El co-fundador de Vox tras su paso por el PP y figura mediática española ha dejado claro su apoyo entusiástico y vehemente, tanto a la masacre sionista como a las políticas del ejecutivo usamericano. En concreto, aplaude las redadas de la migra, que le sirven de inspiración para un día repetirlas aquí.
Contextualicemos. Esta insidia contra el inmigrante nace del miedo de la usamérica anglosajona a perder el control del Estado o, al menos, tener que compartirlo con una población hispana cada vez más numerosa (ningún otro grupo étnico se acerca ni de lejos al empuje demográfico de la población hispana). En la mitad Sur de EEUU (aproximadamente la robada con violencia a México), escuchar la lengua de Castilla es cada vez más frecuente, lo cual alarma y desasosiega a los anglófonos.
En España deberíamos estar celebrando y promoviendo esa recuperación del territorio por parte de una cultura hispánica (al menos con la misma inteligencia y sentido estratégico que la casa de los Saud construye mezquitas en nuestro país, o los peleles del imperio obligan a nuestros niños a aprender en inglés, para mejor integrarse en él).
Lejos de ello, no sólo no apoyamos a unos pueblos lingüística y culturalmente hermanos (el hecho es que nos entendemos mejor con un mexicano, un colombiano o un chileno que con un francés, a pesar de los miles de kilómetros de océano que nos separan, y no sólo por compartir comunidad lingüística)… sino que hay elementos en el solar hispánico que se congratulan y felicitan de la reacción de la angloamérica contra la población hispana.
Notablemente los mismos que rinden culto a los símbolos son los que desprecian o traicionan el significado, el ente referido por ellos. A fin de cuentas, un patrón de colores es algo inocuo, fácil y cómodo de venerar. Besito al trapo y a otra cosa.
Y luego, tras alabar servilmente al imperio angloamericano en todas sus vesanias y atropellos, también, especialmente, la de reversión violenta de la hispanización de EEUU… ¡van a Colón a celebrar el día de la Hispanidad! No tienen ni inteligencia ni honestidad, como para pedirles congruencia.
Señoras, señores, llamemos a las cosas por su nombre. El señor Santiago Abascal no es, ni siquiera es, extrema derecha.
Es un extremo comepollas, siempre con su boquita dispuesta a dar lustre al atributo, circunciso o no, de cuanto poderoso se cruce en su camino y pueda financiar su chiringo o su persona.
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