Este documento analiza la evolución de la obra y el pensamiento de Stephane Mallarmé, poeta francés del siglo XIX. Se divide en cuatro etapas clave de su vida: su aprendizaje en Tournon, sus poemas nocturnos en Idumea, sus sentidos en Valvins y su inteligencia en la Rue de Rome. También describe su estudio de las palabras inglesas y su intento de reintegrar el sentido tribal a las palabras, así como su visión de transformar a los dioses en fenómenos naturales.
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Este documento analiza la evolución de la obra y el pensamiento de Stephane Mallarmé, poeta francés del siglo XIX. Se divide en cuatro etapas clave de su vida: su aprendizaje en Tournon, sus poemas nocturnos en Idumea, sus sentidos en Valvins y su inteligencia en la Rue de Rome. También describe su estudio de las palabras inglesas y su intento de reintegrar el sentido tribal a las palabras, así como su visión de transformar a los dioses en fenómenos naturales.
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JOSE LEZAMA LIMA. ALGUNOS contorno.
TRATADO EN LA HABANA. Barcelona: El esplendor, la fuerza irradiante de esa
Anagrama, 1971. esencia era capaz de reobrar sobre el pasado, en una hiperbólica paradoja, como Febrero 17, 1956. NUEVO MALLARMÉ causa. De la misma manera que el redescubrimiento de Ronsard, aun dentro de El nombre de Stephane Mallarmé ha las dificultades que el siglo XIX oponía para comenzado a destilar sus prodigios al ello, acompañadas al mismo tiempo de las alcanzar nuevas figuras, nuevas entidades en necesidades que se imponían en ese lo temporal. Veinte años después de su encuentro para ciertas leyes ineludibles del muerte se asociaba su nombre al primor o al verso francés, se debe más que a la refinamiento, a las insinuaciones, a las sorpresiva lupa de Sainte Beuve, al variantes sutiles de la destilación, a los movimiento de lenta serpiente en el verso de laberintos trazados por alcanzar la gota o el Baudelaire. En ese sentido la «école diamante. Medio siglo después de su muerte, lyonnaise», en sus dos ramificaciones de se ha superado ya el festín de las delicias, el Maurice Scéve y de Louise Labé, no puede «liqueur framboisé», el « jus de cerises», para ser considerada como el antecedente de la penetrar en el hombre absorto ante las factura y de los prodigiosos hallazgos del provocaciones y burlas de las palabras, el verso de Mallarmé, sino, por el contrario, desmesurado precio que nos cobran desde cuando Mallarmé obtuvo el resultado que exhaladas recobran su suspensión y se incomparable de su alquimia y de la irra- diluyen en el ajeno laberinto. Persiguiendo diación de su palabra, aquella zona del siglo con total reverencia y acatamiento los XVII, se aclaró como si el destello dictados de su llamado o de su visión. Ya no mallarmeano fuera la chispa para la es el hombre preocupado por la nitidez, la evaporación histórica de la Plaza de Lyon, unidad o la simple irreductibilidad en la cuando los músicos y los poetas comenzaron destilación de la gota; el afanoso de que los sus exigentes y circunspectas visitas, sus corpúsculos de las palabras, convertidos en amables conversaciones para el recitado y la sustancia, mantengan su incandescencia. En danza, y el mismo Maurice Scéve avivó su esa dimensión el nombre de Stephane palabra al acompañarla de las orgullosas Mallarmé, redondea su sombra como un demandas de un instrumento delicado tañido enigma que al deshacerse reaparece, en con rigor. nuevo puro enigma permanente para lo En el recorrido del verso francés, a lo largo temporal, por las Cabrillas o por Casiopea. Ya del siglo XIX, se había asegurado la posición es el semejante de Empédocles, Pitágoras, de peligro, el riesgo del descubrimiento, las Hamlet, Pascal, o el rey Sebastián, cuyas arrogancias de una aventura que se había permanencias en la posteridad no dependen levantado con las inmensas exigencias del yo tan