Leyendas de Egipto

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Datos

del libro
LEYENDAS de EGIPTO

LAS LEYENDAS SUS ORIGENES


NICROTIS
ANAPU Y BITU
VICTORIA DEL GENERAL THUTI
EN LA CIUDAD DE JOPPE
EL HEBREO YUSUF Y LA EGIPCIA ZULAIJA
LA LEYENDA DE AMASIS
EL CAMPESINO TENAZ
LOS NUEVE DIOSES
LA CREACION DEL HOMBRE
EL NOMBRE SECRETO DE RA
EL OJO DEL SOL
LA CLERA DE RA
EL ASESINATO DE OSIRIS
LA INFANCIA DE HORUS
LA LUCHA ENTRE HORUS Y SETH
LA CEGUERA DE VERDAD
LA HISTORIA DEL REY ARMENIOS
JUAN EL HIJO DE ARMENIOS
Datos del libro

Autor: Brown, Kyle


1996, M.E. Editores, S.L.
ISBN: 9788449502521
Generado con: QualityEbook v0.62
LEYENDAS de EGIPTO
Kyle Brown

INDICE

LEYENDAS de EGIPTO.. 1
LAS LEYENDAS SUS ORIGENES. 2
NICROTIS. 10
ANAPU Y BITU.. 12
VICTORIA DEL GENERAL THUTI. 16
EN LA CIUDAD DE JOPPE.. 16
EL HEBREO YUSUF Y LA EGIPCIA ZULAIJA.. 18
LA LEYENDA DE AMASIS. 21
EL CAMPESINO TENAZ.. 28
LOS NUEVE DIOSES. 31
LA CREACION DEL HOMBRE.. 33
EL NOMBRE SECRETO DE RA.. 34
EL OJO DEL SOL.. 37
LA CLERA DE RA.. 46
EL ASESINATO DE OSIRIS. 49
LA INFANCIA DE HORUS. 53
LA LUCHA ENTRE HORUS Y SETH.. 56
LA CEGUERA DE VERDAD.. 64
LA HISTORIA DEL REY ARMENIOS. 67
JUAN EL HIJO DE ARMENIOS. 72
LAS LEYENDAS SUS ORIGENES

EL vocablo leyenda viene por s mismo rebosante de evocaciones, al tiempo que sugiere
aromas de siglos perfumados por la ptina del tiempo, sabor popular, aconteceres
sensacionales en ambientes tan idneos como adecuados. Surgen en las leyendas,, con
igual maestra que un cortometraje de dibujos animados de Walt Disney, las princesas en
sus castillos, los prncipes amorosos que las cortejan, los hechizos, los embrujos, los
dragones, los bosques y los lagos, los nenfares y las azucenas, los monjes, las abadesas,
los comentarios con sus sombros y estirados cipreses Toda una interminable liturgia
contenida en la sabidura, la imaginacin y la fantasa populares.

Todos entendemos lo que se nos dice cuando se nos dice que algo es legendario. Pero
si ninguno pasa de entenderlo como una vaga condicin extica, antigua y maravillosa.
Por el contrario, la leyenda es algo definido concretamente: una narracin tradicional,
fantstica, que combina en sorprendente contraste unos hechos extraordinarios con una
referencia de lugar y personas bien sean histricas o imaginarias.

La leyenda, como la poesa y el teatro, tiene su gnesis en la religin. Nace de las


creencias totmicas y animistas de los albores de las razas y de los pueblos primitivos. Por
eso trata en tantas ocasiones de hechizos y talismanes o de virtudes y hechos fantsticos
que se refieren a ciertos animales, plantas u objetos. As ocurre en las leyendas tan
frecuentes sobre encarnaciones de personas en bestias y de transformaciones de stas, por
obra del amor, en prncipes llenos de gallarda, ternura y seductora fineza.

Un gran nmero de leyendas tienen tambin su origen en mitologas paganas unas


veces, como ocurre de manera especial con las de Grecia y Roma; en tal caso resulta
difcil saber dnde concluye el mito y comienza la leyenda propiamente dicha. Buda,
Confucio y Mahoma, por otra parte, han inspirado centenares de relatos fantsticos que
solo tangencialmente tienen que ver con su historia y doctrina. Por su parte, en dos mil
aos de historia, el cristianismo ha dado pbulo infatigablemente a la leyenda. Leyenda
cristiana que se nutre de la Biblia, de la vida de Cristo, formando narraciones ms all de
lo que permiten los datos evanglicos sobre la Virgen, inspiradora de numerosa literatura
legendaria a base de milagros histricos e/o imaginarios, de las historias de santos, en fin,
subrayando y exagerando unos hechos prodigiosos realizados en vida y despus de
muertos, o inventndolos.

Los temas de procedencia inmediata o remotamente religiosa forman un ncleo muy


importante que da a la leyenda, como gnero, una tnica muy elevada y noble. Se inici,
pues, la leyenda por un camino digno que ha predispuesto a la humanidad, con el paso del
tiempo, a incorporarle los motivos ms serios, aquellos casos que supona merecedores de
ser enaltecidos y perpetuados: el origen de los pueblos, la fundacin de reinos y ciudades,
los principios de los ilustres linajes, los hechos cumbre de la historia y sus grandes
protagonistas.

La leyenda a la historia. Penetramos con ello en un terreno en que la leyenda se encuentra


en un mismo segmento que la historia. La guerra de Troya, la batalla de Roncesvalles, las
hazaas del Cid Campeador, interesan por igual a ambas. La leyenda ha pasado en todos
estos avatares por gemina historia durante un cierto tiempo, hasta el extremo de haber sido
fuente en la que han ido a beber los propios historiadores. En la actualidad, obviamente,
no es posible la confusin. Queda claro que para la leyenda la realidad histrica sirve unos
datos sobre los que opera, novelndolos, exagerndolos, dotndoles de un cariz
extraordinario, maravilloso y potico. Es la cuenta que el corazn y la inspiracin llevan
de los hechos. Es sustancia que nutre la tradicin, memoria de los pueblos, en que stos
esbozan y definen su personalidad.

Cmo se forman las leyendas. Pero, es el pueblo as, en abstracto, quien crea la leyenda?
ste es un matiz largamente controvertido. No parece asequible de una forma radical que
la leyenda haya surgido como por generacin espontnea y que se produzca de una manera
por completo annima. Existe siempre una persona concreta que imagina y crea. Ni an
los gneros ms populares pueden reducirse en ltima instancia a un asunto narrativo y a
unas imgenes bsicas que alguien ha fijado. La leyenda se considera, pues, popular ms
bien en el sentido de que el creador intuye en ella aquellos grandes temas con que el
pueblo puede sentirse identificado. Existe siempre un creador personal de las leyendas.
Sea un aedo, un mendigo medio ciego, medio poeta de la corte -como el que se describe
en La Odisea-, un doncel que recitaba y cantaba trovas en los castillos feudales o un juglar
maestro en poesa y a la vez caminante y prestidigitador en plazas pblicas. O los mismos
monjes, que en la paz de sus celdas elaboraban pacientemente voluminosos cdices de
pergamino e intentaban -inventaban?- leyendas y episodios sobre el santo tutelar de su
monasterio. Es el caso de la leyenda de Carlomagno, que se forj y encontr calor en una
serie de monasterios que lo santificaron.

La leyenda, patrimonio popular. Una vez creada, la leyenda, si acierta a dar en algo que se
imprime con fijeza en el corazn del pueblo, ste la toma y adopta amorosamente como
cosa suya. Se la pasan unos a otros y, adems, la miman y la pulen; centran la atencin en
este o aquel personaje que les es ms agradable y amplan o reducen los episodios.

Entonces la leyenda ya es patrimonio popular. Se hace conseja para ancianas que las
cuentan junto al hogar, romance que se tararea en la plaza pblica, letrilla para acompasar
y acompaar el trabajo. O poema y narracin que el clrigo, el literato o el gran seor
escriben en las horas de ocio junto a anaqueles bien repletos de libros. Porque llega un
momento en que la leyenda se hace obra culta. Con ello muchas veces vuelve a los
ambientes de donde procede.

La leyenda va estrechamente vinculada a un pueblo concreto, a un pas o religin.


Viene al mundo de la mano de la fantasa enraizada a un ambiente, a un poso de creencias,
a determinada condiciones tnicas, histricas o psicolgicas de una colectividad. Muchas
veces nace en cultos locales a antepasados que un grupo humano venera: a una roca cuya
forma dispara la imaginacin de las gentes sugiriendo la idea de un gigante encadenado o
de un animal fantstico; a una fuente de aguas a las que se atribuyen virtudes maravillosas;
a un boque que por el terror que infunde a los viajeros se supone lugar repleto de espritus
en donde han sucedido hechos terribles; a un rbol, a un ro, a un monasterio, a un castillo,
a una torre en ruinas, a una princesa convertida en sapo, a cualquier motivo, en fin, que, a
la vista de un pueblo durante generaciones, le asombra e incita su capacidad de fantasa.

La leyenda, patrimonio comn de la humanidad. Tiene por tanto la leyenda ese paladar,
ese sabor de cosa ligada a tierra y raza. Pero sucede que, con el paso del tiempo, los
pueblos, pases y regiones entran en contacto, intercambian su patrimonio particular, y con
sus creencias e ideas, los hallazgos de sus fantasas. Y Espaa hace a Carlomagno nacido
en Toledo y Ulises se convierte en el fundador de Lisboa (Ulisibona) o Eneas el troyano,
de Roma. Leyendas nacidas a orillas del Ganges pasan a Persia y de ella trotan a la grupa
de los corceles de los invasores rabes a todo el norte de frica, a Espaa, a Italia, a
Francia

Se produce entonces una gran conexin. Temas, protagonistas y ambientes se


entrecruzan y combinan. La leyenda pasa a ser patrimonio comn de toda la humanidad.
As se da este aparecer de motivos iguales en tan diferentes pocas y regiones que da pie a
establecer unas genealogas de leyendas buscando filiacin o paternidad entre ellas. Pero
en un buen nmero de ocasiones tales vnculos son falsos, pues sucede que hay un fondo
de creencias, de situaciones, de recursos y de fuentes inspiradoras de carcter legendario
que ocasionan leyendas sumamente parecidas sin que existan entre ellas una real
interdependencia.

Una vez hecho este breve pero interesante resumen acerca de los orgenes, historia y
desarrollo de las leyendas, as como su innegable universalidad, pasaremos a continuacin
a ocuparnos de las que corresponden al presente volumen: las de Egipto.
LAS SANDALIAS DEL GUERRERO
Hotep no siempre haba sido un mendigo. Hijo de un fellah de los alrededores de Tebas, su
adversa suerte quiso que fuera incluido en una de las levas con las que Ramss I, el gran
monarca conquistador, nutria las filas de los ejrcitos que guerreaban en Asia.

El joven no tuvo ocasin de distinguirse, pues justo en el primer encuentro con los
asirios un flechazo, traspasndole un muslo, le puso fuera de combate; cuando finalmente
pudo recobrar la salud se encontr con la pierna derecha privada de movimiento.

Hotep no se desanim por su adversa suerte y, unindose a una caterva de guerreros,


ms o menos mutilados, emprendi el regreso a Tebas apoyndose en un grueso garrote.

Con las peripecias y aventuras de tal viaje desde Mesopotamia al mar Rojo, podra
escribirse un buen volumen; habremos de contentarnos con saber que, de guarnicin en
guarnicin, unas veces comiendo y otras ayunando, dos meses despus de desdichada
caravana lleg al delta del Nilo, lugar fijado para la separacin de los veteranos, que desde
all se desparramaron por todo Egipto.

Hotep qued solo con otro compaero que, nacido en una aldea inmediata a la suya,
segua el mismo itinerario. Era el camarada un hombre ya viejo, encanecido en la milicia
debido a sus largos aos de servicio y privado de la vista, a consecuencia de una profunda
herida en la cabeza.

El cojo tena excelente fondo y, movido a compasin, se brindo a servir de lazarillo al


ciego; y as, una noche en que los dos invlidos descansaban al abrigo de un espeso
caaveral, Hotep, que dorma plcidamente, oy de pronto un lastimero quejido que
exhal su compaero e incorporndose le dijo:

-Hola veterano! Qu es eso? Despierta, que sin duda te ests atormentando con
alguna horrible pesadilla.

-Hotep, me muero -murmur el ciego-. Siendo que la vida se me acaba.

-Ests delirando! Quin piensa ahora en morir?

-Me muerto, muchacho, me muero. Crea que tendra fuerzas para llegar all, pero no
puedo. Agua! Dame agua, me ahogo!

Hotep, alarmado, corri con cuanta ligereza permita su cojera hasta un canal
inmediato y volvi con la calabaza llena del lquido pedido, diciendo:

-Bebe. Esto pasar, es un desvanecimiento ocasionado por el fuerte sol que hoy nos
ha hecho hervir la sangre.

-Gracias, camarada -respondi el ciego-. No temo a la muerte; hace aos que la he


considerado siempre cercana. Despus de todo, para no ver ms la luz, tanto me importa.
Mira, en este saco va toda mi fortuna; un casco de bronce, unos cuantos trapos y unas
sandalias de cuero, que es lo que ms valor tiene, pues son casi nuevas, el material es
superior y estn bordadas en oro. No s de donde proceden, pues las encontr en la batalla
en que me hirieron, atadas a la cintura de un soldado muerto, slo Dios sabe a quin se las
robara. Cgelo todo si muero. Es la fortuna de un soldado que ha servido treinta aos a
los faraones. Bonita herencia!

Hotep se devanaban los sesos, pensando qu hara o dira en aquella situacin, que le
pareca bastante grave y apurada. Por fin su compaero bebi de nuevo y dijo:

-Puede que tengas razn y me haya equivocado; pas la angustia y tengo sueo.
Durmamos y, si me muero, ya sabes; todo para ti.

Y volvi a tenderse entre las caas, murmurando palabras confusas. Hotep sigui su
ejemplo. Al poco tiempo roncaba haciendo ruda competencia a las parleras ranas. Cuando
despert, al salir el sol, el ciego yaca a algunos pasos de all, tendido boca abajo.

Hotep lleg finalmente a su pueblo y continu llevando la vida que haba tenido antes
de ir a servir al faran.

Un da, cuando el sol comenzaba a iluminar con sus esplndidos rayos, Hotep,
vistiendo su viejsimo calasiris de algodn listado, que dejaba ver por sus mltiples
desgarrones las oscuras carnes del mendigo, sali de su casa y empez a andar con alegra.

Apareci junto a una de las colosales esfinges que constituan la entrada del templo.
Se detuvo un momento y, sacando de un envoltorio el casco de bronce y las sandalias que
heredara del viejo guerrero, se atavi con ambas prendas, quedando en breve espacio de
tiempo convertido en la ms grotesca figura que imaginarse pueda nadie.
No pareca, sin embargo, el invlido descontento de su aparato indumentario, pues
con aire satisfecho se atus la encrespada y revuelta cabellera, y canturreando una cancin
popular se dirigi, apoyado en un grotesco bastn que le serva de muleta, hacia una
puertecilla que se divisaba casi oculta entre las robustas piernas de la colosal estatua, que
pareca guardar la entrada al gran patio.

Hotep dio con su bastn un fuerte golpe en la hoja de la puerta y pocos instantes
despus apareci en el dintel una mujer, cubierta por ajustada tnica blanca, sostenida por
una especie de tirantes de cuero rojo.

-Qu se te ofrece tan temprano y tan compuesto? -pregunt con burlona sonrisa al
reparar en el casco y las lujosas sandalias del mendigo-. Hoy no es da de repartir los
restos de las ofrendas

-No vengo a pedir limosna -contest Hotep. Y luciendo una gran sonrisa, aadi-:
Vengo a hablar con un padre para decirle que es mi deseo pedirle tu mano, pues quiero
casarme contigo.

Los ecos del templo reprodujeron durante largo espacio de tiempo las ms sonoras y
alegres carcajadas que jams haban turbado la majestuosa calma de aquel silencioso
recinto. Hotep, sin desconcertarse por la manera como era acogida su pretensin, dijo
mirando con petulancia sus sandalias:

-Hermosa Amneris, veo que mi idea te regocija y esto me hace suponer que mi figura
no te disgusta y el resultado

-El resultado -interrumpi la joven- ser que mi padre te dar algunos palos y te
romper la pierna que an tienes sana.

-A m, a un guerrero del faran!

-Imbcil! T ya no eres guerrero, sino pordiosero; y si no fuera por lo que en esta


casa te hemos protegido, perjudicando a otros pobres ms antiguos, hace tiempo que
estaras descansando en el cementerio en agradable compaa con otros ilustres personajes
de tu calaa.

-Olvidas acaso que soy propietario de una gran casa junto al canal del Castillo
Blanco?

-S, ya s que tienes una barraca de adobes cuarteada y sin techo.

-No es tan mala, y adems tengo estas sandalias -dijo l mientras se miraba los
pies.

-Mira Hotep -dijo Amneris adoptando un aire protector-, sin duda algunas los fuertes
calores y todo el hambre que has sufrido en Asia han perturbado tu razn. En primer lugar,
debes saber que tengo un pretendiente muy bien acomodado, y en segundo lugar, cmo
quieres que yo, hija de un guarda del templo, corresponda al afecto de un buen muchacho
como t, pero que ha quedado completamente intil para todo? Cmo atenders a mi
subsistencia con la pierna arrastrando y ese casco tan abollado? Ja, ja, ja!

Y de nuevo la risa ms retozona anim el semblante de la muchacha.

El pobre, cuya candidez le haba hecho concebir las ms lisonjeras esperanzas, por
nica respuesta se rasc el cogote, mir a Amneris y, con gesto de cmica desesperacin,
dio media vuelta y sin pronunciar una palabra se alej de la puerta acompaado por las
carcajadas de Amneris.

-Pobre chico! -dijo sta-. No es malo, pero es tan miserable!

Hotep, aunque verdaderamente anonadado por la escena narrada, tena, como todos
los fellahs una gran dosis de mansedumbre y resignacin; as que, despus de desahogar
su clera murmurando unas cuantas invectivas contra Amneris, se encamin hacia un
grupo de palmeras que sombreaban el camino que conduca al templo y se tumb sobre la
menuda hierba. Pocos instantes despus roncaba como un bienaventurado.

De pronto el mendigo se despert a impulsos de algunos puetazos aplicados con


mano vigorosa, e incorporndose vio ante s a un personaje de elevada condicin, a juzgar
por la pedrera que brillaba en el pectoral que cubra su robusto pecho y por la finura y
elegancia de su tnica. Otro sujeto, portador de un abanico de plumas de avestruz, que era
sin duda el que le haba despertado de un modo tan enrgico, se hallaba junto al primero.

-Quin eres? -dijo con voz imperiosa-. Qu ests haciendo aqu?


-Pero ya lo ves, dormir -repuso Hotep con justa indignacin.

-Quin te ha dado estas sandalias? -volvi a preguntar el incgnito y refinado


personaje.

-Quien puede -contest Hotep recogiendo su cayado y adoptando una actitud


defensiva.

-Por mi padre, el Sol, que no he visto jams sabandija tan insolente! Oye, miserable,
y tiembla.

-No tembl en el campo de batalla cuando una flecha asiria traspas mi muslo, y me
asustar ahora que nada malo he hecho? Pero ah! -exclam de pronto-, t debes ser el
rival que me disputa el amor de Amneris.

-Est loco! -dijo el desconocido con asombro, volvindose hacia su acompaante,


que contest con signo afirmativo.

-Con que, es decir -prosigui Hotep-, que no contento con quitarme la novia, quieres
tambin apoderarte de mis sandalias?

-Sin dudas ignoras quin soy -dijo el personaje del pectoral-. De rodillas, miserable,
ante el faran!

Hotep lanz un grito de asombro, e inclinando humildemente la cabeza respondi:

-Alto y poderoso Ramss, perdona a tu humilde esclavo. No me postro ante ti, porque
la herida que recib a tu servicio me inutiliz la pierna y no puedo Ten misericordia de
este infeliz invlido, que si pronunci palabras inconvenientes fue por no haberte
conocido.

-Piensa bien lo que vas a contestarme, porque de ello depende tu vida. Recuerdas la
ocasin en que adquiriste esas sandalias?

-S, hijo predilecto de Dios.


-Recuerdas si el que tales prendas te dio te asegur que eran la fortuna de un
soldado?

-S -contest Hotep, pensando en las ltimas palabras pronunciadas por el guerrero


ciego.

-Entonces, cmo no has reconocido en m al faran a quien guiaste en el


reconocimiento del campo enemigo y que, como prenda de su real aprecio, para
reconocerte y recompensarte despus de la batalla, te dio las sandalias que hubo de
quitarse para trepar por los acantilados de San, cuyo paso nadie conoca como t, y
merced a cuyo descubrimiento alcanc una de mis ms favoritas victorias?

El mendigo qued inmvil.

Comprendi que se le ofreca una enorme fortuna. Solo tena que contestar de forma
adecuada a las preguntas de Ramss. Por un momento pens en esto y en que de esta
forma tan sencilla conseguira aquello que tanto deseaba, es decir, podra casarse con
Amneris.

Pero era honrado y no quiso mentir.

-Seor -dijo-, soy un mendigo intil y despreciable, el alimento que tomo lo debo a la
generosidad del pueblo, pero mis labios no se mancharon nunca con una mentira. Estas
sandalias no me las diste t.

Y brevemente cont al faran su triste historia y la manera cmo las sandalias haban
llegado a sus manos.

El faran, viendo que haba tropezado con un hombre honrado, alguien que no
deseaba aprovecharse de la fortuna que haba llamado a su puerta, decidi llevarlo a
palacio donde le agasaj por su fidelidad y le recompens ampliamente por sus servicios,
ofrecindole adems un puesto en la corte.

Gracias a ello Hotep pudo ir al templo a pedir la mano de Amneris, quien vindole en
una buena posicin le acept rpidamente, pues ella siempre le haba querido.

Fueron extremadamente felices en su nueva posicin y tuvieron muchos hijos, todos


ellos servidores fieles de Ramss Meiamun, a cuya regia esplendidez deban tantos
favores.
NICROTIS

EL gran faran de Egipto haba sido brutalmente asesinado. A los pocos das, la reina
viuda, la bella Nicrotis, aceptaba el trono que sus sbditos le ofrecan. Ocurra esto en el
viejo Egipto, en Menfis, la capital del Imperio Antiguo, hace muchos cientos de aos.

Los festejos para el da de la coronacin prometan ser muy esplndidos; pareca


como si la reina Nicrotis hubiese olvidado por completo al joven esposo, vilmente
asesinado.

Para celebrar en forma solemne su coronacin haba dado la orden de construir un


gran saln subterrneo, donde ofrecera a los grandes personajes del reino un suntuoso
banquete, y se deca que ms tarde se dejara que el pueblo presenciase el espectculo.

Lleg el da sealado para el gran festn y los invitados empezaron a llegar luciendo
sus ms exquisitas, bellas y esplndidas galas. Antes de que estuvieran todos reunidos,
comenz la comida. La bella Nicrotis apareca mucho mas hermosa que nunca, y una
extraa mirada brillaba en sus ojos. Todo se realizaba con la mayor magnificencia ante los
absortos invitados.

Cuando el banquete estaba en el punto ms lgido y los asistentes, con la euforia de


una abundante comida bien rociada del mejor vino, ms contentos se mostraban, se
produjo un gran ruido. De los cuatro lados de la sala comenzaron a manar abundantes
chorros de agua.

