La Planificación
La Planificación
La Planificación
currículum y enseñanza
Silvina Gvirtz
Mariano Palamidessi
Colección dirigida por Susana Pironio
I.S.B.N. 950-701-497-7
Primera edición
1
INDICE
Presentación .............................................................................................................................................9
PRIMERA PARTE
Capítulo 1. La construcción social del contenido a enseñar............................................................. 17
Algunas preguntas iniciales ................................................................................................................... 17
SEGUNDA PARTE
Capítulo 4. Comunicación y aprendizaje. La complejidad de la experiencia escolar .................111
I. COMUNICACIÓN ......................................................................................................................................111
"¿Por qué los franceses ?".................................................................................................................. 111
La complejidad del mensaje educativo: siempre se comunica (y se aprende) más de
una cosa a la vez .................................................................................................................................. 113
3
“LA ENSEÑANZA ES UNA ACTIVIDAD ARTISTICA Y POLÍTICA” .............................................................................. 160
El docente como intérprete, la enseñanza como interpretación .......................................................... 160
El carácter artístico y político de la enseñanza ................................................................................... 161
Un modelo para pensar la enseñanza desde una perspectiva artística y política ................................ 163
Ideas para finalizar el capítulo .............................................................................................................166
Notas .................................................................................................................................................... 168
4
Notas .................................................................................................................................................... 234
Capítulo 6
La planificación de la enseñanza
5
El significado de los términos en juego
A lo largo de este libro hemos usado términos como plan, planificación, programa, diseño,
proyecto. ¿Todos ellos refieren a lo mismo? ¿En qué se diferencian? Veamos algunas de las acepciones que
podemos encontrar en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (1992):
Plan: (de plano) 2. Intento, proyecto, estructura. 5. Representación gráfica de un terreno o de una
construcción. 6. de estudios: conjunto de enseñanzas y prácticas que, con determinada disposición, han de
cursarse para cumplir un ciclo de estudios u obtener un título.1
Planificación: 2. Plan general, científicamente organizado y frecuentemente de gran amplitud, para obtener
un objetivo determinado, tal como el desarrollo económico, la investigación científica, el funcionamiento de
una industria, etcétera.
Programa: (del griego programma: pro, adelante, y gramma, escritura, prographo: anunciar por escrito) 2.
Previa declaración de lo que se piensa hacer en alguna materia u ocasión. 4. Sistema y distribución de las
materias de un curso o asignatura que forman y publican los profesores encargados de explicarlas. 7.
Proyecto ordenado de actividades. 8. Serie ordenada de operaciones necesarias para llevar a cabo un
proyecto.
Proyecto: (del latín proiectus: la acción de extenderse y arrojar hacia adelante) Representado en
perspectiva. 4. Designio o pensamiento de ejecutar algo. 6. Primer esquema o plan de cualquier trabajo que
se hace a veces como prueba antes de darle forma definitiva.
Diseño: (del italiano, disegno) Traza, delineación de un edificio o de una figura. 2. Descripción o bosquejo
de alguna cosa, hecho por palabras.
Estos términos, bastante usuales en el campo de la enseñanza, nos muestran un interesante cruce de
significados. En primer lugar, encontramos la representación como característica común a todos ellos. En
segundo lugar, la posibilidad de anticipación y, en tercer lugar, el carácter de prueba o intento.
1. La cualidad de representación que incluyen estos términos se expresa del siguiente modo: el plan es una
representación gráfica. El origen de la palabra iguala plan a plano: la representación gráfica de un terreno.
El diseño es una descripción hecha con palabras, y podemos pensar las palabras en lugar de las cosas.
Tendríamos así la representación de las cosas a través de las palabras. Por su parte, el proyecto es una
representación en perspectiva (temporal o espacial).
2. En el plan está también la posibilidad de anticipación, pues un plan es un intento o proyecto de realizar
una cosa. Proyecto es, en su origen latino, la acción de extenderse y arrojarse hacia adelante (como los
proyectiles). Pero un proyecto es también un designio o pensamiento de ejecutar algo, el primer esquema de
cualquier trabajo que se hace como prueba. El programa, que en griego significa delante de la escritura es,
en su acepción moderna, una previa declaración de lo que se piensa hacer.
3. El carácter de intento o prueba está expresado en forma textual en las definiciones de nuestros
conceptos: el plan es un intento o proyecto de realizar una cosa. Un proyecto es también un primer esquema
o plan de cualquier trabajo que se hace a veces como prueba, antes de darle forma definitiva.
Estas tres características constituyen el nudo alrededor del cual podemos pensar los problemas de la
planificación o el diseño de las experiencias educativas. Se representa la realidad —a través de palabras, de
gráficos o de esquemas— para anticipar o prever cómo se desarrollarán las situaciones educativas: de qué
manera se realizará la presentación de ciertos contenidos, qué acciones de enseñanza favorecerán los
procesos de aprendizaje de los alumnos. Y esta representación/anticipación se manifiesta como un intento
que tiene el carácter de prueba, ya que supone la posibilidad de realizar modificaciones, rectificaciones o
cambios sobre la marcha cuando se pase del plano de la representación al plano de la acción propiamente
dicha.
A lo largo de este capítulo utilizaremos indistintamente los términos diseño y planificación.
Diremos que el diseño o la planificación es una prefiguración de la realidad que sirve para guiar la práctica.
En tanto su finalidad es práctica, no podrá haber diseños abstractos, utilizables más allá de cualquier tiempo
y lugar. Pensar el diseño o la planificación como instrumentos abstractos sería negar su carácter de
representación situada que orienta la acción, ya que la acción siempre remite a algo concreto, social e
históricamente existente. Y su representación —por el medio que sea— debe contemplarlo de este modo.
1
El Diccionario de la Lengua Española Kapelusz (1979) define al plan como un "Intento, proyecto que se tiene de
realizar una cosa. // Programa detallado de una obra, acción, etc. y conjunto de disposiciones tomadas para llevarlos a
cabo. Plan de estudios: conjunto de enseñanzas que han de cursarse para cumplir con un ciclo de estudios u obtener un
título. // Plano."
6
Diferentes formas de planificar
En todo tipo de prácticas donde se buscan finalidades se realizan planes, diseños, planificaciones.
Desde la lista de las compras en el supermercado hasta la planificación de la gestión de una gran empresa,
ponemos en juego estrategias de ordenamiento de los elementos implicados y de las acciones posibles. Se
toma en cuenta cómo es la realidad y se busca plasmar esto de alguna manera aunando la representación y la
anticipación. Luego, las acciones se desarrollan y se contrasta permanentemente el plan con la realidad. De
este contraste surge la necesidad de ajustar el plan o diseño original. Así, si en la lista de las compras figura
"carne para milanesas", sólo el contraste entre la lista y la góndola del supermercado podrá indicar si esta
anticipación es viable. Puede ocurrir que no haya una buena carne para milanesas. En este caso, las
decisiones que se abren son variadas: ¿volveremos al supermercado otro día a buscar esa carne
específicamente porque sí o sí queremos comer milanesas? ¿Compraremos otro corte de carne? Habrá que
cocinar entonces algo diferente, desde puchero hasta hamburguesas. ¿Pero sobre qué criterios basaremos
nuestra decisión? Guardando las debidas distancias, lo mismo ocurre en una gran empresa y en el sistema
educativo.
