22 December, 2009

Madame Butterfly



"Y en mis lágrimas de niña tejí un capullo,
el capullo de la vida logré romper"
Madame Butterfly, ópera de Giacomo Puccini



Primer acto

Es de trama la sonrisa que pinta a tono carmín,
donde mohín de mariposas encandila,
ella que con aceites cala su hebra,
ataja y vaga de noche los lamentos.


Encadenada al caudillo de los secretos,
en sombras su cuerpo renuncia a la familia,
que a cauto vuelo enmohecido es sofocada,
al instante que con sangre bosqueja corazones sobre su pecho.


Mismo que solo en soslayo la concreta,
en un abandono a las lejanas tierras,
dejando de su brío,
la esperanza con espejo a los océanos.


Segundo acto

Mariposa de péndola en imperecedero,
en espera, la dama, está por su venida,
mirando el piélago en busca de aquel, su rocín nevado,
en eterna zozobra, de que sea el sol quien la ha preñado.


Es ella el gemido oxidado de terciopelo,
con tristeza que divaga los susurros,
cuando de vuestro dueño es la mano ilustre de asesino,
hambriento de la sangre de vuestros hermanos.


Tercer Acto

Marino indiferente a bella mariposa
haciendo de su corazón la presa de deseos,
cuando de vuestro juicio,
del estolón la despojas dejando sus brazos vanos.


Mi dama mariposa, es de vos la sutileza,
abandonada al infortunio de odios de guerra
donde vuestro nombre testigo es de seppuku,
cuando en anonimato os recitan
“¡Mariposa… Mariposa!”

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

Seppuku; ritual  japonés de suicidio

15 December, 2009

Toccata & Fugue



A distancia entre los bosques de neblina,

reconocida en peladilla compacta a las sombras que lo anidan,
cuando la Inquisición entre teas,
de adverso lo incriminaron.


Es el eco de marchas la heredad de una historia,
una que curiosea cual reliquia de un pensamiento,
misma donde al salón la escalera declina,
 en imponente tiniebla que a los ojos encandila.

Colmado de veredas, entre los espejos que os refleja,
siendo el olvidado arcano a catadura atormentado,
siempre en ritmo de vuestros pasos,
es de la melodía que dilucido entre doseles.


Son esas moquetas, todas ellas añejas
que a mis pasos de cría percibieron,
siendo los bargueños inseparables testigos
de la historia que entre murallas se auscultaba.


Es de los pasos que el clavicordio compone,
en huida el instinto con portones entreabiertos,
ellos de un resabio a vid envinado,
como si al pasar la levadura cubriera los ajuares.

No es de él la beldad de un palacete,
no obstante se lo cavile,
en ese soneto a distancia que atrae a las pupilas
figurando pavuras que habitan en esa opacidad que incita.

Clavel Rojo

© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

10 December, 2009

Cerca de vos


"La música clásica es uno de las mejores cosas que le han ocurrido a la humanidad. Si le inculcan a uno el gusto por ella de manera adecuada, se convierte en una amiga para toda la vida."
Yo-Yo Ma, maestro y vigía musical

A mi madre en gratitud por mi nacimiento


Añadas sugieren y en mi casa recitan,

es el clavel rojo que hoy ha principiado,
humilde la flor que mi madre entre sus manos engomó,
invariablemente entre los lienzos de vuestro amor.

Es el clavel rojo que vos adoptó con devoción en vuestro corazón,
en paliativo a los años de vuestra pasión,
con beldad, de vos el distintivo,
como Geisha madre de un clavel exiguo.


De las melodías, sos la más refulgente,
al ser vuestra dicción la incipiente consonancia auscultada,
misma que acompaña en mi composición a la vida,
a mis pasos la enseñanza de mi agraciada dama.

Si, a mis manos observo,
siempre una veta de estrella aspiro notar
una pequeña, tan solo,
que revele que soy de vuestro lucero.


Encumbrarme a besaros la mano,
para corresponderos por la savia haberme dado,
si bien, de ella solo descubra un suspiro,
en plétora ataujía que germina caricia.


Es mi palpitar de providencias
que dilatan en calor a la tierra,
con esplendor a candela de noche,
vigilante y constelada, emblema de mis academias.

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

06 December, 2009

Yerushalayim


Domingo 16, enero, 2000.

