo que
Stefan pensó que se trataba de un restaurante, pero en realidad era el pequeño templo de los
devotos recientemente inaugurado. Tampoco habría de encontrar allí drogas de ningún tipo, ni
atisbos de anarquía, todo lo contrario, lo que allí le esperaba era el sendero del ​bhakti-yoga, ​un
proceso espiritual basado en la devoción pura al Señor Supremo que despierta en el practicante
gracias al control de los sentidos, habitualmente dedicados al disfrute material. Pero nada de
esto estaba en principio en la mente de los jovenes buscadores que se acercaban al movimiento,
pero Srila Prabhupada muy expertamente solía utilizar para la prédica un slogan que Stefan
luego adoptaría como propio, “Entrar como una aguja y salir como un arado”. Otro principio de
Srila Prabhupada como un perfecto renunciante es que “​Todo puede ser utilizado en la
conciencia de Krishna”, pero eso aunque el pensamiento de los líderes de la cultura psicodélica
fuera completamente opuesto a los principios del ​vaishnavismo, l​ os devotos no dudaron en
promocionarse con estos arquetipos de la juventud para poder llegar hasta ellos y librarlos,
precisamente, de aquello que los había llevado hasta allí.
Al comienzo iba al templo por las tardes, de vez en cuando. En la vidriera los devotos habían
colocado una imagen de Sri Krishna con unos rayos saliendo de ella, muy mística; también
había a modo de carteles algunos mantras del ​Bhagavad-gita ​y citas elogiosas de
personalidades reconocidas. Había también un anuncio respecto al horario de los programas y
una invitación a tomar ​prasadam ​gratis. Esto último fue un incentivo muy fuerte que provocó
que pronto comenzara a asistir también al mediodía, hasta que un devoto le dijo, “Stefan, estás
viniendo todos los días a comer, ¿no te gustaría ayudarnos un poco también?” Como accedió le
asignaron su primer servicio, le enseñaron a hacer ​chapatis ​¡y pronto se vio cocinando pilas
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enormes de ​chapatis ​para todos los devotos y los invitados! Todo el misticismo en torno a este
ambiente lo cautivaba, cuando volvía a su casa, por ejemplo, recordaba inconscientemente el
aroma del incienso que invadía todos los rincones del templo, el aroma del sándalo, y sin darse
cuenta se mantenía en esa meditación durante toda la semana. El sabor del ​prasadam​, aunque
austero, era también algo completamente exótico y el aroma y el sabor hasta de un simple arroz
y unos vegetales sazonados con los condimentos dorados en ​ghee ​era algo que dejaba una
marca en su conciencia difícil de apartar.
Cuando se iba del templo con pasos cada más lentos, con menos prisa y volvía a la comunidad,
solía sentarse en una ventana abierta a cantar Hare Krishna acompañándose con unas kartalas
que había comprado en el templo. Luego de practicar por un corto tiempo se animó y fue a
cantar solo en lugares públicos de Hamburgo, particularmente el parque de la ciudad era un
sitio favorito, donde podía ver cómo el sonido trascendental afectaba sutilmente a las personas
que estaban paseando, e incluso a los cisnes y patos que nadaban en el lago.
El incipiente Movimiento para la conciencia de Krishna en la ciudad de Hamburgo era un
pequeño templo liderado por un devoto “mayor”, aunque éste solamente contara con tres años
de antigüedad en el movimiento. En aquellos tiempos, por la fuerza espiritual de Srila
Prabhupada, el fundador ​acarya del movimiento, un devoto solo sin mayor entrenamiento, con
poco dinero y, como en este caso, inclusive con poco conocimiento del idioma, era suficiente
para instalar un centro de prédica en cada país y así la conciencia de Krishna comenzaba a
propagarse rápidamente por todo el mundo.
El templo estaba instalado en una casa pequeña cerca de la zona céntrica. Era algo incómoda,
pero los devotos de aquellos primeros tiempos del movimiento eran muy entregados, algo
fanáticos y aceptaban las austeridades con un espíritu desafiante casi heroico. Había un solo
cuarto para todos y dormían en el suelo sobre una bolsa de dormir, en el mejor de los casos, o
sobre algunas mantas y nada más. La cocina también era pequeña y los cocineros totalmente
inexpertos; había mucha improvisación y algunos accidentes menores, como la vez que se
prendió fuego la sartén y las llamas treparon por unos instantes hasta el techo, sin embargo,
inconcebiblemente el avance espiritual de los devotos era algo palpable. Srila Prabhupada tuvo
que enseñarles todo durante su estadía en Hamburgo, cómo hacer ​chapatis, subjis, dhal, ladhus​,
¡todo!
La dueña de la casa era una señora mayor de alrededor de ochenta y cinco años que vivía en
una casa contigua. Era muy anciana, prácticamente no escuchaba nada y veía muy poco, casi
nada. Cuando se instalaron los devotos, ella ni siquiera notó que se vestían con ​dhotis de
radiante color azafrán, tampoco notó que estaban rapados, porque no veía nada, lo único que
pudo advertir con su limitación, y no se equivocó, fue que eran unos jóvenes simpáticos que se
preocupaban por ella, y los había invitado a vivir en la planta baja del departamento donde ella
tenía su propia casa en el primer piso. A pesar de que todo el día había mucho movimiento con
devotos e invitados entrando y saliendo, ella parecía no darse cuenta de nada, o tal vez
simulaba no estar enterada porque estaba muy sola y todos esos muchachos ajetreados le daban
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vida y le hacían compañía. Generosamente accedió a los pedidos al límite de lo abusivo de los
devotos y les brindó cuanto pudo, la heladera, el lavarropas y no hizo caso de la ropa mojada
secándose colgada por todos lados​.
Stefan ayudó al monje a tomar contacto con la gente local cuando salían a cantar Hare Krishna
por las calles, pues su alemán era bastante malo y lo mezclaba mucho con el inglés de tal
manera que a los demás les costaba entenderlo. Algo que le dio mucha fe por aquellos días fue
observar asombrado el efecto que producía el ​maha-mantra en la gente. Él también se sentaba
en la calle, a veces solo, en medio de la muchedumbre que pasaba sin cesar, con un cartelito
que decía HARE KRISHNA, y podía darse cuenta de que esa vibración trascendental no le
resultaba indiferente a nadie y en muchos casos captaba su atención dispersa aunque solo fuera
por un momento.
Sivananda se unió al movimiento en Montreal en el año 1967, fue el primer devoto que llegó a
Europa, completamente apoderado por Srila Prabhupada. Su madre le había dado dinero para
estudiar pero él en cambio lo utilizó para comprar un pasaje e irse a predicar a Europa, solo,
acompañado por un set de deidades de Sri Jagannath en la maleta. Su primera intención fue ir a
Londres, pero en la Aduana no se lo permitieron porque las autoridades al ver a Sri Jagannath y
a él mismo con la cabeza rapada, les pareció todo muy extravagante. ¡Era demasiado raro
incluso para Londres!, nadie conocía eso, por eso la policía no le dio la admisión. Entonces y
sin desanimarse fue a Holanda, a Ámsterdam, pero no pudo hacer mucho allí, por lo que se
dirigió a Berlín, y después a Hamburgo. Recordando aquellos tiempos muchos años después
Bhakti-bhusana Swami solía decir: -¡Todo ese viaje, más o menos, para salvarme a mí!- y
sonreía.
En el verano de 1968, comenzó en solitario el trabajo misionero en Berlín Occidental, cantando
Hare Krishna en la ​Gedächtniskirche, l​ a iglesia de la memoria, y distribuyendo folletos. En el
otoño Prabhupada envió a ayudarlo a dos de sus discípulos, Krsnadasa y Uttamasloka, este
último de Alemania. El local que consiguió allí en Berlín, muy cerca del Muro que levantaron
los rusos cuando se repartieron con los Aliados el control de la ciudad después de la rendición,
tenía condiciones insufribles, sin agua caliente en las cañerías, ni calefacción alguna. Además
le faltaba la pared del fondo que había sido derribada en un bombardeo, así y todo, Sivananda
con un optimismo a toda prueba no veía ninguna dificultad en ello, pero definitivamente no era
un lugar apto para instalar un templo y conseguir adeptos y al cabo de un corto tiempo se
fueron a Hamburgo.
Sivananda Dasa fue muy determinado, hizo todo prácticamente solo, aunque el suyo no fuera
un caso excepcional. En esa época hubieron varios devotos que hicieron esas cosas; por
ejemplo, en medio de una reunión con sus discípulos Srila Prabhupada decía algo para que los
devotos fueran a algún lugar del mundo a predicar y abrir un templo y de pronto un devoto
decía, -“¡yo voy!”- Así mismo Sivananda tomó la decisión y conociendo las intenciones de su
maestro espiritual le pidió que le permitiera ir a Europa donde trataría de instalar un templo.
Srila Prabhupada estaba tan agradecido con él por haber aceptado ese riesgo que cuando tuvo
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las primeras noticias de que el ​maha-​mantra y su nombre habían aparecido en un periódico de


Amsterdam informando de las actividades Sivananda cantando en las calles, le escribió una
carta dirigiéndose a él como "Sivananda Prabhu". Lo consideraba como “Prabhu”, una
verdadera distinción entre los devotos de aquel entonces. Prabhupada estaba muy satisfecho de
que habiendo puesto un pie en Europa su movimiento ahora podía llamarse con más propiedad
Sociedad “Internacional” para la Conciencia de Krishna.
Stefan se cultivaba por la simple compañía de los devotos y la lectura de alguno de los pocos
libros que estaban disponibles en ese entonces. Así es que después de un tiempo pensó
ingenuamente que ya lo había aprendido todo, que ya lo sabía todo, por lo que no tenía ninguna
necesidad de rendirse a ninguna autoridad. Después de todo, ese había sido su ​leit motiv hasta
ese entonces. ¿Para qué ser devoto? Porque en realidad le encantaba su libertad, disponer de su
tiempo, elegir sus relaciones, viajar y cosas por el estilo. En un momento maduró la idea y
decidió irse para hacer su vida espiritual por su propia cuenta. Consiguió un par de ​kártalas y
se fue.
Hizo su viaje a dedo buscando las aventuras que implica conocer gente nueva, con un itinerario
abierto que se va trazando por fuerza del destino, con toda la expectativa que ello supone. En
cada lugar donde llegaba se sentaba en el suelo en la posición del loto y cantaba Hare Krishna,
y así disfrutaba de lo que según su entendimiento era la vida espiritual, una idea bastante naif
por cierto.
Después de algunas escalas en julio de 1969 llegó a Copenhague, donde encontró una
comunidad entera de gente muy loca, un lugar que todavía existe que en aquella época se llamó
“Cristianos”, y se quedó a vivir allí. Se trataba de una unidad militar desocupada luego de
finalizada la Segunda Guerra Mundial. Cuando el ejército alemán comenzó a invadir los demás
países de Europa, muchos como Dinamarca construyeron fortificaciones militares en un intento
de resistencia. Al finalizar aquella terrible etapa quedaron abandonadas y aunque no se
encontraban en condiciones edilicias totalmente apropiadas, fue solo cuestión de tiempo hasta
que las ocuparan grupos de muchachos que renunciaban a vivir con sus padres y gente sin
hogar.
Stefan siempre cantaba Hare Krishna, sin hacer ninguna otra cosa más que cantar y cantar, una
y otra vez, repetitivamente aunque sin monotonía, con una fe en el ​maha-mantra q​ ue
aumentaba con cada sílaba que pronunciaba, aunque en esa etapa de su desarrollo espiritual lo
hacía básicamente por una cuestión de satisfacción personal, pues aún se encontraba lejos de
advertir con toda claridad la necesidad de poner esta panacea al alcance de todo el mundo. De
esta manera la gente notó su presencia y llegó a conocerlo porque lo único que hacía era cantar
Hare Krishna. Al principio estuvo todo muy bien, estaba practicando un proceso espiritual y no
obstante seguía siendo independiente, sin comprometerse con una institución o adherir
abiertamente a un credo que pudiera poner límites a sus aspiraciones. Pero aunque esta fuera
una experiencia bastante gratificante, después de un tiempo se aburrió porque pudo darse
cuenta de que estaba solo, sin nadie con quien compartir sus emociones y realizaciones. Estaba
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extrañando a aquellas personas realmente únicas de la conciencia de Krishna con quienes había
aprendido lo que sabía hasta ahora, aquellos que habían manifestado un interés genuino y sin
intereses ocultos o proselitistas por su persona. Quizás fueran solamente intuiciones, o los
mensajes que Krishna le enviaba desde su corazón en Su forma de Patamatma, ya que no
pasaría mucho tiempo en adquirir la madurez suficiente para aprender el verdadero significado
de conceptos tales como “libertad” o “independencia”, en el contexto de la relación eterna que
tenemos con Sri Krishna, de Quien somos partes y porciones fragmentarias y de Quien estar
separados no es más que la dolorosa ilusión que crea toda esta manifestación material. Él
mismo enseñaría pronto en su rol de maestro de sus agradecidos discípulos que la tan
vanagloriada libertad de un sistema, solamente significa caer en otro si no se la busca en el
nivel trascendental. En relación con esto solía contar en sus clases la moraleja de una señora
hindú, humilde, que llevaba sobre su cabeza desde la cantera hasta la obra una pila de piedras,
cuando al trastabillar de pronto se le caen. Entonces, llena de aflicción, comienza a orar, “¡Oh,
mi Señor, por favor, ayúdame a colocar estas piedras otra vez sobre mi cabeza!”, en vez de
rogarle directamente que la libere de tener que realizar ese trabajo.
Impelido por la nostalgia después de haber tenido una pequeña prueba de la dulzura de la
compañía de los devotos, otra vez volvió a pensar en su futuro y decidió volver sobre sus pasos
de regreso al templo.

SE HACE DEVOTO
Cuando volvió en agosto de ese mismo año después de aquel breve viaje, abrió la puerta del
templo y Sivananda Dasa estaba allí, con su mano metida en la bolsa de ​japa cantando sus
rondas tan concentrado como podía, pero al verlo aparecer por allí le dijo sorprendido y muy
contento, como si lo hubiera estado esperando durante todo ese tiempo, “¡Allí estás!”, con los
brazos abiertos. Eso derritió completamente el corazón de Stefan que se había quedado parado
al darse cuenta del genuino aprecio del que era objeto. De inmediato después de unas breves
preguntas casuales Sivananda lo invitó con un tono muy amigable difícil de ignorar, “-¿Por qué
no te vienes a vivir con nosotros?-” No obstante la gentil bienvenida Stefan argumentó que en
realidad no quería estar tan comprometido ni renunciar a su estilo de vida anterior para dedicar
las veinticuatro horas de todos los días de su vida a la misión de predicar la conciencia de
Krishna, sino que prefería mantener su libertad y ayudar eventualmente de cuando en cuando a
los devotos.
Pero Sivananda, que ya había pasado por esa encrucijada y estaba muy seguro del valor de la
decisión que había tomado, insistió en un tono que era casi un ruego y le hizo una oferta muy
alentadora, porque indicaba que lo estaba haciendo objeto de una consideración muy especial:
le ofreció un cuarto particular, ¡sólo para él!
Stefan todavía no sabía cómo vivían los devotos, porque iba allí solamente a visitarlos, pero en
lo inmediato eso no le despertaba ninguna incertidumbre porque pensaba que estaba
acostumbrado a adaptarse a las condiciones tales como se presentaban y que realmente no era
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para nada exigente. Pronto descubrió que esos devotos eran muy austeros y renunciados,
prácticamente no le daban ninguna importancia a la cuestión de las comodidades personales y
en francamente no tenían nada, solamente un cuarto pequeño con un ventanal a la calle, como
una galería. Tenían una pileta muy chiquita donde se lavaban las manos, ¡Stefan nunca había
visto una pileta tan diminuta! Había un solo baño debajo de la escalera del edificio que todos
compartían, toda la gente del edificio hacía uso de él. Observando el caótico panorama era
difícil de entender cómo se podía vivir en esas condiciones, incluso para una persona
acostumbrada al estilo de vida hippie, pero que aun así no podía evitar una inconsciente
comparación que le hacía extrañar la casa donde sus padres lo habían criado con tanto cariño.
Sivananda lo condujo entonces arriba y le dio un pequeño cuarto. Esa noche se acostó y antes
de dormirse estuvo un rato mirando el techo, pensando en los acontecimientos de ese día.
Mientras acomodaba los dedos entrelazados de sus manos debajo de su cabeza tuvo que
confesarse a si mismo que en realidad no le sorprendía estar en aquel sitio, pues la decisión,
aunque calladamente, ya había sido tomada algún tiempo atrás. Se daba cuenta de que no
hubiera podido evadir por mucho tiempo más un llamado que evocaba, aunque se resistiera
admitirlo, su verdadera vocación. Después de tranquilizarse con estos pensamientos se durmió.
A la mañana siguiente cuando despertó advirtió de repente que todo el mundo estaba
durmiendo en el mismo cuarto, aunque él estaba allí, ¡en su cuarto particular! Mientras dormía
se habían colado silenciosamente uno a uno buscando un poco de comodidad.
Un corto tiempo después recibió la bolsa de ​japa para cantar regularmente sus rondas del
​ are Krishna y sintió que realmente a partir de ese punto estaba comenzando su
maha-mantra H
proceso de elevación. El canto regular de las rondas en su propia ​japa ​era fundamental en el
proceso en el que uno a uno iba asumiendo los votos que transformaban su conciencia de
material a espiritual, de ego falso a ego verdadero.
La vida en el templo era muy pobre y austera, generalmente lo único que tenían para desayunar
era avena hervida en agua. Los fondos para financiar las actividades provenían principalmente
de las donaciones que recibían de los simpatizantes cuando cantaban en la calle y los espacios
públicos, pero no eran suficientes a pesar de que las necesidades fueran resumidas a su menor
expresión. Un día le pidieron a Stefan que por favor consiguiera un empleo, lo que hizo
rápidamente de muy buena gana como una penitencia necesaria para mantener el templo y
prepararse para un muy esperado evento, la inminente visita de Srila Prabhupada.
En una ocasión su padre le dio una cierta cantidad de dinero para que se comprara una radio. A
Stefan le encantaba saber lo que ocurría lejos de allí, escuchar otros idiomas, saber de otras
culturas, y le pidió a su padre algo de dinero para comprar una linda radio capaz de captar
longitudes de onda apropiadas para sintonizar y escuchar emisoras de otros países, pero cuando
llegó al templo y le contó al presidente, éste le explicó que el mensaje que valía la pena
escuchar era el del Bhagavad-gita, el del Srimad Bhagavatam y otros libros similares de la
literatura védica. Las noticias realmente trascendentes eran las provenientes del mundo
espiritual, pues las referidas al mundo material básicamente eran una pérdida de tiempo porque
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no constituían conocimiento real más aspectos de la diversidad aparente que ofrece la energía
material, “no hay nada nuevo bajo el sol”. También le explicó que el dinero sin importar su
origen puede espiritualizarse al ser invertido en la conciencia de Krishna y se lo pidió como una
donación. Stefan accedió e hizo la donación entendiendo la situación, pero el trasfondo de ese
anhelo de escuchar noticias y lenguas foráneas en realidad expresaba su inquietud por conocer
algo más allá de la realidad material en la que normalmente nos encontramos inmersos, ahora
su curiosidad por descubrir noticias más allá de lo cotidiano se estaba satisfaciendo plenamente
y renunciar a su aparato de radio realmente no le costó nada y sintió que no había ninguna
pérdida, sino una ganancia, como ocurre con cualquier renuncia orientada espiritualmente.
Sus padres al principio no estuvieron de acuerdo con la decisión de Stefan de volverse devoto,
pensaban que era otra locura de aquellas a las que ya los tenía acostumbrados, que pronto se le
pasaría esta aventura cuando se aburriera, o cuando apareciera alguna otra idea que lo distrajera
de este propósito. ¡Pero no se le pasó nunca! Muy por el contrario, con el transcurrir de los años
fue asumiendo mayores responsabilidades y un compromiso que lo involucraría íntegramente.
Año tras año cuando volvía brevemente a Alemania desde lejanas regiones del mundo, iba a
visitarlos a su casa, les contaba someramente acerca de sus cosas, pero ellos siempre estaban
esperando que dejara ese estilo de vida tan raro. Sin embargo, su papá al final de su vida, a los
noventa y seis años poco antes de dejar el cuerpo le dijo con tono de aprobación, “Permanece
como un chico bueno”, reconociendo que todo ese tiempo lo había sido.

PRABHUPADA LLEGA A ALEMANIA


La primera vez que Srila Prabhupada fue a Europa se dirigió a Alemania, haciendo su aparición
en Hamburgo el 25 de agosto de 1969, una ocasión completamente especial que los devotos
aguardaban con enorme expectación. Para varios de ellos sería la primera vez que pudieran
relacionarse personalmente, cara a cara, con su maestro espiritual, con el sabio hindú que había
cruzado el océano hasta un país extraño cumpliendo el deseo de su maestro espiritual y de toda
una tradición de predicadores que deseaban entregar el mensaje trascendental de Sri Caitanya
Mahaprabhu a los occidentales.
Todos los devotos fueron al aeropuerto, nadie habría querido quedarse en el templo y perderse
la oportunidad de darle la bienvenida. Desde la mañana muy temprano estuvieron muy
nerviosos pues, excepto Sivananda Dasa, los demás no tenían ni siquiera le menor idea de la
etiqueta o el protocolo que correspondía a la recepción de un ​sadhu. ​Conscientes de que era una
ocasión muy especial llevaron consigo una alfombra, porque les pareció lo más lógico, pero
como no tenían una de estilo hindú llevaron la única que tenían en el templo para colocarla al
pie de la escalerilla del avión. También llevaron muchos sahumerios y, como no podía ser de
otra manera, esperaron a su gurú cantando Hare Krishna a la luz del tivio sol del verano.
En aquella época los vuelos no estaban al alcance de todo el mundo si no reservados a los
hombres de negocios que viajaban vestidos rigurosamente de traje, y las damas lucían vestidos
elegantes, sombreros y guantes.
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En cuanto el avión se detuvo en la pista y las enormes hélices dejaron de girar vigorosamente,
se alinearon al pie de la escalerilla esperando que descendieran los pocos pasajeros que venían
a bordo. Cuando Srila Prabhupada se asomó por la escotilla del avión se tomó un segundo para
mirar todo desde allí arriba, viendo a los devotos cantando animadamente sonrió suavemente
con aire satisfecho. Srila Prabhupada tenía una sonrisa radiante, iluminada y provocaba que
cualquiera que la observara también sonriera con simpatía, aunque no estuviera entendiendo
qué era lo que estaba sucediendo. Luego empuñó su bastón y comenzó a descender los
escalones. Los devotos se miraban entre si sin saber qué hacer y solo atinaban a copiarse los
movimientos los unos a los otros. A la recepción en el aeropuerto fue también un señor indio
que por el solo hecho de ser originario de la India tenía una formación cultural más apropiada
para la ocasión, por eso había llevado una hermosa rosa roja para ofrecérsela a Srila
Prabhupada con un gesto de humildad. Como si eso fuera poco, cuando el gurú llegó se tiró al
piso con los brazos extendidos hacia adelante ofreciendo ​dandavats​. Entonces Srila Prabhupada
le tocó suavemente la cabeza cuando se incorporó y todos quedaron muy impresionados con
ese gesto. Cuando uno de ellos se tiró al piso a ofrecer reverencias, allí en medio de la pista, los
demás hicieron lo mismo y allí permanecieron por varios segundos, hasta que uno se atrevió a
levantar la cabeza y al ver que Srila Prabhupada había seguido su camino y se alejaba con
Sivananda, ¡se levantaron y corrieron tras ellos para alcanzarlos! Desde allí lo condujeron en
taxi hasta el departamento que habían alquilado para él mientras Stefan y los demás devotos
volvían en subterráneo muy felices, impregnados con el aroma de los sahumerios y llevando la
alfombra enrollada.
Srila Prabhupada llegó acompañado por un devoto llamado Purushotama Dasa que llevaba
colgado del cuello una cadena con un gran medallón de Sri Jagannatha. Esa era la moda por
entonces, desde que Malati Devi Dasi descubriera tres pequeñas Deidades de Sri Jagannatha,
Su hermana Subhadra y Su hermano mayor Baladeva, en una tienda de San Francisco. En un
momento salió del cuarto de Srila Prabhupada y les dijo a los devotos que aguardaban
expectantes en el living que Prabhupada quería verlos y los hizo pasar. En un armario de la
habitación habían dispuesto un pequeño altar ante el cual Purushotama Dasa comenzó a
​ sa fue la primera vez que Stefan presenció la adoración del
celebrar la ceremonia del ​arati. E
Señor en el altar.
Luego se sentaron en el suelo, muy apretados porque el cuarto era muy pequeño, para escuchar
cantar a Srila Prabhupada con su voz grave y profunda. Después habló acerca del
Bhagavad-gita c​ on la asistencia de un devoto que tradujo sus palabras del inglés al alemán.

Srila Prabhupada se quedó dos semanas y media en Hamburgo, desde el 25 de agosto hasta el
11 de septiembre, aunque su propósito inicial había sido permanecer por más tiempo, pero
recibió noticias urgentes desde Londres pidiéndole que fuera porque habían logrado contactarse
con los muy afamados Beatles y tenían grandes planes para desarrollar la conciencia de Krishna
en Inglaterra.
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Aquel fue un verano bastante fresco, con cielo generalmente nublado y algo ventoso, no
obstante lo cual regularmente salía temprano por la mañana a hacer su caminata, tal como se lo
había recomendado el doctor. Habitualmente iba acompañado solamente por Sivananda, pero
en algunas ocasiones su secretario, celoso de su bienestar, le permitió a otros devotos que se
unieran a la marcha. Entonces Vasudeva Dasa iría algunos pasos adelante para quitar cualquier
obstáculo que se pudiera presentar, como ramas caídas, o advertir de la presencia de algún
charco de agua que hubiera quedado de la lluvia de la noche anterior. Los demás caminarían
alrededor de Prabhupada tratando de escuchar cada palabra que pudiera salir de su boca de loto.
Un día, mientras seguían su marcha rápida, Prabhupada se detuvo de repente para hacer una
observación y los que venían detrás, entre ellos Stefan, casi lo atropellan. Cuando se dio vuelta
y los vio a todos agolpados muy cerca de él, demasiado cerca, hizo un gesto de disgusto,
indicándoles que estando ante una personalidad importante siempre es apropiado guardar una
distancia prudencial para no invadirlo.
Los devotos de Alemania estaban llenos de buenas intenciones y de amor por su maestro, pero
siendo muy neófitos lo llevaban de paseo a cualquier lugar, al puerto, al mercado, o a la zona
comercial a ver vidrieras. Algunos vestían ropa devocional y otros ropa de calle, entre ellos
Stefan que no obstante su juventud, adviertiendo la relevancia de la ocasión, iba muy formal
con saco azul, pantalón gris, y la ​japa colgando de su cuello. Ver ese grupo de devotos
caminando por el parque era algo muy especial, incluso por lo raro, ya que Prabhupada
desprovisto de todo ego falso solía llevar encima de su deslumbrante ​dhoti de color azafrán un
abrigo oscuro y un gorro de piel artificial. Algunas veces incluso envolvía su cabeza con un
chal de color naranja sin que nada de eso pudiera modificar la dignidad y gravedad de su
presencia.
Durante esos días Srila Prabhupada estaba dedicado a la traducción de un nuevo libro,
"Krishna, la fuente del placer", un resumen del Canto Décimo del Bhagavata Purana, pues
advirtiendo que era un hombre mayor, temía no llegar a traducir el Bhagavata completo durante
el tiempo que le quedaba de vida. Y aunque Sri Krishna nos bendijo a todos manteniéndolo en
este mundo hasta el año 1977, solamente pudo llegar a traducir hasta el Capítulo Catorce de ese
Décimo Canto, el más exaltado de los doce que componen la obra completa porque relata con
exquisito detalle los pasatiempos trascendentales de Sri Krishna durante Su aparición en este
planeta Tierra.
Pero cuando estaba en plena labor se rompió su dictáfono y los devotos estaban algo
consternados porque eran muy pobres como para comprar uno nuevo y la reparación de este
llevaría varios días. Viendo esta situación Stefan se ofreció a ayudar y convenció a su padre
para que les prestara el suyo temporalmente.
Srila Prabhupada fue tan misericordioso con Sivananda Dasa que lo hizo su sirviente personal.
Sivananda Dasa le cocinaba, aunque no sabía prácticamente nada, pero Srila Prabhupada le
enseñaba con mucho cariño. Entre todos habían alquilado un pequeño departamento para
Prabhupada porque, como ya explicamos, en la casa donde se ubicaba el templo no tenían
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lugar. Ante la admiración de todos Sivananda estaba cocinando para Prabhupada, salía con él a
las caminatas, le daba los masajes, le lavaba la ropa, estaba todo “Prabhupadizado”,
Prabhupada mismo le enseñó cómo cocinar el Chong y muchas otras cosas.

Estando ante Srila Prabhupada, en la primera oportunidad que se presentó de intercambiar


algunas palabras, mientras le explicaba cómo reemplazar la cinta del dictáfono, le preguntó
totalmente resuelto, aunque de manera muy respetuosa, si podía ser iniciado, a lo que
Prabhupada contestó afirmativamente meneando su cabeza de lado rápidamente con ese gesto
característico que hacen los indios. Prabhupada accedió a pesar de que este joven ​bhakta ​había
estado solamente dos semanas en el templo, algo difícil de afrontar por el riesgo que significa
para un maestro espiritual darle refugio y primera iniciación en el canto del ​maha-mantra ​Hare
Krishna a una persona neófita expuesta a cometer todo tipo de ofensas, o inclusive a abandonar
después de un tiempo a su gurú. Pero por aquel entonces Srila Prabhupada veía siempre la
urgencia de expandir rápidamente su movimiento espiritual al ser consciente de que era una
persona mayor a quien no le quedaban muchos años en este mundo. Por otra parte, como líder
natural que conoce el valor del tiempo, tenía siempre conciencia de que debemos hacer las
cosas rápido, sin demora, porque nadie sabe cuánto tiempo nos queda y en todo caso, siempre
será poco para la monumental obra que tenemos por delante, ya sea en lo personal o como
congregación.

TOMA PRIMERA INICIACIÓN


Durante la primera visita de Srila Prabhupada a Alemania, el joven Stefan recibió primera
iniciación el 5 de septiembre de 1969, por la mañana, en el muy auspicioso día de Krishna
Janmastami cuando se festeja la aparición de Sri Krishna en este mundo. Aquel día recibió el
nombre espiritual de Sucandra Dasa. Como dijo casi cincuenta años más tarde, “Desde ese
momento Srila Prabhupada nunca soltó mi mano y por su misericordia he permanecido todos
estos años en este glorioso Movimiento”.
De este modo Sucandra se convirtió así en el primer devoto europeo en recibir iniciación
espiritual personalmente de Srila Prabhupada, pues los anteriores lo habían hecho por
correspondencia.
Stefan a pesar de sentirse muy favorable hacia el movimiento misionero de Srila Prabhupada
aún estaba apegado a su cabello y no se lo había cortado, una rara sensación en la que uno se
siente atraído por algo pero simultáneamente percibe que eso mismo podría conducirlo a
aceptar renunciamientos que de momento no es del todo capaz de asumir. Cuando su maestro lo
vio sentado allí junto a otros aspirantes a la iniciación con el pelo largo hasta tocarle los
hombros, le preguntó a los devotos más antiguos por qué no se había afeitado la cabeza. Sin
saber qué responder ante la incómoda situación, ellos le preguntaron a su vez a Stefan. Pero
estos muchachos eran tan inexpertos que no pudieron ofrecer una explicación satisfactoria y
simplemente permaneció en silencio, por otra parte estando la ceremonia a punto de comenzar
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ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto, así es que fue iniciado con su cabello tal
como estaba. En un momento de la conversación, Prabhupada se refirió a una imagen del
Panca-tattva y dijo, ‘Ustedes, o bien se afeitan la cabeza, o bien no se cortarán el pelo nunca’.
Pero estando tan apegado como estaba a su cabello, no se afeitó tampoco después. Sólo
gradualmente con el tiempo fue reduciendo el largo de su cabello hasta llegar al uso estándar de
un devoto.
Durante la ceremonia Stefan le entregó sus cuentas a Prabhupada en un momento muy solemne
para que el maestro cante en ellas el ​maha mantra para imbuirlas de su potencia espiritual y
ayudar a su discípulo a avanzar en el servicio devocional, pero la ​japa estaba enredada, algo
que es bastante común por otra parte y no pudo deshacer el nudo. Ante esto Srila Prabupada lo
miró gravemente y dijo, ‘Esto es maya’, quizás como una advertencia de que la energía ilusoria
es muy fuerte y tal vez nunca dejará de acosar a un devoto.
En esa oportunidad también recibió primera iniciación su amigo Oliver, quien tomó el nombre
espiritual de Vasudeva Dasa, y una pareja de jóvenes que pasaron a llamarse Visvanatha Das y
Kunti Devi Dasi. Sin embargo, después de sólo unas pocas semanas, Visvanatha perdió interés
en la conciencia de Krishna y se alejó del movimiento.
Durante la ceremonia Srila Prabhupada dio una charla en la que dijo que el movimiento de
conciencia de Krishna tiene la intención de sacar a la gente del "estado corrupto de la existencia
material", explicando que la jiva es inherentemente pura y parte integral de Dios, pero al estar
en un entorno contaminado ha olvidado su relación eterna con Él. El maestro espiritual eleva
gradualmente al estudiante al estado espiritualmente puro en el que puede reconocerse a si
mismo y a Dios. Solamente en su condición natural de pureza puede entrar en el reino de Dios
en el planeta donde Krishna reside eternamente. Al permanecer constantemente en contacto con
la vibración espiritual del mantra Hare Krishna uno se libera de toda la contaminación material
y se mantiene en un estado puro. Al final de la conferencia Srila Prabhupada dijo que estaba
tratando de difundir este conocimiento en todo el mundo en nombre de Krishna. Las personas
exitosas pueden aceptarlo y beneficiarse de ello. Es una elección personal. Cada alma
individual es independiente y tiene la libertad de elegir. Prabhupada hablaba con un fuerte
acento y resultaba un tanto difícil entenderlo, no obstante a Suchandra le pareció que su gurú
era una "personalidad seria y única", podía apreciar simplemente que era fácil de aceptar todo
lo que decía.
Los votos pronunciados solemnemente se grabaron a fuego en su corazón, junto a un
sentimiento de devoción inquebrantable que moldeó rápidamente su carácter, absorbiendo los
rasgos más importantes que destacaban a su gurú e incorporándolos a su propio ser. Fue así
como con el correr del tiempo sería reconocido como un gran ​prabhupadanuga, un seguidor
estricto de Srila Prabhupada con un sello característico de pasión por la impresión y
distribución masiva de libros.

El día siguiente a la iniciación era el cumpleaños de Srila Prabhupada, siguiendo la tradición


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los estudiantes debían glorificar a su maestro espiritual en una ceremonia en la que además le
ofrecerían flores y otras muestras de respeto. Srila Prabhupada estaba sentado sobre un cojín
adornado con flores, de vez en cuando miraba inquisitivamente a sus flamantes por encima de
sus anteojos esperando su ofrenda. A Sucandra, normalmente desenvuelto y espontáneo, le
resultó difícil hablar en presencia de su gurú, además del nerviosismo lógico que la solemnidad
del momento imponía, había una dificultad adicional que lo tenía preocupado ya que no estaba
acostumbrado a expresarse en idioma inglés y entonces presentó su ofrenda en su lengua
materna, el alemán. Las emociones fueron tan abrumadoras, tan intensas, que sentía que todo su
cuerpo estaba temblando, sus manos se movían nerviosamente con torpeza, su respiración
estaba muy agitada y casi no le permitía hablar; en un momento ya no pudo controlarse y lloró.
Más tarde recordó con impotencia: "Todo lo que dije fue sentimental. Con respecto a las
realizaciones filosóficas estábamos muy verdes todavía, pero el contenido emocional de
nuestras ofrendas fue muy fuerte”.
La primera vez que Sivananda salió del cuarto de Prabhupada llevándoles los remanentes de su
prasadam​, se agolparon inmediatamente a su alrededor y estiraron sus manos con ansiedad.
Traía un poco de salsa ​kadhy​, que había puesto en un tubo de ensayo, una cantidad muy
pequeña, y le dio a cada devoto sólo unas pocas gotas. Para Sucandra y sus compañeros el
sabor fue indescriptible, les supo a néctar puro.
La rutina de Prabhupada era bastante regular, ocupaba absolutamente todo su tiempo en el
servicio a Sri Krishna, e incluso el descanso no tenía otra razón que la de reponer energías para
continuar con su servicio. Por las mañanas tomaba masajes a las 11:30, justo antes del
almuerzo de la 1:00 PM. Después de una siesta corta recibía a los devotos e invitados en el
templo, y por la tarde bebía leche caliente y se iba a la cama alrededor de las 10:00 PM. Su
sirviente durante su estadía en Hamburgo reconoció que no sabía bien a qué hora se levantaba,
porque siempre estaba profundamente dormido en ese momento. Durante la noche cuando
todavía faltaban algunas horas para el amanecer trabajaba traduciendo El Néctar de la
Devoción. Una hora después de la salida del sol salía a hacer su caminata matutina.

Después de ser iniciado Suchandra comenzó a adaptarse gradualmente al estilo de vida de los
monjes Hare Krishna, se sorprendió él mismo aceptando de buena gana los cuatro principios
regulativos como una condición absolutamente necesaria para ubicarse en la modalidad de la
bondad y llevar una vida religiosa; el “opio de los pueblos” no era la religión si no la
“zanahoria” de la felicidad material que proponían los intelectuales y sociólogos ateos. Pudo
darse cuenta rápidamente de que los grilletes de la vida sexual, del consumismo y del disfrute
independiente de Krishna eran completamente ilusorios y que el único medio de la tan mentada
liberación era el apego a los pies de loto de Krishna.
A finales de septiembre de 1969 encontraron una ubicación más grande para instalar el Templo
de Hamburgo. Suchandra y los otros monjes derramaron sus bendiciones desde lo profundo de
su corazón a la anciana que había sido tan tolerante y amable con ellos y se mudaron a la nueva
instalación a principios de noviembre. No es posible saber de qué modo habrá recompensado
Krishna a aquella anciana, pero es muy atinado presumir que habrá sido de forma muy
generosa, puesto que el Señor -según Su propia declaración- se siente completamente
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endeudado con aquellos que colaboran con la misión de propagar Sus glorias.
En aquellos primeros tiempos, introducirse en la conciencia de Krishna era algo completamente
decisivo, no apto para tímidos o indecisos, pues la corriente de inspiración de Srila Prabhupada
era tan fuerte que los arrastraba a una entrega muy sincera. Por eso prácticamente no advtían
las condiciones austeras de su nueva vida, e incluso las adoptaban con un espíritu casi
divertido. Desde el mismo comienzo vestían solamente ​dhoti, ​ropa devocional, y si
eventualmente alguien tenía que vestir ropa civil y tenía que ponerse un pantalón, ¡había un
​ n el ​asram de los ​brahmacaris había un pantalón que se
solo pantalón común para todos! E
usaba cuando alguien lo necesitaba, pues siempre andaban en ​dhoti​, siempre rapados, siempre
con ​tilaka a todos lados y de esa manera siempre estaban predicando en todas partes incluso
con su sola presencia. Sucandra adoptó por esos tiempos una declaración que utilizaría por el
resto de su vida y que solía repetir a sus discípulos más tímidos: “¡Soy Hare Krishna, ¿y qué?!”
La transformación era completa, no solamente de vestimenta sino también con relación a su
pasado, a lo que fueron, con vistas al futuro con una nueva conciencia expandida en la
dimensión espiritual; desde las metas egoístas y mundanas hacia un paradigma de verdadera
beneficencia, la del bienestar del alma. Y en lo externo también abrazaban con candorosa
​ rila Prabhupada decía que la vestimenta ​vaishnava era la de un
pasión el atuendo ​vaishnava. S
verdadero caballero de mundo, de este mundo y de todos los mundos.
En el comienzo no había otra cosa que ​sankirtan​, ¡no había otra cosa! claro, porque todavía no
tenían libros en idioma alemán. Cuando Sucandra Dasa se volvió devoto solo había dos títulos
en inglés, el ​Bhagavad Gita tal como es​, una versión corta que fue la primera impresión que
Srila Prabhupada pudo permitirse, y Las enseñanzas del Señor Caitanya, una edición grande de
tapa dura. En esa época nadie imaginaba siquiera que esos libros podrían distribuirse
masivamente en las calles. En el templo había unos pocos ejemplares de estos libros, que cada
tanto eran vendídos a algún visitante ocasional que venía al templo.
Srila Prabhupada siempre les insistió durante su estadía que salieran a cantar inmediatamente
después del ​prasadam ​del desayuno; aquello no era un hotel o un alojamiento para jóvenes
desencantados con sus padres, sino un centro de iluminación espiritual muy activo desde donde
salían a las calles a entregar el mensaje de Sri Krishna a todo el mundo, antes que quedarse
esperando pasivamente la ocasional llegada de algún intelectual o pseudo filósofo popular.
Salían en grupo con el poco o mucho material que tuvieran, volvían al mediodía brevemente a
almorzar, y luego salían nuevamente.
Tres veces por semana durante las noches realizaban un programa devocional. Al comienzo ese
fue el programa de Prabhupada, tres veces a la semana. Esos días se quedaba en el templo
solamente un devoto haciendo las cosas necesarias y los demás salían a cantar Hare Krishna.
Aunque su actividad comenzaba temprano, prácticamente después del mediodía, por las noches
iban al barrio Sankt Pauli en la zona portuaria, allí donde estaban los clubes nocturnos. El
escenario se iba transformando gradualmente con la puesta del sol y a los locales entraban y
salían personajes cada vez más raros, algunos llenos de collares y colgantes psicodélicos, otros
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con ropa de trabajo y aún otros con uniformes de la marina. Para Sucandra Das era extraño
volver a aquel sitio, pero era liberador hacerlo con una conciencia totalmente diferente, con una
perspectiva nueva del mundo que iba cambiando completamente a la luz de las enseñanzas de
Srila Prabhupada.
Allí hacían ​harinama c​ antando, acompañándose con las ​karatalas, m
​ ientras otros distribuían
invitaciones para asistir a los programas en el templo, alternando entre ellos cantando y
repartiendo invitaciones. También tenían para distribuir unos panfletos con una imagen de Srila
Prabhupada y el primer verso del ​guru-astaka​: “El maestro espiritual recibe la bendición del
océano de misericordia. Tal como una nube derrama agua sobre un incendio forestal para
apagarlo, el maestro espiritual libera al afligido mundo material extinguiendo el fuego
abrasador de la existencia material. Ofrezco mis respetuosas reverencias a los pies de loto de
ese maestro espiritual, que es un océano de cualidades auspiciosas”. A veces algunos se
molestaban con su presencia y entonces se peleaban con los marineros, claro que eso sucedió
apenas en unas pocas oportunidades. Pero esa era la actitud, la de un determinado y valiente
desafío a Maya​, l​ a energía ilusoria, para liberar a las almas condicionadas que sufrían el engaño
de buscar la felicidad allí donde definitivamente no está​. ​La letra de muchas canciones habla de
mantener viva una ilusión para poder vivir, la ilusión como un medio para superar la monótona
y condicionante realidad de todos los días, pero al final las ilusiones son solo eso, proyecciones
mentales que tratan de distorsionar favorablemente el mundo de acuerdo a lo que nosotros
pensamos que es lo ideal. Lamentablemente nunca se ha sabido de una ilusión que dure para
siempre, a lo sumo, una sustituye a la otra, pero nada más que eso.
Sin embargo Sucandra estaba descubriendo que lo que hasta entonces había conocido por real
era también ilusorio y temporal, y que existe una realidad trascendente y eterna en la que la
felicidad no depende de los cambiantes e inmanejables factores externos sino de lo que
Prabhupada llamaba la autorrealización. Un camino que sin embargo tampoco estaba excento
de múltiples peligros, como Prabhupada mismo citaría en sus conferencias del ​Katha
Upanishad,​ “El sendero espiritual es arduo, es peligroso como el filo de una navaja”.
Así fue hasta que aparecieron los libros. El primero que imprimieron en idioma alemán fue el
Sri Isopanishad, ​lamentablemente debido a la falta de experiencia y a la escasez de recursos la
impresión no fue buena y prácticamente la tapa de cada ejemplar era de un color diferente.
Muchos salieron borrosos, cada capa de color no estaba perfectamente superpuesta en la
imagen y terminaban con una apariencia esfumada y sicodélica. Eso fue al menos lo que pensó
la gente más joven creyendo que era un efecto hecho adrede, para darle un toque aún más
místico a una obra literaria que de por si es totalmente única en su género.

Mientras tanto, en Londres se instaló el primer templo Hare Krishna con la inestimable ayuda
de George Harrison, quien no solo apoyó a los devotos financieramente sino que también
alentó la formación de un conjunto musical con los devotos del Templo Radha Krishna y grabó
con ellos un disco simple llamado "Hare Krishna Mantra". Publicado por los Beatles con el
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sello discográfico Apple Records, el single escaló rápidamente al puesto número 12 en las listas
británicas y hasta el tercer lugar en las listas alemanas. Como resultado, el conjunto fue
invitado a participar en los recitales y a finales de noviembre realizaron una gira de una semana
por Alemania. Uno de los miembros del grupo era Tamal Krishna, quien a su llegada a
Hamburgo estableció unas deidades de Radha-Krishna en el templo en nombre de Prabhupada.
Luego de su presentación en el famoso Star Club de Hamburgo, donde se presentaban los
Beatles desde el comienzo de su carrera, el conjunto fue a Kiel, a donde los Hare Krishnas
fueron invitados a hablar en una de las discotecas de la ciudad. Suchandra acompañó como
traductor al conjunto durante toda la gira de conciertos.
Otro de los participantes del grupo musical, Mukunda Goswami, relató que el club los presentó
como el único grupo que tocaba esa noche. Una multitud de cerca de dos mil jóvenes había
estado esperando el concierto durante dos o tres horas, pero además del mantra "Hare Krishna"
los devotos apenas sabían tocar sólo dos o tres canciones más. Cuando vieron que el club
estaba lleno a reventar con jóvenes ruidosos, borrachos, apedreándose entre bandas en la calle,
sintieron temor pensando que si algo salía mal, o si no quedaban completamente satisfechos
podrían ponerse violentos. No obstante, algo debían hacer para aprovechar esa oportunidad de
prédica ante tanta gente. Era difícil decidirse a tomar la iniciativa, la actitud de esos muchachos
era un tanto intimidatoria y no sabían qué hacer. Sus compañeros, inseguros, le pidieron a
Suchandra que se presentara ante la multitud y les explicara la situación para apaciguarlos. Una
vez que se tranquilizaron un poco Suchandra apareció ante ellos con su exótica apariencia
devocional de cabeza rapada, frente pintada con ​tilaka,​ ropas color azafrán y sandalias, y les
dijo: "¡Hare Krishna! ¡Buenas noches a todos! Lo sentimos mucho pero no disponemos de un
micrófono. Para ser honesto, casi no tenemos instrumentos con amplificación y el repertorio no
es de muchas canciones”. Con un valor rozando la temeridad continuó, “En general, no estamos
aquí para dar un espectáculo, sino que tenemos algo que queremos compartir con ustedes. Por
lo tanto, su participación es muy importante. Por favor, repitan después de mí: ¡Hare!". Al
principio la multitud respondió con lentitud y un poco de apatía, pero cuando dijo, "¡Krishna!",
todos respondieron al unísono con entusiasmo, "¡Krishna!". De esta manera Suchandra les
enseñó el mantra y entonces les pidió a todos que cantaran Hare Krishna eligiendo una melodía
simple que todos pudieran seguir. Tan pronto como el ​kirtan creció, la multitud fue entrando
más y más en éxtasis. Después de unos minutos los devotos se pusieron de pie y comenzaron a
bailar y todo el público siguió su ejemplo bailado muy animadamente con las manos en alto.
Después de 20 minutos de kirtan alcanzaron el clímax y se detuvieron. Entonces, según la
tradición, los devotos se inclinaron en el suelo ofreciendo reverencias gritando "¡​Jay!​ ". Los
jóvenes estaban tan inspirados que siguieron también su ejemplo y se postraron en el suelo al
grito de "¡​Jay​!". Poniéndose de pie, la multitud comenzó a gritar rítmicamente con el brazo
derecho en alto, "¡Zu-ga-be! ¡Zu-ga-be! ¡Zu-ga-be!", pedían exigentes un bis, que continuaran,
no querían parar, así es que los devotos comenzaron de nuevo con un ​kirtan que se prolongó
por cerca de una hora. Cuando estaban a punto de terminar, la multitud exigió que continuaran,
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los devotos se miraron entre si, buscaron la mirada aprobadora de Suchandra y entonces se
bajaron del escenario, se mezclaron con la multitud y siguieron cantando y bailando todavía por
un rato más hasta que completamente satisfechos los dejaron terminar.