Aquí es necesaria la siguiente observación: si bien es cierto que la realidad marca buena parte del
camino que debe adoptar el diseño, las decisiones sobre qué hacer con los diversos elementos —cómo
abordarlos, seleccionarlos y jerarquizarlos— no se toman solamente con criterios técnicos. Las decisiones
derivan también de razones políticas, éticas, personales. En el caso de las milanesas, para comprar otro corte
de carne habrá que considerar su costo, saber preparar otra comida que no sean milanesas o encontrar una
comida que le guste a los comensales. Habrá que tomar en cuenta el contexto en que la situación compra de
milanesas ocurre, quiénes son los actores que participan en ella, los involucrados en la decisión, los costos
de la elección, los beneficios.
En el caso de la enseñanza, el docente se encuentra con una realidad atravesada por múltiples
condicionantes que favorecen o que obstaculizan su tarea. La complejidad de la situación que enfrenta y el
hecho de que existen exigencias propias del sistema educativo a las que el docente debe atender, justifica y
hace necesaria la existencia de diseños o planificaciones de la enseñanza. La tarea del diseño es representar
la complejidad de los elementos que intervienen en la situación para anticipar cómo será posible
desarrollarlas—orientarlas, dirigirlas o gobernarlas—, conservando siempre su carácter de prueba o
intento.
Ya hemos analizado y conceptualizado diversos componentes de las situaciones educativas, tarea
que nos insumió los cinco primeros capítulos. Ahora debemos actuar, llevar adelante la tarea de enseñanza,
la actividad de enseñar. Pero, ¿cómo hacerlo? Ya hemos visto que nos ayudaremos con un plan o diversos
tipos de planes. Pero, ¿qué forma de planificación o diseño adoptar? La pregunta no es retórica, pues
dependiendo de cómo se hayan definido los demás elementos (el contenido, el. currículum, el aprendizaje,
las comunicaciones en el aula, la enseñanza, las filosofías de la enseñanza) será el tipo de diseño o
planificación que se adopte. En relación con esas definiciones —que en cierta forma son previas al hecho de
planificar— podemos ver que hay diferentes tipos de diseño.
Si se revisan bien cada una de estas tres versiones sobre lo que es planificar o diseñar, se podrá ver
que cada una de éstas supone una forma de pensar el currículum, el alumno, el docente, el aprendizaje, los
contenidos y la enseñanza. Estas ideas nos sitúan frente al núcleo problemático de este capítulo: ¿qué
concepción de diseño adoptar? ¿Qué lugar ocupa el docente en el diseño de la enseñanza? ¿Cómo diseñar o
planificar experiencias educativas?
2
Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A.: Comprender y transformar la enseñanza. Madrid, Morata, 1993, pág. 230.
7
Los condicionantes de la planificación
Hemos adoptado una postura que nos acerca a la tercera acepción arriba mencionada. Se trata de una
mirada que ve el diseño como una guía para la acción del docente, que intenta representar la complejidad de
los elementos que intervienen en la situación y que toma esta acción como una práctica condicionada por
diversas restricciones. El docente no es completamente autónomo o libre en las decisiones que puede tomar.
Este condicionante está en la base de la idea de todo plan, diseño o proyecto: la realidad existe y
siempre es compleja. A partir del conocimiento—parcial y provisorio—que se tiene de ella se prepara un
plan, una representación, que si bien permite prever y anticipar, nunca se ajustará completamente a la
realidad que intenta describir y modificar. La situación de enseñanza no puede ser simplificada para
responder a un modelo, por los siguientes motivos:
• La enseñanza se anticipa o dirige, fundamentalmente, a partir de ideas reguladoras. Los docentes en
ejercicio responden a las situaciones y planifican su tarea orientados por ideas muy generales—por
intuiciones, por imágenes de cómo comportarse, por criterios personales, por supuestos filosóficos—y no
por leyes exactas o por teorías precisas.3
3
Al final del capítulo anterior afirmamos que los docentes concebimos, interpretamos y explicamos los hechos
educativos a partir de lo que llamamos ideas reguladoras de la enseñanza. Se trata de grandes hipótesis de trabajo, de
convicciones o creencias personales (sobre lo que es enseñar o para qué se enseña, qué contenidos son importantes, etc.)
que influyen de manera decisiva en la acción. Las ideas reguladoras son aquellas concepciones, supuestos o
conclusiones personales formadas a lo largo de su historia como sujetos y como docentes. Estas ideas son reguladoras
ya que ayudan a organizar y a dar forma a la práctica. Si bien cada docente tiene sus propias ideas reguladoras, éstas
responden, en mayor o menor medida, a teorías o sistemas de creencias que circulan en la sociedad.
8
• Las situaciones de enseñanza son multidimensionales y complejas. Son muchas las tareas que el
docente debe hacer y cada una de ellas se vincula con dimensiones y aspectos distintos: elementos
personales, materiales, culturales, afectivos, organizativos y sociales. Además, la enseñanza comprende
acciones tendientes hacia objetivos muy variados y de desigual complejidad.
• Las situaciones de enseñanza se presentan de manera simultánea e inmediata. Las tareas que un
docente debe conducir simultáneamente son variadas y ocurren al mismo tiempo. El docente puede prever
cursos de acción, tareas en sus rasgos generales, pero buena parte de su actuación está regida por la
inmediatez de las decisiones que tiene que tomar constantemente.
• La enseñanza es una actividad en cierta medida impredecible. La práctica del docente en el aula no
puede predecirse completamente, pues son muchos los factores que intervienen en una situación de diálogo,
en la conducta de un alumno o en la de todo un grupo. La mayoría de las cosas que nos proponemos lograr
con los alumnos son de naturaleza compleja, son interpretables de manera diversa.
Prestar atención a estas cuestiones es lo que nos ha permitido caracterizar la enseñanza como una
actividad a la vez artística y política. La gran pregunta es ¿cómo relacionar el carácter único y hasta cierto
punto imprevisible de la práctica con la necesidad de contar con criterios y principios de acción que nos
sirvan para no inventar o improvisar constantemente? Más adelante intentaremos acercarnos a algunas
respuestas al respecto.
