Dialogos de Popol Vuh

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NARRADOR: Esta es la relacin de como todo estaba suspenso, todo en calma, en

silencio;
todo inmvil, callado, y vaca la extensin del cielo. Esta es la primera relacin, el
primer discurso. No haba todava un hombre, ni un animal, pjaros, peces, cangrejos,
arboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas, ni bosques: solo el cielo exista. No se
manifestaba a faz de la tierra, solo estaban en el mar en calma y el cielo en toda su
extensin solamente haba inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Solo el
creador y el formador Tepeu y Gucumatz los progenitores; estaban en el agua rodeado
de claridad. Llego aqu entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz en la
oscuridad en la noche y hablaron entre si y meditando; se pusieron de acuerdo
juntaron sus palabras y pensamientos. Entonces se manifest con claridad mientras
meditaban, que cuando amaneciera deba aparecer un hombre. Entonces dispusieron
la creacin y el crecimiento de los rboles y bejucos y la creacin de hombre.
Entonces vinieron Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la
claridad, como se ara para que aclare y amanezca, quien ser el que produzca el
alimento y el sustento.
TEPEU-GUCUMATZ: hgase as! Que se llene el vaco!
desocupe que surja la tierra y que se afirme.

Que esta agua se retire y

NARRADOR: as dijeron.
TEPEU-GUCUMATZ: Que aclare que amanezca en el cielo y en la tierra. No habr
gloria ni grandeza en nuestra creacin y formacin hasta que exista la criatura
humana, el hombre formado.
NARRADOR: As dijeron Luego la tierra fue creada por ellos. As es como en
realidad la creacin de la tierra.
TEPEU-GUCUMATZ: Tierra!
NARRADOR: Dijeron y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como
una polvareda fue la creacin cuando surgieron del agua las montaas; y al instante
crecieron las montaas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y
pinares en la superficie. Y as se llen de alegra Gucumatz, diciendo
GUCUMATZ: Buena ha sido la venida corazn del cielo. Nuestra obra nuestra creacin
ser terminada.
TEPEU-GUCUMATZ: Contestaron.Luego hicieron los animales pequeos de
monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaa, los venados, los
pjaros, leones, tigres, serpientes, culebras . Y dijeron los progenitores.
TEPEU-GUCUMATZ: Solo silencio e inamovilidad habr bajo los rboles y los bejucos.
NARRADOR: As dijeron Cuando meditaron y hablaron enseguida. Al punto
fueron creados los venados y las aves. En seguida la reparticin de sus moradas a las
aves y venados.
TEPEU-GUCUMATZ: Tu venado dormirs en la vega de los ros y en los barrancos.
Aqu estars entre la maleza, entre las hiervas; en el bosques os multiplicareis, en
cuatro pies andaris y os sostendris.
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NARRADOR: Y as como se dijo as se iz luego asignaron su morada a los pjaros.


