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SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE COLOMBIA

ACADEMIA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS


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SAN ANDRES Y PROVIDENCIA (Islas)

Por: DAN STANISLAWSKY

Artículo del Boletín de la


Sociedad Geográfica de Colombia
Número 60, Volumen XVI
Cuarto Trimestre de 1958

Traducido del inglés por Marco F. Archbold Britton,


Miembro de la Sociedad Geográfica de Colombia.

AMERICA CENTRAL - DESCENDIENTES DEL IMPERIO INGLES

P
ocos norteamericanos han oído hablar de las Islas de San Andrés y Providencia, las cuales
demoran en el mar Caribe lejos de las costas de Centroamérica. Sin embargo en el siglo XIX
los norteamericanos comerciaron de tal manera con estas islas, que la influencia yanky ayudó
a influenciar y moldear la cultura de sus habitantes de habla inglesa y morenos en su mayoría. (San
Andrés tiene una población predominante de color debido a que en dicha isla se cultivaba algodón
con esclavos importados; Providencia, donde poco se cultivó el algodón, tiene una población
relativamente blanca).

James J. Parsons ha hecho recientemente un estudio sobre estos pequeños reductos culturales, y
habla de sus habitantes con benevolencia (San Andrés y Providencia, islas de habla inglesa, en el
Caribe occidental, Publicaciones sobre Geografía de la Universidad de California, Vol. 12, N° I. 1956).
Hoy en día todas las personas interesadas en conocer estas islas, pueden informarse a través de sus
estudios y apreciaciones. Su monografía es un ejemplo típico de la condensación de investigaciones
de campo (tanto físico y culturales) a los hechos esenciales.

La costa Caribe de la América Central fue explorada por Cristóbal Colón en su cuarto viaje al Nuevo
Mundo. En su exploración consiguió objetos de oro y fue informado de la existencia de mayores
riquezas en el interior. Siendo un magnífico narrador, llevó a España relatos fabulosos de sus

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hallazgos. Siguieron otros exploradores, tanto de estas mismas costas como también de la costa
norte de Sur América, y acabaron de completar los relatos fantásticos. No es de sorprenderse que el
rey español decidiera establecer colonias permanentes en estas tierras de promisión.

Puede considerarse como axiomático que en donde quiera que haya indicio siquiera de grandes
utilidades también habrá hombres ambiciosos y sin conciencia. Estos pedazos de tierra tuvieron más
de la cuota de hombres de esta laya. Los relatos de las riquezas por ganar habían sido burdamente
exagerados, y a pesar de los repetidos fracasos, se repitieron frecuentemente nuevos esfuerzos y
sangrientas rivalidades durante un cuarto de siglo. Solamente después de muchos ensayos se
convencieron los españoles que ni el oro, ni las perlas, ni la necesidad de menor número de esclavos
podrían compensarles las penosas dificultades y peligros inherentes a la colonización sobre las costas
del Caribe. Otros países europeos envidiosos de los éxitos de España en México, Colombia y Perú,
tantearon y probaron las débiles defensas de las posesiones españolas en el Nuevo Mundo, y
encontraron bases de operación en las islas y costas del Caribe, para colonizar, ejercer el contrabando
y la piratería. La primera colonia inglesa en el Archipiélago de San Andrés y Providencia, se instaló
en Providencia y Santa Catalina, en un intento de colonización. Pero otros métodos de ganar se la
vida tales como el contrabando y la piratería, pronto llegaron a ser la norma corriente y preferida.

Estos primeros colonos, descorazonados por fracasos en Bermuda, llegaron a las islas de Providencia
y Santa Catalina en 1629, donde encontramos contrabandistas y corsarios daneses establecidos,
usando las islas como base de operaciones contra las nacientes colonizaciones de Centro América,
sobre las costas que habían sido abandonadas por los españoles. Posteriormente, los ingleses
establecieron otras bases de operaciones en el Caribe, y durante dos siglos la influencia e intereses
británicos dominaron sin solución de continuidad, en las costas de Centro América e islas vecinas.