El tercer condicionante de la planificación que realiza el docente se relaciona con los distintos
niveles de decisiones y de diseño que funcionan en el sistema educativo
Los actores que intervienen en el sistema educativo asumen determinados roles y toman decisiones
según el nivel en que se encuentran. Identificamos cuatro grandes niveles o instancias de decisión y de
planificación (revisar lo visto en el capítulo 1):
• La macropolítica y la administración del sistema educativo: en este nivel (nacional, jurisdiccional o
regional) se regula el currículum y se deciden los contenidos y las materias que estudiarán los alumnos;
también se homologan los títulos y se organiza el trabajo de las escuelas. En este nivel se toman decisiones
respecto del perfil del sistema educativo, su estructura, la especificación de sus áreas, los contenidos
mínimos, los horarios.
• La institución: en este nivel se desarrolla el proyecto de cada escuela, que se encuentra condicionado por
los lineamientos del nivel macropolítico, pero que asume particularidades propias. En el nivel institucional
se suelen tomar decisiones en relación con la metodología a seguir, las actividades generales a realizar, la
coordinación de contenidos, el agrupamiento de los alumnos, la evaluación y la exigencia, la provisión y uso
de los materiales, la disposición de espacios, la evaluación de la institución, el uso del tiempo, la
distribución de responsabilidades entre los docentes y la relación con la comunidad.
• La situación de enseñanza: al desarrollar su trabajo, el docente debe tomar decisiones en relación con las
metas u objetivos a alcanzar, la selección y la secuenciación de los contenidos, las actividades que
propondrá, el tipo de presentación de los contenidos, los materiales que necesitará, la producción que les
exigirá a los alumnos, la participación que propondrá en sus clases, la evaluación.
• Los textos y los materiales de enseñanza: los textos, las guías y las materiales que están a disposición o
que son accesibles para los docentes influyen muy fuertemente en la tarea de planificación. Por ejemplo, los
textos escolares seleccionan y organizan los contenidos, los secuencian y concretan sugerencias de
actividades.
Como se puede ver, hay distintos niveles de decisión, diseño y planificación de qué y cómo enseñar.
En los capítulos 1 y 2 hemos analizado el nivel macropolítico; en la parte final del capítulo 3 planteamos
ciertas cuestiones relacionadas con el nivel institucional. En este capítulo nos centraremos sólo en el nivel
de planificación y diseño del docente en el aula. Si bien el docente se inserta en una situación y en un rol
que predetermina muchas de las acciones y las decisiones que debe tomar, hay un espacio de diseño y
planificación que le es propio y en el que el profesional de la enseñanza es irreemplazable. Este espacio
puede ser amplio o sumamente restringido, según sean las decisiones que ya hayan sido tomadas en otras
instancias, las condiciones de trabajo del docente y los recursos de que disponga la escuela para llevar
adelante la tarea de pensar y organizar la práctica de enseñanza.
9
El carácter público, científico y práctico del diseño de la enseñanza
Volvamos por un momento a la definición de dos de los términos presentados en el inicio de este
capítulo: nos referimos a las noción de planificación y programa. Por planificación se entiende un plan
general, científicamente organizado y frecuentemente de gran amplitud, para obtener un objetivo
determinado, tal como el desarrollo económico, la investigación científica, el funcionamiento de una
industria, etc. En cuanto la palabra programa, se refiere—entre otras acepciones—a la de un edicto, bando o
aviso público y a una serie ordenada de operaciones necesarias para llevar a cabo un proyecto.
5
Al lector interesado en profundizar sobre las formas en que los docentes planifican en las escuelas y realizan la
adaptación del currículum, ver: Palamidessi, M.: Del currículum a la planificación: Los maestros y la construcción del
contenido enseñado. Informe Final de Investigación. SECYT-Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires, 1991.
6
Este "formalismo planificador" hace que muchos docente reiteren las mismas planificaciones "perfectas" año tras año,
por el simple trámite de cambiarles la fecha. ¿Es que no hay nada nuevo por decir, nada que deba ser modificado,
cambiado, renovado? ¿Los planes de enseñanza no dependen también de las características de cada grupo? ¿El docente
en cuestión no ha leído o pensado nada nuevo este año que considere útil incluir en su programa?
10
tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía,
las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron
a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas
del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas
Geográficas.
De la lectura de este breve cuento y del cruce con el significado de los términos "planificación" y
"programa", surge la necesidad del basamento científico y reflexionado de todo diseño. Pero la sensación
que nos queda es que este carácter metódico, sistemático y científicamente fundamentado del diseño no debe
convertirse en un obstáculo. El plan es necesario y requiere del conocimiento de psicología, de la disciplina
a enseñar, de una estrategia de enseñanza; también de un modo de ordenamiento. Pero hacer planes no debe
convertirse en una actividad antieconómica, carente de sentido. El sentido de todo diseño es guiar la acción,
de modo que lo valioso es la acción y no el diseño mismo.
Hemos dicho que lo que importa es la acción, no la planificación misma. Esta proposición nos
permite salir de las propuestas tecnicistas que elaboran planes más allá de los docentes, de los chicos, de las
circunstancias sociales e inclusive de las décadas. La pregunta que se nos impone ahora es: ¿Cómo
planificar una buena enseñanza? ¿Cómo organizar una enseñanza en la cual los docentes deben transmitir
mensajes pero tomando en cuenta la existencia de diversos "otros" (los alumnos, sus saberes previos, las
demandas de la vida social, los padres, el currículum)? ¿Cómo pensar estrategias para apoyar y luego retirar
a tiempo ese apoyo a los alumnos?
Ex profeso, hemos evitado dar una definición de lo que a nuestro juicio es una buena enseñanza. Las
pistas están a lo largo de todo el libro; algunas en forma explícita, otras se esconden bajo una sugerencia o
tras una pregunta. Las escuelas y los equipos docentes deben reconstruir aquello que consideran una buena
enseñanza. No es algo que pueda ser "comprado", ni debería ser impuesto desde afuera por ninguna
autoridad educativa. En todo caso, es una noción, una idea reguladora que se va armando en nuestras
cabezas (y en nuestros corazones) tras muchas lecturas, errores, idas y venidas, discusiones, experiencias,
éxitos y fracasos. No queremos, ni podemos, brindar ninguna fórmula al respecto. Podríamos acercarnos a
esta definición de la buena enseñanza diciendo que es aquella que enseña bien algo bueno, tanto en el
7
Borges, J. L. y Bioy Casares, A.: Cuentos breves y extraordinarios. Buenos Aires, Losada, 1976, pág.128.
11
sentido epistemológico de la acepción (que sea pertinente desde el punto de vista científico, que se
encuentre validado por la ciencia), como en un sentido ético-social y personal (que sea ética y moralmente
justificable su enseñanza en relación con el ideal de mundo y de hombre que se quiera transmitir).8 Podemos
decir que una buena enseñanza es aquella que es eficaz en la tarea de brindar buenas ayudas para el
aprendizaje.