A un clavel

Es ahora en mis vacaciones que acompaño a mi padre a uno de sus congresos, aquellos donde suele hablar de la transformación de la materia alterando su estado molecular. Podría deciros que mis pruebas en los tópicos en Química eran sencillas después de escucharlo recitar en voz baja una y otra vez sus conferencias. Le diría “Padre, ¿es necesario recitaros?” pero, parece le ayuda a dar énfasis a su vocablo y adquirir seguridad. Lo admiro, cuando lo veo entre el público apenas y concreto que sea mi padre, el mismo que gusta del café caliente con pan tostado por las mañanas, parece distante, inalcanzable.


El sábado era día libre de trabajo y cualquier motivo académico, era el momento, salimos a conocer más allá de los libros.

Siempre en amalgama uno del otro al igual que un aluminio, en esa característica del metal maleable. Acompañarlo significa conocer, aprender y guardar en mi memoria imágenes de aquello que solo en los compendios se menciona.

La tierra es árida con sol determinante, por ello que a mi paso podía escuchar el sonido de la heredad, como un crujir que amenazaba con traspasar a mis zapatos. Era el calor asfixiante  que parecía la tierra movía. El aire evaporaba, vislumbrando a la distancia el polvo hasta mis venas del desierto.

La población cubierta como si fantasmas fuesen, encubiertos pasando en el ondeante de sus ropas. Cuando mi padre y yo apenas en mezclilla y playera blanca con manga larga evitando así el sol dañara.

Era mi rostro de un tono rosado, como si me hubiesen dibujado con acuarelas, Óscar ya me estaría fotografiando como acostumbra. Feliz, agradecí al sol ya que a  mi hermano fastidia tanto como él a mi en ocasiones con su cámara. Así que, éramos solo mi padre y yo por una pendiente ya con el aire faltando a vuestros pulmones. Era a cada paso que recordaba lo leído sobre aquel sitio; batallas, enigmas, sangre, religión, razones de odio, muerte, destrucción. Intentaba recordar alguna buena palabra que justificara toda su historia.

Mi padre y yo frente a él, pequeñitos ante el significado retratado en tantas obras literarias. Siendo el vestigio que a los judíos mantiene en pie a su tierra prometida, el templo de Salomón derrumbado y reconstruido al paso de la tradición, hasta la llegada de Tito quien solo aquel muro dejó como vestigio de historia. Mismo que resguarda a la Mezquita. Considerar a ambas culturas cercadas por el muro, ambas en su lugar más santo y emblemático. ¿Será posible que fuese el mismo?, ¿será posible que toda religión hable del mismo acontecer pero disperso al paso de la historia?...

-"Alejandra"- mi padre tomando de mi mano me sacó de mis pensamientos- "aun debemos ir a Damasco, el atardecer os alcanza."

Fue entonces a la Puerta de Damasco que nos dirigimos, antigua y llena de secretos, contención de la  vetusta Jerusalén, es ahí en la Tumba del Jardín que presupone fue su crucifixión. Mirando hacia el norte es el Santo Sepulcro y con ello la historia de generaciones. A mi mente las fechas brincaban cual si fuesen gotas de lluvia en una tierra desértica. En una pequeña colina donde se figura la imagen de una calavera, fue ahí que despedimos al sol observando a la ciudad al término del día. El mercado de Damasco se terminaba.

-"¿Qué observas?"- Inquirió mi padre con mirada perdida hacia la ciudad.

Pensé en la respuesta, ¿qué veía?, tantas palabras me embargaron que solo atiné a decir aquella que me parecía abarcaba a todas ellas. –Historia- respondí. Sin embargo mi padre al mantener silencio me instó a justificarme.

-"Historia de vida, de religión, de guerra, odio justificado entre culturas, ausencia, dolor… de todo ello se simplifica en enigma de la propia idea del hombre sobre si mismo."

Mi padre me miró.

-“Has mencionado consecuencias. Yo no veo consecuencias, veo causas. La fe trasciende en el corazón y se materializa en la tierra, es Jerusalén que en pie se mantiene por la fe. El hombre subsiste en un deseo, en esa razón por la que nos aferramos. El hombre necesita creer y busca materializarlo a su realidad.”

Escrito extraído y traducido de mi diario

02, año 2000.
Clavel Rojo


© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados



Ese día comprendí que el amor, la esperanza, la fe se percibe no solo en piedra… sino que fortalece en el amor a la familia, a la pareja, a los hijos, a los amigos. Es el amor, la fe; que nos mantiene en esa esfera, una propia quizá.