El 03 de diciembre 1969 Suchandra le escribió su primera carta a Srila Prabhupada en la que le


preguntaba cuál era la posición de Jesucristo dentro de nuestra filosofía. Esta cuestión era muy
sensible para él debido a los amorosos sentimientos que había cultivado durante toda su vida,
desde su misma infancia, hacia el Redentor y temía que de alguna manera la conciencia de
Krishna pudiera ser excluyente y ahora tuviera que darle la espalda. Pero Prabhupada le
respondió que seguir a Jesucristo significa dedicar la vida a predicar la conciencia de Dios en
este mundo sin Dios. Jesucristo se reveló a sí mismo como el hijo de Dios, y Krishna es Dios
mismo, el Padre Supremo de todos los seres vivos. Por lo tanto, al dedicar su vida al servicio
del Padre Supremo, Krishna, Jesucristo estaría satisfecho.
Este es el texto de aquella carta en lo que concierne a nuestra relación con Jesucristo:
“8 de Diciembre 1969
“Mi querido Sucandra,
“Por favor acepta mis bendiciones. He recibido tu carta con fecha 3 de diciembre de 1969, y
estoy muy alegre por saber que estás teniendo sentimientos muy fuertes por Jesucristo.
Mencionas el carácter ejemplar del Señor Jesucristo al sacrificar todo por Dios. Este ejemplo
debe ser tomado. El proceso debe ser seguir el ejemplo, no imitar las actividades exactamente.
Por ejemplo, el Señor Jesucristo deseaba predicar entre algunas personas que estaban
prácticamente contra el principio de aceptar a Dios como el Supremo, y el resultado fue que
esas personas lo crucificaron. En el momento actual, la situación del mundo es más peligrosa
que antes, las personas se han vuelto realmente ateas. Si sigues los pasos del Señor Jesucristo
en predicar la conciencia de Dios contra ateos y dedicas tu vida de esa manera, ése es el
verdadero propósito de un seguidor de Jesucristo. El Señor Jesucristo reveló que él era el hijo
de Dios, y Krishna reveló que Él es Dios Mismo, el Padre Supremo de todas las entidades
vivientes. Por lo tanto, si dedicas tu vida al servicio de Krishna, el Padre Supremo, ¿no piensas
que el Señor Jesucristo estaría satisfecho con esto? En el momento actual tenemos que predicar
en una sociedad bien educada. La conciencia de Krishna tiene un tesoro inagotable de filosofía,
lógica y ciencia para convencer a la gente sobre la conciencia de Dios. Si eres realmente serio
en el seguir los pasos del Señor Jesucristo, debes aprovechar el gran fondo filosófico de este
movimiento de la conciencia de Krishna y volver a las personas conscientes de Krishna,
dedicando tu vida.
“Uno debe intentar progresar, uno no debe permanecer satisfecho en un punto aguardando el
adelanto adicional. Por ejemplo, el mandamiento dice “No matarás”. Esto significa que uno
debe ser no-violento. Esto es un buen principio, pero en el campo real, se debe desear mayor
conocimiento, incluso este mandamiento se está malinterpretando y se está empleando mal. En
el Bhagavad-gita encontrarás allí 20 puntos para avanzar en conocimiento. Quizás has leído el
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13º capítulo. Además de los 20 puntos, el artículo de esta no-violencia es uno. Pero el servicio
devocional es tan potente, que si uno se ocupa en el servicio devocional a Krishna, todas las
buenas cualidades estarán ahí automáticamente. Así pues, desde el punto de vista práctico
puedes ver la distinción entre nuestros discípulos y cualquier otro grupo de fe religiosa. No nos
complacemos en la vida-sexual ilícita, incluyendo codiciar la esposa o la hija de otra persona;
No comemos carne, y eso significa que somos automáticamente no-violentos. No nos
complacemos en la intoxicación, y eso significa que somos sanos en considerar las cosas en su
verdadera perspectiva.
“Has pedido saber cuál es la diferencia entre Jesucristo y Krishna. Esto lo hemos explicado
varias veces en muchas reuniones, Krishna es Dios y Jesucristo es el hijo de Dios, y como no
hay diferencia entre el padre y el hijo, no hay diferencia entre Krishna y el Señor Jesucristo;
pero el hijo nunca es igual al padre. Tienes la ventaja de leer muchos de nuestros libros para el
avance del conocimiento. Lo mejor sería que emplees más tu tiempo en participar del
sankirtana y en leer nuestra literatura de conciencia de Krishna”.
Con su fe cada vez más firme Suchandra decidió mudarse al sur y establecer un templo en
Múnich, pero cuando le expresó su deseo a Hamsadutta Das, quien por entonces era el líder del
movimiento Hare Krishna en Alemania, éste le dijo que Prabhupada quería templos fundados y
dirigidos por devotos casados. Entendiendo la situación y cual era el deseo de su gurú
Suchandra no se detuvo en su empeño y consideró seriamente la posibilidad de aceptar una
esposa. Poco tiempo después se casó con una hermana espiritual de Inglaterra llamada
Bhushakti, a quien conoció personalmente el día antes de la boda. En los primeros años de
desarrollo del movimiento, la cuestión de formar una pareja y casarse era completamente
espiritual, con el único objetivo de formar un equipo para apoyarse mutuamente en la misión de
avanzar espiritualmente y contribuir a la misión del maestro espiritual. Ahora también lo es,
pero en aquel entonces bajo la enorme influencia de la cultura védica prácticamente no se
prestaba atención a ninguna otra circunstancia que la conveniencia para la prédica, pues
consideraciones tales como la apariencia física o la compatibilidad de caracteres eran supuestos
como ​maya. ​Por eso no es raro que Sucandra formalizara un matrimonio con una desconocida
con tal que fuera una devota. Defendiendo esta tradición Srila Prabhupada les contaba que
antiguamente los padres de los niños hacían trazar una carta astral de sus hijos y luego
buscaban una pareja apropiada basándose en sus características astrológicas, culturales y
sociales. El amor era algo que se desarrollaba naturalmente con el transcurso del tiempo por
fuerza del respeto, la fidelidad y la responsabilidad de buscar la felicidad del otro aún a costa de
la propia.
A finales del verano 1971 Suchandra y su esposa regresaron a Hamburgo, donde consiguieron
un empleo para mantener a la familia. Parte de sus ingresos los donaban al templo que
continuaba experimentando dificultades financieras. Suchandra seguía manteniendo un deseo
muy fuerte de predicar y el trabajo mundano no lograba motivarlo, así es que muy pronto se
decepcionó. El 10 de septiembre 1971 le escribió a Srila Prabhupada una carta en la que le
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pidió permiso para dejar a su por entonces embarazada esposa al cuidado de los devotos en el
templo e ir a predicar a Múnich, como había sido su deseo originalmente. Pero Prabhupada no
aprobó su idea y en su respuesta le dijo que en todo caso debía ir con ella. Por este tiempo
Suchandra conoció a un joven que vivía en una comunidad hippie de Múnich y éste los invitó a
que fueran, así es que fue junto a su esposa Bhushakti a Múnich y se instalaron en un pequeño
cuarto de la comunidad que ocupaba una casa de dos pisos en las afueras de la ciudad.

Allí realizaban ​kirtan todos los días, después de lo cual distribuían ​prasadam entre el público
consistente en manzanas cortadas en rodajas. Inicialmente con el entusiasmo que despiertan las
cosas nuevas, el programa fue un éxito entre los miembros de la comunidad, pero pronto
perdieron el interés porque estaban más interesados en dormir mucho y no se tomaban las cosas
seriamente.

Las cosas tampoco eran ya como habían sido antes porque nuestro muchacho estaba muy
cambiado y ya no encajaban perfectamente en ese medio. Había pensado que se sentiría
cómodo entre esa gente como en sus épocas, apenas recientemente pasadas, de hippie liberal,
pero la transformación interna y externa que había experimentado recientemente estaba
marcando una frontera que antes no conocía. Como decía Srila Prabhupada, ahora se trataba de
ofrecer compañía y no de tomar la compañía de los demás. Él y su esposa se levantaban
siempre temprano, a diferencia de los demás que holgazaneaban hasta cerca del mediodía.
Tampoco participaban de las charlas que se presentaban a toda hora acerca de temas mundanos,
ni fumaban -nada- con ellos. Sin embargo no se decidían a echarlos de allí porque, a pesar de
que ahora se veían diferentes, había algo especial en ellos que se los impedía. Ante esto el
propio Sucandra sentía siempre, no solo en esta circunstancia, si no en general, que Krishna los
estaba protegiendo.
La solución intermedia fue mudarlos al sótano y allí se instalaron, en un cuarto todo pintado de
negro, apenas alumbrado con un foco rojo, y aunque también era pequeño, tenía una ventaja
sobre su anterior residencia, ¡era un poco más grande! Eso lo hizo propicio para convertirlo
prácticamente en el primer centro de prédica abierto al público. Pero no era fácil, al tiempo que
Krishna brinda todas las facilidades a quienes desean acercarse a Él, Maya, la energía ilusoria,
pone a prueba al devoto para comprobar su sinceridad y lo expone a diversas situaciones
problemáticas, en este caso también emocionales, para intensificar los lazos amorosos entre
Krishna y Su devoto. Como Arjuna, quien en el campo de batalla en el bando opuesto no
encontró a abyectos enemigos si no a sus muy queridos familiares, y al entregarse así a la
instrucción de quien ahora era su Señor, se sumergió más y más en la relación amorosa de
amistad que los unía. O como el amante que cuántos más obstáculos encuentra para reunirse
con su amada, hasta sentir que parientes, amigos y el mundo entero se empeñan en separarlos,
más se unen en la fuerza de su amor.
La gente que conformaba esa comunidad se molestaba mucho con Sucandra porque siempre iba
gente a visitarlo para escuchar su prédica y nutrirse espiritualmente, no les gustaba nada que la
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gente fuera a tomar ​prasadam​, escuchar las charlas acerca del Bhagavad-gita y bailar el ​kirtan
con él. Eventualmente pudo darse cuenta de que tarde o temprano tendría que irse de allí, por lo
que comenzó a pensar la forma en que podría hacerlo mientras sus antiguos compañeros lo
invitaban diariamente a retirarse.

Además de esto Suchandra y Bhushakti juntos celebraban diariamente ​harinama en el centro de


la ciudad. Sucandra se sentaba en una vereda con una caja entera de los Isopanishad que le
habían enviado desde el templo del norte, un póster grande de Srila Prabhupada como de un
metro de alto y ancho y un cartelito pequeño que decía con osadía y una buena dosis de
ingenuidad y optimismo: "Soy discípulo de A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada. He llegado
a su ciudad para abrir un templo Hare Krishna, por favor ayúdeme". Allí cantaba Hare Krishna
siguiendo una melodía que el propio Prabhupada les había enseñado, con el deseo intenso de
satisfacer a su maestro espiritual, pero con el desapego de quien sabe que, en última instancia,
todo depende de la voluntad suprema de Krishna. Tenía también una canastita y la gente que
pasaba y se asombraba de ver a ese jovencito renunciante, con su dulce voz y su dulce gesto, le
dejaba algunas moneditas para ayudarlo a abrir un templo. Esa fue también la primera vez que
Sucandra salió con Sri Isopanisads a ​sankirtan,​ la distribución pública de libros en la calle.
Prabhu Hamsadutta le había enseñado algunas técnicas y mantras para ofrecer los libros a la
gente, pero lo más importante de todo era la profunda convicción de estar haciendo algo
importante para beneficio de toda la sociedad.
De vez en cuando recibía también la amable visita de los agentes de la policía que lo echaban
del lugar, entonces juntaba sus cosas y al día siguiente volvía a instalarse en otro lugar sin
desanimarse.

Un día de diciembre de 1970 fue a verlo una pareja de hippies y en algún punto de la
conversación les preguntó con cierto desamparo si sabían dónde podría ir, porque tenía que
marcharse de ese lugar, pues aunque no les dijo que la situación allí era prácticamente
insostenible, la verdad es que, de todas maneras, todo su propósito en aquella ciudad no era
permanecer en esa situación sino inaugurar un templo para poder predicar la conciencia de
Krishna sin ningún condicionamiento. Ellos quedaron cautivados de inmediato, tal vez por la
urgencia de su voz, tal vez por sentirse tocados por Krishna en su corazón y lo invitaron a
mudarse con ellos a su departamento. Las cosas fueron mejorando y su estadía allí fue corta,
porque un día la muchacha vino de la calle con la novedad de que en la vereda de enfrente,
sobre Nymphenburger Strase estaban alquilando un pequeño local. Fueron a verlo y como lo
vieron conveniente convencieron al dueño de que se lo alquilara y allí se quedó. Se trataba de
una antigua tienda, una habitación larga situada en un edificio antiguo con un baño en el final.
Lo dividió en tres partes, una para el altar y la sala del templo propiamente dicha, otra para la
cocina y otra para habitación de su esposa. Así fue como abrió su primer templo, en la
conservadora, muy católica y aristocrática ciudad de Múnich. ¡Aunque solamente tenía el
dinero suficiente para pagar el primer mes de alquiler! Pero tuvo la gran idea de pegar en la
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vidriera del local un ejemplar del ​Sri Isopanishad abierto, con cartelitos que unían con hilos las
diferentes partes del libro señalando “Sánscrito”, “Traducción”, “Significado”, explicando qué
era cada cosa, y eso atrajo a mucha gente que comenzó a acudir al templo en buena cantidad,
algunos solamente se detenían a ver la ilustración de Vishnu-Shesha con Sus cuatro brazos que
se encontraba en la tapa del ​Isopanishad y seguían su camino, pero otros entraban para
averiguar de qué se trataba. Estando empoderado por Srila Prabhupada, aunque estuviera
bailando solo cantando con las ​karatalas​, la gente lo observara con admiración.
Claro es que no todos podían ver lo mismo y un día casi lo llevaron preso. Fue una tarde de
mucha lluvia, Sucandra estaba cantando a la entrada de la estación del subterráneo y se juntó
tanta gente que no se podía entrar ni salir de allí. Al ver el tumulto vino la policía y le pidió que
se retirara, pero él ni siquiera se movió argumentando que esa era su misión y que no estaba
haciendo nada incorrecto, por lo que los policías lo tomaron del brazo con brusquedad y
comenzaron a llevárselo. Precisamente en ese momento apareció un señor muy bien vestido,
con un aspecto muy respetable con su corbata, traje sastre, sombrero y maletín, que intervino y
lo defendió ante los policías hasta que éstos desistieron de llevarlo y se marcharon. Cuando
Sucandra Dasa buscó entre la multitud, ¡este señor había desaparecido! Pasaron algunos años y
Sucandra estaba en otro templo desempeñándose como líder de ​bhaktas,​ enseñando a los
devotos más neófitos los principios regulativos y la doctrina elemental de la conciencia de
Krishna. Como parte de esa función, en una ocasión envió una carta informativa a todas las
personas que tenía en la lista de contactos personales que los devotos iban formando con
aquellas personas que se mostraban interesadas y prestaban su dirección para ser contactados.
La carta no solamente informaba de los próximos eventos festivos y los invitaba a participar de
los programas, sino que también tenía un cuestionario con preguntas o diversas proposiciones
con respuestas alternativas para que la gente uniera los puntos correctamente con flechas e
incentivarlos así a leer la literatura védica.
De todas esas cartas obtuvo una respuesta, era de un señor que le recordaba que alguna vez lo
había ayudado con la policía mientras predicaba a la salida de la estación de subterráneos. Le
contó que tenía una cadena de negocios que vendía ropa de cuero y que había viajado a la India
a comprar cueros para su empresa, y que allí se había encontrado con Srila Prabhupada.
Lamentaba decirle además que de momento no podía unirse al movimiento debido a presiones
familiares y sociales porque era una persona importante socialmente, pero que en aquella
ocasión a la salida del U-Bahn había quedado muy impresionado al ser testigo de su fuerza y
determinación en su empeño por seguir la instrucción de su maestro espiritual.
Sin embargo Sucandra Dasa nunca admitió tener ninguna cualidad especial, solamente decía
que aquel poder les venía delegado por Srila Prabhupada, por su misericordia, nacida del
profundo deseo de cumplir con la orden que le había dado su propio maestro espiritual, “Ve a
los países de habla inglesa y predica las glorias del Señor”.
El harinama se extendió así a la distribución de libros y la prédica en el templo. El 17 de abril
de 1972 Suchandra le escribió una carta a Srila Prabhupada poniéndolo al tanto de los
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progresos misioneros en Múnich, lo que naturalmente lo puso muy contento; en su respuesta le


aseguró a su discípulo que si continuaba predicando con entusiasmo Krishna siempre lo
ayudaría.
Aquella época fue también muy austera; esta frase apareció ya en varias ocasiones en las pocas
hojas que lleva este relato y volverá a suceder, pero no es una queja o un motivo para apelar a
la compasión de los lectores porque la ​tapasya, la austeridad es una cualidad brahmínica que
dignifica al devoto que, por el contrario, rehuye de las comodidades mundanas que puedan
distraerlo de su meditación en el Señor Supremo. Así pues pasaron todo el invierno sin
calefacción ni agua caliente, pero entre ellos reinaba un gran espíritu de entusiasmo y
abnegación, soñaban con cambiar el mundo y llevar adelante una revolución espiritual bajo la
guía experta de su muy poderoso gurú. A pesar de las duras condiciones climáticas los devotos
salían todos los días al menos durante seis horas a distribuir libros y revistas “De vuelta al
Supremo” que ya tenía una edición en alemán. Algunos años más tarde con realizaciones muy
profundas en su haber, reflexionaría en voz alta entre sus discípulos, “Hay muchos que piensan
en cambiar el mundo, pero son muy pocos los que piensan en cambiarse a si mismos”, y el
proceso de conciencia de Krishna es tan perfecto que puede lograr los dos cometidos
simultáneamente.
Una vez, Suchandra conoció durante el ​sankirtana a un famoso protestante supuestamente
especialista en sectas religiosas, el pastor William F. Haack. Sin saber de quién se trataba,
Suchandra invitó al pastor a visitar el templo como lo hacía con todo el mundo. Haack, deseoso
de infiltrarse en las filas de la "secta Hare Krishna", mostró un gran interés y pronto se
convirtió en un feligrés activo. Lamentablemente para ese entonces varias sectas
pseudo-religiosas fundadas por líderes más interesados en el dinero, el sexo y las drogas que en
la emancipación espiritual de sus seguidores se habían instalado principalmente en los Estados
Unidos, provocando el caos social y como consecuencia mucha desconfianza, e incluso
hostilidad, hacia otras corrientes religiosas que no fueran las tradicionales. El Sr. Haack tenía
así pues la secreta esperanza de encontrar detrás de la inocente fachada de estos buenos
muchachos alguna organización criminal, o por lo menos, reñida con la moral y las buenas
costumbres. Suchandra le dio al agente encubierto el servicio simple y típico que convierte a
una persona en sirviente de Krishna: barrer y lavar los pisos, lavar ollas en la cocina, y otros
servicios humildes por el estilo. Decidido a conocer todos los hechos escandalosos sobre la
vida interna de la "secta", Haack estuvo dispuesto a hacer todo lo que se le encomendaba.
Unos años más tarde publicó un libro ampliamente conocido, "La juventud de la religión",
también denominado "Suchandra, el presidente del templo Múnich". Haack lo describió allí
como uno de los dos primeros discípulos de Prabhupada en Alemania, aunque todo lo demás
que expuso acerca de él desde su punto de vista y entendimiento fueron comentarios
desfavorables.
No sería esta la última vez que se criticaran las actividades de este devoto, con el paso del
tiempo iría asumiendo mayores responsabilidades y posiciones jerárquicas eclesiásticas que lo
30

llevarían a tomar decisiones que inevitablemente harían aparecer detractores de todo tipo,
muchos curiosamente cuestionando alguna de sus principales virtudes: su determinación y su
férrea lealtad a su maestro espiritual, lo que lo ponía en la mira de los renovadores. Sin
embargo y precisamente por ello, siempre contó con la aprobación y el apoyo de la Comisión
Directiva, el GBC por sus siglas en inglés, y de sus discípulos.

El comienzo del movimiento fue una época de aprendizaje inductivo muy importante; a un
devoto se le decía, “tú serás el cocinero”, y aprendía a cocinar sobre la marcha sin
conocimientos previos. “Tú serás el Tesorero del templo”, y sin ningún conocimiento
universitario de contabilidad aprendía la función y la realizaba. “Tú te irás a un lugar
completamente extraño a abrir un templo nuevo, aunque nunca antes hayas salido de tu país”, o
“Ahora vete con todos estos libros, ahí está la gente, distribúyelos” y el devotito, aunque muy
novicio salía y se encontraba en la calle ante el público como un ave extendiendo sus alas
lanzándose al vacío para su primer vuelo. No había nada previo como un curso para ser
bhaktas, ​o un curso de capacitación para la distribución de libros, la realización de un
Ratha-yatra, la organización de un festival, o lo que fuera. Estos eran los primeros devotos de
Occidente haciendo por primera vez lo que nunca nadie había hecho antes, no tenían
antecedentes ni huellas que seguir, solo tenían las instrucciones de Srila Prabhupada y sus
inestimables bendiciones. Pioneros espirituales en los Estados Unidos y Europa, la cuna del
materialismo, innovando cada día, creando las técnicas y aún las herramientas para propagar el
movimiento de conciencia de Krishna. Pero no estaban solos, como dice Sri Krishna en el
Bhagavad-gita, en el verso 10 del Capítulo 10, “A aquellos que están constantemente
consagrados a servirme con amor, Yo les doy la inteligencia mediante la cual pueden venir a
Mí”. Y así ocurría, personas totalmente inexpertas cerraban contratos millonarios u
organizaban eventos multitudinarios bajo la estrecha supervisión y expertas instrucciones de
Srila Prabhupada.
En cuanto al ​sankirtana,​ después de dar los primeros pasos se volvieron más sistemáticos y
adoptaron la estrategia de parar a la gente mientras avanzaba por la vereda inaugurando en
Alemania la distribución de libros de persona a persona. Ahora se turnaban cantando,
entregando invitaciones para el programa de la tarde y distribuyendo libros. Todos participaban
de esas actividades, incluso tenían un GBC, un líder de la Comisión Directiva de ISKCON, que
salía con ellos. Muchas veces tenía que leer correspondencia, contestar el correo, o realizar
tareas administrativas propias de su función, entonces se llevaba una máquina de escribir y
mientras los demás cantaban, se sentaba a un costado y llevaba a cabo sus tareas.
Cuando Prabhupada se enteró de que los libros comenzaban a salir a gran escala se entusiasmó
mucho y comenzó a incentivar a los devotos cada vez más para que le dieran prioridad a la
distribución de libros por encima de todo lo demás. No había nada más importante, aparte de la
observancia de los deberes espirituales, el ​sadhana,​ que la distribución de libros. Srila
Prabhupada tenía muchas razones para pensar de esa manera, pues era una instrucción directa
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que había recibido de su maestro espiritual Bhaktisiddhanta Sarasvati Goswami Maharaja,


quien en una de las pocas entrevistas personales que tuvieron le dijo que si alguna vez tuviera
dinero no lo dedicara a la edificación de templos sino a la impresión de libros. Alguien puede
escuchar una conferencia sobre espiritualidad y seguramente olvidará la mayor parte de lo que
oyó, pero si se lleva un libro, el mensaje permanecerá allí por siempre y podrá acudir a él cada
vez que lo necesite. Tan identificado estaba Srila Prabhupada con los libros que difundían la
conciencia de Krishna que solía decir, “Si realmente quieres complacerme, distribuye estos
libros”, pues no había nada que pudiera satisfacerlo más.
Todos los devotos salían a distribuir libros, todos los días, gran parte del día, todo el mundo.
Ahora cerraban el templo y no quedaba nadie, todos se ocupaban en la distribución de libros y
se establecían competencias trascendentales entre los templos de los distintos países, de los
distintos continentes, para incentivarse e incrementar cada vez más la distribución de libros, a
la vez que Srila Prabhupada en un esfuerzo sin precedentes publicaba un libro tras otro a
medida que los iba traduciendo del sánscrito y del hindi al inglés.
Distribuyendo libros a esta escala no demoraron en darse cuenta que debían cambiar de lugar
porque al cabo de cierto tiempo mucha de la gente que frecuentaba la zona ya tenía un
ejemplar, por lo que resultaba conveniente mudarse a otra zona, tal vez a otra ciudad, y así
nació la modalidad del ​sankirtan​ viajero.
Sucandra todavía estaba en Múnich y viajaba con los devotos en dos vans, una empresa que lo
llenó de entusiasmo porque era un estilo de vida muy dinámico y aventurero. Por la noche no
iban a alojarse a los hoteles porque eso hubiera sido demasiado mundano, por el contrario,
acudían a las iglesias cristianas a pedir que los albergaran. Se presentaban como monjes, con su
dhoti color salmón, sus cabezas rapadas y las cuentas de tulasi en sus cuellos. Hablaban con el
cura sacerdote encargado y les pedían permiso para pernoctar allí, contándoles de cómo estaban
llevando adelante su misión de prédica. Naturalmente, los párrocos solían desconfiar y primero
los probaban haciéndoles preguntas, pues en caso de recibir respuestas inconsistentes podrían
descubrir que en realidad se trataba de vagabundos excéntricos. Pero a medida que la
conversación avanzaba acerca de temas teológicos comenzaban a respetarlos más y más
advirtiendo la autenticidad del mensaje espiritual y la sinceridad de esos devotos viajeros.
Incluso les llevarían algo para comer, hasta que a la mañana temprano del día siguiente partían
para seguir su camino. Así también fueron a los monasterios. En Europa había muchos que
aunque hoy mayormente ya están completamente vacíos, en esa época se encontraban
habitados por monjes ancianos, muy viejitos, pues los jóvenes de esta generación no se sentían
inclinados a tomar los hábitos. Era común encontrar grandes monasterios vacíos, con muchas
comodidades, muy espaciosos, por lo que siempre les daban alojamiento, asombrados de ver a
esos jovencitos veinteañeros tan renunciados y dedicados.
Un día Sucandra y sus compañeros de ​sankirtan habían estado todo el día distribuyendo libros
en esa ciudad y regresaron al monasterio completamente entusiasmados, llenos de vida,
sintiéndose muy plenos después de ver cómo la gente respondía con entusiasmo al recibir el
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mensaje del Señor Caitanya Mahaprabhu. Mientras comían algo sentados en el suelo en un
apretado círculo, los otros sacerdotes los escuchaban con interés, ávidos de absorber algo de
toda esa energía espiritual que emanaba del grupo. Entre ellos había también excepcionalmente
un joven novicio que se arrimaba en silencio para escucharlos, tímidamente con su cabeza
ligeramente agachada para no provocar una distracción, y era tan fuerte el fuego de la prédica
que irradiaban esos muchachos, que podía darse cuenta con pudor y una pizca de confusión que
se estaba sintiendo cada vez más atraído hacia los devotos. Al advertir los mayores lo que
estaba ocurriendo lo apartaron prontamente dándole otro destino, pero aparentemente ya era
demasiado tarde para él y algún tiempo después dejaría el monasterio para unirse a los devotos
en el ​sankirtan​ viajero.
Luego de ese incidente la diócesis distribuyó una carta entre todos los monasterios y las iglesias
recomendando que no les dieran más alojamiento a los Hare Krishnas, explicando que eran de
otra línea, que no tenían nada que ver con ellos, pues los propios religiosos de esa época no los
conocían como un movimiento religioso y la Iglesia de Alemania sintió la necesidad de aclarar
puntos filosóficos y hacer una separación.

En algún momento de su breve relación, su esposa Bhushakti perdió un poco de su entusiasmo


y no estaba tan comprometida con la prédica como al principio. Indudablemente se sentía muy
atraída por la filosofía y la imagen de Sri Krishna que ya llevaba estampada en su corazón, pero
la idea de tomar refugio completamente “a los pies de loto” de un maestro espiritual asumiendo
lo votos propios de vivir en un templo como una monja, de manera austera y renunciada, no era
precisamente lo que estaba en sus planes en ese momento. Por el contrario, la determinación de
Sucandra de entregar su vida a la misión de liberar a las almas caídas del cautiverio de la vida
material era cada vez mayor, lo que inevitablemente condujo algún tiempo después a su
definitiva separación. Para ese entonces ya tenían una pequeña hija a quien llamaron Vishaka,
pero la vocación sacerdotal de quien alguna vez fuera Stefan ya se había manifestado con toda
convicción y así resultó natural que cada cual siguiera su propio camino de acuerdo a lo que su
conciencia, sus aspiraciones y sus sueños les inspiraba.

PREDICANDO EN LOS PAÍSES COMUNISTAS


Después de aquel tiempo de preparación y siempre en frenético avance, Sucandra continuó
predicando intensamente abriendo nuevos templos y centros de apoyo en Alemania.
Haciéndose eco del anhelo de Srila Prabhupada de propagar el movimiento de conciencia de
Krishna por todo el mundo llevando el mensaje de Sri Caitanya Mahaprabhu, comenzó a viajar
junto a otros devotos por países que en aquella época eran comunistas, tales como Polonia y
otros que antiguamente formaban parte de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, la
URSS.
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Ese constituyó otro capítulo apasionado y muy especial de su vida, pocas personas pueden
sentirse realmente artífices de su destino y se animan a tomar las decisiones que los conducen
por los caminos que eligen hacia metas que pueden vislumbrar con claridad. En vez de seguir
resignadamente el curso de la historia se atreven a protagonizarla asumiendo los costos y las
responsabilidades que implican. Esta determinación por despertar a las almas dormidas y
sacarlas de la ilusión para acercarlas a la Verdad Absoluta lo llevó a predicar a Polonia, Suecia,
Finlandia, Checoslovaquia, Escandinavia y los Países Bajos. Todo esto prácticamente sin
mucha experiencia ni preparación; en una ocasión estando en Estocolmo sucedió algo muy
gracioso, como no conocía el idioma local, llevaba una frase breve de presentación para ofrecer
los libros a cambio de un donativo. Comenzaba diciendo, ​god morgon, jag är en munk,​
“Buenos días, soy un monje”, pero estaba escrito en fonética porque tampoco conocía la
pronunciación, entonces cuando la gente no le entendía tomaba el papelito y al tratar de leerlo
tampoco entendía lo que decía allí y se daba una situación algo disparatada. Pero como sea, con
un poco de simpatía, mucho de rendición y sobre todo las muchas bendiciones de Srila
Prabhupada, los libros salían.

Prabhupada siempre los estaba acompañando de una manera u otra. Una vez estando en
Finlandia se hicieron amigos de un indio que vivía cerca de donde iban a distribuir los libros.
Entonces este señor los ayudaba guardando sus cosas de un día para el otro para que no
tuvieran que traer y llevar todos los días lo mismo. Un día de aquellos les presentó a un señor
mayor, también de la India que al verlos con la cabeza rapada y la ​sika quedó muy asombrado.
Mientras los miraba con ojos incrédulos les preguntó quiénes eran y ellos le contaron que eran
monjes Hare Krishna esperando que los reconociera de inmediato, como si los Hare Krishna
fueran el único movimiento religioso dedicado al culto de Krishna como la Suprema
Personalidad de Dios en toda la India. Pero este señor los seguía mirando inquisitivamente sin
dar mucha importancia a su respuesta. Muy interesado volvió a preguntarles, esta vez
inquiriendo quién era su maestro espiritual. Cuando ellos le contestaron, “Srila Prabhupada”,
este señor les contó, “¡Ahhh, pero qué bien! ¡Yo lo conozco!”, algo realmente increíble porque
el movimiento de conciencia de Krishna recién estaba comenzando y no era popular en esas
regiones nórdicas. “Lo conocí en Nueva York porque yo solía dar clases de yoga en la Misión
del Dr. Mishra, recuerdo que cocinaba de manera excelente”, rememoró con una sonrisa
cómplice echando su cabeza hacia atrás recuperando en su memoria el sabor y la pureza de
aquel ​prasadam.​ Aquello no era lo más destacado que pudiera decirse de Srila Prabhupada,
pero estaba claro que podía llegar de forma decisiva a cualquier persona sin siquiera decir una
palabra, predicando sutilmente con el ​prasadam, s​ u “arma secreta”. Tal vez tal vez este señor
no hubiera podido conocer otros aspectos suyos porque en esas circunstancias Prabhupada
estaba bastante limitado en su posibilidad de predicar, pero de todas maneras Sucandra vio
aquel encuentro inesperado con este señor como una señal de que nunca podría estar lejos de su
maestro espiritual, por más lejos que pudiera hallarse en cualquier parte del mundo.
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Estos fueron años muy intensos en los que su carácter idealista y determinado y su fe
inquebrantable en su maestro espiritual lo llevaron a correr grandes riesgos. Después de un
viaje a Moscú Srila Prabhupada vio un enorme potencial para predicar la conciencia de Krishna
detrás de la “cortina de hierro”, las personas que conoció estaban ansiosas de tener conciencia
divina, pero incluso los así llamados intelectuales y espiritualistas no tenían ninguna idea clara
acerca del alma, o del Alma Suprema. Pero el peligro de predicar en un país totalitarista era
enorme. Todo era muy intenso, así es que le escribió a Srila Prabhupada contándole la situación
y recibió su respuesta diciendo, “Ahora que los libros han ingresado tu prédica será exitosa”.
Antes de eso solamente iban a cantar y visitar algún contacto ocasional porque tenían miedo de
llevar libros, apenas llevaban uno o dos, pero luego comenzaron a contrabandear grandes
cantidades y cada vez que cruzaban la frontera era tan intenso, había mucha ansiedad, y temor
de ser descubiertos por la policía que parecía más omnipresente que el propio Dios. Cuando
Srila Prabhupada supo que habían logrado introducir libros derramó muchas bendiciones sobre
ellos.

Arriesgando su vida y su libertad, Sucandra Dasa junto a otros atrevidos devotos cruzaron
varias veces las fronteras llevando consigo los libros de Srila Prabhupada escondidos en la
carrocería del vehículo. Así disfrazados y con el mayor disimulo para no ser descubiertos por la
policía, distribuyeron libros, predicaron, ofrecieron ​prasadam y hasta iniciaron a varios
devotos. Las austeridades eran también extremas debido a las bajas temperaturas y las
dificultades para conseguir alimentos apropiados.

En aquellos sitios la prédica era mucho más intensa y más organizada también, ya no se trataba
de sentarse a cantar con un cartelito esperando pacientemente a que lleguen las donaciones,
sino que tenían que salir al encuentro de la gente, pues la estadía en los países comunistas era
muy cara y debían colectar lo suficiente para poder mantenerse. Tenían un gasto extra además
con la obtención de la visa, ya que debían cambiar seguido sus pasaportes para que los agentes
aduaneros no vieran tantos sellos y entraran en sospechas acerca de los verdaderos motivos de
su ingreso al país. Por supuesto que estaba absolutamente prohibido que lo hicieran como
religiosos en misión de prédica, no se admitía ninguna otra filosofía que la marxista comunista,
así es que debían fingir que eran simplemente turistas.

Sucandra y los demás devotos llevaban esta misión del modo más aventurero imaginable,
vestidos con ropas holgadas, sombrero, anteojos y una actitud de asombrados disfrutadores que
iban a divertirse, para evitar las desconfianzas. Tenían un coche preparado como para ir de
camping, una pequeña van repleta de ropa y cacharros en completo desorden, con sus bolsas de
dormir, cantimploras y cacerolas desperdigadas por todas partes. Pero esos coches llevaban
escondidos en toda su estructura los libros que iban a distribuir. Quitaban el relleno aislante del
techo, las paredes y las puertas y las rellenaban con libros.

Al llegar a la frontera eran detenidos por los guardias que les pedían sus papeles y husmeaban
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por todas partes. Algunas veces golpeaban las puerta y el techo para ver si estaban huecos, con
sus linternas y garrotes, con sus caras serias escrutándolos y sus botas resonando pesadamente
en el suelo. La tensión era insostenible durante varios minutos mientras esperaban que les
devolvieran sus papeles, les hicieran una venia y levantaran la barrera, y aun así debían sonreír
despreocupadamente, como si no tuvieran nada que ocultar, como si la situación fuera
perfectamente normal, a pesar del gran riesgo que estaban corriendo, pero Krishna siempre
cubría la percepción y la conciencia de los agentes y no se daban cuenta de nada, aunque esos
vehículos estaban colmados con los tesoros de Srila Prabhupada. Inclusive tenían un armario,
tipo alacena de cocina, lleno de harina, azúcar y otros comestibles, pero detrás de todos esos
paquetes ¡había más libros escondidos! Algunos de esos paquetes ubicados al frente estaban un
poco rotos, a propósito, de manera tal que cuando los guardias abrían la alacena y los movían
un poco se les caía todo encima ensuciándolos y haciéndolos desistir de seguir revisando.

Otra herramienta disuasiva eran los instrumentos musicales que llevaban, porque a los guardias
les atraían mucho, entonces tan pronto algún devoto sacaba un armonio y se ponía a cantar
alguna dulce canción, quedaban boquiabiertos, cautivados, como encantados por una mágica
melodía. En una ocasión Sucandra Dasa le escribió a Srila Prabhupada contándole estos
sucesos y él le respondió que sí, que Sri Krishna había aturdido a los guardias.

Al principio al ingresar en aquellos países les resultaba muy difícil tomar contacto con la gente
porque no conocían a nadie. Llegaban apenas con el dato de algún contacto que tenían, una
dirección, algún nombre de alguien que alguien más les había dicho que sentía alguna
curiosidad por saber acerca de Sri Krishna. Las perspectivas eran completamente inciertas,
desde un punto de vista estratégico racional armar todo un viaje de esa naturaleza con tan pocas
expectativas no era para nada lógico, pero siempre en algún momento podían ver cómo Krishna
había dispuesto todo para ir a dar con una persona en particular a quien un plan
meticulosamente elaborado había puesto en el camino de los devotos.

Una vez entraron a Checoslovaquia, habían arreglado un programa en un lugar muy escondido
bajo un gran secreto. La gente del lugar había bajado las persianas y antes de abrir la puerta
cada vez que llamaban miraban por la rendija para asegurarse bien de que era un amigo y no se
trataba de algún policía. En un momento pareció un muchacho con un Srimad Bhagavatam,
Primer Canto, tercer volumen, en inglés. Los devotos se miraban entre si asombrados pensando
cómo habría llegado ese ejemplar a ese país, entonces el muchacho les contó que su padre era
Ingeniero, que había ido a Japón y en el aeropuerto, mientras esperaba la salida de su vuelo, se
encontró con un señor que venía de Los Ángeles. Allí en el aeropuerto de Los Ángeles mientras
esperaba para abordar el avión que lo llevaría a Japón unos muchachos de extraña apariencia,
pero muy atractivos por cierto, le habían dado ese libro a cambio de una colaboración. Parece
ser que a éle no le interesó demasiado, así es que se lo obsequió a ese caballero checoslovaco y
éste se lo dio a su hijo, quien a su debido tiempo ¡se volvió devoto de Krishna!
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El primero de esos viajes lo hizo con un devoto mayor llamado Harikesa, quien con el tiempo
se volvería uno de los devotos más prominentes del movimiento para la conciencia de Krishna.
En esa oportunidad fueron a Hungría llevando libros escondidos por todos lados. Se
presentaban en los pocos lugares donde se enseñaba la práctica del yoga ofreciendo su servicio
de cantar, lo que hacían durante horas, hasta que todos estaban en éxtasis dejándose llevar por
el sónico trascendental del ​maha-mantra​. Luego les servían ​prasadam,​ Harikesa tenía una
preparación muy especial, un ​halava de frutillas que era completamente exquisito, nadie podía
resistirse a un postre tan suave y dulce. También solían servirles ​puris con pimienta y alguna
otra preparación con verduras de estación que pudieran conseguir. Cocinaban todo antes de
comenzar el programa en algún estacionamiento en la calle y luego se presentaban con todas
las preparaciones ya listas para no molestar a nadie. Siempre servían el ​halava encima de los
puris​ con pimienta y a todos les encantaba.

En una ocasión ocurrió que el programa resultó tan bueno, después de una sucesión de otros
igualmente exitosos, que se quedaron sin libros, ¡los habían distribuido todos! Solamente les
quedaba uno, el Bhagavad Gita personal de Sucandra autografiado por Srila Prabhupada,
cuando de repente apareció un chico que quería un libro. Harikesa miró a Sucandra fijamente y
le dijo con un tono totalmente decidido, "Dale ese libro". Sucandra no tenía ninguna intención
de hacerlo porque era algo muy especial para él, estaba muy apegado a ese libro y cada vez que
lo leía primero contemplaba por un instante la firma estampada de su maestro espiritual. Trató
de hacerse el desentendido mirando a los otros devotos para ver si cedían el suyo, pero ese en
sus manos era el único que quedaba. Harikesa insistió con firmeza, “¡Vamos, dáselo, dáselo!”.
Entonces resignado, arrancó con disimulo la hoja con la firma y entregó el libro. Tan querido
era para él ese recuerdo que guardó esa hoja durante toda su vida.

Viajar a Rusia por aquel entonces era muy difícil. Inmediatamente después de la Segunda
Guerra Mundial comenzó una etapa llamada la Guerra Fría que en los años 70 se hallaba en
pleno auge de la carrera armamentista. La desconfianza, e incluso la agresión, entre los dos
bloques, el capitalista y el comunista, era extrema. Cualquiera podía ser un espía de la CIA, o
de la KGB, o del contra espionaje, por eso todo el mundo estaba bajo sospecha de ser un agente
secreto y cualquier actitud extraña podía malinterpretarse.

La única manera de ingresar a la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas era con un


contingente turístico. En una ocasión Sucandra Dasa fue con Harikesa prabhu y otros devotos
con uno de esos contingentes, que siempre están llenos de gente rara venida de todas partes del
mundo a conocer las maravillas arquitectónicas en torno a la Plaza Roja. Además uno no podía
salirse del grupo, que estaban siempre bajo vigilancia. Si alguien quería ir al baño, tenía que ir
con todo el grupo, y moverse con todo el grupo a los distintos puntos de interés: todos juntos al
Kremlin, todos juntos al teatro, todos juntos a la plaza, todos juntos a comer, lo que para los
devotos involucrados en una misión completamente distinta que nada tenía que ver con lo
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turístico era sumamente tedioso.

El modo que encontraron de escapar de las obligadas actividades grupales fue decir que estaban
enfermos y que no podían salir, que no podían comer porque tenían problemas gástricos, o
colitis, cualquier cosa por el estilo. En un momento el tour incluía una visita a un lugar donde
no había nada, porque les tocaba solamente dos días en Moscú y en esta ciudad a donde fueron
no había nada. Entonces todos los grupos se fueron a un restaurante a almorzar y ellos estaban
enfermos otra vez, así que fueron a sentarse a un parque a cantar ​japa sin saber qué hacer,
cuando de repente se sentó un chico en el banco de al lado. El problema era que este muchacho
no hablaba nada de inglés, Harikesa no le podía predicar, pero resultó que sabía unas poquitas
palabras en alemán. Entonces Harikesa le pidió a Sucandra que tradujera sus palabras y le iba
diciendo lo que quería transmitirle y así pudieron predicarle un poco acerca de la conciencia de
Krishna. Pero no tenían nada, ni un libro, absolutamente nada, le anotaron el mantra Hare
Krishna en un papel y eso fue todo. Aun así el momento fue sumamente intenso porque habían
podido hablarle a alguien de Krishna incluso en esas circunstancias. Desde sus corazones
habían plantado una semilla, pero lo mejor era que podían darse cuenta de ello, en el mismo
momento en que sucedía, en el mismo instante en que una luz de esperanza se encendía en la
conciencia de ese muchacho. Aunque el encuentro parecía algo casual podían entender de
alguna manera que Krishna había arreglado la situación para que pudieran acercarse a él. Así
como el “efecto mariposa” predice que consecuencias importantes pueden producirse a partir
de incidentes insignificantes ocurridos en el otro extremo del planeta, las semillas del ​bhakti
plantadas mediante la distribución de un simple panfleto de la conciencia de Krishna puede
producir consecuencias milagrosas insospechadas. Nunca debe minimizarse el valor del menor
esfuerzo realizado en aras de propagar la conciencia de Krishna.

Después de eso volvieron al hotel y argumentaron que estaban enfermos otra vez, que a causa
de su malestar no podían comer ni participar en nada, así es que permanecieron allí mientras
que a los demás los llevaron a ver una función del prestigioso ballet de Moscú. Los devotos
aprovecharon la situación y llamaron a un devoto llamado Ananta Shanti por teléfono; en
realidad no podían hacer eso porque los teléfonos estaban intervenidos para los turistas. En
cada piso había un guardia vigilando quién salía del cuarto, quién iba al baño y cuándo
regresaban, pero de alguna manera u otra, cuando todos se fueron al ballet, todos se habían ido,
incluso los guardias. Todos excepto ellos, y en un descuido de repente pudieron salir y
encontrarse con Ananta Shanti que los esperaba en una salida. Se saludaron rápidamente con
alegría y afecto palmeando sus espaldas y sin ninguna demora los llevó al lugar donde residía.
No era bueno permanecer en la calle, menos aun de noche cuando se suponía que debían estar
en el hotel. En esa pequeña casa a donde había invitado a sus amigos pasaron toda la noche
haciendo un programa intenso predicando, cantando suavemente para no ser oídos desde afuera
y tomando ​prasadam​. Harikesa estuvo toda la noche enseñando a tocar la ​mridanga y Sucandra
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cocinando porque sabían que tenían sólo esa noche y el próximo día hasta el mediodía.