sólo de su obra, sino de sus gestos separado. Esa aceptación, sin reparos y a reconstruidos por sus imágenes, del entero gusto de la simpatía, de la novedad, contrapunto que lograron establecer, o de del reto, de la presunción de infinitud, que una inmensa novela, donde aun después de nos hacía desfallecer y como obligarnos al muertos sus dedos de escriba egipcio como abandono de la pereza, había alcanzado un en un sueño, van pasando nuevos capítulos. peligroso prestigio cuyo destello sigue Es ya entonces, una cualidad, una pura fascinando el enlace de las generaciones. vocación, una desconocida variante en la Hugo había logrado ya esas evaporaciones historia del ceremonial. En ese sentido mediante las cuales el verso desprende el Thierry Maulnier, refiriéndose a un poeta reflejo de las arengas nocturnas en las contemporáneo de Ronsard, aunque su ciudades sumergidas o las risueñas antítesis, hablaba de una «intensité provocaciones de los filtros. A lo que había mallarméene de pensé». Ésa es la presencia añadido Nerval una virtud como de oficiante, actual y más perdurable de Mallarmé, hay hierática, que comenzaba por llevar la poesía una intensidad mallarmeana, como hay un a las nocturnas, implacables rocas del gemido en Pascal, una voluptuosidad a lo sacrificio. Baudelaire había jugado en una Montaigne, una dignidad en Racine, una forma desgarrada a la lenta, voluptuosa lucidez a lo Baudelaire. Un nombre trocado conducción de la poesía desde la «areteia», en el esplendor de una cualidad, de una el destino, el espíritu en la sangre, a la esencia que reobra y actúa como la propia «aristia», es decir, a la protección en el persona, su testimonio y la resistencia de su combate de Pallas Ateneo. Pero le estaba reservado a Mallarmé, el secreto de las afán de reintegrarle a las palabras el sentido inmensas acumulaciones exigidas por el de la tribu, estudia Mallarmé las palabras movimiento del verso o por las penetraciones inglesas, en ese momento en que las costas de la estrofa. El temblor que sigue a sus británicas y las normandas están llenas de poderosos recursos verbales, cuando tiene hogueras. Su libro «Les mots anglais», afirma que lograr sus transmutaciones en el verso, Paul Valéry, es quizás el documento más venía a perseguirlo hasta el límite de la revelador que nosotros poseemos sobre el indiferencia o el rehusamiento, pues e? acto trabajo íntimo de Mallarmé. «Me parecía a mismo de la creación parecía extender su veces, añade Valéry, que él hubiese pesado, onda hasta el escriba o el escucha dispuestos mirado, una a una, todas las palabras, como a abandonarse a las mismas pesquisas, a un lapidario sus piedras, ya la sonoridad, el idénticos éxtasis o tormentos. brillo, el color, la limpidez, el alcance de cada Nosotros hemos deseado agrupar los una, y yo diría casi su oriente... » Desde el momentos más significativos del desarrollo primer capítulo en que establece un distingo de Mallarmé, en cuatro estaciones que llenan entre las familias de vocablos y las palabras la factura de su trabajo o las secretas solitarias, eso que ahora los filólogos llaman contenciones de sus designios. El día en la parataxis o nexo de las palabras por su Tournon, la noche de Idumea, los sentidos en igual nivelación, parece preludiar al Valvins, la inteligencia de la Rue de Rome, conversador de la «Rue de Rome», dueño de aclaran en su polarización los agrupamientos ese conocimiento de increíbles detalles que de sus trabajos. hacen la cultura de un poeta, estudiando los No pretenden esos cuatro momentos matices de las palabras abstractas, según señalados abandonarse a la banalidad de lo terminen en «té», como «verité», en «tion» causal, de lo sucesivo cronológico. Etapas no, como «transition» o en «ment» como integración del ser en el ser, identidad de una «entendement», mezclando como dice Don sustancia sobre sí misma. Los agrupamientos Miguel, los hechizos salmanticenses