El invierno sigue su curso. Durante esta semana de nubes y claros nos ha dejado días inestables, con algo de viento y unas temperaturas que han ido en descenso. También hemos tenido días de lluvia y días de nieve. Si que es cierto que esta ha durado poco, pues la lluvia o el ascenso de la temperatura la ha deshelado.
En estos días de almendros y almendras va el juego. Mientras que en la huerta hemos estado podando los almendros, en casa , después de tostarlas nos vamos comiendo las almendras.
La tarea de podar los almendros ya está terminada, falta arrimar las ramas al montón donde en primavera, tras acabar la poda le prenderemos fuego, para hacer ceniza y algo de carbón vegetal.
Los árboles les hemos rebajado en altura, eliminando muchas ramas que iban en paralelo y se sombreaban entre si. Ahora se les ha abierto la copa para que la luz llegue a todas las ramas. Se ha eliminado flor, pero aun así, si pudieran dar una parte de la flor que se les deja, tendríamos almendras suficientes para el año, pero todo depende de cómo venga la primavera.
Este año pasado las heladas que hubo en los meses de abril y mayo no fueron muy fuerte, por lo que se salvaron muchas almendras, pero la experiencia nos dice que no todos los años es así. Nuestro huerto es frío y se pierde una parte de la cosecha, cuando no toda.
Pero no es cuestión de pensar en negativo, tendremos esperanza, de momento estamos disfrutando de la cosecha pasada. Una parte de esas almendras ya os comenté que las usamos en Navidad. Parte en la tarta de melocotón, almendra y salvia, pero también en otros dulces más tradicionales como los carquinyolis y unas tejas de almendra.
Ahora seguimos comiendo almendras, pero rebajando la dosis de azúcar, por ello preferimos comer las almendras tal cual, pero para controlar los antinutrientes, las tostamos en el horno. De este modo se hacen más digeribles y se asimilan mejor los nutrientes, además de estar estupendas. Un puñadito en algún momento a lo largo del día entra dentro de lo recomendable y saludable.
Cuando hablamos de cebollitas encurtidas, hablamos de un producto elaborado a partir de las cebollitas del huerto, que hemos puesto en conserva y que podemos consumir en esta época. Pero es un proceso que se inicia mucho antes. Os lo voy a mostrar aquí.
A mediados del año, las cebollitas de los semilleros con la llegada del calor, comienzan a secarse. Son cebollitas que han estado muy juntas y que su crecimiento se ha visto, por ese hecho, reducido. Para poderlas usar en su momento, lo mejor es arrancarlas, quitarlas del suelo y ponerlas a secar.
Una vez secas no hay de entrada prisa para prepararlas, van a estar estables durante un periodo muy amplio de tiempo, podemos trabajar con ellas a lo largo de todo el final del verano e incluso en el otoño-invierno. En nuestro caso, estas que estamos consumiendo ahora las elaboramos a mediados de agosto.
Para ello tomamos las cebollas secas, con su cáscara, y las colocamos en agua hirviendo durante 1 minuto. Luego las sacamos y las ponemos a enfriar, para poderlas pelar. Aunque nosotros no lo hicimos, es conveniente agruparlas por tamaño, pues las muy pequeñas requieren menos tiempos que las más mayores. Tras hervir el pelado se hace muy fácil. Con esta tarea quedan limpias y esterilizadas.
Una vez limpias colocamos las cebolletas en los tarros, también limpios . En nuestro caso las agrupamos un poco por tamaños, las grandes separadas de las más pequeñas. Las colocamos en unos casos solas, en otros junto a pepinillos. Dentro de cada tarro pusimos una cucharada de sal. Y echamos agua. Cerramos los tarros y les dimos 24 horas de reposo dentro del frigorífico.
Al día siguiente preparamos el líquido donde las colocamos. La proporción sería de unos 150 ml de agua, se podría usar de la empleada el día anterior, por 100 ml de vinagre, más una cucharadita de azúcar. La incorporación del adobo depende del gusto de cada cual, pero se le puede poner laurel, pimienta, …algo de picante, … o nada, aliñándolas en el momento del consumo.