Llegando la mañana, después de haber pasado toda la noche en vigilia en conciencia de


Krishna, Harikesa se sintió inspirado al ver la seriedad de los devotos y quiso hacer también
una iniciación. Ananta Shanti llamó a todos sus amigos que ya estaban cantando Hare Krishna
para que asistieran. Un momento más tarde, de repente, oyeron que alguien tocaba el timbre de
la puerta de entrada. Adentro todos permanecieron en silencio guardando la respiración y
mirándose nerviosos entre si. Stefan se levantó sigiloso a mirar por el agujerito de la puerta y
entonces vio a un grupo tremendo de jóvenes, ¡todos rapados! porque en esa época los devotos
rusos eran muy fanáticos y estaban dispuestos a todo sin medir las consecuencias; corriendo
cualquier riesgo se habían rapado todos para ser iniciados

Una vez adentro se encontraron muy apretados sentados en cuclillas o en el suelo y les contaron
muy entusiasmados, con sus ojos muy vivaces y frotando sus manos, que como no sabían qué
era lo que podían comer vivían prácticamente a base de té, porque nunca iba nadie a enseñarles
y prácticamente no tenían ningún entrenamiento, el único devoto que tenían era Ananta shanti
que tampoco había sido entrenado en un templo.

A pesar de todo, esa mañana Harikesa deseaba llevar a cabo una iniciación que sería además un
gran incentivo para el incipiente ​yatra de Rusia, pero se había acabado lo poco que tenían para
cocinar y le pidió a Sucandra que fuera a comprar lo que pudiera conseguir. En esa época
comprar en Rusia algo era algo que estaba muy controlado por el Gobierno debido a que los
alimentos estaban racionados. Por ejemplo, en un almacén sin un permiso especial, unas
estampillas o algún aval oficial por el estilo, no se podía comprar más que un paquete de
manteca,. Sucandra Dasa fue al negocio y no podía encontrar nada, hasta que de repente
encontró manteca, delante de él había una cola de media cuadra de largo de gente esperando
pacientemente su turno para comprar. Al llegar a la caja llevaba la sémola y la manteca
necesarios para preparar el famoso halava, pero no le permitieron pasar, solamente lo dejaron
con un paquetito chiquito de sémola, y un paquetito chiquito de manteca. Con eso volvió al
departamento y cocinó lo que pudo, derritiendo la manteca en una pequeña sartén abollada y
dorando allí la sémola. Harikesa prabhu mientras tanto llevó a cabo la iniciación con todos los
elementos, incluido el fuego sagrado, ​agni, que es la boca de Sri Vishnu, pero todo pequeñito
adaptado a las circunstancias. Como el programa había sido tan completo se atrasaron mucho,
llegaron tarde al hotel, cuando todo el grupo ya estaba sentado en el colectivo para ir al
aeropuerto, muy molestos con ellos porque temían perder el vuelo. Cuando subieron al
transporte les dijeron de todo en tono de protesta, más que nada porque estos muchachos eran
tan raros, siempre estaban enfermos, no se integraban al grupo, no hablaban casi nada con nadie
y pensarían, "¡estos tipos son rarísimos!"

Esos viajes fueron muy extáticos por la naturaleza espiritualmente subversiva de predicar el
culto a un Dios personal, el Supremo controlador, sustentador y proveedor de todo lo que existe
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en países comunistas donde se suponía que el Estado es la única y máxima autoridad que
decide sobre la vida y la muerte de las personas. La naturaleza clandestina de la distribución de
libros prohibidos por el ​establishment y la conversión del corazón de la gente hacia una
conciencia divina, junto a la osadía de aquellos devotos dispuestos a pasar por tantas
situaciones peligrosas, le daba un valor superlativo a la prédica, porque todos pudieron tener
realización de que cuanto más se arriesga, más muestra Krishna Su misericordia y da Su
protección. Una realización personal que quien sería más tarde Bhakti-bhusana Swami
Maharaja trató de transmitir a sus propios discípulos, a quienes siempre incentivó para que
participaran de cualquier manera posible en la distribución de los libros de Srila Prabhupada.
Así se encontrarían siempre bajo la protección especial de no participar de las actividades
ordinarias de este mundo mientras permanecieran dedicados a la propagación del culto del
Señor Caitanya Mahaprabhu.

Lamentablemente, al menos desde el muy acotado punto de vista de nuestra condición de


almas caídas, porque Sri Krishna tiene planes que suelen estar más allá de nuestra comprensión,
algunos de estos heroicos devotos rusos fueron descubiertos más adelante por los servicios de
inteligencia y encerrados en así llamadas “clínicas siquiátricas” durante años, incluso
torturados, por atreverse a practicar su fe. Rusia nunca fue un país con libertad de cultos o de
pensamientos y se dedicó sistemáticamente a perseguir a los devotos del movimiento Hare
Krishna. Incluso bien adentrados en el Siglo XXI, luego de las reformas introducidas por la
Perestroika y la supuesta apertura internacional, el ​Bhagavad-gita tal como es seguía siendo un
libro prohibido.

Muy comprometido con la causa y sin olvidar nunca sus experiencias en la URSS, en el año
1988 ​(VERIFICAR FECHA) Bhakti-bhusana Swami aprovechó la oportunidad de que
algunos representantes del gobierno ruso visitaron la Argentina para organizar una
manifestación pidiendo la liberación de los devotos que permanecían encarcelados. Hizo un
llamamiento para que todos los devotos de Buenos Aires, amigos y simpatizantes se unieran a
la marcha de repudio. La cita fue a la entrada del Teatro Colón donde se llevaría a cabo una
función de gala para agasajar a los funcionarios. Los devotos llegaron de a cientos en
colectivos, trenes y subtes portando pancartas escritas en inglés y español, “Liberen a los
devotos rusos”, y esperaron la llegada del embajador y demás comitiva. Luego marcharon hasta
el Obelisco en la Avenida Corrientes, el corazón mismo de la ciudad de Buenos Aires, y
cortaron durante un rato la circulación de los autos mientras repartían panfletos poniendo en
conocimiento de la gente en general la situación de aquellos santos.

Como sea, el movimiento de conciencia de Krishna es imparable y a su debido tiempo explotó


en Rusia y los países del eje donde aparecieron miles y miles de devotos, convirtiéndose quizás
en la mayor congregación mundial. Desde entonces sería muy difícil acudir a un templo de la
India o de Europa sin encontrarse con un devoto ruso, ¡estaban en todas partes!
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Después de aquel tiempo se quedó en Berlín, pues ya no le era posible seguir predicando en los
países comunistas; tenía la entrada prohibida en Polonia porque había sido identificado como
un Hare Krishna y tratar de entrar por alguno de los otros países hubiera sido demasiado
peligroso. En Berlín, en el lado occidental de la ciudad dividida por el muro que erigieron los
rusos, no tenían templo todavía, aunque había muchos devotos y simpatizantes que estaban
ofreciendo colaborar económicamente para alquilar un lugar para establecer un centro de
prédica. Mientras tanto, el servicio de Sucandra Dasa era visitar a las personas que habiendo
ofrecido su dirección en algún encuentro de prédica en la calle, escribieron respondiendo a una
carta de los devotos pidiendo más información o expresando su deseo de conocer algo más de
la conciencia de Krishna. Todos quedaban muy satisfechos con su visita, pero con muchas
ganas de involucrarse más, por eso le pedían que abriera un templo y él comenzó a abrazar ese
proyecto con mucha fuerza, de ahora en más ese sería su objetivo a corto plazo.

En febrero de 1974 se publicó la primera edición en alemán de ​El Bhagavad Gita Tal Como Es.​
Ansiosos por ver la expresión de satisfacción en el rostro de loto de su querido maestro
espiritual, Hamsadutta, Sucandra y otros tres líderes de los templos de ISKCON en Alemania
fueron al primer festival de Gaura Purnima en Mayapur, Bengala Occidental. Allí se reunieron
personalmente con Prabhupada y le presentaron una copia de la alemana "Bhagavad-gita vi es
ist".

En el año 1975 Suchandra hizo su segundo viaje a la India comisionado por prabhu Hamsadutta
con la misión de comprar estatuas de deidades de Radha-Krishna para ser instaladas en el
nuevo templo emplazado en el castillo Rettershof. Hamsadutta no pudo darle instrucciones muy
precisas porque no tenía prácticamente ningún conocimiento en esa materia, pero algo sí
enfatizó; le dijo “Ve allá y compra la mayor deidad, que puedas encontrar”. Una vez llegado a
Calcuta, Suchandra se dirigio de inmediato a la hermosa ciudad de Jaipur, la capital del estado
de Rajastan, también conocida como la ciudad rosada por tono del estuco que recubre los
frentes de las casas y palacios. Ese el mejor lugar en todo el país para adquirir las deidades de
mejor calidad. Al pasar frente al Palacio de los Vientos se maravilló observando la belleza y
exacta simetría de su arquitectura y la exquisitez de sus intrincados detalles decorativos. Aún
antes de adquirir las deidades fue a la mañana siguiente, muy temprano, a tomar darshan de Sri
Sri Radha-Damodara en el templo Govindaji. Cruzando el enorme patio que se encuentra antes
de llegar al templo se sintió como si estuviera en el mundo espiritual, todos allí eran devotos
del Señor, los mercaderes que vendían especies, los que vendían flores, los que vendían
artículos de adoración, todo dedicado al servicio del Señor, sin tener otra cosa en mente que Su
satisfacción. Era muy reconfortante tener una experiencia viva y corroborar que todas las
descripciones que había escuchado de labios de su maestro espiritual eran completamente
ciertas y no una idealización producto del fervor religioso.

Luego de asesorarse un poco pudo aprender acerca de las diversas calidades de mármol y dio
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con un taller en el que adquirió dos sobervias esculturas de dos metros de altura de Radha y
Krishna. Eran tan pesadas que para levantar aquellas deidades del suelo fue necesaria la fuerza
de 12 personas.

PREDICANDO EN SUD AMÉRICA


Más tarde se fue a prestar servicio a un templo que habían instalado en un castillo alquilado, el
Castillo Schloss Rettershof, cerca de Frankfurt, a unos veinte minutos de viaje en auto, al que
estaban llegando devotos nuevos de todas partes muy entusiastas, El edificio tal como lo
tomaron necesitaba algunas refacciones, pero el precio de la renta era bastante accesible. No es
muy grande pero si muy bello, de reminiscencias góticas, distribuido en dos plantas.
Exteriormente tenía sus paredes revestidas en piedra de tono claro rematando en un techo a dos
aguas de pizarra negra. Por las paredes del frente trepaba una enredadera de hojas verdes que se
adherían a la piedra dándole un aspecto romántico. Desde el patio trasero bajaba una ancha
escalinata hasta el jardín poblado de árboles que en el verano arrojaban su fresca sombra sobre
el césped. Entre sus dependencias interiores había un cuarto con una bella alfombra blanca que
estaba reservado para Srila Prabhupada esperando su visita, la que se concretó en el año 1974
cuando llegó acompañado de varios ​sannyasis.​ Tenía también un cuarto en el que Prabhupada
recibía a sus visitantes, con una mesita rectangular de unos cuarenta centímetros de alto sobre
la que se encontraba una lámpara eléctrica de tulipa blanca, algunos libros, un florero con flores
frescas y una jarra con agua.

Harikesa puso a Sucandra a cargo del programa de instrucción de ​bhaktas​, un servicio que le
caía muy bien porque en la formación de las personas, ciertamente no hay nada mejor que
enseñar con el propio ejemplo. También estuvo a cargo de las finanzas del templo llevando
meticuloso registro de los ingresos y egresos.

Un día apareció por el castillo-templo una pareja de aventureros que estaba recorriendo Europa
en motocicleta, dos motoqueros argentinos que algunos años más tarde al ser iniciados
tomarían los nombres de Bhakti Shastri Das y Bhumi Devi. Estaban de regreso de una estadía
en un Kibutz en Israel. Sobre todo en esa época era normal para los jóvenes ir a un kibutz a
experimentar por algunos meses el estilo de vida agrícola comunal que se desarrollaba en esas
granjas. Naturalmente, su exploración espiritual no podía estar completa sin conocer el mundo
Hare Krishna y aquel parecía ser un buen lugar para quedarse un tiempo. Sin embargo esta
experiencia resultó ser muy diferente, los fundamentos filosóficos de este movimiento iban
mucho más allá de las nociones de comunismo, socialismo, capitalismo, o cualquier otro
“ismo”, estaban más orientados a cambiar la conciencia de las personas que a cambiar la
situación político económica de los países, y a diferencia de otras sociedades, esta parecía ser
más factible que otras más o menos utópicas que no llegaban a ser más que una corriente de
moda. Pudieron advertir que esta no era una situación experimental sino un proceso heredado
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de una cultura milenaria y fue así como se integraron volviéndose devotos.

La muchacha había llegado conduciendo una motocicleta de gran cilindrada, negra, al igual que
toda la ropa que vestían, chaqueta de grueso cuero, pantalones, guantes, pañuelo al cuello,
gafas, botas texanas, el estilo Harley Davidson. De algún modo habían leído un libro de Srila
Prabhupada y venían simplemente a hacerse devotos. Este joven, posteriormente Bhakti Shakti,
había estado observando a Sucandra y se convenció de la sinceridad de su servicio, a propósito
de un proyecto que se estaba desarrollando en su corazón por inspiración de Paramatma, así es
que un día se acercó a él y le contó que en Argentina, en la provincia de Córdoba, tenía una
granja con mucho campo, una casa y otras facilidades. Le dijo, “Sabes, mi mama está en
Argentina, es una mujer muy buena, con un gran corazón, y sé que si yo le hablo se va a volver
devota, siempre fuimos muy unidos”. Unos días después se le acercó y volvió sobre el mismo
tema, “¿Sabes que tenemos una finca allá? ¡Es un lugar muy hermoso que no estamos
aprovechando! ¿Qué se podría hacer con esa finca?”, a lo que Sucandra Dasa respondió casi de
un modo casual sin darle demasiada importancia, “¡Utilízalo para Krishna!”

Pero este líder de ​bhaktas ​había subestimado las intenciones de este nuevo devoto, tal vez ya
hubiera escuchado propuestas similares que nunca se concretaron y pensó que este sería otro
caso más. Al cabo de algún tiempo supo que él había regresado a la Argentina, que su mamá se
había hecho devota, que habían vendido el coqueto departamento que tenían en Buenos Aires,
en el elegante barrio de Palermo y se habían ido a vivir a la finca en Córdoba, más o menos
entremedio de Carlos paz y Alta Gracia, a tratar de desarrollar un proyecto consciente de
Krishna. No habían sido solamente palabras, o meros sueños sentimentales, ese devoto tenía
ideas muy serias y deseos sinceros de llevar la conciencia de Krishna a aquel remoto país.
Algún tiempo después este joven entusiasta se encontró con Harikesa Maharaja, quien tenía a
su cargo el desarrollo del Movimiento de Conciencia de Krishna en esta parte del mundo, y lo
entusiasmó hablándole de la granja. Inclusive le pagó un pasaje y lo llevó a conocer la granja
de Córdoba, de donde Harikesa Maharaja volvió muy ilusionado con grandes proyectos en su
corazón. Pero necesitaban un devoto mayor capacitado para que los guiara en ese proyecto.
Aunque rebuscaba en su mente buscando un candidato apropiado Harikesa no tenía la menor
idea de quién podría ser, pero el devoto recordó, “Estando en Frankfurt conocí a un devoto que
sabe español, ¡Sucandra!” Todo indica que Sucandra en un plano sutil siempre fue parte del
proyecto de instalar la conciencia de Krishna en Argentina, inexorablemente Bhakti Shastri
pensaría en su líder de ​bhaktas, ​en aquel devoto que –aun sin proponérselo- le había dado la
instrucción, “¡Utilízalo para Krishna!”, y a quien estaba muy apegado por sentir que su vida
espiritual había sido profundamente influenciada por él. “¿Por qué no traemos a Sucandra?”
parecía una simple proposición, pero en realidad era la mismísima base de todo lo que habría
de ocurrir en Argentina.

En septiembre de 1979 ​(VERIFICAR) Harikesa encontró a Sucandra Dasa en Berlín a punto


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de inaugurar un nuevo templo. Estaba muy atareado junto a otros dos devotos, Sivananda y
Gunnar, pintando las paredes de la casa y ultimando los detalles finales antes de la
inauguración, cuando Harikesa saliendo de sus pensamientos le preguntó de repente, “¿Tú
sabes hablar español?” Sucandra pensó un segundo antes de contestar, la pregunta lo había
tomado desprevenido y no podía imaginarse hacia dónde apuntaba. Cuando le respondió
lacónicamente que sí, al principio pareció no creerle mucho, pues durante todos esos años nadie
nunca supo que Sucandra hablara aquel idioma, pero cuando dijo algunas palabras en español
se convenció de que él era la persona indicada. Harikesa inclusive le dio un número de teléfono
para que llamara a Argentina, aun quería probar si realmente hablaba español. Sucandra llamó
y lo atendió el papá de prabhu Kaivalya, lo saludó presentándose, habló unas pocas palabras y
le dijo que tal vez pronto se conocerían personalmente. Eso fue suficiente, Harikesa le dio la
instrucción: “Mi querido Sucandra, toma una ​mridanga,​ unas ​kartalas -porque allá no tienen
nada- y un pasaje sólo de ida y ¡vete de inmediato a la Argentina!” Aquello era más importante
que tenerlo en un centro de predica de Berlín, en la visión de Harikesa eso lo podía hacer
cualquier devoto; era mejor que otros hermanos mayores lo remplazaran en ese servicio y él se
fuera a tratar de concretar esta misión.

Esta inesperada instrucción contrarió todos los planes que Sucandra se había forjado. Pensaba
que los próximos años se encontraría predicando en el recién inaugurado templo de Berlín, en
un ambiente que le resultaba familiar por su nacimiento, donde ya tenía experiencia de la
prédica y conocía la idiosincrasia de la gente, pero en cambio lo estaban destinando al otro lado
del mundo a un país desconocido del que nada sabía, excepto su idioma. Pero incluso el idioma
era algo que conocía someramente, lo que recordaba después de unos diez años de no
practicarlo, pues mientras estuvo en Alemania nunca tuvo oportunidad, ni necesidad, de
hablarlo, por lo que ya había olvidado mucho y su pronunciación no era buena tampoco. Sin
embargo, en esos momentos era quien se encontraba en las mejores condiciones para los planes
de expansión del movimiento. Por otra parte, un devoto completamente entregado a la misión
de prédica no tiene en cuenta sus propios planes, o su comodidad, y dejando de lado sus
propios intereses se dedica sin reservas a cumplir el deseo de los ​vaishnavas.​

LLEGADA A CHILE
Conocía a una persona que estaba cultivando personalmente que se encontraba en una buena
posición económica a quien le pidió que por favor lo ayudara con su pasaje, le contó de su
misión y de la instrucción que había recibido y este caballero aceptó pagar el importe total. Con
ese ​laksmi se fue a la Embajada de Chile y adquirió el boleto por la línea aérea nacional del
país, pues ese era el modo más económico de adquirirlo. Otro ​bhakta que apreciaba a Sucandra
le compró una valija para cargar las pocas cosas que llevaría en su solitario viaje.

Cuando se disponía a partir de Frankfurt donde estaba el único aeropuerto desde donde partían
los vuelos internacionales, el agente de Aduana lo observó intrigado y con un poco de
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desconfianza. ¿Por qué este joven querría ir a la Argentina con tan poco equipaje, lo cual
supone un pronto regreso, pero sin tener un boleto de vuelta? Le preguntó cuánto dinero llevaba
consigo y realmente no era mucho tampoco. Sucandra le aseguró entonces que no estaba loco,
le contó que era un monje del culto Hare Krishna y que iba a aquel país en misión de prédica.
El agente aduanero seguía observándolo con escepticismo. Sucandra comenzó entonces a
predicarle acerca del propósito de la vida humana y de cómo darle un valor ayudando a otras
almas condicionadas a revivir su conciencia perdida de Krishna, ¡y resultó! El agente selló su
pasaporte exclamando con resignación mientras se encogía de hombros, “Está bien, está bien,
¡es tu problema!” y le permitió abordar el avión.

Cuando llegó a la República de Chile en febrero de 1980 lo fueron a recibir al aeropuerto de


Santiago dos hermanos espirituales ​sannyasis, ​Jagajivan Maharaja y Pancha…? Maharaja. En
esos momentos las cosas en el templo de Santiago no estaban del todo bien, los devotos no
lograban ponerse de acuerdo sobre algunos aspectos de la administración y la prédica y el
humor en general no era de mucha cooperación. Particularmente Jagajivan Maharaja estaba
necesitando la ayuda de un devoto mayor y trató de persuadir de muchas maneras al recién
llegado para que se quedara allí, no estaba de acuerdo en absoluto con que estuviera de paso
con destino final Argentina.

Sucandra llevaba ya doce años como devoto comprometido, tenía un carácter firme, resuelto y
práctico, y además llegaba con el respaldo de Harikesa Prabhu, el gurú designado por la
Comisión Directiva de ISKCON para administrar esa zona del mundo, por lo que se dedicó a
tratar de componer la situación. No obstante, sin la colaboración voluntaria de los devotos
locales, fue muy poco lo que pudo conseguir. Su salud tampoco era buena, pasaba muchos días
recostado enfermo, en un principio su flora intestinal se vio afectada por el cambio de
alimentación y el agua, tenía diarreas y cólicos que elevaban su temperatura y le producían
debilidad corporal. De vez en cuando mejoraba, pero al cabo de algunas semanas volvía a caer
enfermo. En esos momentos Jagajivan, sin ninguna mala intención pero tratando de conseguir
un necesario apoyo para su misión, le decía, “Sucandra, no vayas a la Argentina, allí no pasa
nada, las cosas están muy difíciles, no tendrás oportunidad de predicar, quédate acá por favor”.
Los otros devotos, tal vez por la barrera cultural, tal vez por el idioma, pues Sucandra al fin y al
cabo se expresaba principalmente en inglés, o tal vez porque no terminaban de aceptar su
posición, no lo cuidaban mucho. Aquella fue una corta época de adaptación a su nuevo
ambiente, pero ciertamente sus capacidades se estaban diluyendo sin mayor provecho.

LLEGADA A BUENOS AIRES


Mientras tanto en Argentina estaban esperando ansiosamente su aparición, tal como se lo había
prometido Harikesa a Kaivalya Dasa en reiteradas comunicaciones. El movimiento de
Conciencia de Krishna había encendido una pequeña llama gracias al esfuerzo de otros devotos
que habían ido algunos años atrás, pero estaba prácticamente estancado y necesitaba
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urgentemente de alguien que le diera un impulso decisivo. Srila Prabhupada, quien ya había
puesto sus pies de loto en América del Sur, en Caracas, en el año 1975, por alguna razón había
creido que Argentina era un campo muy propicio para establecer su movimiento y estaba
derramando sus bendiciones para que esto sucediera.

Cansado de las demoras y de las excusas y enterado de las intenciones de Jagajivan Maharaja,
Kaivalya Dasa que era el presidente del incipiente templo de Buenos Aires, les pidió a los
devotos que fueran a buscarlo. Viajó entonces a Santiago de Chile con Ujana Dasa en la
camioneta de Bhakti Shakti y trajeron a Sucandra casi imperiosamente a la Argentina.
Jagajivan que además era co-GBC junto a Harikesa de Argentina aprovechó el viaje y también
viajó con ellos con la esperanza de que Dios todo lo puede y ¿quién sabe? ¡Tal vez podría
traerlo de vuelta!

Luego de ser reubicado en Argentina en febrero de 1981, se encontró en otro destino peligroso
ya que el país se encontraba bajo el régimen militar. Desde marzo de 1976 una junta militar
gobernaba el país que entre sus primeras medidas dictó la Ley de Toque de Queda y algunas
libertades personales quedaron restringidas. Todas las personas estaban siendo vigiladas bajo la
sospecha de cooperar con los subversivos y con el paso de los años se hizo evidente que
muchos miles de personas habían desaparecido bajo el imperio de las fuerzas armadas. Aunque
la libertad de culto estaba legalmente garantizada por la Constitución Nacional, en la práctica
se encontraba censurada. Incluso la Iglesia católica que es la religión preponderante y oficial
sufrió persecución y algunos sacerdotes corrieron la suerte de los “desaparecidos”. Ciertamente
eran tiempos muy difíciles para predicar doctrinas que por la mera y burda ignorancia de los
guardianes de la verdad, atentaban contra los valores tradicionales de la patria. Eran tiempos en
los que el idealismo y el patriotismo estaban fuertemente exacerbados y las ideologías de la
extrema derecha y de la extrema izquierda eran defendidas con igual pasión por ambos bandos.
En el medio, la gente común trataba de trabajar y estudiar “sin meterse en nada raro”. De ahí
surgió una suerte de premisa que aconsejaba, “No te metas”, y permitía con su indiferencia que
ocurrieran muchas injusticias a la vuelta de su propia casa. Toda América Latina se encontraba
bajo la misma política, resabios de la lucha fría que en Estados Unidos y Europa ya había
enfrentado a los capitalistas y los comunistas.

El propio Sucandra pensó una vez que de no haber empuñado el Bhagavad-gita hubiera tomado
un arma para luchar, porque el estado de las cosas era insostenible para cualquier persona
comprometida con el bienestar del prójimo. Como él, muchos jóvenes argentinos que en la
frescura de su juventud veían cómo sus mayores se habían entregado a una lucha
verdaderamente sucia, estaban anhelando las enseñanzas místicas, trascendentales y milenarias
contenidas en el más grande clásico de la literatura de la lejana India.

Sucandra, aunque sin el menor interés por la política o intensión de solucionar los problemas
materiales siempre cambiantes de este país, sabía como discípulo de Srila Prabhupada que tenía
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la herramienta para traer paz y felicidad a la población en general, la conciencia de Krishna,


que era completamente superior a cualquier ideología mundana. Los jóvenes por su parte se
sentían atraídos por una filosofía que le diera sentido a sus vidas.

La palabra “trascendental” que aparecía reiteradamente en la literatura y en la oratoria de la


conciencia de Krishna era particularmente atractiva, para muchos incluso, era la primera vez
que la oían y se sentían fascinados por aquella superación de las nociones ordinarias del “bien”
y del “mal”.

Para cuando Sucandra Dasa llegó a Buenos Aires en febrero de 1981 ya habían unos poquitos
devotos pioneros en quienes había sido sembrada la semilla del ​Bhakti, a​ hora estaban
esperando la guía y la inspiración de un devoto mayor y con mucha experiencia en la prédica
que fuera capaz de concretar el sueño que guardaban en sus corazones de ver a miles y miles de
​ are Krishna. Sucandra fue muy apreciado por
otros jóvenes cantando el ​maha-mantra H
aquellos devotos desde el mismo comienzo, su liderazgo estaba reconocido, su criterio era
totalmente compartido, lo único que tendrían que hacer era cooperar intensamente con su visión
y trabajar armoniosamente.

En los años venideros hasta el regreso del país a la democracia en el año 1983, se vieron
obligados a predicar de manera encubierta pues el movimiento para la Conciencia de Krishna
había sido proscrito por el gobierno militar. Se dejaron el pelo largo, los que usaban ​sika en
algunas ocasiones inclusive se colocaron pelucas para no delatarse. Mientras circulaban por la
Ruta 9 hacia Rosario era frecuente encontrarse con algún puesto de control. Al detenerse junto
a los soldados eran sometidos a un pequeño interrogatorio, “¿A dónde se dirigen? ¿De dónde
vienen? ¿Motivo del viaje? Permítanme sus documentos por favor”. Mientras tanto miraban el
interior del auto y revisaban el baúl buscando armas, literatura, panfletos, cualquier cosa que
pudiera significar lo que a su criterio pudiera significar algún peligro para lo que dieron en
llamar el “Proceso de Reorganización Nacional”. De pronto algo les llamaba la atención, “¿Qué
es ese collar que lleva en el cuello? Parece algo de homosexuales, ¿no?”, decían con un gesto
raro de repugnancia y desconfianza a la vez.

Sucandra Dasa algunas veces iba al volante, otras de acompañante, pero siempre con la misma
confianza de estar protegidos por Krishna y los demás devotos tranquilos confiando a su vez en
la protección de Sucandra. Afortunadamente nunca tuvieron ningún incidente grave mientras
llevaban algunos libros escondidos, otra vez, entre la ropa y los bolsos. Todas estas
precauciones, como las de no mostrarse en las calles, cantar durante los programas en voz muy
baja, o procurarse recursos vendiendo cosas que no tenían otra relación con Krishna más que
dedicarle a Él todos sus frutos, hizo lento el progreso del movimiento en el país, pero al menos
mantuvo encendida, y muy fuerte, la llama del ​bhakti en el corazón de cada devoto que vivió
por aquel entonces –como reconocerían algunas décadas después- los mejores años de su vida.
Sucandra tenía una convicción tan profunda, un impulso tan arrollador, una energía tan potente,
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que su sola presencia era suficiente para mantener el entusiasmo de los devotos. Pero no era
solamente su presencia que en cada detalle y en cada gesto denotaba a un auténtico devoto de
Krishna, sino también sus palabras y sus actos. Siempre los estaba alentando con una prédica
sólida y totalmente consistente, sin la menor fisura, valorando cada esfuerzo, transmitiendo su
agradecimiento y su aprecio a cada instante. La vida sin la conciencia de Krishna no tenía
ningún valor. Ninguna otra empresa o propósito podía darle a la vida mayor valor que la
conciencia de Krishna. La conciencia de Krishna era la sustancia misma del alma, sin la cual
todo lo demás era ilusorio, ​maya,​ momentos de felicidad fluctuante que terminarían
irremediablemente con la muerte. Si alguien quisiera dedicarse a alguna actividad altruista tenía
que saber que cualquier bienestar para el cuerpo o la mente es inútil si no se rescata al alma del
olvido de Krishna.

​ rila Prabhupada, cada aliento de su


Al igual que su maestro espiritual, el fundador ​acarya S
respiración, cada esfuerzo de su energía, cada pensamiento, cada palabra, estaba dedicada a la
expansión del movimiento de conciencia de Krishna, y esto tenía completamente cautivados a
los devotos. Aparte de un ejemplo semejante, nunca habían visto una personalidad que siquiera
se aproximara a él. Esto era lo que hacía tolerable también el grado de exigencia que él requería
del servicio devocional de todos, pues el cuidado del detalle, la eficiencia, el autocontrol de la
mente eran cosas que siempre estaban bajo su celoso cuidado.

Por encima del trabajo consciente de Krishna estaba el cantar las rondas con esmero, asistir
puntualmente a los programas espirituales, el cuidado personal interno y externo. Bajo
semejante impulso el avance espiritual personal y simultáneamente la propagación del
movimiento, serían imparables, tal como lo había vaticinado Sri Caitanya Mahaprabhu, “… en
cada pueblo y aldea…”

El templo de Vicente López


El primer centro de prédica que tuvieron los devotos, puesto que llamarlo templo podría sonar
un tanto presuntuoso aunque se tratara precisamente de eso, un templo para la adoración de Sri
Sri Gaura Nitay, estaba en la casa del papá del devoto que ejercía como presidente, el muy
magnánimo Prabhu Kaivalya, quien había recibido la iniciación de Srila Prabhupada por
correspondencia sin que por ello la ceremonia fuera menos emotiva o trascendente. El nombre
de Kaivalya Dasa ha quedado por siempre grabado en los anales de la historia del movimiento
en este país por sus cualidades especiales.

Prabhu Kaivalya conoció a los devotos en la ciudad de Buenos Aires siendo muy joven, a los
17 años y de inmediato se sintió identificado con ellos. Aunque era apenas poco más que un
niño tenía hacia la gente en general una visión de bastante crítica debido a su estilo materialista
de vida; observándolos en la calle deambulando delante de las vidrieras o viajando abarrotados
en los trenes solía pensar, “están todos locos”. En el otoño del año 1977 hubo un gran éxodo de
devotos de la Argentina debido al peligro que significaba profesar la conciencia de Krishna en
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un país gobernado por sus fuerzas armadas. Muchos se auto exiliaron marchándose al Perú,
Brasil, la India y Europa, pero Prabhu Kaivalya junto a otros cuatro devotos más
permanecieron valientemente en Buenos Aires, reuniéndose ocasionalmente cada vez que
podían para desarrollar su conciencia de Krishna. El 14 de noviembre de 1977 mientras
celebraban la gloriosa partida de Srila Prabhupada de este mundo llegó la policía y los detuvo a
todos, aunque afortunadamente pudieron recuperar su libertad apenas veinticuatro horas
después. Uno de aquellos devotos tenía en su casa miles de revistas ​Back to Godhead y después
de lo ocurrido pidió deshacerse de ellas a causa del temor, que por otra parte era
completamente justificado, así es que Kaivalya junto a Dharu Krishna Das se arriesgaron y se
llevaron todas esas revistas y libros a su casa en Vicente López en una camioneta, atravesando
toda la ciudad con el peligro de ser detenidos otra vez, para guardarlos en el sótano donde se
reunían a observar su limitado programa espiritual.

Allí, después de atravesar el garaje y bajar por una escalerita, uno se encontraba con una foto
grande de Srila Prabhupada pegada en la pared y un pequeño altar con un cuadrito de Sri Panca
Tattva. Pero debían estar muy alertas todo el tiempo, solamente ver pasando cerca un automóvil
Ford Falcon verde, o un Unimog (carro de combate), era suficiente para alarmarse y sentirse
atemorizado.

PRABHU KAIVALYA

Kaivalya tenía un carácter tan dulce y amable que parecía la encarnación de la misericordia,
todos aquellos que ocasionalmente llegaban a conocerlo se llevaban una excelente impresión
del movimiento de la conciencia de Krishna, solamente por contemplar su sonrisa y la dulzura
de su expresión al hablar de Krishna. Por las mañanas temprano de madrugada iba
personalmente al cuarto de los ​bhaktas y​ los despertaba tocándolos suavemente en el hombro
diciéndoles con una sonrisa, “Vamos, es hora de levantarse para ir a adorar al Señor”. Siempre
tenía tiempo para todos, siempre estaba de buen ánimo, cantaba melodiosamente como un
Gandharva, tocaba con gran destreza todos los instrumentos devocionales, nada parecía
imposible para él. Los años durante los cuales fue presidente del templo de Buenos Aires se
conocieron como la Edad de Oro y aunque después vinieron muchos años también de
expansión y crecimiento, esa época nunca será olvidada. Algunos años después cuando dejó el
cuerpo a la edad de cuarenta y cinco años a causa de un cáncer, en su cuarto rodeado de
devotos que vinieron de todas partes del mundo para despedirse de él, pedía que le
administraran la morfina que mitigaba su dolor en pequeñas dosis para mantenerse totalmente
completo. Al ver el temor en el semblante de algunos ante la presencia de la muerte, tan
cercana, tan palpable, con su rostro descarnado acechando al ​vaishnava, les dijo con
naturalidad y con su talento para la prédica intacto, “No teman, no tienen que tener miedo,
porque Krishna y Srila Prabhupada están siempre con nosotros”. Cuando Muktinath Das le
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preguntó qué era lo más importante en su agonía, él respondió que el amor, que si todo el dolor
que estaba sintiendo –que era inmenso- servía para reunir tanto amor en torno a él, lo aceptaba
de buena gana.

Sriman Kaivalya dejó su cuerpo con las bendiciones y en la compañía de muchos ​vaishnavas
cantando Hare Krishna, sólo es posible imaginar el mejor destino para una gran alma como él.
Finalmente el 13 de marzo de 2003 se llevaron a cabo los ritos funerarios, encontrándose a
cargo su gran amigo Bhakti-bhusana Swami con la colaboración de Jayapataka Swami
Maharaja, quien tomando el micrófono pronunció palabras muy bellas de alabanza al
vaishnava​. Mientras tanto Bhakti-bhusana hacía los rituales purificándose primero con
acamana, l​ uego mezcló las cenizas con ​pancagavia ​y pronunció los ​mantras a​ nte la presencia
de cientos de devotos mayores y ​sannyasis q​ ue cantaban el ​maha-mantra ​Hare Krishna en un
kirtan e​ xtático​. Luego ambos gurús seguidos por todos los demás entraron al río y con una
mano cada uno asieron juntos el ánfora y entregaron las cenizas a madre Ganga.

En un principio los devotos estaban instalados en la propia casa de Kaivalya, en la calle


Sarmiento 1717, a la altura de la Av. Maipú al 700, en Florida, Vicente López, un barrio
cercano a la Capital Federal. Inicialmente vivían en el sótano, pero después la abuela de
Kaivalya les dejó el departamento para que estuvieran más cómodos. En realidad eran dos
departamentos separados con entradas independientes y ella terminó cediéndoles uno de ellos
completamente. Allí vivían Tulsi Dasa, Antyariami Dasa, el propio Kaivalya,
circunstancialmente algún otro devoto y ahora también Sucandra, pero en verdad era muy poco
lo que podían hacer, estaban muy paranoicos debido a la amenaza que significaba el gobierno
militar y no se atrevían a predicar abiertamente, lo que estaba debidamente justificado pues
durante esa época no solamente gente de la política sino también muchos artistas y periodistas
tuvieron que emigrar a otros países como México y España ante la amenaza de “desaparecer”.

El ​bhakta Horacio Vengerow recuerda que la primera vez que fue a ese templo fue un día de
semana, alrededor de las 18 hs. Después de tocar el timbre, al cabo de unos minutos se abrió
una pequeña ventana y oyó a alguien que lo saludaba tímidamente con voz suave, ¡Hare
Krishna! El nerviosismo de su voz denotaba también el temor ante la posibilidad de que el
visitante fuera un policía y el ruego de que no lo fuera. El nombre de aquel devoto era Rupa
Goswami Das, lo hizo pasar y aunque no tenía ningún Bhagavad-gita, que es lo que el visitante
había ido a buscar, lo invitó a escuchar una clase basada de esa obra. Subieron las escaleras
hasta un pequeño cuarto, dejó su calzado en el zapatero donde le habían indicado con un rápido
ademán y entraron al templo propiamente dicho. Las paredes estaban revestidas con placas
acústicas para evitar que los sonidos llegaran a la casa del vecino; en un rincón había un
mueble cerrado que al abrirse mostró un pequeño altar ante el que se inclinaron con gran
reverencia las cuatro personas que se encontraban allí aparte de él mismo murmurando algún
mantra. A partir de aquel momento lo impresionó el profundo sentimiento que guardaban
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aquellas personas llevando sus manos al pecho, contemplando las imágenes con ojos
anhelantes. Un momento después ingresó Sucandra, un muchacho de cabello rubio que después
de cantar con ellos una breve canción les ofreció una clase en inglés. Sentada a un costado de él
había una señora de aspecto digno que traducía la conferencia, era Visaka Devi, quien llevaba
en su corazón el profundo dolor de la pérdida reciente de su querido hijo. Cuando no hallaba las
palabras adecuadas para traducir Bhakta Horacio la ayudaba y así Sucandra prestaba atención a
su participación, aunque por otra parte era el único invitado y naturalmente habría de captar su
interés. Al final cuando llegó el espacio para hacer preguntas la charla siguió en español, a
Sucandra le costaba pero era evidente que estaba haciendo un gran esfuerzo para familiarizarse
con la pronunciación local del idioma y perfeccionarse. Esta circunstancia de dificultad en la
que uno trataba de expresarse y el otro se esforzaba por interpretar lejos de interferir en la
comunicación, produjo un efecto contrario generando un vínculo y una intimidad que los
acercaba, una “técnica” que Sucandra usaría con mucha frecuencia en el futuro para mantener
viva la atención de su audiencia que se esmeraba intentando poner en su boca las palabras
apropiadas que él no podía encontrar.

Sucandra le hizo algunas preguntas, lo invitó a tomar ​prasadam con ellos y luego lo animó para
que volviera a visitarlos al día siguiente para completar la lectura del capítulo que estaban
leyendo. Cuando las devotas trajeron las ollas Sucandra sirvió los platos explicándole de qué se
trataba cada preparación. Los domingos iban algunas pocas personas más y a los más
interesados se los invitaba a pasar a un cuarto en el fondo para tener una entrevista más íntima
con Sucandra, era la oportunidad de ser instruidos particularmente, personalmente, por este
carismático devoto.

Unos días más tarde llegó de Brasil otro devoto que impresionó intensamente a Horacio por su
caracter, se trataba del presidente del templo, prabhu Kaivalya, quien junto con Sucandra
hacían un equipo excelente de predicadores, aunque esta taréa era muy difícil porque no tenían
libros aún. A veces venía algún viajero desde el extranjero y dejaba algunos libros que había
pasado de contrabando en su mochila.

Un día, durante la primavera del año 1982, Horacio se atrevió a hablar en el gimnasio al que
concurría a ejercitarse físicamente con su profesora de yoga y ofrecerle una sesión de música
hindú, “¡nada que ver con religión!”, le aseguró. Sólo un poco de música con instrumentos
típicos de la India. Así se armó la banda con Sucandra en el harmonio, Kaivalya con la
mridanga y las devotas con las kartalas. ¡Y funcionó muy bien! Quedaron todos encantados.

En otra oportunidad, a través de otra amiga que era profesora de yoga en la Universidad del
Salvador, hizo contacto con un sacerdote que estaba a cargo del Teatro de la Cova, una sala
prestigiosa ubicada debajo de una capilla en Avenida del Libertador y Alvear, en Martínez, e
hicieron un recital con algunos otros músicos invitados. Era una sala en la que se presentaban
regularmente los músicos nacionales más importantes del rock progresivo, tales como Espineta,
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Raúl Porqcheto, o Seru Giran liderada por Charly García. En la puerta del teatro sobre la vereda
había un cartel que anunciaba “Música de la India y su similitud con la Música Andina”, una
propuesta muy interesante para la juventud principalmente. El escenario estaba virtualmente
dividido en dos, en un lado los devotos cantando Hare Krishna, en el otro lado un grupo de
jóvenes tocaba música andina y del Altiplano con instrumentos tradicionaes, y una luz que se
encendía a intervalos sobre una parte del escenario y la otra, daba lugar a que cada uno, a su
turno, hiciera su ejecución.

En medio de todos ellos los devotos destribuían ejemplares de la revista Atma Tattva, el primer
número de todos los que habrían de aparecer en el futuro. Quizás lo más valioso que podía
ofrecer esta revista, aún más que sus interesantísimos artículos, era que proveía una dirección a
la cual podían dirigirse todas aquellas personas que, sintiéndose intrigadas e inspiradas por el
show, tuvieran el deseo de comenzar en la práctica, más allá de sus sueños y fantasías, la vida
espiritual propiamente dicha. Como balizas flotando en la oscuridad del mar de la ignorancia y
el desconcierto, esas revistas podían no solamente entretenerte e informarte un rato, sino
también dirigirte hacia el puerto seguro del templo Hare Krishna.

Aquel programa en el Teatro de la Cova resultó en ¡otro éxito! Con el agregado que entre el
público se encontraba la Directora de la Casa de la Cultura de San Isidro, quien les propuso
hacer un programa. Esto fue todavía mejor que lo anterior, la sala estaba ubicada frente a la
Catedral de San Isidro, en medio del ambiente bucólico colonial de la zona. La propia
Municipalidad promocionó el recital con afiches que pegaron por toda la ciudad los devotos y
una asistente de la Dirección de Cultura, la Sra. Soledad Aquino, esposa del conductor de
televisión Marcelo Tinelli. Ella también conocía al embajador de la India y lo invitó al
programa, quien aceptó de muy buen grado y asistió junto a toda su familia. Pero lo más
impresionante fue que la gente que salía de la misa que diariamente se celebra a las 19 hs.
escuchó la música y comenzó a entrar espontáneamente; se sentaban donde podían, en
cualquier parte, porque la sala estaba colmada. Mucha gente escuchando los ​bhajams​, tomando
prasadam y comprando suvenires. Sucandra cantó durante una hora entera sin parar
glorificando al Señor y aunque la gente estaba encantada, nunca se percató de que estaban entre
devotos del culto milenario de Krishna, en parte porque las únicas que llevaban ropa
devocional, tan solo ropa tradicional para los demás, eran las devotas, pues los devotos vestían
solamente elegante sport.

El embajador estaba a punto de partir de la Argentina porque recientemente había sido


destinado a otro país, pero estaba tan satisfecho que dejó a su sucesor la recomendación de
mantener el contacto con sus nuevos amigos, los devotos. Pasado un tiempo llegó al templo de
Vicente López una agregada cultural de la Embajada de la India, que además era profesora de
sánscrito; quizás la lengua sagrada fuera su principal interés, más que la filosofía, y por eso
asistía a escuchar las clases, pero hizo mucho más que eso porque concertó una visita para
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presentar a los devotos ante el nuevo embajador. Cuando éste los recibió tuvieron una grata
sorpresa, pues no solamente era una excelente persona, muy culta y agradable, sino también
que cuando Sucandra le preguntó su opinión acera del movimiento, él les contó una anécdota:
algunos años atrás él encontrándose en los Estados Unidos en un cargo mucho más humilde, se
desempeñaba como empleado en la Embajada de Nueva York y ¡era él la persona que le sellaba
el pasaporte a Srila Prabhupada cada vez que renovaba su visa!

Estando en el templo de Vicente López viajó a Alemania con la misión, entre otras cosas, de
colectar el ​laksmi s​ uficiente como para comprar una camioneta. Fue una pick-up Peugeot,
nueva de color rojo, estaban todos muy contentos con la adquisición pero durante el primer
viaje que realizaron se fundió el motor a mitad de camino, por lo que tuvieron que continuar en
tren cargando todas las cosas que llevaban en la caja. Con él iban Narottama Dasa y Aryama
Dasa. Es fácil imaginar el mal humor que puede generar una desavenencia como esta,
encontrarse en la ruta con la camioneta nueva, recién comprada, parada echando humo por el
capot con el motor fundido, arrastrar el vehículo con una grúa hasta un taller y buscar quien los
lleve hasta una estación ferroviaria para continuar, pero Sucandra tenía una capacidad increíble
para recuperarse basada en una paciencia a prueba de infortunios y, confiando en Sri Krishna,
nunca se desanimaba.

Más tarde, después de hacer todos los engorrosos trámites de rigor, Peugeot reemplazó y colocó
un motor nuevo cumpliendo con la garantía. Siempre que viajaban Sucandra era quien conducía
porque no confiaba mucho en sus jóvenes acompañantes, ellos dormían mientras él manejaba y
luego cuando llegaban a destino cocinaba para todos y además daba las clases; los devotos en
cambio tenían una misión primordial casi exclusiva: ​sankirtan, e​ invitar a la gente a venir a los
programas.

Él solía viajar por las provincias del interior del país, a Córdoba, Rosario, Mendoza, Neuquén,
Río Negro, donde sea que hubiera algún contacto, cultivaba a esas personas durante unos días y
luego enviaba a los devotos a aquellos sitios para que abrieran templos. Y no sólo Argentina,
sino también Uruguay y Paraguay, pero siempre regresaba a Buenos Aires. En aquella etapa de
su vida estaba muy identificado con la prédica en la Argentina, sentía que aquel era su lugar y
desde allí viajaba hacia todas partes para inspirar a los devotos. Ellos por su parte se
encontraban tan bien formados, llevaban impresa con tal fuerza los principios devocionales,
que con muy poco apoyo podían desarrollar los templos y hacer más devotos en cada lugar. La
formación de devotos de Sucandra era tan impresionante que desde todas partes de Sudamérica
iban a Buenos Aires a entrenarse.