TEPEU-GUCUMATZ: Vosotros pjaros habitareis sobre los rboles y los bejucos all
aris vuestros nidos, all os multiplicareis, all os sacudiris en las ramas de los rboles
y bejucos.
NARRADOR: Y as fue dicho a los venados y pjaros. Y estando terminada la creacin
de todos los cuadrpedos y pjaros por el creador y el formador.
TEPEU-GUCUMATZ: Hablad, gritad, gorjear, llamad, hablad cada uno su especie,
segn la variedad de cada uno.
NARRADOR: As fue dicha a los animales.
TEPEU-GUCUMATZ: Decid, pues, vuestros nombres alabadnos a nosotros vuestra
madre vuestro padre invocad el corazn del cielo, el corazn de la tierra el creador, el
formador los progenitores; hablad, invocadnos adoradnos.
NARRADOR: Les dijeron pero no fue posible que hablaran como los hombres; solo
chillaban, cacareaban y graznaban; no se manifest la forma de la lengua y cada uno
gritaba de una forma diferente. Cuando el creador y el formador vieron que no fue
posible que hablaran se dijeron entre s:
TEPEU-GUCUMATZ: No ha sido posible que ellos digan nuestros nombres el de
nosotros, sus creadores y formadores. Esto no est bien entre si los progenitores.
NARRADOR: Entonces se les dijo:
TEPEU-GUCUMATZ: Seris cambiados porque no se ha conseguido que hablis.
Hemos cambiado de parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestras habitaciones
u vuestros nidos los tendris sern los barrancos y los bosques, porque no se ha
podido lograr que nos adoris ni nos invoquis. Todava no hay quien nos adoren
aremos otros seres que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras
carnes sern trituradas. As ser esta ser vuestra suerte.
NARRADOR: As dijeron. Por esta razn fueron inmoladas sus carnes y fueron
condenados a ser comidos y matados los animales que existan sobre la faz de la
tierra. As pues hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el
creador, el formador y los progenitores.
TEPEU-GUCUMATZ: Aprobar otra vez!..... Cmo aremos para ser invocados para ser
recordados sobre la tierra? Probemos ahora a hacer unos seres obedientes,
respetuosos, que nos sustenten y alimenten.
NARRADOR: As dijeron Entonces fue la creacin y la formacin. De tierra, de
lodo hicieron la carne del hombre. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshaca,
estaba blando, no tena movimiento, no tena fuerza, se caa, estaba aguado, no mova
la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenia de lado la vista, no poda ver Asia tras.
Al principio hablaba, pero no tena entendimiento rpidamente se humedeci dentro
del agua y no se pudo sostener. Y dijeron el formador y el creador:
TEPEU-GUCUMATZ: Bien se ve que no puede andar ni multiplicar. Que se haga una
consulta sobre esto.
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NARRADOR: Dijeron. Entonces desbarataron y deshicieron su obra su creacin.


Y en seguida dijeron:
TEPEU-GUCUMATZ: Cmo haremos para perfeccionar para que salga bien nuestros
adoradores nuestros invocadores?
NARRADOR: As dijeron.... Cuando de nuevo consultaron entre s.
TEPEU-GUCUMATZ: Digmosle a Ixpyacoc, Hunahp-Vuch, Hunahp-Uti; probad
suerte otra vez Probada hacer la creacin.
NARRADOR: As dijeron entre si el formador y el creador.. En seguida les
hablaron aquellos adivinos, la abuela del alba, que as eran llamados por el creador y
el formador cuyos nombres eran IXPYACOC e IXMUCANE.. Y dijeron Tepeu
y Gucumatz:
TEPEU-GUCUMATZ: Hay que reunirse y encontrar los medios para que le hombre que
formemos, que vamos a crear nos sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de
nosotros. Entrad pues en consultad, abuelo, abuela, nuestra abuela nuestro abuelo
Ixpyacoc, Ixmucane, haced que seamos adorados, que seamos recordados por el
hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que as se haga.
Echad la suerte con nuestros granos de maz y de tzit hgase as y se sabr y
resultara si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera.
NARRADOR: as fue dicho a los adivinos A continuacin vino la adivinacin, la
echada de la suerte con el maz y tzit.
IXPYACOC-IXMUCANE: suerte criatura!
NARRADOR: Les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de la suerte
del tzit, el llamado Ixpyacoc y la vieja era la adivina la formadora que se llamaba
Chiracan Ixmucane.
IXPYACOC-IXMUCANE: Juntaos, acoplaos. Hablad que os oigamos decir, declarad si
conviene que se junte la madera y que sea labrada por el creador y el formador y este
hombre de madera es el que os as de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando
amanezca. Tu maz, tu suerte, tu criatura unos ayuntados. Ven a sacrificar aqu
corazn del cielo, no castiguis a Tepeu y Gucumatz.
NARRADOR: Entonces hablaron y dijeron la verdad.
IXPYACOC-IXMUCANE: Buenos saldrn vuestros muecos hechos de madera
hablara y conversaran sobre la faz de la tierra. As sea.
NARRADOR: Contestaron. Y al instante fueron hechos los muecos labrados de
madera. Se parecan al hombre. Hablaban como el hombre y poblaron la superficie de
la tierra. Existieron y se multiplicaron tuvieron hijos tuvieron hijas los muecos de palo
pero n tenan alma, ni entendimiento, no se acordaban de su creador y formador
caminaban sin rumb andaban a gatas. Fue solamente ensayo un intento de hacer
hombres. Hablaron al principio pero su cara estaba en junta; sus pies y manos no
tenan consistencia; no tena sangre, ni humedad, ni gordura, sus mejillas estaban