De momento los comensales creyeron que se trataba de algn efecto de tramoya para
amenizar la fiesta y siguieron degustando tranquilamente los alimentos y bebidas mientras
continuaban las charlas y bromas entre ellos.

Empezaron a alarmarse cuando vieron que el agua suba y suba sin parar. Ya les
estaba cubriendo los pies y, presos de terror, buscaron las salidas para evitar morir
ahogados.

Las puertas estaban cerradas y nadie las abri, con lo cual el agua segua manando e
iba aumentando el nivel. A muchos de los comensales ya les alcanzaba hasta la cintura,
con lo cual las escenas de pnico se fueron sucediendo cada vez con mayor frecuencia.
En aquel instante comprendieron la trgica realidad y vieron que solo estaban
presentes los que haban sido traidores, as como tambin los asesinos. Haban cado en el
lazo que la Reina les tendiera para llevar a cabo su venganza.

Ninguno de los invitados pudo alcanzar la salida y murieron ahogados y sorprendidos


por lo que haba sucedido.

El agua sigui saliendo hasta anegar por fin todo el subterrneo.

Sobre los cadveres flotantes de los cortesanos se dej or la voz de Nicrotis que
deca:

-Los traidores deben morir a traicin.

En efecto, Nicrotis haba concentrado all, precisamente, a todos los que participaron
en el complot para asesinar a su esposo.

Al da siguiente, segn Nicrotis haba prometido, todo el pueblo de Menfis pudo


contemplar el lugar del convite. Y nadie dej de sentir admiracin por la reina, que no
haba vacilado en perder la vida con tal que los traidores la perdieran tambin.
ANAPU Y BITU

ANAPU y Bitu eran dos hermanos que vivieron hace muchsimo tiempo en Egipto.
Haban heredado mucha hacienda de su padre.

Segn las leyes y las disposiciones del padre, a Anapu, el mayor, pertenecan casa,
ganados y campos. Bitu, el menor, haba de trabajar para su hermano, recibiendo a cambio
el salario necesario.

Bitu era inteligente, hbil, trabajador y conocedor de todo lo referente a los campos y
ganados; tanto era su saber que conoca el lenguaje de las reses y saba lo que los pobres
animales queran decirle y cuanto se decan entre elos.

Anapu no trabajaba tanto como el hermano. Un da, en que estaban los dos ocupados
en preparar la siembra para las tierras, envi Anapu a Bitu a casa en busca de unas
semillas para echarlas en los surcos recin abiertos.

Bitu parti obediente y cogi la semilla; los dos hermanos la echaron en los surcos y
terminado el trabajo, volvieron a su casa.

Pero Anapu encontr a su esposa llorando y ella le dijo, despus de hacerse rogar,
que cuando Bitu lleg en busca de las semillas le haba dado una paliza.

Mucho se enfad Anapu con esto y form el propsito de dar muerte a su hermano,
pero supo contenerse, pues quera hacerlo de un modo que nadie pudiera acusarle de
fraticida, esperando una ocasin favorable para su intento.

Bitu, que no haba hecho lo que dijo su cuada, se dirigi a su cuarto y no se enter
por tanto de la conversacin de los dos esposos, ni sospech nada, pues los dos lo trataron
a la hora de la cena con el mismo cario de siempre.

Cuando se dispona a entregarse al descanso se le ocurri ir antes a dar una vuelta por
el redil de los ganados, para ver si les faltaba algo.

Entr en el cercado y vio a casi todos los cameros y ovejas tendidos en el suelo,
rumiando unos, durmiendo otros, pero sus favoritos se levantaron en cuanto lo vieron y
fueron a pedirle caricias. Bitu pas la mano por el lomo de los tranquilos animales y ya se
iba cuando, gracias a comprender su lenguaje, oy que uno de ellos le deca que deba
emprender la figura, pues su hermano, enfadado con l, pensaba darle muerte.

Bitu no se detuvo a pensarlo ni un momento y en lugar de volver a su habitacin,


emprendi la huida esa misma noche.

Seguidamente Anapu le oy alejarse, pues tambin sali de la casa decidido a


impedir su marcha. Corra Bitu deseando alejarse de la casa de su hermano antes de que
saliera el sol, pero Anapu iba detrs con mayor rapidez, y lo hubiera alcanzado si el dios
Pha-Harmakis, que casualmente miraba entonces la Tierra, no se hubiera dado cuenta de
lo que pasaba. Convencido de la inocencia de Bitu, quiso ampararlo y para ello hizo
surgir, repentinamente, entre los dos hermanos un ancho ro poblado de muchos
cocodrilos. El mpetu de la corriente impidi a Anapu cruzarlo y, muy fastidiado, tuvo que
permanecer en la orilla.

Bitu, pensando que se haba salvado de momento, descans en la otra orilla, pues su
hermano no poda pasar el ro antes de que amaneciera, y en cuanto la luz del sol permiti
a los hermanos verse, Bitu pregunt desde la orilla:

-Por qu me persigues? Qu te hice para que quieras darme muerte?

Anapu no contest al momento, enfadado por las preguntas de su hermano, pero


luego empez a dudar y pens decirle la causa de su clera. Bitu neg la acusacin y le
asegur que ni siquiera un minuto haba pensado en pegar a su esposa.

Anapu, avergonzado y arrepentido, prometi a su hermano que no le hara nada y


que, por tanto, poda volver, pero Bitu no quiso, pues ya no se vea capaz de seguir
viviendo bajo el mismo techo que la falsa y mentirosa mujer con la que estaba casada su
hermano.

-Debo marcharme -contest-, me voy al valle de las Acacias y voy a decirle todo lo
que pasar. Gracias a mis artes mgicas me arrancar el corazn y lo colgar de la rama
ms alta de una acacia. Cuando el rbol sea cortado y derribado caer al suelo mi corazn
y podrs contemplarlo. En cuanto lo hayas buscado durante siete aos tmalo y ponlo en
un cacharro con agua fra. Esto bastar para volverme a la vida. As resucitar y me
vengar de mis enemigos; sabrs cuando lo tienes que hacer si te ofrecen un vaso de
cerveza del que caiga al suelo la espuma. Luego te darn un jarro de vino cuyas heces se
levantarn hasta el borde. Cuando ocurra todo esto procura no perder tiempo.
Anapu volvi triste a su casa. Encolerizado por la mentira y falsedad de su mujer, le
dio muerte y luego llor a su hermano Bitu.

El joven, en el valle de las Acacias, pasaba el da cazando y dorma al pie de u rbol


en cuya rama ms elevada haba colocado su corazn. Un da se encontr a los nueve
dioses, quienes le dieron por esposa a su propia hija, pero las siete Atroz (hadas que
profetizaban el futuro) le anunciaron que la joven morira atravesada por una espada.

Bitu se cas con la diosa y le comunic el secreto de que tena el corazn colgado en
lo alto del rbol, y tambin de que quien encontrase la acacia tendra antes que luchar con
l.

Tan hermosa era la mujer de Bitu que la fama de su extraordinaria belleza lleg hasta
el faran, que, para saber si lo que se deca era cierto, hizo un viaje al valle d las Acacias,
solo, sin squito y disfrazado. De esta forma pudo acercarse, sin ser visto ni reconocido
por nadie; y cuando vio finalmente a la joven decidi que deba hacerla su esposa.

Vuelto a palacio dio las rdenes y envi un grupo de soldados al valle de las Acacias,
con orden de matar a Bitu y llevar a la esposa a su corte. No pens que todo poda ocurrir
al revs, porque los soldados fueron muertos en lucha por Bit, que los atac con la fuerza
de un len.

Irritado el faran, llam a los adivinos para que le indicasen el modo de conseguir la
muerte de Bitu. Deliberaron largamente y resolvieron que no poda matarlo en lucha, sino
con astucia. El faran se disfraz de nuevo y fue otra vez al valle de las Acacias, donde
esper la ocasin.

Pudo el faran hablar con la joven, que, al saber que sera reina y duea de muchos
tesoros, consinti en la muerte de su marido y comunic al rey que en la rama ms alta de
la acacia estaba el corazn de Bitu, y que solo con derribarla caera muerto.

El faran llam a dos leadores y, en cuanto el hermoso rbol cay al suelo, se


desplom muerto el pobre Bitu.

Y ocurri entonces lo que Bitu dijera a su hermano. Lleg un da en que le ofrecieron


un jarro de cerveza cuya espuma cay al suelo y despus un jarro de vino que se puso
turbio al momento; as conoci Anapu que haba llegado el momento de actuar.
Provisto de armas, ropas y sandalias, se dirigi al valle de las Acacias; vio a su
hermano muerto y el corazn convertido en una baya. La puso en agua fra y Bitu resucito
en el acto.

-Voy a convertirme en el sagrado buey Apis -le dijo-; llvame junto al faran, que te
dar oro y plata y yo ya encontrar medios para castigar a mi esposa por toda su maldad.

Anapu sigui las instrucciones de su hermano. Al da siguiente llev a la corte a Bitu,


convertido en buey sagrado. Todos se alegraron mucho y el faran le recompens y
concedi muchas distinciones. Pocos das despus el buey entr en las habitaciones de su
antigua esposa y le dijo:

-Puedes convencerte de que sigo vivo.

-Quin eres?

-Bitu -y aadi-. Ya supiste lo que hacas cuando dijiste al faran que cortase la
acacia.

La mujer se asust mucho y, para evitar los peligros que prevea, suplic al faran
que le concediese un favor y l consinti en ello.

-Dame, seor, para que lo coma, el hgado del toro sagrado, no hay nada que me
guste tanto como eso.

Muy disgustado el faran, no tuvo ms remedio que conceder lo que ya haba


prometido. Y un da, mientras el pueblo ofreca sacrificios al toro sagrado, mand llamar a
los verdugos y orden que diesen muerte al hermoso animal.

En el mismo instante en que le clavaron el cuchillo en el cuello cayeron de l dos


grandes gotas de sangre junto a las puertas de la ciudad y se convirtieron en dos grandes
rboles.

El pueblo, lleno de alegra por lo que se pens que era un milagro, empez a adorar y
ofrecer sacrificios a los dos rboles.

Pas el tiempo. El faran, coronadas las sienes con diadema de lapislzuli, guirnalda
de flores en el cuello, se sent en su trono de plata y oro e hizo que le llevaran al sitio
donde haban nacido los dos rboles. Detrs iba la reina, y ambos fueron colocados al pie
de los rboles. Bitu, que era el rbol bajo el cual estaba la reina sentada, dijo en voz baja:

-Mujer, a pesar de cuanto has hecho, sigo viviendo. Obligaste al faran, a travs de
tus malas artes, a cortar la acacia en la que estaba colgado mi corazn, para darme muerte;
luego me convert en buey sagrado y tambin me hiciste matar, pero debes saber que he
vuelto a renacer.

La reina oy con gran terror estas palabras y ese mismo da pidi al faran que le
prometiese concederle una cosa que deseaba mucho. Cuando ste hubo accedido le dijo:

-Seor, ordena que corten inmediatamente esos rboles para que se hagan con ellos
dos hermosas vigas.

As se hizo, pero una menuda astilla de madera se escap del tronco y penetr en la
boca de la reina. Poco despus sta tuvo un hijo, que era Bitu, vuelto a encarnar en forma
humana, pero la mujer no lo saba.

El faran estaba encantado con el nio, le dio el nombre de Prncipe del Alto Nilo y,
como lo haba nombrado sucesor suyo, cuando el rey falleci Bitu fue designado faran.

Entonces, Bitu mand llamar a los grandes de la corte y revel cuanto le haba
sucedido. Al terminar su relato todos los cortesanos condenaron a la mala reina, que fue
desterrada en castigo a sus delitos.

Bitu rein durante veinte largos aos y luego le sucedi su hermano Anapu, al que
haba nombrado su sucesor en el trono.
VICTORIA DEL GENERAL THUTI
EN LA CIUDAD DE JOPPE

EL general Thuti vivi cuando imperaba en Egipto la Decimoctava Dinasta. Era uno de
los mejores guerreros egipcios que haba acompaado al rey Tutms III, el de las grandes
conquistas. Se le consideraba hombre extraordinario, muy inteligente y valeroso a pesar de
su juventud.

En el campo de batalla figuraba siempre al frente de sus tropas, por lo que los
soldados le seguan con gran entusiasmo. Decan que nadie poda ser comparado con l.
Por todo esto, el rey le dispensaba gran afecto y le permita estar con l en su palacio.

El monarca supremo le deba varias de las ms importantes victorias conseguidas por


sus ejrcitos.

El general se dio a conocer ante todos los cortesanos, por primera vez en todo su gran
valor, cuando era tan solo un simple oficial. Un da lleg hasta la corte un mensajero de la
ciudad de Joppe, situada en la regin de Thai, al lado de la desembocadura del Nilo, que
haba decidido sublevarse contra el monarca supremo. Llegaba el mensajero presuroso,
jadeante, y pidi ser llevado en el acto a presencia del faran. Cuando lleg ante l, le dijo
que el reyezuelo asitico de Joppe haba dejado de prestarle obediencia y se hallaba en
franca rebelda.

Al or tales palabras, Tutms mont en clera y rpidamente decidi convocar a los


ms altos dignatarios y cortesanos. Luego les hizo saber su propsito de destruir por
completo la ciudad, para lo cual necesitaba de alguien valeroso y decidido que se pusiera
al frente de su ejrcito.

Tras las palabras del faran, incluso los ms expertos en el arte de la guerra se
quedaron en el ms completo de los silencios, sin osar ofrecer sus servicios al monarca,
pues por un lado estaban temerosos ante el tono de voz de su faran, pero adems
conocan a la perfeccin lo inexpugnable que era Joppe as como la extrema crueldad, el
enorme valor y la pericia de su reyezuelo.

Los ojos de Tutmpes, ante ese silencio, recorrieron el saln, indignados. Cuanto mas
denso era el silencio que invada la estancia y pensando ya que nadie tendra la osada de
presentarse para tan suicida misin, un desconocido oficial se ofreci para llevar a cabo la
operacin, saliendo de entre el nutrido grupo de cortesanos que asistan a la escena: era
Thuti.
El rey, ante las sorprendentes palabras de ese muchacho, le dijo que se acercara y le
expreso su sorpresa y hasta puso en duda su capacidad para realizar tamaa empresa, pero
el joven oficial insisti con tanto ahnco y perseverancia, poniendo tanta emocin y bro
en todas sus palabras, que el faran acab por encomendarle la jefatura del ejrcito que
deba ir contra la ciudad rebelde.

Tutti dispuso grandes preparativos. Entre las muchas cosas que decidi que deba
llevarse haba un gran saco de piel en el que introdujo un par de argollas para los pies y
otro par para las manos, as como cuatrocientas tinajas con cadenas, cuerdas y collares.

Partieron rpidamente y tras muchos das de marcha sin descansos, llegaron todos los
componentes del ejrcito cerca de Joppe. Antes de pensar en penetrar dentro de la
fortaleza, Thuti hizo enviar un mensaje dirigido al reyezuelo rebelde en el que le
comunicaba que se hallaba huyendo del faran porque haba pretendido matarle, por lo
que haba decidido ir a Joppe a ofrecer sus servicios y los de los soldados que le haban
seguido.

El reyezuelo de la ciudad, lleno de jbilo y profundamente alegre, pensando que


todos esos hombres le serviran como refuerzo en su lucha contra el faran, le abri las
puertas de la misma, le recibi con gran afecto y, tras una breve charla, le introdujo en su
propio palacio.

Una vez en el interior de su residencia, le obsequi con una abundante y deliciosa


comida. Despus de haber degustado todos esos sabrosos manjares, con el rey y la
totalidad de sus cortesanos, mientras se hallaban en una tranquila y relajada charla durante
la que hablaron entre otras cosas de su futura lucha contra el enemigo, Thuti aprovech un
momento en que el monarca se hallaba totalmente confiado para derribarle al suelo.

Le golpe repetidamente hasta dejarle sin conocimiento y, colocndole las argollas


que llevaba preparadas de antemano en las manos y pies, hizo que sus hombres le
metieran en el saco de piel.

A todo esto, cuatrocientos de los soldados de Thuti haban conseguido ya introducirse


hasta el corazn de la ciudad metidos en el interior de tinajas, que otros de ellos,
caracterizados convenientemente de mercaderes, hicieron entrar sobre unas carretas.

Una vez en la plaza central de Joppe, salieron hombres de sus escondites y,


aprovechando la sorpresa general de los habitantes de la ciudad, se aprovecharon
fcilmente de ella.
En poco tiempo y sin ninguna prdida humana, consiguieron que los que se haban
sublevado con tanto mpetu se rindieran fcilmente.

De regreso al palacio real, Thuti fue recibido por el faran con muestras de gran
agradecimiento, obteniendo de ste el nombramiento para lo sucesivo de general en jefe
de todas sus tropas.
EL HEBREO YUSUF Y LA EGIPCIA ZULAIJA

EN Egipto viva el poderoso Aziz, casado con la bella Zulaija.

Cierto da lleg a l la noticia de que haba entrado en la ciudad un joven hebreo


llamado Yusuf, de gran virtud y honradez. Ante este hecho, Aziz decidi adoptarle como
bajo y as se lo comunic a su esposa, quien se mostr encantada ante tan maravillosa
idea.

Pero Yusuf era de gran hermosura y Zulaija se enamor de l. Por eso siempre
procuraba estar a su lado y atenta a la menor necesidad del joven y se complaca peinando
sus cabellos. Sin embargo, Yusuf no corresponda a su pasin, todo su pensamiento lo
tena puesto en Dios.

Esto expresaba a Zulaija, hasta el punto de que sus mejillas empezaron a palidecer y
su cuerpo languideci, solo pensaba en cmo lograra que el joven hebreo cediese a sus
deseos.

Cierto da en que estaba, como de costumbre, pensativo, entr en su habitacin su


antigua nodriza y le dijo que haba un medio bien sencillo para que Yusuf ardiera en amor
hacia ella: que le hiciera fijarse bien en la hermosura de su rostro y en la exquisita
perfeccin de su cuerpo. Si la dejaba obrar a ella libremente, pronto vera cumplidos sus
ms ntimos deseos.

Zulaija la dej hacer. Entonces la nodriza encarg a unos competentes albailes que
hicieran una cmara con arreglo a sus indicaciones.

Despus encarg a un pintor que retratara con todo detalle las figuras de Yusuf y
Zulaija abrazndose.

Por ltimo, compr un magnfico lecho de oro, incrustado de perlas y piedras


preciosas, y lo coloc en el centro de la habitacin, cubrindolo con una maravillosa
colcha de seda llena de fantsticos dibujos. El suelo lo alfombr con un rico tapiz y colg
de las paredes bellas cortinas de suave tejido.

Hechos estos preparativos, se dirigi a la estancia donde se encontraba Zulaija y la


atavi esplndidamente. Coron sus cabellos con una valiosa diadema y puso sobre su
cuerpo una delicada tnica. As fueron hacia la cmara que antes haba preparado, y
Zulaija se tendi en el lecho.

A continuacin, la nodriza fue en busca de Yusuf y le dijo que su seora le necesitaba


y le rogaba que fuese a su cmara. Yusuf le contest que obedecera al instante y se
encamin hacia donde se encontraba Zulaija.

Cuando lleg ante la cmara, el joven comprendi los deseos de la egipcia y quiso
volverse pero ella, rpida como el pensamiento, fue hacia l y, cogindole de la mano, le
condujo hacia el lecho. Luego le alab la belleza de su rostro, de sus ojos, de sus cabellos,
el delicioso aroma de su aliento.

Yusuf le contestaba diciendo que toda esa belleza se convertira en polvo cuando
muriera, y si entonces aspiraba su aliento, que tanto le agradaba ahora, huira asqueada
ante el hedor que desprendera todo su cuerpo.

Cuando Zulaija le pregunt a qu se deba que cuanto ms se acercaba ella a l tanto


ms hua, respondi el joven hebreo que de esa manera esperaba acercarse ms a su Seor.

Zulaija sigui insistiendo, pero la decisin de Yusuf era firme, y su propsito de no


ofender a su Dios, inquebrantable. Por eso, cuando vio una oportunidad para escapar, no
vacil y corri hacia la puerta. Pero Zulaija se agarr a su tnica y la desgarr.

Y he aqu que en ese momento acert a pasar junto a la habitacin Aziz, quien al ver
a Yusuf tan apenado y a Zulaija llorosa y mesndose los cabellos, entr en la cmara para
saber lo que suceda. Entonces ella le dijo que su protegido hebreo, aquel al que haba
favorecido con todo su cario, haba querido cometer con ella una mala accin.

Al or esto, Aziz se dirigi hacia Yusuf y, afendole su conducta, le pregunt cmo


haba podido intentar tan reprochable acto. Entonces Yusuf, invocando a Dios, le explic
la verdad del caso.

Aziz estaba asombrado; su mirada iba de Yusuf a Zulaija, y de sta al hebreo. Pero
Yusuf se acord, de pronto, de que poda citar a un testigo en su favor. En la habitacin
donde haba tenido lugar aquella escena se encontraba un nio pequeo en una cuna; este
nio haba sido adoptado por Zulaija, en vista de que Dios no le conceda ningn hijo, y
dorma siempre en su misma alcoba.
Yusuf elev al cielo su oracin y pidi al Seor que le ayudara en su crtica situacin.
Entonces Dios hizo bajar a la Tierra a Gabriel -sobre l sea la paz!- y le dio la orden de
que hiciese hablar al nio para que declarase a favor de Yusuf.

Gabriel hizo como el Seor le mandaba, y el nio empez a hablar y dijo a Aziz que
si la tnica de Yusuf hubiera estado desgarrada por delante, Zulaija habra dicho la verdad;
pero que al estarlo por detrs, ella menta, y el testimonio de Yusuf era sincero.

Aziz comprob que cuanto haba dicho el pequeo era totalmente cierto, entonces,
dirigindose a su mujer, le mand que pidiera sincero perdn al muchacho hebreo.

Y sucedi que a partir de aquel da empez a divulgarse la noticia por todo Egipto,
principalmente entre las mujeres, que lo comentaban riendo y no podan comprender cmo
la mujer de Aziz haba podido incurrir en tal extravo.

Zulaija se enter de todo y quiso demostrar a sus amigas cmo no tena culpa de lo
que haba ocurrido.

As, pues, les envi un mensaje invitndolas a merendar en su casa.

Cuando la reunin estuvo formada, les dio naranjas con miel, y para que mondaran
las naranjas entreg a cada una un pequeo cuchillo.

Las damitas empezaron su faena, y en ese instante Zulaija mand que hicieran entrar
en el saln al joven Yusuf, al que antes haba vestido y adornado con todo esmero.

Cuando sus amigas vieron al bello hebreo, su admiracin no tuvo lmites. Tan
absortas estaban en contemplar su hermosura, que, en vez de cortar las naranjas, cortaban
sus propias manos, y era tal su atolondramiento que no sentan correr la sangre ni el dolor
que con el cuchillo se producan.

Zulaija, mientras, se rea de ellas, comentndoles que si por un momento que le


haban visto haban llegado al extremo de no percatarse de lo que hacan, comprenderan
que a ella, en siete aos que llevaba junto a l, le hubiera acontecido aquello que antes de
conocer al joven les causara tanta extraeza.

Pero incluso despus de lo sucedido Zulaija segua deseando castigar a Yusuf por su
desprecio. Para ello fue a ver al rey Rayan ibn al Salid, con el que tena gran influencia, y
logr que le permitiera encarcelar al hebreo.