Los viajes a Chile también eran frecuentes, haciendo una travesía desde el océano Atlántico
hasta el océano Pacífico. Por lo general viajaba solo, algunas veces abordando un tren y otras
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en colectivo, pero siempre en jornadas larguísimas. Lo más rápido era el colectivo, pero de
todas maneras el trayecto de mil cien kilómetros hasta la necesaria escala en la ciudad de
Mendoza insumía unas dieciséis horas. Hacerlo en tren era un poco más cómodo que la butaca
de la sofocante atmósfera del colectivo, pero aún sin contar las frecuentes demoras, la distancia
se cubría en unas veinte horas.

Los devotos lo llevaban en la camioneta hasta la estación Retiro llevando su valija y un morral
con ​prasadam,​ lo despedían y el tren o el colectivo partía para el extenuante viaje. Allí a bordo
tomaría ​prasadam,​ leería, dormiría un poco, leería mucho, miraría el paisaje por la ventana, esa
monotonía de campos incultos que de cuando en cuando quebraría la llegada a alguna ciudad
intermedia.

Al llegar a Mendoza, la ciudad de las acequias, recorría la arbolada avenida Las Heras hasta
llegar a la terminal de ómnibus para comprar el boleto Mendoza-Santiago de Chile. Como
todavía faltaban entre cuatro y seis horas para emprender la segunda parte del viaje, se dirigía
hasta una plaza cercana para tenderse en el pasto a la sombra de algún afortunado árbol que le
prestaba el servicio de protegerlo del ardiente sol, y comía algunos tomates y frutas que había
comprado de pasada en alguna verdulería. Siempre apreciaba esos enormes tomates rojos y
fragantes, muy sabrosos porque llegaban desde las fincas cercanas directamente hasta la
estantería del comercio, muy distintos de aquellos recolectados aún verdes y madurados
durante el transporte como los habría probado en Europa.

Durante este breve paseo oblibado, inclusive desde la plaza que está detrás del Hospital Central
o desde la Plaza San Martín podía ver mirando hacia el oeste las montañas altísimas con nieves
eternas que dentro de algunas horas tendría que superar.

El cruce de la Cordillera de los Andes por vía terrestre es posible gracias a una proeza de la
ingeniería que en lo más alto, a 3.200 metros de altura, tiene un largo túnel de un poco más de
tres kilómetros de largo. En aquella época como en la actualidad, tanto la subida en territorio
argentino como la bajada en territorio chileno, es de gran peligrosidad porque siempre
transcurre siguiendo el curso de un río al borde de precipicios y repleto de curvas muy cerradas.
El paisaje quita el aliento con su belleza de imponentes montañas nevadas donde se divisa
inclusive el Cerro Aconcagua, el pico más algo de toda América, pero definitivamente no es
apto para las personas impresionables. Al salir del túnel uno se encuentra con un enorme
desnivel de prácticamente mil metros que se debe descender vertiginosamente en los llamados
“caracoles chilenos”, treinta y tres curvas sucesivas intestinas, para continuar luego por una
ruta más regular hasta Santiago.

Esta descripción de una de las rutas más peligrosas del mundo donde todos los años ocurren
muchos accidentes no tiene fines turísticos, es solamente para tratar de plasmar los enormes
sacrificios que hacía Sucandra para visitar a los devotos chilenos. Más de un día de viaje
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agotador por difíciles rutas, camino de ida y unos pocos días después, de regreso.

En una oportunidad hizo ese viaje junto a un par de devotos de manera más arriesgada todavía,
en camioneta y ¡en época invernal! A partir de la localidad de Uspallata ubicada a unos cien
kilómetros antes de llegar a la frontera, la última oportunidad para cargar combustible, tuvieron
que calzar cadenas como es obligatorio para romper el hielo que se forma sobre el pavimento.
Las temperaturas que promedian los diez grados bajo cero, las heladas, las nevadas y el viento
blanco son las condiciones normales de esa región. Cuando llegaron a Santiago se dieron
cuenta de que los tramos sueltos de las cadenas colocadas en los neumáticos habían destrozado
los protectores internos de los guardabarros del vehículo.

Pero Sucandra parecía no reparar demasiado en estos riesgos, sentado en la plaza mientras
hacía tiempo para hacer la segunda parte del viaje, veía a la gente pasar haciendo sus cosas y
solamente pensaba que todos ellos eran devotos de Krishna y que alguna vez no estaría ya solo
en aquel lugar sino rodeado de buenos devotos en un templo.

LA GRANJA DE CÓRDOBA
En la provincia de Córdoba estaba el proyecto de granja que se estaba desarrollando a unos
pocos kilómetros de la localidad de Alta Gracia, en un paraje al que se llegaba por un camino
sin asfaltar ligeramente sinuoso que iba ascendiendo poco a poco por la cuesta. Al trasponer la
tranquera se terminaba el camino y seguía una huella hasta llegar a la antigua casona de paredes
blancas y techo de tejas rojas. Estaba ubicada en un predio de varias hectáreas en medio de
pequeñas colinas cubiertas de vegetación. Todo el horizonte estaba rodeado de estas colinas
bañadas por el sol, bajo un cielo diáfano y azul. Era un lugar muy bello, muy natural, con un
clima muy bueno, ni muy húmedo ni muy seco, ni muy frío ni muy cálido. Esa era la granja de
la que había hablado Bhakti Shastri y había provocado que Sucandra fuera destinado a este
rincón del mundo. La mamá del devoto era colombiana, estaba separada de su esposo que era
diplomático, y ahora después de haber vendido el departamento de Palermo estaba viviendo allí
con los devotos, cantando rondas y asistiendo a los programas.

Precisamente en el momento en que llegaba Sucandra Dasa a la finca acompañado de Bhakti


Shastri Dasa, Menaka y Bhumi Devi Dasi regresaban de un paseo a caballo por las cercanías, lo
que las puso en una posición ligeramente incómoda porque era evidente que estaban
disfrutando en el sentido materialista y sabían que este devoto ​brahmacari no lo aprobaría. De
cualquier manera, para Menaka Devi Dasi esta era la primera vez que lo veía y lo primero que
sintió aún desde arriba de su caballo al verlo ahí parado, fue que se encontraba frente al Señor
Caitanya, “el ​avatara dorado”, con su cabello rubio rapado y una ​sika muy prolija, ojos azules
de mirada clara y su ropa de color azafrán. “Era evidente que estaba en presencia de una
persona muy pura”, recordaría años más tarde con su asombro aún intacto. Quedó tan
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impactada por su presencia que no pudo decir nada, ni para saludarlo, ni para darle la
bienvenida, como hubiera sido más apropiado.

Aunque el lugar era muy bello y tenía potencial para desarrollar una granja autosuficiente
consciente de Krishna bajo el slogan de Srila Prabhupada, “Vida simple y pensamiento
elevado”, la verdad es que estaba demandando mucho dinero para su mantenimiento y no
producía nada. Srila Prabhupada, entre muchos otros ambiciosos proyectos, estaba intentando
introducir en Occidente la cultura ​varnashrama dharma​, en centros rurales donde los devotos
podrían llevar una vida centrada en el desarrollo espiritual, lejos de las ciudades, en medio de la
paz que provee la naturaleza, produciendo sus propios alimentos. En los Estados Unidos se
había fundado en Virginia un proyecto rural llamado Nueva Vrindavan, como así también en
algunas ciudades de Europa donde estaban progresando en este sentido, por lo que los devotos
de Argentina estaban también entusiasmados con la idea.

Pero la explotación agrícola a una escala rentable, incluso meramente para su propio sustento,
requería de un capital y una mano de obra que por el momento no estaba disponible, ya que
todos los devotos que allí se encontraban apenas sumaban siete u ocho. Por otra parte, la
instalación de un tambo para la producción de leche y derivados lácteos requería de
instalaciones y cuidados veterinarios que tampoco estaban al alcance por ese entonces. El
cuidado de las vacas dentro de los estándares ​vaishnavas es una prioridad que va mucho más
allá de un resultado económico y, en cambio, tiene por eje central el bienestar de estos animales
tan queridos por Krishna. La salud y el buen estado en general de las vacas es una enorme
responsabilidad. En Occidente, donde la matanza de miles de vacas indefensas en los
frigoríficos es moneda corriente, se refieren con sorna a esta cultura como “la vaca sagrada”.
En lugar de eso se trata de la más elemental compasión y respeto por las entidades vivientes
sensibles, que no deben su vida a ninguna otra cosa que la chispa divina, parte y porción de
Krishna, que habita en sus corazones. Sin distinción superflua y clasista de entidades vivientes
superiores e inferiores, o que en todo caso, considerando al hombre superior por su mayor
desarrollo de conciencia e inteligencia, debería distinguirse por usarla para proteger a los más
débiles y no para aprovecharse de ellos al punto de matarlos para comérselos.

La mamá de Bhakti Shastri era una dama aristocrática y se veía un poco extraña en esa escena
campestre e improvisada. Había llevado consigo alrededor de cien pares de zapatos, sus
tapados y vestidos, lo normal para una dama de su posición, pero un tanto disparatado para la
situación actual. También vivían allí Atmarama Dasa, Bhumi Devi Dasi, Menaka, Mahamantra,
que era originalmente de Brasil, y algunos otros devotos, en total eran alrededor de nueve.
Solamente hacían el programa de la mañana, levantarse a las cinco, asearse, hacer ​mangala
aratika ​ante el altar improvisado presidido por ​Sri Panca Tattva​, leer el Srimad Bhagavatam y
cantar las rondas; el resto del día lo pasaban andando a caballo o haciendo caminatas
recogiendo cuarzos y otras piedras bonitas que habían desperdigadas por todo el lugar, todo
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ello subvencionado por la madre de Bhakti Shastri con el dinero proveniente de la venta del
departamento.

Sin mayores actividades, los días transcurrían en la estancia cantando rondas y leyendo, en un
clima de disfrute y sin mayores posibilidades de prédica. No más constatar esta situación
Sucandra decidió que debían trasladarse todos a Buenos Aires y centrar los esfuerzos allí donde
las perspectivas eran más prometedoras. Una de las características más resaltantes de Sucandra
era su sentido práctico y la decisión se tomó rápidamente; a los pocos días estaban en camino
de regreso en Buenos Aires. El viaje fue una aventura, como todo lo demás, en la camioneta
Peugeot roja que había comprado Sucandra. Él iba adelante manejando con Bhakti Shastri y los
demás iban atrás en la caja, con sus bolsos y algunos otros trastos. El viaje por la Ruta Nacional
N° 9 les llevó alrededor de catorce horas, cuando llegó la noche comenzó a hacer frío pero no
tenían otra cosa para cubrirse, más que sus bolsas de dormir con las cuales se cubrieron como si
fuera una carpa. Se veían muy graciosos y Sucandra se reía mucho y les hacía bromas todo el
tiempo para hacer más llevadero el viaje. De cualquier manera, todos eran muy jóvenes y se
divertían incluso en esas circunstancias, estaban volviendo a Buenos Aires, al templo que los
había visto partir unos meses antes, con el plan de colectar más fondos para retomar más
adelante el proyecto de Córdoba con más posibilidades.

Pero Córdoba, nunca dejó de ser un foco de prédica importante y desde un comienzo dio sus
frutos, pero en la ciudad capital, más que en la granja. Así fue como en 1983 Bhakti-bhusana
Swami les pidió a Menaca Devi y su esposo que fueran a predicar a esa ciudad, donde
alquilaron un pequeño departamento en la calle Orellano. Allí realizaban programas de prédica
y distribuían revistas Atma Tattva en la zona céntrica, junto a prabhu Atmarama. A los pocos
meses los invitados que asistían por mera curiosidad, o porque los había llevado algún amigo,
comenzaron a frecuentar cada vez más ese pequeño espacio para hacer servicio y
eventualmente muchos de ellos fueron iniciados formalmente en el canto de los santos
nombres.

El gran atractivo de ese templo, junto a la filosofía y la pureza de los devotos, era el prasadam
de Menaca Devi, preparaciones exóticas y suntuosas llenas de amor que ganaba el corazón de
los visitantes. Eran frecuentes las fiestas colmadas de bhajams, kirtan, lectura y mucho
prasadam, el arma secreta de Srila Prabhupada. Los cincuenta o sesenta invitados que solían
acudir no entraban en el living de cuatro metros por cuatro y participaban de la fiesta sentados
en la escalera porque el departamento estaba en un primer piso.

Después de un tiempo en el año 1985 consiguieron mudarse a un espacio más grande en el


Barrio Observatorio, en la calle Paso de los Andes. Allí pudo instalarse prabhu Dvarka se
instaló a producir sahumerios para contribuir al mantenimiento del templo y Muni Devi
cocinaba para todos para que hasta el último devoto pudiera salir a sankirtana. El templo se
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mantenía así lleno de vida y cada vez más gente conocía la conciencia de Krishna.

Las visitas de Bhakti-bhusana Swami fueron frecuentes para supervisar, predicar y complacer a
los devotos, quienes siempre estaban ansiosos esperando la oportunidad en que volverían a
tener su compañía, aunque fuera por unos pocos días. Además debía controlar de cerca todo lo
relativo al BBT porque era el encargado, una tarea difícil de delegar dado los continuos
desfasajes que solían provocarse cuando los templos utilizaban los libros para financiarse y
contraían deudas que después no podían honrar adecuadamente. Un tema para nada nuevo con
el que Srila Prabhupada mismo, el fundador acarya del movimiento, tuvo que lidiar desde el
mismo comienzo.

Cuando Menaka y su esposo regresaron a Buenos Aires los reemplazaron como presidentes
prabhu Tulsi y su esposa, hasta que a fines del año 1987 se cerró el templo por cuestiones
económicas, una vicisitud que tuvieron que soportar todos los templos del país, siempre sumido
en alternantes crisis económicas y políticas que hacían difícil la vida de la población en general
y a la que los devotos siempre estuvieron expuestos.

Con anterioridad a esta circunstancia algunos devotos migraron a un nuevo templo igualmente
pujante y prometedor, el templo de Rosario. Pero aunque este templo circunstancialmente dejó
de funcionar, la actividad de prédica nunca se detuvo y a lo largo de los años siguientes se
hicieron muchos devotos nuevos y otros venidos de otras partes del país llegaron a bendecir
esta provincia. Prueba de ello es la intensa actividad que tuvo Bahkti-bhusana Swami en esa
región cuando la visitó, veinte años después, en su gira por la Argentina.

Luego de estar en Buenos Aires y Córdoba Capital, en diciembre de 2007 estuvo en Villa
Dolores en la casa de prabhu Harsha, donde vive con su esposa Kasturika Devi y su hijo
Pradyumna. La residencia, no obstante ser humilde, tiene una cocina enorme como para
devotos y una sala anexa que es el templo donde se encuentran Sri Sri Gaura Nitai, de unos 12
cm., hechas en bronce, en un altar pequeño arreglado con madera y una delicada tela blanca y
dorada. El último día que estuvo allí Bhakti-bhusana Swami elogió el altar diciéndole a
Kasturika Devi que estaba decorado con muy buen gusto y que las Deidades se veían muy
felices porque estaban siendo cuidadas muy esmeradamente. Él notó que durante esos pocos
días habían sido cambiadas en varias oportunidades y le preguntó a la devota si la ropita la
hacía ella, a lo que respondió tímidamente que sí. De este modo él mostró su satisfacción por
ese sencillo pero bello altar, lo que resumió diciendo que “no es fácil tener buen gusto”.

A un costado del altar hay un ​murti de Srila Prabhupada tallado en madera, de unos 30
cm., sentado en una ​vyasasana.​ No recuerdo dónde lo consiguieron, pero prabhu Jayasena le
hizo varios retoques al rostro para conseguir un mayor parecido.

El día 15 de diciembre, cuando llevaba ya dos días en esa ciudad, llegaron algunos
devotos provenientes de Mendoza que fueron con la misión de llevar a su gurú a esa ciudad, de
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acuerdo a la agenda de viaje. El maestro, quien se encontraba en su cuarto, al escuchar los


saludos y abrazos de bienvenida que se prodigaban los recién llegados con los dueños de casa
salió para saludarnos, preguntándoles si se encontraban bien, si habían tenido buen viaje y si
podía ofrecerles algo. Algunos minutos después salieron rumbo a la casa de prabhu Phanesvara,
a donde habían sido todos invitados a tomar prasadam.

Prabhu Phanesvara, que en ese momento no se encontraba por hallarse de viaje, vivía
en San Javier, a unos 10 kilómetros de Villa Dolores, en una casa muy bonita de estilo rústico
donde se lucían las maderas naturales, con grandes ventanas que daban a un hermoso jardín
rodeado de muchos árboles y exuberante vegetación. En un extremo de la gran sala de estar se
ubicaba el altar, igualmente opulento, presidido por Sri Sri Gaura Nitai moldeadas en resina.
Pero allí se encuentraban también ​murtis de Garuda, Hanumanji, Krishna, Radha Krishna,
pavos reales, elefantes, vacas. Estaba decorado en un estilo fastuoso con muchos elementos
decorativos originales de la India, muy colorido y con muchas flores.

Enseguida se acomodaron todos en la amplia sala. Sentados en el piso prabhu


Kripamoya, Harsha, Baladeva, Pradyumna, Manorama Devi, Nandarani Devi (la dueña de
casa), sus hijos y varios amigos invitados, observaban con ojos extasiados a Guru Maharaja, a
quien habían ofrecido un sillón a la derecha del altar. Allí se sentó el maestro, literalmente
refulgente, muy animado, con sus grandes ojos celestes bien abiertos, y una sonrisa iluminando
su rostro, haciendo contacto visual en señal de reconocimiento con aquellos viejos conocidos.
Es una gran satisfacción para él donde sea que vaya encontrarse con devotos ya entrados en
años, algunos con hijos y otros con nietos inclusive, que alguna vez cuando siendo muy jóvenes
compartieron con él los primeros años de prédica con toda intensidad y entrega total. Para los
devotos es también causa de gran satisfacción y enorme admiración ver que este incansable
guerrero, después de tantas décadas sigue entregado a su misión con el mismo ahínco, con la
misma energía y sigue inspirando con su ejemplo a generación tras generación de devotos.
Después de saludar brevemente a todos y agradecer la invitación, le pidió a prabhu Baladeva
que iniciara el ​bhajan​ tocando el armonio.

En todos lados ocurría lo mismo, Bhakti-bhusana Swami se sumergía en las glorias de


los santos nombres con sus ojos cerrados, siguiendo las melodías de la música, suave al
principio y muy animada al final, y todos los devotos participaban, creando una atmósfera
espiritual que durante esos minutos los liberaba de los condicionamientos de la vida material,
haciéndoles olvidar todas sus angustias y ansiedades, llenándolos de paz y haciéndolos apreciar
el maravilloso movimiento de conciencia de Krishna a través de esta experiencia palpablemente
trascendental. Donde sea que Bhakti-bhusana Swami fuera el mundo material se transformaba
y toda experiencia ordinaria se convertía con su presencia en algo extraordinario. Los mismos
lugares, las mismas calles, los mismos árboles, cuando se los observaba estando él presente se
conviertían en algo distinto, maravilloso. Los participantes mismos podían sentirse más devotos
y en esos momentos les parecía que todo era posible. Para Bhakti-bhusana Swami la conciencia
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de Krishna era su estando natural y por su misericordia transmitía esa experiencia tan
fácilmente, que el servicio devocional se les hacía fácilmente accesible por su ​shakti.​

Sita Devi, hija de los dueños de casa, también tocó algunas dulces melodías con el
armonio acompañando su bella voz, pero se sentía algo insegura, así que fueron muy breves y
todos quedaron con ganas de oírla una próxima vez.

Luego de una hora de ​bhajans sirvieron el prasadam y a su término se retiraron


nuevamente a la casa de prabhu Harsha a descansar.

Esa noche tuvieron allí un programa muy lindo, con la llegada de más devotos y varios
vecinos del lugar que llenaron la sala. El swami dio una clase sobre el B.G. 7.25, centrando la
charla en las opulencias del Señor Supremo, particularmente Su renuncia. Para ilustrarlo contó
varios pasatiempos, como por ejemplo La Liberación de Muchukunda y La liberación de
Sisupala, que narró contando numerosos y pormenorizados detalles extraídos del Mahabharata,
como que Sri Krishna y Sisupala eran parientes.

Cuando llegaron las preguntas, una señora preguntó qué podía hacerse cuando uno vive
lejos de un templo. Maharaja le preguntó a qué distancia vivía, y cuando ella respondió 22
kilómetros, él le sonrió amablemente haciéndole notar que eso no es lejos, que los devotos
suelen apreciar que el movimiento de la conciencia de Krishna es una joya muy rara de
encontrar y entonces viajan enormes distancias para tener la compañía de los devotos. En casa
de prabhu Harsha hay programas un domingo al mes, “¿cuál es la dificultad?” preguntó con una
sonrisa, y realmente la convenció y la entusiasmó para que continuara asistiendo a los
programas.

Aquella noche el prasadam estuvo muy rico, destacándose un arroz picante que cocinó
prabhu Dina Dayal y un ​srikan exquisito que preparó Manorama Devi. A Maharaja le gustó
mucho y lo repitió tres veces.

Durante el ​kirtan los devotos notaron que él apenas se movió y permaneció de pie a un
costado mientras animaba a los demás a saltar y bailar. Ese detalle tampoco escapó a la mirada
atenta de sus discípulos. A la mañana siguiente cuando también advirtieron que al levantarse de
su asiento se tomaba la rodilla izquierda se preocuparon y enviaron a prabhu Harsha a
preguntarle qué le pasaba, si podían llevarlo a un médico, adivinando que se trataba de una
derivación de su problema de columna. Pero prabhu Harsha volvió desanimado diciendo, “Me
dijo que solamente nos preocupáramos por cantar Hare Krishna, que estaba bien, y no me dijo
nada más”.

Esa noche se acostaron tarde, después de las 24 hs. Mientras tomaban prasadam los
devotos que no se veían desde hacía algún tiempo aprovecharon para conversar de acerca de
sus temas particulares, preguntándose mutuamente por su bienestar, situación familiar, laboral,
etc. renovando los lazos de amistad que los unen. Maharaja sin quererlo propiciaba esas cosas
también, la reunión de hermanos espirituales y amigos de la conciencia de Krishna que
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concurrían desde zonas cercanas de la región para verlo y reunirse en familia. Maharaja
también era una fuente de noticias trascendentales, pues al viajar constantemente por el mundo
entero, les traía información de devotos de Argentina que se encuentraban prestando servicio
devocional en Centro América, los Estados Unidos o Europa. Y mientras se encentraba en el
sitio siempre preguntaba a los devotos presentes, “¿cómo está tal o cual devoto?”, aquel que los
devotos locales sí frecuentaban, pero que por alguna razón no estaba presente en esa reunión.
De esa manera en torno a Maharaja se refrescaba la memoria y el afecto entre toda la
comunidad de devotos y tomaban conocimiento de los proyectos de prédica que se estaban
desarrollando por todo el mundo.

La mañana siguiente tuvieron el programa de ​mangal-arati,​ pero Maharaja se disculpó por no


poder dar la clase y le pidió en cambio a prabhu Baladeva que leyera y comentara sobre el El
Srimad- Bhagavatam 1.2.11. El swami se sorprendió al ver que los presentes no sabían de
memoria el verso, les dijo que se trataba de un ​mantra muy importante. Hubieron luego varias
preguntas y respuestas de las que participarob todos, pero Maharaja hizo énfasis en el carácter
ecuménico que debían dar a sus conferencias ante el público abierto, diciéndoles que debían
esforzarse por explicar a las personas practicantes de otros credos, los tópicos tales como los
tres grados de comprensión de la Verdad Absoluta (Brahman, Paramatma y Bhagavan) desde
su propia perspectiva, en su propio lenguaje, para que pudieran comprenderlo.

A modo de ejemplo les contó que un corto tiempo atrás hubo un ​Ratha-yatra en
Guyana, al final del cual invitaron a representantes de varias religiones a exponer acerca de los
principios de su propia fe. Como cuestión de cortesía se invitó a los demás a hacerlo primero, y
al final lo hizo Maharaja. Les contó que había un cura cristiano, muy jovencito, argentino, de la
provincia de Misiones, que estaba un poco temeroso y muy tímido por estar entre los Hare
Krishna. Pero cuando le llegó el turno de hablar a Bhakti-bhusana Swami, predicó que el
fundamento de el proceso de conciencia de Krishna es el canto de los santos nombres de Dios,
cualquiera sea el nombre que Él reciba de acuerdo a las diferentes religiones, y otros tópicos
abiertos, participativos y universales como ese. Cuando se bajó del estrado, el joven sacerdote
argentino se acercó a Maharaja para felicitarlo y mostrarle su aprecio. Ya estaba más distendido
y tuvieron una conversación porque Maharaja conocía muy bien la Argentina y así barrió una
barrera que normalmente es muy difícil de superar cuando cada uno se planta defensivamente
en su propia posición.

Al final y a modo de despedida, felicitó a Kasturika Devi y a prabhu Harsha por mantenerse
unidos como buenos esposos durante más de 20 años. Dijo que como devotos también debían
dar a la sociedad un ejemplo de cultura, con matrimonios estables ante la calamidad de los
divorcios de nuestros días. Esto de mantenerse unidos, se los agradeció especialmente. Eso sí,
se disculpó por tener que corregirlos, pero como ya lo dijo muchas veces, volvió a repetir que
no es apropiado que su cuadro esté en el altar luego del ​arati;​ en un altar personal está bien,
pero no donde concurre el público y general y devotos que han tomado refugio en otros gurúes.
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Un rato después desayunaran en el aire fresco de la galería que soplaba suavemente como una
caricia; todavía no hacía tanto calor, pero las chicharras (cigarras) ya están cantando fuerte
anunciando otra jornada agobiante con elevadas temperaturas. Mientras disfrutaban el
riquísimo pan ​prasadam de prabhu Harsha se dio una situación muy graciosa por lo inesperada.
Mientras tomaba su propio desayuno consistente en un té de hierbas serranas y frutas secas,
Maharaja comentó a sus discípulos que ya no iba a estar en Costa Rica, apenas algunos días
más para finiquitar la cuestión de la Granja en la que estuvo involucrado siguiendo las
instrucciones del GBC, pero que ya no iba a estar más allí. Entonces prabhu Baladeva le
preguntó si, al estar ya liberado de esa responsabilidad, vendría finalmente a radicarse en
Argentina. Esta pregunta generó una expectativa increíble, ya no se escuchaban más las
chicharras, todos los devotos quedaron con la cuchara en el aire sin llegar a sus bocas, un
devoto que estaba en camino a la cocina se detuvo como una estatua y se quedó parado en la
puerta. Maharaja movía la cabeza levemente en actitud pensativa, como dando a entender que
le gustaría, pero no decía ni sí, ni no. En medio de esa tensión que había dejado paralizadas
hasta a las moscas flotando en el aire, se escucha la voz fuerte y firme de prabhu Kripamoya
diciendo “¡HÁGALO!” Todos se quedaron sorprendidos y felices a la vez ante esta osada
declaración, porque este devoto mayor estaba diciendo lo que todos hubieran querido decir,
pero no se atrevían, y entonces saltaron todas las carcajadas juntas. Maharaja igualmente
sorprendido, le preguntó muy divertido por la ocurrencia, “Y tú, ¿dónde aprendiste eso?” Él por
supuesto conocía muy bien la respuesta, porque era la que daba él mismo cuando quería alentar
a algún devoto que le estaba consultando acerca de algún proyecto. En esa afirmación
contundente, “¡HÁGALO!”, él daba también sus bendiciones. Por eso la expresión del devoto
era tan significativa en esas circunstancias. Prabhu Kripamoya volvió a su humildad natural y
le contestó, “De usted, Guru Maharaja”

Todos quedaron felices por lo sucedido, guardando la esperanza de que su gurú pudiera
radicarse alguna vez en la Argentina, pero él nunca respondió definitivamente.

Un rato después, alrededor de las 10 hs., vinieron las despedidas, los abrazos, las reverencias,
también las lágrimas y partieron con rumbo a la hermosa ciudad de Merlo, distante a sólo 50
kilómetros. El templo de Merlo, tan encantador que parecía extraído de un libro de cuentos. Al
llegar encontraron a prabhu Dhristaketu cocinando para la fiesta de esa tarde y Maharaja lo
elogió diciendo, “También cocinas, ¡además de ordenar y limpiar y cuidar de todos los
detalles!”, pero prabhu Dhristaketu sólo bajó la cabeza humildemente y lo condujo a su cuarto.

Esa noche la fiesta de domingo tuvo muchísimos invitados, a pesar de que estaban todos muy
apretados no entraron todos en la sala y al momento del ​kirtan la fiesta se extendió al pasillo y
el patio exterior. Comenzaron como siempre con los melodiosas ​bhajans de prabhu Baladeva,
de 19 a 20 hs., y luego se presentó Maharaja a dar la clase. Sentado en medio del sillón, su
imagen siempre resulta imponente aunque él se maneje con mucha discreción. Pero la forma de
tomar el Bhagavad-gita en su mano derecha, sosteniéndolo en el aire todo el tiempo a lo largo
62

de la lectura, su posición recta con la espalda y la cabeza erguida y la pulcritud de su


apariencia, le da inmediatamente a la gente la idea de que se encuentra ante alguien muy
especial.

Con voz clara y pausada leyó el Capítulo 7, Texto 29, y durante una hora y cuarto hizo una
exposición muy amplia de la conciencia de Krishna tocando prácticamente todos los puntos: el
karma, los principios del yoga, la reencarnación, los procesos de liberación, nuestra posición
condicionada, el ​bhakti​, el Señor Supremo. Estaba muy animado, y al término preguntó si había
preguntas, comentarios, ¡desafíos! Pero todos estaban rendidos ante la fuerza de su
argumentación. Hubo algunas preguntas a las que respondió él mismo y otras que pidió
contestara alguno de sus discípulos convirtiendo la clase en algo dinámico.

Cuando hubieron pasado un poco más de dos horas cayó en cuenta del tiempo transcurrido y
les preguntó porqué no lo habían parado. Le dijo a prabhu Baladeva que debería cortarlo
cuando se extiende demasiado porque él podría no darse cuenta de que se estaba extendiendo
demasiado. Sus discípulos pudieron advertir que aquella era una buena instrucción para cuidar
a su gurú, porque él solía entusiasmarse relatando pasatiempos de Sri Krishna o de Drila
Prabhupada, luego se acostaba muy tarde y para cuando podían advertirlo el cansancio ya
estaba encima de su debilitada salud y aparecían las complicaciones en su digestión y su
espalda.

Al final de la clase hubo un ​kirtan extático con activa participación de todos los invitados que
estaban eufóricos. Su éxtasis llegó al máximo cuando Maharaja tomó la vasija con el agua que
se había ofrendado en la adoración de las Deidades y él mismo comenzó a salpicar
abundantemente a toda la gente. Ellos se dieron cuenta de que recibir estos remanentes
directamente de sus manos era algo especial y alzaban sus brazos y saltaban para ser rociados
por el “agua bendita”.

Mientras cantaban el ​namas-te Maharaja salió repentinamente de la sala, los devotos


pensaron que se había retirado a descansar, pero más tarde prabhu Dhristaketu les contó que
había ido a la cocina a ayudarle a servir los platos para todos los invitados. El vaishnava estaba
asombrado, “Movía sus manos rapidísimo y en un momento servimos todos los platos, ¡lo
hicimos volando!”. Los demás se sintieron avergonzados porque él se había tomado la molestia
de hacer ese servicio, y asombrados a la vez, por su humildad y su deseo de ayudar a los demás
expresado de tantas maneras diferentes.

Esa noche también se acostamos tarde, a las 00:30, después de que todos los invitados se
retiraron muy felices.

Al día siguiente, lunes 17, se levantaron temprano para estar presentes en el ​mangal-arati​, no
obstante haberse acostado tan tarde, y tan pronto terminó el oficio matinal emprendieron el
viaje a la localidad de Potrero de los Funes en la provincia de San Luis.

El programa original era tener una clase de Srimad Bhagavatam con todos los devotos para la
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despedida, llegar a mediodía a Potrero de los Funes, quedarse a pasar la noche y al día siguiente
partir con rumbo a Mendoza, pero muy lamentablemente el chofer debía reintegrarse a su
trabajo el martes a primera hora, a las 7 hs. Esa fue la causa de que tuvieran que salir tan pronto
de Merlo para llegar a Mendoza esa misma noche. Los devotos de Merlo, y luego los de
Potrero de los Funes, le reprocharon dulcemente a los devotos que habían ido a buscarlo por
llevarse a Maharaja; con tristeza preguntaban al conductor del automóvil si no podía faltar un
día más, o hacer algún arreglo, como “caer inesperadamente enfermo a causa de alguna
indisposición”, pero no fue posible. Maharaja también quería llegar el martes a Mendoza. Un
poco decepcionado porque no podría estar más tiempo con sus queridos discípulos Jayasena y
Ambika Devi, le dijo al conductor,

-Cuando estoy allá suelo hacer una caminata con ellos por los cerros…

Pero el conductor, con dolor en el alma tuvo que decirle, -Esta vez no va a ser posible Guru
Maharaja.

Él enseguida contestó, -Okay, está bien, de todas maneras me está doliendo la rodilla.

Más tarde volvió a decirle con algo de tristeza, -¿Entonces esta vez no vamos a tener lectura a
la luz de las linternas con ese pequeño zorro que se arrimó a nosotros a escuchar, ni vamos a
quedarnos a descansar en casa de Jayasena?- Pero esta vez el conductor no contestó, solamente
bajó la cabeza porque le resultaba muy difícil de soportar el hecho de no poder complacerlo.

Así pues salieron muy temprano, a las 6 AM, después de despedirse de prabhu Dhristaketu, su
esposa Rati Manjari, su pequeño hijo y bhaktina Alejandrita. Siempre que partían de algún lado
los devotos cantaban ​namas-te con la voz ahogada por la emoción de ver partir a Maharaja,
derramando así sus bendiciones para que tuvieran un viaje seguro y feliz. En un viaje rápido,
aunque nunca superaron los 110 km/h, sin escalas, llegaron a las 8:30 AM a Potrero de los
Funes, a la casa de prabhu Jayasena y familia. El paraje, bastante aislado de la así llamada
civilización, donde no había calles sino un sendero sinuoso que atravesaba un bosquecillo, ni
había electricidad, ni agua corriente, ni gas, ni teléfono, traía a la memoria los ​kunjas de
Vrindavan, porque por allí paseaban despreocupadas y sin ninguna perturbación muchas vacas
blancas junto a su pequeños terneros y ni siquiera se espantaban ante el paso del vehículo.

Los dueños de casa los estaban esperando con un pequeño ​kirtan junto a sus dos pequeñas
hijitas, Vrindavani y Bhakti, Mahalila Devi y la mamá de Jayasena, Después de los alborozados
saludos de bienvenida cantaron un ​bhajan ante el modesto altar presidido por una foto de Sri
Panca-tattva. Luego hicieron la adoración de Srimati Tulasi Devi y Guru Maharaja le pidió a
uno de los presentes que leyera el ​Srimad Bhagavatam​, También le pidió que dijera unas pocas
palabras al respecto. Y a continuación salieron al jardín a desayunar, que en esa época del año
está sumamente bello; además Ambika Devi le hizo varios arreglos porque por ese entonces se
estaba dedicando a la jardinería, así que estaba lleno de flores de muchos colores, y los árboles
que proyectaban su fresca sombra sobre el pasto de un color verde muy vivo debido a las
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lluvias recientes, pintaban una escena paradisíaca. Todo esto rodeado por las verdes colinas
cercanas desde donde provenía el agua fresca y transparente que se bebía en ese lugar. La
escena era maravillosa y Maharaja se paseaba por allí con sus manos unidas por detrás de la
esplada con mucha satisfacción, mientras les dicía a sus discípulos -los primeros que inició-
que estaban viviendo en medio de mucha opulencia, a lo que ellos asintieron con alegría.
Cuando Maharaja decía opulencia, se refería no a los bienes materiales, que más bien son muy
escasos en esa casa porque estos devotos son muy austeros, sino al agua, el aire puro, la tierra y
todas las facilidades que tenían para llevar una vida simple de pensamiento elevado.

El desayuno fue servido a la sombra de un árbol, sobre un ​pandal desplegado sobre el fresco
césped y frente a un pequeño cuarto que los devotos han construido, aparte de la casa,
especialmente para el descanso de Guru Maharaja. Hubo leche tibia, té, pan casero, manteca y
mermelada de duraznos, junto con frutas frescas y algunos cereales.

Durante la conversación Maharaja volvió a elogiar a los matrimonios que permanecen unidos
durante toda la vida, a pesar de todas las dificultades, y sugirió a prabhu Jayasena que cuando
se cumplieran veinte años de matrimonio hiciera una gran fiesta para festejar.

Después de todo eso se retiraron a reposar un rato, pues aún estaban cansados por la larga
jornada del día anterior y el corto descanso.

Una hora después Maharaja ya estaba sentado a la sombra de un árbol leyendo un libro.
Llevaba puesta una remera de mangas cortas y sus anteojos de sol Ray Ban estilo clipper,
clásicos en él. En eso llegó el Profesor Jurggen Fischer, un señor alemán amigo de Prabhu
Jayasena que residía y enseñaba en San Luis, a quien Maharaja ya conocía de otros viajes. Se
saludaron cortésmente, ​“Guten morgen, vie get es ihnen?” y a partir de allí mantuvieron una
conversación distendida en el idioma natal de Maharaja. Cuando después de un buen rato los
otros devotos se fueron acercando gradualmente, la conversación continuó en español. El
Profesor era una persona culta y resultaba encantador ver el sincero aprecio que tenía por la
conciencia de Krishna, por los devotos y por Maharaja. Les mostró unas grabaciones muy
viejas que conservaba en cassette con ​bhajans devocionales y les contó la profunda impresión
que le provocó el ​prasadam que probó por primera vez en el templo de Londres en los años 70.
También estuvo con los devotos en Sud África y aunque era una persona mayor, parecía un
niño inocente y sorprendido cuando les relataba los encuentros ocasionales que tuvo con los
devotos.

En esto los devotos fueron interviniendo en la conversación que inevitablemente derivó


en el recuerdo de “los viejos tiempos” que todos añoraban. Recurrentemente, una y otra vez,
caían en la añoranza de tiempos pasados, cuando parecía que todo -la prédica, el ​sankirtan​, la
devoción- era mejor. Maharaja se reía de ellos y decía, “Otra vez, ¡allí están los nostálgicos!” y
hacía como que lloraba. Todos rieron al ser sorprendidos en esa actitud, cambiaron el tema de
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conversación y al poco rato otra vez estaban diciendo, “Ya no es como antes, como cuando ​yo
conocí a los devotos…” Maharaja volvía a sorprenderlos en esa patética actitud, otra vez se
burlaba cariñosamente y todos reían. La visión de Maharaja era mucho más optimista: al
tiempo que recordaba que durante la presencia de Srila Prabhupada, y aún poco tiempo después
de su partida, el movimiento experimentó un crecimiento explosivo debido a la potencia de su
shakti​, en la actualidad también hay muchos devotos valiosos que se están esforzando y el
movimiento se está asentando en una mayor madurez. Además, observó, tiene que pasar un
tiempo, tiene que haber una distancia para poder apreciar lo que está sucediendo. Cuando más
tarde el mismo tema volvió a aparecer en Mendoza dijo, “Por ejemplo, tal vez haya aquí mismo
grandes devotos que están haciendo cosas valiosas y que serán reconocidos como tales sólo con
el paso del tiempo y por personas que no hayan tenido familiaridad con ellos. Sus amigos
contemporáneos dirán –yo lo conozco de toda la vida y conozco todos sus “piojos”, juntos
solíamos hacer tales tonterías, prabhu Tal no es para tanto-, pero los nuevos solamente verán su
madurez, su perseverancia en la conciencia de Krishna y todo su servicio, sin saber nada de sus
pequeñas faltas”.

El ​prasadam se sirvió allí mismo, bajo la sombra de aquel árbol sobre una mesa rústica. Por
supuesto, le sirvieron primero a Maharaja, pero él dijo muy resueltamente, “El punto es que yo
no voy a tomar nada de esto hasta que todos los demás tengan en su plato lo mismo que me han
servido a mí”. Las preparaciones fueron increíbles, Ambika Devi con la colaboración de
Mahalila Devi hizo una fiesta de preparaciones védicas que difícilmente podrían olvidarse.
Había ​pakoras​, ​samosas,​ ​bharatas con salsa de yogur, ​sabji​, ​halava, chutney​, arroz dulce y
muchas cosas más, todo servido a la temperatura y en el orden correctos. Aquellos que suelen
guardar para lo último lo que les resulta más rico se vieron en serios problemas, esta vez les fue
totalmente imposible hacer esa distinción. Maharaja estaba totalmente complacido y decía,
“¡Todas las glorias a Ambika Devi!” Él se asombraba de que un tesoro tan raro de encontrar
como ese estuviera tan escondido en aquel recóndito paraje de Sud América y les llamaba la
atención a los demás sobre este punto. Todos comimos abundantemente a su entera
satisfacción, y sólo entonces prabhu Jayasena que había estado sirviendo y las cocineras se
sentaron a tomar ​prasadam​.

En un momento Maharaja dijo complacido,

-No sé cómo será esto cuando yo no estoy, pero ahora mismo es algo celestial.

Y Ambika Devi contestó muy rápidamente, -Cuando usted no está Guru Maharaja, esto es el
infierno-.

Para aquellos que son duros de corazón, ver estas expresiones de amor de los devotos y los
intercambios de amor entre Maharaja y sus discípulos, era una fuente de enorme inspiración
que provocaba emociones muy difíciles de describir. ¡Cuántas páginas deberían escribirse
tratando de sumergirse en la descripción de estos profundos sentimientos espirituales!
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Como ya estaba haciendo mucho calor se retiraron al interior de la casa, a la sala, para cantar
algunos ​bhajans.​ En una de las paredes había una foto colgada, realmente muy, muy hermosa,
que a Maharaja le gustaba mucho y pidió si podía tener una copia. Se trata de una toma hecha
durante un ​harinama en la Plaza San Martín, en Retiro, ciudad de Buenos Aires. Ha captado
desde la distancia más apropiada a los devotos de cuerpo entero, con sus ​dhotis –casi todos de
color azafrán- acompañando graciosamente el movimiento de la marcha, portando pancartas
vistosas y el ​maha-mantra bordado con finas lentejuelas, con sus instrumentos musicales, todos
avanzando decididamente llenos de una luz que proviene de su propio interior, con el fondo de
la ciudad: la Torre de los Ingleses, los árboles centenarios de la plaza, y el diáfano cielo azul.
En el centro está Maharaja, cantando radiante como la personificación de la bienaventuranza,
con la cabeza ligeramente de lado y hacia arriba, tocando las ​karatalas,​ rodeado de muchos
devotos jovencitos que por misericordia de Krishna aún permanecían activos en la prédica
muchos años después. Es una fotografía gloriosa capturando para la posteridad un momento
sublime, de los muchos que les tocó vivir practicando la conciencia de Krishna.

Allí cantaron unas melodías suaves, guiados por prabhu Baladeva que se acompañaba con una
guitarra muy rústica y rota, pero que igual sonaba.

En un momento el profesor dijo evidentemente conmovido por la atmósfera, “Si alguien me


acompañara, no tendría vergüenza y entonces bailaría”. Al oír esto un devoto se puso de pie y
comenzó a bailar, con lo cual todo se puso aún más alegre.

Desafortunadamente, como expliqué previamente, debían partir temprano para llegar a


Mendoza ese mismo día, por lo que alrededor de las diecisiete horas se dispusieron a partir.
Justo en ese momento llegaron unas cuatro o cinco personas que habían sido invitadas sin saber
de su temprana partida, por lo que solamente pudieron tener la compañía de Maharaja por unos
pocos minutos durante la despedida. Se tomaron algunas fotos en el jardín, subieron al auto y se
marcharon.

Maharaja prefería las despedidas cortas, de modo tal que fue cuestión de subir al coche y partir
de inmediato mientras los devotos que se quedaban cantaban ​namas-te.​ Al pasar junto al rebaño
de vacas observaron a un ternero tomando leche de las ubres de su madre, lo que fue
interpretado como un signo auspicioso.

Durante el viaje, que duró sólo unas tres horas, prabhu Baladeva le hizo a Maharaja varias
preguntas relativas a la prédica, puntualmente si debe decirse las cosas tal como son, o si
ciertos temas no deben mencionarse. Es que en la comunidad muchas veces surgía la crítica de
que cierta prédica es “muy pesada”, por ejemplo al hacer énfasis en los principios regulativos, y
que algunos devotos se sentían molestos y entonces ya no vuelvían a los programas.

Maharaja no respaldó ni desaprobó ninguna de las dos corrientes, la de “mano dura” o la de


prédica “light”, sino que enfatizó repitiendo al responder cada contra pregunta que por sobre
todo debe predicarse con mucha humildad, sintiéndose más humilde que la hojarasca de la calle
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y más tolerante que un árbol. Humildad y respeto. Y el ejemplo personal. Dijo esto
mencionando que él como ​sannyasi y ​guru se convierte en un paradigma para la gente que todo
el tiempo lo está escudriñando para descubrir alguna falta, y entonces debe atenerse incluso a
cosas que son meros convencionalismos.

Después de esto colocó los auriculares en sus oídos para escuchar música de Srila Prabhupada
y se entregó a la lectura. En este viaje, como en todos los anteriores, Maharaja viajó sentado en
el asiento trasero del pequeño Fiat Palio, aunque Baladeva corrió el asiento delantero todo lo
que pudo para darle mayor comodidad.

La ansiedad de los devotos de Mendoza por la llegada de Maharaja era fácilmente palpable,
pues los teléfonos celulares de los devotos que iban de acompañantes en el auto no dejaban de
sonar preguntándoles por dónde estaban y la hora de llegada, lo que finalmente se produjo a las
20 hs.

Al llegar a la finca de Corralitos todo era algarabía, los devotos esperaban en la calle de llegada
con ​kartalas y ​mridangas,​ dando saltos con los brazos en alto y gritando a viva voz “¡Jaya
Gurudeva, Jaya Prabhupada!” Al bajarse del auto le ofrendaron una hermosa y cargada
guirnalda de jazmines muy blancos y perfumados.

Sentado en la ​vyasasana​, Maharaja agradeció la bienvenida y dijo que venía para servirlos y
que esperaba que durante su visita pudiera ayudarlos de alguna manera. Como estaban en
medio de la Maratón de Srila Prabhupada, también los alentó a participar masivamente de la
distribución de libros. Preguntó quiénes estaban saliendo a ​sankirtan actualmente, y cuando vio
muchas manos levantadas se mostró felizmente asombrado porque la mayoría estaba haciendo
aunque sea un pequeño esfuerzo. A continuación le ofrecieron la ceremonia de lavado de pies y
guru-puja arrojando pétalos de flores a sus pies de loto. La sala del templo estaba
prácticamente llena con la presencia de alrededor de treinta devotos bailando jubilosos un
kirtan extático. No faltaban allí ninguno de sus discípulos mendocinos: prabhu Gaurasundara,
Damodara, Ekendra, Yogesvara, Lalita Govinda Devi, y muchos bienquerientes como prabhu
Surya Rama, Muni Cari, Mathura Mohan, aspirantes a discípulos y muchos amigos, imposible
nombrar a todos.