Esta segunda semana de enero nos ha dejado con un nuevo vaivén en las temperaturas, que han ido remontando un poco a lo largo de la semana. Tanto las diurnas que, al abandonarnos las nieblas, han ido ascendiendo hasta superar los 10º. Como en las mínimas, que desde superar los – 5º han ido ascendiendo hacia valores por encima de los 0º. No ha habido precipitaciones a lo largo de la semana.
El otro día revisando fotografías me di cuenta de que este año habíamos tenido un tipo de pera de la que no os había hablado, pasó sin ser mostrada, aunque de hecho su cosecha fue abundante. Es una pera que tenemos injertada en la zona baja del huerto, en dos árboles diferentes, con un crecimiento libre. Está en cada árbol con alguna otra variedad diferente. Es la pera Ya-li.
Esta es un tipo de pera muy poco habitual por España, que entra dentro de lo que englobamos como peras asiáticas, pero que en realidad su ámbito está mucho más restringido, se la podría considerar una pera china.
La pera Ya-li entra en la clasificación botánica como una Pyrusbretschneideri, es decir pertenece al grupo de los perales, pero una variedad específica desarrollada en el norte de China, incluso conectada con ciertos grupos de peras siberianas. Por ello suele ser una pera bastante resistente.
Ese es también el motivo por el que en algunos aspectos tiene poco que ver con los nashis, con una forma redondeada y propios de la costa este de China, así como de las islas de ese entorno. La pera Ya-li tiene mucho más parecido en forma con las peras europeas. Traducido del chino su nombre significa pera pato, pues su silueta recuerda la forma de estos. Por otro lado si coinciden en el color amarillo y ciertos aspectos crujientes. El sabor es diferente, y recuerda a una mezcla entre pera, nashi y membrillo.
Este tipo de pera es una pera antigua, perteneciente a la tradición de esas zonas, conocida desde al menos el siglo XIX. Me imagino que tendrá mucho que ofrecer cuando se realicen estudios genéticos con ella.
Llevamos una temporada acumulando horas de frío en el huerto, esto es la cantidad de horas en que las temperaturas permanecen por debajo de 7º, un aspecto importante para los frutales, para obtener vigor y una buena floración en la primavera. En esta semana hemos acumulado bastantes pues las temperaturas raramente han superado los 10º de máximas a lo largo del día (días de nieblas) y las heladas nocturnas ya comienzan a dejarnos el estanque congelado.
Esta receta fue uno de los modos en como despedimos el año pasado, que a su vez es recuerdo del verano y disfrute de los productos del huerto: melocotones, almendras, salvia, huevos. En el mes de agosto preparamos los melocotones en almíbar y en esta receta, a finales del año, nos comimos una parte.
Para realizarla empleamos: 95 gr de mantequilla, 115 gr de azúcar, 240 gr de almendras trituradas, 4 huevos, 90 gr de harina de arroz, esencia de vainilla, ralladura de limón, un poco de salvia fresca picada, un bote de melocotones en almíbar y un pellizco de sal.
La receta es bastante sencilla siguiendo el modelo clásico de este tipo de tarta. Comenzamos batiendo la mantequilla con el azúcar, hasta que se ponga cremosa, a continuación le añadimos los huevos, preferiblemente de uno en uno, le incorporamos la vainilla, la ralladura de limón y las hojitas de salvia picadas finamente. Luego le ponemos la almendra y le añadimos la harina de arroz.
Antes de hornear la tarta habremos precalentado el horno, a un mínimo de 180 º. Necesitamos engrasar el molde, para que se despegue con facilidad. Vertemos la masa dentro del molde y nivelamos para conseguir un reparto equilibrado. Colocaremos las mitades de melocotones por encima, presionando ligeramente. Ya está lista para meter en el horno.
Un nuevo año, un nuevo comienzo en el ciclo de la naturaleza y de la vida. En esta época las peonías están secas, sus ramas mero recuerdo de tiempos mejores. Esos que la acuarela intenta atrapar. Pero mientras que el papel intenta reflejar esa evanescencia, en el huerto la planta es pura resiliencia, año tras año, voluntad de sobrevivir.