Cuando pas algn tiempo, ante la represin de Aziz por su conducta, Zulaija se
arrepinti y desde entonces no poda conciliar el sueo, y solo estaba contenta al hablar de
Yusuf.

Se cuenta, acerca de las mujeres que vieron al bello mancebo, que murieron siete de
ellas por su amor.
LA LEYENDA DE AMASIS

CUENTA Herodoto que Amasis haba llegado al trono de Egipto desde una vil condicin,
ya que antes se haba dedicado al robo y al pillaje.

Su elevacin al trono caus una gran sorpresa y un enorme disgusto, pues los
orgullosos egipcios se vieron as mandados por un hombre a quien juzgaban de clase
inferior a los ms bajos.

Amasis, viendo el desprecio con que era tratado, resolvi dar una leccin a sus
desdeosos sbditos.

Entre los objetos que posea para su uso personal se encontraba una jofaina de oro en
la que se lavaban los pies todos los que iban a comer con Amasis. Mand fundir la
palangana y con el oro hacer una estatua de una divinidad, ponindola despus en una
plaza pblica.

Todo los que pasaban por enfrente de la estatua se volvan a ella y la adoraban con
veneracin.

Amasis mand reunir a todos los que haban adorado a la estatua y les dijo:

-Esa estatua ante la cual os habis inclinado tan reverentemente no es ms que la


jofaina en que os lavabais los pies, modelada de nuevo. A m me ha ocurrido lo mismo: si
en otro tiempo era hombre de clase inferior, ahora soy vuestro rey. Por lo tanto, habris de
respetarme y tenerme veneracin.

Y en efecto, desde aquel da ces el desdn de los egipcios por Amasis y le prestaron
acatamiento y respeto.
LA LEYENDA DE SANTA EUFEMIA

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPRITU SANTO, UN SOLO


DIOS. AMN.
Este es el discurso pronunciado por San Anastasio, obispo de la isla de Turqua. En l
exalta y alaba la grandeza del arcngel San Miguel y se cuenta el gran milagro realizado
en favor de Santa Eufemia y las dos historias maravillosas que se deben leer el doceavo
da del mes de Paoni. Que sea con nosotros la intercesin del arcngel San Miguel y con el
humilde copista. Amn.

Reinando el gran rey Honrius, haba un emir llamado Aristarco, que tena por mujer a
Eufemia. Aristarco y Eufemia eran fieles devotos de la ley de Dios; cumplan con todos
los preceptos de la caridad, de la fe y de la modestia.

Haban recibido el bautismo de San Juan Crisstomo (Boca de Oro). En sus


devociones entraban con particular efecto la del arcngel San Miguel, celebrada por ellos
todos los das 12 de cada mes; la de la Virgen Mara, que celebraban el da 21 de todos los
meses, y el Nacimiento de Nuestro Seor el Mesas, celebrada el 29 de cada mes.
Aristarco era como un vaso de eleccin, hombre puro que ni por un momento flaqueaba en
su devocin y en su entrega a los deberes y a las prcticas religiosas. As sucedi que el
Seor, queriendo premiar su vida santa, lo llev a su seno.

Cay enfermo Aristarco de mortal dolencia. Sabiendo que el fin de sus das estaba
prximo, llam a su esposa y, afirmando su fe en Cristo, le declar, una vez ms, que el
mejor camino de salvacin era la prctica de las buenas obras, exhortndola a que siguiese
la vida hasta entonces llevada y que no dejase de rogar al arcngel San Miguel, para que
los protegiese en esta vida y los condujese con ventura a la dicha eterna.

La buena mujer afirm que seguira los consejos de su marido y le pidi que le dejase
una imagen del santo arcngel para colocarla en la habitacin y para que la defendiera
contra las asechanzas de Satn, ya que la mujer sin marido es semejante a un cuerpo sin
alma. Aristarco tuvo gran alegra por ello y mand llamar a un habilsimo pintor, el cual
ejecut una imagen perfecta del arcngel, ornndola con una capa de oro y guarnecindola
de piedras preciosas. Cuando el emir vio la imagen, sinti una gran alegra y mand llamar
a su mujer, a la cual dijo:

-Tu deseo ha sido cumplido, he aqu una bella y rica imagen del santo arcngel
Miguel.

La mujer llor de alegra y pidi a su marido que la encomendase al Jefe de las


Milicias celestiales para que la protegiera. Aristarco, elevando sus ojos al cielo, rog
ardientemente al arcngel que protegiera a su esposa contra todos los peligros y
asechanzas del malo. Cuando Eufemia, la bendita, oy la plegaria, se alegr grandemente
y se afirm en su fe en el Mesas y en el arcngel San Miguel.

Desde aquel momento saba que tena una firme defensa contra las asechanzas del
demonio. Poco tiempo despus, Aristarco muri santamente y su cuerpo fue enterrado en
la iglesia.

Eufemia no dej ni un da de practicar el bien, de ejercer todas las obras de


misericordia. Pero Satn, siempre vigilante, no quiso perder la ocasin de conquistar a una
sierva del Seor. Tom un da la apariencia de una virgen consagrada al Seor e hizo que
otros dos demonios, bajo la misma figura, lo acompaasen. Llegaron a la puerta de la casa
de Eufemia, llamaron y a la sirvienta que les abri le dijeron que tres religiosas, enteradas
de la fama de santidad de la duea de la casa, deseaban visitarla.

Cuando supo Eufemia quines eran las visitantes, sali ella misma a recibirlas con
toda amabilidad y cortesa. Cuando las vio, las hizo entrar en la casa, pues mostraban un
aire de modestia y humildad admirable. Las llev a la habitacin en donde haba colocado
la imagen del arcngel San Miguel que le hiciera pintar su marido. Eufemia dijo a Satn,
sin saber quin era en realidad:

-Oh hermana!, entra aqu para pedir la bendicin del santo Arcngel, cuya figura
aqu se muestra. Desde que muri mi esposo nadie ha entrado en esta habitacin, salvo yo.

Y Satn le contest:

-Mal has hecho, mujer. En cualquier sitio en donde no haya un hombre no habr
bendicin. Si quieres ser grata a Dios, yo te dar un buen consejo: toma de nuevo a un
hombre en matrimonio. Yo conozco a un gran emir, el mayor de todos los que rodean al
rey Honorio. Tiene por hombre Heraclio. Es yerno mo y ha enviudado hace poco tiempo.
De parte de l vengo a solicitarte en matrimonio, y aqu te traigo estos presentes para que
veas cun grande es su magnificencia y generosidad.

Y mostr a Eufemia una gran cantidad de joyas que brillaban maravillosamente. Mas
estas joyas eran para apariencia, ilusin y no realidad. Eufemia contest:

-He de pedir consejo a mi intendente. l no me abandona ni por un momento.


Entonces, la falsa religiosa mostr un gran escndalo y le dijo:

-Oh hermana!, tus palabras son mentirosas. Acabas de decirme que desde que muri
tu esposo no ha entrado hombre alguno en tu habitacin, y ahora afirmas que tu intendente
no te deja ni de noche ni de da. La Escritura dice que aquel que observa la ley, pero falta a
una sola letra de ella, ser responsable como si hubiera violado todas las leyes. Dios
detesta y condena a los mentirosos.

Pero Eufemia, sonriendo, contest:

-T me has propuesto un nuevo matrimonio con un hombre rico y generoso. Y en tus


manos he visto brillar joyas resplandecientes. Pero ni por todas las riquezas del mundo
querra faltar a la memoria de Aristarco. Mi cuerpo jams ser tocado por varn, y cuando
yo entregue mi espritu al Seor, aparecer limpio y sin mancha. En cuanto a mi
intendente, no debes escandalizarte. No es de este mundo, aunque su poder sea grande.
Conoce los pensamientos de los hombres y acude en socorro de aquel que lo invoca con fe
y pensamiento puro.

Satn pidi entonces que le mostrase a su consejero. Pero Eufemia dijo:

-Antes de concederte lo que pides has de orar. Dirige tu mirada al Este y pide a Dios
que te perdone por haber pensado mal de mi guardin. Cuando hayas hecho eso, entonces
te mostrar a mi guardin.

Satn contest:

-Aquellos que mi invistieron con este hbito religioso me ensearon a no elevar las
manos para rezar sino en mi monasterio, y a no aceptar ni comida ni bebida en mesa de
laicos.

-Ah! - exclam Eufemia-, t acabas de reprocharme una supuesta falta contra la ley,
y sin embargo t olvidas que el Seor ha dicho: En cualquier casa en donde entris decid:
Que la paz sea con los habitantes de esta casa. Y si hay alguien digno de recibir vuestro
saludo, recaer sobre l, y en caso contrario volver sobre vosotros. Tambin ordena que
e rece por todos los caminos, en todos los lugares.

Y con estas y otras razones, confundi a Satn.


ste, viendo que Eufemia lo haba vencido, cambi sbitamente de aspecto,
transformndose en una quimera espantosa. Entonces, Eufemia, comprendiendo que se
trataba de una asechanza del demonio, exclam:

-Oh arcngel Miguel, que gobiernas las milicias del cielo, ven en mi ayuda! T, a
quien mi marido Aristarco me confi antes de morir!

Satn, cuando oy la invocacin al Arcngel, tuvo miedo y cambi nuevamente de


aspecto, tomando la forma de un negro barbudo, con los ojos inyectados de sangre y con
una espada desnuda en la mano. Eufemia se estremeci de espanto; entr corriendo en su
habitacin y tom la imagen de San Miguel y, apretndola contra su echo, invoc de
nuevo al arcngel. Satn no pudo penetrar tras ella, pues lo impeda la gloria de San
Miguel. Satn estall en orgullosas amenazas:

-Yo soy aquel que acecha al hombre desde que fue creado, para dominarlo con mi
poder! Ahora me has dominado, Miguel; pero espero mi venganza!

Y a Eufemia le dijo que volvera el da 12 del mes de Paoni.

-Ese da Miguel, con todas las milicias celestiales, estar delante del trono del Seor
para pedirle que haga subir las aguas de los ros, para que haga descender la lluvia y el
roco sobre los campos. Durante tres das y tres noches permanecer prosternada ante
Dios.

-En ese momento yo vendr aqu. Romper esa tabla en mil pedazos sobre tu cabeza.
Y as conocers cun grande es mi poder! -replic Satn.

Eufemia, con la imagen en la mano, amenaz a Satn, saliendo ste corriendo de la


casa.

Desde aquel da Eufemia extrem sus devociones, pidiendo a San Miguel que no la
abandonase. Se aproximaba la fiesta del Arcngel y Eufemia prepar cuidadosamente las
ofrendas y todo aquello que era necesario para celebrar dignamente la festividad. Da era
sealado para ella, y por eso esperaba vivamente la llegada. El da 12 del mes de Paoni, la
bendita mujer, desde la alborada, se hinc de rodillas y comenz a orar devotamente.

De pronto Satn se apareci bajo la forma de un ngel inmenso, con largas alas
extendidas. Iba ceido por un resplandeciente cinturn de oro y sobre su cabeza llevaba
una diadema de fulgurantes piedras preciosas. En la mano llevaba un cetro de oro que no
tena encima la cruz de Cristo. Eufemia se estremeci de miedo. Satn le dijo las
siguientes palabras:

-Que la paz sea contigo, mujer bendita de Dios y de sus ngeles! Bendita seas, pues
tus ofrendas y sacrificios han llegado hasta el Seor. l me ha envidado a ti para
aconsejarte y guiarte en lo que tienes que hacer. Obedceme como si fuera l mismo, pues
escrito est que la obediencia es mejor que los sacrificios.

La piadosa mujer se inclin y dijo:

-Presta estoy a or la orden de mi Seor.

Satn, entonces, comenz as:

-Durante mucho tiempo has hecho grandes sacrificios y has gastado todo tu caudal en
hacer buenas obras en memoria de tu marido Aristarco, ms ste, por su santa vida y
muerte, ha sido acogido en el seno del Seor. T, con tu piadosa vida, excitas la envidia de
Satn, el cual puede tentarte, como hizo con Job, el santo paciente. Satn puede arruinar tu
casa, como hizo con Job. Tu marido muri sin dejar descendencia. T has de contraer
nuevo matrimonio. Y Arius ha de ser tu esposo, un seor lleno de riquezas.

Eufemia comprendi que era Satn el que le hablaba. Y decididamente contest:

-En qu libro ha ordenado Dios que no se hagan limosnas, que se abandonen las
buenas obras? Dnde ha dicho el Seor que la mujer ha de casar con dos hombres? Todo
libro que venga de Dios ha de aconsejar la pureza de alma, la castidad, el abandono de los
bienes materiales, el desprecio al mundo, la caridad hacia los pobres y los miserables. En
cambio t me ordenas lo contrario. Dice el sabio Salomn que las tortolillas y las cornejas
no toman mas que un marido. Si eso hacen los pjaros mudos y sin inteligencia y
conservan puras sus almas, qu har una criatura racional, que Dios ha creado a su
imagen y semejanza? Yo no tomar otro marido ni abandonar todas las obras de caridad
que realizo en nombre de Dios y del arcngel San Miguel. Dime de dnde vienes y cul es
tu nombre.

Satn contest:

-Yo soy el arcngel San Miguel, al cual rezas con tanta devocin. Arrodllate ante m,
pues Dios me ha enviado.

Eufemia contest:

-Cuando Satn se apareci a Jesucristo y se fue a prosternar ante Jess el Mesas, ste
exclam: Atrs, Satn!.

Satn protest:

-Cmo Satn habra tomado esta magnfica apariencia con que yo me he presentado
ante ti? Satn fue expulsado del cielo por su orgullo y Dios me encarg que yo tomase su
puesto.

Pero Eufemia no se dej engaar y le pregunt que si, como deca, era el arcngel,
dnde estaba la cruz que deba llevar en su espada, pues en la imagen que tena as lo
haba visto.

Satn dijo que eso era una invencin del pintor, ya que no todos los ngeles llevan la
cruz en sus espadas. Eufemia contest:

-Si el rey enva a un sitio a uno de los soldados, no llevar el enviado el sello de su
seor? Pues, de lo contrario, no podr justificar debidamente que es un enviado y no un
traidor que quiere introducirse con falsas palabras, y la persona a quien se dirige no lo
recibir ni atender las rdenes que lleva. Si t eres un enviado de Dios, djame que traiga
el retrato del Arcngel.

Al or cuanto haba dicho, Satn comprendi que haba sido vencido, una vez ms,
por la virtuosa Eufemia y se puso a rugir como un len y grit con grandes voces. Se lanz
contra la desdichada Eufemia y, agarrndola por la garganta, le dijo con voz tenebrosa:

-Hoy no te me escapas. Desde hace mucho tiempo estoy en acecho, noche y da, para
lograr vencerte; mas hoy ya no te valdr Miguel.

Eufemia, vindose en atroz peligro de muerte, invoc fervorosamente al arcngel,


pidindole socorro en tan angustioso trance. Y en aquel mismo momento San Miguel se
apareci, revestido de toda su gloria.
La habitacin se ilumin con una resplandeciente luz y Satn, temeroso, cay de
rodillas, pidiendo perdn al arcngel y suplicndole que no le maltratara.

-Jams -deca- volver a entrar en un sitio en donde se encuentre tu nombre y tu


imagen!

El arcngel lo tena bien agarrado en su mano, como si fuera un pajarillo, y al fin lo


dej escapar. Despus, volvindose a Eufemia, le dijo:

-Tranquilzate y confa en m. Desde este momento nada podr Satn contra ti. Yo
soy el arcngel San Miguel, a quien tanta devocin has tenido desde tu infancia. Las
ofrendas y las buenas obras que has realizado en mi nombre han subido hasta el trono del
Seor y han sido acogidas con benevolencia. Acaba los preparativos para esta fiesta y
disponlo todo bien, pues ste es el ltimo verano que pasars en la Tierra. Cuando acabe el
esto, vendr a buscarte con los escuadrones anglicos y te llevar hasta el seno del Seor.

Y dichas estas palabras, se elev en los aires, rodeado de una gran gloria.

Eufemia qued arrodillada dirigiendo la mirada al arcngel. Cuando ste desapareci


en el cielo, se levant y fue al obispo Anthimos y le relat todo lo ocurrido. El obispo tuvo
una gran alegra al orla y alab al arcngel San Miguel.

Eufemia le pidi que asistiera a un gran banquete en honor del Arcngel,


acompaado del pueblo. Una vez terminadas las ceremonias, Eufemia regres a su casa
para disponerlo todo. Cuando llegaron el obispo con muchos seores y mucha gente,
Eufemia les abri de par en par las puertas de su casa y los introdujo en una hermosa
cmara, en donde estaban dispuestas las mesas para el banquete.

En el centro, sobre una silla de marfil y oro, estaba la imagen del arcngel, ante la
cual se arrodillaron todos. Despus Eufemia abri las cajas de sus riquezas y las ofreci
todas al obispo para obras de caridad, en nombre del arcngel, que aquel mismo da
pedira a Dios que le permitiera bajar a buscar a la buena mujer. El obispo llev consigo
todos los bienes de Eufemia. sta, por la tarde, dio libertad a todas sus esclavas negras. Su
mansin se llen de un perfume exquisito. Despus se volvi hacia Oriente. Santa
Eufemia se dirigi al obispo, que haba vuelto despus de llevar las riquezas a su palacio,
y le dijo:

-Oh, padre mo!, yo te suplico, en nombre de Dios, que reces por m al Seor, a fin
de que me presente ante l en un momento propicio. Cercana est la hora de mi muerte.
He aqu que detrs de mi est el arcngel San Miguel, con todas sus celestiales milicias.

El obispo empez a entonar sus plegarias. Santa Eufemia pidi que se le trajese su
imagen del arcngel y cuando la tuvo ante ella, le invoc.

Entonces todos pudieron ver que se abra el cielo y apareca el arcngel San Miguel,
resplandeciente como el Sol. Sus miembros parecan brillar como el cobre batido. En su
mano tena una trompeta y estaba encima de un carro que tena la forma de una barca; su
mano izquierda blanda una espada, en cuyo pomo se vea la Santa Cruz. Estaba revestido
con hbitos magnficos.

Todos cayeron de rodillas, mientras el arcngel desplegaba su manto luminoso, en el


que recibi el alma de Santa Eufemia, que en aquel mismo momento muri.

Un concierto de armoniosas voces se oa. Las palabras que se escucharon eran stas:
El Seor conoce la va de los justos y de los pruso. Ellos son los que heredarn los bienes
eternos.

As muri Santa Eufemia.

Fue enterrada en la iglesia, en el mismo sepulcro de su marido. Cuando quisieron


recoger la imagen de San Miguel, vieron que haba desaparecido. Pero al da siguiente,
cuando entraron en la iglesia, vieron que la tabla estaba en el altar mayor, suspendida en el
aire.

Todos se arrodillaron, entonando el Kyrie Eleison. Se extendi la nueva del prodigio


y de todos los puntos vinieron gentes que adoran al arcngel.

Su imagen obra muchos milagros.


EL CAMPESINO TENAZ

EN el Pas de la Sal viva un humilde y honrado campesino -que all se llaman sekhti- que
se ganaba la vida traficando en Henenseten con sal, juncos y dems productos de la
regin.

Cuando iba hacia all tena que atravesar las tierras de casa de Fefa.

Junto al canal viva Tehuti-nekht, hijo de Asri y siervo del senescal Maruitensa. Este
hombre haba invadido el sendero -pues entonces no estaban los caminos de Egipto
protegidos por la ley- y solo quedaba un estrecho camino de tierra, con el canal a un lado y
un campo de trigo al otro.

Tehuti-nekht era injusto, avaro, y una de sus pasiones era la de quedarse con lo ajeno;
cuando vio al sekhti acercarse con sus asnos bien cargados sinti un irresistible afn de
quedarse con ellos, as como con toda la carga, y no tard en forjar un plan para ello.

-Tomar un chal -se dijo- y lo extender por el sendero. Si el sekhti deja que pasen
los burros por encima -lo que no tendr ms remedio que hacer, pues no hay otro camino-,
nada me costar empezar la discusin con l y apoderarme de todo cuanto posee.

Y dicho y hecho. Mand un servidor en busca del chal y lo extendi muy


cuidadosamente de manera que una punta se sumerga en el canal y otra estaba sobre el
campo de trigo.

El sekhti se acercaba, y, cuando vio el chal, no tuvo mas remedio que seguir adelante
dejando que sus asnos pisaran esa prenda. Tehuti-nekht al acecho y se apresur a exclamar
encolerizado:

-alto! Piensas que tus animales pueden pisar impunemente prendas que me
pertenecen?

-Quise evitarlo y tratar de hacerlo.

Y mientras as hablaba, oblig a los asnos restantes a desviarse un poco y pasar entre
los tallos del trigo.
-Cmo! As destruyes mis campos? Te parece bien que tus anos los pisoteen?

-No tengo ms remedio! Con el chal has interceptado el sendero, as que o lo piso o
estropeo algunas espigas. Sabes bien que no puedo ir por el otro lado, pues est el canal.

Empezaron a discutir y, mientras tanto, uno de los animales empez a comer espigas
de trigo.

-Mira tu asno comiendo mi trigo. En vista de ello me quedar con uno de ellos para
compensar el dao que me causas.

-Voy a verme robado en las posesiones del senescal Maruitensa, que tan severo es
con los ladrones? Si actas de esta forma no tendr ms remedio que ir a quejarme a l y
no lo consentir.

-Ni siquiera te oir! -contest el otro burln-. Pobre como eres, quin se va a
preocupar de ti? Es como si yo mismo fuera el senescal.

Y empez a apalear cruelmente al sekhti y le quit todos los asnos, que llev a sus
campos. Le orden luego callar y amenaz con enviarle al Demonio del Silencio si
continuaba quejndose.

El sekhti no perdi los nimos y, como despus de rogar un da entero, no le hiciera


caso se alej, pero al da siguiente se fue a Hehensut a exponer sus quejas al senescal
Maruitensa.

Le encontr en el momento en que justamente iba a embarcar en el bote que haba de


llevarle a la sala en que juzgaba los casos de su jurisdiccin. El sekhti se inclin hasta
tocar el suelo y dijo que iba a exponer sus quejas, pidiendo que le escucharan su historia.

El senescal accedi y le confi a uno de su squito, al que dio detallada cuenta de


todo cuanto le haba sucedido con Tehuti-nekht. Despus fue expuesto el caso al senescal,
que lo someti a la jurisdiccin de los nobles que le acompaaban en la sala de justicia.

Deliberaron los jueces y al fin aconsejaron lo siguiente: Ordenamos al sekhti que


traiga un testigo, y, en caso de que pruebe lo que acaba de decir, tal vez sea necesario
apalear a Tehuti-nekht y obligarle a pagar una suma pequea por la sal y las bestias que ha
robado.

Ocupaba el trono de Egipto a la sazn el faran Neb-ka-n-ra y el senescal pens no


decidir l solo el caso, por temor de las complicaciones que pudiese acarrear, y someterlo
al soberano. Se present ante l y le dijo:

-Seor, vengo a decirte que un sekhti ha apelado a mi justicia, porque le han robado
cuanto posea. Ha demostrado ser el ms elocuente de todos los mortales. Qu ordenas,
seor, que haga?

-No contestes absolutamente nada -orden el rey-, pero manda que alguien escriba
todas sus palabras y trae luego el papiro, para que yo pueda verlo. Procuro, adems, que
reciba todo lo necesario para vivir con su familia, pero sin que nunca sepa quin les
favorece.