secas, secos sus pies y manos amarillos sus carnes. Por esta razn ya no pensaban en
el creador y el formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos.
Estos fueron los primeros hombres que en gran nmero existieron sobre la faz de la tierra.
En seguida fueron aniquilados, destruidos y desechos los muecos de palo y recibieron
la muerte una gran inundacin un gran diluvio se form y cay encima de sus cabezas
de los muecos de palo. Y esto fue para castigarlo porque no haban pensado en su
madre y en su padre. Y por este motivo se oscureci la faz de la tierra y comenz una
lluvia negra, una lluvia de da y de noche. Llegaron los animales y les devoraron las
carnes.
NARRADOR: As fue la ruina de los hombres que haban sido creados formados, de los
hombres hechos para ser destruidos y aniquilados a todos fueron destrozadas las
bocas y caras. Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existan
ahora en los bosques; estos son las muestra de aquellos, porque solo de palo fue echa
su carne por el creador y el formador. Y por esta razn el mono se parece al hombre,
es la muestra de una generacin de hombres creados, de hombres formados que eran
solamente muecos y hechos solamente de madera
Haba entonces muy poca claridad sobre la faz de la tierra. Aun haba sol. Sin
embargo, haba un ser orgulloso de s mismo que se llamaba VUCUB CAQUIX. Exista
ya el cielo y la tierra pero estaba cubierta la faz del sol y la luna y deca VUCUB
CAQUIX:
VUCUB CAQUIX: Verdaderamente soy muestra clara de aquellos hombres que se
ahogaron y su naturaleza es como la de los seres sobre naturales. Yo ser grande
sobre todos los seres creados y formados. Yo soy el sol, soy la caridad, la luna. Grande
es mi esplendor, por de plata son mis ojos resplandecientes como piedras preciosas,
como esmeraldas, mis dientes brillan como piedras finas semejantes a la faz del cielo,
mi trono es de plata y la fas de la tierra se ilumina cuando salgo frente a mi trono. As
pues yo soy el sol, yo soy la luna para el linaje humano. As ser porque mi vista
alcanza muy lejos.
NARRADOR: de esta manera hablaba VUCUB CAQUIX pero en realidad l no era el sol;
solamente se vanagloriaba de sus riquezas. Pero su vista solo alcanzaba el horizonte y
no se extenda sobre el mundo. Aun no se le vea la cara al sol ni a l luna, ni a las
estrellas, y aun no haba amanecido. Por esta razn VUCUB CAQUIX se envaneca
como si l fuera el sol y la luna, porque an no se haba manifestado ni se ostentaba la
claridad del sol y la luna.
Este es el principio de la ruina de VUCUB CAQUIX por los dos muchachos el primero
que se llamaba HUNAHP y el segundo IXBALANQU. Estos eran dioses verdaderos,
como vean el mal que hacia el soberbio dijeron:
HUNAHP-IXBALANQU: no est bien que esto sea as, cuando el hombre no vive
todava aqu sobre la tierra. As pues, probaremos a tirarle con la cerbatana; le
tiraremos y le causaremos una enfermedad, y entonces se acabaran sus riquezas, sus
piedras verdes, sus metales preciosos, sus esmeraldas, sus alhajas de que se
enorgullece.