Algunos libros pueden decir que la buena enseñanza es transmitir lo más fielmente posible una
selección de nociones científicas actualizadas. Otros dirán que el objetivo primordial de una enseñanza es
lograr que los niños piensen y actúen como lo hacen las autoridades de cada campo o actividad social (los
científicos, los artistas, los tecnólogos, los deportistas). Algunos sostendrán que la buena enseñanza pasa por
el ejercicio ético y por el despliegue de un modelo de personalidad. Otros, quizás, sostendrán que la clave
reside en ofrecer oportunidades de experimentar la cultura elaborada... El problema reside en que lo que la
buena enseñanza sea no está al margen de los valores, de las formas de vida, de las preferencias culturales o
de las opciones políticas. No podemos decir científicamente cómo debe ser una buena enseñanza. Ese es un
asunto discutible, sujeto a las perspectivas, los intereses, los deseos del que lo postula (sea éste una persona,
una institución o un grupo social). ¿Qué es, en definitiva, la buena enseñanza? Es algo que los que
trabajamos en la educación debemos descubrir, construir, experimentar.
El lector creerá ver en esto una actitud huidiza o "poco comprometida" de nuestra parte. Estamos
seguros, por el contrario, de que se trata de ser coherentes con nuestra concepción de la enseñanza como una
acción de "andamiaje" y "retirada". Si no decimos cómo debe ser una buena enseñanza es porque confiamos
en que el lector podrá —a partir de las sugerencias, las ideas y las consideraciones que hemos realizado
hasta aquí y que completaremos en el próximo capítulo— construir su propia concepción, su propia idea
regulativa. ¿Acto de humildad o de confianza en lo que hemos escrito? ¿Se trata, quizás, de un
convencimiento de que hemos montado un buen andamiaje y que el lector-aprendiz podrá empezar a
caminar por sí mismo? ¿O será también que lo estamos invitando a leer otros textos que pueden confirmar o
desmentir lo que hemos dicho y así iniciar su propio camino, un derrotero que ya no podremos —como
ningún docente puede— controlar? ¿No será esto último el triunfo simultáneo del maestro y del aprendiz:
dejar de ser "maestro" y "aprendiz" para llegar a ser seres auténticamente diferentes?
Por lo tanto, sin poder o querer resolver en forma definitiva ni conclusiva la cuestión de la buena
enseñanza, salvo a través de pistas, sugerencias y alusiones (¿se trata de un éxito o de un fracaso?),
propondremos ahora un modelo para pensar la planificación de las tareas de enseñanza.
8
La lectura del apartado sobre "Las tareas y actividades" de este capítulo puede aportar algunas otras pistas al respecto.
Lo mismo se puede decir del estudio del capítulo 7.
9
Esta serie de variables cambia según el planteo de los distintos autores. La cuestión central es que las variables que se
destaquen sean coherentes con la concepción de enseñanza que se quiere poner en práctica.
12
Las metas y los objetivos suelen aludir a aspiraciones más bien concretas, puntuales, más relativas a
la tarea cotidiana del docente. Las finalidades y los propósitos, en cambio, se refieren a aspiraciones más
amplias, más generales y por tanto mucho más básicas.10 Estas finalidades suelen ser definidas por los
responsables políticos de los sistemas educativos, pero deberían responder a las finalidades que el conjunto
de la sociedad plantea como compartidas y necesarias. En el camino que conduce al logro de las grandes
finalidades se van realizando las pequeñas metas que hacen posibles a las primeras.
Sin embargo, en la enseñanza no sólo se alcanzan las metas explícitamente buscadas. Muchas
veces, el desarrollo de las actividades promueve metas que no se pretendían. Esto puede no ser grave o
puede generar efectos colaterales no buscados que dificultan la tarea y requieren un replanteo de la misma.
Que esto ocurra forma parte de la imprevisibilidad y complejidad de las situaciones de enseñanza, de modo
que la incertidumbre es una dimensión que siempre debe acompañar al diseño.
En el lenguaje vigente en nuestro país en este momento, las metas u objetivos han recibido el
nombre de expectativas de logro. Así es como aparecen en los C.B.C., acompañando la presentación de los
contenidos de cada bloque temático. Encontramos por ejemplo, Expectativas de logros del bloque 1 de
Lengua al finalizar la EGB:
"Los alumnos y las alumnas deberán: Ser receptores activos y críticos de mensajes orales
interpersonales y, especialmente, de los mensajes de los medios masivos de comunicación; a la vez, deberán ser
participantes activos, comprometidos, respetuosos y flexibles en distintas situaciones de comunicación oral de
la vida social y cívica."11
Toda acción de enseñanza supone la fijación de objetivos; sea para una clase determinada, un ciclo
lectivo o una unidad de aprendizaje. Un objetivo puede ser Identificar los continentes y océanos por su
nombre y ubicarlos en el mapa o Iniciarse en el conocimiento de la literatura argentina. Los objetivos
pueden ser muy específicos o generales, según sea la acción de enseñanza que se esté planificando. Por lo
general, un objetivo (como Describir gráficamente las parte de una planta) se formula vinculando un
contenido a enseñar (las partes de una planta) con algún tipo de actividad (describir en forma gráfica).
Aquí debemos recordar que, como hemos planteado en el capítulo 5, toda situación de enseñanza supone la
existencia de un problema para el aprendiz, algo que el aprendiz es capaz de resolver si recibe la ayuda y el
contenido necesario para enfrentarlo. Cuando se piensa el objetivo de una clase se está intentando explicitar
el problema que queremos plantear a los alumnos.
Hay muchas maneras y diversas técnicas para formular objetivos precisos y útiles. Lo que no debe
olvidarse es que, así como lo enseñado es múltiple, los objetivos de la tarea que se propone también lo
deben ser. Puede que el maestro no los formule por escrito o que no los piense de manera explícita, pero son
objetivos que están actuando y que se intentan alcanzar (que los alumnos trabajen en forma individual de
manera eficiente o que realicen sus trabajos de acuerdo con ciertas pautas de orden y de acuerdo con
ciertas convenciones). Claro que no siempre es útil o práctico escribir en una planificación estos "otros
objetivos". Pero es importante que el docente los tenga en cuenta: puede anotarlos en una libreta para
recordarlos durante la clase, puede reflexionarlos previamente, puede plantearlos a los alumnos para que los
conozcan y expresen su acuerdo o presenten sugerencias, etc.
12
Es aquí donde cobran relevancia los textos y manuales escolares, con su selección y tratamiento de los temas, sus
propuestas de actividades, de utilización de recursos, etcétera.