El senescal obedeci al faran y dio cuantas rdenes fueron necesarias para que
llevaran a diario al campesino pan, carne y cerveza, y que entregasen a la esposa aquello
que necesitasen de ropas sus hijos.

Todas las maanas, al abrir la puerta de su miserable cabaa encontraban ante ella los
vveres suficientes para poder alimentarse. Ante estos hechos el sekhti intent vigilar
durante varias noches, para saber quines eran los misteriosos bienhechores, pero no lo
consigui. Por fin renunci a aclararlo, resignado a aceptarlo sin averiguaciones.

Pero su mujer no lo entendi as; estaba agradecida, pero no quera renunciar a lo que
haba sido suyo y excit a su marido para que fuese por segunda vez a reclamar justicia.

El sekhti se dirigi otra vez al sensual; tras saludarle respetuosamente, reiter su


queja ante los nobles que le acompaaban, de manera muy persuasiva y elocuente. El
senescal le hubiera dado gustoso la razn, pero, obedeciendo cuanto le haba dicho el
faran, no contest una sola palabra y el campesino volvi a su casa sin haber obtenido
justicia.

El fracaso le desanim bastante y regres a su hogar. Tras contarle a la familia cuanto


haba sucedido, su esposa, que no perda la esperanza de recuperar los asnos con la carga,
le convenci de que se presentara otra vez ante el senescal y as lo hizo el hombre al cabo
de unos pocos das.
Una vez en el Palacio de Justicia, salud respetuosamente a los presentes y empez a
hablar, pronunciando ante los jueces una larga, elocuente y respetuosa arenga, pero el
senescal, implacable con las rdenes del faran, orden que le apaleasen, para ver si as le
haca desistir de su empeo.

Para nada sirvi, pues el campesino volvi por cuarta, quinta y sexta vez, tratando de
ser atendido a fuerza de elocuencia.

El senescal no le haca ningn caso, ni le contestaba. Cuando a veces el sekhti se


desanimaba, su mujer le infunda valor nuevamente para que no abandonara su derecho y,
por esta razn, sigui presentndose en la sala de justicia cuantas veces fue necesario.

Cuando lleg la novena vez el senescal envi a dos personas de su squito en busca
del sekhti; el pobre hombre temi, con razn, ser apaleado de nuevo a causa de su
insistencia en molestar a tan altos personajes.

Al notar ellos el temor que produca su presencia le tranquilizaron diciendo:

-Nada tienes que temer, oh sekhti! El senescal est complacido de la elocuencia de


que has dado muestra y se dispone a hacerte justicia. Ven con nosotros sin miedo alguno.

Esta dcima vez fue bien acogido el campesino en la sala de justicia. El senescal le
sonri amablemente y orden a uno de sus escribas que anotase en un papiro cuanto peda
el sekhti, para enviarlo al faran, como le haba ordenado.

Neb-a-n-ra ley atentamente los discursos del sekhti, pero no tom decisin alguna,
sino que confi al senescal el cuidado de fallar el asunto, segn conviniese en buena
justicia.

Con esta autorizacin el senescal Maruitensa quit de su empleo a Tehuti-nekht y le


confisc sus propiedades, que fueron entregadas al sekhti.

Pero no terminaron aqu sus aventuras, pues fue llamado por el faran, quien le invit
a vivir en palacio con toda su familia. Y el sekhti dio tanta prueba de fidelidad y honradez
que fue nombrado, en seguida, inspector general del faran, quien le tena mucho afecto.
LOS NUEVE DIOSES

SHU y Tefenet fueron los primeros de los hijos de Ra-Atum. Ellos se quisieron con un
amor tan grande y profundo que, al cabo de poco tiempo, Tefenet dio a luz unos gemelos.
El primero en nacer fue Geb, el dios de la tierra, y el segundo, Nut, diosa del cielo.

Geb amaba a su hermana apasionadamente, la bella Nut, y durante muchsimo tiempo


permanecieron fuertemente abrazados. Como consecuencia de tal efusin el cielo se
mantena estrecho contra la tierra y entre ellos no quedaba espacio para que pudiera
alguien vivir o crecer.

Al final, Ra-amun cogi enormes celos del gran amor de Nut por Geb y con gran ira
tom la decisin de que nunca ms pudieran estar juntos. Para ello orden al padre de
ambos, Shu, que hiciera algo para separarlos definitivamente. As se lo hizo saber y el
poderoso dios pis a Geb para que no pudiera elevarse. Luego levant a Nut con las
manos y la mantuvo, de esta forma, muy por encima de su hermano, de manera que les
mantena separados. A pesar de que Nut esperaba un hijo, Ra-Amun la maldijo, como
castigo por su actitud anterior, para que fuera incapaz dar a luz ninguno de los das del
ao.

Al verse separados de una forma tan violenta, Geb luchaba sin descanso y con gran
valenta bajo los pies de su padre, mientras que Nut intentaba abalanzarse hacia abajo para
acercarse a l, pero no haba forma de que se pudieran alcanzar y con ello su tristeza y
desesperacin fue en aumento.

Mientras tanto, el Creador haba ido dando vida a muchos otros seres, entre ellos a
Thot, el ms sabio de los dioses. Un da, Thot levant los ojos y vio el bonito cuerpo de
Nut encima del mundo, mientras se debata por regresar hasta su amado, y la am de una
forma tan pura y profunda que se compadeci de ella.

Decidi prestar su ayuda a la infeliz diosa para que al menos pudiera dar a luz a sus
hijos, e inmediatamente invent el juego de las damas. Entonces, decidi desafiar a los
dems dioses a que jugaran contra l siempre y cuando utilizaran el tiempo a modo de
apuesta. Poco a poco, el sabio dios consigui ir ganando a sus contrincantes hasta obtener
de ellos cinco das.

El Creador haba fijado la duracin del ao en trescientos sesenta y cinco das, pero
Thot le aadi el tiempo que haba ganado y lo alarg en cinco das ms. Este periodo no
estaba sometido al curso de Ra-Atum, y de esta forma Nut pudo finalmente dar a luz a sus
hijos.

El primer da dio a luz a un nio ya coronado, que fue llamado Osiris. El segundo da
lleg Haroeris y el tercero, despus de grandes dolores, Seth. Los das cuarto y quinto
llegaron al mundo las dos hijas, Isis y Neftis.

Osiris e Isis se haban enamorado en el interior del vientre de su madre y no tardaron


demasiado en convertirse en marido y mujer.

Seth y Neftis tambin se casaron con el tiempo, pero nunca existi un verdadero
amor entre ambos.

Las dos hijas de Nut eran totalmente diferentes de carcter. Isis era valiente, bella y
astuta, la Seora de la Magia, ms sabia que millones de hombres, mientras que Neftis era
leal y dcil.

Los hermanos Osiris y Seth tenan, si cabe, todava ms diferencias. Osiris era
hermoso, gallardo noble y generoso, mientras que Seth tena la cabeza de bestia salvaje y
ello ya delataba su naturaleza, porque era ambicioso, maligno y cruel. Nunca pudo
perdonar a Osiris que fuese su hermano mayor y, por tanto, el destinado a ocupar el trono.

Ra-Atum, con sus hijos Shu y Tefenet, sus nietos Geb y Nut y sus biznietos Osiris e
Isis, Seth y Neftis, fueron adorados como los nueve grandes dioses bajo el nombre de la
Enada.

El Creador fue dando existencia a muchos otros dioses y diosas y llen el cielo de
encima y debajo de la Tierra de espritus, demonios y divinidades menores. Vivieron todos
ellos bajo el poder del primero de todos.
LA CREACION DEL HOMBRE

UNA vez creados todos los seres que deban hacer compaa a los dioses, se dio la vida al
hombre.

Hubo quien dijo que la humanidad haba brotado directamente de las lgrimas de
alegra que haba volcado Ra-Atum cuando recuper a Shu y Tefenet de las aguas del
caos.

Otros contaban que el primer hombre haba sido modelado por Khnum, el dios con
cabeza de cordero, en su torno de ceramista. Despus de haber dado la vida a sus nuevas
criaturas, el Creador les hizo una tierra para que vivieran en ella: se trataba del reino de
Egipto.

Ra-Atum protegi Egipto de posibles peligros con enormes barreras de desierto, pero
decidi crear tambin el ro Nilo para que sus aguas lo inundasen peridicamente y as sus
habitantes podran tener ricas y abundantes cosechas. Despus fue haciendo el resto de
pases y precisamente para ellos puso un Nilo en el cielo, lo que denominamos lluvia.

Ra hizo a su vez que existieran las estaciones y las divisiones temporales (meses) y
cubri la tierra de rboles, hierbas, flores y vegetales de todo tipo. Finalmente cre todas
las especies de insectos y peces, de pjaros y animales terrestres, y les infundi el aliento
de la vida.

Ra-Atum, contento y satisfecho con cuanto vea a su alrededor, es decir, su propia


creacin, se paseaba cada da sin descanso por su reino o bien navegaba por el cielo con la
Barca de Millones de Aos.

Cada vez que vean el Sol, las criaturas vivientes de las tierras de Egipto se alegraban
y alababan a su poderoso Creador.

Finalmente, para poder frenar todas las fuerzas del caos y el mal, as como para poder
defender el orden, la justicia y el bien, Ra-Atum invent lo que se denomin realeza. l
fue el primero y ms grande rey de Egipto y gobern durante siglos y siglos con alegra y
paz.
EL NOMBRE SECRETO DE RA

RA, el nico Creador, se haca visible a todo el pueblo de Egipto bajo la forma del disco
solar, pero tambin era conocido bajo muchas otras.

Era capaz de aparecer como un hombre coronado, como un halcn o bien como un
hombre con cabeza de halcn y de la misma manera, como el escarabajo pelotero empuja
las bolas de excrementos, los egipcios representaban a Ra como un escarabajo que
empujaba el Sol a travs del cielo.

En unas cavernas profundas debajo de la tierra se escondan otros sesenta y cinco


formas de Ra; seres misteriosos de cuerpo momificado y con la cabeza de pjaro,
serpiente, plumas o flores.

Los nombres de Ra eran tan numerosos como sus formas: era el Radiante, el Oculto,
el Renovador de la Tierra, el Viento de las Almas, el Ensalzado, pero haba un nombre del
Dios Sol que, desde el principio de los tiempos, nunca jams haba sido pronunciado.

Llegar a conocer ese nombre secreto de Ra significaba mucho. Nada ms y nada


menos que tener el poder por encima de l y sobre todo el mundo que haba creado.

Isis se deleitaba por poseerlo. Haba soado que un da tendra un hijo maravilloso
con cabeza de halcn, que se llamara Horus. Ella deseaba el trono de Ra para darlo a su
propio hijo.

Isis era la Seora de la Magia, mucho ms sabia que millones de hombres, pero
conoca perfectamente que no exista absolutamente nada en toda la creacin con el poder
suficiente para poder daar a su Creador. La nica cosa posible era poner el propio poder
de Ra contra l mismo y finalmente, tras mucho pensarlo, Isis concebi un plan cruel y
astuto.

Todos los das, el dios Sol visitaba su reino, y lo haca acompaado de un nutrido
grupo de espritus y divinidades menores, pero Ra se iba haciendo cada vez ms viejo. La
vista y las piernas le empezaban a flaquear y tambin estaba empezando a perder un poco
la cabeza.

Una maana, Isis se mezcl con un grupo de divinidades menores y sigui la


comitiva del Rey de los Dioses. Observ con cuidado la cara de Ra, hasta que vio que la
saliva le goteaba como un terrn.

Tras asegurarse bien de que nadie la estaba observando, recogi con una pala el trozo
de tierra y se lo llev. Entonces, Isis mezcl la tierra con la saliva de Ra para hacer arcilla
y con ella model una serpiente de aspecto malfico. Durante todas las horas de oscuridad,
fue susurrando encantamientos a la serpiente de arcilla, que reposaba sin vida en sus
manos. Despus, la astuta diosa la llev hasta un cruce de camino que el dios siempre
tomaba. Escondi a la serpiente en medio de la alta hierba y regres rpidamente a
palacio.

A la maana siguiente Ra sali a pasear por su reino y, como de costumbre, fue


acompaado de su squito de espritus y divinidades menores que se arremolinaban detrs
de l.

Cuando se acercaba al cruce, los encantamientos de Isis empezaron a hacer efecto y


la serpiente se estremeci de vida. En el instante en que el dios Sol pas, le mordi en el
tobillo y acto seguido volvi a convertirse en un montn de tierra. Tras el mordisco, Ra
lanz un grito que pudo orse por toda la creacin.

-He sido herido por alguna cosa mortal -dijo Ra con un hilo de voz-. Me lo dice el
corazn, a pesar de que mis ojos son por completo incapaces de verlo. Sea lo que sea, no
lo he hecho yo, Seor de la Creacin. Estoy totalmente convencido de que ninguno de
vosotros me habra hecho una cosa tan terrible, pero sabed que nunca haba sufrido tanto!
Cmo puede haberme sucedido esto a m? Yo soy el Creador nico, el hijo del abismo
acuoso. Soy el dios de los mil nombres, pero mi nombre ms secreto fue pronunciado una
nica vez, antes del principio de los tiempos. Y fue precisamente escondido en el interior
de mi cuerpo para que nadie nunca lo pudiera saber ni me pudiera lanzar encantamientos.
Y, sin embargo, mientras paseaba por mi reino, alguna cosa me ha herido y ahora el
corazn me quema y las piernas no paran de temblar. Id a buscar a la Enada! Haced
venid a mis hijos! Entienden de magia y su sabidura penetra el cielo.

Los mensajeros marcharon a toda prisa a buscar a los dioses, y de los cuatro pilares
del mundo vino la Enada: Shu y Tefenet, Geb y Nut, Seth y Osiris, Isis y Neftis. Los
enviados recorrieron cielo y tierra y el abismo acuoso para reunir a todas las divinidades
creadas por Ra.

De los pantanos vinieron Heket, el de cabeza de rana; Wadjet, la diosa cobra, y el


temible dios Sobek, con su cabeza de cocodrilo. De los desiertos llegaron el feroz Selkis,
la diosa escorpin; Anubis, el chacal, guardin de los muertos, y tambin Nekhbet, la
diosa del buitre.
De las ciudades situadas en el Norte vinieron la guerrera Neith; la bondadosa Bastet,
con cabeza de gato; la feroz Sekhmet, con cabeza de lon, y Path, el dios de los oficios.

De las ciudades del Sur llegaron Onuris, el cazador de vino, y el dios Khnum, el de
cabeza de cordero. Todos haban sido llamados al lado de Ra.

Dioses y diosas se reunieron alrededor del dios Sol, llorando y gimiendo, de miedo a
que pudiera llegar a morir. Isis estaba de pie en medio de todos, dndose golpes en el
pecho y haciendo ver que estaba tan angustiada y perpleja como todas las dems
divinidades.

-Padre de todos -dijo poniendo gran dolor en el tono de voz-, qu te ha sucedido?


Acaso te ha mordido una serpiente? Alguna criatura miserable ha osado atacar a su
Creador? Pocos dioses se pueden comparar a m por su sabidura y adems soy la Seora
de la Magia. Si me dejas ayudarte estoy ms que convencida que podr sanar todos tus
males.

Ra agradeci profundamente estas palabras de Isis y les cont detalladamente lo que


le haba sucedido.

-Ahora estoy ms fro que el agua y ms caliente que el fuego- se lament el dios
Sol-. Los ojos se me oscurecen. No puedo ver el cielo y tengo el cuerpo lleno de sudor por
la fiebre.

-Ahora deberas decirme tu nombre completo -dijo la astuta Isis-. As lo podr


utilizar para mis encantamientos. Sin esto, ni el ms grande de los magos te podr ayudar.

-Soy el creador del cielo y la tierra -dijo Ra-. He hecho las alturas y las
profundidades, he fijado horizontes al Este y al Oeste. Al alba, me elevo a Khepri, el
escarabajo, y navego por el cielo en la Barca de Millones de Aos. Al medioda luzco en
los cielos como Ra, y al anochecer, soy Ra-Atum, en el sol poniente.

-Todo esto ya lo sabemos -dijo Isis-. Si de verdad deseas que encuentre un


encantamiento para sacarte el veneno, tendr que hacer uso de tu nombre ms secreto.
Menciona por una vez tu nombre y vive.

-El nombre secreto me fue dado para que pudiera vivir de forma tranquila -gimi Ra-
y para que no tuviera que temer a ninguna criatura viviente. Cmo quieres que lo devele?

Isis no dijo nada y se arrodill al lado del dios, cuyo sufrimiento iba en aumento.
Cuando se le hizo insoportable, Ra orden a los dems dioses que se apartasen y despus,
le dijo su nombre secreto a Isis.

-Ahora el poder del nombre secreto ha pasado de mi corazn al tuyo -dijo Ra


cansadamente-. Con el tiempo lo podrs revelar a tu hijo, pero advirtele que nunca
traicione el secreto!.

Isis dijo que s con la cabeza y se puso a recitar un poderoso encantamiento que
consigui expulsar todo el veneno del cuerpo de Ra; pasado poco tiempo el dios Sol se
levant ms fuerte que antes y regres a la Barca de Millones de Aos para proceder a sus
diarios paseos durante los cuales contempl todo cuanto haba salido de su mano.

Isis, habiendo conseguido aquello que ms ambicionaba en el mundo, grit de alegra


debido a que su plan haba sido todo un xito. Ahora tena el convencimiento de que un
da su hijo Horus se sentara en el trono de Egipto y ostentara el poder de Ra.
EL OJO DEL SOL

HATHOR, hija de Ra, tena muchas formas. Poda ser una vaca o un gato y se apareca a
los recin nacidos bajo la forma de siete maravillosas damas para predecirles el futuro.

Hathor, bajo su apariencia humana, era la ms encantadora y alegre de las diosas,


pero cuando asuma el papel del Ojo del Sol tambin poda llegar a ser la ms cruel y
feroz. Era la protectora de los dioses, pero, cuando se enfadaba, hasta los dioses le tenan
miedo. Las inscripciones de los templos y una leyenda escrita en Egipto hacia el siglo I
despus de Cristo hablan de una poca siniestra, cuando Hathor abandon su pas y
decidi vivir en Nubia.

El Ojo del Sol tena celos de los dems dioses y diosas creados por Ra. Por este
motivo mantuvo una fuerte ria con su padre y como consecuencia decidi marcharse al
Sur para vagar por los desiertos remotos de Nubia. La airada diosa abandon su forma
humana y adopt la de un gato salvaje o la de una leona furiosa. Viva de la caza y mataba
a toda criatura que osara acercrsele.

Egipto estaba desolado, porque, sin la bella Hathor, las sonrisas y el amor se
volvieron mustios y la vida no daba ninguna alegra. El dios Sol ocult su rostro afligido y
la oscuridad cubri la tierra. Nadie le poda consolar de la prdida de su adorada hija, y lo
peor de todo era que, sin el poder de su ojo, Ra estaba a merced de sus enemigos. Las
tinieblas estrechaban sus anillas alrededor de la luz y el caos amenazaba el orden.

-Quin me devolver a Hathor? -preguntaba Ra-, pero los dioses permanecan en


silencio. El Ojo del Sol tena el poder de la vida y la muerte sobre todos los seres, y los
dioses tenan miedo de acercrsele.

Entonces Ra llam a Thot, el ms sabio de los dioses, y le orden que fuera a Nubia y
que convenciese a Hathor para que regresase a Egipto.

Thot obedeci al Rey de los Dioses con el corazn encogido. Estaba convencido que,
si Hathor le reconoca, lo matara antes de dejarle hablar. Con este pensamiento, se
transform en un humilde mandril. Despus se arrastr poco a poco por el desierto de
Nubia, siguiendo el rastro sanguinolento de la diosa.

Cuando la hubo encontrado, Hathor tena la forma de gato salvaje y estaba sentada en
una roca lamindose el pelaje. Thot se le acerc a cuatro patas y dando golpes de cabeza
en el suelo.

-Salud, hija del Sol! -dijo humildemente.

Hathor se encogi y resopl, pero al ver que solo se trataba de un mandril, se par y
no se le lanz encima.

-Graciosa deidad -dijo Thot con voz temblorosa-. Puede una mona humilde osar
hablar contigo?

-Hablar y muere -gru el gato salvaje a la vez que enseaba las garras. El mandril se
encogi y bes el suelo murmurando:

-Oh, poderosa, si decides matarme, no puedo yo impedirlo, pero recuerda la historia


de la madre buitre y la madre gata.

-Qu historia? -pregunt Hathor.

-Escchame, mi seora -dijo Thot con astucia-, y te la contar.

El gato salvaje se sent y de nuevo empez a limpiarse. Pareca que no haca caso del
mandril, pero Thot saba que si intentaba huir sentira sus garras de inmediato. As pues,
empez la historia:

Haba una vez un buitre hembra que hizo un nido en una palmera e incub sus
huevos hasta que de ellos nacieron cuatro preciosos pollitos. En el mismo instante en que
salieron de las cscaras, los pollinos pidieron comida, pero la madre tena miedo de
abandonar el ro a causa del gato salvaje que viva cerca de all. La gata tambin haba
tenido cuatro gatitos y a su vez estaba atemorizada de dejarlos por culpa del buitre.

Los pollitos y los gatitos gritaban con tanta desesperacin a causa del hambre que
pronto se reunieron las madres y concertaron una tregua. El buitre y la gata salvaje juraron
solemnemente por Ra que ninguna atacara a las cras de la otra. Entonces la madre buitre
se sinti suficientemente segura para ir volando en busca de carroa y la madre gata se
atrevi a ir de caza.

Durante unas semanas todo iba bien y los pollitos y gatitos se hacan mayores. Los
pequeos buitres pronto empezaron a jugar por toda la montaa. Un da, mientras la madre
buitre daba vueltas sobre el desierto, el ms atrevido de sus pollitos sali volando del nido.
Sus alas no estaban todava bien fuertes y, tras un corto vuelo, se pos en la cima de la
montaa donde jugaban los gatitos y comi un poco de su alimento.

Sin pensrselo dos veces, la madre gata atac al pequeo buitre y lo hiri.

-Ve a buscarte la comida -se quej el gato salvaje.

El pequeo buitre intent batir las alas, pero vio que no poda volar.

-No podr regresar al nido -dijo-, pero has roto el juramento y Ra me vengar.

Cuando la madre buitre regres al nido con el pico lleno de carroa, vio que uno de
sus pollitos haba desaparecido y le vio muerto en la otra montaa.

As que el gato ha roto su juramento, pens el buitre. No tardar en vengarme.

Cuando el gato salvaje volvi a salir de caza, el buitre se lanz en picada sobre los
gatitos. Los mat y se los llev a su propio nido, para que sirviesen de alimento a sus
pollitos.

Cuando la madre gata volvi con su presa fue incapaz de encontrar sus gatitos. Los
busc por toda la montaa, mientras, iba lanzando desgarradores maullidos. Lo nico que
pudo hallar fueron unos cuantos mechones de pelo sanguinolento y comprendi
rpidamente que el buitre haba matado a sus gatitos. Entonces pidi venganza a Ra.

-Oh gran dios, que juzgas a los justos y malvados, el buitre ha roto el juramento
sagrado y ha matado a mis hijos! Escchame, Ra, y castiga a la perjura!