con la del tiempo en un escritor corresponden a los pedantesca dulzura. Pero delicia de una momentos en que éstos alcanzaron un signo. formación, mientras se desenredan esos Así, por ejemplo, «Igitur», corresponde estudios sobre el nacimiento de las palabras cronológicamente a los inicios de Mallarmé, inglesas, precisa también las aventuras, las sin embargo, es en la última etapa de su metamorfosis, sus disparidades o disfraces vida, cuando esas páginas cobraron su nominales, entre los dioses helénicos o significación y su destino. Las revisó romanos. Todo allí está dirigido, como decía Mallarmé, las guardó con específicas señales, el mismo Mallarmé, a demostrarnos cómo los y es ahí, en la coronación de su forma y su personajes galantes de la fábula se han destino en la «Rue de Rome», donde deben transformado en fenómenos naturales. «Ex- señallarse. «Les loisir de la poste», sus versos traer las divinidades de su apariencia natural, de circunstancia, los escribió, con una gracia y llevarlas como volatilizadas por una incomparable, a lo largo de toda su vida, sin química intelectual, a su estado primitivo de embargo, nosotros preferimos incluirlos en la fenómenos naturales, como auroras o Noche de Idumea, es decir en sus momentos puestas de sol, de ahí la finalidad de la mito- de indiferencia, de imposibilidad de trabajo, logía natural». De tal manera, que vemos en esa graciosa llamada a la amistad inteligente, su inquietante aprendizaje en Tournon, como donde cobran su sentido, no de juego, sino un intento de reintegrarle a las palabras su de necesidad para ponerse a flote, para sentido tribal, está acompañado por ese rehacerse en el gusto de la fugacidad. calculado, sutil tapiz donde los dioses y los La vida hamlética de Mallarmé por hombres se bañan de nuevo en sus mágicas alcanzar la destilación de la palabra, soberanías. Nuestro amigo el sol ha muerto, comienza, una vez casado, por su viaje a subraya levemente Mallarmé como uno de Londres. Entonces se nos presenta como una los placeres que acompañan a las palabras especie de Julián Sorel más la voluptuosidad, de ese hombre primitivo, volverá de nuevo. Y precisamente en ese momento en que Julián siente entonces la inmortalidad de esa Sorel va también a Londres de la misma irradiación, el festival de las estaciones, la manera que Thibaudet afirma que Baudelaire reiteración de lo primigenio, acompañándolo es San Sainte Beuve más la poesía. Claro que en la ceremonia de sus faenas o en las nuestro Mallarmé dominado por las misteriosas pausas de su sangre. Tres siglos ascensiones de Hugo y de Baudelaire, como después parece como si Mallarmé hubiese el de Stendhal por las de Napoleón. En su escrito la mitología que debe servir de pórtico a Don Luis de Góngora. En las últimas pasado de la contemplación de la esterilidad, porciones del aire donde el aliento se del vacío del cuerpo al convertirse en ab- extingue, ¿cómo rehallar esas palabras, con soluto, a las danzas frenéticas de Nijinsky las vacilaciones del hombre tribal ante la para lograr la altura de los frutos. La huida de su amigo el sol, fijarlas, como la bondadosa primavera nos ha extraído con la fugitividad de las ninfas detenida en el llama de su violencia, del bostezo del espejo. inseguro, momentáneo espejo de la onda? Parece también como si el poeta extrayese de su propia esterilidad, el drama, con más Febrero 26, 1956. NUEVO MALLARMÉ II ritmo que el verso libre, según él reclamaba, del fauno para conservar la temperatura de Para contestar en su obra a esas su energía. Ahí se encuentran, según el decir temerarias preguntas, Mallarmé procuraba de Paul Valéry, los más hermosos versos del simultanear o darle una rápida sucesión en mundo: sus poemas a la oquedad, al terrible vacío que lo hostigaba, con la destreza de los «Tu sois ma passion, que pourpre et deja sentidos para desplegarse por el cuerpo que mur choque granarle eclate et d'abeilles