NARRADOR: as ser, dijeron los muchachos, echndose cada uno su cerbatana al


hombro. Vucub Caquix tena dos hijos: el primero se llamaba Zipacn y el segundo
Cabracn; y la madre de los dos se llamaba Chimalmat la mujer de Vucub Caquix.
Contaremos ahora el tiro de cerbatana que dispararon, los dos muchachos contra
Vucub Caquix, y la destruccin de cada uno de los que se haba ensoberbecido, Vucub
Caquix tena un gran rbol de nance, cuya fruta era la comida de Vucub Caquix.
Hunahp e Ixbalanqu haban visto que esa era su comida y habindose puesto en
asecho de Vucub Caquix al pie del rbol, escondido entre las hojas, llego Vucub Caquix
directamente su comida de naces. En este momento fue herido por un tiro de
cerbatana de Hunahp, que le dio precisamente en la quijada, y dando gritos se vino
derecho a tierra desde lo alto del rbol. Hunahp corri apresuradamente para
apoderarse de l, pero Vucub Caquix le quito un brazo a Hunahp y tirando de l lo
doblo desde la punta hasta el hombro. As le arranco el brazo Vucub Caquix. Llevando
el brazo de Hunahp se fue Vucub Caquix para su casa.
CHIMALMAT: que os ha sucedido, seor
NARRADOR: dijo Chimalmat, la mujer de Vucub Caquix.
VUCUB CAQUIX: Qu ha de ser si no aquellos dos demonios que me tiraron con
cerbatana y me desquiciaron la quijada? A causa de ellos se me menean los dientes y
me duelen mucho. Pero yo he trado su brazo para ponerlo sobre el fuego, porque de
seguro vendrn a buscarlo esos demonios
NARRADOR: as hablo Vucub Caquix mientras colgaban el brazo de Hunahp.
Hunahp e Ixbalanqu se fueron a habla con un viejo que tena los cabellos
completamente blanco y con una vieja, de verdad muy vieja y humilde, ambos
doblados ya como gente muy anciana. Llamndose el viejo Zaqui-nin-ac y la vieja
Zaqui-nima-tiziis. Los muchachos les dijeron a la vieja y el viejo.
HUNAHP E IXBALANQU: acompaadnos para ir a traer nuestro brazo a la casa de
Vucub Caquix. Nosotros iremos detrs.
VIEJOS: pues lo nico que podemos hacer es sacar el gusano de las muelas. As les
diris. Est bien.
NARRADOR: contestaron los viejos. A continuacin se pusieron en camino para el
lugar donde se encontraba Vucub Caquix. Al ver Vucub Caquix al viejo y la vieja y a los
que acompaaba les pregunto el seor:
VUCUB CAQUIX: de dnde vens, abuelos?
VIEJOS: andamos buscando de que alimentarnos, respetable seor.
VUCUB CAQUIX: y cul es vuestra comida? No son vuestros hijos estos que os
acompaan?
VIEJOS: oh, no, seor! Son vuestros nietos; pero les tenemos lastima, y lo que a
nosotros nos dan compartimos con ellos, seor.
NARRADOR: contestaron el viejo y la vieja.