El dios Sol escuch su ruego y se enoj porque se hubiera roto un juramento hecho
en su ombre. Como el buitre se haba tomado la venganza por su cuenta y haba matado a
los gatitos, Ra orden a un mensajero para que dispusiera el castigo adecuado.

A la maana siguiente cuando el buitre volaba por encima del desierto buscando
comida, vio a un cazador solitario que estaba cocinando una pierna en una hoguera. El
buitre se lanz en picado, le arranc la pata con sus garras y se la llev triunfante al nido.
La dej caer sobre los pollitos hambrientos, pero sucedi que todava llevaba unas cuantas
brasas encendidas pegadas debajo. Tan pronto como las brasas tocaron las ramitas y la
hierba seca, el nido se encendi. Los tres pollitos murieron quemados sin que la madre,
que daba vueltas por encima pudiera hacer nada para evitarlo. El gato salvaje corri hasta
donde estaba y le chill al buitre:

-Por Ra, que t mataste a mis gatitos, pero ahora tus cras han muerto. Ya estoy
vengada!

Es decir, seora ma -concluy Thot-, que las dos madres haban roto el juramento y
ambas fueron castigadas por ello. Ra, quien todo lo oye y todo lo ve, castiga todos los
crmenes. Glorifica a Ra, que da la vida a todas las cosas y el rostro resplandeciente del
cual lleva alegra a toda la tierra.

La diosa se qued sentada pensando sobre la historia y recordando a su padre justo y


poderoso. Thot vio su oportunidad y se le acerc ms:

-Seora, te traigo comida divina del palacio del dios Sol. Hierbas prodigiosas que dan
salud y alegra a cualquiera que las prueba.

Le alarg un ramo de hierbas con la pata, y su dulce fragancia tent finalmente al


gato salvaje a roerlas. Cuado se hubo tragado el alimento divino, el humor de Hathor haba
cambiado. Toda su clera haba desaparecido y escuch con docilidad a Thot.

-Estas hierbas se han hecho en Egipto -dijo Thot-, la tierra que surgi de las aguas del
Nun, el lugar que el Creador form para los dioses y para los hombres, la casa de Ra, tu
padre amado, y de Shu, tu querido hermano.

Mientras haba rondado por el desierto, Hathor haba olvidado su tierra y a su familia,
pero las palabras de Thot se lo devolvieron todo a su memoria. Pens en su padre y en su
hermano y record todos los templos donde los hombres la haban adorado como a la ms
grande de las diosas. De pronto, Hathor se sinti inundada de aoranza por Egipto y sus
lgrimas cayeron abundantes.

Thot la vio llorar un rato y despus le dijo con ternura:

-Oh seora, ahora te afliges por la tierra, pero piensa en el mar de lgrimas que han
derramado por ti los que estn en Egipto. Sin ti, los templos estn vacos y silenciosos. Sin
ti, no hay msica ni baile, no hay risas ni alegra. Sin ti, jvenes y viejos se desesperan.
Pero si decides regresar, las arpas y los tambores, los lades y todos los instrumentos
volvern a sonar. Egipto bailar. Egipto cantar, las Dos Tierras se alegrarn como nunca
en la vida. Ven conmigo, regresa a casa y de camino hacia el Norte, te contar otra
historia. Haba una vez un halcn, un buitre y un coco. Un da se encontraron

Thot dio un paso hacia delante, confiando que Hathor le seguira, pero de pronto la
diosa se dio cuenta que durante todo ese rato, el mandril haba intentado animarla a
regresar a Egipto.

Le dio rabia que la hubiese hecho llorar y, con un terrible grito, se convirti en una
enorme leona. Su piel tena el color de la sangre y ruga y humeaba como una llama viva.
Su rostro brillaba ms que el disco solar y su apariencia feroz hizo estremecerse a Thot. Se
puso a saltar como una langosta y a temblar como una rana. La salud como si fuera el
mismo Sol:

-Oh, poderosa, ten piedad! En nombre de Ra te pido que me perdones la vida!


Graciosa divinidad, antes de atacar, escucha la historia de los dos buitres!

La clera de Hathor se fue calmando un poco y como senta curiosidad por saber la
historia, se volvi a convertir en un gato salvaje. Thot, entonces, se apresur a empezar la
narracin:

Hubo una vez dos buitres que vivan entre los montes del desierto. Un da el primero
de los buitres se jactaba:

-Mis ojos son ms vivos que los tuyos y mi vista es ms afilada. Ninguna otra
criatura con alas tiene un don como el mo.

-Y cul es este don? -pregunt el segundo buitre.

-De da o de noche puedo ver los lmites de la Tierra -contest el primero-. Encima
de todo el cielo o dentro del ocano, puedo ver lo que all pasa.

-Quiz si tus ojos sean ms vivos que los mos y que tu vista supere a la ma -
reconoci el otro buitre-, pero mis orejas son ms vivas que las tuyas y mi odo supera al
tuyo. Puedo or cualquier ruido que se produzca tanto en la tierra, como en el mar o en el
cielo.
Los dos pjaros pasaron muchos das discutiendo sobre quin posea el don ms
preciado, pero una maana, mientras estaban en la rama de un gran rbol muerto, el
segundo se puso a rer:

-De qu te res? -le pregunt el primero.

-Ro de cmo un cazador puede convertirse rpidamente en cazado -dijo el segundo


buitre. Y aadi-: Un pjaro en el otro lado del ro me est contando lo que acaba de ver.
T seras incapaz de orlo a esta distancia. Ha visto cmo una lagartija cazaba y se coma
una mosca. Un momento despus, una serpiente atrapaba y se tragaba a la lagartija y, acto
seguido, la serpiente era agarrada por un halcn hambriento. Resulta que pesaba
demasiado y el halcn y la serpiente han cado al mar. Si tienes tan buena vista como has
afirmado, dime qu les ha ocurrido a partir de aqu.

El primer buitre levant su cabeza calva y dirigi su mirada hacia las costas del mar
lejano.

-Un pez se ha tragado al halcn con la serpiente an cogida entre sus garras. Y ahora
un pez ms grande se ha comido al primero -el buitre permaneci en silencio un rato y
luego continu-: Y ahora el pez grande se ha acercado demasiado a la playa y un len lo
ha sacado del agua de un golpe de zarpa. Se lo est comiendo Ah!

El primero de los buitres se mostr muy revolucionado:

-Un animal fantstico mitad guila mitad len se ha lanzado sobre el len y se lo
lleva a su nido!

-Ests seguro? Puede ser cierto? -pregunt el segundo pjaro.

-Si no me crees, acompame a su nido -dijo el primer buitre- y podrs comprobarlo


por ti mismo.

Y los dos buitres emprendieron el vuelo y cruzaron los montes del desierto hasta
llegar cerca de la cueva de tan maravilloso animal.

Los dos pjaros contemplaron cmo esa bestia se coma las ltimas tiras de carne de
los huesos del len y acto seguido emprendieron el vuelo hacia un lugar que fuera ms
seguro.

-Todo cuanto hemos visto muestra el poder de Ra en accin en el mundo -empez el


primero de los buitres-. Ni la mente de una mosca se le escapa al dios Sol, y los que matan
mueren. La violencia se paga con violencia. Y lo sorprendente del caso es que nada le ha
pasado a este ltimo animal, a pesar de que se ha comido al len.

-Debe ser porque es el mensajero de Ra -respondi el segundo buitre-. El dios Sol le


ha dado el poder de la vida y la muerte sobre todas las criaturas. No hay nada ms fuerte
que l a excepcin de la justicia de Ra.

Es decir, seora, que es tu propio padre quien da bien por bien y mal por mal -
concluy Thot-. Y l te ha llenado de su poder. Eres el Ojo del Sol, su vengador.

El corazn de Hathor empez a batir de alegra y se volvi a sentir orgullosa de ser la


hija del dios Sol.

-Para ya de temblar, pues no pienso matarte -prometi el gato salvaje-. Tus palabras
me han embrujado, pero s que no me quieres ningn mal. Me has quitado la pena y la
clera que senta.

-Seora, si deseas seguirme -empez a decir tmidamente Thot-, te conducir hasta


Egipto. No son demasiados das de viaje a travs de estas colinas.

-Pongmonos, pues, en marcha en seguida -gru Hathor- y basta de charla.

El mandril empez el camino en direccin a Egipto, con el gato salvaje a unos pocos
pasos detrs de l. Por miedo a que se lo pensara de nuevo o que volviera a encenderse de
ira, Thot empez una nueva historia:

Haba dos chacales que vivan en el desierto y que eran los amigos ms fieles.
Cazaban juntos, coman y beban siempre juntos, y compartan la misma zona de sombra.
Un da que descansaban bajo las ramas de un rbol del desierto, vieron cmo un len
enfadado se acercaba hacia donde ellos estaban reposando. Los dos chacales se quedaron
bien quietos y dejaron que el len se viniera hacia ellos. Esto desconcert al animal y
rugi:
-Es que acaso vuestras piernas estn demasiado pesadas a causa de los aos? No
habis visto cmo me acercaba? Y siendo as, cmo es que no habis emprendido
rpidamente la huida?

-Seor len -contestaron los chacales-, s hemos visto cmo venas lleno de furia
hacia nuestra posicin, pero hemos tomado la decisin de no huir. Al fin y al cabo nos
hubieras atrapado igual y cremos que no tena ningn sentido que nos cansramos antes
de que nos comieras.

Como a los poderosos la verdad no les ofende, al len le hizo mucha gracia la
respuesta fra y tranquila y dej libres a los dos compaeros.

No te he contado ms que la verdad de cuanto sucedi -aadi Thot-, y, ahora que me


has perdonado la vida, podemos ir hacia Egipto juntos y yo prometo protegerte.

-Qu t me protegers? El Ojo del Sol no necesita la proteccin que pueda


proporcionarle un mandril.

-A veces el dbil puede salvar al fuerte -contest Thot-. Recuerda la historia del len
y el ratn.

Haba una vez un len que viva en los montes del desierto. Era tan grande y fiero
que todos los animales le tenan miedo. Pero un da se encontr por casualidad a una
pantera tendida en el suelo, ms muerta que viva. El animal tena la piel destrozada y el
cuerpo lleno de profundos cortes que sangraban. El len estaba muy sorprendido, pues
siempre haba pensado que l era el nico suficientemente fuerte como para vencer a una
pantera.

-Qu ha pasado? -pregunt-. Quin te ha hecho esto?

-El hombre -suspir la pantera-. No hay nadie tan astuto. Procura no caer nunca en
sus manos!

El len nunca haba odo hablar de la existencia de una bestia llamada Hombre, pero
le enojaba que una criatura pudiera causar unas heridas tan crueles nicamente para
divertirse. Entonces pens que ira a la caza del hombre y se dirigi en la direccin de
donde haba venido la pantera. Cuando ya llevaba una hora andando, el len se encontr
con una mula y un caballo unidos por un yugo, con trozos de metales que les hacan dao
a las tiernas bocas.

-Quin os ha hecho esto? -quiso saber el len.

-El Hombre, nuestro amo -respondi el caballo.

-As pues, el Hombre es ms fuerte que vosotros dos?

-Seor len -dijo a su vez la mula-, no hay nadie ms astuto que el Hombre, cudate
de no caer jams en sus manos!

El len se enfad de nuevo y estuvo ms decidido que nunca a encontrar y matar a


esta criatura tan cruel denominada Hombre. Continu su camino y pronto encontr un
buey y una vaca atados con una cuerda. Les haban serrado los cuernos y tenan la nariz
atravesada por anillas de metal. Cuando el len les pregunt quin les haba hecho eso,
recibi la misma respuesta:

-El Hombre, nuestro amo. No existe nadie ms astuto que l. Procura no caer en sus
manos!

El len reemprendi el camino y la prxima cosa que vio fue a un enorme oso
acercndose pesadamente hacia l. Cuando lo tuvo cerca, el len se dio cuenta que le
faltaban las garras y tambin los dientes.

-Quin ha osado hacerte esto? -le pregunt-. No es posible que el Hombre sea ms
fuerte que t.

-Es cierto -gimi el oso-, porque el Hombre es ms astuto. Yo captur al Hombre y le


obligu a que me sirviera, pero l me dijo: Amo, tienes las garras tan largas que seguro te
resulta difcil coger la comida y tienes los dientes tan largos que te costar meterte los
alimentos en la boca. Deja que te corte las uas y los dientes y te aseguro que podrs
comer el doble. Yo le cre y dej que lo hiciera, pero en lugar de lo que me haba
prometido me arranc las garras y me lim los dientes. Entonces ya no tuvo miedo de m.
Me tir arena en los ojos y se alej lanzando sonoras y enormes carcajadas.

Habiendo odo esto, el len se enfureci ms que nunca y continu su camino hasta
que se encontr con otro len cuya pata estaba atrapada en el tronco de una palmera.
-Qu te ha pasado? -pregunt el primer len-. Quin ha sido capaz de hacerte una
cosa as?

-El Hombre -gru el segundo len-. Ten mucho cuidado! Nunca te fes de l! El
Hombre es malo por naturaleza. Le convert en mi criado y le pregunt cul era el trabajo
que saba hacer, pues daba la sensacin de que era una criatura muy dbil. Me respondi
que saba hacer un amuleto que me dara vida inmortal. Sgueme, me dijo, y convertir
este rbol en amuleto. Haz exactamente lo que te dir y vivirs eternamente! Y vine con
l hasta esta palmera y l serr una grieta en el tronco y la abri con una palanca. Me dijo
que metiera la pata en ella y, cuando lo hube hecho, la rendija se cerr y la pata me qued
as atrapada. Luego el Hombre me tir arena en los ojos y se fue riendo. Y ya lo ves, ahora
tendr que quedarme aqu hasta que me muera de hambre.

Entonces el primer len lanz un reto con un gran rugido.

-Hombre! No te dejar de perseguir hasta que te haya hecho padecer todos los
males que has causado a todas estas criaturas!

Continu avanzando a grandes saltos hasta que vio a un ratn en el camino. Fue a
levantar un agudo chillido y dijo:

-Oh, seor len, no me aplastes, por favor! Conmigo no tienes ni para un solo
mordisco; apenas me encontrars sabor alguno. Perdname la vida y quiz un da te podr
devolver el favor. Si ahora me perdonas, te ayudar cuando te halles en un mal paso.

El len se ri:

-Qu puede hacer un minsculo e insignificante ratn para ayudar al ms fuerte de


los animales? Adems, nadie tiene el poder de hacerme dao.

-Seor len, a veces sucede que el dbil puede ayudar al fuerte -insisti el ratn y
pronunci un solemne juramento de amistad. El len lo encontr divertido y, como era
verdad que no vala la pena comerse a un ratn, lo dej escapar.

Pero sucedi que el Hombre haba odo los rugidos del len y le prepar unas
trampas. Excav un agujero, encima extendi una red de cuerdas resistentes y lo tap todo
con hierbas. Esa tarde, el len, mientras persegua al Hombre, se acerc al lugar y cay en
la trampa, quedando atrapado en la red. Durante varias horas estuvo intentando librarse de
ella, pero le result imposible. A media noche el len qued agotado y ya solo le quedaba
esperar al alba para que el Hombre viniera a matarle. De pronto oy un susurro en su
oreja:

-Seor len, te acuerdas de m? Soy el ratn a quien gentilmente perdonaste la vida.


Qu cosa en este mundo existe ms bonita que la de corresponder a una buena accin con
otra?

El ratn empez a roer las cuerdas. Trabaj hora tras hora para liberar al len y, justo
antes del amanecer, acab de romper la ltima. El len se puso de pie de un salto y se
sacudi la red de encima. Con el ratn agarrado a su crin, sali del agujero dando un gran
salto y huy lejos del Hombre, dirigindose a los montes del desierto.

El destino le haba enseado que incluso el ser ms dbil e insignificante puede


ayudar al ms fuerte.

Hathor comprendi la moraleja de la historia de Thot y sigui al mandril con un


nuevo respeto, pero pareca no tener prisa en regresar a Egipto. Al llegar al lmite del
desierto, se entretuvo bajo unas palmeras, sicomoros y algarrobos, para probar algunos de
sus frutos.

El mandril se encaram a los rboles con la esperanza de poder ver Egipto. Prob una
fruta y la encontr buena, pero record a la diosa que la fruta de los rboles de Egipto era
todava muy buena, de manera que continuaron el viaje.

En el momento de pasar la frontera, la gente de Egipto acudi en un gran nmero


para rendir honores a la diosa que regresaba. En El-Kab tom forma de buitre y, en el
siguiente pueblo, la de una gacela, pero, al acercarse a Tebas, volvi a su forma de gato
salvaje. Antes de entrar en la ciudad se pararon para descansar. Hathor se durmi y Thot
se mantuvo vigilante.

Los enemigos de Ra no estaban nada satisfechos de que el Ojo del Sol hubiera
regresado a Egipto. Protegida por la sombra de la noche, una serpiente del caos se arrastr
hasta la diosa dormida, con la intencin de envenenarla y quitarle a Ra su protectora.

Thot que se mantena en vigilia vio a la serpiente a punto de atacar y despert


rpidamente a Hathor. El gato salvaje salt sobre la serpiente y la parti en dos. Luego le
dio las gracias al mandril para haberla protegido y avisado y record la historia del ratn
que salv al len.

A la maana siguiente entraron en Tebas y toda la ciudad enloqueci de alegra.


Hathor estaba tan contenta que se transform en una bella y bondadosa mujer. Despus
dej que el mandril la condujese ms al norte.

Ra se reuni con su hija en la ciudad sagrada de Helipolis y, cuando se abrazaron, el


pas salt de alegra. Entonces Thot volvi a tomar su forma normal y Hathor por fin le
reconoci. Se sent al lado de ella en la fiesta y Ra le dio las gracias al astuto Thot por
haberle devuelto al Ojo de Sol.
LA CLERA DE RA

EN las paredes de las tumbas reales y en el sepulcro de oro de Tutankamon haba una
inscripcin: El libro de la Vaca Divina, un libro que contaba la historia de cmo la
clera del dios Sol por poco no destrua la humanidad

Ra era viejo, sus ojos eran como plata, su piel como oro bruido y sus cabellos como
el lapislzuli. Cuando los egipcios vieron cmo haba envejecido y al percatarse de lo
delicado de la salud de su rey, empezaron a murmurar contra l y las murmuraciones se
volvieron conspiraciones para apoderarse del trono de Ra. Los conspiradores se reunieron
en el lmite del desierto, donde se crean seguros, pero el dios Sol cuidaba de Egipto y
escuch sus intrigas.

Ra estaba tan triste que deseaba hundirse de nuevo en el abismo acuoso, pero tambin
estaba ms ofendido y colrico que nunca. Habl a los seguidores congregados alrededor
de su trono:

-Id a buscar a mi hija, el Ojo del Sol; haced venir al poderoso Shu y Tefenet; traed a
sus hijos Geb y Nut; haced venir tambin a los oscuros Ogdoad, a los ocho que estaban
conmigo en el abismo acuoso; encontradme tambin a Nun. Pero que vengan en secreto.
Si los traidores saben que he convocado un consejo de los dioses, adivinarn que han sido
descubiertos y procurarn, por todos los medios escapar del castigo.

Los seguidores de Ra se apresuraron a obedecerle. Llevaron el mensaje a los dioses y


diosas y stos, uno a uno, entraron en forma discreta en el palacio. Inclinados ante el trono
de Ra, quisieron conocer el porqu de tal convocatoria y reunin que era tan sumamente
secreta.

Entonces el Rey de los Dioses habl a Nun, seor del abismo acuoso, y a las otras
divinidades.

-Tanto los ms viejos de los seres vivientes, as como todos los que junto a m estis,
sabis perfectamente que de mis lgrimas surgieron los seres humanos. Les di la vida as
como el pas donde ahora habitan, pero ahora se han cansado de mi autoridad y piensan
conspirar contra m. Decidme, qu tendra que hacerles? -y tras una pausa continu-. De
hecho, no quisiera destruir a los hijos de mis propias lgrimas hasta que no haya
escuchado vuestro sabio consejo.
El acuoso Nem habl primero:

-Hijo mo, eres ms viejo que tu padre, ms grande que el dios que te cre. Qu
reines eternamente! Tanto los dioses como los hombres temen el poder del Ojo del Sol.
Envalo contra los rebeldes.

Ra dio una ojeada a Egipto y dijo:

-Los conspiradores ya han huido hacia el interior del desierto. Cmo les puedo
perseguir?

Y todos los dioses exclamaron a una:

-Enva al Ojo del Sol para matarlos! Toda la humanidad es culpable, deja que el Ojo
del Sol baje como Hathor y destruya a los hijos de tus lgrimas. Que no quede ni uno solo
con vida.

Hathor, el Ojo del Sol, la ms bella y terrible de las diosas, se inclin ante el trono y
Ra asinti con la cabeza. Hathor fue hacia el desierto rugiendo como una leona. Los
conspiradores se dispersaron, pero ni uno solo se le escap. Los agarr y mat y luego se
bebi su sangre.

Despus, la despiadada Hathor abandon el desierto y extendi el terror por pueblos


y ciudades, matando a todo el que encontraba: hombres, mujeres y nios. Ra sinti los
ruegos y los gritos de los moribundos y empez a sentir lstima de los hijos de sus propias
lgrimas, pero no dijo nada.

Al anochecer, Hathor regres triunfante a la presencia de su padre.

-Bienvenida seas en paz -dijo Ra.

Intent aplacar la furia de su hija, pero Hathor haba probado la sangre humana y la
haba encontrado dulce. Estaba nerviosa por que llegara la maana siguiente para poder
regresar a Egipto y completar la matanza de la humanidad en venganza por su alta
traicin.

El dios Sol buscaba la manera de salvar al resto de la humanidad de la furia de su hija


sin tener que faltar a su palabra real. Pronto dio con un buen plan. Ra orden a sus
seguidores que corriesen, ms deprisa que las sombras, a la ciudad de Abu y que trajeran
todo el ocre que all pudiesen encontrar. Cuando hubieron regresado con cestas llenas de
tierra roja, les volvi a enviar, esta vez a buscar al sumo sacerdote de Ra en Helipolis y a
todas las esclavas que trabajaban en el templo.

Ra orden al sumo sacerdote que triturara el ocre para hacer un tinte rojo y puso a las
esclavas a hacer cerveza. El sumo sacerdote estuvo golpeando hasta que los brazos le
dolieron y las esclavas trabajaron toda la noche para hacer siete mil jarras de cerveza.
Antes del alba ya haba mezclado la cerveza con la pintura roja, que as pareca sangre
fresca. El Rey de los Dioses sonri:

-Con esta pocin para dormir puedo salvar de mi hija a la humanidad -dijo.

Entonces Ra hizo llevar las jarras al lugar donde Hathor haba de empezar la matanza
y orden que volcasen la cerveza por los campos.

Tan pronto como hubo empezado el nuevo da, Hathor baj a Egipto para oler el
rastro de los pocos que an quedaban vivos y as poderlos matar. La primera cosa que vio
fue un gran charco de sangre. La diosa se agach para chupar un poco de sangre y le gust
tanto que se lo bebi todo.

La cerveza era fuerte y la diosa pronto se puso muy alegre. La cabeza le daba vueltas
y ya no recordaba cul haba sido el motivo de su visita a Egipto. Con un
ensimismamiento agradable, Hathor regres al palacio de Ra y cay a los pies de su padre,
donde permaneci dormida un buen nmero de das.

-Bienvenida bella Hathor -dijo Ra con tono suave-. La humanidad recordar el da


que se escaparon de tu furia bebiendo cerveza fuerte durante todas tus fiestas.