Las Deidades de Sri Sri Gaura Nitai del templo de Corralitos son de una gran belleza por estar
talladas en mármol blanco y por su tamaño, pues tienen unos 40 cm. de altura. En Su rostro se
destacan Sus bellos ojos que tienen una mirada dulce, compasiva y alegre, y Su boca de labios
rosados sonriendo suavemente. Tienen los dos brazos en alto y ese día –como todos los que
seguirán- se encuentran lujosamente vestidos con prendas finamente bordadas por las hábiles
manos de Krishnamayi Devi. A Sus pies se encuentran pequeñas ​murtis de Sri Panca-tattva de
bronce. Los arreglos florales del altar, con flores de la propia finca, suelen estar a cargo de
Vraja Bhakti Devi.

A todo esto siguió una fiesta de ​prasadam,​ pero Maharaja se retiró de inmediato a descansar.
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A la mañana siguiente, martes 18, todos recibieron en sus teléfonos móvil un mensaje que decía
“Hasta nuevo aviso se suspenden todas las actividades. Favor de no dirigirse a la granja”.
Cuando los devotos llamaron enseguida a Corralitos un poco preocupados supieron que
Maharaja estaba totalmente engripado, con todos los síntomas como decaimiento y cansancio
de todo el cuerpo, congestión de las vías respiratorias y hasta un poco de fiebre, además de una
tos muy fuerte y seca. Ya durante la recepción del día anterior se lo había visto un poco
apagado y los devotos pensaron que era el cansancio del viaje, pero lamentablemente era algo
más que eso.

Aunque la agenda que se había preparado para su estadía en Mendoza estaba orientada
fundamentalmente al descanso, por eso fue alojado en Corralitos donde hay mejores
condiciones de silencio, contacto con la naturaleza, una piscina, un departamento totalmente
independiente para su privacidad y otra facilidades, se habían programado varias clases de
Bhagavad-gita en Corralitos y al menos dos clases en el CEDAM, en Godoy Cruz. Pero ahora
estas conferencias quedaban suspendidas e incluso el propio acceso a la compañía de Maharaja
quedaba bastante restringido.

Esa mañana su humor estuvo bastante áspero, seguramente más contrariado por las limitaciones
que la situación le imponía a su servicio, que por la enfermedad en si misma. Estuvo recostado
en su cama un tanto abatido, con los ojos y la nariz enrojecidos. Cada vez que tosía se sacudía
todo su cuerpo y tenía la respiración agitada por la congestión. En algún momento preguntó si
habían ido los devotos, estaba evidentemente preocupado porque alguien podría haberse
tomado la molestia de ir hasta allí y verse decepcionado. Pero cuando supo que no, que no
nadie había ido porque todos habían sido debidamente notificados de la suspensión
momentánea de los programas, se tranquilizó.

Maharaja estuvo once días en Mendoza hasta el sábado 29, cuando tomó un vuelo hacia
Santiago de Chile. Aunque con los días se fue recuperando parcialmente, en todos esos días no
pudo dar ni una sola clase de ​Bhagavad-gita o ​Srimad Bhagavatam,​ ni mucho menos hacer
ejercicios, como andar en bicicleta, o nadar. Si bien su estado anímico y físico mejoró
gradualmente, algunas veces parecía estar bien y de pronto le daba un ataque de tos y quedaba
completamente sin voz. Desde luego que se le ofreció asistencia médica, pero dijo que ya había
gastado mucho dinero de una discípula y que los médicos solamente lo usaron como conejillo
de indias. Que lo soportaría así hasta ir a la India donde conoce un médico ​ayurvédico que es
de su total confianza.

Parecía una tos crónica, porque unos meses antes cuando tuvieron una comunicación con él vía
Skype en junio para su ​vyasapuja,​ ya estaba con una fuerte tos.

El único modo de tener su compañía fue asistir a ​mangal-arati, o por la tarde, y escuchar que
ocasionalmente hiciera algún comentario sobre lo que se estaba leyendo. Por las mañanas
estaba durante la adoración de Sus Señorías y de Srimati Tulasi Devi, luego cantaba ​japa con
los demás sentado sobre su cojín dorado, escuchaba la lectura del ​Srimad Bhagavam y
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desayunaba con los pocos afortunados devotos que se encontraban presentes, sentado en el
parque. Siempre insistía en que se le ofrezca preferentemente productos de la propia granja.
“No gasten dinero” decía. “Denme sólo frutas y verduras cosechadas de este lugar. Los
productos que se cosechan de la propia huerta son siete veces más buenos que los que se
compran en el mercado”. Siempre estaba de muy buen humor, a pesar de sus limitaciones y
solía decir, “Discúlpenme por no poder ayudarlos más, pero me he vuelto muy viejo. Ahora soy
sólo una molestia”. Una mañana se estaba riendo de algo con muchas ganas, pero entonces
comenzó a toser y tuvo que retirarse, había perdido totalmente la voz y ya no volvieron a verlo
por aquel día.

Al atardecer pedía la cena a algún devoto que estuviera montando guardia en su casa, puertas
afuera, pero solamente tomaba algunos higos y alguna otra fruta fresca. Muy poco, lo que se
dice una cena frugal. Y un poco más tarde acudía al escuchar la caracola que anunciaba el
gaura-arati​, pero lo observaba sentado en un sillón, o parado muy quieto y se retiraba a
descansar temprano, como a las 21 hs.

Todo movimiento de vehículos o devotos que anduvieran “revoloteando” en torno a la granja,


fue minimizado al máximo para brindar mayor descanso a Maharaja.

Una de aquellas tardecitas se abrió inesperadamente la puerta de su casa y le pidió al devoto


que estaba de guardia como sirviente por si precisaba algo y le preguntó, “¿Podrías leerme un
poco?”. Entonces acomodaron dos sillas a la sombra de la pequeña galería y se sentaron lo más
cómodos que pudieron, él vistiendo sólo la parte inferior de su atuendo y recién bañado para
encontrarse más fresco y pidió que le leyera el Capítulo 14. A veces el lector le hacía alguna
pregunta y otras él hacía algún comentario, o pedía que volviera a leer un párrafo, y así
transcurrió una hora fantástica para aquel devoto, llena de la magia de estar –como en muy
raras ocasiones- junto a su gurú, hasta que el sol cayó y ya no pudieron leer más por la falta de
luz.

El shakti, la inspiración y las bendiciones de Maharaja estuvieron con ellos todo el tiempo que
duró su estadía y los devotos quedaron como siempre, eternamente endeudados por la
austeridad que aceptaba al viajar tanto sólo para darles su indispensable misericordia.

OTRA VEZ EN VICENTE LOPEZ


Al llegar a Buenos Aires se integraron a un programa espiritual más completo y además
comenzaron a pensar en diversas formas de solventar sus gastos. Visaka Devi Dasi, la mamá de
Bhakti Shastri, era un poco la mamá de todos, los cuidaba, los retaba y los ayudaba mucho. Iba
al barrio El Once en la Capital Federal y compraba cadenitas, medallitas y dijes que luego
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Menaka y Bhumi saldrían a vender. También vendían pan, ​prasadam,​ sahumerios y cosas por
el estilo para colectar fondos, de todo excepto libros, porque cuando cayó la democracia y los
militares prohibieron el movimiento los devotos tuvieron que esconderlos. No había libros a la
vista, al menos en cantidad suficiente como para una distribución pública, estaban escondidos
en el taller del papá de Kaivalya.

No obstante los esfuerzos realizados los ingresos eran muy pobres, por lo que vivían muy
austeramente, a tono con el estilo de vida ​vaishnava p​ ero de todos modos sin posibilidad de
hacer ofrendas más suntuosas al Señor. Por las mañanas tomaban una granola para desayunar,
que en realidad era avena arrollada con leche, sin las nueces, almendras y otras frutas secas. El
almuerzo consistía básicamente en arroz, prácticamente todos los días, y pan casero.

Sucandra había visto en Alemania que los devotos lograron instalar una fábrica de velas que
funcionaba muy bien, pero nadie sabía cómo hacerlas. Entonces Sri Krishna que seguramente
estaba complacido con sus esfuerzos hizo que providencialmente apareciera en Buenos Aires
un devoto de Alemania, ¡que era experto en fabricar velas! Un arreglo de Krishna en el
momento en que más se necesitaba. Con su dirección e invalorable ayuda desarrollaron la
producción de velas hasta lograr prácticamente una fábrica que estaba ubicada en el mismo
barrio, cerca de la Ruta Panamericana. Un inconveniente que debieron sortear modificando la
fórmula fue que en la Argentina la Navidad, la temporada alta para la producción de velas,
transcurre en pleno verano con temperaturas que están generalmente entre los treinta y los
treinta y tres grados, entonces se derretían y se deformaban, dándoles un aspecto muy cómico,
pero poco comercial. Afortunadamente bastó con incrementar la proporción de estearina y el
problema se solucionó. Otra vez Menaka y Bhumi Devi Dasi salían a venderlas y todo comenzó
a funcionar. Además recibieron la ayuda de una pareja de devotos chilenos que estaba de paso
y cooperaron con la venta.

Las cosas estaban mejorando paulatinamente, pero aún se encontraban muy lejos de los
objetivos de prédica que se había fijado Sucandra, siempre estaba pensando en la forma en que
podrían expandir el movimiento inclusive bajo las circunstancias en las que se encontraban,
hasta que comenzó a concretarse la idea de publicar una revista con la ayuda de un devoto
llamado Prapana Dasa que recientemente había regresado de Brasil. De este modo podrían
suplir mínimamente la falta de libros, que como ya hemos dicho, estaban escondidos por
razones de seguridad de los devotos.

La llamaron “Atma Tattva”, la ciencia del ser, y se publicó durante siete años en una cantidad
que superó los 500 000 ejemplares. Al comienzo no podían mencionar “Srila Prabhupada” para
no delatarse, en cambio pusieron “Abhay Caran”, ¡todo era clandestino! Los primeros números
editados durante la época más dura de la censura oficialista trataban más que nada de temas
referidos al vegetarianismo y al bienestar personal.
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Esta revista, cuyo primer número vio la luz en el año 1982, fue el verdadero comienzo de la
prédica masiva de la filosofía de la conciencia de Krishna en Sudamérica porque salía con
mucha facilidad de la mano de los ​sankirtaneros ​debido a varios factores, principalmente su
bajo costo porque excepto la impresión, todo lo demás lo hacían los devotos de manera
totalmente artesanal. El otro factor decisivo era su atractiva presentación que despertaba la
curiosidad y el deseo de todos de tenerla, al punto que muchos comenzaron a coleccionarlas.

En esto Sucandra y los pocos devotos que colaboraron con él pusieron toda su energía, toda su
pasión, dedicando todo su esmero en una publicación prolija, dinámica, con muy buena
redacción y bellas ilustraciones y diagramas. Durante su producción Sucandra solía pasarse las
noches enteras casi sin dormir prestando atención a todos los detalles, inclinado sobre el tablero
de diseño, meditando profundamente en la forma más efectiva de difundir el mensaje,
inspirándose en su maestro espiritual, Srila Prabhupada, quien de manera muy sacrificada había
comenzado de la misma manera su prédica en Colcata publicando la revista ​Back to Godhead.

Sucandra era una persona muy metódica y autodisciplinada, debía ser muy organizado para
poder cumplir con todas las obligaciones diarias. Sobre la pequeña mesita que había en su
cuarto se encontraba un anotador donde escribía todas las cosas que debía hacer ese día,
compras, trámites, visitas, comunicaciones, etc., que iba tachando con el correr de las horas a
medida que las cumplía. Sin embargo esto no mermaba en lo más mínimo su espontaneidad, su
buen ánimo y su buena disposición para adaptarse a las circunstancias imprevistas. Tampco le
quitaban apasionamiento cuando se dedicaba a la edición de la revista.

Desde el mismo comienzo cuando tomaba la decisión de hacer el lanzamiento su cuarto al


fondo del departamento se transformaba en un estudio gráfico. Lo primero que hacía era decidir
cuántas hojas tendría la publicación con base en el presupuesto y entonces pegaba las hojas en
blanco en las paredes con cinta adhesiva en las esquinas, donde permanecerían todo el tiempo
hasta que la revista estuviera terminada. Pasaba largas horas contemplándolas, cantaba las
rondas observándolas, organizando todo en su cabeza y haciendo anotaciones, pues no existían
las computadoras ni ninguna de las facilidades con que se cuenta actualmente. De pie ante esas
hojas, con el mentón apoyado en el puño de su brazo derecho y este a su vez apoyado sobre su
brazo izquierdo a la laltura de la cintura imaginaba la compaginación de la obra. Sus ojos se
clavaban en esas hojas que físicamente se encontraban vacías pero que en su imaginación se
iban llenando desde su corazón con las imagenes del Señor Caitanya progagando el mensaje de
Krishna en estas tierras. Otras veces deambulaba por la habitación meditativo tratando de
cobrar inspiración de su maestro espiritual.

Los artículos los extraía de conferencias, o de las publicaciones de la ​Back to Godhead en


inglés. Una vez que decidía qué notas formarían la publicación las iba anotando en esas hojas
grandes. Se redactaba el artículo y se lo llevaba a un estudio donde lo imprimían en forma de
tiras largas que luego él recortaba y pegaba en las hojas formando las columnas. Debía
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imaginar cuán largo sería el texto, la tipografía y el tamaño, para que todo fuera encajando en la
hoja. Si faltaba, o sobraba, había que pedir la impresión de una nueva tira con una tipografía
más grande, o más pequeña, para volver a pegar y que formara un mosaico además con las
ilustraciones. Los títulos se hacían con unas letras adhesivas que se compraban en las librerías,
llamadas “Letraset”, colocándolas sobre el papel y frotando sobre el film para que quedaran
pegadas. Con todo ello se formaban los originales, los fotolitos y las planchas para la
impresión, lo cual se hacía en Don Torcuato, una localidad distante unas dos horas en tren.

En un momento, para facilitar la taréa, se le ocurrió mandar a hacer un marco, como un cajón
pero sin fondo, de unas 8 cm. de alto, dentro del cual colocaba un foco y encima un vidrio y
una hoja cuadriculada que le servía de guía, con esa luz debajo, para hacer los originales
colocando los textos derechos respetando las columnas.

Otro tema difícil era conseguir el papel, lo cual no era fácil dadas las

pero contaban con la ayuda del papá de prabhu Kaivalya y el padre de prabhu Citraratha,
quienes eran amigos por temas de la política y ayudaron mucho a conseguir el papel necesario;
siendo un bien tan preciado, lo guardaban escondido en un depósito en Vicente López.

Cuando eventualmente, rara vez, detectaba algún error de ortografía, de tipeo, o lo que fuera, se
enojaba mucho, pero no explotaba con ira o resentimiento, sino que se volvía muy callado hasta
que se le pasaba, lo cual no duraba mucho, pero sí se enojaba.

Generalmente en la cultura vaishnava se dice que los sannyasis no tienen puerta y al menos en
aquel tiempo era así, no existía tal cosa como vida privada para el sannyasi, ni tenían nada que
esconder. Es oportuno decir aquí que BBS no adquirió las cualidades de un sannyasi a partir de
esa iniciación, sino que muy rápidamente poco después de volverse un devoto de Krishna
asomaron en su personalidad, anteriormente díscola, anarquista y en cierta medida
irresponsable, todas las características propias de la persona que se encuentra en el etapa de
renuncia de su vida. Cual diamante cubierto por el polvo de la ignorancia, tal como lo predicen
las Escrituras autoritativas, el canto de los santos nombres y la práctica del servicio devocional,
dejaron rápidamente al descubierto su brillo y características de inalterabilidad.

Cuando alguien quería hablar con BBS, fuera este el presidente del templo, el comandante, u
otra persona, no era necesario seguir protocolo alguno. Al encontrarse con su secretario le
preguntarían si maharaja estaba en su cuarto, luego subían las escaleras, golpeaban a la puerta
para anunciarse y entraban inmediatamente sin esperar respuesta. Durante su residencia en el
templo de Buenos Aires ya ubicados en el barrio de Villa Urquiza, los devotos le consultaban
todo el tiempo todo tipo de cosas, lo referente a la organización, la atención de los devotos
internos, externos y visitantes, las fiestas, los programas, el sankirtan, el prasadam, la
economía, todo. Simultáneamente se desempeñaba como sannyasi, vaishya y ksatriya, entonces
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las interrupciones eran casi permanentes.

Por ello, en épocas de edición de revistas o libros, sobre todo en la etapa de la realización de los
originales, esperaba a la noche el momento en que los devotos se iban a dormir para poder
trabajar en la edición con total dedicación. A partir de las 22:30 aproximadamente el templo
quedaba en silencio y en quietud, era como si las paredes se hubieran comido los ruidos y las
voces, tampoco se escuchaba el rechinar de los escalones de la vieja escalera de caoba que
anunciaba que alguien se acercaba presuroso a grandes zancadas. Solo concentrarse en las hojas
pegadas a la pared, ni siquiera en las imagenes de Krishna que colgaban de las otras paredes.
Esas horas en total soledad sí que eran rendidoras y podía plasmar alguna de las ideas que se le
habían ocurrido durante el día. Hasta las 3:30 de la madrugada cuando los devotos se
levantaban nuevamente para asearse y comenzar la nueva jornada. En ese momento se
recostaba durante una hora y media, o dos, y volvía a levantarse para tomar darshan de las
Deidades durante la ceremonia de Mangal-aratika.

Durante la elaboración de la revista este era su estilo de vida, dormir unas dos o tres horas por
día y hacer luego una siesta corta al atardecer en algún escondite que pudiera encontrar, porque
si se quedaba en su cuarto no podía hacerlo debido a las constantes visitas para consultarle, a
pesar de las excusas disuasorias que su secretario pudiera presentarles para alejarlos.

Cuando obtenían el primer ejemplar de estas publicaciones prabhu Citraratha iba corriendo a
presentarselo a Sucandra, lo que le daba tanta alegría, lo ponía tan contento. Sin que se borrara
ni por un momento la sonrisa de su rostro la revisaba rápidamente mientras oraba con una
ligera sombra de temos, todo al mismo tiempo, controlando que a pesar de todos los esmeros,
todos los cuidados y toda la atención y revisaciones previas, no se hubiera deslizado algún error
importante. Entonces corría a su vez hasta el altar y allí se lo ofrendaba a Sri Sri Gaura Nitay.
Luego el domingo se haría la presentación oficial y al abrirse el altar los devotos encontrarían
las publicaciones recientes a los pies de las Deidades, como extensión y madura expresión de
las energías de Sus Señorías. Los domingos subsiguientes se ofrendarían a las Deidades los
resultados de sankirtan, la distribución que hacían los devotos de aquellos ejemplares.

Un día desde Europa le pidieron que enviara una fotografía de la etapa de producción, entonces
le pidió a prabhu Citananda y otros que se sentaran frente al tablero en actitud de trabajo, como
si tuviera un gran equipo trabajando, pero en realidad, aunque él no salió en la imagen, era
quien lo hacía prácticamente todo.

Desde el mismo comienzo era maravilloso ver a Sucandra soñar con la revista, desde la mañana
cuando se levantava, lo primero que veía eran las hojas en blanco que poco a poco se iban
poblando de artículos y fotografías, y cuando se acostaba sus últimos pensamientos seguían
fijos en esas hojas. A eso se refería Srila Prabhupada cuando decía que el devoto puro estaba
dedicado al servicio de Krishna las veinticuatro horas del día, en profundo samadhi, pues no
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había otra manera de hacerlo si se quería conseguir un resultado óptimo. Todo era un gran
trabajo viajando en tren para conseguir una pequeña parte, más de una vez, yendo de acá para
allá, siempre a prisa. Los demás en la litográfica, en la imprenta, se tomaban su tiempo para
hacer las cosas, quizás una semana, o más, para rehacer el trabajo si algo se escabapa y había
que hacer un ajuste. La pregunta obvia podría ser, por qué no encargar todo el trabajo a una
editorial, ¿acaso Buenos Aires no era uno de los principales focos culturales de Sud América?
Y la respuesta igualmente evidente es que de esta manera era mucho, mucho más económico.
Lo que hoy puede hacerse con una computadora en un día con un buen programa de edición, en
aquel tiempo insumía más de un mes trabajando con toda diligencia.

El dueño de la imprenta era un amigo de todos ellos, el Sr. Castro, papá de Atmarama Das y
suegro de Menaca Devi.

La calidad del papel de los primeros números era muy pobre, ligeramente superior a la de los
periódicos y se imprimía en blanco y negro. El segundo número ya tuvo tapa a dos colores.
Aun así fue un gran éxito, tan importante que con la venta del primer número, que tuvo una
tirada de 10.000 ejemplares, posteriormente se pagó el alquiler de la casa a donde se mudó el
Centro Bhaktivedanta ubicada en la calle Andonaegui 2054 de Villa Urquiza, en la Capital
Federal. Las ambiciones de Sucandra se vieron satisfechas cuando más adelante pudo imprimir
la primera tapa a cuatro colores en papel ilustración. Pasó un buen tiempo pensando cuál sería
la imagen de esa portada, tan importante para él, hasta que en un momento su rostro se iluminó
y dijo, -Ya sé, será madre Yasoda con el bebé Krishna en sus brazos.

En algún momento Prapana Dasa se marchó siguiendo su camino y la edición de la revista


quedó completamente en manos de Sucandra con la asistencia de Citraratha Dasa, que era su
secretario, y otros colaboradores. En el transcurso del tiempo, en octubre de 1983, la Argentina
volvió a la democracia de la mano del Dr. Alfonsín y las libertades individuales pronto fueron
restablecidas, por lo que las revistas pudieron expresarse más abiertamente y la prédica alcanzó
un desarrollo explosivo, al menos en evidente contraste con los años previos. Así el N° 2 del
Año 2 publicado en octubre de 1983 presentaba una ilustración de Dhanvantari y en el interior
se aclaraba osadamente que se trataba de una aparición del Señor Krishna.

El índice anunciaba un artículo titulado “La vida proviene de la vida”, otro “El verdadero
beneficio, basado en las enseñanzas del Bhagavad-gita, Cap. 10, texto 1” y también estaba
“Olla popular vegetariana”, con una reseña ilustrada de un programa de distribución gratuita de
alimentos vegetarianos en los barrios de Virreyes, un barrio ubicado a una hora de viaje al norte
de la ciudad de Buenos Aires.

En las publicaciones sucesivas se siguió predicando de manera muy directa, fue una gran
revista que atrajo a muchas personas a la conciencia de Krishna e inspiró a muchos otros a
hacerse devotos con sus interesantes artículos saturados de espiritualismo. El quinto año de
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publicación ya presenta una tapa a todo color y en su interior veintiséis páginas incluyendo una
sección llamada “El Srimad Bhagavatam” incluyendo los versos sánscritos y los textos tal
como aparecen en la obra original. Los devotos salían a distribuirlas llenos de entusiasmo, muy
confiados en la calidad del producto que estaban ofreciendo y hasta el más novato de todos
podía distribuir una veintena en un par de horas; los más expertos las distribuían por
centenares.

En esa sede del Centro Bhaktivadanta de Vicente López comenzaron a hacerse programas
públicos de ​mangala aratika p​ or las mañanas y de Bhagavad-gita por las tardes. Sin embargo
prabhu Bahkti Shastri seguía insistiendo con su proyecto de la granja de Córdoba, así es que
con Ujana Dasa compraron un tractor y otra maquinaria necesaria para hacer calles en la finca y
volvieron a Alta Gracia con renovadas esperanzas. No obstante, apenas comenzadas las obras
ocurrió un hecho sumamente desafortunado, cuando en una mala maniobra el tractor que iba
conduciendo Bahkti Shastri Dasa volcó y lo aplastó provocándole la muerte. Una desgracia de
la que los devotos pudieron sobreponerse solamente al saber que en aquél fatídico momento el
vaishnava​ llevaba una ​japa e​ n sus manos.

Sucandra se encontraba en Chile en ese momento y viajó de inmediato a Córdoba donde llegó a
consolar a Visaka Devi Dasi que recibió la noticia estando en Buenos Aires. Allí sin ninguna
experiencia, Sucandra se refugió en su maestro espiritual, buscó su inspiración con profunda
meditación y se dispuso a realizar los ritos funerarios y la cremación del cuerpo. Guiado
internamente por Srila Prabhupada y recurriendo al recuerdo de sus instrucciones supo que lo
más importante de toda la ceremonia era el canto de los santos nombres de Sri Krishna, aquel
era el modo en que Srila Prabhupada, la sucesión discipular y finalmente Krishna darían
refugio a esa alma y a todas aquellas que con sinceridad le hubieran prestado su amoroso
servicio. Conservó sus cenizas y la próxima vez que fue a la India las entregó madre Ganga, el
río Ganges, desde su propio corazón, sin ninguna ceremonia, sin tener la menor experiencia en
esos asuntos.

Ante esta grave circunstancia de perder el apoyo de Bhakti Shastri Dasa, parecía que todo
terminaba, que sería muy difícil seguir adelante sin esa contribución, así es que Harikesa habló
con Sucandra y le preguntó, “¿Qué quieres hacer, quieres quedarte allí en Argentina? Porque si
no, tengo otros proyectos para ti en la India o en Austria”. Pero Sucandra no lo pensó
demasiado, sentía que después que la semilla del ​bhakti h​ abía sido sembrada y la planta
devocional estaba por fin comenzando a brotar vigorosamente, sería una pena dejarla ahora
librada a su suerte. Además aquellos devotos que había conocido allí eran algo especial,
entonces respondió, “¡No, me voy a quedar aquí!”. Como él mismo lo explicaría años más
tarde, “Había comenzado a disfrutar el néctar de la prédica en Argentina”.
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EL TEMPLO DE VILLA URQUIZA


Recientemente reinstaurada la democracia ya habían muchos devotos, entonces Harikesa pensó
que ya era totalmente necesario mudarse a un lugar más amplio que les diera mayor
comodidad, porque era previsible que seguirían sumándose más devotos y además necesitaban
mejores instalaciones para llevar a cabo los programas.
Había una pareja de devotos, Ahalya Devi Dasi y su esposo, que estaban al tanto de esa
necesidad. Un día ella se acercó a Sucandra y le dijo que su papá era una persona que hacía
negocios demoliendo y desarmando casas, las adquiría arruinadas, las desmantelaba
aprovechando los materiales que aún servían, como las puertas, ventanas, pisos, mármoles,
mobiliario, etc., y luego las vendía. Con ese propósito tenía un lugar en Villa Urquiza, una vieja
casona, donde guardaba todas esas cosas.
Con la prédica de su hija e inspirado por Paramatma, este buen señor les dio permiso para que
se quedaran en aquel lugar, no en la casa principal sino en la parte de atrás, en lo que en la
época en que la casa era funcional habrían sido las dependencias de servicio. Eso tendría que
ser suficiente, estaban muy entusiasmados porque significaba un cambio bastante positivo, pero
mientras se mudaban necesariamente debían pasar junto a la casa principal y rodearla para
pasar a la parte trasera y mientras la miraban se dieron cuenta del potencial que tenía por sus
instalaciones y por su ubicación, la imaginaron arreglada y llena de visitantes que venían a
tomar ​darshan d​ e las Deidades y le propusieron al dueño alquilarla. Una vez más este señor se
dejó cautivar por el candor y el entusiasmo puro de los devotos, libre de toda ambición
material cuando piensan en la satisfacción de Sri Krishna, distinto de las personas con las que
trataba regularmente y cedió. Se pudieron de acuerdo en el valor del alquiler y tomaron
posesión de toda la casa que ciertamente era muy grande.
En esa casa de la calle Andonaegui 2054 el abandono era tan grande que el sótano, que ocupaba
toda la superficie de la planta baja, había desaparecido, estaba lleno de tierra en la que incluso
había crecido la vegetación. Trabajaron muchísimo excavando la tierra, sacándola afuera,
despejando el lugar, limpiando. Estaba todo roto, crecían arboles dentro de la casa y los techos
se llovían. Cuando estaban en el proceso de recuperación y puesta a punto de la casa llegó
Harikesa, quien ostentaba la más alta jerarquía eclesiástica en la zona, se arremangó la ​kurtha y
personalmente se puso a lijar las barandas. ¡Todos trabajaron muy duro!
Sucandra estaba asombrado de ver cuánto se interesaba la gente en la filosofía. En aquellos
momentos ya se encontraban en el templo muchos devotos, Aryama, Phanesvara, Acharya,
Atmarama. Dasya Rasa también ayudó mucho, en ese momento era ​bhakta ​todavía; pero
Sucandra le comentó a Harikesa que era tan humilde y prestaba tanto servicio que cuando fue
iniciado recibió el nombre espiritual de “Dasya Rasa Dasa”.
La mayoría de quienes acudían al templo lo hacían caminando desde la Av. Monroe por donde
circulaba una gran cantidad de líneas de colectivos, desde allí caminaban cinco cuadras por la
calle Mendoza y luego, a media cuadra de allí, sobre la calle Andonaegui al 2054, se ubicaba el
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templo. Todo ese trayecto solía transcurrir como una preparación para la experiencia espiritual
que se avecinaba.

La calle Mendoza tenía un boulevard cubierto de césped en el centro con canteros con flores y
árboles. A los lados se ubicaban antiguas casonas aristocráticas imponiendo un respeto
devenido de otras épocas, que sin embargo no conseguían detener el avance de los nuevos
edificios de departamentos que se erigían donde alguna de aquellas había sido demolida.

Otros venían en tren habiendo descendido en la estación Urquiza de la línea Mitre distante a
unas siete cuadras, transitando también por calles revestidas de adoquines flanqueadas por
árboles centenarios, muy bellos en primavera cuando dejaban caer una leve e incesante lluvia
de pequeños pétalos amarillos. Cuanto más se acercaba uno al templo, con mayor frecuencia
comenzaba a ver devotos, que aunque no estuvieran siempre vestidos con ropas devocionales,
eran inconfundibles por llevar su mano derecha hundida en su bolsa de yapa y un gesto de
concentración, o simplemente una mirada vaga indicando que, aunque su cuerpo estuviera allí,
su mente y corazón estaban en otra parte, cerca de Aquel de los ojos de loto.

En la entrada del templo había un portón de chapa de dos hojas pintado de color marrón,
amplio como para permitir el ingreso de un vehículo. Excepto por las noches, siempre estaba
entreabierto, con un cartel que decía “CENTRO BHAKTIVEDANTA”. A un costado del
portón había un plátano grande que asomaba tras la verja dándole a la fachada un aspecto
fresco y caribeño. Era cuestión de simplemente traspasarlo y uno ingresaba a un mundo
completamente diferente. Puertas atrás quedaba el mundo material con sus ruidos, sus inútiles
pero infaltables complicaciones, sus ordinarios y mezquinos problemas cotidianos. Ya dentro,
mientras se cruzaba el patio interior hacia la entrada de la vieja casona, se iba percibiendo el
aroma de los condimentos tostados con la manteca clarificada, mezclado con el aroma de los
inciensos ofrecidos a la Deidad. De la misma cocina, por una pequeña ventana a la altura del
zócalo del patio, escapaba en perfecta armonía con los embriagantes aromas la voz ancestral de
Srila Prabhupada cantando dulces ​bhajams​ acompañado con su armonio.

La casona tenía tres accesos, uno por detrás, privado, por el que solamente entraban los devotos
residentes. Otro principal, subiendo una corta escalinata de mármol blanco que llevaba
directamente a la sala del templo pero que se utilizaba solamente los domingos y los días de
fiesta. Y finalmente una pequeña entrada al fondo del patio que pasaba junto a la cocina, muy
pequeña realmente, por la que pasaba una sola persona por vez, pero que era la más utilizada.
Por esta entrada luego de bajar tres escalones había un cuarto muy pequeño con un banco para
sentarse y quitarse los zapatos, a un costado estaba el zapatero y enfrente la puerta de la cocina.
Allí mismo estaba la escalera de antigua madera de pinotea con sus escalones que crujían
suavemente bajo el peso de los visitantes, llevando inmediatamente a la antesala del salón del
templo propiamente dicho. El ambiente allí era completamente distinto, un lugar amplio con
techo alto, sus grandes paredes estaban decoradas con bellos cuadros de Sri krishna y tenía
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algunos sillones. Cuando terminaba la clase de Bhagavad-gita se armaba allí un stand


ofreciendo unos libros bellamente encuadernados conteniendo toda la sabiduría védica editados
por el Bhaktivedanta Book Trust de Argentina, una oportunidad extraordinaria para cualquier
intelectual buscador de la verdad. Además se exhibían collares de tulasi, rosarios para cantar el
maha-mantra Hare Kirshna y otros artículos de la cultura devocional hindú. Era un espacio
también para conversaciones más informales con los devotos que siempre estaban dispuestos a
conversar con los invitados para evacuar sus dudas.

A continuación, trasponiendo un gran portal de dobles hojas de vidrio, estaba el salón del
templo, amplio, de unos diez metros de largo por ocho en su parte más ancha, en forma de L. El
piso entablonado estaba plastificado, siempre reluciente; el techo pintado con aerógrafo por
algún inspirado devoto simulaba un cielo azul entre etéreas nubes blancas. En las paredes altas
colgaban más cuadros ilustrando los pasatiempos de Sri Krishna finamente encuadrados en
marcos dorados. A un lado contra una de las paredes había una ​vyasa-asana pintada de negro,
delicadamente tallada con patas de león y esmerados detalles de ebanistería, en la que se
encontraba un cuadro con una fotografía de Srila Prabhupada, eternamente dignificada por una
guirnalda de flores frescas y fragantes que se renovaba cada día.

A un costado, debajo de la ventana que daba a la calle, había otra ​vyasa-asana ​de menores
dimensiones y detalles que servía de asiento a los devotos mayores que daban cada día las
clases de Srimad Bhagavatam y de Bhagavad-gita.

Directamente frente a la ​vyasa-asana d​ e Srila Prabhupada se ubicaba el altar, en la parte del


salón que formaba la L, donde el piso estaba revestido con parquet formando mosaicos con
pequeños listones de madera. Este espacio del salón solía cerrarse a determinadas horas del día
con una enorme mampara de madera acanalada para darle mayor intimidad a las Deidades. En
esos momentos permanecían en penumbras con una luz tenue, en quietud, con la asistencia
ocasional del pujari que las atendía. Por las rendijas del portón escapaba una suave melodía de
Srila Prabhupada sonando en el grabador y el perfume de los sahumerios ofrecidos, todo lo cual
arrastraba irremediablemente la mente de los devotos que se encontraban orando en la zona
abierta del templo hacia los pies de loto de las Deidades.

El subsuelo de la casa después de despejado de la tierra y la maleza que lo invadía quedó muy
espacioso, y después de acondicionarlo debidamente quedó apto para instalar la cocina de los
devotos. Era muy amplia, de unos quince metros cuadrados, donde estaban colocados los
grandes mecheros para apoyar las enormes cacerolas de veinte litros, los grandes hornos, los
grandes piletones para lavar los utensilios, los grandes armarios para guardar las cosas. Todo en
grande para poder cocinar lo suficiente para unos cincuenta devotos ávidos de reponer energías
para seguir ofreciendo servicio devocional.

A continuación había otra cocina, mucho más pequeña, de acceso restringido, excepto para los
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brahmanas ​que cocinaban. Era la cocina de las Deidades, aquella donde se preparaba el ​maha
prasada, e​ n pequeñas cantidades, lo mejor de lo mejor. Nadie podría ingresar sin haberse
bañado previamente y usando ropas limpias, de allí saldrían en doradas bandejas cubiertas con
una seda amarilla los alimentos que serían ofrecidos directamente a las Deidades en el altar.
Algo realmente muy especial.

En otras partes del subsuelo había también un depósito para libros, aquellos que los
sankirtaneros s​ aldrían todos los días a distribuir al público en general, y el lugar al que
regresarían al final del día a entregar los resultados que al día siguiente serían ofrecidos a las
Deidades. Y había otro depósito más grande aún, menos acondicionado, a donde iba a parar
cualquier cosa que se quisiera guardar.

Las muy misericordiosas Deidades, ​parama-karuna, ​Sri Sri Gaura-Nitay eran muy hermosas,
de bronce, tenían un brazo levantado y el otro al costado de Su cuerpo, con el pie opuesto al
brazo en alto hacia adelante y el otro atrás a punto de dar el paso.

Cuando las condiciones de inseguridad debido a que el gobierno militar había proscrito el
movimiento para la conciencia de Krishna en la Argentina lo hizo aconsejable, los devotos
cerraron el templo de Vicente López, al menos para las actividades públicas, después de un
violento allanamiento. Los soldados irrumpieron armados con ametralladoras, maltrataron a los
devotos y secuestraron algunos libros y otras cosas. Pero afortunadamente un devoto que era
policía advirtió a los devotos lo que iba a suceder unos días antes y pudieron evacuar a las
Deidades para que nada les sucediera, de no haber sido así, sólo Dios sabe qué tipo de ofensas
hubieran tenido que soportar. Así es que las llevaron al departamento de la mamá de un devoto
llamado (​algo así como Paramatma, averiguar bien) donde fueron colocadas en un mueble del
living. Sin embargo, a pesar del hermetismo que rodeó el operativo, los demás devotos se
enteraron de dónde estaban y naturalmente quisieron ir a visitarlas, pues comenzaron a sentir
Su separación inmediatamente. Una tarde fueron todos a verlas, eran alrededor de veinte
personas, en momentos en que la señora no se encontraba en su casa. Cuando de repente llegó,
al abrir la puerta se encontró con ese gentío invadiendo su casa prestando reverencias a las
Deidades que había traído su hijo, contrariada por la situación se sentó en una silla y encendió
un cigarrillo, hasta que un devoto se le acercó y le dijo, “Señora, ¡podría apagar su cigarrillo,
por favor!” ¡Estando en su propia casa! Y eso fue demasiado para ella.

Llevaron entonces las Deidades al Brasil, al templo de Nova Gokula, donde estuvieron
exiliadas durante un par de años, habiendo ingresado sin que el detector de metales las
descubriera. Luego, estando ya ubicados en el templo de Villa Urquiza, comenzaron a pensar
en qué Deidades iban a instalar. Harikesa era de la idea de que debían conseguir unas deidades
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grandes, ahora que disponían de un templo grande con suficientes comodidades.

Pero los devotos, en cambio, nunca habían dejado de meditar en aquellas pequeñas Deidades
regordetas de Gaura y Nitay, esas que habían visto por primera vez al comenzar su vida
espiritual y querían recuperarlas. Comenzaron las gestiones de repatriación con las autoridades
devocionales de Brasil por correspondencia y Hridayananda Das Goswami dio su amoroso
consentimiento, en una carta fechada el 18 de octubre de 1982, expresando que estaba
completamente de acuerdo con la idea y que estaba muy feliz de saber que la prédica en la
Argentina iba tan bien. Solamente les pedía un poco de tiempo para que el templo de Nova
Gokula pudiera adquirir otras Deidades y así la adoración no se viera interrumpida.

Entonces Kaivalya Dasa fue a buscarlas en avión y las trajo de regreso en un maletín. Sucandra
que había ido a buscarlo al Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires vio que los agentes de
Migraciones le estaban haciendo problemas con el equipaje. Al darse cuenta de la situación
entró a la sala, se paró al lado de Kaivalya, junto al maletín que aún no le habían revisado. Lo
tomó disimuladamente con toda naturalidad y se fue, ¡nadie se dio cuenta! Gaura-Nitay habían
cubierto con Su ​yoga-maya​ a los agentes y fue así como volvieron a la Argentina.

El altar de madera lustrada con columnas retorcidas remadas en flores de loto estaba inspirado
en el altar de Heidelberg. Esas Deidades desde que estuvieron en el templo de Villa Urquiza
tuvieron un estándar de adoración muy elevado, con seis ofrendas diarias muy opulentas que
algunas décadas después se hizo muy difícil de mantener debido al alto costo de la leche en
polvo y del ​ghee.​ Los trajes de Sus Señorías junto a los doseles que decoraban el altar son
literalmente imposibles de contar, de fina seda, delicadamente bordados con mil motivos
diferentes. Sucandra les había instruido que toda la buena fortuna del templo y de su propósito,
la prédica, dependían por completo de la satisfacción de las Deidades y el servicio directo que
se les prestaba debía ser de la más alta calidad posible.

Contiguo al sector del altar había un pequeño cuartito, el cuarto del ​pujari, donde se
encontraban los efectos personales de las Deidades; un armario repleto de finos vestidos
delicadamente bordados, Sus camas, Sus alhajas, Sus utensilios y toda la parafernalia utilizada
en Su adoración.

Otras dependencias ubicadas en ese nivel de planta eran los cuartos y el baño de los
brahmacaris,​ muy austeros como corresponde a los renunciantes, completamente vacíos
excepto por los lockers para guardar sus pocas pertenencias, donde por las noches acomodaban
sus bolsas de dormir para descansar después de un día repleto de actividades dedicadas al
servicio del Señor.

Desde la antesala del templo subía una escalera hacia la habitación de Sucandra Dasa que era
también el cuarto de los gurús, sobre todo en los años siguientes cuando recibían la visita de
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Srila Virabahu, Krishna-ksetra Maharaja y Jayapataka Swami, entre muchos otros devotos
ilustres.

La única cama que había en todo el templo, donde vivían alrededor de ochenta devotos, era una
de una plaza ubicada en el cuarto de arriba que ocupaba BBS, donde se acostaba Harikesa
Swami cuando se encontraba de visita por unos pocos días en Buenos Aires. Aun así, aunque el
resto del año se encontraba vacía, Bhakri-bhusana Swami no dormía en ella, sino que se
acotaba en el suelo y descansaba en una bolsa de dormir como todos los demás. El único lujo
del que disponía era una delgada colchoneta de un centímetro de espesor de goma espuma con
uno de sus lados plateado, lo que se suponía constituía una aislación térmica adicional que
había traído de Europa porque acá no se conseguían. Esto era así aunque se encontraba solo en
ese cuarto, nadie lo hubiera visto, pero los pocos que lo vieron fueron testigos de ese gesto de
renuncia al placer mundano que le ofrecería una modesta cama de una plaza.

Pero no era solamente una cuestión de renuncia yóguica, sino más que nada del respeto que le
inspiraban los devotos mayores que se alojaban en ese cuarto. Imposible dejar de remitirse al
pasatiempo del Ramayana, cuando Sri …... asumió el reinado por orden de su padre Dasarata
mientras duraba el exilio del Señor Ramacandra, pero nunca se sentó en el trono que por
derecho le correspodía a su hermano mayor.

En este templo tuvieron un programa de prédica y cultivo espiritual completo, comenzando por
las mañanas muy temprano con el ​mangala aratika a​ l que por su belleza solían acudir incluso
visitantes que recién estaban conociendo el movimiento. En la intimidad del templo en
penumbras, iluminados apenas por las luces del altar, presentaban sus respetos a sus Señorías
entonando los mantras de la Brahma Samhita acompañados por la grabación en la que Yamuna
Devi Dasi canta Govinda, con los arreglos orquestales de George Harrison. Luego tenían una
hora y media para cantar rondas, casi todos recorriendo la sala del templo con pasos rápidos en
un constante ir y venir con su mano en la ​japa c​ antando Hare Krishna. Algunos lo hacían con
más lentitud, con los ojos entrecerrados, pero Sucandra se sentaba sobre un almohadón en
algún rincón y allí recitaba el mantra con mucha concentración, hasta que se hacía la hora de la
clase de Srimad Bhagavatam. Un mantra cada día, consecutivamente. Era emocionante ir
recibiendo los Cantos nuevos a medida que el BBT iba imprimiendo las nuevas ediciones en
español y llegaba un ejemplar.

Prácticamente siempre la clase la impartía Sucandra, en los primeros tiempos en el templo de la


calle Andonaegui todavía le traducían las clases, hasta que un día le dijeron, “No más
traducción, a partir de hoy tienes que hablar como puedas”. A partir de entonces comenzó a
hacer los comentarios sobre el texto en español, con dificultad para pronunciar las “r” y
pidiendo ayuda para confirmar que lo que estaba diciendo era correcto, “¿Se dice así, no?”. Con
el tiempo, pero rápidamente, adquirió un vocabulario muy refinado utilizando palabras de una
expresión muy culta, seguramente por leer los libros de Srila Prabhupada en español, pero
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siempre recurriendo a la ayuda de los devotos, quizás más para mantener despierta su atención
que por inseguridad. Pero también resultaba muy simpático oír cómo intercalaba cada tanto
palabras del lenguaje coloquial que escuchaba de los devotos, solía decir con un gesto de
picardía, “Estamos todos ​chochos,​ ¿se dice así, no?”, dando a entender que estaba al tanto de la
idiosincrasia argentina.

Sus clases eran profundas al explicar los pasatiempos y las enseñanzas que guardaban pero casi
siempre se tornaban enérgicas al inspirar y alentar a los devotos a salir a ​sankirtan. ​Hacía
hincapié en la necesidad de la sociedad humana de conocer los libros de Srila Prabhupada para
emanciparse espiritualmente, una necesidad impostergable porque la gente está sufriendo
terriblemente los embates de la energía material. El ​sankirtan ​era la forma más elevada de
socorrer al alma condicionada, por encima de cualquier tipo de beneficencia social o ciencia
médica, que aunque imprescindibles para mantener el cuerpo físico en buenas condiciones, son
completamente incapaces de hacer algo sustancial a nivel espiritual que vaya más allá de un
apoyo moral o una reparación sicológica.

De cuando en cuando se realizaban también programas especiales para los padres de los
devotos. La gran mayoría de los muchachos y chicas que acudían como invitados a los
programas no solían quedar indiferentes al mensaje de Srila Prabhupada después de escuchar
las clases y leer algunos libros, implícitamente el lector era enfrentado a ciertos interrogantes
que cualquier mentalidad inteligente no podía ignorar, ¿qué vas a hacer con tu vida para que se
vuelva valiosa? ¿Ahora que sabes cuál es tu posición constitucional eterna, vas a asumirla, o
vas a hacerte el distraído y seguir una vida ordinaria como si nada hubiera pasado? ¿Ya que
tienes un atizbo de tu verdadera identidad, seguirás comportándote como si fueras el cuerpo
temporal? Y, ya que tienes este increible conocimiento, ¿vas a quedártelo para ti solo, o vas a
propagarlo cuanto te sea posible para que otros también puedan salir de la ilusión que los
mantiene sometidos al sufrimiento?

Una buena parte aceptaba el desafío y al cabo de un tiempo se mudaban al templo para llevar
una vida monástica, pero generalmente eran personas muy jóvenes, apenas unos veinteañeros, o
menos, muchachos y chicas rebeldes que tomaban la decisión sin el consentimiento, o al
menos, el beneplácito de sus padres quienes tenían otros planes más convencionales para sus
hijos. Por otra parte, una cosa hubiera sido emprender un camino cristiano -aunque esto
tampoco fuera el futuro ideal que se hubieran imaginado- y otra cosa era adoptar los hábitos de
una secta desconocida y tan rara a las costumbres tradicionales occidentales. Por eso solían
realizarse reuniones con los padres, invitándolos al templo para que vieran las condiciones en
las que se encontraban sus hijos y sobre todo, para que pudieran comprobar que su decisión era
completamente libre sin ningún tipo de manipulación ideológica, más allá de los principios
filosóficos y religiosos que naturalmente conforman la conciencia de Krishna. Bhakti-bhusana
Swami les explicaba con toda paciencia y amor el mejor interés que los devotos tenían por sus
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hijos, dedicándoles todo el tiempo que fuera necesario, invitándoles prasadam y fomentando a
partir de allí la comunicación con ellos para un mayor entendimiento. Como resultado, muchos
padres aceptaban también la conciencia de Krishna como un proceso purificatorio fidedigno, o
mejor aún, se volvían devotos ellos mismos.