los provocaba. La obstinación de huir, que murmure...». aparece en Brise Marine, sugerida tal vez por la Andrómeda, marfil de Cellini, en el Museo y donde pudiera señalarse el origen de los del Louvre, donde el cuerpo encadenado des- espléndidos sonetos de Valéry sobre las dobla la tensión de escapar; de oír como granadas y las abejas. Baudelaire, el canto de los marineros, de ¿Es posible que Mallarmé partiera del rescatar sus sentidos de «la claridad desierta cuadro de Boucher, Pan y Siringa, para su de la lámpara sobre el vacío papel defendido poema? No lo creemos, de la misma manera por su blancura», está contrastada por la que años más tarde creía innecesario el aridez de la noche de Idumea. trabajo de Dcbussy en torno a su poema. Evidentemente, le decía Villiers en una carta, Creía que el poema conllevaba su propio una tentación del demonio, donde parece acompañamiento musical, y que cualquier suprimirse de la misma raíz del poema la otra glosa o variante, tendía a desvirtuar la posibilidad creadora de todo diálogo, dirección del poema. quedando como una devoradora amenaza Por lo que hemos relatado en esa primera sobrehumana, monstruosa. Esta necesidad etapa de Mallarmé, que hemos llamado el día de Mallarmé de unir las inexistentes en Tournon, se puede apreciar que Mallarmé articulaciones del vacío junto a la sensación hizo un aprendizaje extremadamente de los cuerpos y de los objetos, adquiere su acucioso, acercándose al desierto de la forma más grandiosa y trágica, en la sucesión lámpara, como él decía, durante muchas de su trabajo poético, de La Herodiade noches para moldear cada palabra. Si Valéry seguida por L'apre-midi d'un faune. La ha dicho de Mallarmé, que para leerlo hay Herodiade es el poema de la esterilidad, de la que aprender a leer de nuevo, es innegable virgen danzando tan sólo la diabólica riqueza que él comenzó por ahí, por aprender a leer del espejo, de la nodriza que despierta con de nuevo toda la asombrosa diversidad del cada una de las preguntas de sus perfumes la saber y del acto poético. danza de los poros complementarios. En los Su aprendizaje se mantenía inalterable en vapores del estío, donde se resuelve la sus más eficaces momentos, o cuando acumulación del fervor sexual, coincidiendo escondido en una indiferencia aparente, se la parábola solar con el ascenso estelar y la refugiaba en la virtualidad acumulativa. He caída de la cabeza de San Juan en su aquí su otro gran momento, la noche de degollación. Idumea, cuando el Señor Latente, como él decía, el antidevenir, el Hamlet enemigo de ...una lejana sombra, colocar el suceso, la impureza, en lo pero también, atenta en tus severas temporal, no lograba alcanzar el poema, la fuentes. tierra prometida de las palabras. Sentía ¡Horror! He contemplado mi gran entonces, según nos confiesa, al atravesar el desnudez. viaducto de Batignolles, el deseo de precipitarse al abismo. No es tan sólo la Ante esos retorcidos dioses del invierno, mediocridad de sus funciones en el liceo lo comienzan a hundir los faunos sus cuerpos que lo enloquece. Su hijo enfermo, con su en la enmielada corteza de los árboles. Se ha espléndida cabeza rubia y su corazón desproporcionado para su edad, siempre del final de su soneto al tabaco: acostado, frente a los destellos del loro Semíramis, estallante arcoiris. Luego, hecho Tons sens, trop, precis, rature ta vague en sus primeros acercamientos a la poesía de litterature. Lamartine, en Hugo, y aun en Beranger, en la abundancia que muy pronto castigaría con Esos reparos que se le señalan con Poe y su lucidez exacerbada en la formación frecuencia a Mallarmé, claro que entre los del reloj poético. Además, ciertos proyectos vulgares, de preciosismo, de oscuridad, de de una vastedad que aturden, tales como la esterilidad, de falta de comunicación. ¿Cuál historia de ciertas frases, la historia de es la correcta actitud frente a ellos? Casi todo ciertos