Los hombres y mujeres supervivientes ciertamente lo recordaron y por siempre


Hathor fue conocida como la Seora de la Embriaguez. Durante las fiestas que a ella se
dedicaban, los egipcios se podan emborrachar tanto como quisieran y nadie les
reprochaba nada.

Pero Ra todava estaba enojado y triste por la rebelda de los hombres. Ya nada poda
ser igual a la edad de oro de antes de la traicin. Cuando por fin Hathor se despert, se
sinti como nunca antes se haba sentido, y Ra le pregunt:
-Te duele la cabeza? Te queman las mejillas? Te sientes bien?

Mientras hablaba, la enfermedad entr por primera vez en Egipto.

Ra convoc un segundo consejo y dijo:

-Mi corazn est demasiado triste y cansado para continuar como rey de Egipto. Soy
viejo y dbil, dejadme hundirme otra vez en el abismo acuoso hasta que me llegue el
momento de renacer.

Nun se apresur a decir:

-Shu, protege a tu padre. Nut, llvale a cuestas.

-Cmo puedo llevar al poderoso Rey de los Dioses? -pregunt la bella Nut, y Nun le
dijo que se transformara en vaca de ijadas doradas y largos cuernos curvos. Ra mont la
Vaca Divina y se fue de Egipto.
EL ASESINATO DE OSIRIS

CUANDO el dios Sol decidi marchar de Egipto, la gente que se haba salvado de la furia
de Hathor senta rabia y miedo.

Cuando la tierra se oscureci todos echaban la culpa al vecino. Los hombres


fabricaron las primeras armas y atacaron a todo aquel que pudiera ser un enemigo del dios
Sol. Ra mir hacia atrs y comprendi que, de ahora en adelante, el hombre siempre
matara al hombre en Egipto. Habl con tristeza a la Vaca Divina:

-Llvame adonde me sea posible ver a la humanidad, pero que sea lejos de su
alcance.

Entonces el cuerpo de la Vaca Divina se convirti en el cielo, sostenido como un gran


arco sobre la tierra, y Ra hizo las estrellas y las derram por el vientre de Nut. A
continuacin, el Rey de los Dioses cre el Campo de la Paz y el Campo de las Caas,
residencias de los bienaventurados difuntos. Nut empez entonces a temblar, pues se
hallaba muy arriba. Y Ra cre a los dioses Heh, los Dos Crepsculos, para que la
sostuvieran y mand al areo Shu que permaneciera entre el cielo y la tierra.

Despus, Ra llam a Thot y le dijo:

-Mira, desde estas alturas deseo brillar e iluminar el cielo de arriba y al cielo de
abajo. T me representars en la tierra y sers el responsable de registrar las acciones de
los hombres.

Entonces cre la forma de ibis para Thot y lo hizo encargado del registro.

Cuando Ra iluminaba el cielo de abajo, la tierra estaba a oscuras y los hombres tenan
miedo y lloraban la prdida del dios Sol. Ra les oy y tambin transform a Thot n el Gran
Mandril Blanco. Thot brill con una luz plateada y la humanidad ya no tuvo nunca ms
miedo de una puesta de sol, porque Ra les haba regalado a la Luna. Y as, Thot con la
cabeza de ibis fue el sabio Escribiente de los Dioses, y Thot como mandril brill en el
cielo de la noche. De esta forma fue como Ra se compadeci de los hijos de sus lgrimas.

Finalmente, Ra orden a Nun y Geb que protegieran la tierra de las serpientes del
caos e hizo a Osiris rey de Egipto y a Isis reina.
Osiris demostr ser un soberano sabio y bondadoso, ense al pueblo de Egipto la
forma de labrar la tierra, les dio leyes y les ense tambin a adorar a los dioses. Incluso
emprendi un viaje por los dems pases de la Tierra para favorecerles con los mismos
dones.

Seth estaba celoso de l y le hubiera gustado apoderarse de Egipto mientras su


hermano estaba fuera, pero Isis se haba quedado para gobernar el reino. Ella nunca se
haba fiado de Seth.

Cuando Osiris hubo regresado sano y salvo de Egipto, hubo una gran alegra e
incluso Seth simul estar contento. Ya haba empezado a conspirar contra su hermano y
haba encontrado un grupo de hombres ambiciosos y descontentos que deseaban ayudarle.
Seth esper pacientemente a que llegara su oportunidad y finalmente, una noche fue
invitado a un banquete en casa de su hermano, en el cual Isis no iba a estar.

En el mismo instante de llegar, el hermano del rey se puso a hablar de una caja
maravillosa que le haban acabado de hacer. Cuando todos ya haban bebido mucho vino,
Seth mand a buscar la caja y todos los invitados admiraron la exquisita madera y los
ricos dorados. Con una sonrisa en los labios, Seth prometi que dara la caja a aquel que
encajara en ella perfectamente.

Seth saba que solo haba un hombre a quien la caja ajustara perfectamente, porque
haba sobornado a uno de los criados para saber las medidas exactas del rey. Despus de
que todos los invitados hubieron fracasado, los conspiradores rodearon a Osiris e
insistieron para que la probara.

Confiadamente, Osiris se meti en la caja. Se tendi en su interior y todos vieron que


entraba en ella perfectamente, con la cabeza y los talones que tocaban justo los extremos
de la caja. Los ms inocentes rieron al pensar que Seth haba perdido la apuesta en favor
de su hermano. Osiris mismo tambin sonri a Seth y empez a hablar, pero su hermano,
en ese justo instante, hizo una seal a los conspiradores y de repente, la tapa de la caja se
cerr y los cerrojos se deslizaron. Mientras los conspiradores retenan a los invitados, Seth
sell la caja con plomo fundido y de esta forma Osiris muri.

La caja, convertida en atad, fue llevada de noche cerca de uno de los numerosos
brazos del Nilo, desde donde los conspiradores la lanzaron al agua, esperando que la
corriente la arrastrara hasta el mar y all se perdiera para siempre. Despus, Seth anunci
la muerte de su hermano y se coron como nuevo rey.
Cuando Isis oy la terrible noticia, se volvi como loca de pena. Se cort un mechn
de cabellos y se visti con ropa oscura. Despus sali a buscar el cuerpo de su marido.

Corran rumores extravagantes por todas partes, pero durante mucho tiempo nada
pudo descubrir. Fue a pie de un pueblo a otro, interrogando a todos los que encontraba y,
finalmente, habl con unos nios que haban visto cmo tiraban la caja al Nilo y se alejaba
ro abajo.

La diosa sigui aquel brazo del Nilo hasta el mar. De cuando en cuando daba con
alguien que le deca que haca unos das le haba parecido ver una caja dorada que iba
hacia el Norte, e Isis sali de Egipto y cruz pases desconocidos siguiendo la costa, hasta
que lleg al reino de Biblos. Las gentes de la zona no pudieron decirle mucho, aparte de
que un rbol milagroso haba crecido de repente en la playa.

La caja de Osiris haba sido arrastrada hasta tierra por el agua y haba quedado
pegada entre las races de un arbolito. Fortalecido por el dios asesinado, ese vegetal se
transform en una sola noche en un rbol grande.

Cuando el rey de Biblos se enter de aquel prodigio, envi a los carpienteros a cortar
el rbol y les orden que lo llevaran a palacio para utilizarlo como pilar. Los carpinteros
obedecieron. Pero nadie sospechaba que en el interior del rbol estaba escondido el fretro
de un dios.

Cuando Isis tuvo conocimiento de este hecho, gracias a unos hombres que estaban
deseosos de entablar conversacin con una forastera, se dirigi rpidamente al centro de la
ciudad de Biblos y se sent al lado de una fuente que estaba muy cercana al palacio real.

Cuando unas criadas de la reina de Biblos fueron a la fuente a buscar agua, vieron a
Isis y le preguntaron quin era. La diosa les dijo simplemente que era egipcia y una gran
peluquera. All mismo les trenz con ingenio los cabellos a las muchachas y les lanz su
aliento en la piel para que se impregnaran de fragancia divina.

Cuando regresaron a palacio, todos se admiraron de los fantsticos peinados y del


maravilloso perfume. Las criadas hablaron a su seora, la reina Atenais, de la mujer
egipcia de la fuente, y la soberana mand que la fueran a buscar para traerla a su
presencia.

La diosa le trenz sus hermosos cabellos y la reina qued tan encantada que le pidi a
Isis que se quedara en palacio. La reina Atenais no tard en tomarle un gran afecto y
confianza a la forastera egipcia e Isis se convirti en la nodriza del ms pequeo de los dos
prncipes de biblos.

Cada noche, cuando todo el palacio se pona a dormir, Isis se deslizaba a la


habitacin donde estaba el pilar con el atad de su marido y lloraba. Durante el da
cuidaba al prncipe infante.

Isis le tom afecto al pequeo y decidi hacerlo inmortal. Una noche se lo llev a la
habitacin del pilar y all encendi un fuego. Pronunci encantamientos y coloc al nio
medio dormido en medio de las llamas. El fuego empez a quemar al pequeo prncipe,
pero Isis no lo vigilaba. Se convirti en una golondrina y vol y vol alrededor del pilar,
lamentndose del asesinato de su marido con la voz aguda y triste del pjaro.

La reina Atenais, que dorma en la habitacin de al lado, se despert por el ruido de


las llamas y se levant para investigar de dnde vena. Abri la puerta de la sala del pilar y
chill horrorizada al ver que su propio hijo se estaba quemando. La golondrina se
convirti en el acto en mujer y las llamas mgicas se extinguieron.

Isis cont a la horrorizada reina quin era y le advirti que su hijo el pequeo
prncipe nunca jams podra ser inmortal.

Atenais llor su error y le pregunt a la diosa cmo la podra servir. Isis le pidi el
pilar y lo sac del techo con facilidad, de la misma forma que hubiera podido coger un
loto. La divinidad separ el tronco, derram aceite en las maderas y las envolvi con un
lienzo antes de darlas a Atenais para que las guardara y venerara en el templo de Biblos.

Le dio a Isis el mejor barco del puerto y una tripulacin para gobernarlo, y luego
subieron el fretro a bordo. Al llegar a las costas de Egipto, Isis mand bajar el fretro a
tierra, en un lugar solitario. Entonces quit los sellos de la tapa.

El cuerpo de Osiris pareca que estuviera durmiendo e Isis lo abraz con ternura,
mientras sollozaba desconsoladamente.

Volvi a cerrar el atad y se dirigi hacia el Sur, a trav de las cinagas del bajo
Egipto. Una noche, mientras Isis dorma, Seth fue a cazar a las cinagas y se encontr la
caja. La reconoci en seguida y tuvo miedo. El cruel dios la abri y al ver el cuerpo de su
hermano lo despedaz. Luego los esparci por todo Egipto.
Cuando Isis descubri la caja vaca, su grito de angustia lleg al cielo y su hermana
Neftis se acerc a ayudarla. Si bien era la mujer de Seth, Neftis siempre haba preferido a
Isis y Osiris, y por tanto las dos hijas de Nut se pusieron juntas a buscar el cuerpo que
haba sido desparramado.

Durante aos, largos y tristes, la fiel Isis y la dulce Neftis recorrieron Egipto de cabo
a rabo, y en todos los sitios donde encontraban un fragmento de Osiris erigan un
santuario.

Finalmente, consiguieron reunir todos los trozos e Isis se sirvi de un encantamiento


ms poderoso para volver a unirlos. Las dos diosas vigilaron el cuerpo en forma de
halcones, hacindole sombra con las alas, mientras Isis rogaba para que Osiris se
recuperara.

Lo intent todo, ayudada de todos los encantamientos que saba, y consigui resucitar
a Osiris para una noche de amor con la esperanza de concebir el hijo prometido. Despus,
el cuerpo de Osiris qued definitivamente muerto, pero su espritu continu vivo. Ra-
Atum hizo a Osiris rey de los Muertos en el reino del Bello Oeste y desde entonces todo
Egipto supo que no tena que temer a la muerte, porque su espritu continuara en l reino
de Osiris.
LA INFANCIA DE HORUS

HORUS, el hijo con cabeza de halcn de Isis y Osiris, naci en el pantanal de Tshemmis y
se cuentan muchas historias sobre la peligrosa infancia que all pas.

Isis y su hijito fueron capturados por Seth fuera del pantano. Haciendo ver que
actuaba de tal forma para protegerla, Seth encerr a Isis en una casa de hilados y la oblig
a hilar durante todo el da. La princesa era estrechamente vigilada y, sin ayuda, no se
atreva a intentar la huida, pues junto a ella estaba su hermoso y pequeo chiquillo.

No pas mucho tiempo, pues, antes que Thot descubriera dnde estaba escondida
Isis. El sabio dios entr en la casa sin ser visto por los guardianes y pudo hablar con Isis.

-Tienes que partir rpidamente y regresar a los sagrados pantanales de Tshemmis,


donde Seth no podr seguirte. Espera all hasta que Horus tenga edad suficiente para
reclamar el trono de su padre y entonces veremos cmo se hace justicia!.

Thot explic detalladamente a Isis cmo tena que hacerlo para poder huir y le dej
siete escorpiones mgicos para que le sirvieran de escolta durante el camino hacia el
Norte. Esa noche Isis se escap de la casa de hilados con Horus en brazos, abriendo los
escorpiones la comitiva.

Despus de andar durante toda la noche y buena parte del da siguiente con su hijo
durmiendo en su cuello, Isis estaba extenuada y suspiraba por encontrar un sitio para
poder descansar. Finalmente, ella y sus escorpiones llegaron a un pueblo e Isis se par
delante de la casa ms grande esperando que le invitaran a entrar. Cuando la rica
propietaria de la casa vio a los escorpiones, se asust y cerr la puerta en las narices de la
pobre madre agotada y su hijo.

Isis estaba ya dispuesta a continuar su camino cuando la hija de un pobre pescador


abri la puerta de su cabaa y rog a los viajeros a que compartieran con ella lo poco que
tena.

Mientras Isis descansaba en la pobre y humilde choza de la joven, y comparta con


ella su cena de pan duro con pescado seco, los escorpiones murmuraban contra la rica. Las
mgicas criaturas juntaron su veneno en el aguijn de su jefe Tefen, quien se col por
debajo de la puerta de la casa rica.
El hijo nico de la mujer adinerada dorma cerca de la ventana abierta, al lado de su
nodriza. Tefen se arrastr hasta la cuna y pic al nio, el cual se despert dando un fuerte
chillido. La nodriza salt de la cama lo suficientemente deprisa para ver cmo un enorme
escorpin escapaba corriendo.

Entonces llam a su seora y en pocos momentos toda la casa se llen de alboroto


como si se hubiera producido fuego o si hubiera habido una inundacin. La mujer rica
cogi al hijo en brazos y corri de casa en casa, pero los vecinos tenan demasiado miedo
de ayudarla.

Cuando Isis supo lo que haba sucedido, mur a Horus que dorma plcidamente y
sinti pena de la mujer rica.

-No dejar que una criatura inocente muera por mi causa -dijo la diosa, e hizo que la
llamaran para que le trajera a su hijo.

Temblando de miedo, la mujer llev al nio a la cabaa de la muchacha pobre. La


criatura quemaba de fiebre y casi no poda respirar. Isis se levant y puso las manos sobre
el nio, ordenando al veneno que saliera de aquel cuerpo.

-Soy Isis, la Seora de la Magia. Todas las criaturas venenosas me obedecen. Que la
criatura viva y el veneno muera!. Que Horus se conserve bien para su madre y que este
nio se conserve bien para su madre!

La fiebre desapareci al instante, la piel de la criatura volvi a estar fra de nuevo y


su respiracin se fue acompasando.

Ahora que la mujer rica saba quin era aquella a la que haba negado la entrada en su
casa, se sinti ms trastornada que nunca. Se llev a su hijo, lo meti en la cama y despus
llev las cosas ms valiosas que posea a la cabaa de la hija del pescador, para complacer
de esta forma a la diosa.

Isis se alegr de ver a la pobre joven recompensada por su bondad y, a la maana


siguiente, ella y su hijo continuaron su viaje. Pronto llegaron a los pantanales de
Tshemmis sin problemas e Isis escondi al joven dios entre las malezas de papiro y los
estanques de lotos. Cuando sala de los pantanales para ir a buscar algo de comida, Isis se
disfrazaba de pordiosera, pero no siempre dejaba un guardin con Horus. Nunca se
imagin que le pudiera pasar nada mientras jugaba cerca de las aguas tranquilas.
Un da, cuando Isis regres Horus no se le acerc como de costumbre para saludarla.
El pequeo nio divino estaba tendido boca arriba en el lodo, con agua que le sala de los
ojos y de la boca. Tena el cuerpo flcido y cuando Isis le escuch el corazn, los latidos
eran casi imperceptibles.

La diosa recit encantamientos, pero como no saba el nombre de la enfermedad de


su hijo no lo poda exorcizar. Cuando vio que la magia le fallaba, Isis empez a llorar. A
quin poda acudir? Su marido estaba muerto, su hermano era un enemigo mortal y su
hermana era del todo impotente para ayudarla. Los dioses estaban lejos, pero los hombres
estaban cerca en un pueblecito de pescadores, al final de los pantanales. Isis se dirigi
hacia all con Horus colgando del cuello lo ms rpido que pudo.

Al or los gritos angustiados de Isis, los pescadores salieron de sus cabaas y la


compadecieron de la misma forma que hubieran compadecido a cualquier madre con un
nio enfermo. Los pescadores probaron los remedios sencillos que conoca, pero Horus
estaba cada vez ms dbil. Entonces, uno de ellos, fue a buscar a una sabia anciana que
viva en el mismo pueblo.

Compareci con un poderoso amuleto, el Signo de la Vida, y cogi a Horus en


brazos.

-No tengas miedo, Horus -murmur la sabia-. Madre de dios, no desesperes. Horus
est protegido de la malevolencia de su to en los pantanales de Tshemmis. Seth no osa
entrar aqu, pero debe haber enviado a una serpiente o a un escorpin para que le inyectara
su veneno.

Entonces Isis se arrodill para oler el aliento del pequeo y vio que le sabia tena
razn. Horus haba sido envenenado.

Horus empez a gemir de dolor, mientras las gentes del lugar lo miraban impotentes.
De pronto apareci Neftis. Haba odo la pena de su hermana y fue corriendo a Tshemmis.
La acompaaba Selkis, la diosa Escorpin. Mientras Neftis lloraba apoyando a su
hermana, Selkis examin a la criatura. Muy pronto se dio cuenta que nada poda hacer, la
fiebre haca estragos en el cuerpo del pequeo y pronto se morira.

-Isis, tienes que implorar al cielo -dijo Selkis-. Haz que se detenga la Barca del Sol!
Y el viento csmico dejar de soplar y el tiempo se parar hasta que Horus sane. Rpido!.

Isis mir hacia arriba, all donde los dioses llevaban a Ra a travs del firmamento,
remando en la Barca de Millones de Aos y lanz un grito espantoso. Toda la Tierra se
estremeci y el Sol se detuvo, porque Isis, que conoca el nombre secreto de Ra, tena
poder sobre l.

Cuando el Rey de los Dioses vio su barca no poda avanzar, envi a Thot a Egipto
para que investigara qu estaba pasando.

-Qu pasa Isis? -pregunt Thot-. Espero que no le haya pasado nada a Horus. Por
qu has parado la Barca del Sol y has trado la oscuridad a las tierras que deberan estar
iluminadas?

-Horus ha sido envenenado -contest Isis amargamente-, y la culpa es de Seth.

-No temas, Isis; no llores, Neftis. He trado el aliento de la vida para curar a tu hijo.

Y el dios empez a recitar un encantaminto:

-Atrs, veneno! Sers vencido por el poder del mismo Ra! El Rey de los Dioses te
ordena salir de este nio. La Barca del Sol permanecer inmvil y medio mundo se secar
y se quemar y el otro medio permanecer a oscuras hasta que Horus no se restablezca.

Entonces el veneno empez a dejar a Horus y Thot anunci:

-La fiebre ha bajado, el veneno ha sido vencido! Horus se ha curado, para alegra de
su madre!

-Ra en persona proteger a Horus -prometi el dios sabio-, y el poder de su madre lo


guardar, porque har que todo el mundo lo quiera. Ahora tengo que regresar a la Barca
del Sol, porque sin m no pueden remar. Debo llevar a Ra la buena noticia de la curacin
de Horus y de la alegra de su madre.

Y diciendo esto Thot regres al cielo e Isis se llev a su hijo, con una inmensa
alegra, a los pantanales, donde esperara la hora de la venganza contra Seth, quien tanto
dao les haba causado hasta ese momento.
LA LUCHA ENTRE HORUS Y SETH

CUANDO Horus fue suficientemente mayor para poder desafiar a su to Seth, convoc a
la Enada y a muchos otros dioses para que hicieran de jueces.

Con su madre al lado, Horus habl del cruel asesinato de su padre, Osiris, y de cmo
Seth haba usurpado el trono de Egipto.

Todos los dioses quedaron impresionados por la elocuencia de Horus, cabeza de


halcn, y, tras haber odo toda la historia, tambin se compadecieron de el.

Shu, el gran hijo del Creador, habl primero:

-La justicia tendra que prevalecer sobre la fuerza. Seth tena la fuerza de su lado,
pero Horus tiene la justicia. Debemos hacer justicia a Horus diciendo: S, t ocupars el
trono de tu padre.

Entonces Thot dijo a la Enada:

-Esto es mil veces justo.

Isis lanz un grito de alegra y pidi al viento del Norte que cambiase su direccin y
que soplara hacia el Oeste para poder susurrar la noticia a Osiris.

-Dar el trono a Horus parece de justicia para toda la Enada! -declar Shu.

En ningn momento a nadie se le ocurri preguntar al Rey de los Dioses cul era su
opinin sobre el caso.

-Qu significa esto? -murmur Ra-Atum-. Es que acaso la Enada empieza a tomar
decisiones por su cuenta?

Shu no se percat de que el rostro de su padre se haba oscurecido y prosigui


confiadamente:
-Thot le dar a Horus el anillo de sello y lo coronaremos con la Corona Blanca.

Todos los dioses lanzaron un grito como seal de su aprobacin. Todos, excepto dos:
el dios Sol permaneca siniestramente silencioso y, en cuanto a Seth, avanz de pronto y
rugi:

-Si existe alguna duda en vuestros corazones sobre quin debe gobernar Egipto, dejad
que este mocoso me desafe en persona. Entonces ya veris como queda destronado!

-Todos sabemos que tal cosa no sera justa -protest Thot-. Cmo quieres que te
demos el trono de Osiris teniendo a su hijo ante nosotros? Es su legtimo heredero, todos
estamos de acuerdo.

-Yo no -dijo el dios Sol con frialdad.

Se produjo un silencio tenso y, despus, Shu se lament:

-Y qu vamos a hacer ahora?

La mejor solucin que encontraron fue la de ir a buscar al anciano dios-cordero de


Mendes y pedirle que hiciera de rbitro entre Horus y Seth. As pues, enviaron a buscar
rpidamente a Benedbjed y, cuando este anciano dios hubo llegado, Ra-Atum le dijo:

-Te hemos hecho venir para que decidas entre estos dos jvenes dioses y para que de
esta forma se acaba la disputa que mantienen sobre Egipto

Benedbjed saba que Horus tena razn, pero a su vez tena miedo de enojar al dios
Sol, y dijo:

-Esta cuestin no se puede decidir sin aconsejarnos mejor. Enviemos una carta a
Neith, la Divina Madre.