El alquiler de semejante casa que en total tenía alrededor de quinientos metros cuadrados
cubiertos les demandaba mucho esfuerzo, en el templo había cada vez más devotos residentes y
además, para complacer a Krishna y atraer a más público, se hacían festivales de una opulencia
tal que, aún en plena crisis económica, después fueron muy difíciles de igualar. Todo esto
requería de mucho dinero y los devotos y Sucandra idearon distintas maneras de generar los
ingresos necesarios.

Uno de tales emprendimientos fue la producción de perfumes y esencias que llevaban la marca
comercial “Spiritual Sky”, un servicio a cargo de Dhristaketu Dasa que tenía su pequeño
despacho/depósito/taller, todo junto, en un minúsculo sector del sótano.

Otro fue la creación de un programa de “Protectores”, amigos de Krishna que colaboraban


regularmente con una cuota mensual. A cambio los protegidos resultaban ser los protectores,
pues Anhila Devi Dasi que estaba a cargo del programa acudiría con un llamado telefónico, o
alguna señal de amabilidad, a aquel que ocasionalmente se alejara de Krishna.

Prabhu Jagadisvara horneaba panes hechos con harina integral desde muy temprano mientras
todos asistían a los programas matinales para venderlos más tarde, en tanto algunas devotas
hacían exquisitas preparaciones para vender entre los vecinos.

Luego los devotos, iniciados y ​bhaktas, t​ odos los que estuvieran dispuestos ​saldrían a ​sankirtan
a distribuir la revista Atma Tattva y los libros disponibles después de tomar un desayuno, que a
esta altura ya era muy consistente y abundante. En el cuarto de los ​sankirtaneros s​ e
organizaban distribuyendo las zonas a las que irían y de allí partirían llenos de entusiasmo a
recorrer calles, semáforos, trenes, colectivos, esquinas y parques, según fuera la preferencia de
cada cual. Al regresar al templo al atardecer los esperaba un ​prasadam e​ special que compartían
todos juntos mientras relataban sus experiencias cual soldados venidos de un campo de batalla.
Eran los niños mimados del templo, realizaban el servicio más importante de todos y recibían la
consideración especial de Sucandra. Si por la mañana algún remolón todavía no se levantaba
Sucandra iría personalmente a despertarlo, y si no hubiera quien cocinara para ellos, Sucandra
lo haría y todos podían contar con su apoyo y trato especial. Sin embargo aquello no
significaba ninguna debilidad o permiso que dejara la más mínima rendija para que ​Maya
pudiera colarse por allí. En una ocasión Agnivarna Dasa que estaba cocinando para ellos se
dirigió a Sucandra y le dijo con desaliento,
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-Últimamente no sé qué cocinar, o cómo hacerlo mejor, no encuentro la forma de satisfacerlos,


siempre tienen una queja.

A lo que Sucandra contestó, -¡Los deseos materiales de nadie jamás podrán ser satisfechos
completamente!

Prabhu Gandhara mencionó que, como todos los devotos nuevos, incluso mientras se
encontraba en el templo de la calle Sarmiento, al principio se quedaba en el templo cortando
vegetales para la cocina, haciendo compras en el mercado y pasando el resto del tiempo
dedicado a la lectura y el canto de la japa, pero un poco después fue invitado a salir a sankirtan
junto a algún otro devoto con experiencia para que pudiera guiarlo. El primer día fueron a la
avenida Cabildo en el barrio de Belgrano, una zona comercial llena de gente a cualquier hora
del día, pero aunque lo único que tenía que hacer era ofrecer la revista y pedir a cambio una
donación voluntaria, se encontró aterrorizado y no pudo desenvolverse muy bien. Esa tarde
cuando regresaron al templo fue ante Sucandra, quien le preguntó,

-¿Y, cómo te fue hoy?

-Muy mal prabhu, apenas pude distribuir una sola Atma Tattva- respondó Gandhara entre
avergonzado y desilusionado.

Pero Sucandra avanzó entonces hacia él y olocando ambas manos sobre sus hombros y
adelantando su rostro le dijo con sus ojos muy abiertos lleno de alegría,

-¡Una revista, un alma! ¡Esa es un alma que vuelve al mundo espiritual!- y lo felicitó,
transformando su fracaso material en un éxito espiritual. Luego de esta primera experiencia
prabhu Gandhara, como muchísimos devotos más, permaneció en fijo en la misión de sankirtan
durante varios años. Como se dijo anteriormente al comienzo de esta obra, resultaría muy
difícil mencionar a todos los devotos que entregaron algunos años de su vida a esta actividad
trascendental de distribución de los libros de Srila Prabhupada, como resultaría más difícil aún
relatar los innumerables pasatiempos ocurridos cada día, cada hora, cada minuto que
permanecían en este servicio a bordo de trenes, colectivos, o persona a persona en las calles, en
los aeropuertos, en los semáforos, o donde fuera.

En una ocasión prabhu Jñana Vairajñia, a pocas cuadras del templo ya de regreso después de
una maratónica jornada, al disponerse a cruzar la calle se encontró con un auto que se había
detenido debido al semáforo. Se trataba de un flamante Mercedes Benz conducido por un señor
con el seño fruncido. Este devoto se dirigió a él intrépidamente aprovechando que llevaba la
ventanilla baja y en tono totalmente convencido le extendió un Bhagavad-gita y le dijo,

-¡Tome, este libro puede cambiar su vida!


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Parecía una propuesta atrevida para una persona exitosa desde el punto de vista material, a
juzgar por el auto que conducía, pero se aferró al libro y entregó una generosa colaboración. Al
relatar más tarde este acontecimiento el devoto admitía lleno de agradecimiento que cualquier
cosa que pudiera haber dicho o hecho, se debía solamente a la inspiración de su maestro
espiritual y de su mentor Bhakti-bhusana Swami Maharaja.

Anasuya Devi Dasi recuerda aquella época de su vida relatando que participaba de las
maratones que se realizaban los días sábado, todos los sábados. Bhakti-bhusana Swami los
animaba a todos para que participaran diciéndoles que no importaba cuántos libros podían
distribuir, eso no era lo importante, no debían ser fruitivos. Lo importante era salir, participar
del ​sankirtan y eso en si mismo era el éxito. Allí estaban las bendiciones de todo el ​parampara
cuando Srila Prabhupada decía, “Si realmente quieres complacerme, distribuye mis libros”. Sri
Krishna en el Bhagavad-gita le decía a su amigo íntimo Arjuna, que no hay devoto más querido
por Él que aquel que canta Sus glorias. Entonces todos salían, aun los más tímidos,
entusiasmados por las bendiciones de Bhakti-bhusana, quien los acompañaba hasta la puerta y
allí los despedía. Apenas se quedaba en el templo el ​pujari para atender a Sri Sri Gaura-Nitai.
Y al atardecer cuando regresaban él estaba allí para recibirlos con su amplia sonrisa. Durante
las maratones más importantes ¡incluso les llevaba un poco de ​prasadam allí donde estuvieran
distribuyendo los libros! Algo que Anasuya nunca olvidará es que al finalizar la maratón,
después de haberse bañado y cambiado en preparación para la fiesta durante la cual se leerían
los resultados, se reunían en el hall que estaba antes de la sala del templo y realizaban lo que
ellos llamaron “el ​kirtan íntimo del Señor Caitanya”, un ​kirtan a puertas cerradas solamente
para quienes habían participado de la maratón junto a Bhakti-bhusana Swami. Primero él les
preguntaba acerca de sus aventuras durante la distribución y los devotos solían relatar
pasatiempos increíbles en los que se encontraban a veces con personas que estaban muy mal y
se ponían muy felices al recibir los libros, o que les decían presas de una gran emoción
“¿Dónde estuvieron todo este tiempo? ¡Hace mucho que busco estos libros!” y se iban
aliviados. Otros relatos eran completamente místicos, o superadores de cualquier explicación
racional en la que se volvían “invisibles” para los inspectores o le entregaban una colección
completa a alguien que aparentemente era un indigente. Todos celebraban estas historias en las
que podían ver la mano de Krishna distribuyendo los libros por ellos y se sentían muy felices,
como nunca lo habían experimentado antes.

Tan excitantes eran estas experiencias, cargadas de sorpresas o con derivaciones insospechadas,
que sus relatos se redactaban y se publicaban en una pequeña revista interna llamada Cartas de
Sankirtan.

Otro recuerdo de Anasuya Devi que ilustra el carácter generoso de Bhakti-bhusan está
relacionado con una época de gran austeridad que vivieron en el templo de calle Andonaegui.
La dieta básicamente consistía en arroz, muchas veces solamente tenían solamente eso para
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comer, y té para el desayuno, sin azúcar, excepto los domingos que tenían algo más para hacer
más llevadera la situación. Ocurrió entonces que en esas circunstancias Bhakti-bhusana recibió
un dinero desde Alemania de parte de su madre como un obsequio por su cumpleaños, pero en
lugar de gastarlo para si hizo una fiesta de pizza para todos los devotos.

En el año 1983 decidió imprimir el Bhagavad-gita en Argentina, importarlo desde algún otro
país de habla hispana no era conveniente en ese momento en que el peso argentino estaba muy
desvalorizado por la impresionante inflación que producía la constante emisión de moneda.
Pero para ello tuvo que viajar a Italia desde una visita que estaba haciendo en España para
conseguir las películas necesarias. En Italia se hacían todas las impresiones de libros de los
templos del sur de Europa: España, Portugal, Francia, Italia. No obstante estaban perdidas,
nadie sabía dónde se encontraban, en España no las tenía nadie, pero siguiendo la pista por
datos aislados que brindaron algunos devotos logró dar con la imprenta que había realizado la
última impresión algunos años atrás. Cuando el imprentero se las dio, estaban sucias con polvo
adherido, dobladas, desordenadas, incluso faltaba una hoja del final del Capítulo tercero que
armaron y fotografiaron, por eso, aunque imperceptiblemente, era de distinta calidad que el
resto del libro.

Aquella fue una edición hermosa aunque el papel no era tan bueno y las tapas eran de cartón
blando plastificado, a todo color. Exhibía una imagen mística de Sri Krishna tocando Su
caracola con la mirada dirigida al cielo desde la cuadriga, atrás está Arjuna recuperado de su
tribulación soplando también su caracola. En la parte superior tenía una banda de color verde
profundo con el título escrito en letra gótica, en la parte inferior se repetía la banda verde con el
nombre del autor, Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada. Esta bella edición
hizo muchísimos devotos y se distribuyó íntegramente en los próximos años.

Después imprimió cuatro títulos más consiguiendo los películas de la misma manera, el
primero de los cuales fue ​La ciencia de la autorrealización ​con la silueta de un templo hindú
recortada sobre el fondo de un atardecer.

Harikesa me dijo que imprima el BG, pero como era complicado me dijo que vaya a los
Estados Unidos a buscar las películas en Miami, llegue de mañana y de noche mismo me volví.
El primer libro que se imprimió fue el BG y después Ciencia de la Autorrealización, y así
comenzó el BBT aquí.
Fuimos a una imprenta con harikesa, porque yo no tenía experiencia en tratar con
imprentas… entonces él vino conmigo. El dueño los quería persuadir, pero Harikesa le dijo “yo
estoy imprimiendo millones de libros, no me venga a explicar a mí cómo es” jajaja
El templo de la calle Andonaegui quedó completo definitivamente el año 1996 cuando fue
instalada una ​murti de Srila Prabhupada de cerámica de tamaño natural, con el mentón
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ligeramente levantado con gesto distinguido y las manos con sus dedos entrelazados
descansando sobre su regazo. Ese año fue particularmente importante para el movimiento de
conciencia de Krishna porque se celebraba el centenario de la aparición de su fundador-acarya,
y qué mejor forma de hacerlo que invocando su protectora presencia en la forma de una ​murti
con un festival de bienvenida en el que estuvieron presentes Bhakti-bhusana Swami y Kaivalya
Das. Antes de que llegara en esta forma los devotos ofrecían sus reverencias cotidianas ante la
imagen en el cuadro, y para la ocasión del ​guru puja s​ e bajaba la ​murti​ de bronce del altar.

Esta celebración, como las que se hacían regularmente en las fechas importantes como Krishna
Janmastami, Gaura Purnima y otras similares, eran grandes ocasiones para que todas las
personas allegadas al templo prestaran servicio devocional. La expectativa era que en esas
ocasiones visitaran el templo alrededor de trescientas personas y que todas se fueran con una
impresión de felicidad en sus corazones que seguramente nunca olvidarían, para lo cual uno de
los elementos esenciales era la ofrenda de ​prasadam.

Como mínimo se ofrecían a las Deidades ciento ocho preparaciones, todas de primera calidad,
exquisitas, suntuosas, exóticas, aromáticas, sumamente sabrosas, muy agradables al tacto y a la
vista. Prepararlas era una cuestión que ocupaba quizás a treinta personas, entre ​brahmanas,
devotos iniciados, ​bhaktas ​e incluso amigos de Krishna, todos estaban invitados a participar,
con la única condición de cumplir esmeradamente con los estándares ​vaishnavas ​de limpieza
que involucran no solamente al cuerpo y los utensilios, sino también a la mente. Se organizaban
en diferentes equipos para lograr una mayor eficiencia; alrededor de diez personas se ubicarían
en el cuarto que estaba al lado del zapatero frente a un mostrador a pelar papas, una bolsa de
cincuenta kilos, y cortar todo tipo de verduras. En el patio otro grupo amasaba, preparaba
rellenos y procesaba distintos alimentos, y en la cocina se freían en guee y horneaban las
zamosas, las pakoras, los subjis, panes y otras delicias. A un costado reposaban en un tacho de
doscientos libros las gulab jamun inundadas en un almíbar celestial.

La decoración del templo ocupaba a otro equipo de voluntarios limpiando todo, preparando
guirnaldas de flores, hojas de palmeras, tapices, luces, con el mayor esmero y buen gusto.

Momento especial de la fiesta de los domingos o de estas celebraciones especiales era la clase
de Bhagavad-gita de Bhakti-bhusana Swami Maharaja. Sentado muy erguido en la vyasa-asana
daba lectura a un texto sosteniendo con su mano derecha en alto el libro y luego ofrecía una
charla tan experta que podía satisfacer a todo tipo de audiencias, a los avanzados y a los
neófitos, a los intelectuales y a los sentimentales, a creyentes y ateos, todos podían sentirse
conmovidos e inspirados por la profundidad de sus observaciones acerca de la vida, sus
problemas y la búsqueda de la felicidad, algo con lo que todos podían sentirse identificados y
abiertos, en última instancia, al mensaje liberador de la conciencia de Krishna. Sólo una
persona con semejante pureza y amor puede decirle a alguien en la cara qué es lo que está
haciendo mal y corregirlo sin que se sienta ofendido, mantener cautiva la atención durante toda
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la exposición y aun arrancar una sonrisa con una pizca de fino humor en el momento más
oportuno. La fuerza de su convicción era tan prominente que aunque algunas veces dijera cosas
muy controversiales, al final surgían muy pocas preguntas. Después de la clase la gente solía
confesar, muy asombrada, que Maharaja había contestado en el curso de la charla las preguntas
que tenía preparadas para hacerle, por eso se habían quedado sin nada que preguntar. Otros se
sentían tan satisfechos en su corazón con lo que habían oído que, habiendo desaparecido sus
ansiedades y temores, no sentían deseos de preguntar nada. Claro que ocasionalmente aparecía
también alguien haciendo preguntas retóricas o desafiantes de las que la filosofía especulativa
suele ofrecer a las mentes argumentativas, pero más allá de la pérdida de tiempo, no
significaban ningún obstáculo para llegar a la conclusión básica de la conciencia de Krishna,
que nosotros no somos los cuerpos que habitamos y que no somos Dios, sino sus humildes
sirvientes.

Esta circunstancia de contestar durante el curso de la clase las preguntas que la gente había
preparado para hacerle, sin que las hubieran formulado, le valió una fama de místico que se
reforzaba cuando varios comentaban que les había ocurrido lo mismo. En ese mismo sentido
era también asombroso que contestara preguntas ulteriores, es decir, aquellas dudas verdaderas
que se escondían detrás de la que había sido expuesta, ante lo cual la gente se quedaba con la
impresión de que les había leído la mente al llevar la respuesta por un tema que no era el que se
había propuesto, pero era lo que la mentalidad del discípulo estaba guardando.

En una ocasión durante una clase impartida en Mendoza, un muchacho del público preguntó
con tono aparentemente inocente, “Si Dios existe, por qué no puedo verlo?”

A lo que él respondió con dureza, “¿Tú quieres que Krishna aparezca ante ti con un chasquido
de tus dedos, mientras te encuentras tirado en la reposera tomando una cerveza y que dance
ante ti?” ¡Fin del cuestionamiento!

En la fiesta propiamente dicha algo increíble era el momento del ​kirtan​, multitudinario, dentro
y fuera del templo porque no había capacidad para tanta gente. Los devotos se habían vuelto
sumamente expertos en la ejecución de mridangas, kartalas y harmonio y en dirigir a todos los
presentes en un canto entusiasmado de los santos nombres del Señor, por lo que todos
participaban con los brazos en alto cantando a toda voz. Los que podían apartarse un momento
a descansar o tomar un poco de aire en medio de tal vorágine, podían ver con estupor y
asombro cómo el piso de madera, que debajo tenía una cámara de aire, subía y bajaba
arqueándose bajo el peso de un centenar de devotos saltando todos juntos a la vez, parecía
mentira que pudiera resistir tanto y no se rompiera. Algunos comentaban entre si que algún día
se rompería y los devotos caerían estrepitosamente al entresuelo, otros decían que aquel templo
era como la cuadriga de Arjuna, que se mantenía intacta porque Sri Krishna se encontraba allí,
pero que el día que se fueran se vendría todo abajo, como la cuadriga que explotó cuando el
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Auriga Supremo se bajó de ella.

EN 1982 ADOPTA SANNYASA


En el mes de marzo de 1982 hizo una visita a la India, esta vez gracias a la ayuda de una señora
llamada Yolanda que le ayudó con el pago del pasaje. Harikesa ya se encontraba allí desde
hacía unos días preparándose para la reunión anual del GBC, también estaba esperando a
Sucandra, en quien había estado meditando desde hacía varios meses. En cuanto supo que
estaba en Mayapura lo hizo llamar, pues tenía algo importante que decirle y no había
demasiado tiempo, era algo que debían resolver en esa oportunidad. Cuando estuvieron juntos
le dijo después de saludarlo y sin más preámbulos, “Sucandra, si quieres quedarte a continuar
con la prédica en Argentina como me has dicho, ¡debes adoptar ​sannyasa​! O adoptas ​sannyasa
o no vuelves más a la Argentina”.

Habían varias razones que aconsejaban dar este paso, algunas de ellas prácticas, como el
respeto y peso que adquiriría en toda la región, ya que Sucandra hacía también viajes a Chile,
pero sus opiniones y consejos no eran debidamente tenidos en cuenta porque era simplemente
un devoto ​brahmacari​; en cambio, siendo un ​sannyasi ​ganaría mayor consideración y en el
futuro podría tener una presencia aún más decisiva ya que inclusive se estaban explorando las
muy buenas perspectivas que habían de predicar en Uruguay y Paraguay. Y ni siquiera es
necesario mencionar que ​sannyasa ​era la condición natural de Sucandra, su personalidad estaba
dotada de todas las cualidades auspiciosas de quien se encuentra en la orden de vida de
renuncia. Su humildad, abnegación, compasión, fidelidad a su maestro espiritual y obviamente
la renuncia a todo aquello que no se encontrara relacionado con Sri Krishna a través del
servicio, eran su estado más genuino, su verdadera esencia y no una imposición artificial o una
promesa de cualidades a desarrollar a partir de esa unción. En su caso la imposición de la triple
dandha y​ el nombre de tercera iniciación era una simple formalidad para certificar una
condición que ya estaba asumida como su ofrenda diaria a Srila Prabhupada.

[Antes de esto ¿CUÁNDO TOMÓ SEGUNDA INICIACIÓN? ¿DÓNDE? ¿FUE CON SP?]

La ceremonia se llevó a cabo algunos días después con un ritual en el que fueron iniciados
​ n ausencia de Srila Prabhupada, quien ya había partido de este mundo en
muchos ​sannyasis. E
el año 1977, el ​jagñya e​ stuvo presidido por Sri Vishnupada, el título honorífico que por
entonces ostentaba Harikesa Swami.

A partir de entonces sería conocido como Bhakti-bhusana Swami Maharaja. Su nombre


literalmente significa el ornamento, o la joya del ​bhakti, ​el servicio devocional; un nombre
completamente adecuado para una personalidad que con su dedicación y esmero por la
perfección podía lograr que cualquiera cosa ordinaria en la que participara se volviera
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extraordinaria. Un ornamento de oro puede ser muy bonito por si mismo pero realmente logra
deslumbrar cuando lleva engarzada una joya valiosa. Así un templo, un programa de prédica,
una revista espiritual o cualquier otra cosa se volvían perfectos cuando Bhakti-bhusana Swami
ponía su mano en ellas.

En el camino de regreso hizo una escala en Alemania y en su nueva condición de ​sannyasa


tomó parte en la ceremonia de instalación de Nrisimhadeva en ese país. Él fue el primer devoto
alemán s​annyasi,​ allí donde había comenzado su vida espiritual, donde tantos devotos lo
conocían y, al verlo tan avanzado espiritualmente y tan serio, muchos devotos se inspiraron
para tomar ​sanyasa,​ así como Bhaktibhaivaba Maharaja, Sacinandana Maharaja y muchos
otros.

De regreso en Buenos Aires todos los devotos estaban muy asombrados al verlo, no solamente
había cambiado su hábito al vestir el delantal de los mendicantes si no que también llevaba una
dandha, t​ odo lo cual contribuía a darle un aire mesiánico y, de ser posible, la otorgaba un brillo
aún más intenso. Los devotos que lo esperaban en la vereda del templo ya conocían la etiqueta
vaishnava p​ or las visitas regulares de Harikesa y lo aguardaban con el corazón lleno de alegría
y expectativa. Cuando llegó, se bajó de la camioneta y después de trasponer el portón los
devotos que ya lo rodeaban en el patio derramando lágrimas exclamaron “¡Bhakti-bhusana
Swami ​ki jay!” ​y se arrojaron al piso para ofrecerle reverencias. Él pasó rápidamente ante ellos,
subió la escalera a trancos presuroso, entró a la sala del templo, se postró ante Srila Prabhupada
permaneciendo allí tendido durante un momento y luego se dirigió a prestar su sumiso respeto a
las Deidades. Las contempló largamente con las manos juntas ofreciéndole mentalmente
profundas plegarias y luego recuperando nuevamente su prisa habitual se fue a su cuarto.

Más tarde cuando Vishaka Devi Dasi se encontró con él exclamó, “¡Uhhh, ahora cambio
todo!”, porque ahora era un ​sannyasi,​ y no era solamente una cuestión de protocolo sino
también de relacionamiento. Este cambio afectó positivamente a todo el templo, inspiró mucho
​ ientras ellos eran
a los devotos que Suchandra cambiara el nombre y ahora fuera ​sannyasi m
testigos privilegiados de una evolución que abarcaría a todo el ​yatra.
Apenas ocurridos estos auspiciosos eventos, el 2 de abril de 1982 el país sufrió como nación
otro evento traumático cuando comenzó la guerra contra Inglaterra por la recuperación de las
islas Malvinas y todo se volvió aún más intenso. Bajo el gobierno de facto del General Galtieri
los programas seguían haciéndose ocultos, con perfil bajo, pero las crisis muchas veces vuelcan
a la gente con mayor intensidad hacia la búsqueda filosófica; no solamente el nacionalismo se
vio exacerbado sino también la inquietud por buscar una salida permanente a esos problemas.
Muchos simpatizantes comenzaron a aceptar la responsabilidad, Harikesha venía cada vez con
mayor asiduidad e iniciaba devotos.
En algún momento de esta etapa de desarrollo se hizo aconsejable buscar el asesoramiento de
un abogado, puesto que después de estar prohibidos como movimiento religioso durante varios
91

años necesitaban saber en qué estado se encontraban desde el punto de vista de su personería
jurídica. Lamentablemente descubrió que todos los papeles legales de constitución del Centro
Bhaktivedanta habían desaparecido. Comenzó entonces a hacer algo para legalizar el
movimiento pero no podía llegar a ninguna parte. Esa fue otra de las razones por las que
Harikesa le propuso en su momento que dejara la Argentina, ya que en caso de ser objeto de
alguna denuncia de cualquier tipo, aunque fuera infundada, como había ocurrido en otros países
como los Estados Unidos donde el movimiento había sido denunciado como secta peligrosa,
lavado de cerebro, secuestro, o cualquier otra excusa, lo hubieran llevado a prisión y luego
habría resultado muy difícil siquiera saber dónde se encontraba y ni qué hablar de liberarlo.
Pero la prudencia de los devotos, y por sobre todo la protección de Sri Krishna, les dio
inmunidad hasta que esa etapa se superó, pero Bhakti-bhusana Swami nunca se dejó intimidar
por la siempre acechante energía material personificada circunstancialmente en el gobierno
militar y corrió el riesgo con gran valor amparado en la fe en el Controlador Supremo.

EN 1986 LO DESIGNAN GURÚ


El mes de febrero de 1986 viajó a la India para estar presente durante los festividades para
celebrar los quinientos años de la aparición de Sri Caitanya Mahaprabhu, en la ciudad de
Mayapur, en la India. Esa es la oportunidad en que se realiza también la reunión anual de los
miembros de la Comisión de Gobierno de ISKCON durante la cual se tratan las problemáticas
del Movimiento, se adoptan las medidas y dictan las resoluciones que rigen la vida de los
templos de todo el mundo.

Antes de su partida dejó las instrucciones necesarias a Tulsi Dasa, quien quedó a cargo del
templo, para el cuidado de los devotos principalmente y la participación en la prestigiosa Feria
Anual del Libro que se realizaría durante su ausencia. Durante una semana en el Predio Ferial
de Palermo se daban cita las principales empresas editoriales de Buenos Aires para exponer sus
publicaciones más importantes. Ese año los devotos habían conseguido un stand en ese
prestigioso evento para que el BBT, el Bhaktivedanta Book Trust de Argentina, pudiera exhibir
también las joyas de la literatura védica en la forma de los libros de Srila Prabhupada. Esa fue
una gran oportunidad que se repitió a lo largo de varios años en la que los devotos pudieron
ofrecer a la gente culta aficionada a la lectura el Bhagavad-gita, la colección de Srimad
Bhagavatam y otros libros traducidos y comentados por Srila Prabhupada.

Cuando regresó a la Argentina un mes después, en el mes de marzo, Kaivalya Dasa que había
regresado un poco antes lo estaba esperando con una carta de Harikesa Prabhu, conocido en esa
etapa de su vida de ​sannyasa como Sri Vishnupada y quien se desempeñaba como miembro del
GBC responsable de la prédica en Sud América, el norte de Europa y otras partes del mundo.
En tal condición, en una reunión previa que tuvo lugar en Suecia, había sugerido a Sucandra
como candidato para asumir como gurú. Siendo su superior le comunicaba ahora que una
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moción suya había sido aprobada en la reunión anual del GBC en Mayapur designándolo como
gurú iniciador. Una verdadera distinción y una enorme responsabilidad que lo habilitaba –y lo
instaba con cierta vehemencia- a aceptar discípulos para ser iniciados por él.

Esta designación hubiera halagado a muchos otros devotos, pues significaba un voto de
confianza extraordinario en su capacidad para dirigir personalmente a las almas condicionadas
de regreso a Dios, de vuelta al hogar, pero Bhakti-bhusana Swami era sumamente humilde y de
ninguna manera se sentía digno de recibir la honra de los discípulos, ni capacitado para hacerse
cargo de su vida espiritual, ni para asumir la representación de Sri Krishna, ni para nada
remotamente por el estilo. Él se sentía como el menor y más descalificado hijo de Srila
Prabhupada, como el muy humilde sirviente de sus hermanos mayores y de todos los
vaishnavas en general. Esta carta lo disgustó y le quitó el sueño durante un tiempo, cada vez
que lo pensaba no podía imaginarse en esa posición, no por la responsabilidad en si –que
ciertamente es algo abrumador para cualquier persona que se encuentre en sus cabales- si no
porque no podía verse a si mismo más que como un sirviente luchador del llano, con su frente
transpirada por el trabajo junto a sus compañeros. Lo que dificultaba su decisión de aceptar ese
cargo era también el tratamiento que se le daba en esa época a los gurús, quienes eran objeto de
una adoración bastante fanática de sus discípulos que les ofrecían honores y privilegios que
ofendían su natural modestia.

Aquella carta provocó además su encendido enojo con Harikesa, aunque éste era su superior y
su entrañable amigo, “¿Quién es él para decidir sin consultarme?” le preguntaba exasperado a
Kaivalya Prabhu, quien conversaba con él y trataba de convencerlo de que esa era una posición
muy adecuada, y más que eso, natural, para un devoto de su calidad espiritual. Además,
argumentaba, esta situación no solamente significaba una mayor jerarquía institucional y
espiritual, sino una posición de muchísimo mayor servicio a Srila Prabhupada y toda la
sucesión discipular y mayor servicio a todos los ​vaishnavas​, pues desde esta nueva condición
tendría una mayor diversificación de servicios con todas las oportunidades de trabajo que eso
significa.

Pero Bhakti-bhusana Swami parecía inamovible, decía que solamente los ​goswamis pueden
aceptar discípulos. Sentado en el sillón rojo del hall del templo seguía diciéndole tajantemente
la noche siguiente a Kaivalya, “Eso lo hacen los ​goswamis​, aceptar discípulos, ¡y yo no soy un
goswami!​ ”. Aryama Dasa que escuchaba la discusión desde el zapatero le dijo
sentenciosamente a otro devoto, “Sus palabras y su actitud son su propia condena,
precisamente, ¡porque un ​goswami es alguien sumamente humilde que nunca reconoce ser un
goswami!​ ”

Esta situación permaneció indeterminada hasta el año siguiente, cuando en 1986 llegó Harikesa
a Buenos Aires en una de sus visitas regulares para visitar a los muchos discípulos que tenía en
el país. En realidad, prácticamente todos los discípulos que no habían sido iniciados por Srila
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Prabhupada eran discípulos suyos, con unas pocas excepciones, porque era el único gurú
iniciador de la zona.

Cuando Harikesa, el GBC de la zona, anunciaba su visita al país, se hacían esmerados


preparativos para que el templo estuviera en las mejores condiciones. Durante una semana
trabajaban todos exhaustivamente pintando el interior y el exterior del edificio, se hacía una
limpieza muy profunda y se procuraba que todo estuviera dispuesto de la mejor manera. Eran
días festivos de gran expectación, todos estaban sumamente entusiasmados, alegres, y aun
aquellos que no lo conocían lo esperaban con mucha ansiedad, sin lugar a dudas era una
personalidad sumamente querida, respetada e incluso venerada a causa de su magnetismo, su
erudición y el ímpetu que era capaz de darle a la prédica.

Era el compañero de aventuras de prédica de Bhakti-bhusana Swami, unidos por el servicio a


Srila Prabhupada. Esta cercanía le dio a Bhakti-bhusana la confianza suficiente para poder
protestar abiertamente. Ser gurú era algo sumamente importante, una cuestión sumamente seria
y Bhakti-bhusana no se sentía capaz. Además le molestaba no haber sido consultado respecto a
una decisión que es absolutamente personal.

Pero Harikesa conocía muy bien a este candidato, lo conocía tanto como para estar
completamente seguro de que era sumamente competente para desempeñarse como gurú, tenía
absoluta confianza en él y en la reunión anual del GBC en Mayapur todos habían apoyado su
moción. Por otra parte, las necesidades del servicio requerían esta acción, negarse a ofrecer este
servicio sería interponerse en los planes que Srila Prabhupada había trazado para expandir su
movimiento. “Si Srila Prabhupada estuviera aquí te lo pediría, te lo ordenaría directamente,
pero como él ya no está tengo que hacerlo yo”, le dijo Harikesa.

Discutieron acaloradamente en el cuarto de los gurús que estaba en la parte más alta del templo,
los gritos se escuchaban desde afuera, en el patio, y los devotos aunque prácticamente no
podían entender nada porque la discusión transcurría en inglés, la seguían con gran emoción
porque su líder de ​sankirtan,​ el editor de sus libros, la superalma de ese gran templo que era su
casa, aquel que era también el dueño de sus corazones, estaba a punto de aceptar la mayor
responsabilidad a la que puede aspirar un ​vaishnava.​

En un momento dado, Gunagrahi Dasa que era un devoto mayor de la congregación aparece
entre los devotos y le dice nervioso pero decidido al ​bhakta ​Javier García que ponga la foto de
Bhakti-bhusana Swami en la repisa de la sala del templo donde están todos los gurús. Javier un
poco inseguro pero muy emocionado hizo lugar entre las demás fotos y colocó allí la de aquel
que pronto se convertiría en su gurú. En ese preciso momento se estaba llevando a cabo la
ceremonia matutina de ofrecer respeto a los gurús, todos los devotos estaban cantando ​“Sri
guru carana padma…” y​ ofreciendo pétalos de flores, pero Bhakti-bhusana Swami no bajó,
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quizás abrumado por los sentimientos de humildad.

Sin embargo esa foto no era del todo adecuada y los candidatos a discípulos necesitaban una
fotografía apropiada para ofrecer su respeto. Gunagrahi Dasa era su secretario por aquellos
días, entonces le pidió, un poco nervioso a pesar de que era una persona muy osada, que posara
para tomarle una fotografía mientras sostenía la cámara en sus manos. Pero Bhakti-bhusana lo
miró extrañado como si no supiera de qué le estaba hablando, dio media vuelta y se fue sin
siquiera contestarle. Pero Gunagrahi había recibido esa instrucción de su maestro espiritual,
Harikesa, como una misión que debía cumplir y comenzó a correrlo por todo el cuarto, hasta
que acorralado tuvo que ceder y le tomó la foto.

Finalmente, la primera semana de mayo de 1986 llegó la orden del GBC y Bhakti-bhusana
Swami tuvo que rendirse a la instrucción. De todas maneras eso era algo que en su fuero
interno sabía que alguna vez ocurriría. Y no solo él, todos los devotos que vivían en el templo
podían darse cuenta que esa sería su posición natural. El ​bhakta ​Javier que hacía unos dos años
se había unido al movimiento sentía una profunda admiración por aquel ​vaishnava​, un cariño
profundo que lo inspiraba y le daba confianza en que en algún momento podría desarrollar
completamente su amor por Sri Krishna. En su locker en el cuarto de ​bhaktas ​tenía pegada
desde hacía un tiempo una foto de Bhakti-bhusana Swami, pero éste aparecía de tanto en tanto,
la arrancaba de allí y la arrojaba al piso. “¡Quítala de allí! –le decía- yo no seré tu gurú”, y se
marchaba enojado, pero Javier volvía a colocarla allí, hasta que aquel día saltó de la intimidad
de su pequeño armario a la repisa de los gurús en el templo para recibir el homenaje de todos
aquellos que ahora aspiraban a ser sus discípulos.

No obstante cada vez que Bhakti-bhusana Swami pasaba por allí retiraba su foto y la arrojaba
por allí, arriba de algún sillón, pero uno de aquellos días se encontraba Harikesa presente y al
ver esto miró la escena con el ceño fruncido desde detrás de sus anteojos, tomó la fotografía, la
depositó con firmeza en la repisa y les dijo en inglés a los devotos presentes, “¡No permitan que
vuelva a hacer esto ya más!”

El bhakta Javier notó a partir de entonces gestos de desdén de parte de Bhakti-bhusana Swami,
mientras éste con los demás devotos reía y conversaba afablemente, a él ni siquiera le dirigía
una mirada y lo esquivaba abiertamente. Pronto llegó a pensar que aquel a quien pretendía
como su maestro espiritual tal vez no lo quisiera a él como discípulo, quizás por su falta de
cualificación. Pero un día mientras se encontraba lavando algunos platos en la piletita del patio
de entrada, llegaron Bhakti-bhusana Swami y Harikesa Swami en sus bicicletas luego de dar un
paseo por la zona cercana para hacer ejercicios. Mientras dejaban las bicicletas apoyadas contra
la pared Bhakti-bhusana le dijo,

-Javier, por favor sube al cuarto de arriba diez vasos con jugo de naranjas para nosotros.
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-Sí, Maharaja- contestó prontamente Javier y se dio media vuelta. Entonces Harikesa le dijo
imperativamente,

-No, no, no. No lo hagas.

-Bueno, está bien- fue la respuesta de Javier. Pero Bhakti-bhusana intervino,

-Sí, prepara diez vasos con jugo de naranjas y llévalo al cuarto de arriba, por favor.

-No, ya te dije que no lo hagas- insistió Harikesa con toda firmeza. Harikesa era la autoridad
más elevada que pudiera visitar el templo de Buenos Aires, además debido a su altura y su
carácter infundía un respeto reverencial incuestionable, su veredicto era inapelable.

Javier sin saber qué hacer se quedó allí parado totalmente desconcertado, hasta que
Bhakti-bhusana le dijo por tercera vez,

-Haz lo que te digo, prepara diez vasos de jugo de naranjas y nos lo llevas al cuarto de arriba.

Pero cuando Javier ya se ponía en movimiento Harikesa lo tomó fuértemente del brazo con sus
manos firmes y muy serio le ordenó,

-No irás, ¡te quedas acá!

Entonces intervino finalmente Bhakti-bhusana y le dijo a Javier en tono desafiante,

-Y ahora, ¿qué harás? ¿Vas a obedecer a Harikesa o a tu maestro espiritual?

Inundado por la emoción Javier entendió entonces de qué se trataba esa broma y salió corriendo
a exprimir las naranjas mientras los ​swamis​ se reían muy divertidos por lo ocurrido.

Después de ocurrido el incidente Javier le preguntó intrigado a Gunagrahi Das,

-¿Por qué me pidió que les subiera diez vasos si arriba estaban solamente ellos dos?

Y Gunagrahi le aclaró,

-Supe después que mientras llegaban de regreso al templo, Harikesa le había dicho a su
compañero de ejercicios, “¡Tengo tanta sed que me tomaría diez vasos de jugo de naranjas!”

Más adelante, el 6 de julio de 1988, ​bhakta J​ avier, su primer aspirante a discípulo sería
formalmente iniciado con el nombre de Jayasena Das junto a varios otros devotos más, los
primeros de varios centenares a quienes habría de dar su guía espiritual en los años venideros.
En esa misma oportunidad también le dio segunda iniciación a varios discípulos de Harikesa
Swami, quien no visitaba el país desde hacía varios años por razones de salud.
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Harikesa lo había impulsado a lo largo de toda su vida espiritual como se arroja un bebé al
agua, y éste con manotones tiene que salir a flote como puede, poniendo en juego toda su
capacidad para no sucumbir. Así le fue confiado entrenar a los ​bhaktas, a​ brir templos, adoptar
sannyasa, ​organizar y dirigir un BBT y ahora ser gurú, a todo lo cual infaliblemente habría de
responder con contundentes éxitos de prédica. Era una cuestión de profunda confianza mutua y
Bhakti-bhusana se comportaba como su humilde asistente en presencia de Harikesa, éste era
como su gurú y él su sirviente. La ​sastra ​confirma que cuando un devoto es muy avanzado ante
la consideración de su gurú puede volverse el gurú de sus hermanos espirituales.

Los devotos de Alemania a medida que recibían noticias de la prédica en América del Sur
solían lamentarse de que se hubiera ido de allí, estaban muy asombrados al saber todo lo que se
había gestado en este recóndito lugar del mundo, como suele verse a la Argentina desde el
hemisferio norte. Algunas veces llevaba devotos de acá en sus viajes a Alemania para que todos
pudieran tener una realización de que la profecía de Sri Caitanya Mahaprabhu se estaba
haciendo realidad. Una vez fueron a una finca en Alemania donde podía percibirse mucha
opulencia. En un cuarto tenían un montón de cosas que los devotos habían desechado; al ver
todas esas cosas potencialmente útiles los argentinos comenzaron a cargarlas en bolsas para
llevárselas porque en Argentina, más allá del evidente contraste, las condiciones eran de mucha
austeridad.

En el año 1986, más precisamente del 19 de junio, el mismo día en que Bhakti-bhusana Swami
cumplía 40 años, viajó a la ciudad de Santo Tomé, en la provincia de Santa Fe, para dar una
conferencia de Bhagavad-gita en un hermoso programa de prédica. La gentil invitación vino de
parte de un grupo de yoga local llamado “Instituto Prana Mudra” que invitó a más de cincuenta
personas, ávidas de escuchar el mensaje trascendental de la filosofía védica. Bhakti-bhusana
Swami llegó acompañado de Gaurakishora Dasa y otros devotos, apoyó la ​danda en la pared
detrás de si, se sentó sobre un cojín forrado con una tela anaranjada con su ​chadar sobre sus
hombros y comenzó a cantar los ​bhajams con su suave voz. Fue un programa muy bueno, la
gente quedó muy entusiasmada y los devotos tuvieron que volver en más de una ocasión para
compartir con ellos la conciencia de Krishna.

Podría decirse que Bhakti-bhusana Swami llevaba una vida de plena conciencia, durante todo el
tiempo, y que era capaz de una profunda meditación prácticamente en cualquier circunstancia,
como algunos devotos pudieron advertirlo durante una visita a Mendoza. Aunque en ese
momento no había un templo porque el primero en ser inaugurado ubicado en la calle Espejo
había sido cerrado por razones financieras y todavía no se daba el paso para abrir el próximo
que ocupó su lugar en Godoy Cruz, una localidad apenas a dos kilómetros de la ciudad capital.
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Bhakti-bhusana Swami se alojaba entonces en la casa de Gaurasundara Das, lo que supongo


sería una gran molestia para toda la familia porque su esposa Yasoda Mayi y los niños debían
mudarse a otra casa durante esos días, pero Gaurasundara muy rendido tomaba estas ocasiones
como una gran misericordia y se lo veía muy feliz, igual que al resto de la familia. Es más, en
los días previos a la llegada había mucho servicio en esa casa haciendo no solamente ​maha
limpieza sino también refacciones completas para brindar mayor comodidad al Swami y a
todos los devotos que solían acompañarlo durante la gira. Esa casa creció en comodidades y
opulencia al ritmo de las visitas de su ilustre visitante.

Pero el asunto iba todavía más allá, porque Gaurasundara Das vivía en la casa del fondo del
terreno que ocupa. Adelante y pegado a su casa vivía su hermano con su propia familia, que
aunque son muy respetuosos y tolerantes, no son devotos. Entonces por la mañana durante el
programa de Srimad Bhagavatam, había que ser muy silenciosos para no perturbar a esa familia
a horas tan tempranas, al punto en que tampoco podían tocar las ​kartalas al cantar el
Jaya-radha-madhava.​ Fue entonces que pudo observarse a Bhakti-bhusana Swami
acompañándose con el suave sonido de las palmas de sus manos mientras cantaba, pero no eran
solamente sus manos, sino que estaba profundamente concentrado y hacía los movimientos
como si realmente estuviera tocando las ​kartalas:​ dos golpes secos y el tercero deslizando
suavemente una mano sobre la otra, todo el tiempo mientras cantó, sin ocuparlas para otra cosa
como tocarse la cabeza, o arreglarse la ropa u ojear el libro. Estaba meditando profundamente
en cantar el ​Jaya-radha-madhava con las ​kartalas y no simplemente haciendo como que las
tocaba, lo que daba la pauta de que incluso al realizar tareas rutinarias nunca ejecuta su servicio
devocional en forma distraída.

Bhakti-bhusana Swami era una persona especial porque convertía en actos especiales cada
suceso ordinario de la vida, la diferencia entre la vida material y la vida espiritual radica
precisamente en esto, en trastocar las cosas mundanas en cosas sagradas mediante nuestra
conciencia al ocuparlas en el servicio al Señor, el propietario y disfrutador original. En febrero
de 2007 durante un viaje terrestre desde Mendoza hacia Santiago de Chile mostró esta
característica de la siguiente manera. La partida fue a las 9 de la mañana, para tristeza de todos
los devotos de Mendoza, quienes lo despidieron entre lágrimas con un ​kirtan​, como era
habitual. Durante todo el viaje estuvo cantando rondas casi incesantemente sin prestar
demasiada atención al imponente paisaje de las montañas cordilleranas. El punto es que el
devoto que conducía el auto estaba muy apurado por llegar cuanto antes al destino para hacer el
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viaje tan corto como fuera posible, por lo que en sus planes figuraba una sola parada en la
ciudad de Uspallata para recargar combustible antes de encarar el cruce de la Cordillera de los
Andes, y nada más. Imaginaba incluso que tomarían ​prasadam en el auto durante la marcha sin
demorarse.

Pero cuando llegó el momento Bhakti-bhusana Swami comenzó a buscar un lugar apropiado
para detenerse, lo que hicieron a un costado del camino lejos del tránsito antes de llegar a Las
Cuevas, en un sitio tranquilo con el marco imponente de aquellas majestuosas montañas a casi
tres mil metros de altura. Krishna Mayi Dasi y su esposo dispusieron una pequeña lona para
que él se sentara y le sirvieron con esmero unas riquísimas ​samosas que había preparado Rupa
Manjari Devi de Rosario y unas paltas. Allí pudieron observar a Bhakti-bhusana Swami
"honrando" el ​prasadam casi en un estado de meditación y pudieron darse cuenta de que para él
no se trataba solamente de comer, como lo era para los demás, algo que podía hacerse viajando
velozmente en el auto, sino que era realmente "honrar" el ​prasadam dedicándole la atención
que merecía. Dejaron de lado toda la ansiedad por llegar cuanto antes y se volvieron
conscientes de la diferencia que hay entre meramente alimentar el cuerpo y alimentar el espíritu
con ​Bhagavat Prasadam.​

EN 1987 LO DESIGNAN GBC


Dadas sus excepcionales condiciones, en el año 1987 el GBC le encomendó un nuevo servicio
nombrándolo Secretario Zonal, o co-secretario, de diversas zonas de prédica de Centro y Sud
América donde se estaba desarrollando el movimiento de conciencia de Krishna, las cuales
tuvieron algunas variaciones pero que generalmente abarcaban Argentina, Paraguay, El
Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá; Venezuela, Belice, Costa Rica, Nicaragua y
Colombia. En el año 1995 aceptó también la responsabilidad de ISKCON Brasil

Sin embargo esta situación no fue bien recibida por sus discípulos, no solo por una motivación
supuestamente egoísta, ya que ahora tendrían que compartir la atención de su gurú con muchos
otros devotos y porque ahora tendrían que sufrir su ausencia con mayor frecuencia cuando él
fuera a visitar otros ​yatras,​ si no también porque con el tiempo pudo verse que esta sobrecarga
de trabajo trajo aparejada el enorme peso del estrés y su salud se vio sumamente perjudicada.

GRANJA BHAKTI LATA PURI ​(EN QUÉ AÑO?)