VUCUB CAQUIX: yo os ruego encarecidamente que tengis lastima de m, Qu


podis hacer? Qu es lo que sabis curar?
NARRADOR: le pregunto el seor y los viejos contestaron.
VIEJOS: oh, seor, nosotros solo sacamos el gusano de las muelas, curamos los ojos
y ponemos los huesos en su lugar!
VUCUB CAQUIX: est bien. Curadme los dientes que verdaderamente me hacen
sufrir da y noche, y a causa de ellos y de mis ojos no tengo sosiego y no puedo dormir.
VIEJOS: muy bien seor. Un gusano es el que os hace sufrir. Bastara con sacare esos
dientes y poner otros en su lugar.
VUCUB CAQUIX: No est bien que me saquis los dientes, porque solo as soy seor y
todo mi ornamento son mis dientes y mis ojos.
VIEJOS: nosotros os pondremos otros en su lugar, hechos de hueso molido.
NARRADOR: Pero el hueso molido no era ms que granos de maz blanco. Sacndole
entonces los dientes a Vucub Caquix, y en su lugar le pusieron solamente granos de
maz blanco, y estos granos de maz le brillaban en la boca. Por ultimo le curaron los
ojos a Vucub Caquix reventndole las nias de los ojos y acabaron de quitarle todas
sus riquezas. As muri Vucub Caquix. Luego recupero su brazo Hunahp muri
tambin Chimalmat, la mujer de Vucub Caquix. La vieja y el viejo que estas cosas
hicieron eran seres maravillosos. Y habiendo recuperado el brazo, volvieron a ponerlo
en su lugar y quedo bien otra vez. Los dos muchachos habiendo ejecutado as la orden
del corazn del cielo.
NARRADOR: eh aqu los hechos de Zipacn el primer hijo de Vucub Caquix.
ZIPACN: yo soy el creador de las montaas.
NARRADOR: deca Zipacn. Este Zipacn se estaba baando a la orilla del rio cuando
pasaron cuatrocientos muchachos, que llevaban arrastrando un rbol para sostn de
su casa. Los cuatrocientos muchachos caminaban despus de haber cortado un gran
rbol para biga madre de su casa. Llego entonces Zipacn y dirigindose hacia donde
estaban los cuatrocientos muchachos, les dijo.
ZIPACN: Qu estis asiendo, muchachos?
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: solo es este palo, que no lo podemos levantar y
llevar en nuestros hombros.
ZIPACN: yo lo llevare. A dnde ha de ir? Para qu lo queris?
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: para biga madre de nuestra casa.
ZIPACN: est bien, y levantndolo se lo echo al hombro y lo llevo hacia la entrada de
la casa de los cuatrocientos muchachos.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: ahora qudate con nosotros, muchacho, tienes
madre o padre?
ZIPACN: no tengo.
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CUATROCIENTOS MUCHACHOS: entonces te ocuparemos maana para preparar


otro palo para sostn de nuestra casa.
ZIPACN: bueno.
NARRADOR: los cuatrocientos muchachos confere3nciaron enseguida y dijeron.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: Cmo haremos, con este muchacho para matarlo?
Porque no est bien lo que a echo levantando el solo el palo, hagamos un gran hoyo y
echmoslo para hacerlo caer en l. Baja a sacar y traer tierra del hoyo le diremos y
cuando se haiga agachado le dejaremos caer el palo grande y ah en el hoyo morir.
NARRADOR: as dijeron los cuatrocientos muchachos y luego abrieron un gran hoyo
muy profundo. Enseguida llamaron a Zipacn.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: nosotros te queremos bien. Anda, ven a cavar la
tierra porque nosotros ya no alcanzamos, le dijeron.
ZIPACN: est bien.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: has bajado ya muy hondo?
ZIPACN: s.
NARRADOR: contesto. Mientras comenzaba a abrir el hoyo, pero el hoyo que estaba
haciendo era para librarse del peligro. l saba que lo queran matar; por eso, al abrir
el hoyo, hizo, hacia un lado, una segunda excavacin para librarse. Por ltimo los
llamo Zipacn; pero cuando llamo ya se haba puesto a salvo dentro del hoyo.
ZIPACN: venid a sacar y llevaros la tierra que he arrancado y est en el asiento del
hoyo, porque en verdad lo he ahondado mucho. No os mi llamado?
NARRADOR: entonces los muchachos arrojaron violentamente un gran palo, que cay
con estruendo al fondo del hoyo.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: que nadie hable! Esperemos hasta or sus gritos
cuando muera, se dijeron entre s, hablando en secreto y cubrindose cada uno la
cara, mientras caa el palo con estrepito.
NARRADOR: hablo entonces lanzando un grito, pero llamo una sola vez cuando callo
el palo en el fondo.
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: qu bien nos ha salido! Ya muri
NARRADOR: dijeron los jvenes. Y llenos de alegra dijeron:
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: ahora vamos a fabricar nuestra chicha durante
estos tres das. Pasados estos tres das beberemos por la construccin de nuestra
casa, nosotros los cuatrocientos muchachos.
NARRADOR: luego dijeron:
CUATROCIENTOS MUCHACHOS: maana veremos y pasado maana veremos
tambin si no vienen las hormigas cuando hieda y se pudra. Enseguida se tranquilizara
nuestro corazn y beberemos nuestra chicha.
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NARRADOR: dijeron. Zipacn escuchaba desde el hoyo todo lo que hablaban los
muchachos y luego, el segundo da, llegaron las hormigas en montn, yendo y
viniendo y juntndose debajo del palo. Unas traan en la boca los cabellos y las uas
de Zipacn. Cuando vieron esto los muchachos, dijeron.
NARRADOR: Esta es la historia de una doncella, hija de un seor llamado
Chuchumaquic. Y el de la doncella Ixquic. Cuando ella oy la historia de los frutos del
rbol, que fue contada por su padre, se qued admirada de orla.
IXQUIC: por qu no he de ir a ver ese rbol que cuentan?, exclamo la joven.
Ciertamente deben ser sabrosos los frutos de que oigo hablar.
NARRADOR: a continuacin se puso en camino ella sola y llego al pie del rbol que
estaba sembrado en Pucbal-Chah.
IXQUIC: no es admirable ver como se ha cubierto de frutos? Me he de morir, me
perder si cort uno de ellos?
NARRADOR: dijo la doncella. Hablo entonces la calavera que estaba entre las ramas
del rbol y dijo:
HUN-HUNAHP: Qu es lo que quieres?
NARRADOR: as dijo la cabeza de Hun-Hunahp dirigindose a la joven.
HUN-HUNAHP: por ventura los deseas?
IXQUIC: si los deseo.
NARRADOR: contesto la doncella.
HUN-HUNAHP: muy bien. Extiende hacia ac tu mano derecha.
IXQUIC: bien.
NARRADOR: y levantando su mano derecha la extendi en direccin hacia la
calavera. En ese instante la calavera lanzo un chisguete de saliva que fue a caer
directamente en la palma de la mano de la doncella.
HUN-HUNAHP: en mi saliva y mi baba te he dado mi descendencia. Ahora mi
cabeza ya no tiene nada encima, no es ms que una calavera despojada de la carne.
Sube, pue, a la superficie de la tierra, que no morirs. Confa en mi palabra que as
ser.
NARRADOR: y todo lo que tan acertadamente hicieron fue por mandato de Huracn,
Chipi-Calculh y Raxa-Calculh.
NARRADOR: Hunahp e Ixbalanqu muy contentos estaban jugando en el patio de
juego de pelota. Y oyndolos, los seores de Xibalb dijeron:
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SEORES
cabezas y
Hunahp y
a llamarlos