Entonces la Eneada le dijo a Thot:


-Escrbele una carta a toda prisa!

-En seguida! En seguida! -prometi el escribiente de los dioses, y se sent a escribir


una carta a Neith. Ella la ley e inmediatamente respondi con una suya.

Thot desenroll el papiro y ley la carta en voz alta: Dad el trono de Osiris a Horus,
su hijo. Cualquier otra cosa sera tan perversa que el cielo se derrumbara sobre vuestras
cabezas. En cuanto a Seth, dobladle los dioses, dadle dos hermosas diosas para que sean
sus mujeres y que ceda el trono a Horus.

Y todos los dioses exclamaron:

-Esta diosa tiene toda la razn!

El dios Sol estaba muy enfadado y le dijo a Horus con desdn:

-Cmo puede gobernar un dios tan dbil como t?

Entonces se enfadaron los dems dioses, y el dios mandril Baba se puso en pie y le
dijo a Ra-Atum:

-Tu santuario est vaco y no te haremos caso!

El dios Sol se sorprendi ante tal respuesta y para demostrar la ofensa que le haban
hecho se tap la cara y se tendi de espaldas al suelo. La Enada comprendi que se
haban excedido. Probaron de consolar a Ra-Atum, pero l se neg a escucharles. Se
levant, entr ofendido en su cmara y no quiso volver a salir.

Nadie saba qu hacer y todos tenan miedo de lo que podra pasar en el mundo si Ra-
Atum se negaba a navegar con la Barca del Sol por el firmamento.

Finalmente, Hathor, hija de Ra-Atum, decidi un plan. La bella diosa se puso a bailar
y mientras lo haca, empez a quitarse la ropa. Los dems dioses hicieron un corro a su
alrededor para verla mejor, y rean y aplaudan. El folln molestaba al dios Sol y sac la
cabeza por la puerta de la habitacin para ver qu estaba pasando. Al ver a su hija
bailando, Ra-Atum tambin empez a rer y olvid su clera. El Rey de los Dioses volvi
a sentarse con la Enada y les dijo a Horus y Seth:
-Volveremos a escuchar vuestras razones y podris defender vuestros puntos de vista.

Seth insisti en hablar primero:

-Yo soy Seth, el ms fuerte de la Enada. Cuando la Barca del Sol pasa por elcielo de
abajo y las serpientes del caos atacan, slo yo os puedo salvar. Soy el protector de los
dioses y, por tanto, tenis que darme el trono de Osiris a m!

Al recordar los horrores de la serpientes de caos, muchos dioses murmuraron


diciendo que Seth tena razn, pero Shu y Thot insistieron:

-Cmo podemos dar el trono al to, cuando el hijo y heredero est aqu, ante
nosotros?

Benedbjed contest:

-Cmo podemos dar el trono a un jovencito, cuando su mayor est aqu, delante de
nosotros?

Isis estaba furiosa con la Enada porque no haba hablado en favor de su hijo y no
par de quejarse que, en inters de la paz, prometieron que se hara justicia a Horus.

Entonces le toc el turno de enfadarse a Seth:

-Cobardes, cmo os atrevis a romper vuestra palabra? Ir a buscar mi gran cetro y


cada da le chafar la cabeza a uno de vosotros, y os juro que no discutir mi caso delante
de ningn tribunal en el que Isis est presente!

Para mantener la paz, Ra-Atum dijo:

-Cruzaremos el ro e iremos a la Illa del medio, y all juzgaremos el caso. Ordenar a


Nenti, el barquero, que no cruce a Isis ni a ninguna mujer que pudiera ser ella.

Y as fue como la Enada y todos los dems dioses y diosas cruzaron el ro y


plantaron sus magnficas tiendas en la isla.

La astuta Isis, Seora de la Magia, se transform en una viejecita jorobada que


llevaba un jarro de harina y pasteles de miel. Cojeando, se dirigi a la ribera, donde Nenti,
el barquero, estaba recostado junto a su barca.

-Anda, joven -refunfu Isis-, llvame al otro lado. En esta jarra llevo comida para el
joven que guarda el ganado en la isla.

-Lo siento, abuela -dijo Nenti-, pero tengo rdenes severas de no cruzar a ninguna
mujer.

Entonces Isis puso un dedo delante de la cara de Nenti.

-Ves este anillo de oro que hay en mi dedo? Pues si me llevas al otro lado ser para
ti.

El anillo era muy hermoso y Nenti no pudo resistir el soborno.

-Bueno, abuela. Dame el anillo y te llevar.

Pronto llegaron a su destino.

-Apresrate en regresar, cuando hayas encontrado a tu pastor -grit Nenti mientras


amarraba la barca.

Isis ya se deslizaba por entre los rboles en direccin al campamento de la Enada.


Los dioses estaban celebrando una fiesta, pero Seth se mantena alejado de tan alegre
tertulia. Despus de volver a cambiar de forma, Isis se acerc a Seth bajo la apariencia de
una bella seora, vestida como una viuda. Tena muy claro que su hermano poda ser el
ms fuerte de los dioses, pero ella saba perfectamente que con astucia lo podra vencer
siempre que quisiera. Isis sonri y Seth fue corriendo a saludar a esa hermosa y atractiva
forastera.

-Quin eres, preciosa? -pregunt Seth-. Y para qu has venido hasta aqu?
Isis simul que estaba llorando.

-Oh, gran seor, busco a un paladn. Yo era la feliz esposa de un pastor y le di un


hijo. Entonces mi amado muri y el chico empez a guardar el ganado de su padre. Un
buen da lleg un forastero y se apoder de todo nuestro establo; le dijo a mi hijo que se
quedaba con la manada y nos ech. Mi adorado hijo quiso protestar, pero el hombre le
amenaz con pegarle. Gran seor, aydame y convirtete en el paladn de mi hijo.

Seth la envolvi con sus brazos.

-No llores, bonita. Ser tu paladn y dar una buena paliza a ese enemigo. Cmo osa
un extrao quitarle las propiedades del padre cuando su hijo todava vive!

Entonces Isis estall en carcajadas. Se transform en miln y vol hasta una acacia.

-Llora t, poderoso Seth. T mismo te has condenado! T has dictado sentencia.

Seth estaba tan enfadado que llor lgrimas de rabia y los dems dioses quisieron
saber qu le pasaba.

-Esa malvada me ha vuelto a engaar -se quej Seth y les cont lo que le haba
sucedido.

-Es verdad, Seth, t mismo te has sentenciado. Qu piensas hacer ahora?

-Primero, mandar castigar al barquero! -rugi Seth.

Nenti fue llevado ante la presencia de los dioses y, como castigo por haber
desobedecido las rdenes, le cortaron los dedos de los pies. Desde ese mismo instante
Nenti jams volvi a mirar el oro.

Y entonces la Enada cruz el ro y acamp en las Montaas Occidentales, mientras


hacan los planes para la coronacin de Horus. Pero Seth an no se daba por vencido.
Observaba la corona blanca sobre la cabeza de plumas de Horus y dijo:

-Por coronado que est, no podr gobernar hasta que no me haya derrotado. Te
desafo, Hoprus. Convirtmonos en hipoptamos y luchemos dentro del ro. El primero
que salga a la superficie perder.

Horus acept, pero Isis se sent llorando ante el miedo de que Seth le matara a su
hijo.

Al instante, los dos dioses se transformaron en hipoptamos y se lanzaron al ro. Isis


se apresur a coger hilo y cobre y los convirti en un arpn mgico. Lanz el arma a las
aguas transparentes, removidas por las dos bestias contendientes, pero no poda distinguir
a uno de otro dios. La punta de cobre se clav en el costado de Horus, quien emergi un
momento para gritar:

-Madre, tu arpn me est perjudicando, qutamelo!.

Isis orden al arma mgica que abandonara su presa. La volvi a lanzar y esta vez se
clav en Seth. Con un gran grito de dolor, Seth subi a la superficie, estirado por el arpn
y exclam:

-Oh, hermana ma, por qu siempre tienes que ponerte en mi contra? Qu es lo que
te he hecho? Soy tu hermano, haz el favor de soltarme.

Como Isis no poda dejar de sentir un poco de lstima por Seth, orden al arma que
se soltara.

Horus se enfad con su madre por intervenir y por compadecer a Seth. Sali del ro
de un salto con una cara como un leopardo y le cort la cabeza a su madre de un golpe con
su cuchillo de cobre. Despus se dirigi con grandes pasos hacia las Montaas
Occidentales, con la cabeza de su madre bajo el brazo.

Isis, la Seora de la Magia, tranquilamente convirti su cuerpo en una estatua y se


dirigi hacia la tienda del dios Sol. Todos los dioses y diosas dieron un salto de sorpresa y
Ra-Atum le dijo a Thot:

-Quin es aquella que se dedica a ir deambulando de un lado para otro sin su


cabeza?

-Es Isis -contest el ms sabio de los dioses-. Horus le ha cortado la cabeza.


El dios Sol se horroriz y jur que Horus sera severamente castigado. Isis regres a
su forma habitual y la Enada emprendi el camino de las Montaas Occidentales en
busca de Horus.

El joven dios haba encontrado un oasis y dorma a la sombra de una palmera, cuando
su to le encontr. Seth lo cogi por detrs y le arranc ambos ojos.

El joven dios grit de dolor, mientras Seth se alejaba para enterrar los ojos. De
regreso al campamento de la Enada, Seth dijo que no haba encontrado ni rastro de su
sobrino.

Durante la noche el pobre y ciego Horus gimi de dolor, y a la maana siguiente dos
preciosos lotos haban nacido all donde sus ojos haban sido enterrados.

Hathor, Seora del Sicomoro del Sur, haba continuado la bsqueda de Horus;
finalmente le encontr y se compadeci de su profundo dolor. Hathor, la gran cazadora,
cogi a una gacela y la orde. Despus, se arrodill al lado del joven dios y le dijo
dulcemente:

-Destpate la cara.

Horus hizo lo que se le haba dicho y Hathor derram la leche sobre sus heridas. Con
ello el dolor desapareci al instante.

-Abre los ojos -le orden Hathor. Horus obedeci y vio cmo la magia reparadora de
la diosa le haba devuelto los ojos y gracias a ello poda ver de nuevo. Hathor fue
corriendo a ver a la Enada y les dijo:

-Seth os ha mentido. Ayer encontr a Horus y le arranc los ojos, pero yo le he


curado y ahora viene hacia aqu.

Y entonces la Enada orden a Horus y a Seth que compareciesen rpidamente


delante del dios Sol y escucharan su opinin. Como ambos haban actuado mal, Ra-Atum
dijo:

-Por ltima vez, dejad ya de pelearos y haced las paces.


Seth hizo ver que estaba de acuerdo y pidi a Horus que se quedara en su palacio.
Horus, sin embargo, pronto descubri que no poda confiar en su to y volvi a pedir
ayuda a su madre. Isis perdon a su hijo de todo corazn y consigui que todos los trucos
de Seth se volvieran en contra de l mismo.

Finalmente, lleno de desesperacin, Seth solicit una contienda con Horus. Delante
de la Enada en pleno manifest:

-Construyamos los dos un barco de piedra y hagamos una carrera bajando por el Nilo.
Quien gane llevar la corona de Osiris.

Horus asinti al instante.

El poderoso Seth cogi su enorme garrote y golpe la cima de una de las montaas
prximas. Despus construy un barco de piedra maciza y lo arrastr hacia el ro. Cuando
hubo llegado, el barco de Horus ya estaba flotando en el agua, porque el joven dios haba
hecho camuflar un barco de pino y lo haba rebozado para que pareciera de piedra.

Cuando Seth intent hacer navegar su barco ste se hundi en el Nilo casi al instante
y la Enada ri. Seth se lanz al agua y se convirti otra vez en hipoptamo. Atac el
barco de Horus y, como que era solamente de madera, se rompi y no tard demasiado en
hundirse.

Horus cogi su lanza y se lanz contra Seth, pero la Enada le grit que se parara y l
obedeci.

Horus ya empezaba a desesperar, pensando que nunca se acabara de resolver su


caso, y emprendi el camino del Norte para pedir consejo a la sabia diosa Neith. Mientras
tanto, Shu y Thot convencieron a la Enada que enviasen una carta al mismo Osiris en el
Bello Oeste, el reino del muerto. El camino de este reino era largo y peligroso, pero
finalmente el mensajero regres con una carta indignada del rey de los Muertos.

Osiris quera saber por qu haban desposedo a su hijo del trono y si los dioses
haban olvidado que haba sido Osiris quien haba dado al mundo los preciosos dones del
trigo y la cebada.

Cuando Thot ley la carta en voz alta a la totalidad de los dioses, el dios Sol se
enfad con Osiris por haber sido capaz de decirle qu haba de hacer y le respondi con
otra carta llena de arrogancia.

Al cabo de muchos das, otro mensajero cansado regres con una segunda carta del
rey de los Muertos, y Thot la ley:

Realmente son buenas las acciones de la Enada! -empezaba Osiris


sarcsticamente-. La justicia ha descendido al infierno. Y ahora escuchadme: la tierra de
los muertos est llena de demonios que no tienen miedo de ningn dios o diosa. Si les dejo
ir por el mundo de los vivos, regresarn con los corazones de los malvados al lugar de
castigo. Quin de vosotros es ms poderoso que yo? Incluso los dioses han de venir ms
tarde al Bello Oeste.

Cuando el dios Sol oy el contenido de la carta, tambin l acab teniendo miedo y


absolutamente todos los dioses acordaron que se tena que respetar la voluntad de Osiris.
Isis misma fue enviada a encadenar a Seth y traerlo ante la presencia de todas las
divinidades.

-Seth, le has quitado el trono a Horus? -pregunt el dios Sol.

Seth contest sumiso:

-No, traed a Horus y entregadle el trono.

El joven dios volvi a ser coronado y colocado en el trono de Egipto; Isis grit con
alegra:

-Hijo de Nut, vivirs en el cielo conmigo como Seor de las Tempestades y cuando
regreses, toda la tierra temblar!

Finalmente Seth qued satisfecho e hizo al fin las paces con Horus, con lo cual todos
los dioses se alegraron.
LA CEGUERA DE VERDAD

HABA una vez dos hermanos que se llamaban Verdad y Mentira.

Verdad era noble y honrado, y su hermano maligno, llamado Mentira, le odiaba.

Un da Mentira fue a ver a la Enada y se quej ante los dioses que Verdad le haba
robado la daga. Cuando le pidieron que describiera la daga, Mentira dijo:

-Todo el cobre del monte Jal sirvi para hacer la hoja y toda la madera de Koptos
para el mango. La vaina tiene el largo del pozo de ventilacin de una tumba y la piel de
todos los rebaos de Kal sirvi para hacer el cinto -insisti Mentira-, y Verdad me la ha
robado. Si se niega a devolvrmela, cegadlo y ddmelo para que me haga de portero.

Verdad fue llamado ante la presencia de la Enada y afirm su inocencia. No pudo


presentar la daga, pues sta no exista, y las acusaciones de Mentira parecan tan
convincentes que Verdad fue condenado. La Enada orden que le quitaran los ojos y que
fuera entregado a Mentira para que le hiciera de portero.

Mentira pronto se dio cuenta que no podra soportar la presencia de Verdad sentado
plcidamente delante de su puerta. Aquello le recordaba cada da su crueldad as como la
inocencia de su hermano. Por este motivo les dijo a dos de los antiguos criados de Verdad:

-Llevaos a vuestro amo al desierto y dejadlo en un sitio donde una manada de leones
lo pueda encontrar fcilmente. No regresis hasta que no estis seguros que est muerto.

Los criados tenan demasiado miedo de Mentira para negarse a llevar a cabo tal acto.
Muy tristes, cogieron a Verdad uno por cada brazo y lo condujeron al desierto. Cuando el
hombre ciego not la tierra del desierto bajo sus desnudos pies, pregunt adnde le
estaban llevando. Los criados le contaron las rdenes que tenan con los ojos llenos de
lgrimas.

Un da ms tarde, una seora que se llamaba Deseo paseaba por su jardn, cuando dos
criadas corrieron a ella para decirle:

-Seora, hemos encontrado un ciego sentado entre las caas cerca del lago. Ven a
verlo!

-Tradmelo aqu -dijo Deseo.

Los criados no tardaron en llegar llevando a Verdad entre los dos. Estaba desfallecido
y medio muerto de hambre, pero Deseo pens que era el hombre ms hermoso y apuesto
que jams haba visto.

Le acept en su casa y en su cama y tuvo un hijo con l, pero Deseo pronto se cans
de su nuevo amante y lo ech fuera del hogar.

El hijo de Deseo y de Verdad no era un nio normal y corriente. Se hizo alto y


hermoso como un dios, y a los doce aos superaba a sus compaeros de colegio tanto en la
lectura y la escritura como en las artes de la guerra. Los dems muchachos le tenan
muchsima envidia y se mofaron de l diciendo:

-Si eres tan listo, quin es tu padre.

El hijo de Deseo no lo saba y el resto de los nios no paraban de burlarse por ello,
hasta que un da no lo pudo resistir ms y fue corriendo a ver a su madre para preguntarle:

-Por favor, dime quin es mi padre y as se lo podr decir a los dems compaeros de
clase.

-Ves ese ciego que est sentado sobre el polvo? -pregunt Deseo a su hijo-. Pues
bien, ese hombre es tu padre.

El nio corri al patio y abraz a su padre. Despus acompa a Verdad dentro de la


casa y le hizo sentar en la mejor silla. Despus de poner los mejores y ms selectos platos
delante de l y de ayudarle a comer y beber cuanto le vino en gana, le pregunt:

-Padre, quin fue el que tuvo la osada de dejarte ciego? Si me lo dices, te vengar.

-Fue mi propio hermano -contest con tristeza Verdad.

El muchacho prepar inmediatamente un plan y luego fue a la despensa de su madre


a buscar diez panes, un bote de agua, una espada, un bastn y un par de sandalias de
cuero.

Despus cogi un magnfico buey del rebao de su madre y se dirigi hasta donde
Mentira estaba pastando sus propios animales. El nio se acerc al vaquero principal y le
dijo:

-Tengo que partir para un largo viaje. Si me guardis el buey mientras estoy fuera,
podris quedaros con las provisiones, la espada, el bastn y estas preciosas sandalias de
cuero.

El vaquero acept lleno de contento y el muchacho simul que se iba fuera de la


comarca.

Unas semanas ms tarde, Mentira fue a inspeccionar sus rebaos. Inmediatamente se


encaprich el precioso buey.

El vaquero principal objet que el buey era propiedad de un chico que regresara
pronto para reclamarlo. Mentira se encogi de hombros:

-Y qu ms da? -aadiendo-. Cuando el chico regrese le puedes dar el mejor del


rebao.

Y as Mentira se llev el buey y lo hizo sacrificar. El hijo de Verdad se enter pronto


y fue a ver al vaquero.

-Cualquiera de estos animales es tuyo -dijo el vaquero principal-. Elige el que


prefieras.

-Por qu, si ninguno se puede comparar al que era mo? -pregunt el muchacho-. Mi
buey era ms grande que, si se situara en la isla de Ammon, el hocico le llegara hasta el
desierto de Nubia y la cola hasta los pantanales del delta, con la punta de un cuerno
apoyada sobre las Montaas Occidentales y la otra en las Orientales.

El vaquero se qued estupefacto:

-Existe un buey tan grande?


El hijo de Verdad simul un gran enfado y llev al vaquero principal y a Mentira al
tribunal para ser juzgados por la Enada por el robo de su buey. Mentira exclam:

-Vaya tontera! Nadie ha visto jams un buey de las dimensiones que ests
diciendo!

-Tampoco nadie ha podido jams ver una daga de las medidas del pozo de ventilacin
de una tumba -dijo el hijo de Verdad-, con todo el cobre del monte Jal en la hoja, toda la
madera de Koptos en el mango y toda la piel de las bestias de Kal en su cinto.

Mentira se volvi amarillo al or las palabras que acababa de pronunciar el chico ante
la Enada.

-Volved a juzgar a Verdad y Mentira. Cmo podis condenar a Verdad basndoos en


esta historia? Yo soy su hijo y estoy ante vosotros para defender su inocencia.

Mentira continu afirmando que todo cuanto haba estado explicando hasta el
momento era cierto.

-Y si Verdad est vivo y puede venir a negarlo, entonces me confesar culpable de lo


que dice el joven. Luego podris arrancarme los ojos y convertirme en su portero.

Mentira estaba convencido de que su hermano haba muerto, pero el joven dijo:

-T mismo te has juzgado. Venid conmigo.

Entonces llev a la Enada a casa de su madre y les mostr a su padre. Despus de


or su historia, ordenaron que sacaran los ojos a Mentira y desde ese da Verdad y su hijo
vivieron juntos y felices y Mentira les hizo de portero.
LA HISTORIA DEL REY ARMENIOS

EL santo y puro Goussima, obispo de la villa de Tarsos, cuenta que en su tiempo haba un
rey llamado Armenios, que segua con toda fidelidad los caminos marcados por Dios.

Armenios tena una esposa llamada Jassi, y ambos eran muy piadosos y cumplan con
los deberes de la religin.

Todos los das Goussima se reuna con el rey para predicarle y comentar con l los
Santos Evangelios. De esta forma le explicaba la historia de los santos padres y el sentido
de todas las profecas. Dios haba abierto a la verdad el corazn del monarca; as que l
entenda perfectamente lo que lea en las Escrituras y lo practicaba de todo corazn.

Cuando reuna los tributos y las cosechas haban sido ya recogidas, haca ofrendas en
la iglesia y entregaba las cantidades de dinero y especies que eran necesarias para el culto
y para el sostenimiento de la misma; despus entregaba otra cantidad al obispo y a los
sacerdotes, y, por ltimo, distribua entre los ms necesitados el resto, de manera que a
nadie le faltase lo indispensable para subsistir. Y tan generosas eran sus limosnas que se
quedaba l mismo sin un dracma en sus arcas y sin un grano en sus silos.

Aquellos a quienes beneficiaba con tan buen corazn rogaban por su rey, a fin de que
Dios le diese largos aos de vida y le protegiese de las asechanzas del siempre despierto
enemigo de los hombres.

Los visires y los patricios se presentaron un da delante del rey y se lamentaron de la


pobreza en que el soberano, con sus grandes ofrendas y limosnas, haba dejado la casa
real.

-Oh, seor! No olvides que el enemigo est al acecho para combatir a los hombres
buenos y que siembra la discordia entre los reyes. Si alguno de tus vecinos se siente
inspirado por Satans y quiere apoderarse del reino, no tendrs dinero para pagar a los
ejrcitos ni provisiones suficientes para poder alimentar al pueblo y pereceremos
miserablemente.

Pero el rey les tranquiliz, dicindoles:

-No os desvele que yo gaste todo el caudal y nuestras provisiones en obras de


caridad. Mi padre me ha dejado grandes y abundantes bienes, y de esos usar en caso
necesario. Pero lo que Dios me ha entregado he de gastarlo en socorrer a los necesitados.

El rey, diciendo mi padre, se ha referido al Padre celestial, segn haba aprendido


en la Escritura. Y los visitantes se retiraron con fe en las palabras de su monarca.

Pero su temor se cumpli bien pronto. Satn tom el aspecto de un hombre venerable
y se present a un rey de los mags. Lleg al palacio de este rey y les dijo a los guardias:

-Id a vuestro seor y decidle que ha llegado un extranjero de muy larga vida y
experiencia que desea darle un buen consejo.