13
necesario, ante todo, ubicar y reconocer al contenido dentro del contexto de la especialidad, conocer su
evolución histórica, sus derivaciones y relaciones con la vida cotidiana. El docente, antes de seleccionar un
contenido, debe investigar, leer, profundizar acerca de lo que va a incluir como objeto de su enseñanza. De
más está decir que no debería restringir su indagación a los libros que usarán los alumnos (manuales, libros
de texto) sino que siempre es conveniente recurrir a distintas fuentes, enfoques, perspectivas, para luego
tomar la decisión de seleccionar un cierto contenido. La selección se hace a partir de un cierto "menú de
opciones" que, por lo general, se encuentra en el documento curricular. Pero esta selección no debe basarse
en un texto único; debe surgir de la confrontación entre diferentes alternativas y perspectivas. En síntesis, si
bien el currículum ya trae una selección efectuada a partir de ciertos criterios, el docente debe ir un poco
más allá de lo que éste le plantea y abordar otros textos para poder realizar la selección de los contenidos.
Hay otro aspecto de la selección que queremos destacar: es la interpretación y contextualización que
el docente debe realizar. Tomemos, por ejemplo, los siguientes contenidos:
"CBC para la EGB, Lengua. Bloque 2: Lengua Escrita, Lectura, Segundo Ciclo. Contenidos
Conceptuales:
Hecho y opinión. Relaciones semánticas. Correlación verbal.
Lectura de los medios de comunicación social: periódico (titular, sección, noticia, hecho y opinión);
televisión (series, concursos, programas de entretenimientos, informativos); publicidad gráfica y audiovisual;
franja horaria y espectador tipo." 13
Es evidente que, así como están planteados estos contenidos, no podrán ser presentados a los
alumnos del segundo ciclo de la EGB. Habrá que pensar qué es lo que hay que presentar a los chicos para
concretar estos contenidos que aquí se plantean. Los manuales y los libros de texto realizan su propia
interpretación del currículum y, sobre esa base, seleccionan contenidos a enseñar. Pero el docente deberá
profundizar sus conocimientos lingüísticos para poder realizar su propio recorte de contenidos. Esto es lo
que le permitirá poner más el acento en una problemática o en otra, dedicarle más tiempo a un contenido que
a otro, etcétera.
Siguiendo la teoría curricular ya vigente desde fines de los años sesenta (por ejemplo, a H. Taba), se
distinguen en la actualidad en nuestro país tres tipos de contenidos: contenidos conceptuales (hechos, ideas
y conceptos), contenidos procedimentales (interpretación de datos, aplicación de hechos y conceptos,
habilidades, etc.) y contenidos actitudinales (valores, actitudes, y sentimientos). Siguiendo con el ejemplo
anterior, a los contenidos conceptuales enunciados más arriba les agregamos ahora:
CBC para la EGB, Lengua. Bloque 2: Lengua Escrita, Lectura, Segundo Ciclo. Contenidos
Procedimentales:
Empleo de estrategias lingüísticas de lectura: reconocimiento de la estructura textual. Identificación de
elementos nucleares y periféricos (discriminación informativa). Jerarquización de la información.
Identificación de hechos y opiniones en el texto. Elaboración de inferencias y fundamentación de
opiniones. Reconocimiento de relaciones en el interior del texto: causa-efecto, correlaciones temporales, etc.
Lo que parece claro es que el diseño debe tomar en cuenta, simultáneamente, los tres tipos de
contenidos. Aunque esto no necesariamente será escrito, es conveniente que el docente, al planificar una
clase, una unidad o una semana de trabajo, tenga en cuenta estas dimensiones de lo enseñado y las piense
como cosas que se seleccionan y que deben ser desatacadas. Nunca se selecciona un contenido, sino
contenidos, en plural.
La precisión y delimitación de los contenidos, lo que generalmente se llama el alcance de los
contenidos, depende sobre todo del tiempo disponible para desarrollarlo. El tiempo escolar siempre es
insuficiente frente al cúmulo de conocimiento existente y por eso el tiempo afecta a la selección de
contenidos que se realiza. Frente a la selección que se impone cabe adoptar dos puntos de vista que son
polares:
a) se puede elegir entre tratar muchos temas, donde el problema consiste en la forma superficial en
que deberán tocarse los diversos aspectos o la imposibilidad de detenerse en aquellos que susciten mayor
interés o requieran otro tipo de tratamiento
13
Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, op. cit., págs. 49 y 51. Vale la pena aclarar que, a los efectos de esta
ejemplificación, se ha realizado un recorte de contenidos, pues no era posible ponerlos todos aquí.
14
b) o se puede elegir tratar unos pocos temas en la creencia que estos serán profundamente
formativos y sustanciales.
"La cantidad de disciplinas científicas existentes hace necesario realizar una selección. Existen en la
actualidad unos ciento sesenta campos de conocimiento socialmente articulados. De ellos, no más de quince
forman parte del currículum obligatorio de nuestros centros de secundaria, lo que pone de manifiesto lo fácil
que puede resultar cuestionar el criterio de representatividad de los elegidos más allá del dominio de una
tradición, la inercia de una continuidad o el gremialismo de unos especialistas."15
La organización del contenido por disciplinas prioriza los nexos sistemáticos y lógicos desde el
punto de vista del especialista y del adulto. Esta perspectiva facilita el trabajo del docente porque le brinda
un orden ya dado al contenido que va a presentar a sus alumnos. El problema de este tipo de organización es
que, buena parte de las veces, no coincide con los esquemas de significación ni con los intereses o las
formas de ver de los aprendices.
• La organización de los contenidos por actividades e intereses sigue la tradición del movimiento
de la Escuela Nueva y se basa en el postulado de que las preferencias de los estudiantes deben ser la base
para la selección, organización y secuenciación de los contenidos. De acuerdo con esta postura, la escuela
tiene que preocuparse por la vida actual de los alumnos, por sus intereses y deseos; de modo que su tarea es
guiar y ayudar a los estudiantes a escoger las partes más satisfactorias e interesantes de la vida como
14
Recomendamos, al respecto, la consulta del libro de Torres Santomé, J.: Globalización e interdisciplina. El
currículum integrado. Madrid, Morata, 1994.
15
Hernández, F. y Sancho, J. M.: Para enseñar no basta con saber la asignatura. Barcelona, Paidós,1996, pág.106.
15
contenido para su actividad escolar. En vez de presentar a los alumnos los contenidos disciplinarios-
científicos en su desarrollo, se debe introducir a los alumnos en un proceso de búsqueda y exploración
personal y grupal, priorizando los nexos psicológicos y significativos del aprendiz por sobre los nexos
lógicos del especialista. Pero responder a los intereses de los alumnos no significa que se tomarán como eje
de organización de los contenidos los intereses de un grupo en particular. El docente, conociendo los
intereses de sus alumnos según la edad y el contexto sociocultural, debe basarse en su experiencia práctica
para proponer saberes organizados y secuenciados de manera tal que sean más "amigables" para los
aprendices. Esta forma de organización del contenido tiene gran difusión en el nivel inicial y en los primeros
años de la escolaridad básica.