modos de pensar, intentos que tienen el lenguaje poético desde el renacimiento remotos antecedentes en Lulio y en Leibnitz. está teñido de preciosidad. En Shakespeare, Ya hoy sabemos, que una expresión como «la en los Sonetos para diferentes aires de sonrisa danza», subrisio ovnis, sólo es posible música, o para la persona enigmática, hay ya en el siglo IV, cuando la emplean por una influencia decisiva del petrarquismo, que primera vezz los Padres de la Iglesia. La es dado a la preciosidad. Lo contrario de lo manera inexorable con que Baudelaire lo precioso no es lo grande y humano, sino lo vil había impregnado, al extremo de que gran y deleznable, pues Shakespeare, Juan número de sus versos son, detenido en la Sebastián, Lope y Calderón, lo fueron, con lo obsesión de sus detalles de insecto, en la que calmamos cierta malicia de respuesta persecución de las sílabas en su rápida y superficial, tan de moda entre adolescencia, variantes de los versos de nosotros, sino que hay en sus obras Baudelaire. Sus lecturas del Hegel más elementos de preciosidad. Lo contrario de lo maduro, sobre todo el de la Filosofía del oscuro no es lo Genital o estelar, sino lo Espíritu, donde traza la concepción del nacido sin placenta envolvente. En cuanto a absoluto, con antecedentes en la causa sui, lo de la comunicación, la tuvo en tan alto de Spinoza, marchando desde la virtualidad a grado, por su irradiación, por sus mágicas la idea; y de Schopenhauer, cuyas ideas acumulaciones, que es con Rimbaud, uno de sobre la intuición y las potencias los grandes centros de polarización poéticos, generatrices, donde abrevó tantas veces situado en el inicio de la poesía contemporá- Bergson, le harán madurar, en el momento nea y una de las actitudes más enigmáticas y de su acercamiento a la música, su propio poderosas que existen en la historia de las microcosmos. En Valvines, en su hameau, en imágenes. su cabaña, los pequeños sonetos, la Prose Mallarmé muere queriendo llevar las pour des Esseintes, quizá su poema más posibilidades del poema más allá de la poblado de dones acumulativos, de orquesta, por la unión del verbo y del gesto, y referencias ambivalentes a la noción y el de las organizaciones del color. Intenta en su sentido, estudiado en una forma Coup de dés, el avance y el retroceso de los deslumbradora en el libro de Thibaudet sobre timbres y la colocación espacial del poema en Mallarmé. Los sentidos en Valvins, como la jerarquía de las constelaciones. Se subraya hemos llamado a esa etapa de su vida, es una palabra solitaria, como el andantino quizás el momento en que Mallarmé resuelve marcial en las graciosas subdivisiones de la más, en que alcanza su forma aquel vestido flauta o se prolongan, se cierran en la viviente; de que habla Goethe. Se alza hasta infinitud de su serpiente, igualándose el los oficios y la liturgia, extrae de su pobreza comienzo y la recepción con la despedida, ese relieve como de rey asirio, de semidiós como en las impulsiones de los metales. La de la era de Anfión o de Orfeo, con que lo ha transparencia del papel, sus márgenes visto su principal discípulo, asiste a los participando como una acusación o una ale- conciertos Lemoureaux. La cascada gría, sus combinaciones irrefutables de wagneriana cae en sus cuadernos de notas blancos y negros, adquieren un claroscuro, en infinitas patas de moscas, en alfileres que una desconocida dimensión. A veces pienso, evitan sirtes. Los sentidos en Valvins van a como en el final de un coro griego o de una horcajadas sobre sus cigarrillos incesantes. nueva epifanía, que sus páginas y el Qué criollo nuestro, voluptuoso y murmullo de sus timbres, serán algún día sobresaltado, en nuestro mejor siglo XIX, en alzados, como en un facistol poliédrico, para Tristán de Jesús Medina, en los Zambrana, en ser leído por los dioses. Julián del Casal, en Ricardo del Monte o en José Martí, dejarían de adivinar esos arañazos