Mis deseos para este nuevo año van por ahí, por aprender de esa capacidad de continuidad, alcanzando lo mejor que cada uno de nosotros mismos podemos ofrecer.
Que tengáis un año 2026 cargado de prosperidad en todos los sectores de vuestra vida:
Estamos acabando el año, esta es la semana 52, la última semana completa, solo nos quedan unos días en la próxima semana para rematarlo. Estamos ya en plena temporada invernal, apenas unos días del presente año y con el resto del invierno en el año nuevo.
El año pasado el frío más serio comenzó ya en enero, este año parece que se ha iniciado esta semana, con temperaturas mínimas en torno a los -4º,-5º y máximas similares a las que llevábamos teniendo. También hemos tenido algo de agua al comienzo de semana.
En esta época entorno a la Navidad cada año repito muchos de los dulces de toda la vida, pero también me gusta probar cosas nuevas y desde hace un tiempo le tenía echado el ojo al Strudel, pero no a cualquier Strudel, sino al italiano, realizado con pasta Frolla, una especie de pasta brisé.
Los dulces con manzanas se hacen imprescindibles en una época en la que las manzanas todavía llenan la despensa, especialmente nos gustan las manzanas reinetas en este tipo de postres. Pero en esta ocasión no solo emplearemos las reinetas del huerto, sino también las uvas pasas, realizadas esta temporada.
Este Strudel lleva por un lado la pasta Frolla y por otro el relleno, para la primera necesitaremos: 250 gr de harina, 150 gr de azúcar, 125 gr de mantequilla, 1 huevo, ralladura de un limón, 3 gr de polvo de hornear, 20 ml de leche, vainilla y sal. Para el relleno pondremos: 600 gr de manzanas, 50 gr de azúcar, 50 gr de pan rallado, 30gr de pasas, 20 ml de zumo de limón, 20 gr de mantequilla, 20 gr de piñones, canela, vainilla y ron. 1 huevo para barnizar toda la superficie final del strudel.
Comenzamos preparando la pasta pues necesita reposo. Mezclamos la mantequilla a temperatura ambiente, con el azúcar, más la sal y la vainilla, le añadimos la leche, el huevo y la cáscara de limón. Posteriormente el polvo de hornear y la harina. Vamos a procurar trabajar la masa rápido y sin usar las manos, en lo posible. Dejaremos reposar en el frigorífico durante 1 hora.
Mientras tanto vamos con el relleno. Empezamos poniendo de remojo las pasas en el ron. A continuación pelamos las manzanas y las cortamos en trocitos, finamente. Le añadimos el zumo del limón por encima.
Ponemos la mantequilla en una satén y echamos el pan rallado y lo doramos, le añadimos el azúcar y se mezcla sin dejarlo quemar. Se quita del fuego. Se unen las manzanas, la mitad del pan rallado, los piñones, la vainilla, canela y las pasas. Mezclamos todo bien.
Estiramos la masa, para ello vamos a tomar un papel de horno y extender la masa encima del mismo. Esto nos va a ayudar a la hora de enrollarla. Debe tener al menos el tamaño del papel de horno. Procuramos enharinar bien, para que la masa no se pegue al papel.
Colocamos primero el pan rallado, en el espacio central que va a ser la base del Strudel, para que absorba los líquidos de la cocción. Colocamos el relleno por encima, amontonándolo en el centro, con la ayuda del papel doblamos uno de los lados sobre el relleno, antes, en las zonas donde las masas se van a tocar, se echa un poco de huevo del de barnizar. Hacemos lo mismo con el otro lado. El huevo ayuda a que las masas se peguen. Se doblan bien los bordes laterales.
Se barniza con el huevo toda la superficie superior y se mete al horno que habremos calentado previamente. Lo tendremos los 10 minutos iniciales a 200º y luego bajaremos a 160º y lo tendremos 30 minutos más. Cuando esté dorado lo sacamos. Lo dejaremos enfriar durante 1 hora y luego podemos ponerle azúcar glass, si gustáis de ella, pero no es necesaria.