• La organización de los contenidos por temas o proyectos permite romper con el parcelamiento
de las asignaturas, tomar en consideración los intereses de los alumnos y relacionar los contenidos por áreas
problemáticas. Este enfoque toma en cuenta la complejidad de las situaciones de enseñanza y una visión del
mundo más integrada y comprensiva y no por disciplinas. En vez de presentar a los alumnos los contenidos
disciplinarios-científicos en su desarrollo, se debe introducir a los alumnos en el proceso de investigación en
temas o problemas de debate social (contaminación, racismo, crisis de la ciudad, superpoblación),
priorizando los nexos socialmente significativos como forma de reconstruir el conocimiento. Este enfoque
supone contar con un currículum que permita su reconstrucción permanente. Desde este enfoque se pueden
tomar problemas que son cruzados por diferentes disciplinas científicas, de modo de generar un planteo
multidisciplinario en relación al problema.
16
Recordamos aquí el concepto de "experiencia" que hemos planteado en el capítulo 4.
16
transcurra, etc. Al realizar las actividades, el alumno lee, comprende, asimila, relaciona, expresa, observa,
analiza, discute con los demás, aplica, compara, deduce, generaliza, transfiere, siente, razona, construye,
produce.17 Y, a través de todo esto, aprende de determinada manera.
Los docentes necesitan contar con un repertorio de tareas apropiadas, para poder elegir en el
momento preciso aquellas más adecuadas y estimulantes. Este repertorio puede ser construido por el docente
mismo en el desarrollo de su práctica o puede ser organizado por los especialistas de las empresas
editoriales y plasmado en las actividades propuestas por los manuales y los libros de texto. El docente puede
desplegar un patrón reiterativo, monótono, previsible de actividades. Es el caso del docente que se suela
denominar "tradicional", apegado a las rutinas de la copia, el cuestionario, el dictado, las cuentas y el
calcado de mapas. Otros docentes, confiados en su capacidad de inventiva, organizan las actividades de aula
sobre la marcha: miran el tema a desarrollar y sugieren a los alumnos una actividad. Pero el resultado de este
modo último modo de actuar se asemeja en muchos aspectos al del docente más tradicional: el patrón de
actividades se empobrece, los desafíos planteados a sus alumnos se rutinizan, la actividad empieza a girar
sobre la actividad misma y no sobre los contenidos que se intentan transmitir. En este segundo modo de
actuar se corre el riesgo de proponer trabajos de equipo porque eso "es bueno" en cualquier circunstancia y
para cualquier contenido; lo que constituye un supuesto altamente cuestionable.18
Cada docente, con el paso del tiempo, va conformando e internalizando un "fichero" y un patrón de
actividades que caracterizan su enseñanza. El patrón de actividades que promueve un buen maestro debe ser
diverso, rico y flexible. El buen docente trata de no atarse a muchas rutinas, aunque algunas rutinas pueden
ser sumamente útiles de promover.19 El "fichero" se forma con experiencias propias y aportes; se va
sedimentando con los años de docencia y se mejora con el estudio y la búsqueda permanente de nuevas
formas de promoción del aprendizaje y por la revisión y rescate de las viejas formas que aún continúan
siendo útiles a la hora de enseñar.
Pero un docente no presenta actividades teniendo en cuenta, solamente, las características del
contenido a enseñar; también lo hace teniendo en cuenta finalidades y propósitos éticos y políticos. En esta
línea de pensamiento es interesante considerar los criterios de selección de actividades propuestos por
Raths20, que pueden servir de guía, de principios orientadores, para la formulación de actividades. Según
Raths, son más valiosas aquellas actividades o propuestas de actividad que:
• Dan espacio al alumno para tomar decisiones razonables acerca de cómo desarrollarla y ver las
consecuencias de su elección.
• Promueven el desempeño de un papel activo por parte del alumno: investigar, exponer, observar,
entrevistar, participar en simulaciones, etc. en lugar de ocupar un papel pasivo: escuchar, rellenar fichas,
participar en discusiones rutinarias con el docente, etcétera.
• Permiten o estimulan al alumno a comprometerse en la investigación de las ideas, en la aplicación de
procesos intelectuales o en problemas personales y sociales. Implicarse en cuestiones acerca de la verdad, la
justicia, la belleza; comprobar hipótesis, identificar supuestos. Las actividades planteadas de esta manera
manifiestan una intencionalidad modelizadora por parte del docente y contribuyen a la formación más
general del alumno, más allá del contenido puntual de que se trate.
• Implica al alumno en una relación amplia y diversificada de contacto con las realidades —tocar,
manipular, aplicar, examinar, explorar, construir—, superando el pintar, escribir y narrar como opciones
únicas.
17
En el trabajo de S. Gvirtz, el lector podrá encontrar una descripción de las actividades que, históricamente, los
maestros proponen a sus alumnos y que se plasman en el cuaderno de clase. (Gvirtz, S.: Del currículum prescripto al
currículum enseñado: una mirada a los cuadernos de clase. Buenos Aires, Aique, 1997.)
18
El trabajo en equipo —como la "evaluación a libro abierto", las técnicas de grupo o la libre expresión— han sido
tomadas, muchas veces, como panaceas o recetas pedagógicas universalmente válidas. Creemos que una buena
enseñanza no debe regirse por modas o creencias que no han sido insistentemente comprobadas en la práctica. El trabajo
individual, como las tareas para el hogar, la ejercitación sistemática y ciertas memorizaciones no son malas en sí
mismas; dependen de qué finalidades se persigan y del significado compartido que maestro y alumno logran construir al
respecto.
El razonamiento que guía la buena enseñanza es práctico y ético-político y, como tal, también debe estar guiado por la
eficacia: además de ser relevantes y significativas, importa que las estrategias de enseñanza funcionen, den resultados,
sean eficaces. Retomamos algunas de estas cuestiones en el capítulo final.
19
El tema de las rutinas escolares no pasa por el hecho de ser "rutinas" sino por haber perdido eficacia y sentido. Por
ejemplo, la clásica "hora de lectura", bien reflexionada, podría ser reintroducida en la escuela. Lo mismo puede
plantearse respecto de los famosos "deberes".
20
Raths, J. D.: "Teaching without specific objectives", en Educational Leadership. Abril, 1971, 714-720. Citado por
Gimeno Sacristán, J.: La pedagogía por objetivos. La obsesión por la eficiencia. Madrid, Morata, 1982.
17
• La actividad se volverá más significativa si en ella los alumnos se implican con diferentes intereses y
niveles de capacidad: imaginar, comparar, clasificar o resumir son tareas que no imponen normas de
rendimiento y que permiten la producción de resultados diversos y divergentes.