El año 1641 marca el comienzo de una nueva era en el desarrollo de San Andrés y Providencia.
Durante casi un siglo después fueron saqueadas, sitiadas y arrasadas alternativamente por españoles
e ingleses, hasta que la población fue prácticamente -tal vez totalmente- eliminada. Solamente hasta
un poco antes de la mitad del siglo XVIII se volvió a saber de nueva colonización, especialmente en
San Andrés, realizada por los ingleses procedentes de la colonia del río Negro en tierra firme.

Durante el siglo XIX sucedieron tantas cosas, al punto de que la vida e historia de las islas aparecen
confusas, pero a pesar -o debido- a estos acontecimientos se moldeó y formó el fuerte carácter de
su actual cultura. Mercaderes yankis negociaban en varias zonas del Caribe, inclusive en San Andrés
y Providencia. Los británicos estaban empeñados en un juego atrevido en apoyo al rey de la
Mosquitia, a lo largo de las costas de Centro América. El descubrimiento de fabulosas minas de oro

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en California, atrajo una legión de aventureros a través del Istmo en la mitad del siglo, y la expedición
de licencias para las embarcaciones y goletas anteriormente en San Andrés, fue transferida a Panamá.
La terminación de la esclavitud en las islas marca el principio de la ruina de la economía algodonera,
y a los pocos años (entre 1853 y 1856) San Andrés se transformó de «isla algodonera» a «isla de
cocoteros» y aún lo es hoy. En Providencia donde en ningún momento se dedicaron al cultivo intenso
del algodón, se operó menos transformación. .. La importación del pasto guinea a esta isla, permitió
un aumento del número de reses y se le dio mayor importancia al cultivo de frutas y verduras para
vender en los mercados de las colonizaciones de Centro América, hasta que en 1930 se implantaron
tarifas proteccionistas arruinando dicho negocio.

San Andrés y Providencia han formado parte del territorio colombiano, en una u otra forma desde
fines del siglo XVIII, pero desde 1912 le pertenece legalmente. Uno se informa con sorpresa que los
nativos de habla inglesa y protestantes en su mayoría, son adictos y leales al gobierno colombiano,
donde se habla español y el cual es de los más católicos de América Latina. Sinembargo, a pesar de
esta lealtad, los nativo a están resueltos a mantener sus características y tradiciones sui géneris.
Todos quieren llevar una existencia tranquila y tal vez arcaica, donde no se conoce la riqueza pero
tampoco la pobreza; donde el analfabetismo no existe en un 100%; donde es inoperante e
innecesaria la fuerza policiva; donde una persona se ausenta por varias semanas dejando sin llave
su casa, y sin temor a que lo roben; donde la vida agitada y febril de la época industrial moderna es
desconocida. Que consigan, sí o no lo que persiguen, es ya otra cosa. El gobierno colombiano está
día a día incorporando al progreso dichas islas y sus habitantes. La Iglesia católica, con el apoyo del
gobierno, está haciendo contrapeso y conversiones entre los miembros de las sectas baptistas y
adventistas. El idioma español, anteriormente de poca importancia, ahora tiene el estímulo, tanto de
la Iglesia, como del gobierno, y todavía se incrementa aún más por las ventajas que su dominio
implica, para los que en gran número emigran en busca de trabajo a Colombia o a la Zona del Canal.
No obstante que ya no arriman a las islas los barcos de las rutas internacionales, ni figuran en su
itinerario, las rutas aéreas sí están ligándolos más y más a Colombia continental. Las cosechas de
coco deben dentro de las tarifas mundiales, ofrecerse al mercado colombiano para su venta. Todas
estas cosas tienden a transformar la suave atmósfera de tres pequeñas y típicas islas (Providencia,
Santa Catalina y San Andrés) en un nuevo ambiente de supuesto «progreso» estandarizado.

BIBLIOGRAFIA: Geographical Review. Abril 1957.

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