Influenciado por el éxito que estaban obteniendo otros proyectos en el mundo, particularmente
en Hungría, Harikesa insistía en establecer una granja en Argentina. La idea ahora era
intentarlo en Buenos Aires, cerca del área de influencia del templo, como una extensión de la
prédica, una especie de demostración práctica de lo que significaba lo que estaban
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proponiendo: vivir con conciencia de Krishna. Para esto tendrían que haber devotos suficientes,
al menos ochenta, como para poblar la granja y desarrollarla económicamente de manera
sustentable sin desmedro de las actividades del templo.

Con Kaivalya Dasa eligieron una finca ubicada en la localidad de General Rodríguez, de unas
xxx hectáreas que consiguieron a un buen precio. No obstante, era esta una vez más una época
de crisis económica e hiperinflación y conseguir el dinero necesario no fue fácil. Comenzaron
colectando con inciensos, produciéndolos y vendiéndolos. Se hizo también una gran maratón de
distribución de Bhagavad-gita que tuvo mucho éxito. Cualquier dinero que lograban colectar
los ​sankirtaneros​, tan pronto llegaba al templo, Bhakti-bhusana salía corriendo a cambiarlos
por dólares porque para el día siguiente la moneda nacional ya se habría devaluado. También
colectó en Alemania, Harikesa ayudó con fondos colectados en Europa y muchos otros devotos
argentinos hicieron donaciones significativas.

Una vez un señor compró una gran partida de libros en la Aduana que estaban allí porque
cuando estuvieron prohibidos quedaron allí debido a que los devotos no podían retirarlos. Los
compró baratos pensando en hacer un buen negocio con la reventa, pero nadie quería esos
libros raros, eran ​Srimad ​Bhagavatam nada menos, y no los pudo vender, ¿a quién le podrían
interesar? Este señor tenía una hija además, quien estando mientras caminaba un día por la calle
le compró un libro a un ​sankirtanero. Aunque se trataba solamente de un libro pequeño, pudo
darse cuenta de que eran del mismo estilo de los que tenía su padre en su depósito. Revisando
la contratapa pudo saber la dirección del templo y se la dio a su padre. Entonces el señor fue
allí y se los ofreció a Bhakti-bhusana para vendérselos, sin embargo el precio que pidió este
buen comerciante fue muy alto y no aceptó. El señor dijo que si los dejaba más baratos podría
venderlos él mismo, en realidad pensaba que los devotos al verlos se volverían locos por ellos y
pagarían cualquier cosa. En cambio Bhakti-bhusana disimulando su entusiasmo e interés por
esta joya de la literatura universal, en una estrategia sicológica le dijo con un gesto de derrota y
renunciamiento que le deseaba mucha suerte y que si los vendía les ayudaría de todas maneras
en la misión de distribuirlos entre el público, que sin importar quien los vendiera la gente se
beneficiaría y entonces adicionalmente él le estaría prestando un gran servicio al movimiento.
¡Y resultó!, el caballero se vio afectado en su orgullo, o como dirían los devotos, “se cayó en el
ego falso” y se fue a venderlos él mismo pretendiendo de era capaz de hacerlo. Pero otra vez no
pudo, entonces volvió al templo y Bhakti-bhusana le ofertó un precio bajo y aceptó. Cuando
esos “extraños” libros estuvieron en mano de los ​sankirtaneros ​los distribuyeron apenas en un
par de meses. ¡Salieron como pan caliente!
Esta anécdota demuestra además un punto muy importante en relación con el servicio
devocional, y es que no es una actividad ordinaria y que si bien está disponible para todas las
personas sin cualificación exigible, sólo puede realizarse por misericordia de Sri Krishna y del
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Maestro Espiritual. Aunque este buen señor conocía el negocio de los libros, sin haberlos leído,
sin haberse purificado mínimamente y sin las bendiciones del Señor Caitanya, no pudo vender
ni uno solo, mientras que un ​bhakta sin ninguna experiencia, muchas veces sin conocer la
economía, las circunstancias del lugar y ni siquiera el idioma puede distribuirlos por cientos.
El BBT mientras tanto seguía con su producción, los ​sankirtaneros d​ istribuían esos libros por
miles y siempre necesitaban más y más. Cada nueva impresión se la ofrecían a una imagen de
Srila Prabhupada instalada en su ​vyasasan ​en una ceremonia, los devotos se fotografiaban con
ellos, ciertamente los trataban como lo que eran, encarnaciones literarias del Señor Supremo.
Srila Prabhupada tenía a los libros de la conciencia de Krishna en tan alta estima que solía decir
que en caso de emergencia, si no hubieran deidades o una imagen del Panca-tattva, podían ser
ser objeto de adoración. Una vez imprimieron cuatro libros simultáneamente en una imprenta
de Brasil. Durante varios meses enteros trabajaron incansablemente quedándose despiertos
hasta tarde por las noches. El sánscrito, las ilustraciones y los índices temáticos que llevan estos
libros son arduas tareas adicionales que insumen mucho tiempo, no es tan simple como editar
una novela, no se trata solamente de revisar la ortografía, las líneas huérfanas y las sangrías, es
la obra de Srila Prabhupada.
Esta es una cita textual, de las muchas que podrían hacerse, acerca de la importancia que tenía
para Bhakti-bhusana la distribución de libros:
“​Sankirtana tiene diversos significados en nuestro movimiento, pero generalmente lo usamos
para referirnos a la distribución de libros. El ​sankirtan es nuestra ocupación principal, nuestra
actividad básica. Srila Prabhupada solía decir que si queríamos complacerlo debíamos distribuir
sus libros. Complacer a Srila Prabhupada es nuestro elixir.
“Srila Prabhupada mismo invirtió mucha energía para producir libros, así es que tenemos que
entender como sus asistentes, que debemos ayudarlo a distribuirlos para que sean conocidos en
todo el mundo, porque estos libros son verdaderamente la solución a los problemas del mundo.
“Hemos olvidado a Krishna, entonces la solución es volver a recordarlo y, ¿quién puede
presentar a Krishna mejor que Srila Prabhupada? Nadie ha presentado a Krishna de una manera
tan auténtica, tan real, exactamente de la forma que Él es. Así es Srila Prabhupada.
“Nuestro deber como seguidores de nuestro fundador-​acarya es ayudar a Srila Prabhupada a
propagar este movimiento. Srila Prabhupada solía decir que la mejor prédica es la distribución
de libros. Esa es la prédica más directa. Prabhupada nos lo está diciendo directamente.
“Anteriormente todo nuestro movimiento estaba organizado en torno al ​sankirtan.​ Todos los
devotos mayores salían a ​sankirtan​. Recuerdo que en los viejos tiempos nuestra única
ocupación era el ​sankirtan.​ Incluso cuando todavía no teníamos libros, íbamos a las calles y
pasábamos toda la mañana allí, hasta el mediodía, volvíamos al templo, tomábamos ​prasadam
y luego salíamos a las calles otra vez por la tarde. Incluso íbamos los sábados a cantar en la
zona de los clubes nocturnos, aunque era una zona peligrosa.
“Más tarde el ​sankirtan viajero se volvió nuestro estilo de vida. Muy pocos devotos solían
quedarse en el templo, apenas los que aún estaban en el programa de ​bhaktas y los ​pujaris​.
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Todos los demás salían. Los fines de semana regresábamos y teníamos un ​kirtan extático y
luego nuevamente a las calles. Prácticamente vivíamos allí. Ese era un muy buen entrenamiento
y nuestras vidas estaban llenas de aventuras, cuando eres joven necesitas vivir aventuras, de
otra manera te aburres. En los templos donde no hay ​sankirtan los devotos se aburren,
principalmente los jóvenes porque tienen un montón de energía. Esa era la manera perfecta de
estar ocupados, viajar por todas partes.
“En el transcurso del tiempo los devotos se hacen mayores y debido a muchos problemas en
algunas partes la fe decayó y el ​sankirtan se vio afectado, pero a pesar de todo esto no debemos
olvidar que esta es nuestra misión más importante. Los devotos mayores debemos predicar el
sankirtan,​ inspirar a los devotos a seguir con este servicio, debemos apoyar lo que es nuestra
tradición. Podemos ver que cuando uno va a ​sankirtan recibe una energía que dura por un
tiempo muy largo, es una experiencia que te compromete completamente, todos los devotos
deberían probarlo.
“Antiguamente estos libros lo eran todo para los devotos y si había que consultar otros libros,
era básicamente para investigación, pero para nada más. Nunca se leían otros libros como
fuente de inspiración. Los libros de Srila Prabhupada aportan una visión inteligente, el punto de
vista de las cosas tal como son y cuando los devotos no los leen comienza todo tipo de ideas y
especulaciones.
“La distribución de libros fue la mejor época para mí, cuando todos hacíamos ​sankirtan​,
cuando esa era toda nuestra vida. Cuando sales con tus libros estás conectado con Srila
Prabhupada y él te da la inteligencia para lograr el éxito. Incluso te da esa convicción, esa
profunda fe de que no hay nada mejor y tú realmente sientes que estás haciendo algo sustancial
para Srila Prabhupada. De esta manera aprendemos que predicar nunca es en vano. No importa
la cantidad, la prédica es nuestra vida, es nuestra esencia.
“”Es así, esta es la forma en que puedo entenderlo. Nuestra vida debe estar basada en los libros
de Srila Prabhupada. Nuestra vida, nuestra prédica, la distribución de libros, la lectura de los
libros, la enseñanza de esos libros, ubicarlos en instituciones públicas y no dejar pasar ninguna
oportunidad de ofrecer los libros”.
Esta forma de pensar y consistentemente de actuar a lo largo de toda su vida le valió su fama de
“​prabhupada-nuga”​ , un seguidor estricto de Srila Prabhupada; cada paso que daba, cada
decisión que tomaba, lo hacía siempre pensando en qué hubiera hecho Srila Prabhupada en esa
situación. Su fidelidad se revelaba en cada instante de su vida, a lo largo de todo el tiempo, de
todos los años, en los cuales la conciencia de Krishna fue adoptando paulatinamente diversos
cambios sutiles para adecuarse al curso de un mundo en permanente cambio. Pero inclusive en
esa adaptación Srila Prabhupada seguía siendo su ejemplo, pues el propio Srila Prabhupada
tuvo que adaptar las enseñanzas de una cultura milenaria a la idiosincrasia americana del Siglo
XX sin perder ni un gramo de la esencia espiritual de Krishna. Eso es lo que significa ser un
acarya ​y Bhakti-bhusana fue un estricto seguidor de tal ​acarya. “​ Vender vino viejo en botellas
nuevas”, decía Bhakti-bhusana, pero sin tocar la esencia. Solía decir, citando a Srila
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Prabhupada, “No cambien nada”, nada. “Cuando dos rieles de un tren van juntos,
perfectamente paralelos, estamos seguros. Pero si existe la más mínima desviación, estamos
perdidos. Puede que al principio sea imperceptible, pero a medida que avancen se irán
separando cada vez más y al cabo de quizás mil kilómetros provocarán el descarrilamiento”.
En las décadas que siguieron a la partida de Srila Prabhupada el movimiento para la conciencia
de Krishna pasó por diversas crisis, la posición de los gurús sufrió algunas adaptaciones e
incluso el concepto de “devoto puro” se fue reformulando, y en esto Bhakti-bhusana Swami y
varios de sus hermanos espirituales fueron referentes imprescindibles que en la práctica
pudieron superar los estereotipos ideales para encarnar lo que realmente significa ser un gurú y
un devoto puro a través de su genuina conciencia espiritual, pues, que ya no es una cuestión de
hacer, sino de ser.
Esta actitud de tratar de actuar como lo hubiera hecho Srila Prabhupada no era una falta de
iniciativa o de imaginación para resolver situaciones, si no la convicción de seguir con pasos
firmes la huella dejada por su maestro espiritual. Incluso en cosas ordinarias de poca
relevancia. En una ocasión un discípulo le preguntó:
-Gurú Maharaja, como a mí me gusta la música clásica, y concurro eventualmente a algún
concierto, ¿le parece apropiado que vaya con una amiga devota, ambos vestidos con ropa
devocional? Tal vez sería una forma de prédica.
El ​swami​ pensó durante un momento para luego afirmar,
-No sé qué es lo que hubiera hecho Srila Prabhupada en esta situación, así que es mejor que no.
Esta norma de conducta, así como la adhesión sin especulaciones a las instrucciones de su
maestro espiritual también fue objeto de críticas de parte de líderes más “creativos” que
pensaban en adoptar soluciones de acuerdo a su propio criterio ante los problemas que se le
planteaban; algunos dijeron que muy “cuadrado”, o que su condición de ser de origen alemán
influía demasiado en su carácter y lo hacía “demasiado” obediente, pero tales comentarios
nunca lo desvelaron y con el transcurso del tiempo pudo verse que sus normas de ética y
transparencia nunca se vieron comprometidas. Naturalmente, toda decisión siempre encontrará
adeptos y detractores, pero adecuarse al criterio de la autoridad, aunque a algunos pueda
parecer sumisión en el sentido peyorativo de la palabra, es el camino más seguro a tomar. Así
como lo hizo Arjuna ante la instrucción de Krishna de participar en la batalla y ganarla para Él.
Hasta el día de hoy hay quienes piensan que debió renunciar y marcharse al bosque como él
mismo quería hacerlo antes de escuchar las iluminadoras instrucciones del Bhagavad-gita.

En el año 1986 propició la apertura de un templo en la ciudad de Bahía Blanca, distante unos
650 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, que se mantuvo activo hasta el año 1992. Un
devoto de la congregación quien más tarde sería iniciado como prabhu Aryama Cakri, tenía a
sus padres viviendo allí y ellos estaban dispuestos a aportar las garantías necesarias para
alquilar una casa que sirviera de sede del nuevo templo. Bhakti-bhusana Swami solía visitar ese
templo dos veces al año para inspirar a los devotos quienes, basándose en experiencias previas,
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solventaban los gastos del Templo con la producción artesanal de sahumerios y la distribución
de libros y revistas. La producción de sahumerios montada por prabhu Aryama fue muy
exitosa, tanto que se distribuían por las principales ciudades de la Patagonia y de esta actividad
surgían también los contactos para realizar programas en bibliotecas, clubes y academias de
yoga.
Ese templo, que llegó a ser conocido como el más limpio del yatra, era también una excelente
base de partida para que Bhakti-bhusana Swami viajara junto a otros devotos en colectivo a las
provincias del sur argentino. Realizaron hermosos programas en las ciudades de Bariloche,
Neuquén, San Martín de los Andes, Punta Alta, Monte Hermoso y otras.
En cada una de estas expediciones tracendentales era la misma adrenalina, los devotos de Bahía
Blanca ya sabían que venía Bhakti-bhusana Swami y no era precisamente en calidad de turista,
sino que venía con un plan organizado de prédica para dar conferencias en los sitios que los
devotos locales ya habían concertado previamente. Llegaban también los libros y más que
nada, el restablecimiento, o los ajustes necesarios al sadhana, pues la corriente que generaba el
Swami era tan fuerte que arrastraba a todos a su elevadísimo estándar. Levantarse a las 3 A.M.,
tomar un baño ritual, vestirse con ropas limpias y llegar a tiempo al Mangal-aratika. Escuchar
una clase de Srila Prabhupada para inspirarse a dar la clase, cantar rondas, leer el Srimad
Bhagavatam, tomar prasadam. En el templo que se hallare notaría la ausencia de algún devoto y
preguntaría qué habría sucedido con él. El presidente debía responder, y salvo una contingencia
de enfermedad, iría a despertar al devoto remolón que se había quedado dormido. Algunos
devotos que se forjaron en este templo fueron Guruprasad Das, Vikarta Devi, Munjakesa Das,
Omkar Das, Ramapati Das, Satyabhama Das, Yogesvara Das, Mahadhairyat Das, Jayapataka
Das, Pahlguna Das, y otros.

PASATIEMPOS

A continuación se transcribe un relato de Baladeva Das referido al festival Ratha-Yatra que se


llevó a cabo en Santiago de Chile el mes de octubre del año 2003.
Día de la recepción.
La recepción oficial de los gurús se realizó en la tarde del día de la llegada de Guru Maharaja.
El día anterior había llegado Su Santidad Jayapataka Swami, pero la recepción no se hizo hasta
que llegaran los dos. Así fue que el patio del templo pasó a ser, de restaurante universitario, a
salón de recepción. Se montaron dos ​vyasasanas,​ una al lado de la otra, y con un fuerte ​kirtan
comenzó el lavado de sus pies de loto. La imagen era impresionante. Terminado el ​abhiseka
ambos gurús empezaron a repartir ​prasadam en la forma de bolitas de leche. Y cuando ya todos
tenían la suya empezaron a tirarlas al azar y allí se produjo el descontrol. Guru Maharaja
empezó a arrojar bolitas. Tratando de despistar a los devotos sobre el verdadero rumbo de la
bolita, miraba para un lado y la arrojaba para otro, y todos terminaban casi en el suelo
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levantándola. Inclusive los músicos dejaban de tocar sus instrumentos. Alguno estaba más
atento que otro y podía verse casi en cámara lenta cómo todas las manos saltaban para agarrar
la bolita en el aire y solamente una lograba el triunfo. Por su parte Jayapataka Swami hacía el
mismo juego, en un momento en que se le acabaron las bolitas le hizo señas a uno de sus
discípulos para que trajera más bolitas de la fuente de Guru Maharaja en la cual todavía
quedaban algunas. Fue entonces que Guru Maharaja con gran determinación dijo:
-¡Hey! Esas son mías. El devoto que había ido a buscar las bolitas se quedó frío y estático, pero
luego se aflojó cuando Guru Maharaja se rió y asintió.
De repente una de las bolitas que Jayapataka Swami arrojó cayó frente a la vyasasana de Guru
Maharaja y un devoto la tomó rápidamente. Entonces Guru Maharaja dijo:
-¡Hey!!! ¡Shut, shut!- con su dedo índice le indicó al devoto que tomó la bolita que se acercara
y con sus ojos entrecerrados con picardía le dijo, -¡Esa bolita es para mí!
El devoto se la entregó y Guru Maharaja mirando a su hermano a su hermano espiritual que
estaba a su lado la arrojó dentro de su boca de loto sin ninguna consideración mientras todos
gritaban
¡Haribol! ¡Haribol!”.
Después de eso dijeron algunas palabras de agradecimiento. Jayapataka Swami hablaba de lo
afortunado que era por haber tenido la oportunidad de asociarse con Guru Maharaja en dos
Ratha-Yatras seguidos, uno en Perú la semana anterior y el otro ahora en Chile.

El festival.
El Ratha-Yatra contó con la presencia de Jayapataka Swami, Bhakti-bhusana Swami y
Visvadeva prabhu, un ​brahmacari discípulo de Srila Prabhupada nacido en República
Dominicana. Ver a estas tres grandes personalidades reunidas desplegando su brillo fue
increíble. Por misericordia de Guru Maharaja pude apreciar el Ratha-Yatra desde arriba del
carro, ya que, para quienes no me conocen personalmente, tengo la discapacidad física de que
me falta una pierna, y por ende debería ser muy dificil para mi subir al carro del Señor, pero
por la misericordia de Guru Maharaja pude hacerlo.
Estábamos en su cuarto y en algún momento Guru Maharaja me dice:
-Debes subir al carro y cantar desde allí arriba.
-¡Pero Guru Maharaja! no puedo, el carro es muy alto y no puedo subir por la escalera.
-¡Entonces que te suban los devotos, pero tú tienes que ir arriba cantando!
-¡Pero Guru Maharaja, soy muy pesado! Los devotos no van a poder levantarme...
-¡No me importa! ¡Tienes que subir al carro, no importa cómo! ¿Entiendes?
Me di cuenta que estaba poniendo muchos peros y entonces dije:
-Está bien Guru Maharaja, si usted me da sus bendiciones yo puedo hacer cualquier cosa que
usted desee.
- Sí- dijo él.
Entonces llegado el momento empecé a acercarme al carro con cautela, mirando para todos
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lados y apreciado la pequeña y larga escalera por la cual tenía que subir para complacer el
deseo de Guru Maharaja. Una mezcla de incertidumbre y temor me pasaba por la mente, pero
me acercaba al carro con la firme convicción de que Guru Maharaja me había dado sus
bendiciones. De repente noté que el carro estaba construido sobre una camioneta vieja y
haciendo a un lado las telas pude apreciar que podía subirme sin problemas a la caja donde
estaba el generador y el equipo de sonido, de allí pude subir sin problemas por el interior de la
cúpula y cuando menos me quise acordar ya estaba arriba de los 2,5 metros de alto que el carro
tenía en su plataforma. Llegué hasta la parte delantera y allí ya estaba llegando el Señor
Baladeva seguido por Subhadra y Jagannatha. Y yo recibiéndolos arriba, no lo podía creer.
Realicé cuan potente son las bendiciones de Guru Maharaja, que hasta un inválido material y
espiritualmente como yo puede lograr cosas como estas.
Cuando Guru Maharaja me vio arriba del carro su cara emitió una sonrisa indescriptible, como
la del padre orgulloso y satisfecho con una hazaña de su hijo, me sentí querido, como nunca
antes…
El Ratha-Yatra comenzó y Guru Maharaja me pasó el micrófono para que cantara y así lo hice.
Traté de cantar lo mejor posible y lo más dulce para poder complacerlo. Después de unos
momentos los devotos me pidieron el micrófono y se lo pasaron a Guru Maharaja que cantó de
una forma increíble, como sólo él sabe hacerlo. Todos estaban muy felices y la imagen que se
percibía desde arriba era la del mundo espiritual. Ahora entiendo por qué el Señor Jagannatha
tiene esa sonrisa, es imposible no tenerla viendo a sus devotos desde arriba del carro, todos
felices, todos más brillantes que el mismo sol, todos saltando y bailando, cada uno tratando de
hacer algo especial para el Señor. Unos dirigiendo el carro, otros tirando de la soga e invitando
a la gente de la calle a tirar de la soga, otros haciendo ​sankirtan​, otros trayendo de los negocios
que encontraban al paso ​bhoga para ofrecer al Señor, otros dando ​prasadam a los estudiantes
que se acercaban a ver el trascendental desfile por las ventanas de las universidades, y otros
más que caminaban distraídos y medio dormidos que al ver pasar el carro de pronto cobraban
una expresión de asombro, con la boca abierta, no pudiendo entender lo que estaba quebrando
su triste rutina de todos los días y que ahora por una increíble misericordia, empezaban a salir
de su ilusión rumbo a su verdadero hogar, rumbo a Dios. Guru Maharaja parecía estar muy
consiente de este hecho y lo reflejaba en su alegría al cantar y bailar.

Tomando prasadam
Tuve la fortuna de estar presente en muchos diálogos trascendentales entre Guru Maharaja,
Jayapataka Swami y Visvadeva prabhu. Ellos hablaban como hermanos, contando acerca de la
prédica alrededor del mundo y hablando de los devotos en particular de cada uno de esos
lugares.
Uno de aquellos días Guru Maharaja se levantó antes y, pidiendo permiso, se retiró
rápidamente. Yo tomé la bandeja con los remanentes para llevarla a la cocina y Jayapataka
Swami me dijo:
106

-¡Baladeva! Yo quiero un remanente de Guru Maharaja.


Yo no entendía nada y tampoco sabía qué hacer, miré a Surya Rama prabhu, su asistente
personal y mi amigo del alma, y con un gesto sutil me dijo: -Haga lo que mi guru le dice.
Entonces tomé un remanente y lo puse en las manos de Jayapataka Swami, quien lo llevó
inmediatamente a su boca. Luego me miró y aproximándose a mí y me dijo en voz baja, -Este
va a ser nuestro secreto.
En otra oportunidad, y como rutina al terminar de tomar ​prasadam​, Jayapataka Swami le pedía
a sus discípulos que lo ayudaran a levantarse. Entonces, con gran fuerza entre tres o cuatro
discípulos, empezaron a tirar de los brazos de Maharaja para levantarlo y casi era imposible.
Entonces Maharaja los regañaba diciendo:
-¡No pueden levantar ni siquiera a su gurú! ¡Son unos inútiles!
Entonces en un humor de hermano mayor y en idioma inglés Guru Maharaja regañó a
Jayapataka diciéndole:
-Estás muy gordo y por eso te cuesta levantarte. Deberías hacer un poco de régimen.
En algún momento Guru Maharaja vio que al decir ¡Gauranga! Con voz fuerte los discípulos
podían levantar a su gurú. Entonces le dijo:
-¿Es verdad que no puedes levantarte, o son sólo pasatiempos?
-Son sólo pasatiempos- replicó Maharaja.

Clase del Domingo


El domingo Guru Maharaja dio la clase en la mañana acerca del Caitanya-caritamrita y en la
tarde acerca del Bhagavad-gita.
En la mañana contó sobre pasatiempos muy íntimos del Señor Caitanya y Sus asociados y esto
duró casi dos horas y media. A pesar de las restricciones que hay en el horario de clases en
Chile, nadie dijo nada porque todos estaban ansiosos de seguir escuchando.
La clase de la tarde fue la típica para la gente que viene por primera vez, pero con un
ingrediente muy especial, el sakti y el amor puro de Guru Maharaja, lo cual hace que todo
suene inagotablemente fresco.
Guru Maharaja estuvo hablando por casi dos horas y media más, y como de costumbre superó
ampliamente el margen de disertación propuesto por las autoridades del templo. Al final de la
clase Guru Maharaja pidió disculpas, pero explicó cuán difícil se le hace poder controlar el
hablar acerca de la vida espiritual. Todos estábamos felices de que así fuera.
Guru Maharaja contestó luego cada pregunta con una certeza, una pureza y una simplicidad
fuera de lo común. Devotos de muchos años comentaban posteriormente que a pesar de haber
escuchado a lo mejor cientos de veces lo mismo, cuando fluía de la boca de Guru Maharaja
tenía un sabor muy dulce para los oídos y el corazón. Todos estaban muy, pero muy felices.

Viaje a Valparaíso
A un poco más de dos horas de viaje se encuentra la ciudad portuaria de Valparaíso, y allí se
107

desarrolla el trascendental Nama-Hatta de Lila Sakti Devi Dasi, una devota de edad y de
muchos años de sincero servicio a Srila Prabhupada.
Guru Maharaja cantó rondas durante todo el viaje, aunque ya había cantado sus rondas durante
la mañana. Yo lo observaba desde atrás meditando en la bienaventuranza que él experimenta
con el canto de los santos nombres y veía cómo su lenguaje corporal expresaba felicidad en
cada nombre que pronunciaba firme y dulcemente.
Al llegar subimos por una escalera larga y al final de la misma y detrás de una puerta alta y
blanca de madera entramos a un lugar puramente espiritual, un gran salón alfombrado con
innumerables cuadros de Krishna en la pared. Este lugar hace de refugio para las sinceras almas
de la zona.
Todos prestamos reverencias y después de un corto saludo Guru Maharaja dijo:
-Bueno, en qué podemos ayudar…
Algunos devotos estaban cocinando y otros aspirando la alfombra. En un momento pareció que
Guru Maharaja iba a meter las manos en la masa que estaba haciendo un devoto y la madre Lila
Sakti le dijo:
-¡No! Está bien, Guru Maharaja. Usted mejor descanse.
Él estaba muy feliz y con una gran ansiedad por colaborar en cualquier servicio. Por el gran
ventanal observaba un cerro que estaba frente a la residencia mientras cantaba rondas. Como a
unos cincuenta metros, en el cerro, había un ascensor que se deslizaba por la ladera para ayudar
a las personas a subir, como una especie de funicular. Mientras uno subía, el otro bajaba, y los
dos siempre se encontraban a medio camino. Guru Maharaja se asomó por la ventana y
mirando la entrada al ascensor, exclamó:
-¿Vieron?, el ascensor se llama " Espíritu Santo".
Antes de comenzar la clase y mientras aguardábamos la hora de inicio, eventualmente, sonaba
el portero eléctrico anunciando la llegada de otra alma afortunada. Estas estaban en cuerpos
distintos, algunos jóvenes estudiantes con uniforme de colegio, otras amas de casa y otros
especuladores de filosofías extrañas e impersonalistas pensando en convertirse en Dios en
algún momento. Otros, los menos, los devotos.
A cada sonido del portero Guru Maharaja atendía y decía:
-¡Hare Krishna!, y apretaba el botón de abrir la puerta de calle. Él personalmente abría después
la puerta de la casa a los invitados y les daba la bienvenida.
Cantamos Damodarastaka, ofrecimos la mecha de ​ghee y posteriormente cantamos el Gaura
Arati. En el altar estaban Jagannatha, Baladeva y Subhadra, Gaura-Nitai, Krishna Makancora
(robando la manteca), unas ​silas​, un ​sudarshan chakra yantra​ y una ​murti​ de Hanumanji.
Comenzada la clase Guru Maharaja dejó a todos boquiabiertos con su prédica y su pureza. Se
extendió por casi dos horas y luego de eso comenzó a responder algunas preguntas a través de
sus discípulos presentes. A esta altura de la noche, casi las diez y media, yo ya no sabía dónde
estaba, sólo quería dormir, pero Guru Maharaja estaba con todas las ganas de predicar a pesar
de las horas que habían transcurrido desde su despertar en la mañana (3:30 hs).
108

Uno de los invitados preguntó por la ropa que usábamos y Guru Maharaja me miró y me dijo:
-Baladeva, ¿puede hacer uno vida espiritual sin esta ropa? ¿Por qué usan esta ropa ustedes?
Yo estaba casi inconsciente y pensé para mis adentros, ¿cómo voy a hacer para contestar eso a
estas horas? Entonces, tomando aire, respondí a medias, como pude, explicando el porqué de la
ropa y que el hábito no hace al monje; pero que el monje debe usar hábito. Todos rieron.
Uno por uno Guru Maharaja fue preguntándoles a sus discípulos preguntas elementales y cada
uno respondió apropiadamente. Al finalizar la rueda le pedí disculpas por no haber respondido
apropiadamente. Guru Maharaja asintió, y me dijo:
-Ahora el día está completo, todos mis discípulos han cantado, todos han tomado ​prasadam y
también todos me han asistido en predicar, y remató esta frase haciéndome una caricia en la
espalda.
Al momento de irnos a dormir nos enteramos de que sólo había un cuarto y que todos teníamos
que dormir junto a Guru Maharaja. De repente un sudor frío me corrió por la espalda: ¿cómo
vamos a hacer? (soy un terrible roncador).
-No hay otra posibilidad, me dijo un devoto. Está el cuarto, la sala del templo, el baño y la
cocina. Y en el templo van a dormir las devotas.
Cuando entramos al cuarto y todos empezamos a acomodarnos, tomé el lugar más distante a la
cama de Guru Maharaja. Entonces la madre Lila Sakti me dio un colchón. Me acosté y me tapé.
Guru Maharaja se acercó y me dijo:
-¿Estás cómodo allí?
Yo contesté -¡Si Guru Maharaja! Pero tengo un problema.
-¿Cuál?- preguntó él.
-Ronco mucho y no creo que usted pueda dormir bien.
El rio y me dijo -No hay problema. Siempre estoy preparado para eso. Traje mis tapones
auditivos. ¡Ja, ja, ja, ja!
Me quedé un poco más tranquilo. Él se recostó y se tapó, mientras la madre Lila Sakti pidió
permiso para entrar al cuarto porque se había olvidado de acostar unas Ugra Nrishimha silas
que tenía en el dormitorio. Era una situación espiritualmente desconcertante, durmiendo junto a
Guru Maharaja y el Señor Nrishimhadeva en ira. De todos modos me sentí feliz y protegido
como un niño que busca dormir a los pies de la cama de los padres cuando la tormenta suena
fuerte.

Desaparición de Srila Pabhupada


En la mañana sonó el despertador a las 4:00 hs. y aprecié en la penumbra que Guru Maharaja
no se levantaba a pesar del sonar del despertador. Especulé: "Seguramente está muy cansado",
y esperé unos momentos sentado. Al ver que Guru Maharaja no se levantaba decidí seguir
durmiendo. Como a las seis de la mañana vi que se sentaba en su cama y me levanté rápido a
prender la luz.
Él miró el reloj y dijo:
109

-¡¡¡Guauu, son las seis de la mañana!!! Me quedé dormido y ahora me doy cuenta de que no
escuché el despertador porque tenía los tapones auditivos puestos.
-¿Tú no escuchaste el despertador?- me preguntó.
-Sí, Guru Maharaja.
-¿Y por qué no me avisaste? Querías seguir durmiendo, ¿eh?
-Perdóneme Guru Maharaja, no quería molestarlo.
Salimos de la habitación después de bañarnos y Lila Sakti Devi estaba muy feliz cocinando
para Guru Maharaja. Entonces él dijo:
-Hoy es medio día de ayuno por la desaparición de Srila Prabhupada.
A Lila Sakti pareció venírsele el mundo al piso, y dijo:
-Pero yo le he estado cocinando una tarta de alcachofas que a usted tanto le gustan.
-¡Bueno!, no hay problema, me la llevo...
Al comenzar la clase Guru Maharaja tomó el libro de Satsvarupa Maharaja, El néctar de
Prabhupada, y comenzó a leer uno tras otro los pasatiempos. Con cada uno que contaba
aumentaba su brillo y felicidad y se ponía más dispuesto a leer el siguiente. A veces
ocasionalmente se detenía al final de algún pasatiempo para agregar algo de su propia
experiencia.
-Yo también conocí a Panchadravida das (el devoto que quería tocar la guitarra y compuso una
canción a Krishna que cantó personalmente a Srila Prabhupada)– dijo Guru Maharaja -y
realmente era un poco hippie (risas). También tuve que echarlo del templo de Hamburgo
cuando yo era comandante allí, él tenía muchos problemas de relacionamiento y andaba con su
guitarrita de aquí para allá (más risas). Pero después de unos años el tomó ​sannyasi y me lo
encontré en Mayapur para un festival. Entonces el me vió y me dijo:
-Suchandra prabhu, estoy muy agradecido contigo por esa vez que me echaste del templo.
Solamente así pude valorar la compañía de los devotos.
Guru Maharaja siguió diciendo, -Yo estaba desconcertado, era sólo un ​brahmacari y un
sannyasi​ me daba las gracias.
Luego me pidió que siguiera leyendo y cada vez que yo terminaba de leer un pasatiempo lo
miraba para ver su expresión de loto al meditar en Srila Prabhupada. El decía a cada final
-¡Más! ¡Lee más! ¿No es cierto que queremos escuchar más?- preguntó a la audiencia. Todos
respondían: ¡Siiiii! al unísono. La lectura transcurrió por una hora y media aproximadamente, y
entonces, al finalizar Guru Maharaja dio la clase de Srimad Bhagavatam, que fue más nectárea
todavía.
En uno de los pasajes Guru Maharaja dijo:
-¡Sí!, qué bueno que Valparaíso haya sido declarado patrimonio cultural de la humanidad. Pero
de todo Valparaíso el lugar más importante es el Nama-Hatta de la madre Lila Sakti. De alguna
u otra manera tengo un karma en común con este lugar, siempre termino predicando aquí.

El Regreso a Santiago
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Antes de salir Guru Maharaja empezó a despedirse y a agradecer a la madre por su


hospitalidad. Cuando ya estábamos saliendo noté que mi ojota, sandalia o chala, como le dicen
allí en Chile, se me había perdido y no la encontraba por ningún lado. Entonces Guru Maharaja,
al verme, me pregunto: -¿Qué pasa?
-No encuentro mi ojota, Guru Maharaja.
-Bueno, entonces ¡vamos a buscarla!- El dejó su morral a un lado y empezó a agacharse para
buscar mi sandalia. Me sentí muy avergonzado y le decía:
-No importa Guru Maharaja, vamos, no hay problema. Puedo andar descalzo hasta llegar al
templo. El insistía en su humildad de querer servirme, y yo sentía que me quemaba por dentro y
por fuera. Finalmente accedió a mi pedido y nos subimos al auto para comenzar el retorno. Los
devotos saludaban con ¡Haribol! y ¡Gauranga! desde el primer piso, y los vecinos miraban a
Guru Maharaja por las ventanas y le sonreían. Yo pensaba en lo afortunadas que eran esas
personas.
Previamente, al empezar el viaje, me las arreglé para decirle al devoto chofer Bhakta Víctor si
podíamos pasar por algún lugar desde donde, aunque sea de lejos, se viera el mar. El asintió.
Pero para mi sorpresa, cuando empezamos a andar, él comentó mi pedido a Guru Maharaja, a
lo que éste dijo:
-¡Sí!, claro. Yo también quiero ver el mar. Yo no sabía a dónde meterme.
Cuando llegamos a orillas del mar estaba todo increíblemente celestial; el mar, un sol más que
radiante, la playa vacía. Guru Maharaja dijo: - ¡Ok, ya llegamos! ¿Quieres bajarte a la playa? Y
aunque me moría de ganas por tocar un poquito el agua dije, haciéndome el trascendental:
-No, está bien Guru Maharaja, sólo quería ver el mar, ya que en Mendoza (donde vivo) hace
siete meses que no llueve y ya no me acordaba como se veía tanta agua junta. Entonces dijo:
-¡Sí, sí! ¡Vamos a la playa!
Al descender por las escaleras hasta la arena el contraste del cielo, el agua, el sol, el aire fresco
de la mañana y el color azafrán de su ropa daban un paisaje que estaba más allá de este mundo.
Los devotos junto a Guru Maharaja llegaron primero que yo al agua y dejaron sus chalas en la
huella que había dejado la última ola. Se adentraron al mar un poco, y en el momento menos
pensado el mar realizó un ​abhisheka trascendental: con una fuerte ola se arrojó a los pies de
Guru Maharaja de tal manera que el agua mojó a Guru Maharaja hasta más arriba de la cintura.
El rompió en una carcajada de felicidad por la inesperada reacción del mar y exclamó: -Ahora
voy a tener que viajar en ​gamsha.​
Al llegar al templo después de un lindo viaje entre los verdes cerros de Chile, Guru Maharaja
tomó prasadam como de costumbre con Visvadeva prabhu, le contó lo lindo del Nama Hatta, y
le pidió que fuera a predicar allí. En un momento recordó el pastel de alcachofas de la madre
Lila Sakti y lo reclamó. Los devotos se lo calentaron y lo comió, no olvidando cumplir con ese
importante servicio, dejar a la devota satisfecha con su ofrenda.

La clase de la noche
111

Guru Maharaja habló de Srila Prabhupada durante más de tres horas y como de costumbre, todo
el mundo estaba silenciosamente escuchando con gran atención. Eventualmente yo daba vueltas
para mirar al auditorio, y la expresión en la cara de los devotos era asombrosa. Nadie
pestañeaba siquiera, parecían inclusive no respirar para no perder un sólo detalle de lo que
Guru Maharaja contaba.
En un momento la charla entró en un humor triste, el relato de Guru Maharaja se acercaba al
momento de la desaparición de Srila Prabhupada. Contó que por ese tiempo él estaba
predicando con mucho riesgo en los países comunistas, y que cada semana enviaba un reporte
al templo para avisar que estaban bien. En una de las llamadas el devoto que lo atendió (creo
que dijo que era Tamal Krishna Maharaja) le dijo:
-¡Vayan a Londres! Prabhupada está allí. Viajen rápido, rápido... Casi inmediatamente
prepararon todo y subieron a la van de ​sankirtan hasta Londres. Explicaba lo inesperado del
viaje de Prabhupada debido a que todos sabían que su salud no era muy buena. Al llegar se
encontraron con un Prabhupada distinto, físicamente hablando (sin querer faltar el respeto al
trascendental y espiritual cuerpo de Srila Prabhupada).
Él tenía anteojos negros, estaba sentado en un palanquín. No podía subir a la Vyasasana y
hablaba de costado como si estuviera facialmente paralizado. Sin embargo la expresión de Srila
Prabhupada, satisfecho por el servicio de sus discípulos, era muy reconfortante. Guru Maharaja
explicó que Srila Prabhupada había entrado en un humor de ​uttama adhikari muy, muy
humilde, en el que realmente se sentía el más bajo de todos. Explicó cómo llamó a sus
hermanos espirituales para pedirles perdón y que había actuado así en nombre de la prédica.
También comentó cómo Srila Prabhupada le pidió perdón a su hijo diciéndole: tu madre es una
gran mujer y es muy buena. En realidad el malo fui yo. Te pido perdón por haberte dejado.
Todos los devotos presentes derramaban lágrimas por las conmovedoras palabras de Guru
Maharaja. Prosiguiendo su relato contó cómo en el momento de tomar darshan de Srila
Prabhupada, cuando estaba en Londres y a pesar de su condición física en el palanquín, Srila
Prabhupada tomó darshan de las deidades. Y en su gravedad, por detrás, los devotos
comenzaron a cantar un muy dulce kirtan. Guru Maharaja dijo que nunca antes había percibido
tan increíble dulzura y humor de intimidad espiritual de Srila Prabhupada con sus discípulos
frente a sus Señorías Radha-Londonisvara.
-“La mirada de Prabhupada a las deidades no se podía comprender, y de alguna manera él hizo
que todos entráramos en ese momento en ese humor espiritual tan íntimo”, dijo Guru Maharaja.
Terminada la clase y nuevamente excusándose por el tiempo prolongado de la exposición
estalló el kirtan en la Puja a Srila Prabhupada. Guru Maharaja hizo la adoración y la dulce voz
de Visvadeva prabhu empezó a escucharse. El éxtasis de los devotos bailando y cantando a
Srila Prabhupada fue indescriptible.
Después de eso, y para aumentar la devoción, llegó un estupendo prasadam. Guru Maharaja
estaba tan contento que dijo: - Yo también quiero comer aquí con los devotos.
Bhakta Felipe dijo:
112

-Pero Guru Maharaja, no hemos cocinado nada para usted.


-No importa, quiero comer lo que van a comer todos, ¡pero ya!!!
-¿Cachoris, arroz y dhal???
-¡Sí, sí, pero rápido!
Bhakta Felipe salió corriendo a cumplir con el deseo de Guru Maharaja.
Guru Maharaja se sentó en el piso frente a la murti de Srila Prabhupada, y todos se sentaron
alrededor de él como pétalos de una flor de loto. El siguió contando acerca de Srila Prabhupada
por una hora más y nadie quería dejar de estar en este trascendental
sravanam-kirtanam-smaranam-Prabhupada​ que durará para siempre.

La despedida
En una bonita despedida, y como de costumbre, todos querían tener ​darshan de Guru Maharaja.
A lo último momento, de alguna manera u otra, Krishna hizo los arreglos para que todos
pudieran tomar sus nectáreas instrucciones. Algunos venían a agradecerle a su visita. Otros
pedían instrucción para su joven vida espiritual. Guru Maharaja atendió a todos por igual y
siempre en el humor de -¿En qué te puedo servir?
La última reunión fue una reunión con sus discípulos, Adi Kesava das, Madhana Mohana das,
Janardhana das, Bhakta Felipe, Madre Susana y yo. También, por algún arreglo de Krishna, la
madre Oyasuini, la discípula de Jayapataka Swami quien había cocinado para Guru Maharaja,
estuvo presente allí.
Los devotos expresaron que sentían un poco de separación e incomunicación entre ellos como
hermanos espirituales y que se sentían en falta con Guru Maharaja por esta situación. Uno por
uno Guru Maharaja fue preguntando qué opinaban de lo expresado y cómo pensaban que esto
se podía solucionar. Al final, como un padre experimentado que da consejo a su hijo, él explicó
cómo debía ser y llevarse en la forma apropiada la relación entre hermanos espirituales. Y
comentó cómo eso había ido tomando forma más de igual a igual en Iskcon a través del tiempo.
En el último momento yo expresé:
-¿Cómo podemos complacerlo Guru Maharaja?
Él dijo, como siempre y resumiendo en mis palabras:
-Por favor sean unidos y prediquen, prediquen, prediquen...
Camino al aeropuerto el humor de felicidad empezó a decaer y empezó a transformarse en
separación, todos empezamos a vivenciar cómo habíamos estado en contacto con el mundo
espiritual solo por el ​sakti y la pureza de Guru Maharaja, viviendo como parásitos
trascendentales.

Nava Gundica, Corralitos, Mendoza.