• La actividad debe permitir y estimular en los alumnos el examen de las ideas o los procesos intelectuales
ya existentes para que puedan establecer nexos con situaciones nuevas, de modo de establecer continuidades
entre lo ya aprendido y lo que se puede aprender.
• La actividad tendrá más valor educativo si les exige a los alumnos detenerse, reflexionar y examinar temas
o aspectos en los que la mayor parte de las personas no se detiene y que además son abordados de manera
fragmentaria y caótica por los medios de comunicación (los problemas de género, desigualdad social,
responsabilidad hacia los semejantes, guerra, paz, etcétera.)
• La actividad debería llevar a la aceptación consciente del riesgo, la posibilidad del fracaso, de la utilidad
de la crítica y la existencia de la incertidumbre que obliga a salirse de caminos transitados, ya probados.
• La actividad será más valiosa si le permite al alumno volver sobre su esfuerzo inicial; si le permite rever,
repensar, revisar y perfeccionar lo ya hecho, por contraposición a aquella actividad que sólo requiere
completar algo ya dado, sin dar un lugar a la crítica, al error o al perfeccionamiento progresivo.
• La actividad debería permitir al alumno controlar lo que va haciendo —como forma de autorregulación—
a través de la aplicación y dominio de reglas significativas.
• La actividad debería darle al alumno la oportunidad de planificar y participar con otros en el desarrollo y
en los resultados de la tarea misma.
• La actividad tendría que incluir los intereses de los alumnos de modo que éstos se comprometan
personalmente en ella.
A la consideración de los principios de Raths, podemos incorporarle aquellas otras cuestiones que
debemos tomar en cuenta en el momento de formular las actividades:
• Es necesario formular las actividades, las tareas y las rutinas escolares en coherencia con los fines
generales de la educación que se dicen buscar.
• Es preciso analizar si la actividad es la más adecuada para promover la internalización de determinados
contenidos.
• Deberán considerarse los procesos de aprendizaje de los alumnos que se quieren estimular por medio de
esa actividad.
• Es preciso considerar la motivación que la actividad puede despertar y el significado que puede adquirir
para los alumnos.
• Es preciso tratar de anticipar la globalidad de efectos posibles, buscados y no buscados que la misma
actividad generará.
• El tipo de actividad que se propone producirá un cierto tipo de comportamiento en los alumnos, pero
también exigirá un determinado papel al docente.
• La actividad requerirá ciertas condiciones organizativas en relación al espacio, al tiempo, a los recursos
necesarios y a los disponibles.
• La actividad planificada deberá establecer conexiones con otras actividades previas y dejar abiertas las
puertas para las actividades siguientes.
Al comenzar un curso, una unidad o un tema nos preguntamos: ¿Las actividades generadas permiten
analizar los conocimientos previos de los alumnos? ¿Plantean el conocimiento de forma que sea
significativo? ¿Son adecuadas al nivel de desarrollo de los alumnos? ¿Constituyen un desafío abordable para
los alumnos a partir de sus competencias actuales? ¿Ayudan a provocar un conflicto en sus formas
habituales de pensar, actuar o sentir? ¿Estimulan el fortalecimiento de la autoestima y el autoconcepto en los
alumnos? ¿Los ayudan a adquirir habilidades relacionadas con el aprender a aprender?
De todo lo dicho podemos arribar a la siguiente conclusión: es en la formulación y puesta en
práctica de las tareas de enseñanza y de las actividades para los alumnos donde se traducen las ideas
reguladoras del cuerpo docente. Es aquí —mucho más que en la declaración de fines o intenciones— donde
se manifiestan las filosofías de la enseñanza. Y es por esto que el tema de las actividades no es un simple
ítem que se debe llenar en una planificación, sino que se nos presenta como un campo problemático que
requiere de atención y de reflexión permanente.
18
educativa es también el más utilizado fuera de la escuela: el lenguaje. El lenguaje hablado o escrito es el
medio principal a través del cual el conocimiento y la sensibilidad se construyen, almacenan y expresan.
Conocemos y codificamos nuestra experiencia a través de las palabras, pero también a través de fórmulas,
gráficos, imágenes fijas y en movimiento, de modelos y del contacto directo con las cosas.
Los desarrollos tecnológicos modifican y reorganizan las formas de conocer y organizar el mundo,
tanto dentro como fuera de la escuela. No se piensa hoy del mismo modo que antes de que se inventara la
escritura o la imprenta y no se pensará igual dentro de veinte o treinta años, a partir de la inclusión
generalizada de la informática. La escuela moderna se organizó sobre un elemento central: el libro. Sin
embargo, nunca se enfatizará lo suficiente sobre la necesidad de la presencia sistemática, cotidiana,
accesible y amigable del libro en las tareas de enseñar y de aprender. En nuestras escuelas el libro ha
perdido protagonismo cultural y formativo. No nos referimos al libro de texto o al clásico manual, sino a la
literatura, al recurso de la lectura sistemática, al uso de atractivas bibliotecas de aula... ¿Cuántas novelas de
aventuras leen nuestros alumnos en su escolaridad básica? ¿Cuántas escuelas hacen funcionar momentos
placenteros de lectura individual o colectiva? ¿Cuántos libros enteros se leen en la escuela media? El libro
—el buen libro— es una máquina de producir mundos, historias, sujetos; su papel en la escuela no es el de
un mero recurso. La lectura de obras y libros completos —y no de meras fotocopias o de pequeños
fragmentos o capítulos— es un objetivo y un contenido central de cualquier enseñanza.
Y una máxima que conviene a toda enseñanza, pero que sirve especialmente en el caso de los
recursos a utilizar, es la de la pluralidad: los textos sobre un tema —así como las visiones o perspectivas—
deben ser, en la medida de lo posible, plurales. La historia se puede enseñar con libros de historia
comparando las opiniones de diversos historiadores, pero también se puede promover el aprendizaje a través
de filmes, de músicas, de novelas, de cuadros estadísticos, de mapas. La capacidad de la lectura y la riqueza
de la interpretación se desarrolla con la abundancia de registros, de sensaciones y de informaciones. Cabe,
eso sí, al maestro, disponer una cierta intención educadora para que esa abundancia no derive en confusión o
en sin sentido para el aprendiz poco entrenado en ciertas áreas del saber y del hacer.