Es tal vez mi fe un clavel rojo, uno que materializa el amor perpetuo hacia mi padre. Sonrío, mantengo mi propio “Hakótel Hama'araví”.


Yerushalayim en Hebreo; Jerusalén, capital de Israel.
Hakótel Hama'araví en Hebreo; Muro de los lamentos.








29 November, 2009

Cello Concerto, 1st mvmt



A mi Cello

Mi peana excava en la reminiscencia de un fragmento,

donde los acordes labran aquella melodía
en compañía a vuestros instantes de agonía,
ocultando, mías, las lágrimas que resuenan en bemoles.


El Cello de negro vestía con la amargura latente,
de un exilio inevitable a mis afines.
Y es que, amigo mío, tocaros en el instante
es el reflejo de vuestra voz, mi mayor recuerdo.

Hogar lóbrego, donde inerte sobre la cama descansas
cual última nota que mi corazón alimenta
con el diapasón en lamento a vuestro entorno,
cuando el eco a mis oídos retumba.


Solo al amanecer en soledad oso tocaros,
siempre en esa esquina donde os arrincono,
en la espera de teneros de nuevo entre mis brazos,
y para vuestro Cello primer movimiento interpretaros
en la analogía de aquel triste lamento  de vuestra vida inspirada.


Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

24 November, 2009

Detrás de mi ventana



El sol me recibe a sabiendas de que en mi procedencia, por poco, no se le conoce,

pareciera un susurro a mi mejilla,
donde es detrás a mi ventana que el desfile comienza,
con los aromas al viento sobre mis cielos.


-Quiero ser viento- me digo.
En esa letanía de concurrente presa de sus pensamientos,
ya sin importar si quiera el abstruso cabello,
para Debussy dar forma a mis sentidos.


Quiero volar para sentir la brisa con la lisonja a mi sol,
sentir la libertad de un volátil en holgura que escapa
y se oculta en ese rocío de un deseo a primavera anticipada

Abstraída imaginando, mis pensamientos me abandonan,
hasta la metamorfosis detrás de la ventana
donde mi nombre se pierde en recuerdo,
ese que renuncio en el acorde de mis pasos.


Es el tiempo mi acompañante,
mismo que ausente me mantiene,
donde la fotografía me atrapa en el instante
donde mi vida figura detrás de la ventana.

Clavel Rojo


© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

20 November, 2009

Clavel Rojo




Hoy es el día, marcado como siempre,
irónicamente no para recordar,
solo para acentuar.

Hoy es el día que ante todo
me levanto con vuestros versos,
entre la naranja y la tarta de manzana,
con el diario ya esperando.

Cuál será el verso de hoy,
despilfarrando aquella huella por respuesta,
donde insatisfecha hago sangrar mis manos al piano,
resignada a llorar la ausencia de no haberos.

Con el reclamo a mi cello abandonado,
en ese rincón donde oscila la melancolía.
Ya que de mi indiferencia os mantengo arrinconado,
permitiendo a un Mozart opacar mi llanto.

 

Afligida de no sosteneros
claveles rojos he comprado hoy
con el temblor sobre mis manos,
desespero  ante la letanía de vuestro recuerdo.

Con la frente enmohecida busco encontraros
siempre en el mismo lugar,
debajo de ese árbol que vos procuró,
ahora bajo la sombra que os proporciona.

Callada e indiferente es la escenografía
con el viento revolviendo los cabellos.
¡Oh gran árbol! que rocías vuestras hojas
lacerando al clavel por tan insulsa fotografía.

Sos de mi, el  refugio cuando el verso termina,
cuando el instrumento silencia
y los vientos proclaman la memoria,
 ahí donde descansa vuestra carne.

Mío compositor, es la melodía que dedico
hoy que de mi,  solo recibes claveles rojos.


Clavel Rojo

© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados






19 November, 2009

Aquel soldado




Os contaré la historia de aquel soldado, es uno entre tantos, solo que de hambre a su familia encontraba, en cosechas de pólvora inerte que simbolizaba amor a una patria intrusa, una que lo enlistó con futuros de vida. Saberos en otro idioma, erudición y simbolismo. Aprendiste del caído envuelto en aquellos vientos amarillos donde la lágrima a cada muerte derramabas. Algunos amigos, otros enemigos, todos ellos soldados, viejos conocidos de antaño.