Corralitos se encuentra en la zona rural de Mendoza, a unos 15 kilómetros de la ciudad capital.
Allí está instalada una pequeña finca de unas 2 hectáreas a la que se llega por un corto camino
113

de tierra de unos 400 metros flanquedado de altos álamos, lo que constituye un típico paisaje
mendocino con las montañas al fondo. A la derecha, dirigiéndose hacia el oeste, se ubicaba
primero en un terreno menor la humilde casa de madre Krishnamayi, una de las sirvientas más
esmeradas de Bhakti-bhusana Swami, quien vivía allí junto a su hija. Cien metros más adelante,
un cartel hecho a mano indicaba que se estaba ingresando a “Nava Gundica Dhama” y luego de
trasponer la tranquera, lo primero que se encuentra es la casa de prabhu Baladeva y su familia.
Cincuenta metros después siguiendo por el camino sinuoso estaba la pequeña casita destinada a
albergar al ​swami​, rodeada de pastizales recortados que tomaban un cálido color amarillento
bajo el sol del invierno durante la época de sequía.
Era una construcción muy pequeña, de apenas unos treinta metros cuadrados, a lo sumo, muy
austera, pero lo suficientemente aislada como para brindar privacidad y tranquilidad al santo
durante su breve estadía que nunca superaba los quince días. Por fuera se la veía pequeña,
bajita, de techo plano, paredes pintadas de color arena, con una sola puerta y dos pequeñas
ventanas con cortinas. Muy humilde y aún más empequeñecida en comparación con los
esbeltos álamos que la rodeaban. Al ingresar se entraba a un pequeñito estar sin muebles y
luego, sin puerta alguna, se encontraba la habitación con el espacio justo para ubicar una cama
de una plaza, un escritorio con una silla y un pequeño mueble para guardar un poco de ropa.
Sobre el escritorio colgaba una pequeña biblioteca. La instalación la completaba un baño con
ducha, pero él no la utilizaba porque decía que así se desperdiciaba mucha agua.
En general todo el ambiente era de gran austeridad, sencillez, orden, pulcritud; en cualquier
momento que uno entrara no encontraría ni siquiera un pañuelo poyado en algún lado, es más,
si en alguna ocasión el gurú enviaba a algún devoto a buscar algo, le diría exactamente en qué
rincón de su valija, o del escritorio, se encontraba; y allí estaría, precisamente donde él lo había
indicado.
Siguiendo por el mismo camino de tierra, unos treinta metros más adelante se encontraba el
templo propiamente dicho donde los muy misericordiosos Sri Sri Nitai Gaura Candra esperaban
a los devotos para derramar Sus bendiciones sobre ellos.
Temprano por las mañanas, antes de que el sol apareciera sobre el horizonte, durante la hora
destinada a cantar las rondas en la sala del templo, las devotas entraban a la casa a realizar la
limpieza y tender la cama, aunque realmente hubiera muy poco para hacer allí.
En las inmediaciones habían varios árboles frutales, pero los más célebres eran las higueras
cuyos frutos maduraban durante el verano en el mes de enero. Su fama bien ganada se debía a
que a Maharaja les gustaban mucho, como solía apreciar todos los frutos que daba la tierra
cuando maduraban en sus propias plantas -no en alguna cámara frigorífica- e iban directamente
al altar luego de ser cosechados y lavados. Estos higos eran casi negros por fuera, muy tiernos
debido a su madurez, y muy rojos por dentro, muy dulces, algunas veces se decoraba el altar
con ellos, junto con otros frutos y pequeñas flores silvestres que crecían en la finca.
En general Maharaja solía preferir como estilo de vida los ambientes naturales, rurales, por
sobre las ciudades, por eso gustaba de tomar ​prasadam e​ n el jardín ubicado frente al templo a
114

la sombra de los álamos. Una vez terminado el programa de la mañana se dirigía hacia esa zona
del parque mientras un discípulo lo seguía presuroso llevando un almohadón para que se
sentara. Inmediatamente comenzaban a llegar el resto de los devotos, cada uno con su
almohadón, y se sentaban a unos dos o tres metros de distancia formando un semicírculo
teniendo al ​swami como eje. En seguida llegaba una pequeña mesita con la bandeja con los
alimentos del maestro, quien con un gesto invitaba a algún devoto a cantar el ​sarira y
​ lgunas veces si habían moscas u otros insectos molestos
comenzaban a honrar el ​prasadam. A
un discípulo se acercaba muy discretamente por detrás con una ​camara o un ramo de hojas para
espantarlas, pero éste debía ser muy discreto para que Maharaja no se diera cuenta, pues no le
gustaba que le dieran ningún tratamiento especial y entonces lo miraría seriamente como
diciendo, “¡Qué está haciendo?”
Otra facilidad que ofrecía este lugar era una piscina de medianas dimensiones donde podía
ejercitar sus músculos, siempre y cuando su visita se realizara durante el verano. Allí solía
nadar de pecho metódicamente, de una orilla a la otra, regulando la respiración, durante una
hora mientras algún devoto leía en voz alta el Bhagavad-gita o algún otro libro de Srila
Prabhupada. A veces se detenía momentaneamente, le hacía alguna pregunta al lector referida
al texto, y luego seguía nadando. Claro que como era un ​sannyasi ​muy estricto, esta actividad
era muy reservada y eran muy pocos, muy íntimos, los devotos que podían acompañarlo
durante su ejercitación.
Más participativo, en cambio, era a la hora de hacer caminatas o ejercitarse andando en
bicicleta. En esas oportunidades era posible acompañarlo por lugares públicos rodeado de
quizás diez devotos transpirando ajetreados tratando de seguir su paso porque, sobre todo
caminando, era difícil seguirlo a su ritmo.
Si el lugar elegido para la actividad era algún parque donde seguramente habría muchas
personas, la etiqueta era ir vestidos con ropa devocional y llevar algunos libros pequeños por si
se presentaba la oportunidad de predicar, y eso ocurría con frecuencia porque estos “bichos
raros” usando ​dhotis y ​kurtas de color blanco o azafrán y zapatillas deportivas no eran un
espectáculo común y llamarían la atención ¡algo ideal para predicar u ofrecer una invitación a
los programas!
En cambio si la caminata era por algún sendero más inhóspito, o se trataba de una bicicleteada,
Maharaja solía usar anteojos de sol -los clásicos de estilo aviador tonalizados en verde- una
remera de mangas cortas y pantalones desmontables color natural o beige. Los devotos,
preocupados por su comodidad, siempre llevaban una gorra, protector solar en crema y agua
mineral para asistirlo. Algunas veces podría desarrollarse alguna conversación sobre algún
tema de los devotos del lugar, pero la mayoría transcurría casi en silencio, reservando el aire
para un mayor rendimiento.
Esta descripción podría dar a entender cierta preocupación hedonista por mantener en buen
estado el cuerpo, pero lo mismo que seguir una prescripción médica tomando remedios, o
simplemente evitar cosas nocivas para la salud, la única preocupación de Maharaja era
115

encontrarse físicamente apto para desarrollar las exigentes tareas de prédica que eran su único
interés y responsabilidad. A menudo en estas ocasiones les preguntaba a quienes lo
acompañaban si estaban haciendo ejercicios regularmente y les recomendaba que sí lo hicieran,
porque en caso contrario en algún momento lo lamentarían. Así como su maestro espiritual,
Srila Prabhupada, aún a una edad avanzada realizaba caminatas matutinas cada vez que podía,
Bhakti-bhusana Swami mantenía una rutina de ejercicios físicos siempre que fuera posible,
incluso cuando ya contaba con más de setenta años de edad.
Maharaja siempre evitaba cualquier oportunidad de identificarse con su cuerpo material. En
una ocasión un devoto le comentó en una charla informal mientras lo trasladaba en su auto
hasta el sitio donde habría de dar una conferencia, que cuando era niño vivía en una provincia
del interior del país, en un pueblo muy alejado de otros centros poblados, y que el sacerdote
cristiano de la iglesia que ayudó a desarrollar su inquietud por lo espiritual era un misionero de
origen alemán; y ahora Krishna había puesto en su camino a un maestro espiritual también
alemán, a lo que el ​swami c​ ontestó irónicamente sin ninguna simpatía, “Gracias por recordarme
que tengo un cuerpo alemán, los devotos estamos tratando de realizar que somos habitantes de
Vaikuntha, no de este mundo material”. Aquel devoto quedó pensativo reflexionando en que su
gurú, ni siquiera en una ocasión tan casual y fuera de ambiente, perdía el punto de vista
espiritual de su existencia.
Eso se refiere también a la ubicación temporal; para la mayoría de nosotros basta una melodía
escuchada en la radio, o un aroma, para transportarnos al pasado, para correr a refugiarnos en
algo que solamente existe ya en nuestra mente. Algunos de nosotros vivimos anclados a un
tiempo pasado idealizado que pudo ser mejor, cuando éramos jóvenes y materialmente más
vitales, pero Maharaja siempre estaba muy ubicado en el presente, incluso cuando hablaba de
Srila Prabhupada, porque no lo hacía desde la perspectiva del pasado si no de la actualidad, de
lo que es siempre eterno. Cuando los devotos comenzaban a recordar con añoranza sus
primeros años de devotos, los años 80, los autodenominados “dinosaurios” se ponían
nostálgicos y Maharaja los dejaba hablar un rato, pero no pasaría mucho hasta que cortara esa
atmósfera de autocompasión trayéndolos de nuevo al presente siempre pujante del Movimiento
de Conciencia de Krishna.

* * *

Hamsarupa Das nos brindó este relato de uno de los tramos de la gira de Bhakti-bhusana
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Swami por la Argentina en lo que se conoce como la Zona Cuyana, luego de haber recorrido
Uruguay y Paraguay; partiendo desde Buenos Aires todos los años solía viajar a Córdoba,
desde allí a San Luis, luego Mendoza y desde aquí a Santiago de Chile y luego a los países de
Centro América:
Nuestra llegada a Merlo
El sábado 23 de julio de 2012 llegamos a Merlo alrededor de las 22 hs. a la casa que los
devotos locales habían alquilado para alojar a Guru Maharaja durante las dos semanas que
estuvo de visita. Nosotros, Baladeva y yo, llegábamos desde Mendoza, y Gurudeva llegaba con
Dhristaketu Das, su esposa Rati Manjari y Janmastami Das desde Villa Dolores, donde habían
realizado un extático programa de prédica en la casa de Harsha Das. Cuando nos encontramos
en la vereda nos aproximamos a Guru Maharaja, lo saludamos muy alegres y le ofrecimos
reverencias al abrigo de la noche aprovechando que no había nadie en la calle.
Mi gran deseo es que algún día, en un encuentro o una despedida, pueda recibir un abrazo de
Guru Maharaja, por ello me acerqué bastante a él con las manos juntas. Pero entonces me dijo,
-Hare Krishna, ¿cómo estás Hamsarupa?- y me dio dos palmadas firmes en el hombro derecho.
Yo pensé, alegre de todas formas, “Estuve bastante cerca, tal vez ocurra en la próxima
oportunidad”.
Al día siguiente hicimos el programa matutino en esa misma casa. Recién a las 9 de la mañana
cuando salió el sol se reveló toda la belleza del lugar. Era un chalet hermoso de dos plantas
rodeado de un bonito jardín con sauces, cedros, paraísos y otras plantas. Atrás tenía una pileta
de natación muy linda. Desde las ventanas podía verse el imponente cerro, tan cerca que
parecía podíamos tocarlo con la mano. Resulta evidente que los responsables de este ​yatra
hicieron un esfuerzo económico muy importante para poder costear estos gastos.
Guru Maharaja apreciando el lugar dijo entusiasmado que le gustaría regresar en el verano para
aprovechar la pileta para hacer ejercicio. Nos contó que todas las mañanas estuvo haciendo
caminatas de una hora por los alrededores. Merlo es una villa turística de fama muy bien
ganada y tiene muchos circuitos para recorrer a pie. Guru Maharaja tiene identificada una gran
variedad de pájaros, que reconoce por su plumaje, el color de su pico y su canto. Durante la
mañana, mientras el sol invade la casa entrando por las ventanas, el canto de todos esos pájaros
se escucha muy dulce, incluso en esta época del año, pleno invierno, cuando las bajas
temperaturas obligan a tener las estufas encendidas todo el día.
Después del programa conversamos todos juntos mientras compartimos el desayuno. Guru
Maharaja nos contó acerca del accidente que sufrió mientras estaba en Alemania. Cómo bajó
toda la escalera y al dar el último paso, en el último escalón se cayó torciéndose ambos tobillos.
Mientras caía vio todo en cámara lenta, cómo iba cayendo sin poder evitarlo hasta que sintió
todo el dolor. Afortunadamente uno solo de sus tobillos, el derecho, sufrió la múltiple fractura.
Los devotos llamaron a la ambulancia y rápidamente fue operado. Luego sobrevino la
recuperación, la kinesiología, los ejercicios. Inclusive hoy puede acordarse de lo sucedido por
la simple razón de que aún le duele. Además, todavía tiene colocadas dos tuercas que le ayudan
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a mantener la estabilidad.
Nos contó también que la sala en que se encontraba se convirtió en un ocasional centro de
prédica. Muchas personas tuvieron la oportunidad de relacionarse con él. Por ejemplo, además
de él, en la sala había dos camas más, con pacientes que estaban por dos o tres días, se iban, y
luego venían otros nuevos, constantemente. Pero él se quedaba y a todos respondía las
preguntas que le hacían. Al poco tiempo los hindúes de la comunidad que se encuentra allí en
Colonia se enteraron de que el ​swami estaba internado y cada vez que iban a visitarlo le
ofrecían reverencias. Toda la situación se volvía muy llamativa para los médicos y enfermeros
residentes y sus ocasionales compañeros de cuarto. A todos Guru Maharaja les obsequiaba
galletitas ​prasadam​ que los devotos le llevaban para distribuir entre sus visitantes.
Cuando llegó el tiempo de la despedida Rati Manjari Dasi con sus manos juntas suplicantes y
con un gesto de profunda humildad le dedicó unas dulces palabras diciendo que las visitas de
Guru Maharaja eran parte de la historia del ​yatra y parte importante de sus propias vidas, por lo
que se sentía muy agradecida. Guru Maharaja respondió que se había sentido muy cómodo y
les agradeció por todos sus esfuerzos de prédica, pues mantienen un templo en el que realizan
programas habituales y distribuyen libros y ​prasadam​ en las calles de la ciudad.
A las 12 del mediodía nos subimos al auto y partimos acompañados por el canto de los devotos
y sus bendiciones mientras tomaban fotografías para inmortalizar aquel momento.

El viaje a Potrero de los Funes


Potrero de los Funes se encuentra a 200 kilómetros yendo por la Ruta Nacional Nº 148, a donde
llegaríamos a las 14 hs., a tiempo para tomar ​prasadam en la casa de Jayasena Das y su esposa
Ambika Dasi.
El camino recorriendo las sierras de San Luis es muy lindo, con suaves colinas y teniendo por
fondo en el horizonte bellos cerros. En una parte alta del paisaje nos detuvimos un momento
para tomar algunas fotografías con la máquina de Guru Maharaja. Nos contó que le gustaría
hacer un documental con material gráfico para poder mostrarle a los devotos de otras lejanas
regiones aquellos lugares en la lejana Sud América a donde viaja “para tomar asociación de los
devotos y cargarse las pilas”, como él dice.
Jayasena Das, su esposa y sus dos pequeñas hijas viven en un lugar muy natural, sin vecinos,
rodeados de naturaleza al pie de un cerro, sobre una calle de tierra donde solamente circulan las
vacas ocasionalmente, lejos del bullicio de cualquier ciudad. El agua les llega por una
manguera extendida desde una vertiente natural cercana y no tienen luz eléctrica, todo muy
natural y a Guru Maharaja le encanta este entorno, se lo ve muy cómodo. Llegando a la casa
nos esperaban los anfitriones junto a Laksmivan Das y Dhruva Sandi Das con un ​kirtan en la
calle. Después de saludarnos emocionados hicimos un pequeño ​kirtan ante el altar familiar,
salimos al jardín a tomar ​prasadam​. Excepto por estas visitas de Guru Maharaja, estos devotos
que se encuentran muy aislados, no tienen prácticamente otra oportunidad de relacionarse con
vaishnavas, y mucho menos con un devoto puro, así es que la inmensa misericordia de Guru
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Maharaja puede apreciarse en estas ocasiones con toda claridad. Hay que hacer estos viajes por
carretera durante largas horas para darse cuenta realmente del sacrificio que significa viajar
constantemente. Algunas personas que en su ignorancia no saben de qué se trata lo que están
envidiando, a veces cuando se enteran de que Guru Maharaja viaja permanentemente por todo
el mundo piensan con picardía que es un disfrutador, pero no tienen ni idea de lo que significa
cambiar cada pocos días de huso horario, de clima, de agua, de alimentos, de altitudes, de
costumbres, de lenguajes; eso para no mencionar el estrés de los aeropuertos, de los trámites
migratorios, de los vuelos demorados por horas y horas y muchas veces cancelados o
desviados, encerrado en los shoppings duty free con aire acondicionado, sin respirar aire
natural en medio de un gentío enorme de gente que viene y va. Los viajes por tierra también
son muy austeros, ya sea en auto particular o en medios públicos de transporte, basta nada más
con pensar en lo incómodo que resulta dormitar sentado o hacer la digestión sentado con el
cinturón de seguridad colocado, o pensar en evacuar en las estaciones de servicio durante la
recarga de combustible.
Aunque era el mediodía, el sol apenas nos entibiaba con sus rayos muy oblicuos recostado
sobre el hemisferio norte. Lo que sucede es que a Guru Maharaja le encanta tomar prasadam al
aire libre, sentado sobre un cojín colocado sobre el pasto, aunque no sea un día totalmente
agradable. La brisa que había comenzado a soplar nos obligó a ponernos algún abrigo, no
obstante lo cual el almuerzo transcurrió en una modalidad muy festiva entre sonrisas y bromas.

El viaje a Mendoza
Alrededor de las 16 partimos nuevamente con destino a Mendoza, dejando felices a los devotos
tras esas escasas horas de intimidad con Guru Maharaja. El interior del auto se llenó de
inmediato de una fragancia exquisita con la guirnalda que recibió Guru Maharaja.
Estéticamente no era muy vistosa, pero olía muy rico, pues estaba hecha de ramitas de romero,
hojas de lavanda y pequeñas flores amarillas silvestres.
El viaje transcurrió con toda tranquilidad por la autopista nueva, la mayor parte del tiempo en
silencio, Guru Maharaja sentado adelante y Baladeva atrás.
Yo iba todo el tiempo pensando qué cosa podría preguntarle, qué conversación podría
comenzar, pero no se me ocurría nada. Había demasiada paz y tranquilidad en ese viaje. Se
supone que oportunidades como esas son privilegiadas, que muy pocas personas afortunadas
tienen la suerte de compartir unas horas, prácticamente a solas, con su maestro espiritual
sentado a su lado. Y no es que yo no tenga problemas, o que esté libre de dudas.
En un momento le conté precisamente esto:
-Guru Maharaja, durante este viaje me estoy dando cuenta de que las dudas son más un estado
de inestabilidad de la mente, que una manifestación de ignorancia.
Y él me dijo, -Sí, un estado de contaminación.
-Porque cuando me encuentro solo me surgen muchas dudas leyendo los libros, o ante distintas
cosas que me pasan en la vida. Incluso, como faltan varios meses todavía para que usted llegue,
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las anoto en un cuaderno para presentárselas cuando esté con usted. Pero ahora que estamos
aquí donde podría expresarle todas mis cuestiones, no puedo recordar ni una sola de esas
preguntas. Me siento satisfecho y tranquilo y no siento la incertidumbre que a veces me
abruma, por eso digo que es una inestabilidad de la mente.
-Una contaminación- volvió a repetir Guru Maharaja. -Cuando te reúnes con devotos, se
purifica la mente y todas esas contaminaciones desaparecen. Así sucede, yo tampoco le hice
muchas preguntas a Srila Prabhupada. Además sus clases eran tan claras y su presencia era tan
impactante que no me quedaban dudas.
-Es verdad Guru Maharaja, a nosotros nos pasa lo mismo. Muchas veces cuando termina una
clase Ud. pregunta si hay preguntas y nadie tiene ninguna. Por eso, porque sus clases son muy
claras también y todos quedamos pacíficos y purificados por su presencia.
Algunos kilómetros más adelante ​prabhu Baladeva me pidió que detuviera el auto por unos
minutos para que cantaran el mantra ​gayatri​. Cuando encontré un lugar seguro me orillé al
costado del camino, nos detuvimos y me bajé del auto para darles privacidad mientras
meditaban en el mantra. Desde un par de metros la imagen era surrealista, o mejor dicho
¡totalmente celestial! En la inmensidad del campo desértico, a un costado de la ruta
perfectamente recta buscando el horizonte, el sol pintaba de rojo el cielo, la tierra y todo lo que
había entre ellos. Afuera el viento agitaba suavemente los arbustos vacilantes y dentro del auto
se encontraba la eternidad personificada en la imagen de Guru Maharaja, con su semblante
sereno y relajado. En ese momento de estática calma imperaban el silencio y la quietud y toda
la escena gravitaba sobre la presencia mística de Guru Maharaja. No sé cuánto tiempo
permanecí observando discretamente esa imagen, hasta que Baladeva me hizo un suave
movimiento con la cabeza indicándome que podíamos continuar.

La llegada a Corralitos, Mendoza


Llegamos a Corralitos a las 18:30 sin expectativa de una recepción porque los devotos no
supieron sino hasta último momento que llegaríamos esa tarde y no el lunes. Pero había unos
treinta devotos en la puerta del templo saltando y cantando llenos de alegría.
Después de ofrecerle un ​kirtan,​ el lavado de pies y una hermosa guirnalda, agradeció
brevemente por “la linda recepción védica”, e inmediatamente comenzó a predicar.
Citando el B.G. 7.3 nos dijo que en cierta medida nosotros somos aquellas muy escasas
personas que conocen a Krishna realmente, porque por la misericordia de Srila Prabhupada
sabemos que Él es una persona, la Persona Suprema, y tenemos mucha información
confidencial acerca de Sus cualidades, parafernalia, actividades y demás detalles que
prácticamente todo el mundo -incluyendo a los espiritualistas- desconocen. Que atravesando el
desierto del mundo material, llegar a estos oasis donde se adora y se sirve a Krishna era una
inmensa alegría para él. Que estos templos son lugares sagrados de peregrinaje y que cada
devoto, un simple devoto del Señor, es un lugar sagrado de peregrinaje. Dijo que nos agradecía
profundamente por haber aceptado este proceso. Lo dijo en serio, como todo lo que dice. Por
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todo esto nos pidió humildemente que cada uno de nosotros haga un esfuerzo, “una
contribución significativa” en la distribución masiva de los libros de Srila Prabhupada
ayudando según la capacidad de cada cual.

* * *

El 17 de enero de 2011 fue otra ocasión en la que Bhakti-bhusana Swami estuvo en la


región cuyana, como parte de su gira por la Argentina, una oportunidad más de inmenso valor
espiritual para que los devotos del interior del país puedan experimentar profundos
sentimientos de amor devocional, ya que estos viajes se tratan en realidad de los
trascendentales intercambios amorosos entre aquel que es bienqueriente de todas las almas
condicionadas en general, pero de los devotos en particular, y también de los devotos entre si.
En un sentido íntimo, es decir sin que esta apreciación pueda legitimarse estrictamente desde el
punto de vista institucional, daba toda la impresión de que principalmente realizaba estos viajes
para darles su dulce compañía y para aprovechar la compañía de los devotos, sean discípulos
suyos o no, a quienes veía como amigos y parientes, considerando que la familia ​vaishnava es
la verdadera familia de los devotos. Analizando esos relacionamientos podría decirse que darles
sus instrucciones, o realizar otras tareas propias de un gurú como realizar iniciaciones, eran
motivos secundarios de su llegada a esas lejanas regiones, pues los primeros y más íntimos eran
estrechar sus lazos devocionales con los devotos del Señor.
Resultaba asombrosamente evidente la alegría que sentía al llegar a cada lugar y
encontrarse con los devotos por el brillo de sus ojos, su enorme sonrisa y la naturalidad de sus
gestos que borraban de inmediato cualquier sensación de cansancio que pudiera arrastrar por el
viaje que acababa de realizar. Los devotos que lo esperaban con ansia desde hace muchos
meses, aguardaban respetuosamente con las manos juntas y la cabeza ligeramente agachada a
que él los salude y él, muy dinámico, con un humor excelente, avanzaba decididamente hacia
ellos y los abrazaba, o los tomaba por los hombros, mientras les preguntaba en tono de amable
camaradería por su bienestar, qué habían estado haciendo, cómo estaban sus familiares. De
inmediato se restablecía el lazo que había estado suspendido desde la última visita.
Durante la breve ceremonia de recepción que le ofrecían en cada lugar donde llegaba
solía decir que iba a verlos para inspirarse, para “cargarse las pilas”, y aunque pudiera pensarse
que se trataba de una mera cortesía de parte de una gran personalidad, llegaba a convencerlos
de que en verdad él también se nutría al relacionarse afectuosamente con los devotos en virtud
del aprecio que les guardaba. Luego, adoptando una actitud muy humilde les decía también que
estaba allí para intentar servirlos y que esperaba que durante su breve estadía, que
extraordinariamente se extendía por más de una semana, sería capaz de ayudarnos de alguna
manera.
Sobre todo durante los primeros días solía enfatizar lo maravilloso que es contar con
la compañía de los devotos. En una oportunidad les contó que cuando estuvo en Centro
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América estuvo solo. Preparaba su ​kitri,​ lo suficiente para el mediodía y la noche para no tener
que cocinar dos veces. “¡Al cabo de un tiempo ya sabía dónde se conseguían más baratos los
vegetales, porque también hacía las compras!”. Hacía su ​sadhana,​ cantaba sus rondas, leía,
todo solo. Mientras contaba esto su rostro parecía ligeramente entristecido. “¡Pero cuando uno
está acompañado de devotos -decía- todo cambia! Como ahora, estamos todos entusiasmados y
bailamos y cantamos juntos y la vida espiritual es mucho más fácil. Hay que aprovecharse de
esta facilidad. En estos viajes yo me cargo las pilas al verlos a ustedes, tantos devotos,
entusiasmados en la vida espiritual”.
Muchas veces sin perder ni siquiera un minuto, apenas un momento después de
sentarse en la ​vyasa-asana les pedía que contribuyeran a la distribución de los libros de Srila
Prabhupada. “A todos lados donde voy, les estoy haciendo este humilde pedido, con las manos
juntas y una brizna de pasto en la boca: por favor, distribuyan al menos un libro por semana.
¿Eso no es mucho verdad? Todos lo pueden hacer. ¿Tú lo puedes hacer? Y tú, ¿harías eso por
Prabhupada? Todos los aquí presentes, ¿pueden hacer eso? ¡Imagínense no más, si cada uno de
ustedes distribuye un libro por semana! Levanten la mano los que quieran comprometerse.
¡Claro que no es obligación!”, bromeaba esbozando una sonrisa, al mismo tiempo que
verificaba que todas las manos estuvieran levantadas. Nunca dejaba de propiciar la prédica y el
cultivo del servicio devocional ni por un momento. Incluso estando en el aeropuerto momentos
antes de su partida hacia Santiago de Chile les preguntaba a cada uno, ¿qué harían a partir de
entonces por la prédica? Y todos respondían algo en base a sus capacidades, mientras él
aprobaba y alentaba.
Ese año hizo una visita a Dhruva Sandi Das en el Hospital de San Luis, quien
recientemente había sufrido la amputación de una pierna a causa de la diabetes. Él los esperaba
en el jardín sentado bajo la sombra refrescante de unos árboles que ofrecían generosos algún
refugio para protegerse de los ardientes rayos del sol estival, puesto que era una hora cercana al
mediodía. Cuando llegaron los devotos con Bhakti-bhusana Swami al frente, toda la escena se
transformó; por un momento el pasto verde y fresco que crecía entorno a los canteros con
flores, la verja que los separaba de la calle, los pájaros que alimentaban a sus pichones entre las
ramas y las paredes deslucidas del viejo hospital, todo se transformó en Vaikuntha, lejos de las
ansiedades del mundo material, aún en una situación tan difícil y dolorosa como esa.
Dhruva Sandi Das desde su silla de ruedas lo tomó de las manos muy emocionado y
con la voz entrecortada le dijo, “Gracias por venir, Maharaja” y éste, sonriendo le respondió
con toda franqueza y sencillez, “¿Gracias por qué? He venido a visitar a un viejo amigo”.
La conversación que siguió no fue superficial ni apurada, como suele suceder con una
visita por compromiso. Todo lo contrario, fue profunda, cargada de realizaciones y enfocada en
la única esperanza posible, el servicio devocional. Las miserias nunca van a dejar de
acecharnos y al final vendrá el mayor de los despojos, la muerte. Pero el devoto que mantiene
fresca su conciencia de Krishna se encuentra mejor situado para afrontar estos eventos. Otro
aspecto que surgió de la conversación fue que los ​karmis en situaciones de vejez o enfermedad
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cuando quedan relegados al margen de la vida activa, tratan de “matar el tiempo”; pero los
devotos siempre tienen algo, o mucho, que hacer: cantar su rondas, adorar a las Deidades,
predicar, estudiar, tantas cosas dentro de los principios del servicio devocional...
El tiempo transcurrió amablemente como una reunión entre amigos, intercambiando
elogios sinceros, consejos y realizaciones. Aquel devoto estaba pasando por una prueba
devastadora, no solo por la pérdida de su pierna, sino también por la larga hospitalización, la
escasez de recursos económicos y la escasez de apoyo familiar. Aun así se encontraba de buen
ánimo, con su fe en el Señor intacta, muy agradecido por la ayuda que estaba recibiendo de
Yajasena Das, Ambika Devi y bhakta Eduardo Morel. Baladeva Das quien también perdió una
pierna drásticamente en un accidente automovilístico y se encontraba en la comitiva, le
transmitió confianza y valiosos consejos. El desafortunado accidente que sufrió Baladeva nunca
fue un impedimento en la ejecución de tanto servicio devocional como el que siempre prestó a
su comunidad.
Son muy pocos los ​sannyasis que van a visitar a sus discípulos y amigos hasta sus
casas, o a un hospital en lugares remotos, pero Bhakti-bhusana Swami se volvía cada vez más
accesible a los devotos, con quienes comparte caminatas, comidas y otras ocasiones informales
fuera del marco más estricto de una conferencia pública; aquellos devotos eran
incalculablemente afortunados. Él mismo cuenta cuán difícil era acceder a Srila Prabhupada
para servirlo o tener su ​darshan; aún después de pasar exitosamente el filtro de los devotos
mayores que lo rodeaba, el tiempo y las oportunidades de poder hablar con él eran sumamente
escasos. Bhakti-bhusana Swami en cambio, para gran fortuna y provecho de todos iba a cada
pueblo y aldea renunciando a su tiempo de descanso, compartiendo su vida, mostrando
inadvertidamente su maravilloso ejemplo, brindando generosamente su dulce compañía, y sus
valiosísimas instrucciones.
Durante este viaje a su paso por Mendoza realizó a cabo la ceremonia de primera
iniciación de uno de sus discípulos y esta vez, como otras en Buenos Aires, los padres del
candidato estuvieron presentes, por lo que al comienzo Bhakti-bhusana Swami les pidió su
consentimiento para darle iniciación y un nombre espiritual a su hijo. Al pedir su permiso y sus
bendiciones para poder iniciar a su discípulo y darle un nuevo nombre el gurú dio una muestra
de gran consideración y respeto, pues esta es una cuestión muy sensible para cualquier padre.
Ellos podrían preguntarse, “¿quién es este tipo para venir a cambiar el nombre que nosotros
hemos elegido para nuestro hijo?” Pero el gurú dio una bella explicación acerca de los dos
nacimientos, el biológico y el espiritual, y al solicitar su permiso, todos quedaron encantados.
La clase que dio previo a la ceremonia de fuego fue magistral, como siempre. Dijo que la
mayoría de los líderes sociales y los reformadores siempre están proponiendo una “revolución”
en contra del ​status quo o para mejorar el sistema; pero que nosotros proponemos la
“evolución”. No la revolución que derroca durante un tiempo un sistema para ser reemplazado
por la próxima revolución, sino la evolución de la conciencia en permanente progreso hasta
alcanzar la posición constitucional del alma liberada como eterno sirviente de Krishna. Al hacer
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sus exposiciones nunca dejaba puntos pendientes, o inconclusos, que pudieran dar lugar a la
especulación. Por ejemplo, decía, “…para lograr la perfección. ¿Y en qué consiste esa
perfección?”, y lo explicaba para no dejar ese importante concepto librado a la imaginación. Al
escucharlo dar sus clases con tal claridad y refinamiento del lenguaje parecía mentira que el
Español fuera su segundo o tercer idioma. Algunas veces se equivocaba y decía “​vestimienta​”
por “vestimenta”, o “​irado”​ por “airado”, o “​marmól”​ por mármol, pero su gramática y el
lenguaje culto que utilizaba lograba que sus clases fueran completamente atractivas y le daban
el soporte y la importancia adecuada al mensaje trascendental que transmitía.

PARAGUAY
BBS de vez en cuando solía hacer el viaje a Brasil en la famosa camioneta roja con la
finalidad de visitar a las Deidades, que aunque eran de la Argentina, estaban exiliadas en el
vecino país circunstancialmente hasta que terminara su mandato el gobierno militar y pudieran
ser repatriadas. La distancia a recorrer es de alrededor de 2.500 km., lo que aún turnándose
entre varios para manejar el vehículo supone un esfuerzo poco alentador, recorriendo una gran
variedad de paisajes. En el transcurso pasaban brevemente por la República del Paraguay y al
ver a todas esas personas naturalmente pensaba también en aprovechar cualquier oportunidad
que Krishna le ofreciera de llevar el movimiento a esa región.
En el año 1986 Paraguay, al igual que la mayoría de los países de la región, se encontraba
bajo el gobierno de una terrible dictadura militar que había comenzado en 1954 y se extendió
durante todo el gobierno del General Stroessner hasta el año 1989.
Bhanumana Das, un devoto de origen paraguayo, era sobrino nieto del dictador y nos
relató que en el principio de su mandato este último no tenía nada en contra de los devotos, de
quienes nada sabía, ni siquiera los conocía, como tampoco eran de su interés los religiosos en
general, pues consideraba que las personas piadosas eran meramente unos sentimentales a
quienes resultaba fácil controlar, pues siendo dóciles y sumisos a un poder superior, tenían una
mente fácil de manipular, lo que por supuesto resultaría ser muy conveniente a sus propósitos.
Sucedió que el General era padrino de bautismo de una prima suya a quien apreciaba mucho y
la envió a estudiar a Alemania a fines de los años 70 pagando todos sus gastos para que tuviera
una mejor educación. Ella conoció allá a Harikesa Prabhu en ocasión de una conferencia y
pronto se hizo devota, lo que, como es de esperar, produjo un profundo cambio en su corazón y
en su forma de entender el mundo y ver las cosas. Aunque estaba muy agradecida con su tío
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benefactor, sintiéndose comprometida con la suerte de sus sufridos compatriotas comenzó a


enviarle cartas diciéndole abiertamente lo que pensaba a la luz de las enseñanzas del Capítulo
15 del Bhagavad-gita: que era un demonio, cuestionándolo por traficar drogas, torturar a sus
enemigos y practicar el terrorismo de Estado de manera sangrienta. Con su corazón impregnado
de compasión le pedía encarecidamente que dejara de lado todas esas nefastas actividades y que
entregara el país democráticamente. El General Stroesssner se preguntaba muy intrigado por
qué le estaría diciendo todas estas cosas si hasta hace poco era tan amable con él, por lo que
inició una investigación enviando a sus espías a Alemania para que le informaran qué podría
estar influenciándola de tal manera. Los muchachos hicieron su trabajo siguiéndola sin que ella
siquiera lo sospechara y entonces reportaron que había sido “captada” por una secta, que le
había “lavado el cerebro” llenándole la cabeza con ideas “extrañas” sabiendo bien quién era
ella y la habían puesto en su contra. Esto obviamente llevó al general a odiar profundamente el
movimiento Hare Krishna sin que su sobrina tuviera responsabilidad directa en esto. Esa fue la
razón específica por la que el movimiento estuvo prohibido en Paraguay.
Bhanuman Das conoció a los devotos en Buenos Aires en el año 1984 y aunque era un
militar de carrera, cuando conoció a Bhakti-bhusana Swami todas sus ideas de ser continuar al
servicio del ejército desaparecieron casi al instante. Después de considerarlo muy seriamente,
en el año 1985 ya completamente decidido se instaló en el templo. A poco de su llegada
Bhakti-bhusana Swami le dedicó algunas palabras de bienvenida y al saber que era proveniente
de Paraguay, tomándolo del brazo como si no lo quisiera dejar escapar, o quisiera tenerlo cerca,
le pidió que se preparara bien, que se formara fuertemente en el ​sankirtan, p​ orque necesitaría
su ayuda para llevar el movimiento a aquel país.
Al poco tiempo viajó a la ciudad de Posadas junto a Ariama Das y Nandu Das en misión
de ​sankirtan ​viajero, recordando la instrucción del swami aprovechó la ocasión para cruzar a
Asunción, la capital del Paraguay, con algunos libros y revistas en su morral. Aunque se había
ido de allí siendo muy niño y ahora ya tenía 18 años, la gente que al verlo lo reconocía lo
alentaba afectuosamente al saber que ahora estaba haciendo yoga y le pedía que por favor
llevara ese conocimiento a aquella región.
Así fue como los sankirtaneros enviados por Bhakti-bhusana con las facilidades que le
ofrecía Bhanuman fueron abonando el terreno distribuyendo libros, revistas, visitando gente y
haciendo contactos para el momento en que las condiciones de seguridad fueran las apropiadas
para que su líder fuera personalmente a predicar.
En la primera conferencia publica que dio en Paraguay tuvieron que cocinar tres devotos,
Gandhara , Vitihotra y Bhanuman, porque acudió mucha gente, tanta que tuvieron que realizar
las preparaciones en una cocina que les prestaron de una panadería cercana. Unos de los
anfitriones les advirtió que tenían que prepararse porque iba a acudir mucha gente. Mientras
hacían ​sankirtan en un semáforo una señora les pregunto que les hacia falta, a lo que los
devotos respondieron, “hace falta flores”, porque realmente no tenían nada de flores para hacer
unas guirnaldas. Al rato la señora envió muchas flores directamente al lugar de la reunión, pero
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los devotos ya se habían demorado mucho entusiasmados con la distribución de libros y


llegaron presurosos justo a la hora del programa. Recién en ese momento advirtieron llenos de
ansiedad que se habían olvidado de hacer la guirnalda, pero al entrar pudieron ver aliviados que
Bhakti-bhusana no había perdido el tiempo y había hecho tres !

URUGUAY

ROSARIO
El templo de la ciudad de Rosario comenzó en el año 1985 con el liderazgo de prabhu
Narottama, a quien envió Bhakti-bhusana Swami con la misión de expandir la conciencia de
Krisha en esa ciudad portuaria, una de las más importantes del país. El primer lugar de asiento
fue la humilde casa de los padres de prabhu Anamja, donde conoció el movimiento prabhu
Abilasi; cuando después de solo dos años prabhu Narottama regresó a Buenos Aires, éste se
convirtió en el presidente del templo.
Enseguida lograron alquilar un departamente céntrico, en el mismo corazón de la ciudad sobre
la calle Corrientes, en un primer piso, al que se llegaba por una escalera de mármol blanco,
larga, porque era un edificio antiguo con los techos muy altos. Como en todas partes, la
actividad principal era el sankirtan, con un estilo de vida austero y muy sencillo durante la
semana y el domingo se realizaba una gran fiesta con muchas preparaciones védicas; solamente
percibir el aroma de los alimentos ofrecidos a las Deidades era suficiente para captar la
atención y cautivar el corazón de los visitantes. A este lugar acudieron algunos devotos ya
formados provenientes de Córdoba, otros muchos de las otras ciudades del interior del país y,
por supuesto, muchos más de la propia ciudad de Rosario.
Como solía suceder, al cabo de dos años el lugar quedó muy chico y con la congregación en
plena expansión, se mudaron a una casa grande en la calle Paraguay.

MENDOZA
El templo de Mendoza se instaló en el año 1991, pero las raíces habían sido plantadas
necesariamente algunos años antes por Bhakti-bhusana Maharaja porque había hecho un
contacto importante con la sede de la Gran Fraternidad Universal de Mendoza. Esta gente,
siempre amable y favorable con el movimiento de conciencia de Krishna, organizó una
conferencia en la calle Montecaseros para que pudiera explicar los fundamentos del
Bhakti-yoga y en esa reunión hizo aún algunos contactos más.
Más tarde cuando Jagadvandya Dasa con su inquieto espíritu emprendedor manifestó su deseo
de iniciar un proyecto nuevo de prédica, Bhakti-bhusana pensó en seguida en Mendoza y lo
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envió a abrir un templo en esa ciudad, lo que hizo con la ayuda invalorable de Daityesa Dasa.
Estos devotos desarrollaron un templo en la calle Espejo, una zona muy céntrica a solamente
unas tres cuadras de la plaza principal, la plaza Independencia, en una casa grande de dos
plantas con patio y terraza que alquilaron a un precio algo elevado, pero las comodidades que
ofrecía y la ubicación que tenía bien lo valía. Los fondos para cubrir los gastos salieron de la
producción masiva de sahumerios que los primeros amigos de Krishna que se acercaron
hicieron, sumergiendo las varillas en alcohol donde se diluía las esencias, poniéndolos a secar,
ensobrándolos y etiquetándolos con etiquetas que ellos mismos diseñaron e hicieron imprimir.
Luego se vendían al mayoreo en las principales santerías de la ciudad. Más adelante se
organizó también un equipo de sankirtaneros que salía los días sábados con una variedad de
libros bastante amplia porque a esta altura el BBT de Buenos Aires ya tenía una gran variedad
de publicaciones; sin embargo el título más ampliamente distribuido fue un pequeño libro de
cocina vegetariana que salía por si solo. Otros libros preferidos por los sankirtaneros y el
público eran ​Volver a nacer ​y ​La perfección del yoga​, que dicho sea de paso, tenía un diseño de
tapa del propio Bhakti-bhusana Swami y esto era una motivación extra para distribuirlo.
La comunidad de devotos creció allí rápidamente gracias a sucesivas oleadas de ​sankirtaneros
liderados por Jagadbhandu Das y Laksman Das. Eran grupos de unos seis devotos que
permanecían por una semana, inundaban la ciudad con libros, hacían decenas de contactos y se
marchaban.
En una de esas oportunidades tenían el contacto de un amigo de Krishna que hacía poco
coincidentemente se había ido a vivir a Mendoza, así es que se instalaron en una pensión
cercana a la de ese muchacho, en la misma cuadra, y cuando llegaron los libros les ofreció que
los guardaron en la habitación que él ocupaba, ¡pero esos libros eran miles!, las cajas se
apilaron debajo de la cama, arriba del ropero y en cada espacio vacío que encontraron hasta que
¡casi no quedó lugar para entrar! Al llegar el atardecer se reunían en la plaza España a dos
cuadras de allí, sentados sobre el césped al amparo de los árboles a tomar el ​prasadam que
había preparado este amigo y luego se retiraban a sus propias habitaciones a descansar. La
semana transcurría así, en frenético e intenso ​sankirtan viajero distribuyendo libros en la
modalidad persona a persona, en los semáforos, en los colectivos, en los negocios y en
cualquier otra oportunidad que se presentara, hasta que se terminaban los libros y continuaban
su peregrinaje hasta la próxima ciudad, cual golondrinas trascendentales, dejando tras de si la
siembra de esos miles de libros de Srila Prabhupada.
La próxima vez que Bhakti-bhusana Swami viajó a Mendoza fue muy diferente, ahora lo
esperaba en el aeropuerto (no en la estación terminal de ómnibus) un contingente de devotos
nuevos, tocando ​kartalas y ​mridangas, llevando un cartel grande de bienvenida, quienes verían
por primera vez un ​Swami de la conciencia de Krishna y a quien obsequiarían por primera vez
en su vida una guirnalda de flores fragantes. Un espectáculo completamente inusual para el
público del aeropuerto que nunca había visto una recepción como esta. Un auto que prestó una
amiga de los devotos sirvió para transportarlo hasta el templo, una vez allí lo condujeron a su
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habitación en el primer piso y le permitieron descansar con comodidad, entiéndase sin la


recepción tradicional vaishnava que aunque para los devotos era el mayor privilegio, para el
swami​ constituía una verdadera austeridad al no sentirse merecedor de esa adoración.
Durante su estadía todas las mañanas daba clases de Srimad Bhagavatam y Bhagavad-gita por
las tardes, ante una audiencia de devotos profundamente impresionados por su sabiduría y la
pulcritud de su apariencia. Por otra parte es de suponer que las visitas realizadas durante los
primeros años mientras tenía responsabilidades administrativas y gerenciales en el ​yatra d​ e
Argentina tenían un sabor agridulce, porque este templo no era la excepción en cuanto a
rencillas entre los devotos y deudas contraídas con el BBT, por lo que se veía obligado a
intervenir en discusiones que muchas veces se hicieron muy ásperas.
Sus visitas a esta ciudad una o dos veces por año se sucedieron durante muchos años, excepto
en algún periodo en el que sus problemas de salud no se lo permitieron. Algunos años más
tarde Dhristaketu Dasa y su esposa Rati Manjari abrieron un templo en la hermosa ciudad de
Merlo, provincia de San Luis, Harsha Dasa instaló un templo en su propia casa en Villa
Dolores, provincia de Córdoba y varios devotos más de Buenos Aires, de los pioneros, se
instalaron en esta zona, a quienes Bhakti-bhusana incluyó en el programa regular de sus visitas.

SU SALUD
En el año 1995 el GBC le pidió a Bhakti-bhusan Swami que se hiciera cargo además de la
dirección de ISKCON en Brasil, sumando una nueva responsabilidad a su ya muy complicada
agenda. Sus discípulos protestaron mostrando su desaprobación, aunque de manera muy
informal porque todavía no estaban tan maduros como para poder cuidar apropiadamente a su
Gurú Maharaja. No obstante la sobrecarga de servicio que soportaba Bhakti-bhusan no era una
situación particular de este gurú, sino una condición común a prácticamente todos los maestros
espirituales del movimiento. Todos ellos estaban atravesando una encrucijada que el mismo
Srila Prabhupada había tratado de sortear sin éxito: la conjunción de dos tareas muy dispares y
que muchas veces inclusive eran antagónicas, por un lado la de ser guías espirituales de sus
discípulos con todos los deberes inherentes, tales como darles un cuidado apropiado y
contención espiritual visitándolos regularmente, atender la correspondencia, intervenir en sus
problemas de relacionamiento, etc. y por otro lado las tareas administrativas velando por la
economía, las finanzas, las cuestiones legales y organizativas y otros deberes institucionales de
los templos.
Sin embargo el estrés producido por diversas situaciones desatadas principalmente en el templo
de Buenos Aires, los viajes frecuentes por diversos países donde siempre lo esperaban
problemas por resolver, la falta de descanso adecuado y mil cosas más, hicieron que ese mismo
año su salud se deteriorara al punto de verse obligado a suspender todas sus funciones hasta
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recuperarse. Quien vino en su rescate –una vez más- fue su hermano espiritual y amigo
Harikesa quien, como primera medida lo relevó temporalmente pero en forma total de sus
obligaciones como GBC. Lo hizo regresar a Alemania y lo mantuvo completamente aislado
para que pudiera descansar apropiadamente. Nada de teléfonos, ni correspondencia, y sobre
todo nada de internet y correos electrónicos. Quizás en esto último haya sido un poco víctima
de su propia inteligencia y su afición por mantenerse siempre actualizado con relación a los
avances tecnológicos. Cuando viajaba por los países subdesarrollados de América era el
primero en llevar a sus discípulos novedades como que ya no se usaban más los floppy disk y
luego los CD en los ordenadores de uso personal, o que existía tal cosa como el Wi-Fy.
Siempre fue muy competente en todo lo relacionado con la computación y se servía de los
diversos programas de video-conferencia para mantenerse comunicado. A lo único que
renunció prudentemente fue a participar en las redes sociales y a comunicarse mediante la
telefonía celular, sabía que en caso de disponer de un teléfono particular de inmediato se
hubiera visto abrumado por un incesante torrente de llamados que atender y no habría podido
dedicarse ya a nada más.
En 2003, ya recuperado comenzó a trabajar nuevamente en el Consejo de Gobierno como
autoridad de ISKCON con responsabilidad en Paraguay.
Desde el año 2004, junto con Guruprasad Swami también dirigió ISKCON en Venezuela,
Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Colombia.

2012- SEGUNDO PRANAM MANTRA


En el año 2012, en junio, se saldó una deuda de honor con Su Santidad Bhakti-bhusana Swami
cuando se dispuso oficialmente el segundo pranam mantra correspondiente a su posición como
Swami iniciador y miembro del GBC. Aunque comenzó a aceptar discípulos en el año 1986,
distintas circunstancias hicieron que la composición del mantra conque sus discípulos y
bienquerientes habrían de honrarlo se postergara hasta este momento.
Pero esta demora tuvo su lado positivo, pues a esta altura ya tenía discípulos avanzados con 26
años de antigüedad y en un ejercicio espiritual muy interesante, todos fueron invitados a
participar, al comienzo aportando todos una lista de las cualidades más destacadas de su
maestro. Esta propuesta puso a meditar a todos en su gurú y se formó una lista con algunas de
ellas que la mayoría consideró que eran las más importantes. La lista fue muy extensa, todos
tenían valiosos aportes que hacer referidos a la relación personal que tenían con él y lo que
individualmente cada uno podía ver como lo más resaltante, pero en definitiva las más
apreciadas por la mayoría fueron, que por su pureza y por ser un estricto prabhupadanuga podía
dar una conexión directa con Srila Prabhupada; que la misión de su vida era propagar el
mensaje del Señor Caitanya por todo el mundo,

LÍNEA DEL TIEMPO

junio/1947 Nace BBS


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1967 conoce a los devotos/se hace devoto


1968 viaja a Londres
1969 viaja a Copenhague
agosto 1969 conoce a SP
septiembre 1969 1° iniciación
diciembre 1970 se va a Múnich
septiembre 1971 vuelve a Hamburgo
abril 1972 templo en Múnich
marzo 1976 gobierno militar en Arg.
1977 éxodo de devotos
septiembre 1979 abre un templo en Berlín
febrero 1980 llega a Chile
febrero 1981 llega a Argentina
marzo 1982 adopta sannyasa
abril 1982 guerra de Malvinas
octubre 1983 vuelve la democracia
febrero 1986 lo nombran gurú
1987 lo nombran GBC

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