Pero uno de los grandes reclamos que se le hacen a la escuela hoy es la no incorporación de los más
recientes desarrollos tecnológicos y la cultura de la imagen: la informática, las telecomunicaciones, el
tratamiento digital de la imagen y el sonido. Nunca como en la actualidad, las tecnologías de la
comunicación generaron tantos medios de expresar ideas (y "no-ideas", aunque tal cosa no existe) bajo
distintas formas, ni sus mensajes alcanzaron a tantas personas. Mientras tanto, la escuela y buena parte de
los docentes siguen (o seguimos) aferrados exclusivamente a las forma de comunicación de la cultura de la
Galaxia Gutemberg21. Las nuevas tecnologías entran en la educación como contenido de talleres y de
actividades extracurriculares, como un auxiliar más que como un medio global que va a reconstruir —lo
queramos o no— las formas de comunicar, enseñar aprender en cualquiera de sus especialidades, temas o
asuntos. Hasta ahora, cuando los nuevos medios se incorporan en la escuela, es frecuente que lo hagan al
servicio de las estrategias de enseñanza existentes, como un recurso más a disposición del docente.22
La problemática sobre qué recursos utilizar está abierta: dependerá de las características propias del
contenido, de las finalidades que se persigan, de lo disponible, de lo que los alumnos deseen. Pero debemos
saber que la adopción misma de un recurso u otro dará un cierto encuadre a la actividad y al contenido
mismo. Es imposible de separar "continente" y "contenido" en lo que refiere a la utilización de los recursos.
El soporte mismo es parte del contenido: enseñar historia usando la televisión y el video o recurriendo
21
"Galaxia Gutemberg" es la denominación —creada por el gran teórico de la comunicación de origen canadiense
Marshall McLuhan (191 1-1980)— para referirse al sistema cultural organizado alrededor de la impresión mecánica de
la palabra escrita. Entre las obras más destacadas de McLuhan podemos citar La galaxia Gutemberg: La creación del
hombre tipográfico (1962); Los medios de comunicación: Las extensiones del hombre (1964), Guerra y paz en la aldea
global (1968) y La ciudad como aula (1 977).
22
No intentamos hacer una apología de la utilización de las tecnologías de base computacional. Muchas tonterías,
estafas y cosas inútiles se han generado y se generan en los tiempos que corren con el afán de vender computadoras,
software o de imponer "grandes" verdades usando metáforas informáticas. Pero no menos cierto es que la escuela, los
docentes y los pedagogos somos tradicionalmente conservadores en materia tecnológica. Muchos factores han
contribuido a que este hecho fuera una realidad incontestable; entre otros, la crónica escasez de recursos materiales y
financieros (salarios incluidos) a la que están sometidas la mayor parte de nuestras escuelas, docentes y alumnos. Sin
embargo, también creemos que hacemos un flaco favor a nuestros alumnos si insistimos en negar la importancia de uno
de los dispositivos tecnológicos que están transformando nuestro modo de vivir en el mundo.
Para quien esté interesado en estos temas, la bibliografía (buena y mala) es extensísima, cuenta con gran difusión y
dinamismo. Nos limitamos a recomendar el libro de Tiffin, J. y Rajasingham, L.: En busca de la clase virtual. La
educación en la sociedad de la información. Barcelona, Paidós, 1997.
19
solamente al texto escrito brinda a los alumnos dos tipos de acercamiento totalmente diferente, a partir de
los cuales se puede jugar la aversión o la atracción por el conocimiento histórico.
23
Trabajaremos estos temas en la parte final del próximo capítulo.
20
También pueden realizarse actividades en forma individual. Así como el trabajo en pequeños grupos
favorece la discusión y la generación de consenso entre los alumnos y el trabajo con el grupo-clase permite
la exposición de los temas de un modo más general, el trabajo individual permite la apropiación y
evaluación de las capacidades personales, con todos los matices y variaciones posibles. No debemos dejar
de tener presente que el aprendizaje es un proceso intersubjetivo pero que se afirma también como un
fenómeno intrasubjetivo, personal.
En la escuela existen distintos tipos de planes que están determinados por el tiempo que se intenta
abarcar en el diseño y con los procesos que se pretende prefigurar (el "qué" de lo que se va a planificar):
• Respecto del tiempo, no es lo mismo planificar la tarea a) para todo el año, b) para un mes o dos semanas
de trabajo, c) para la clase de matemática del día lunes. En el primer caso, lo más probable es que el maestro
realice una selección general de los contenidos que se propone presentarles a sus alumnos a lo largo de los
meses y una identificación de los objetivos más generales, lo cual que le dará un perfil general de la materia
o asignatura. En el segundo caso (la planificación de un mes o de una quincena), seguramente, tomará como
base la distribución anual de los temas, elaborará la secuencia de contenidos, pensará en líneas generales
algunas de sus actividades (sobre todo, las iniciales) y la forma que asumirá la evaluación o los productos
finales esperados. En el último caso (la planificación de la clase), el docente intentará clarificarse el o los
objetivos de la clase, revisará la secuencia de contenidos con más precisión, determinará el tipo de actividad
21
y sus momentos, pensará consignas para orientar a sus alumnos y seleccionará cuidadosamente el texto y los
materiales que piensa utilizar.
• Respecto de lo que se planifica, los planes varían si se trata de diseñar o coordinar una unidad de
aprendizaje, una actividad conjunta entre distintos grados o los contenidos a desarrollar en el Segundo Ciclo
para el área de matemáticas. La relevancia de las variables mencionadas y las cuestiones que habrá que
precisar en cada caso irán variando.
Los planes, cuando se los piensa como operaciones prácticas, como concreciones escritas o mentales
de un determinado raciocinio o estrategia de enseñanza, deben ser diversos. Por eso no hemos brindado
fórmulas, modelos o planillas para la planificación anual, de unidad o de clase. Hemos intentado explicitar
una serie de criterios que el lector, en el ejercicio de la tarea, podrá ir ajustando, mejorando, concretando en
instrumentos que le vengan bien a la medida de sus intenciones como educador.
Frente al gran cúmulo de cuestiones abordadas, un estudiante de profesorado podría decirse: ¿qué
estoy haciendo yo acá?!! Calma. La enseñanza es una actividad compleja pero no es una actividad imposible
de realizarse ni de realizarse bien.
La tarea de reflexión sobre la actividad en sí de enseñanza es importante ya que nos permite
conocerla para poder actuar e interactuar cada vez mejor. En esto será de gran ayuda el momento de la
planificación. De cara a los múltiples condicionantes de las situaciones de enseñanza (el currículum y el
cuerpo de contenidos, las diversas filosofías de la enseñanza o ideas reguladoras, la evaluación que deberá
hacerse de los alumnos, los ritmos de trabajo impuestos por el contexto social e institucional) el diseño de la
práctica de enseñanza nos servirá de guía, de eje vertebrador y nos permitirá pensar una y otra vez sobre
nuestra propia tarea. Como un puente sutil tendido entre la provisionalidad del conocimiento y la
incertidumbre de la situación educativa, el diseño y la planificación constituyen un momento y una
herramienta para afirmar nuestra condición de enseñantes. Es nuestra hipótesis de trabajo que, seguramente,
hemos de ajustar en un futuro.
22