Los guardias llevaron este recado al rey y ste les orden que dejasen el paso franco
al anciano viajero. Satn fue introducido en el saln regio, y all, inclinndose reverente
ante el monarca, le dijo:

-El rey de los tarsos, Armenios, ha gastado todo su caudal y todas sus provisiones en
limosnas y ofrendas y tiene sus arcas vacas y sus ejrcitos desprovistos. T, seor, puedes
apoderarte de su reino tan pronto como lo desees.

El soberano se mostr muy satisfecho con el consejo que le acababa de dar el falso
viejo.

-Has hablado como hombre sabio y por ello he de pagarte el gran servicio que me has
hecho. Tan pronto como regrese de la conquista de Tarsos te nombrar consejero ulico.

Despus llam a su jefe de ejrcito y le dijo que lanzase una proclama diciendo que
aquellos que deseasen obtener honores y riquezas, que se agrupasen bajo las banderas
reales.

Muchos de los sbditos del rey acudieron llenos de entusiasmo; otros, en cambio,
juzgaron que tal proclama no responda a nada verdadero, y permanecieron en sus casas.

Los guardianes de Tarsos vieron un da que un gran ejrcito se diriga en son de


guerra contra la ciudad. Fueron a dar cuenta a los visires de que tropas enemigas estaban
dispuestas a dar el asalto, y los visires, alarmados, se presentaron ante el rey Armenios.
-Oh, seor! Un rey extranjero se dispone a atacar nuestra ciudad. Viene al frente de
un numeroso ejrcito. Explcanos qu es l oque hemos de hacer para defender a nuestras
familias y a nuestras casas de este imprevisto peligro. Ese rey es rico, nosotros, pobres. l,
poderoso; nosotros, dbiles.

El monarca contest:

-Si ese rey, como decs, es poderoso y rico no me importa. Yo luchar contra l slo
por la virtud del Mesas, Nuestro Seor.

Los visires no dijeron nada ms; saludaron con reverencia y se marcharon. Pero no
podan dejar de estar acongojados, pues teman que de un momento a otro las tropas del
rey de los mags entrasen a saco en la ciudad y los pasasen a cuchillo a todos.

Armenios qued pensando que la cosa era extremadamente grave. Cuando las luces
del da se extinguieron, derram ceniza en el suelo, se ci un cilicio y echndose en
tierra, se puso en oracin. Su mujer lleg junto a l y le imit. Ambos oraron con total
devocin:

-Oh Seor de los seores! Henos aqu en grande afliccin. Haz que tu voluntad
resplandezca y socrrenos, si tal es tu destino. De lo contrario, ir a arrodillarme ante el
monarca que asedia mi ciudad y tras rendirme completamente le entregar cuanto tengo.

En aquel momento se le apareci un ngel, que le dijo:

-No tengas temor, oh Armenios! Tu plegaria ha sido oda y esas tropas que cercan
con sus hogueras y sus tiendas los muros de tu ciudad perecern antes del amanecer.

El soberano inclin su cabeza, dio gracias al Seor y se retir con su esposa a


descansar, puesta su confianza en Dios. Cuando la noche iba acabando y las estrellas
palidecan, un gran escuadrn de ngeles descendi del cielo, empuando espadas y lanzas
de fuego y se lanzaron contra los sitiadores, que perecieron todos, menos el rey, y no
dejaron ms que las tiendas y los caballos.

El rey Armenios, que dorma, fue despertado por un ngel, que le dijo:

-Se ha cumplido la voluntad de Dios. Ordena a tus soldados que vayan al


campamento enemigo a hacer prisionero al rey. ste har penitencia y morir como buen
cristiano.

Cuando la maana lleg, el monarca mand llamar a todos los visires y a los
generales. stos creyeron que los llamaba para ordenar al ejrcito salir al combate y
dijeron:

-Ahora el rey nos ordenar dirigirnos contra los sitiadores, que son superiores a
nosotros en nmero y en armamento. Cada uno de nosotros habr de enfrentarse contra
cincuenta. Pereceremos sin remedio y la ciudad ser invadida.

De todas maneras, acudieron rpidamente a recibir las rdenes de su monarca.

Armenios, cuando tuvo ante s a los visires y a los generales, que le miraban con
semblante expectante y angustiado, les dijo:

-Reunid las tropas, salid de la ciudad y marchad al campamento enemigo. Haced


prisionero al rey y traedlo, sin que sufra dao alguno.

Los generales quedaron boquiabiertos y se decan:

De ordinario se suea de noche; pero no de da y con los ojos bien abiertos.

Algunos de ellos aconsejaron examinar primero el campamento enemigo desde la


muralla, pues no tenan confianza en las palabras del soberano. Subieron a las murallas y
examinaron el campo enemigo. Vieron que los corceles andaban sueltos y que no haba
indicios de que all hubiese hombres.

Entonces salieron y se dirigieron al campamento opuesto.

Enorme fue su sorpresa cuando vieron los cadveres de los soldados enemigos. Al
rey lo encontraron en su tienda, en tierra y medio muerto. Cogieron las riquezas y las
provisiones, as como los caballos, y volvieron muy alegres a la ciudad. Con ellos
llevaban, en unas andas, al monarca, que no daba seales de vida.

Cuando se presentaron ante Armenios, se humillaron todos y le dijeron:


-Gracias oh seor nuestro!, por habernos dado la victoria. Verdaderas eran tus
palabras y hemos tenido la victoria y muchas riquezas.

Pero el rey no esper a contemplar el botn, sino que rpidamente pregunt si sus
rdenes relativas al rey de los mags haban sido cumplidas. Entonces avanzaron los
portadores de las andas y Armenios vio a su enemigo, que estaba expirando.

Llam de inmediato a los mdicos ms reputados de la ciudad y les ofreci grandes


riquezas si curaban a aquel hombre. Los galenos intentaron hacer todo lo posible, pero al
fin hubieron de desistir. El ms anciano dijo al Seor:

-Nada podemos hacer para devolver la salud a este hombre. Ni nuestro saber ni
nuestras drogas han dado resultado.

Y Armenios se sinti lleno de dolor por no poder proporcionar la salud a su enemigo,


a fin de que pudiera convertirse a su religin.

Lleg la noche y Armenios se retir a descansar a sus habitaciones, muy apenado por
la dificultad de hacer sanar a su enemigo. Se durmi con dificultad y fue desvelado por el
ngel del Seor, que le dijo:

-Cuando la hora de la plegaria est prxima, toma un vaso y vierte en l un poco de


aceite. Por la maana ve adnde est el rey de los mags y ngelo con ese leo. En el acto
se curar, por la voluntad divina.

El rey Armenios tuvo gran alegra por esta revelacin, dio fervientes gracias a Dios y
esper pacientemente la hora de la plegaria. Cuando por sus ventanales empez a filtrarse
la luz lechosa del amanecer, se levant, cogi uno de sus vasos ms ricos y ech en l una
cantidad de finsimo aceite y oy despus hasta que la maana estuvo clara.

Entonces se dirigi hacia donde yaca el rey de los mags y lo roci con el aceite. El
monarca abri los ojos y se incorpor curado. Cuando supo todo lo que le haba sucedido,
se ech a los pies de Armenios y declar creer en el Dios de los cristianos y pidi a su
salvador que le adoctrinase en la verdadera fe.

El rey Armenios lo envi al obispo, el cual le ense las verdades de la religin y lo


bautiz. Despus de esto, el monarca le dio vestidos riqusimos y con una gran guardia de
honor mand llevarle de nuevo a su ciudad.

Junto a l iban un gran grupo de sacerdotes y diconos que haban recibido el


importante encargo de evangelizar a todos los sbditos del rey que haba encontrado la
vida y la salvacin de tan milagrosa manera. Cuando lleg a su ciudad el rey de los mags,
todos le recibieron con enorme sorpresa, viendo que, en lugar de regresar acompaado de
sus propias tropas, lo rodeaban soldados extraos y llegaban sacerdotes cristianos tambin.

El soberano mand llamar a los personajes y cortesanos y les cont cuanto le haba
sucedido. Despus, con los soldados de su guardia que regresaban a Tarsos, envi a su
amigo el rey de esta ciudad un gran tesoro de joyas y otros presentes. Todo fue repartido
entre los pobres por el rey Artemios.

El buen monarca de Tarsos continu su vida cristiana, haciendo multitud de obras de


caridad y extremando sus devociones.

Hasta que al fin Dios, desendole el premio merecido a su vida ejemplar, le envi una
grave enfermedad que deba poner fin a sus das.

Armenios, viendo que su muerte estaba cada vez ms cerca, mand llamar a sus hijos
y les dijo que Dios le haba concedido el llevarlo a su seno, y que l morira lleno de fe en
el Seor, que le perdonara sus pecados. Y despus de dar los consejos habituales en los
moribundos, les pregunt por su madre.

-Dnde est mi esposa? Mas pienso que tambin est enferma de gravedad y no ha
podido venir a estar conmigo en este trance.

Y en ese momento muri.

Mas Dios, no queriendo separar a los santos esposos, envi tambin la muerte a la
reina.

Fueron enterrados en el mismo sepulcro, que desde entonces fue lugar de prodigios y
milagrosas curaciones.
JUAN EL HIJO DE ARMENIOS

QUED como sucesor de Armenios su hijo Juan.

Este, tras la muerte de sus padres, fue acometido de una mortal tristeza. Los patricios
y visires, queriendo consolar al que era su nuevo seor, vinieron a l y le dijeron:

-Oh seor! No te acongojes ms por lo que no tiene remedio. Desde que nace, el
hombre est destinado a la muerte y ste es el comn destino de los nacidos. Dnde estn
tus padres y los padres de tus padres? Dnde estn los primeros hombres? Seca tus
lgrimas, ten piedad de los que de ti esperan la gua y el consejo, y toma ejemplo para tu
vida de la que tu padre pas en este mundo con tanta bondad y santidad.

Pero todas estas palabras de consuelo fueron intiles. Juan permaneca mudo y
quieto. Los cortesanos juzgaron que era mejor no molestarle, y le dejaron solo con su
dolor algunos das, y ms tarde volvieron a intentar el alivio de la pena de su seor.

En vista de que sus esfuerzos resultaron as mismo intiles, determinaron organizar


un festn en uno de los ms bellos jardines de palacio. Cuando las mesas, los manjares y
los vinos estuvieron dispuestos, fueron a buscar a Juan y le pidieron que les concediera la
gracia de acompaarles a la mesa.

Juan no quera aceptar, pero ante la insistencia de sus servidores, y no queriendo que
creyeran que los despreciaba, acept a presidir el banquete. Le ofrecieron exquisitos
manjares, de los que apenas se sirvi, y deliciosos vinos, con los que solo humedeci sus
labios en una bebida fuerte y de aroma delicado. Le instaron a que bebiera ms y as lo
hizo. Pero como jams haba bebido vino, se sinti embriagado por la bebida y por el olor
de los jardines, perdiendo el conocimiento.

Al momento fue conducido a palacio. A la entrada de su habitacin le esperaba su


hermana, que lo abraz estrechamente. Y Juan, sin saber lo que haca, cometi con ella un
horrendo pecado.

La hermana tuvo un terrible dolor por ello. Qued encinta y, cuando no pudo
disimular su estado, fue a su hermano y le dijo lo que le pasaba. El hermano, que no
recordaba nada de su nefanda accin, le pregunt que quin era el culpable. La hermana le
contest:
-T mismo!

Juan palideci y le dijo que no recordaba haber cometido esa accin tan monstruosa.

Y entonces ella le cont que todo haba sucedido el mismo da del banquete, cuando
l haba regresado embriagado.

Juan se sinti presa de un gran dolor y de un fuerte arrepentimiento. Huy de palacio


y fue a refugiarse en un monasterio, en donde tom el hbito de monje y se entreg a las
ms rudas penitencias.

Cuando los visires volvieron al da siguiente a palacio no encontraron al rey, sino a su


hermana, sola, que no paraba de llorar. Durante un mes, cada da, volvieron a palacio; pero
al ver que su espera era vana y que el rey no apareca proclamaron reina a la hermana.

Cuando lleg el momento de alumbrar su embarazo, tuvo un nio muy hermoso. Mas
no queriendo que de conociese su gran pecado, hizo preparar una caja muy bien dispuesta,
forrada de telas suaves.

Llam a su criado de confianza y le encarg buscar tres tablillas: una de marfil, una
de oro y otra de plata. Sobre la primera orden que pusieran: El padre de este nio es su
to, y su madre es su ta. Despus, en un pergamino escribi: La tablilla de oro
pertenecer a este nio cuando sea mayor, y la de plata, a la que lo tome a su cuidado para
educarlo.

Coloc al nio en la caja, puso junto a l las tablillas y el pergamino y, echndolo al


ro, lo encomend a la proteccin divina. La cuna fue llevada por la corriente.

Haba, aguas abajo, a la orilla misma, un monasterio dedicado al mrtir Santiago el


Interciso. Por esos das se celebraba la fiesta del santo patrn. El superior del monasterio,
queriendo tener, para la fiesta, pescado fresco, fue a la orilla del ro y encontr a un
pescador, ofrecindole un dinar por todo lo que pescase durante la noche.

El pescador se mont en su barca y, remando, se dirigi al centro de la corriente. All


ech su sedal. Sac un gran pez y de nuevo lanz el sedal. En aquel momento pasaba la
caja, arrastrada por la corriente, y qued prendida en el anzuelo. El pescador tir y se
sorprendi al ver lo que penda de su sedal. La sac del agua, la coloc en su barca y
continu su trabajo. De madrugada se present al superior, al cual entreg la pesca y la
cuna, dicindole:

-Como habamos convenido que os entregara, por un dinar, toda mi pesca, a vos os
pertenece tambin esta caja.

El superior abri la caja y vio al tierno nio. Cogi el pergamino y tom las tablillas
de oro y de plata. Despus de haber ledo el pergamino, guard la de oro y entreg la de
plata al pescador, dicindole:

-Toma a este nio y entrgaselo a tu mujer para que lo cre. Y como pago, tuya es
esta tablilla de plata.

Despus ley lo que haba escrito en la de marfil y se asombr de aquellas palabras.


Pero nada dijo y la guard tambin.

El pescador llev al nio a su casa y la mujer le cri. Creci como un hermano ms


de los hijos de los pescadores, y fue educado como ellos y particip en sus juegos. Cuando
ya haba crecido, un da, disput con sus supuestos hermanos y les golpe. Los hijos de los
pescadores le dijeron:

-Ah, desgraciado! As pagas los beneficios que te hemos hecho, crindote y


educndote? Por eso te vuelves tan duro de corazn para nosotros?

Entonces, el muchacho, muy sorprendido por cuanto le acababan de decir, les


respondi:

-Me hablis como si no fueseis hermanos mos

Y ellos le contestaron que no lo eran. Entonces l fue a buscar a la mujer del pescador
y le dijo:

-Mis hermanos me han dicho que no son mis hermanos. Es que acaso no eres t mi
verdadera madre?

Entonces le cont la mujer:


-No, yo no soy tu madre. A nosotros te trajo un monje del monasterio de Santiago.

Cuando volvi el pescador, el muchacho le rog que lo llevase a ver al monje. ste lo
hizo as y juntos fueron a ver al monje. El mancebo al ver el aspecto del superior, le
pregunt:

-Eres t quiz mi padre?

El monje, sonriendo ante la inocencia del muchacho, le respondi:

_No, yo no soy tu padre ni s quin pueda ser. Slo te recog de una cuna que haba
sido echada al agua. All haba tres tablillas.

Y le cont todo lo dems. Y le dio el consejo de tomar el hbito de monje. Pero el


joven respondi:

-No; yo deseo ser soldado.

Tras estas palabras el superior le entreg la tablilla de oro. Fue a venderla a la ciudad
vecina y le dieron mil dinares de oro, con los que compr un caballo y un rico equipo de
soldado. Despus se despidi y le dieron la tablilla de marfil y la bendicin del monje.

Despus de algunos das de camino, lleg a una ciudad que estaba sitiada por un
poderoso ejrcito. Pregunt a los soldados:

-Qu ciudad es sta? Por qu la sitiis?

Los soldados le contestaron que era una ciudad gobernada por una mujer y que su rey
quera apoderarse de ella.

Entonces el joven guerrero cabalg aprisa, sin poder ser detenido por los soldados, y
lleg a las puertas de la ciudad, donde pidi alojamiento.

Por la maana oy las trompetas llamar a combate y las voces de los jefes que
incitaban a los soldados a la lucha. Se uni al grueso de las tropas que iban a hacer una
salida contra los sitiadores.
Cuando los escuadrones de la ciudad toparon con las primeras lneas enemigas, ya el
joven galopaba a la cabeza. La fuerza divina vino en su ayuda, prestndole fuerza a su
brazo, de tal manera que l solo hizo ms que todos los soldados juntos, destrozando a
centenares de enemigos. stos, aterrorizados, levantaron el cerco, dejando prisionero a su
rey y la ciudad recibi a los vencedores con gran algazara de cnticos y vtores, que iban
dedicados, sobre todo, al caudillo desconocido, que con su valor haba sido el verdadero
artfice de la victoria.

Los visires fueron a decirle a la reina:

-El ejrcito enemigo ha huido y su rey ha sido hecho prisionero por un joven soldado
desconocido que ha batallado con tal denuedo que nos ha conseguido el triunfo.

La soberana dese ver al mancebo y quiso recompensarle por lo que haba hecho.
Pero el joven nada quiso aceptar. Entonces la reina le propuso que fuera su marido y luego
proclamarlo rey. l acept, y este enlace fue recibido con gran alegra por los visires y por
todo el pueblo, que se senta orgulloso de su monarca.

Las bodas se celebraron con gran pompa. Grandes festines se dieron y el pueblo
estaba muy alegre. As pas algn tiempo. Un da la reina conversaba en su cmara con
sus doncellas. Se senta tan orgullosa de la belleza y el valor de su marido que hizo esta
pregunta:

-Conocis alguien ms hermoso que el rey? -despus suspir y dijo-. Y sin embargo
tiene una extraa enfermedad. Cada vez que entra en el gabinete de aseo sale con los ojos
enrojecidos y el semblante plido. Sin duda se apoderan de l malos espritus.

Entonces la mujer que ejerca la mayordoma dijo:

-Yo me enter de qu se trata.

Espi, a la maana siguiente, la llegada del rey al gabinete de aseo y vio que de un
armario sacaba una tablilla y que, despus de leerla, sus ojos se llenaban de lgrimas y
quedaba plido.

Fue en seguida a decrselo a la reina, quien pidi que le llevase la tablilla que el rey
guardaba. La fmula as lo hizo y cuando la soberana tom la tablilla y la hubo ledo, cay
desmayada. Aquella tablilla la haba escrito ella misma cuando ech al ro, en una cuna, el
fruto de su horrendo pecado.

Esta reina, en efecto, no era sino la hermana de Juan, el hijo de Armenios.

Las criadas fueron a avisar rpidamente al rey de que la reina haba sido vctima de
un accidente. Cuando lleg el monarca, vio que su esposa estaba llorando. Le pregunt la
causa de su mal, y ella, desesperada, rasgndose los vestidos, le cont lo siguiente:

-Estoy maldita del Seor! Yo fui quien escribi esas palabras en la tablilla. No solo
t eres hijo de un gran pecado, sino que t y yo hemos cometido uno de nuevo, ms
nefando todava. Yo soy tu madre!

El joven rey, atrozmente torturado, sali de palacio sin saber adnde dirigirse. Fue a
la orilla del mar y vio a un pescador.

-Toma mis vestidos y dame un guebbeh (hbito rstico).

El pescador dijo que tan humilde vestidura no corresponda al rey. Pero ste insisti y
el pescador no tuvo ms remedio que obedecer y cambi su guebbeh por las ricas
vestiduras reales.

El soberano le mand despus a comprar una gruesa cadena de hierro con un


candado. Cuando se la hubo trado, el rey se ci la cadena a sus pies, tir la llave al mar y
le pidi al pescador que lo pasase hasta una isla que haba cerca de all, pero que no era
visitada por nadie. El pescador no pudo rehusar, y menos cuando oy al monarca que
deca:

-Oh, Seor! Ten piedad de aquel que es fruto de un pecado como jams se ha
cometido otro en la Tierra, y que para agravar su falta se ha casado con su madre despus
e ser hijo de su to.

Despus qued solo en la isla, haciendo voto de no comer ni pan ni viandas


preparadas, sino slo la hierva que podra coger con su boca. El guebbeh que llevaba se
rompi y su cuerpo qued expuesto a la intemperie.

Pas el tiempo. Nadie supo nada ms del rey. Mientras tanto, el nuevo rey que haba
sucedido a la hermana de Juan, que se haba retirado del palacio, supo que el patriarca
estaba a punto de morir. Era costumbre que los patriarcas tuvieran a su servicio jvenes
clrigos, que escogan entre los que observaban mejor conducta y disposicin. Y entre
ellos escogan a sus sucesores.

El rey fue al patriarca y le dijo que diera el nombre el que haba de ser su sucesor.
Pero el patriarca, moribundo, le dijo:

-No puedo darte nombre alguno, por desgracia. Oh, seor!, ninguno de los jvenes
que he tenido a mi servicio es digno de ocupar mi lugar.

Y sin decir ms expir.

El rey escogi a algunos de sus servidores y los envi a recorrer los monasterios para
preguntar si alguno de los monjes era digno de ser nombrado patriarca. Unos de estos
emisarios llegaron adonde estaba el pescador. Fueron dirigidos hasta all por la voluntad
divina. Tenan hambre y pidieron al pescador que echase su anzuelo para sacar algo con
que saciar su necesidad.

El pescador ech su anzuelo, sac un pez y, cuando su mujer lo abri para cocinarlo,
vio que en su vientre haba una llave de hierro que su marido reconoci al momento como
la de las cadenas que haba comprado para el rey.

Los emisarios, al or esto, le preguntaron de qu se trataba y l les explic lo que le


haba ocurrido haca muchsimos aos y la vida dursima de penitencia que desde entonces
debera estar llevando el desdichado rey.

Los emisarios le pidieron que les condujera hasta la isla, y cuando estuvieron all
encontraron al solitario con las manos en alto, orando en el fervor ms profundo al Seor
para que le fueran perdonados sus pecados y faltas.

Lo llevaron con ellos al palacio del rey, el cual habiendo sabido la vida de penitencia
que haba llevado, llam a doce obispos, los cuales estuvieron de acuerdo en que era digno
de ser patriarca, y como tal lo consagraron.

As se salv, por la esperanza y la fe en la bondad de Dios, y el Seor le confiri el


poder de realizar prodigios y curaciones milagrosas.
Su madre, que desde que l partiera de palacio haba vivido en la penitencia, padeca
una terrible enfermedad. Le envi recado, sin saber quin era el patriarca, de que se
dignase conceder la audiencia y pedir para ella la salud del Seor.

El patriarca, cuando la vio, la reconoci al momento. Pidi al Seor que la curase, y


as le fue concedido. Ella le dio las gracias, arrodillada a sus pies, y le dijo que regresaba a
su patria y que rogara por l. l le dijo:

-Antes quiero que sepas quin soy.

Y le descubri su personalidad. La madre cay desvanecida. Pero el patriarca la


consol, dicindole:

-Oh, madre ma, ya ves los favores que Dios concede a los que hacen penitencia!

l la revisti de los hbitos anglicos y fue salvada.

Y as se salvaron los dos y murieron santamente.

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