DE XIBALB: Quines son esos que vienen a jugar sobre nuestras


que nos molestan con el tropel que hacen? Acaso no murieron HunVucub-Hunahp, aquellos que se quisieron engrandecer ante nosotros? Id
al instante!

NARRADOR: as dijeron Hun-Cam, Vucub-Cam y todos los seores.


HUNAHP E IXBALANQU: ser cierto?
NARRADOR: dijeron los muchachos al or esto. Y se marcharon enseguida, llevando
cada uno su cerbatana, y fueron bajando en direccin a Xibalb. Al entrar ah,
pensaban los de Xibalb que sera el principio de su derrota. Pero habiendo sido
advertidos de todos los sufrimientos que les queran imponer, no murieron de los
tormentos de Xibalb, ni fueron vencidos por todos los animales feroces que haba en
Xibalb.
SEORES DE XIBALB: que vengan! Id a buscar a los muchachos, id all para que
sepan que los vamos a quemar.
NARRADOR: esto dijeron los seores.
HUNAHP E IXBALANQU: est bien.
NARRADOR: contestaron. Y ponindose rpidamente en camino, llegaron junto a la
hoguera. All quisieron obligarlos a divertirse con ellos.
SEORES DE XIBALB: tomemos nuestra chicha y volemos cuatro veces cada uno
encima de la hoguera, muchachos!
HUNAHP E IXBALANQU: no tratis de engaarnos, acaso no tenemos
conocimiento de nuestra muerte, y de que esos es lo que aqu nos espera?
NARRADOR: y juntndose frente a frente, extendieron ambos los brazos, se inclinaron
hacia el suelo y se precipitaron en la hoguera, y as murieron los dos juntos. Todos los
de Xibalb se llenaron de alegra y dando muchas voces y subidos, exclamaban.
SEORES DE XIBALB: ahora si los hemos vencido! Por fin se han entregado!
NARRADOR: y al da siguiente se presentaron dos pobres de rostros avejentados y
aspecto miserable, vestidos de harapos, y cuya apariencia no los recomendaba. As
fueron vistos por los de Xibalb. Y era poca cosa lo que hacan. Solamente se
ocupaban de bailar, y tambin, obraban muchos otros prodigios.
SEORES DE XIBALB: de dnde vens?
HUNAHP E IXBALANQU: no lo sabemos, seor, no conocemos la cara de nuestra
madre ni la de nuestro padre; ramos pequeos cuando murieron.