Dime soldado, qué os recuerdas; cuando el pensamiento os embargaba imaginando si aquel hombre (vuestro enemigo) tuviese linaje, si es que lo recuerdan en esa tumba que vuestros pies inicuos jamás habrán de pisar.



Recordad que es en idilio a vuestros labios todas aquellas frases ahora sin sentido, cuando de la vaga mirada está en remembranza de aquellos tiempos arcaicos. El sollozo os hace presa en retentiva, abrumado de esa visión que a pocos conmovía. Cuando la guerra azotaba vuestras puertas hoy ancladas, en esa hambre de odio justificado de la sangre. Son lágrimas de mi abuelo que resbalan en esa agonía del recuerdo hoy sepultado.

Clavel Rojo

© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

16 November, 2009

A vuestro silencio



Es a vos...

Debería ser, correr y deciros cual crepúsculo al amanecer,
donde es ahora vuestro silencio,
cuando a mis ojos observas sin aludir cacofonía,
no más allá de quietud de mis lamentos.




Frente a semblante en distancia es considerable;
donde aguzas sin vocablos, sin detalles inquieres.
En espera de manifiesto, con la esperanza vestida
arqueando mis sentidos ahora desperdiciados.



Mírame aunque a los cielos encubra la impaciencia,
dime aquello que os acongoja,
en esa afonía que os mantiene preso de mis sentimientos,
cuando de mi falta ha sido vuestra mirada.



Es de vuestro silencio la agonía,
considerando que vos se mantiene en albor de una eufonía,
sin tocar ni siquiera una de mis melodías,
todas ellas insignificantes de romper cualquier elipsis.



Espero en el jardín, vuestro eterno jardín
con un racimo de estrellas, perenne en mi existencia,
cuando de vuestra boca vos demuestra indiferencia,
una que lacera en lo profundo de mi silencio.

Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

14 November, 2009

Un beso


"El Peto de la Mort" Marbrista Jaume Barba 1930






Debo comenzar por preguntaros ¿qué es un beso? Será acaso esa delicia que vuestros alcanzan en esa gloria que despliega a los corazones en esencia de un sentimiento.


Preguntaros debiera, pero ahora es de vuestros labios el frío de la tierra. Donde un beso puede mover a un hombre pero el alma que le pertenece se mantiene intacta en respuesta.

¿Qué es un Beso? Cuando de mi sed os alcanzo en armonía de un bello recuerdo, siempre en movimiento que enarbola mis ideas.

Yo que más quisiera si de vuestros labios solo percibo viento, en esa presencia que mis ensueños aprisiona. Como en aquellos tiempos en que se consideraba pecado tan solo suponerlo. Yo observo, siempre observo y mis ojos se llenan de distancia en una pretérita falta.

En pensamientos considero, es al beso vuestro último suspiro, aquel que todos esperamos en ansias de un simple desafío que sobresale en el respiro. Humildemente pregunto, es un corazón joven que cuestiona. En ese proveniente de mis adentros, debiera dejar de pensar y cerrar el firmamento a un simple beso.


Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados

12 November, 2009

"Levántate pequeña Yoko"




Sentada sobre aquel viejo me encontraba. La lectura me apasiona y en ese momento era yo la princesa que aguardaba por ese solsticio de vida, uno que parecía prometer en el alba de aquella mañana.



Mirar a lo lejos hace transitar mi ánimo en esencia sublime que sin duda son observados por las hojas de aquel otoño triste.


Nadie sabía, nadie advirtió cuando comencé a llorar, cuando el meollo presiente en ese respirar de los aires fieros de Edimburgo. Donde los vientos claman historias de guerra y dolor, en cantos celtas que elevan al corazón en ese deseo de inmortalidad.


"Levántate pequeña Yoko" decían interrumpiendo mi lectura en llanto. El esfuerzo a las palabras del medio me hostigaban, ¿qué sabían ellas, que de mi se lamentaban?...


Es momento de observar a ese recuerdo de otoño, a ese clavel sobre la tierra ahora húmeda... Donde la música del exilio resonaba en mis pudores... Es vuestro padre que ha fallecido.





Clavel Rojo
© Alejandra P. Rodríguez Espinosa. Todos los derechos reservados