SEORES DE XIBALB: est bien. Ahora haced vuestros juegos para que os
admiremos.
NARRADOR: entonces dieron principio a sus cantos y a sus bailes.
SEORES DE XIBALB: despedazad a mi perro y que sea resucitado por vosotros.
HUNAHP E IXBALANQU: est bien
NARRADOR: contestaron, y despedazaron al perro. Y enseguida lo resucitaron.
SEORES DE XIBALB: quemad ahora mi casa!
NARRADOR: al momento quemaron la casa del seor, y aunque estaban juntos todos
los seores dentro de la casa, no se quemaron. Pronto volvi a quedar buena y ni un
instante estuvo perdida la casa de Hun-Cam. Maravillaronse todos los seores y
asimismo sus bailes les causaban mucho placer.
SEORES DE XIBALB: haced
despedazadnos uno por uno!

lo

mismo

con

nosotros!

Sacrificadnos!,

HUNAHP E IXBALANQU: est bien, despus resucitareis.


NARRADOR: y he aqu que primero sacrificaron al que era su jefe y Seor, el llamado
Hun-Cam, rey de Xibalb. Y muerto Hun-Cam, se apoderaron de Vucub-Cam. Y no
los resucitaron. As fueron vencidos los seores de Xibalb. De esta manera comenz
su destruccin y comenzaron sus lamentos. No era mucho su poder antiguamente.
Solo les gustaba hacer el mal los hombres en aquel tiempo. As fue, pues, la prdida
de su grandeza y la decadencia de su imperio. Y esto fue lo que hicieron Hunahp e
Ixbalanqu.
NARRADOR: he aqu, pues, el principio de cuando se dispuso hacer al hombre, y
cuando se busc lo que deba entrar en la carne del hombre.
TEPEU Y GUCUMATZ: ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra
y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir, los hijos esclarecidos, los
vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la
tierra.
NARRADOR: de esta manera salieron a la luz claramente sus decisiones. De Pixil, de
Cayal, as llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Y esta
fue la que entro en la carne del hombre creado; de esta se hizo la sangre del hombre
formado. As entro el maz en la formacin del hombre por obra de los progenitores. Y
moliendo entonces las mazorcas, hicieron nueve bebidas y de este alimento
provinieron la fuerza y la gordura y con el crearon los msculos y el vigor del hombre...
Hablaron, conversaron, vieron y oyeron; fueron dotados de inteligencia. Y enseguida
acabaron de ver cunto haba en el mundo.

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HOMBRES DE MAZ: en verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido
creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, omos, pensamos y andamos.
Os damos gracias, pues, por avernos creado, oh creador y formador!
NARRADOR: entonces existieron tambin sus esposas y fueron hechas sus mujeres.
Dios mismo las hizo cuidadosamente, y as, durante el sueo, llegaron,
verdaderamente hermosas sus mujeres y entonces les amaneci y les brillo la aurora
a nuestros abuelos y nuestros padres. Grandemente se alegraron cuando vieron a la
estrella de la maana. Sali primero con la faz resplandeciente, cuando sali primero
delante del sol. En seguida, sali el sol. Alegraronse los animales chicos y grandes. Y
todos dirigiendo la vista al oriente, all donde sale el sol.

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